Últimas publicaciones

1826 Locust Street, Bainbridge [email protected]

LA COLOMBIA VULNERABLE

EL CAMBIO CLIMÁTICO
Lo dijo el ex ministro de Ambiente y desarrollo sostenible (MADS) de Colombia Manuel Rodríguez en 2021, hace 5 años: “Colombia es uno de los 11 países más vulnerables al Cambio climático del mundo, según el Consejo de inteligencia de EE.UU. Colombia es la 7a economía del mundo con más altos riesgos producto del Cambio climático, según el Swiss Re Instituto”. Y lo más grave es que el Cambio climático llegó para quedarse, tanto más en cuanto que el Acuerdo de París, firmado en 2015, debido al incumplimiento por parte de los 195 naciones (194 países más la Unión Europea) de las obligaciones contraídas al firmarlo de las llamadas “contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (CDN) para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), responsables del Cambio climático. 

Ahora bien, cuando se habla de Cambio climático se refiere a la tendencia, que no se ha podido frenar, del aumento de la temperatura global debido a la concentración de GEI en la atmósfera. Tomando como referencia la temperatura de la era pre-industrial, la que antecedió́ a la primera revolución industrial, que fue su detonante, se acordó́ por parte de la Conferencia de las partes de la Convención de las Naciones Unidas (CMNUCC) impedir que se supere el 1.5o centígrados con respecto a la misma. 

El Cambio climático da lugar a dos fenómenos extremos, cíclicos, que se alternan en el espacio y en el tiempo de manera irregular, el Niño, que se asocia con la sequía severa y la Niña con las lluvias torrenciales, los cuales revisten tres características que las distingue: la primera de ellas es que no son estacionales ni periódicos, son recurrentes e impredecibles, por ello lo debemos llamar más bien variabilidad climática. La segunda propiedad es que cada vez son más frecuentes y por último son cada vez más fuertes y duraderos y por lo tanto causan mayores estragos. 

Claro está que no faltan los escépticos, aquellos que no creen en la existencia del Cambio climático. Los negacionistas del Cambio climático tienen en el Presidente Trump su máxima expresión. Dejó atónitos, perplejos a los delegados a la sesión reciente de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) cuando en su discurso espetó: “este Cambio climático es, en mi opinión, la mayor estafa jamás perpetrada contra el mundo. Todas estas predicciones hechas por las Naciones Unidas y muchos otros, a menudo por razones erróneas, estaban equivocadas. Fueron hechas por personas estúpidas que han costado fortunas a sus países y no han dado a esos mismos países ninguna posibilidad de éxito. Si no se alejan de esta estafa verde, sus países van a fracasar". 

Pero el Presidente Trump no se ha conformado con sus diatribas contra la ciencia y los científicos que lo desmienten categóricamente, como la Academia Nacional de Ciencias de los EE.UU, la cual en su Cuarto Informe cuatrienal fue concluyente: “la evidencia del Cambio climático abunda, desde lo más alto de la atmósfera hasta las profundidades de los océanos”. En efecto, en su primera administración retiró a los EE.UU del Acuerdo de París y en esta segunda reincide en este despropósito. 

Pero, como si lo anterior fuera poco, el Presidente Trump, de la mano del Director de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) John Anthony Valencia, acaba de derogar una norma científica clave, conocida como “endangerment finding”, que era nada más ni nada menos que el compendio normativo que durante más de 15 años ha sido la base legal para regular todo lo atinente a las emisiones de GEI. 
Colombia es uno de los países más vulnerables al Cambio climático debido a su ubicación geográfica, su diversidad climática y ecosistémica, y a factores sociales y económicos que aumentan el riesgo frente a fenómenos extremos. Al estar situada en la zona tropical y contar con costas en el océano Pacífico y el mar Caribe, el país es especialmente sensible a variaciones en las temperaturas, cambios en los patrones de lluvia y al aumento del nivel del mar. 

