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EL CAMBIO CLIMÁTICO
Lo dijo el ex ministro de Ambiente y desarrollo sostenible (MADS) de Colombia Manuel Rodríguez en 2021, hace 5 años: “Colombia es uno de los 11 países más vulnerables al Cambio climático del mundo, según el Consejo de inteligencia de EE.UU. Colombia es la 7a economía del mundo con más altos riesgos producto del Cambio climático, según el Swiss Re Instituto”. Y lo más grave es que el Cambio climático llegó para quedarse, tanto más en cuanto que el Acuerdo de París, firmado en 2015, debido al incumplimiento por parte de los 195 naciones (194 países más la Unión Europea) de las obligaciones contraídas al firmarlo de las llamadas “contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (CDN) para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), responsables del Cambio climático. 

¡Todo lo que anda mal es susceptible de empeorar!

AIR E LA PUNTA DEL ICEBERG

Hace exactamente un año publiqué mi columna Air e, la punta del iceberg, título este con el que quise significar que la crisis financiera que había llevado a su intervención por parte de la Superintendencia de servicios públicos domiciliarios el 12 de septiembre de 2024 no era un hecho aislado, que las restantes empresas comercializadoras de energía que le prestan el servicio a sus usuarios estaban afectadas por las mismas falencias.

El petróleo está pasando por su mala hora en Colombia y ello a consecuencia de la política del actual gobierno presidido por Gustavo Petro, quien no oculta su fobia por el mismo. En su programa de gobierno y en su Plan Nacional de desarrollo se dejó establecido “que no se otorgarán nuevas licencias para la exploración de hidrocarburos”.

Contrariamente a lo planteado por la Unidad de Planeación minero-energética (UPME), la demanda de energía en Colombia no está creciendo dentro de un rango “estable” sino por fuera de él. Recordemos que durante el fenómeno de El Niño 2015 – 2016 se registraron incrementos interanuales de hasta 8.3% (febrero/2016), posteriormente, en febrero de 2020, durante la sequía que se presentó, el aumento fue de 8.7%, en abril de 2021 el 15.5% (¡!). Y más recientemente, durante el lapso de El Niño de 2024 el crecimiento de la demanda osciló entre el 7% y el 9.3%.

Tenemos que empezar por decir con el neurólogo y educador argentino Sebastián Lupina, que “la pobreza tiene graves impactos sobre el desarrollo cognitivo y emocional”, que deja huellas, secuelas imborrables. Y ello es grave, de allí la importancia de la atención debida a la primera infancia, especialmente en sus primeros cinco años, que es cuando se da el mayor desarrollo del cerebro, del lenguaje, de la motricidad y del pensamiento abstracto que caracteriza al ser humano.

La situación del sector energético tiende a gravarse, viene de mal en peor, sin que se vislumbre una solución. El riesgo de un racionamiento en la prestación del servicio de energía sigue latente. Yo distingo el riesgo inmanente del riesgo inminente. 

 

La política energética del Gobierno Petro ha sido errada y errática. Empezando por la Ministra de Minas y Energía, la filósofa Irene Vélez y ahora Ministra de Ambiente, que fue una veleta. Tuvo la ocurrencia de afirmar tempranamente que Colombia no tenía de preocuparse pues, según sus cálculos fantasiosos, tenía asegurado el autoabastecimiento de gas natural hasta el año 2042. Luego, quien la reemplazó, el ex ministro Andrés Camacho, sostuvo que en Colombia no había escasez de gas natural sino acaparamiento por parte de algunas empresas, las que estarían especulando con el mismo y le pidió a la Superintendencia de servicios públicos que las investigara y sancionara. En ello lo secundó el Presidente Petro, quien fue inducido al error.