Categoría: Opinión
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En un hecho inédito, en esta Cumbre Encuentro de las regiones se están dando cita los gobernadores y gobernadoras entrantes y salientes de todo el país, como una muestra palmaria del deseo y la voluntad de unos y de otros de propiciar un clima de formalidad y de entendimiento en los procesos de empalmes, sin sobresaltos ni traumatismos, entre las administraciones que concluyen su gestión el 31 de diciembre y las que asumirán a partir del 1º de enero entrante.

Ello habla muy bien del talante de ustedes y de la madurez de nuestra democracia, la más antigua de Latinoamérica, al tiempo que propicia el mejor escenario para encarar con éxito los retos del porvenir. 

Esta transmisión de mando al término del cuatrienio de los gobernadores y gobernadoras en ejercicio a los gobernadores y gobernadoras recién elegido(a)s se da en unas circunstancias particularmente complejas, que demandarán una gran cooperación entre la Nación y las entidades territoriales para poder superarlas sin perecer en el intento. Me refiero al revés que han experimentado las finanzas públicas por cuenta de la destorcida de los precios de los productos básicos, fuente primordial de los recursos con los cuales se financian tanto el Presupuesto General de la Nación, el Presupuesto del Sistema General de Regalías y los presupuestos departamentales. 
El Gobierno Nacional se ha tenido que apretar el cinturón y los departamentos han hecho lo propio; se impone la necesidad de poner en práctica lo que ha denominado el Ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas como “austeridad inteligente”, que no es otra cosa que hacer más con menos y ello sólo es posible con una mayor eficiencia del gasto público. En la medida que el Sistema General de Regalías (SGR) se convirtió en la principal fuente de financiamiento de la inversión para sacar avante los proyectos estratégicos y prioritarios de las regiones, superada la curva de aprendizaje que dificultó la ejecución de tales recursos, se espera que de ahora en adelante los trámites de viabilización y aprobación de los proyectos a través de los OCADs sean mucho más expeditos, para de esta manera mejorar el nivel de ejecución.


No hay que perder de vista, además, que el año entrante vence el período de transición del Sistema General de Participaciones (Acto legislativo 04 de 2007) y por lo tanto se habrán de tomar decisiones sumamente trascendentales para las finanzas territoriales. Por ello nos hemos adelantado desde la Federación de Departamentos a evaluar el impacto que ha tenido para sus ingresos su aplicación y hemos venido estudiando, analizando y explorando fórmulas que le aseguren a los departamentos el cumplimiento del precepto constitucional de que no se le pueden trasladar funciones y competencias a las entidades territoriales si al mismo tiempo no se le transfieren los recursos necesarios y suficientes para asumirlos (Artículo 356 de la Constitución Política). De igual manera estamos expectantes sobre lo que será la propuesta de Reforma tributaria estructural que recomendarán los expertos. Esperamos que esta vez, por fin, se contemplen normas que contribuyan a modernizar y a dinamizar las rentas propias de los departamentos, que hoy siguen dependiendo de rentas anacrónicas y de recaudos que no se compadecen con las crecientes necesidades de las regiones. Ello es tanto más válido habida cuenta que uno de los propósitos centrales que quedaron planteados en el Plan de Desarrollo Todos por un nuevo país (2014-2018) es el de reducir y ojalá cerrar las brechas interregionales e intrarregionales y ello sólo es posible arbitrándole mayores recursos a las regiones.


Ello es tanto más imperativo si tenemos en cuenta el rol que están llamadas a cumplir las regiones en el post conflicto. Hemos sostenido que así como el meridiano de la guerra ha pasado de manera arrasadora por el territorio también la paz deberá pasar por ellos, para reconstruir el tejido social desgarrado por la violencia, restituyéndole las tierra a quienes fueron despojados de ellas y reparando a las incontables víctimas de esta verdadera tragedia humanitaria. Sólo así podremos abrigar la esperanza de que la paz conquistada tras los acuerdos de la Habana sea estable y duradera. Y esta colosal empresa se debe emprender desde el territorio, con quienes habitan el territorio o retornan a él y desde luego bajo la dirección y coordinación de las autoridades regionales, que habrán de fungir como gestores de paz. Esa es la ímproba tarea que les espera a quienes asumen el mando desde el primer día del Año nuevo y para ello es menester contar con todo el apoyo del Gobierno central.


Otro desafío inescapable para este nuevo período constitucional de gobierno es el atinente al cambio y la variabilidad climática, caracterizada por fenómenos extremos de sequía e inundaciones, que son recurrentes y cada vez más frecuentes. Es bien sabido que Colombia es el tercer país en el mundo en vulnerabilidad frente al cambio y la variabilidad climática, lo cual obliga a contar con una política y unas acciones que fortalezcan la resiliencia de las poblaciones y los territorios frente a dichos eventos. Colombia cuenta con la Unidad Nacional de Gestión de Riesgos y Desastres (UNGRD), que se ha convertido en un referente a nivel internacional, pero para que la misma opere eficazmente se requiere contar con toda una red con bases de apoyo en los territorios y así evitar que las poblaciones, sobre todo las más vulnerables, queden a merced de la furia de la naturaleza.


Pero, no nos debemos quedar sólo atendiendo resignadamente emergencias y desastres como si estuviéramos predestinados a soportarlas, también se debe trabajar en la prevención y en la adaptación. A ello apuntan los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS) liderados por Colombia y acogidos por las Naciones Unidas y ello va en serio, prueba de ello es el compromiso del Presidente Juan Manuel Santos, en nombre de Colombia, con la comunidad internacional de reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en un 20% para el año 2030.


En todos estos propósitos ha estado comprometida la Federación de Departamentos, defendiendo a capa y espada la autonomía territorial consagrada en la Carta, llevando la vocería de los señores gobernadores y de las señoras gobernadoras ante el Gobierno central, actuando como interlocutores frente a este, sirviendo de integradores y articuladores de los departamentos para ganar sinergias y capacidad de gestión, prestándoles la asistencia técnica requerida. Todo ello en procura de servir de facilitadora de la gestión de ustedes, para que sus programas de gobierno y sus planes de desarrollo, tengan en la Federación un firme punto de apoyo. A los gobernadores y gobernadoras electo(a)s les damos la bienvenida al seno de la Federación y a los salientes les damos las gracias por todo el apoyo que recibimos para hacer posible los logros alcanzados, siempre en beneficio de los departamentos que ella representa.

Villavicencio, noviembre 12 de 2015