Oct 27, 2021 Last Updated 3:47 PM, Oct 9, 2021

LAS CASANDRAS

A raíz del empantanamiento de la ratificación del TLC suscrito entre Colombia y los Estados Unidos en el Congreso de este último, abundan los agoreros del desastre, para quienes su no aprobación le acarrearía al país inenarrables desgracias. Empezando porque, según sus presagios, las exportaciones colombianas se vendrían al traste, dado que los EEUU es hoy por hoy nuestro principal mercado externo

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¡UN SALTO ADELANTE!

Según el último reporte del Anuario de competitividad 2008 de la escuela suiza de negocios IMD, Colombia descendió tres escalones en el ranking con respecto a 2007, al pasar del puesto 38 al 41 entre 55 países, por debajo de Chile y Perú, los cuales se situaron en el 26º y 35º respectivamente. Y no es propiamente porque esté retrocediendo, sino por que se ha ido rezagando con respecto a los demás países, que no nos van a esperar.

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DE PATITO FEO

Uno de los temas más controvertidos en el transcurso de la negociación del TLC de Colombia con los EEUU fue el atinente al capítulo de la propiedad intelectual y sobre todo en lo relativo a la protección de datos de las patentes de los medicamentos. Colombia en este aspecto empezó cediendo antes de sentarse a negociar, a contrapelo de los principios más elementales de la negociación, otorgar sin nada a cambio.

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EL COLETAZO DE LA CRÍSIS

LA GLOBALIZACIÓN DE LA CRÍSIS

El Presidente Bush hacía alarde en el sentido que terminada la guerra fría, la misma que ahora empieza a calentarse de nuevo, “los EEUU son el único modelo superviviente del progreso humano"; pero, de repente resulta que su “imbatible” modelo empieza a crujir bajo sus pies.

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EL GRADO INVERSIONISTA

“Después de 12 años de estar buscando el grado de inversión, la firma Standard and Poor’s nos acaba de otorgar el grado de inversión”, con estas palabras recibió el Presidente Santos el anuncio el pasado 16 de marzo por parte de la calificadora de riesgo en tal sentido. Interpretó, además, esta decisión como un “certificado de buena conducta” refiriéndose al desempeño de la economía nacional. Ya a mediados del año pasado esta misma firma había anticipado la mejora de la perspectiva de la deuda soberana de Colombia de estable a positiva, como antesala del otorgamiento del grado de inversión a su deuda pública denominada en moneda extranjera. Esta pasó ahora  de BB+ a BBB-, el primer nivel dentro de la escala de grado de inversión y la de corto plazo de B a A-3, con lo cual se pone a la par con Brasil, Perú, Panamá y Costa Rica  y a un solo escalón de la de Chile, los cuales ya hacen parte de este exclusivo club .Colombia, entonces, recobra esta calificación después de haberla perdido en septiembre de 1999, en medio de la más profunda crisis económica en los últimos cincuenta años, la cual le significó al país una caída estrepitosa del crecimiento del PIB del - 4.3%.

Alcanzar este objetivo se convirtió en la obsesión del anterior Gobierno y por ello no alcanzarlo se constituyó para el mismo en una de sus mayores frustraciones. Ocho años fueron insuficientes para lograr dicho cometido por la administración anterior y cuando sólo han transcurridos ocho meses de la administración Santos se cristaliza este anhelo largamente aplazado de las autoridades económicas. Ello tomó por sorpresa hasta a los propios analistas colombianos, los cuales coincidían en que era inminente la obtención del grado de inversión, pero que ello no se daría antes del segundo semestre de este año; en ello coincidían con los voceros del Gobierno. Por ello, se ha considerado que tal decisión por parte de una de las calificadoras de riesgo más importantes del mundo, constituye un voto de confianza a la economía pero por sobre todo a la política del actual Gobierno. Hasta ahora no ha habido cambios sustanciales en los fundamentales de la economía que lo justificaran, habida cuenta que el manojo de proyectos de ley que buscan sacar avante las reformas estructurales de orden fiscal y tributario del Gobierno sigue aún atascada en su trámite en el Congreso de la República. Otras dos firmas calificadoras, Moody’s y Fitch Ratings, siguen a la expectativa del curso que tome la economía antes de subirle la nota.

