Nov 19, 2019 Last Updated 4:09 PM, Oct 28, 2019

Alerta Temprana

NEGROS NUBARRONES

Acaba de salir a la luz el texto “Colombia frente a una destorcida en los precios del petróleo”, editado bajo los auspicios del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y elaborado por un equipo investigador coordinado por Hernando José Gómez y del cual hicieron parte también Jonathan Malagón y Carlos Ruiz. En mis comentarios, a propósito de su presentación, resalté el mérito de este enjundioso trabajo, que le da una mirada anticipatoria al futuro que nos habrá de deparar la tremenda descolgada de los precios del crudo . Prima facie, las conclusiones a las que arriba, luego de hacer una serie de simulaciones y plantear dos escenarios extremos, pueden parecer catastrofistas, pero no hay tal. No hay duda, el signo de los tiempos es la incertidumbre, todo mundo se pregunta cuánto durará esta caída de precios y cuándo va a tocar fondo, sin que nadie tenga una respuesta concluyente.

Dada la enorme dependencia de Colombia con respecto a la producción y exportación de crudo, no obstante que no se le puede calificar como petrolero dada la precariedad de sus reservas probadas, tiene una alta vulnerabilidad frente a la caída de su cotización en los mercados internacionales. Uno de los escenarios que se analizan en este trabajo es aquel en el que los precios del petróleo fluctúen entre los US $70 el barril y US $120 hacia el año 2020. En el segundo escenario, que es el más probable y el que mejor consulta la coyuntura actual, se nos plantea lo que acaecería en el evento que el bajonazo del precio  de referencia WTI del crudo se llegara a desplomar hasta los US $60 el barril. 

Se detiene el estudio en el escudriñamiento de las consecuencias que se podrían derivar en caso de que se llegara a materializar el segundo escenario y los resultados que arroja no dejan de ser motivo de gran preocupación. Entre otras consecuencias “el crecimiento del PIB pasaría de un 4.3% estimado en 2014 a un 1.4% anual para 2015. Un año después, la contracción del producto se ubicaría incluso en niveles cercanos al 2.6%” . Ello nos avocaría a una crisis económica apenas equiparable a la que experimentó el país en el aciago año 1999. Pero, además, se “aumentaría la tasa de desempleo en los años posteriores al choque con respecto al escenario base, retornando a tasas de desempleo de dos dígitos, hasta un máximo de 11.2% promedio para el año 2016. Esta cifra no se observa en el país desde 2010” . Y, lo que es peor, sus estragos sociales serían de tal magnitud que “en términos de pobreza, esta aumentaría de 29% que se observa en la actualidad hasta máximos de 34% en los siguientes dos años y retornaría lentamente a niveles del 31% en el año 2010. Es decir, se perderían seis años en la lucha contra la pobreza” . Y la verdad monda y lironda es que observando la tendencia de los precios no es descartable que puedan llegar a los US $60 el barril, en todo caso estamos más cerca del escenario pesimista que del optimista. 

LA AMENAZA LATENTE

Es evidente que dos de los efectos colaterales de esta tendencia bajista de los precios ya se sienten en el frente externo y en las finanzas públicas ; en el primer caso aumentando el tamaño del déficit tanto de la Balanza comercial como de la Cuenta corriente de la Balanza de pagos y abriéndole una tronera inmensa a los ingresos corrientes de la Nación, planteando un serio inconveniente de financiación del gasto público. A septiembre de este año el saldo en rojo de la Balanza comercial ascendía a US $2.220 millones en contraste con el superávit que para el mismo período de 2013 fue de US $1.768 millones; es decir, la brecha que se abre irremediablemente viene ampliándose hasta alcanzar los US $3.988 millones. El revés más patético tiene que ver con la Balanza comercial con EEUU, que de un superávit de US $2.880 millones pasó a un déficit de US $2.279 millones, marcando una diferencia de US $5.159 millones entre uno y otro período. 

Es bien sabido que la baja en los precios y también en la producción tiene un efecto retardado sobre las finanzas públicas, dado que los impuestos, las regalías y las utilidades si bien se causan este año los ingresos producto de los mismos sólo se harán efectivos el año entrante. Es claro, entonces, que las proyecciones y las cifras del Marco Fiscal de Mediano Plazo (MFMP) sí se verán impactadas por tales previsiones. Basta con recordar que los recaudos por concepto de impuesto de renta y del CREE que pagó la industria petrolera el año pasado representaron el 67% del total de sus erogaciones a favor del Estado. Y estas, está cantado sufrirán una fuerte mengua, lo que desde ya está obligando al Gobierno a buscar otras fuentes de financiamiento, en principio a través de la reforma tributaria en curso y muy seguramente el año entrante con mayor endeudamiento. El más reciente informe de Ecopetrol revelando los resultados del tercer trimestre en el que las utilidades de este cayeron el 40.7% con relación al tercer trimestre del año anterior es el más claro indicio de que los dividendos a distribuir el año entrante, una vez más, serán menores que los ya distribuidos correspondientes al 2013. 

