Dec 09, 2021 Last Updated 5:48 PM, Nov 11, 2021

EL PARTO DE LOS MONTES

Categoría: Economía Nacional
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PLAN DE CHOQUE O DE IMPULSO

A pesar de que el Gobierno se declaró satisfecho con el 4% de crecimiento de la economía en 2012 que reportó el DANE, el Banco de la República optó por bajar la tasa de intervención e incrementar sus compras de dólares en el mercado cambiario, para de esta manera tratar de frenar la desaceleración de la economía. Por su parte los industriales agremiados en la ANDI le plantearon al Gobierno a través de su vocero Luis Carlos Villegas la necesidad de implementar una Agenda para el Salto en Competitividad, a manera de salvavidas a la industria que viene de capa caída. La misma consta de nueve puntos básicos, los cuales le fueron formulados al Gobierno a la espera que este los acogiera. Entre otras medidas, se demandaba del Gobierno decisiones más contundentes para contener la apreciación del peso frente al dólar, cuya tasa seguía por debajo del nivel del año 2000, acelerar la ejecución de las obras de infraestructura, moderar las altas tarifas de la energía, una política de compras estatales que favorezca la producción nacional, entre otras.
Y no es para menos, habida cuenta que la industria particularmente sigue sin poder levantar cabeza y lo mismo se puede predicar del sector agrícola; entre tanto, el sector minero – energético, que era el que venía jalonando el crecimiento, ha bajado sensiblemente el ritmo de su crecimiento. En el primer bimestre de este año la producción manufacturera cayó - 3.1%, en contraste con un crecimiento para el mismo periodo del año anterior de 3.48%, un bache de casi 6.5 puntos porcentuales. La caída de la producción industrial en febrero, que fue de - 4.5 frente al mismo mes del año pasado, es la mayor desde julio de 2009 y de los cuatro meses consecutivos a la baja, acumulando ocho meses en rojo de los doce del último año. Destaca el DANE que 30 de los 48 ramos individualmente consideradas mostraron cifras negativas. Ello, lógicamente repercutió en la reducción de un 2.5% del empleo fabril, también por cuarto mes consecutivo. Las ventas y las exportaciones también cayeron, esta vez – 3.4%, arrastradas fundamentalmente, quien lo creyera, por una mayor caída, del - 6.1%, de las exportaciones del sector minero – energético. 
La ANDI, después de conocer los mediocres resultados de su Encuesta de Opinión Industrial Conjunta, llegó a la conclusión de que el panorama para la industria es muy sombrío y lo resume de la siguiente manera: caída de la producción, bajo crecimiento de las ventas, menor uso de la capacidad instalada y un clima de negocios en deterioro. Basta con señalar que el nivel de confianza de los industriales sufrió una caída estrepitosa de 17.9 puntos porcentuales frente a los resultados del primer bimestre de 2012. Razón tuvo, entonces, el FMI para revisar su previsión de crecimiento para este año del 4.3% a 4.1%, advirtiendo además que “la tasa de desempleo seguirá siendo la más alta de Suramérica”. 


El Gobierno no podía seguir ignorando esta realidad y terminó por entender la necesidad de actuar, por ello el propio Presidente de la República Juan Manuel Santos anunció un Plan de choque tendiente a reactivar la economía. Como dijo el Ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas, “vimos la necesidad de darles un tratamiento especial a la industria y al agro después de conocer los resultados del 2012”. Lo curioso es que poco después sale el Presidente Santos con que el paquete de medidas que iba a anunciar no era un Plan de choque, como él mismo lo había anunciado, dizque porque “no hay ningún tipo de crisis ni de emergencia, todo lo contrario, la economía tiene muchos de sus fundamentales en buen sitio” e insiste en que “son indicadores positivos” los que caracterizan su desempeño. Se trata, entonces, según él, no de un Plan de choque sino de un “impulso” a la economía en procura de lograr estabilizar el crecimiento, dado que, como vamos, vamos bien. “Es una forma de anticiparnos a lo que pueda suceder este año”, enfatizó. 