Como lo sostuvo el economista Joydeep Mukherji, analista principal de la calificadora Standard and Poor’s para Colombia, “una calificación mira muchos aspectos, desde los económicos hasta los de seguridad y los políticos. Pero, el grado de inversión no implica que Colombia no tenga problemas, pues, de hecho, está en el nivel más bajo de esa categoría (BBB)”. En nuestro concepto, además de la mayor resilencia que mostró la economía colombiana igual que la latinoamericana, gracias al boom de las materias primas, frente a los embates de la crisis global y la crisis comercial con los países vecinos, el otro factor que primó a la hora de tomar esta decisión por parte de la Standard and Poor’s fue el fuerte mensaje del Presidente Santos en el sentido de volver por los fueros de la institucionalidad perdida en los ocho años anteriores. 

Cabe preguntarse cuál es el significado y el alcance de haber recuperado el grado de inversión perdido para la economía colombiana. No han faltado quienes han querido magnificarlos, aduciendo que ello “le permitirá a la economía dirigirse hacia un mayor desarrollo y crecimiento”. El mismo Ministro de Hacienda Juan Carlos Echeverry, en medio de la euforia provocada por el inesperado anuncio, se apresuró a afirmar que ello “hace pensar que la economía nacional pueda crecer este año en un 6%”, cuando la realidad es que para lograrlo se necesita mucho más que eso.  En esencia, la calificación por parte de estas firmas, por lo demás muy desacreditadas luego de su fiasco en la Gran crisis global, sólo expresan su opinión sobre la capacidad y voluntad de un deudor, en este caso el Estado, para honrar sus obligaciones financieras con sus acreedores en tiempo, modo y lugar. Ellas al fin y al cabo actúan como las cancerberas de estos. Nada más, pero tampoco nada menos!

La verdad sea dicha, como lo afirma la revista Dinero “en el mundo de hoy, el Grado de Inversión es un estándar para quienes aspiran a mantenerse en la mira de los inversionistas internacionales.  Es más, “el grado de calificación determina el costo del financiamiento del gobierno…El costo del capital en países con Grado de Inversión es menor y esto se constituye en una variable crítica para las empresas que necesitan competir con rivales extranjeros”. Por ello, tiene razón el Presidente Santos cuando acota que “a partir de este momento va a ser más barato acceder al crédito (para la Nación y empresas), y eso tiene un impacto muy positivo en la economía, en la generación de empleo, en la competitividad del país”. Ello es tanto más cierto habida consideración de que, gracias a esta calificación muchas empresas, fondos de pensionados e instituciones públicas, entre otras entidades, que antes les estaba vedado hacerlo, podrán desde ahora invertir sus recursos en Colombia, lo cual, a su vez, le reduce al país el costo del capital.

Pero, claro, no todo es miel sobre hojuelas con el grado de inversión. Además de que le impone al país un mayor rigor y una mayor disciplina en el manejo de la política fiscal, para no exponerse a perderlo nuevamente, tiene sus costos colaterales. En efecto, como lo señala Daniel Niño, Director de Investigaciones Económicas del Grupo Bancolombia, “la mayor confianza que ahora tienen los inversionistas en el país podría aumentar la inversión extranjera de portafolio y eso quiere decir que entrarían más dólares que podrían presionar hacia una mayor revaluación del peso”, agravando el fenómeno, larvado aún, de la enfermedad holandesa. Ello se convierte en un reto para el Banco de la República (B de la R) y para las autoridades económicas, toda vez que deberán implementar medidas tendientes a conjurarla. 

Como lo advierte Felipe Janica, socio especialista en normas internacionales de información financiera (IFRS) de Ernst & Young Colombia, “es posible que si no se controla la llegada de capitales, se dispare la revaluación del peso, por eso es indispensable que la llegada de los inversionistas sea en lo posible de largo plazo y se debe evitar al máximo el arribo de capitales golondrinas porque eso podría provocar la enfermedad holandesa”. El B de la R reaccionó reajustando su tasa de interés interbancaria por segunda vez en menos de un mes elevándola hasta el 3.5%, lo cual hace mucho más atractivo seguir endeudándose en el exterior, lo que de paso presionaría aún más la tasa de cambio, amén de que ello se puede convertir en un freno de mano a la incipiente reactivación de la economía. Como lo sostiene el analista José Roberto Acosta, “el mayor costo del dinero y la mayor revaluación son los costos de la buena noticia”. Pero, a eso no nos podemos resignar, como lo advierte Janica “es conveniente que el Emisor no siga incrementando las tasas de interés y por el contrario las baje para desestimular el endeudamiento externo”.

