Jan 20, 2022 Last Updated 12:41 PM, Dec 31, 2021

UN PASO ADELANTE, DOS PASOS ATRÁS

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En medio del estropicio del jolgorio navideño, un hecho de extrema gravedad ha pasado por desapercibido. Nos referimos a la súbita desaparición de las regiones de planificación, más conocidas como CORPES. Esta es una pésima noticia para las regiones, que ven debilitada de esta manera su capacidad de gestión ante el Gobierno central. Al abolirse los CORPES, se ha truncado el proceso de descentralización y autonomía territorial en Colombia; de un plumazo, hemos retrocedido 14 años.

Las regiones de planificación tuvieron su origen en la Ley 76/85, con la cual se le rompió una vértebra a la estructura centralista decimonónica y se desbrozó el camino al revolcón institucional de la Constituyente de 1991. Esta le reconoció su estatus a las regiones y le asignó su rol a la autonomía de las mismas, desechando, por anacrónica, la dicotomía y ambigüedad de la solución de compromiso que hasta entonces había significado "la centralización política y la descentralización administrativa", que consagraba la Constitución de 1886. Ahora, las regiones, como tales, pueden aspirar a constituirse en entidades territoriales.

Con los CORPES ya se había puesto la pica en Flandes. Las Regiones de planificación se convirtieron rápidamente en la viga de amarre de la integración regional, nucleando su capacidad de decisión política. Un apoyo fundamental le han brindado los CORPES a los departamentos y municipios, en el propósito de identificar, elaborar y justificar sus proyectos para, de esta manera, acceder a los recursos no regionalizados del presupuesto del Gobierno central, que constituyen más del 30%. Cuanto más y mejores proyectos gestione un Departamento o Municipio, mayores serán los recursos de la Nación que están en capacidad de jalonar; de allí la importancia del apoyo recibido, especialmente por aquellas entidades territoriales con mayores falencias y mayor debilidad institucional, que ahora quedan en total estado de indefensión. Los Consejos regionales de planificación, constituían el escenario por excelencia de la concertación y de la participación, tanto para la formulación de los planes regionales de desarrollo y su posterior inserción en el Plan general de desarrollo, así como también para la identificación e impulso de los proyectos de impacto regional. Estos espacios, ahora, quedaron clausurados, merced a la falta de sensatez y de voluntad política, al fenecer los CORPES. Resulta, por lo demás, gracioso el argumento que sirvió de subterfugio para urdir semejante despropósito: dado que se van a crear las regiones administrativas y de planificación(RAP), entonces acabemos con los CORPES; como quien dice, mientras nos confeccionan el sastre, permanezcamos en paños menores!
Lugar que no ocupa uno lo ocupa otro. De ahora en adelante, lo que antes se decidía por parte de las regiones, lo decidirá por ellas Planeación nacional, a puertas cerradas y en forma excluyente. Hasta allí tendrán que desfilar alcaldes y gobernadores, en romería, a la usanza de aquellas épocas que creíamos superadas, en busca de la aquiescencia de unos funcionarios grises enquistados en la nómina del DNP, para quienes los mandatarios seccionales no pasarán de ser unos convidados de piedra.
Los ataques contra el proceso autonomísta y descentralizador han sido recurrentes, pues el centralismo no se resigna a desaparecer. Pero este Gobierno ha batido todas las marcas, constituyéndose en su más acérrimo enemigo y no es para menos, dadas sus veleidades bonapartistas y autoritarias. Primero fue la supresión de las partidas de cofinanciación, con las cuales se apalancaban financieramente las entidades territoriales, con el pretexto de que ellas constituían auxilios disfrazados; luego vendría el cercenamiento de los recursos del Fondo nacional de regalías, a contrapelo de lo dispuesto por la propia Carta(Arts. 360 y 361) y, ahora, se le pretende dar el golpe de gracia, congelándole las transferencias a unos municipios y departamentos en quiebra, a lo cual se comprometió con el FMI. Tiempos difíciles son los que se le auguran a las regiones colombianas, con la involución del proceso de su autonomía y descentralizacion. Ahora, que se avecinan los comicios regionales, a través de los cuales se renovarán las corporaciones públicas y se elegirán los nuevos mandatarios seccionales y locales, es preciso retomar el debate en torno al camino a seguir. La disyuntiva es clara: o se avanza en la dirección de profundizar el proceso de descentralización y autonomía territorial o, por el contrario, las regiones seguirán siendo alfiles sin albedrío del centralismo bogotano.

Amylkar D. Acosta M


Medellín, enero 4 del 2.000


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