Por ello se rebuscaron un nombre bien sugestivo al paquete de medidas que finalmente se le expuso al país, Plan de Impulso a la Productividad y el Empleo (PIPE). Resultaba políticamente incorrecto usar la expresión Plan de choque, porque supuestamente “tiene una connotación (de) que hay algún tipo de crisis o emergencia, y ese no es el caso”. No obstante, es el propio Ministro de Agricultura Juan Camilo Restrepo quien manifiesta sin ambages: “reconozco formalmente que hay crisis en el sector agropecuario” y si eso dice el titular de la cartera que tiene bajo su responsabilidad este sector que creció el 2.6% en el 2012, qué podrá decir el Ministro de Comercio e Industria que tuvo un bajonazo de – 0.7% el año anterior. La realidad es tozuda y da cuenta de un coma profundo en el que está sumida la industria en un contexto de continua desaceleración de la economía, que pasó de crecer a tasas trimestrales del 7% a rondar sólo el 3%. Estamos en presencia de una crisis de crecimiento de la economía, particularmente de los sectores agrícola e industrial, que la aleja cada vez más de la meta planteada en el Plan de desarrollo Prosperidad para todos de un crecimiento sostenido del PIB del 6%.
EL PIPE
El Gobierno terminó amarrando perro con longaniza, porque al final se empaquetaron en un solo conjunto de 24 medidas algunas nuevas al lado de otras que ya se habían tomado, como el desmonte de la sobretasa en la factura de la energía del 20% y del gas 8.9% hace casi un año o la extensión de la desgravación arancelaria para la importación de maquinaria, equipos y materias primas que no se producen en el país (3.094 partidas arancelarias) que data desde finales del 2010 hasta agosto de 2015. Una y otra medida les han significado un alivio importante en los costos de las empresas, pero le están saliendo  por un ojo de la cara al fisco de la Nación ($534.570 millones por concepto de la sobretasa a la energía y $78.900.5 millones por la sobretasa al gas natural anualmente). Lo propio podemos decir con respecto a la anticipación en dos meses de la entrada en vigencia del desmonte parcial de los parafiscales que se había decretado desde finales del año pasado a través de la reforma tributaria, el cual redundará en una reducción de costos para las empresas del orden del 5% sobre el valor de la nómina a partir del primero de mayo. 
Entre las nuevas medidas se destacan: el ahorro en el extranjero de recursos del FONPET provenientes de las regalías, sin contar para esta decisión con el consentimiento de las entidades territoriales que son sus dueñas (otra manifestación más de la centralización de las regalías), además de “inducir” a los fondos de pensiones para que en vez de tener invertido en el exterior el 6% de los ahorros de sus afiliados dicha exposición suba, a través de la figura del ahorro previsional, hasta el 11%. Para darle tranquilidad a los afiliados a dichos fondos, ha dicho el Ministro Cárdenas que con ello se busca “una mezcla de rentabilidad y riesgo”. Con estas dos medidas se aumentaría la demanda por divisas en US $5.000 millones adicionales a las del Banco de la República, lo cual supuestamente tendría que traducirse en una apreciación del dólar, que es de lo que se trata. A este respecto coincido con el analista Mauricio Cabrera cuando afirma que si bien “el diagnóstico es correcto, las medidas son  equivocadas”. Como él lo señala, en el 2012 entraron al país por concepto de inversiones de portafolio US $6.157 millones, así es que si en el 2013 sigue llegando a ese mismo ritmo, ahora incentivadas por la reforma tributaria, las mismas anularían por sí solas el efecto que se espera con las medidas anteriores. Valga decir que en sólo mes de marzo de este año los ingresos de divisas por tal concepto se incrementaron el 37%. A ello añádale la deuda en dólares de las empresas, que el último año ascendió a cerca de US $2.500 millones. Nadie se explica por qué el Gobierno se obstina en no ponerle cortapisas ni a la afluencia de los capitales golondrinas ni al endeudamiento externo del sector privado que pasó de US $30.570 millones en 2011 a US $34.659 millones en 2012, que contribuirían mucho a que ceda la presión sobre la tasa cambiaria.
Hagamos una digresión, a propósito de los flujos de capital extranjero, para recoger un comentario del analista Aurelio Suárez en el sentido que “los flujos de inversión foránea directa, aumentados por la de portafolio y el ejercicio del ‘carry trade’(dólares baratos traídos para colocarlos en pesos caros), no impactan ni la producción ni la ocupación, se reproducen para volver a los mercados externos; moldean la economía a su antojo y la revaluación ocasionada, más allá de la enfermedad holandesa, se convierte en dolarización encubierta, la economía gira en torno a la divisa”.  