De hecho, faltando los resultados del último trimestre de este año, que se prevén aún más desfavorables, las utilidades acumuladas por parte de Ecopetrol se redondearon en $8.42 billones, 21.4% inferior a las registradas para el mismo período en 2013. Según algunos analistas serios los dividendos a repartir el año entrante por parte de Ecopetrol podrían tener una caída entre el 15% y el 20% y los repartidos este año ya habían caído el  10.8% con relación al ejercicio anterior. El temido efecto sobre las utilidades es desde ya motivo de preocupación, habida cuenta que después que la empresa había revisado a la baja la ganancia neta esperada estimándola en $10.5 billones, para una caída del 20% con relación al año anterior que alcanzó los $13.1 billones. Pero, indudablemente, lo peor está por venir y el coletazo mayor se sentirá en 2016 y así lo reconoce el propio Ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas.      

Sólo con el objetivo de dimensionar el impacto que es dable esperar del efecto combinado de la baja en la producción y los precios, hemos hecho un ejercicio que queremos compartir. En los últimos 5 meses el precio del crudo de la referencia Brent ha bajado US$34.83 el barril (junio 16 US $115.19/noviembre 21 US $80.36) y por dado que por cada dólar que baja se reducen los ingresos del Estado en $424.000, la caída en los ingresos en el año completo es de aproximadamente $14.767.920 millones. Pero, si al impacto de la baja del precio se viene a sumar el impacto de la baja de la producción el efecto se amplifica. En la medida que la meta revisada a la baja de la producción de crudo para 2014 1´062.000 barriles/d y el promedio alcanzado hasta la fecha está rondando los 987.000 barriles/d, la diferencia es de 75.000 barriles/d. Ahora bien, en la medida que, como se sabe, por cada 10.000 barriles/d que se dejan de producir se afectan los ingresos en $ 301.000 millones, de ello se sigue que los menores ingresos por cuenta de la baja en la producción es del orden de los $2.257.500 millones. La sumatoria de los dos efectos, entonces, asciende a los $17.025.420 millones. 

Empero, la devaluación del peso con respecto al dólar le ayuda al país a amortiguar el golpe, de tal suerte que si tenemos en cuenta que en el transcurso de estos últimos cinco meses dicha devaluación ha sido del orden de $260 (TRM junio 20 $1.880/TRM noviembre 21 $2.156.93). Si tenemos en cuenta que por cada $10 de devaluación se reciben $314.000 millones adicionales en el año completo, estamos hablando de $8.478.000 millones. Al hacer la suma algebraica de estas cifras, obtenemos como saldo neto negativo, de menos res ingresos, del orden de los $8.547.420 millones. Podemos, entonces, concluir que el trabajo del PNUD que comentamos lejos de ser alarmista o catastrofista, más bien esta viendo el futuro con anticipación y activando una alerta temprana para que no nos dejemos sorprender por los acontecimientos que ya se columbran.

A ENFRENTAR EL DESAFÍO

Para enfrentar este desafío hay que estar preparados para tomar, sin pérdida de tiempo, medidas contundentes tendientes a aumentar la producción de crudos y además estimular la búsqueda y hallazgo de más reservas, única manera de hacer sostenible la meta de producción por encima del millón de barriles. Ya se sabe que dadas las causas identificadas que frenan la exploración y la producción (los atentados terroristas, los bloqueos y protestas sociales y las dilaciones en los procesos de licenciamiento ambiental y consultas previas). Para remover tales escollos es preciso implementar una estrategia, la cual pasa por el alineamiento del Gobierno central con las autoridades territoriales, que se articule la acción del Estado con la de las empresas que operan en el país y, desde luego el diálogo social, para el cual dejamos establecida una plataforma a nuestro paso por el Ministerio de Minas, Energía e Hidrocarburos. Se trata de la Estrategia de gestión territorial de desarrollo humano de la industria extractiva del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). De su implementación depende que la industria petrolera pueda lograr hacerse a la Licencia social , ganándose la confianza de las comunidades. 

Pero, no basta con promover y propiciar  la mayor producción de crudos, esta es una condición necesaria pero no suficiente para superar la encrucijada actual, se requiere adicionalmente tomar medidas de largo aliento que le permitan al país diversificar su base productiva y sus exportaciones, con miras a superar la reprimarización de su economía y sus daños colaterales . Por ello, nos parecen atendibles las observaciones y recomendaciones recientes del Consejo Privado de Competitividad, su propuesta no puede ser más pertinente y oportuna. Como lo plantea su Presidenta Rosario Córdoba Garcés, “esta propuesta de Política de Desarrollo Productivo, entendida como los esfuerzos para incrementar el nivel de sofisticación y diversificación del aparato productivo colombiano, es un insumo muy valioso para la discusión del país, especialmente en el contexto actual en donde queda claro que terminaron los vientos de cola que impulsaron la economía colombiana en los últimos años” . Ahora que se está en el proceso de formulación del Plan Nacional de Desarrollo para el segundo período de la administración Santos es la oportunidad de acoger y poner en marcha esta magnífica propuesta. 

