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Bien dice el tango que “es un soplo la vida, que veinte años no es nada”, porque somos sólo briznas de hierba en las manos de Dios, cuyos designios insondables e inescrutables se cumplen puntualmente. Pues bien, pasaron más de veinte años desde que mi suegro don Pablo Restrepo partió adelantándosele a mi suegra Melba Herrera, quien el día de hoy nos dejó acongojados y consternados para irse a su encuentro con él para compartir con él la gloria eterna.

Hoy, 3 de julio, celebramos el día clásico del Economista, en honor del natalicio del primer colombiano que se dejó cautivar de esta disciplina, quien se ilustró e ilustró a sus contemporáneos en la segunda mitad del siglo XVIII y en los albores del siglo XIX sobre los intríngulis de la que a la postre devendría en profesión liberal, una de las derivaciones de las ciencias sociales.

Sin hipérboles y sin intentar hacer un parangón entre nuestro laureado con el Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez y Jacobo Pérez Escobar, eminente jurisconsulto, podemos hablar de dos vidas paralelas, enaltecidas y enaltecedoras. Hijos dilectos, ambos, de Aracataca, “terruño de mi condiscípulo”, como tituó Jacobo su “opúsculo”, como el llama su crónica en la que recrea y hace reminiscencia de sus años mozos compartidos con Gabo. 

PREÁMBULO
En el año 1990, en mi calidad de Ministro (E) de Energía en mi discurso de instalación de un Congreso latinoamericano de energía que tuvo lugar en Santa Marta plantee dos tesis que se apartaban de los paradigmas del sector eléctrico por aquellas calendas.

El día de HOY jueves (5 de septiembre) participé en el Foro Colombia frente al Acuerdo de París (COP21). Mi disertación giró alrededor de la temática de El cambio climático y sus estragos y básicamente mi planteamiento se enfocó primero que todo en caracterizarlo.

¨Esta patria es Caribe, no boba¨
                                  Carta de Bolívar a Santander

INTRODUCCIÓN

Hoy, 12 de enero, se cumplen cien años de la primera Asamblea de la Liga Costeña, hito de la mayor importancia de la incesante y persistente lucha  de las regiones en Colombia por recobrar la autonomía perdida luego que Rafael Núñez declarara que "la Constitución de Rionegro (1863) ha dejado de existir, sus páginas manchadas  han sido quemadas en las llamas de la Humareda”, refiriéndose a la batalla en la que sus huestes derrotaron al radicalismo liberal, para darle paso a la Constitución de 1886, que introdujo la fórmula dicotómica de la centralización política y la descentralización administrativa, que en la práctica tiene más de centralización que de descentralización. 

El cuento del gallo capón, que tuvo su origen en esa prodigiosa creatividad y capacidad narrativa  del pueblo raso de Macondo, lo inmortalizó nuestro laureado con el premio Nobel de literatura Gabriel García Márquez en su obra cumbre Cien años de soledad.

La tierra proporciona lo suficiente para satisfacer las necesidades de 
    cada hombre, pero no la avaricia de unos cuantos”Mahatma Gandhi

Con ocasión de la celebración de El Día de la Tierra, la Pacha mama, que es como la llaman nuestros aborígenes, este 22 de abril, he querido compartir con mis lectores algunas disquisiciones sobre la importancia de llamar la atención sobre la carrera alocada en la que se ha empeñado la humanidad y que está poniendo en riesgo su propia supervivencia, al romper el equilibrio y la armonía propios de la naturaleza.

“Sin una visión de conjunto nadie tendrá futuro”
                                                  Papa Francisco

A APLANAR LA CURVA

Un fantasma recorre el mundo, la recesión económica, que sigue a la pandemia del COVID-19 como la sombra al cuerpo, dado que, como lo sostiene el Director del CEDE de la Universidad de los Andes Hernando Zuleta, “el impacto de la emergencia económica sigue, como la epidemia misma, una curva exponencial: si no hacemos nada para evitarlo, la pérdida de empleos y tejido empresarial empezará pronto y se multiplicará rápido” .