En los días subsiguientes al lanzamiento del PIPE la tasa de cambio se ha venido revirtiendo y la revaluación del peso empezó a ceder, pero no propiamente por las medidas anunciadas pues es demasiado pronto para hacer sentir sus efectos. Más bien se trata de la confluencia de varios hechos que han causado incertidumbre y han impactado la cotización del dólar, no sólo en Colombia sino en otras latitudes. Como lo señala la analista de Helm Bank Marisol Torres, “el contexto internacional claramente está ayudando a que la tasa de cambio esté en los niveles actuales. La caída del petróleo y de más de 1% en las bolsas en Estados Unidos y Europa, está teniendo efecto tanto en el peso colombiano como también en todas las monedas de América Latina”. A ello se viene a añadir la incertidumbre que generó la rebaja de la calificación triple A de la deuda alemana y los pésimos resultados corporativos en los EEUU conocidos el 17 de abril, los cuales causaron pánico y llevó a muchos inversionistas a buscar refugio en activos de renta fija y lógicamente en el dólar. Y es un hecho, como lo hemos venido recalcando, que el boom minero – energético está en su cuarto menguante, merced a la contracción del mercado de los commodities y la destorcida de los precios internacionales de los mismos, lo cual a su vez ha repercutido en la caída del 8% de la inversión extranjera directa (IED) en el primer trimestre de este año, que en su mayor proporción se ha venido orientando hacia este sector. Hasta el oro ha visto caer sus precios de los US $1.600 hasta los US $1.374 la onza el 17 de abril; desde finales del año pasado a esta parte ha bajado su cotización el 16%. Hoy por hoy, más grave que la revaluación del peso para la economía colombiana es la caída de los precios del carbón, el petróleo, el café, el oro y el ferroníquel y por consiguiente el deterioro de los términos de intercambio. Este, a la larga, es mucho más dañino y afecta más el crecimiento de la economía. A guisa de ejemplo, digamos que una caída de 10% en el precio del barril de crudo impacta en un 0.2 puntos porcentuales el crecimiento del PIB. 
De hecho, en las primeras de cambio, la balanza comercial del país se ha tornado deficitaria. Así las cosas, no es de extrañar que dada la actual coyuntura se pueda alcanzar en el corto plazo la llamada tasa “Cárdenas” de los $1.900 por dólar, sin que ello se le deba al tal PIPE. En tales condiciones, “es vital que la industria y el agro recuperen  el terreno perdido para soportar los embates que vienen, derivados de un desplome en los precios del carbón, el oro y el petróleo y varios de nuestros principales productos de exportación. Desde esta perspectiva, el Plan de choque luce como un esfuerzo para ajustar la transición de la economía hacia ese nuevo escenario. Es buena idea, así se llame Plan de choque”  
Se anunció también otra medida que viene a potenciar el programa bandera del Gobierno de las 100 mil casas gratis, en el cual viene empeñado con relativo éxito el Ministro Germán Vargas. Se trata de un programa que comprende la financiación de créditos para la adquisición de 32.000 viviendas con un costo unitario entre $70 millones y $200 millones con una tasa al crédito hipotecario que bajará del 12% al 7% (los bancos bajaron su tasa al 9.5% y el Estado subsidia 2.5 puntos porcentuales). Llama la atención el hecho de que este beneficie se extienda a una segunda vivienda. El otro componente de este programa está focalizado hacia quienes tienen ingresos entre 1 y 2 salarios mínimos legales mensuales vigentes (SMMLV), dicho segmento de la población recibiría un subsidio de 25 SMMLV ($14 millones), al tiempo que se beneficiaría también de la tasa del 7% aplicable a su crédito. Si bien este programa es muy loable, dado que en Colombia sólo el 54% de los hogares (6.9 millones) poseen vivienda propia y el 35.6% de dichos hogares presenta algún tipo de déficit habitacional, se asume el riesgo, como lo sostiene Dinero, que “los subsidios a los intereses sobre la vivienda se conviertan en el largo plazo en un estímulo a las alzas de precios de los inmuebles, que generan una transferencia de los compradores a los constructores y banqueros”. Así de sencillo. 