En conclusión, la vulnerabilidad de Colombia frente al Cambio climático es un desafío complejo que requiere acciones urgentes de mitigación y adaptación. Fortalecer la protección de los ecosistemas, mejorar la planificación territorial y reducir las desigualdades sociales son pasos fundamentales para enfrentar los efectos del cambio climático y garantizar un desarrollo sostenible para las futuras generaciones. De hecho Colombia ha sufrido los devastadores efectos de dos eventos extremos y opuestos: el Niño de 1992 – 1993, el cual provocó el peor racionamiento eléctrico que haya padecido Colombia en toda su historia moderna y la Niña de 2010 – 2011 que causó enormes estragos en todo el país. 

A raíz de esta ultima tragedia se creó primero el Fondo de adaptación, adscrito al Ministerio de Hacienda, mediante el Decreto legislativo 4819 de 2010, el cual tiene por objeto principalísimo gestionar la recuperación, construcción y reconstrucción en los territorios afectados por este tipo de contingencias, se creó además la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) el 3 de noviembre de 2011, mediante el Decreto 4147 del mismo año, dependencia ésta adscrita a la Presidencia de la República. Se le encomendó́ a la UNGRD la misión de coordinar el Sistema Nacional para la Prevención y Atención de Desastres (SNPAD) y fortalecer las capacidades nacionales. Posteriormente, la Ley 1523 del 24 de abril de 2012 “adopta la política nacional de gestión del riesgo de desastres y se establece el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres”. 

Lastimosamente esta catástrofe ha desbordado las capacidades institucionales, las cuales se han visto diezmadas por la corrupción que tomó por asalto a la UNGRD, saqueándola y desprestigiándola, hasta desconfiar de su eficacia y transparencia para atenderla, convertida en piedra de escándalos. Y de contera, los recursos apropiados para la prevención frente a eventos como el que en este momento nos conturba han venido decayendo, al punto que de los $54.000 millones que se aforaron en el Presupuesto General de la Nación en 2023 para esta vigencia del 2026 sólo se le asignaron $10.000 millones. El reto, entonces, no es menor. 

Ahora el país, especialmente la región Caribe, con epicentro en el Departamento de Córdoba, se ha visto asolado por la inclemencia de un tiempo lluvioso atípico en una temporada que se esperaba seca, a causa de uno de esos fenómenos extremos inherentes al Cambio climático, esta vez un “frente frío” proveniente del hemisferio norte. La creciente del río Sinú́, San Jorge y el Cauca han desbordado, anegando amplias zonas pobladas y agrícolas, arrasando con todo a su paso, asestándole un duro golpe a las poblaciones asentadas en su área de influencia, causando una verdadera calamidad, la cual ha obligado al Gobierno Nacional a decretar la Emergencia económica social y ambiental para enfrentarla con medidas excepcionales de mitigación y reparación. 

LA CULPA ES DE LA VACA

La culpa es de la vaca es un libro de reflexión y auto ayuda que se convirtió́ en un best seller en Latinoamérica, cuyo mensaje critica la tendencia humana a lavarse las manos y culpar a otros por los propios errores, en lugar de asumir su propia responsabilidad. El propio Presidente de la República Gustavo Petro se apresuró a culpar a la Hidroeléctrica de Urrá del desbordamiento de río Sinú́ y de las inundaciones que este ha causado, provocando una tragedia humanitaria de enormes proporciones. Y como en todo sacrifico tiene que haber un chivo expiatorio esta vez fue el defenestrado Presidente de Urrá Juan Acevedo a quien el Presidente Petro inculpó y le pidió́ dar un paso al costado, al sentenciar, sin fórmula de juicio, “el Gerente debe renunciar de inmediato y asumir sus responsabilidades penales”. 
El hecho cierto es que, según los registros de la Central hidroeléctrica, Urrá enfrentó 58 horas consecutivas con aportes de agua superiores a los 2.200 metros cúbicos por segundo. Hecho este sin antecedentes en los 26 años de su operación. “De no haberse retenido ese volumen, el río Sinú́ habría arrasado con todo a su paso”, sostuvo el Acevedo. Según él, cuando inició la emergencia, el embalse estaba a 129,6 metros sobre el nivel del mar, es decir, 90 centímetros por debajo de la cuota máxima permitida de 130,5 metros. 