Nada de esto cuenta para las calificadoras de riesgo, pues, como lo señala la analista Helena Villamizar, “las políticas merecedoras del ´grado de inversión´ no son precisamente las que garantizan el pleno empleo, la transformación de las estructuras productivas, la riqueza nacional”. Tampoco les importa mucho la mayor competitividad del país, ni el mayor crecimiento. De allí que la obsecación por alcanzar el grado de inversión de la deuda soberana del país puede conducir a lo que califica Dani Rodrik como la “perversión de la las prioridades”, al “subordinar los objetivos del desarrollo a la muy cuestionable apreciación de dichas calificadoras”. Por ello, la obtención del grado inversionista es un hecho positivo, pero no para echar las campanas al vuelo! 

Valledupar, marzo 25 de 2011
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EL DIABLO HACIENDO HOSTIAS

EL CONSENSO DE WASHINGTON HA MUERTO

El auditorio de la Universidad de Georgetown en Washington debe haber quedado anonadado con lo que escuchó de labios nada menos que del Director del FMI Dominique Strauss-Kahn, al referirse al defenestrado Consenso de Washington. Como es bien sabido este se identifica con la liberalización de las políticas económicas, por ello se le reconoce indistintamente con el epíteto del Neoliberalismo tan venido a menos merced a su rotundo fracaso. Las recetas del FMI siempre se inspiraron en dicha corriente del pensamiento económico, las cuales les fueron impuestas desde mediados de la década de los 80 a todos los países de Latinoamérica como si fuera un cartabón a través de las condicionalidades de sus créditos.

Pues, ahora, de buenas a primeras, nos sale el Director del denostado FMI en su discurso en este centro académico el pasado 4 de abril con que la misma “crisis financiera global” que “devastó la economía global y causó apuros incalculables y sufrimiento a lo largo del mundo” también se llevó de calle y “devastó los fundamentos económicos del orden económico global del último cuarto de siglo”. Cuál? Pues el Consenso de Washington, el mismo que para él “ya es historia”. Dicho de otra manera, con estas palabras le está expidiendo la partida de defunción al malhadado Consenso de Washington. Pero, es de advertir que no es el primero de su propia camada que lo hace, ya a finales del 2004 el mismísimo John Williamson, padre putativo del mismo, suscribió junto con Stiglitz, Krugman, Rodrik, Ocampo y Sachs la que se denominó Agenda del Desarrollo de Barcelona en la que se admitía el fracaso de su modelo. Se lee en dicha declaración, al hacer referencia a las nefastas reformas “estructurales” que prohijaron, que fueron “mediocres los resultados de las reformas diseñadas para alcanzar un crecimiento económico sostenible en muchas regiones del mundo. La persistencia – y a menudo empeoramiento – de una distribución de la riqueza y de la renta altamente desigual en muchos países en desarrollo”. 
Y no es para menos, dado que uno de sus principales paradigmas, el sector exportador como motor de desarrollo, no se cumplió, pues mientras las exportaciones crecieron en la región a un ritmo de 7.8% entre 1990 y 2003, la tasa de crecimiento del PIB apenas si creció durante el mismo período en promedio del 2.6%. El mayor crecimiento de este se dio en el intervalo entre 1990 y 1997 con un promedio del 3.7%; ello contrasta con la tasa promedio de crecimiento del PIB entre 1950 – 1980 que fue del 5.5%, etapa ésta muy imbuida del pensamiento del entonces director de la Cepal Raúl Prebish. Y de contera, después de dos décadas de implementación de estas políticas fallidas Latinoamérica es considerada como la región con más profundas desigualdades del planeta. Particularmente Colombia ha sido duramente castigada por los altos niveles de desempleo y subempleo, amén de la precarización de las condiciones laborales. Ello sumado a la crisis fiscal condujo a lo que se conocería posteriormente como la década perdida para América Latina

KEYNES RESUCITA

Se anticiparon los suscriptores de la Agenda del Desarrollo de Barcelona a reivindicar tempranamente “las políticas macroeconómicas anticiclicas”, las cuales consideraron anticipadamente como “más eficientes y políticamente más viables”. A esta misma conclusión llegarían después los países integrantes del G – 8 y del G - 20, encabezados por EEUU, cuando se vieron en aprietos para sortear la Gran Crisis de 2008 – 2009, a cuyos jefes de estado les tocó por fuerza de las circunstancias abjurar a su credo neoliberal. Para Reagan el Estado no es la solución sino el problema y lo mismo espetó el Presidente Bush en la cumbre del G – 20 en Washington, aunque con otras palabras: “la solución nunca ha sido más gobierno”. Pero, después terminó dando su brazo a torcer aceptando a regañadientes que la solución a la Gran crisis pasaba por el Estado, a través de políticas fiscales proactivas de corte eminentemente keynesiano, las que tanto abominan los neoliberales. Sólo de esa manera podía salir la economía global del callejón sin salida hasta donde la había arrastrado la desregulación a ultranza.