El Gobierno cuantificó en $5.037 billones, casi un punto del PIB el monto de los recursos que se le inyectaría a la economía con este Plan, pero allí incluye, por ejemplo, los $1.2 billones que dejará de recaudar el Estado por concepto de la extensión de la liberación arancelaria decretada hace ya casi dos años a la importación de materias primas no producidas en el país. Además, de los $3.8 billones restantes, sólo $1.1 corresponden a la vigencia de 2013. Entre los sectores favorecidos está la vivienda con aproximadamente $2.1 billones, el agro con $545 millardos, que no se aclara si se trata de recursos adicionales o los ya presupuestado para el programa Agro Ingreso Seguro (AIS) y sorprende que a infraestructura sólo se le asignaran $711 millardos, cuando es el sector que mayor impulso requiere; será por aquello de que este sector no adolece tanto de recursos como de capacidad de ejecución de los mismos por parte del Gobierno. 
EL EMPLEO Y EL CRECIMIENTO
Según el Ministro Cárdenas, además de un punto adicional de crecimiento del PIB para este año, “se le añaden 300.000 empleos adicionales por cuenta del PIPE, los cuales, a propósito, son un cálculo de la ANDI, no nuestro… (¡!). La meta es que, por todo esto, el crecimiento de la economía sea del 4.8% en el 2013. Es nuestra aspiración”. Pero está por verse si se cumplen los pronósticos del Gobierno de crear entre 400 mil y un millón de empleos formales en los próximos dos años, a través de la entrada en vigencia del desmonte de los parafiscales. Lo cierto es que expertos laboralistas como el Director del Observatorio del Mercado de Trabajo y la Seguridad Social de la Universidad Externado de Colombia Stefano Farné y el investigador David Arturo Rodriguez no son tan optimistas como el Gobierno y, al tiempo que cuestionaron en su momento esta medida, aseguran que generará a lo sumo 100 mil empleos. Definitivamente el principal escollo para la generación de empleo formal y para la formalización del mismo en Colombia está en la baja productividad de las unidades económicas y de sus trabajadores y este mal no se está atacando con el PIPE sino sólo tangencialmente. Como lo señala el ex ministro de Hacienda Rudolf Hommes, “el crecimiento de la productividad laboral en Colombia entre 1990 y el 2011 fue del orden del 30% inferior al de América Latina y la OCDE (entre 40 y 45%) y muy inferior al de los países de la OCDE con ingresos inferiores o iguales a la medina de esa organización, que duplicaron su productividad durante ese mismo período. Esta es una de las razones por las cuales Colombia ha perdido competitividad y es tan vulnerable a la revaluación”.
En cuanto al crecimiento se refiere, como lo acota el Director de Portafolio Ricardo Ávila, “un Gobierno que es más rápido en los anuncios que en las ejecutorias…es altamente improbable que se consiga la meta oficial de crecimiento del 4.8% en el 2013” y vemos aún más remota la posibilidad de generar 300.000 empleos, “por más PIPE que haya”. De pronto la mejora de la calificación de la deuda colombiana por parte de la calificadora de riesgo Standard & Poor al pasarla de BBB- a BBB, pueda darle una mano al Gobierno y ayudarle en su propósito de reanimar la economía. Ojalá, pero el escepticismo cunde: el Director de Fedesarrollo Leonardo Villar dice que él no cree “que vaya a tener ese impacto en el PIB. Nosotros no vamos a cambiar nuestras proyecciones de crecimiento para 2013, que están por debajo de 4 por ciento para este año”. Por su parte el Director de Portafolio Ricardo Ávila conceptúa que “con excepción de Planeación Nacional, nadie más considera que el objetivo del 4.8% fijado inicialmente sea posible”.
Estamos de acuerdo con la revista Dinero cuando sostiene que “sin duda el Plan es un esfuerzo encomiable…no es un giro, ni un relanzamiento, ni una aplicación de medidas extraordinarias para enfrentar una situación extraordinaria. Es en la mayoría de sus componentes un paquete de cosas que se venían haciendo o se deberían estar haciendo desde antes. Quedan ahí  los temas estructurales…El problema del desempleo no se resuelve con planes de choque, es estructural”. Por ello, después de dar a luz dicho Plan la impresión que se deja es que más parece la célebre fábula de Esopo El parto de los montes, cuya trama da cuenta de que tras los gritos desgarradores y las dolorosas contracciones, cuando se esperaba que trajeran al mundo una especie de mastodonte,  los montes paren un pequeño ratón. Como se dice en mi tierra, más fue la bulla que la cabuya!