No obstante, la lectura del Presidente Petro es bien diferente, el asume que “todo vertimiento de Urrá sobre los campesinos es la continuación de un crimen ambiental”. Y afirmó, sin prueba alguna, que “dejaron llenar los embalses de Hidroituango y Urrá, por simple codicia”, juicio este temerario y ligero que lo hizo extensivo a Salvajina y Betania, supuestamente para “para provocar la escasez de gas...una estrategia electoral contra la vida directa de los pueblos”. Es absurdo afirmar, como lo hace el Presidente Petro que se “bote agua para usar gas caro”, pues Urrá, que por lo demás es una empresa del Estado, no opera con gas ni determina la entrada o despacho de las térmicas, función esta que corresponde al Centro nacional de operaciones (CNO) de XM, de acuerdo con el precio ofertado, determinándose así el costo marginal. 

Y terminó preguntándose “con quién se reparten las ganancias”. Y para rematar afirmó sin pestañear que “la represa de Urrá nunca debió́ construirse”. Bien dijo Joseph Goebbels, el flamante Ministro de propaganda de Hitler, cuando no puedas convencer confunde y eso es lo que ha pretendido hacer el Presidente Petro con sus aseveraciones, plagadas de falacias e inconsistencias. 

Terminó ordenándole al tercer Superintendente de servicios públicos de este gobierno Felipe Durán que adelantara una investigación al respecto, quien anunció que en el marco de la investigación “analizará el comportamiento comercial de los embalses, evaluará los precios de oferta presentados al Mercado de Energía Mayorista y las disponibilidades y volúmenes declarados en comparación con las condiciones reales del Sistema”. Entre tanto la acuciosa Ministra (E) de Ambiente Irene Vélez, muy solícita, anuncia un procedimiento sancionatorio “por la presunta superación sistemática del volumen máximo del embalse (30% de los días en 2025 y un 20% en 2024)”, justo cuando ella se desempeñaba como Directora de la ANLA y posteriormente como Ministra (E), sin que ella hubiera dicho esta boca es mía. Cabe preguntarse por qué sólo ahora se pronuncia. 

Es el propio Subdirector de Hidrología del IDEAM Fabio Bernal quien afirma que todas las represas “aprovechan el exceso de agua que cae en los periodos de lluvia, que pueden ser uno o dos, dependiendo de dónde se ubiquen en el territorio y almacenan ese volumen para cuando estén los periodos de menos lluvias y pueden seguir operando”. Entre tanto el Director de la UNGRD Carlos Carrillo, expresó después de practicar su visita al embalse que “la emergencia por lluvias en el país ha sido una situación atípica, con precipitaciones muy altas...Respecto específicamente del embalse de Urrá, se descarta que hubiera un riesgo estructural en la presa, la represa está bajo control y la generación de electricidad incluso se detuvo para manejar los niveles”. 

Dijo, además, que “se han hecho descargas extraordinarias de agua por el rebosadero, como parte de la operación para enfrentar los caudales entrantes y las autoridades están monitoreando permanentemente la infraestructura y la implementación del plan de gestión de riesgo”. Y es esto mismo lo que se ha seguido haciendo, ahora con Urrá al mando de su nuevo Presidente, quien acaba de informar en un Boletín oficial de la empresa fechado el 14 de febrero que “debido a las lluvias que se están presentando en la cuenca aportante al embalse, los aportes a este caudal se han incrementado por lo que se mantiene la alerta roja en el embalse”. 

Está probado que las hidroeléctricas nunca dejaron de operar para “guardar agua” alentados por la “codicia”, durante enero y lo corrido de febrero más del 80% de la demanda de energía se ha cubierto a partir de fuentes hídricas. Ello se refleja, además, en el comportamiento de los precios en bolsa, que comenzaron este año, según XM, en niveles de $212.97 el KWH, bajando en febrero hasta los $100! 
 