Lo reconoce ahora el Director del FMI, “bajo el viejo paradigma, la política fiscal fue el niño descuidado de la familia política. Su papel fue limitado a los estabilizadores automáticos-dejar que los déficits se movieran hacia arriba y abajo con el ciclo- y la política discrecional era vista con gran sospecha. Pero la política fiscal tenía un momento de  una Bella Durmiente durante la crisis- con la política monetaria  sin vapor, y con el sistema financiero  en rodillas, la  herramienta olvidada llegó a impulsar la demanda agregada y salvar al mundo de  una caída libre de la economía. Necesitamos repensar la política fiscal”. Cabe preguntarse si las autoridades económicas en Colombia estarán repensando la política fiscal cuando impulsan iniciativas como la que propende por establecer la sostenibilidad fiscal como principio constitucional. Este esperpento jurídico lo hemos estimado contraproducente, además de ser contraria al espíritu de la Constitución vigente. Como lo advierte el profesor Jacques Sapir “a menos que se trabaje sobre la hipótesis de la omnisciencia, el recurso de la regla constitucional en economía no hace desaparecer el riesgo de una incertidumbre radical. Por el contrario, puede reforzar ese riesgo. En efecto, si no se organiza una vía de escape a través del reconocimiento de la legitimidad de la acción discrecional, surgida ella misma de un poder democrático, el recurso de la regla constitucional viene a crear una incertidumbre suplementaria sobre las consecuencias de las soluciones tipificadas en caso de crisis”.

Señala el Director del FMI que “el cocktail letal de desempleo prolongado y alta desigualdad puede producir tensión en la cohesión social y la estabilidad política, que a su vez afectan la estabilidad macroeconómica”. Es más, aunque con alguna tardanza considera él que “la desigualdad puede haber sido una de las causas silenciosas de la crisis”, para concluir que “necesitamos una nueva forma de globalización más justa, una globalización con una cara más humana. Los beneficios del crecimiento  deben ser  compartidos por todos, no justamente capturados por unos pocos privilegiados. Mientras el mercado debe estar en el centro de la escena, la mano invisible no debe ser el puño invisible”. Todo ello es plausible, sólo que se está dando este viraje en la orientación del FMI después de haberle infligido un gran daño a la economía global, pero muy especialmente a la economía latinoamericana. El Nobel de Economía Milton Friedman llegó a afirmar que “si no hubiera existido el FMI no habría ocurrido la crisis del Este de Asia”; podríamos parodiarlo diciendo que si el FMI no hubiera existido tampoco se habría dado la más reciente y devastadora crisis económica global.

Y remata el Director del Fondo haciendo profesión de fe keynesiana, lo que hubiera sido impensable hasta hace muy poco, pues las tesis de Keynes habían sido proscritas y anatemizadas por los dómines de la economía neoliberal por considerarlas anacrónicas y desacertadas. Esto dijo al finalizar su vibrante discurso: “el  desafío que enfrentamos hoy no es nuevo.  En 1933, John Maynard Keynes- uno de los padres fundadores del FMI- escribió lo siguiente: ‘El capitalismo internacional decadente pero individualista  en las manos  del cual nosotros nos encontramos después de la guerra  no es un éxito. No es inteligente ni hermoso. No es justo. No es virtuoso. Y no provee los bienes requeridos. En suma, no nos gusta, y estamos comenzando a despreciarlo.  Pero cuando  nos preocupamos de qué colocar en su lugar, nos sentimos perplejos’”. Bien dijo el Nobel de economía Joseph Stiglitz refiriéndose a la Gran crisis global que “esta crisis financiera es para el fundamentalismo de mercado lo que la caída del muro de Berlín para el comunismo”. Las palabras de Dominique Strauss-Kahn son, además de elocuentes, concluyentes sobre la suerte deparada al fundamentalismo neoliberal y a los ayatolas que aún se aferran al mismo con terquedad aragonesa, ya sea de manera abierta o agazapada. Ya estamos advertidos de su acto de contrición, falta ver qué tan sincero es su propósito de enmienda.

“Si yo me equivoco, lo reconozco y cambio de posición, y tú?”

Keynes

Bogotá, abril 16 de 2011
www.amylkaracosta.net

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