A CAMBIAR DE RECETA
Comparto con el ex ministro Carlos Caballero que “sin duda, se necesita un plan de choque. Pero no exclusivamente para impulsar la economía, sino para transformarla”. El paquete de medidas contempladas en el PIPE es más de lo mismo, en algunos casos aumentando la dosis de algunos de los remedios de la misma receta, la de siempre, la que sigue las prescripciones del desprestigiado Consenso de Washington. Bien dijo Albert Einstein, que “no podemos resolver los problemas de la misma manera que los creamos” y los problemas que enfrenta y afronta la economía colombiana son estructurales, que no se van a resolver con meros lenitivos. Estos sólo pueden aplazar el colapso y atenuar sus estragos, pero sin evitarlos. 
La economía colombiana viene siendo víctima de su “éxito” aupado por el boom minero – energético; después de un auge impresionante de este sector, que duró casi una década, ahora sus perspectivas son muy sombrías. A ello ha contribuido, además de la recesión de la economía de la Unión Europea (UE) y al letargo de la economía estadounidense, la consiguiente ralentización de la economía china, que después de tener crecimientos espectaculares como el de 2007 del 14.2% ahora viene en declinación. El crecimiento del PIB chino en 2012 fue de un “magro” 7.8%, el menor crecimiento en los últimos 13 años, siendo el crecimiento del último trimestre del año anterior de 7.9%, el primer trimestre de este año registró un crecimiento del PIB del 7.7% y la meta para el 2013 fijada por las autoridades económicas del dragón chino es de “sólo” el 7.5%. Y tengamos en cuenta que por cada punto porcentual que deja de crecer la economía china, esta deja de comprar US $10.000 millones de dólares en materias primas (petróleo, carbón, cobre, ferroníquel, etc) y de las exportaciones estas se nutre la economía colombiana así como la Latinoamericana. Ello explica en gran medida la aceleración de la desaceleración de la economía colombiana, cuyo crecimiento venía siendo jalonado por el sector minero – energético, que después de crecer el 44% en 2008 y 63% en 2009, creció el 20% en 2010, el 15% en 2011 y en el 2012 creció a duras penas el 5.9%. 
En reciente pronunciamiento el Banco Mundial fue categórico al afirmar con respecto a Latinoamérica que “el secreto que necesita desvelar la región es el de la productividad, la piedra filosofal de los economistas que hace posible la magia de hacer cosas mejores y mayores con lo que uno tiene”. Y cuáles son esas “cosas mejores y mayores con lo que uno tiene”? La respuesta la encontramos en el pronunciamiento reciente del Foro Económico Mundial, en el sentido que “Colombia hace parte del grupo de países que debe capitalizar su amplia disponibilidad de recursos energéticos para que, de manera sostenible, pueda maximizar los retornos de la industria y apoyar una mayor diversificación de la economía”. Pero Colombia malogró la oportunidad de hacerlo, desaprovechó el boom minero energético y no sembró sus frutos, como ha debido hacerlo, ejecutando la Agenda Interna para la Productividad y la Competitividad (AIPC).   
Nos lo dice el economista venezolano Ricardo Hausmann, “una condición para el desarrollo está en que la base productiva sea diversa y, sobre todo, sofisticada. A Colombia claramente le falta de los dos elementos…El aumento en la productividad de los factores, que fue de algo más de 1% entre 2003 y 2011, no sirve para sostener una tasa de crecimiento del PIB del 6%”, que es la meta del Plan de Desarrollo Prosperidad para todos. Como lo admite el Zar de los TLC y ex coordinador de la negociación del TLC con EEUU Hernando José Gómez, “por primera vez, desde la crisis de los años 30, Colombia tiene más acceso a mercados internacionales que oferta exportable”.  
 En el más reciente informe del Consejo Privado de Competitividad que preside Rosario Córdoba, se dice claramente que “la reciente literatura de desarrollo y la evidencia empírica sugieren que son los países que se adentran en procesos de cambio estructural, o de transformación productiva –es decir, que están constantemente cambiando la fisonomía de sus aparatos productivos– los que logran tener mayores niveles de crecimiento sostenidos en el tiempo”. Y este no es el caso para Colombia, pues para ello se necesita alinear las políticas públicas con una clara y explícita orientación hacia la promoción de promover la industrialización. El Consejo de Competitividad así lo reconoce: “infortunadamente, la teoría y la evidencia empírica sugieren que este proceso de sofisticar lo que se produce y de pasar a producir nuevos bienes y servicios –o de transformación productiva– no se da de forma espontánea, en la medida en que existen numerosas distorsiones y cuellos de botella que lo limitan”. 