Huelga decir que desembalsar prematuramente en plena temporada invernal apostándole a algo incierto como puede ser el advenimiento de una eventual temporada de lluvias durante el periodo que se pronostica seco sería una mala práctica que raya con la irresponsabilidad, pues con ello se aumentaría la vulnerabilidad del Sistema y su firmeza, sin que con ello se conjure el riesgo de inundaciones aguas debajo de la presa. Bueno es recordar que una actuación errónea como esta fue la que precipitó el apagón de 1992 – 1993, ya que la Junta directiva de ISA le dio vía libre al desembalse finalizando el año 1991 presumiendo la llegada del invierno en abril de 1992, por aquel viejo adagio de que en abril aguas mil, pero las lluvias que se esperaban nunca llegaron porque fueron espantadas por el fenómeno de El Niño. 

Y a propósito de la “codicia” que le endilga el Presidente Petro, insinuando que con las deleznables prácticas especulativas que les atribuye en sus invectivas a los generadores, las cifras lo desmienten. En efecto, en 2025 el precio promedio de la energía en bolsa fue de $245.8 el KWH, por debajo del precio promedio de los contratos bilaterales de largo plazo ($298.9 el KWH durante el 78.63% del tiempo Y en lo corrido de 2026 esta diferencia ha sido aún mayor, habida cuenta que el precio promedio en Bolsa ha sido de $213.2 el KWH, frente a un precio promedio en los contratos de largo plazo de $308.25 el KWH en el 86.2% del tiempo. Esta es la prueba reina de que, en un contexto de mayor aporte hídrico en los embalses, los generadores han utilizado el recurso hídrico para generar más y más energía, lo cual ha repercutido en menores precios y no para especular. 
 
Es de anotar, además, que las represas so sólo sirven para embalsar agua para generar energía, sino que además sirven para regular el flujo de agua y amortiguar este tipo de eventos. Ello, aunque es necesario en situaciones críticas como la actual se torna insuficiente para contener la intensidad del aguacero que de manera súbita desbordó todas las previsiones, al punto que el embalse de Urrá pasó sin vísperas de 500 metros cúbicos por segundo a más de 2.500 en sólo 36 horas. En todo caso, este y los demás embalses de las hidroeléctricas no sólo no generan riadas y crecientes, sino que su función es laminar picos de caudal y ante eventos durante los cuales se presentan lluvias intensas debido a una hidrología critica, la descarga que realizan a los afluentes la realizan de manera controlada. 

Según el renunciado Presidente de Urrá Juan Acevedo, “desde el año 2000, la hidroeléctrica ha controlado el 97% de las crecientes, gestionando con éxito 455 de los 473 eventos extremos registrados. Además, desmintió́ que se hubieran violado los niveles máximos de seguridad: cuando inició la emergencia, el embalse estaba a 129,6 metros sobre el nivel del mar, es decir, 90 centímetros por debajo de la cota máxima permitida de 130,5 metros. 

Concluyo diciendo que la vulnerabilidad de la cual adolece Colombia se ha visto exacerbada por el déficit de una institucionalidad robusta y articuladora, carente de capacidades y diezmada por el clientelismo y la corrupción. Además de los correctivos a implementar, bueno es advertir que, como lo afirma el Director del Instituto Javeriano del Agua Jorge Escobar, “la raíz del problema no está sólo en los embalses ni en la operación de las hidroeléctricas, sino en un manejo del territorio que ha alterado los ecosistemas naturales, como las ciénagas, que antes regulaban las crecientes”. Por ello, plantea que para evitar que eventos como este se repitan hacia el futuro, se precisa “una gestión integral del riesgo, que combine restauración de ecosistemas, planificación territorial, concertación con las comunidades”, así como la disposición e implementación de un sistema de alertas tempranas, con apoyo de la inteligencia artificial y modelos predictivos. 

Bogotá́, febrero 17 de 2026
www.amylkaracosta.net 

Amylkar Acosta Medina

Amylkar David Acosta Medina1​ ( Monguí, La Guajira 1950) es un economista y político colombiano miembro del Partido Liberal. Se desempeñó como senador de la República2​ y entre 1997 y 1998 fue presidente del Senado. En el gobierno de Juan Manuel Santos fue ministro de Minas y Energía.