Y va más lejos cuando llama la atención sobre el hecho que “el país sigue teniendo una canasta exportadora poco diversificada y de bajo nivel de sofisticación, al igual que la tenía hace 20 años, con el agravante de que se viene experimentando un boom minero-energético que viene deteriorando aún más los niveles de diversificación y sofisticación del aparato productivo…El país sigue produciendo lo mismo y de la misma manera como se hacía hace décadas”. Este cuadro tan desalentador como real de la economía colombiana no va a cambiar con el PIPE, ni siquiera se lo propone, porque según el Gobierno aquí no es menester un timonazo sino un ligero giro en la conducción de la economía. Por ello, en lugar de remedios para los quebrantos de la economía, lo que le recetan son placebos.  
Según el Nobel de Economía Paul Krugman (1997), al referirse a la competivitividad, “la productividad no lo es todo, pero en el largo plazo lo es casi todo. La habilidad de un país de mejorar su nivel de vida en el tiempo depende, casi exclusivamente, de su habilidad de aumentar su producto por trabajador”. Ello, además, determina el número y tipo de empleos que existirán y, por lo tanto, el ingreso de la población. Y de acuerdo con los últimos resultados del Anuario Mundial de Competitividad que elabora el Institute for Management Development (IMD), “Colombia continuó su caída al pasar del puesto 46 en 2011 al puesto 52 en 2012, entre 59 países”. Lo mismo ocurrió con los resultados del Indicador Global de Competitividad del World Economic Forum (WEF), “que indican un retroceso del país de la posición 68 en 2011 a la posición 69 en 2012, entre 144 países, alejándose, por tanto, de la meta de ser uno de los países más competitivos de la región”. Y entre los aspectos en los que mayor rezago tiene Colombia frente a sus pares es en lo atinente a ciencia, tecnología e innovación y en lo relativo a la infraestructura. De acuerdo con un estudio reciente del Banco Mundial, con sólo reducir en un 12% los costos de transporte Colombia podría incrementar sus exportaciones en promedio un 9%. Pero ello nunca será posible mientras Colombia siga ocupando el puesto 85 en calidad de la infraestructura y el 124 en el ranking de la calidad de sus carreteras, entre 144 países (¡!). A nada de ello le apunta el tal PIPE y este es el nudo gordiano que hay que desatar. 
Así como la EEUU y la UE han tenido que volver sobre la teoría y las prescripciones del denostado por los neoliberales que han llevado sus economías a la actual encrucijada John Maynard Keynes, América Latina está de vuelta, 27 años después de su muerte, al pensamiento del reputado economista chileno Raúl Prebisch, a quien le cupo el mérito de haber formulado un Modelo propio para Latinoamérica a través de la Secretaría Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Es la hora de su reivindicación, como el gran visionario que fue.La actual Secretaria Ejecutiva Alicia Bárcena y el Secretario adjunto de la misma Antonio Prado lo han dicho diáfanamente: “la visión de Raúl Prebisch sigue vigente en América Latina…con raíces en el pensamiento keynesiano y de Prebisch, había ganado el desarrollo en América Latina mediante el impulso de la diversificación productiva, la industrialización…Nuestro desafío está en construir una nueva gobernanza de los recursos naturales que pueda financiar un cambio estructural productivo, ampliar la diversificación económica y la capacidad de innovación…”. De ello es de lo que se trata, nada más, pero tampoco nada menos, lo cual ha de pasar por el desenclave de los desarrollos de la minería a gran escala y la industria petrolera, así como la externalización de sus beneficios a través de los encadenamientos productivos, la desagregación tecnológica y la transferencia de tecnología, sin desmedro de la responsabilidad social empresarial y la sostenibilidad ambiental. Brasil acaba de dar un paso fundamental  en esta dirección con la creación del Ministerio de Industria enfocado a la creación y consolidación de empresas nacionales innovadoras y sostenibles, que añadan valor agregado y generen empleo formal. Este es el camino!
 
Bogotá, abril, 26 de 2013
www.amylkaracosta.net


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