 En ello coincide con el autor del best seller Por qué fracasan los países, el profesor James A. Robinson, “el país tiene que encontrar la forma de diversificar la economía…El crecimiento económico caerá si el auge de los commodities llega a su fin…la devaluación del dólar significó la revaluación del Euro y de las monedas de América Latina y contribuyó a ampliar el ciclo de los productos básicos que se observa en los últimos 6 años” . Además de propugnar por la diversificación de la economía es menester preservar y defender el terreno ganado en materia de empleo, reduciendo el desempleo a un solo dígito y en pobreza, reduciéndola en 3.6 millones de personas entre 2010 y 2014. Para ello es menester contemplar medidas contracíclicas y reforzar los programas sociales a favor de la población más vulnerable y de esta manera evitar que demos marcha atrás en los logros sociales alcanzados. 

 

CRISPACIÓN POR PRECIOS DEL GAS

En vísperas del Día de las velitas que precede la celebración de las festividades de la Inmaculada concepción de la Virgen María, los usuarios de los servicios de gas natural recibieron como un baldado de agua fría el anuncio del alza inusitada en el precio del gas. Ello nos llevó a urgirle al Gobierno su oportuna intervención, con el fin de desactivar esta bomba de tiempo, antes de que estalle y cause estragos sociales de imprevisibles consecuencias. La crispación de los ánimos por este motivo no puede ser mayor. 

En el primer caso se trata de un incremento desproporcionado en el precio del gas natural, a causa de una distorsión derivada de la aplicación a rajatabla de la Resolución 089 de agosto de 2013 expedida por la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG). Se trata de la actualización periódica de los contratos de suministro de largo plazo que se firma entre oferentes y demandantes del gas natural bajo las modalidades firme, firmeza condicionada y opción de compra. A través de la circular No. 108 de la CREG calendada el 27 de noviembre se da cuenta por parte de la misma de los precios a los cuales se transó el gas natural en la subasta del mes anterior para la provisión del mismo para el año próximo. 

En ese momento se hace público el precio ponderado del gas natural que se entrega por parte de los productores al Sistema Nacional de Transporte (SNT) en Ballena (La guajira) de US $5,4529 y en Cusiana (Casanare) US $3,4478 el millón de BTU. Dado que dicho precio se transa en dólares en lo que va corrido del año la devaluación del peso supera el 17%, el efecto neto sobre el precio sobrepasaría el 40%, al tiempo que el aumento en la tarifa para consumo domiciliario se estima en el 16% y para el industrial del 10%. Ello para la región Caribe, que se sirve del gas proveniente de los campos de La guajira y Sucre, pues para el interior del país al aplicar dicha Resolución se contempla una baja en el precio del gas del 3%. Ello no deja de ser paradójico, toda vez que desde la región Caribe se abastece el 60% del consumo nacional de este energético. 

La razón primordial para que se de esta alza en el precio son las restricciones que acusa la oferta de gas en la región Caribe, en el caso de la producción de La guajira debido a la declinación del campo de Chuchupa, Ballena y Riohacha, amén de las limitaciones operativas y en el de La Creciente y El Hobo, en Sucre por limitaciones en la capacidad de transporte. Es bien sabido que un 30% de la capacidad de generación eléctrica del país es de origen térmico y el 53% de dicha capacidad está en la región Caribe, de allí que más del 80% de su demanda corresponde a su parque térmico de generación. Pues bien, ante la amenaza del Fenómeno del Niño, que aún sigue latente, esta demanda se incrementó y la oferta se quedó corta, lo cual indujo este mayor precio. Huelga decir que la disponibilidad de las plantas de generación térmica de la región Caribe le sirve de respaldo a todo el Sistema eléctrico nacional, razón por la cual este efecto indeseado no debería absórbelo en su integridad sólo la región Caribe. 

Según ha trascendido, el Ministro de Minas y Energía Tomás González se apresta a revisar la Resolución 089, de modo que el aumento de la tarifa al usuario final sea de un 8% para el 2015, $1.500 en promedio, evitando un mal mayor. Ello pone de manifiesto la importancia de la intervención del Estado cuando ello es menester, a fin de que el mercado funcione adecuadamente. No se le puede dejar todo al mercado, el cual tiene momentos como este en el que funciona irracionalmente, de manera contraintuitiva. Un principio fundamental de la Tercera vía, que comparte el Presidente Juan Manuel Santos con el ex premier británico Tony Blair es “tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario”. Este es el caso, dadas las actuales condiciones de escasez de oferta y por ende de las limitaciones en las declaraciones de producción disponibles para la venta de gas por parte de los productores en el marco del Decreto 2.100 de 2011. 

Previendo situaciones como esta, que podrían agravarse hacia el futuro en ausencia de nuevos hallazgos, fue que le dimos un gran impulso al Proyecto de la planta regasificadora que entrará en operación finalizando el año entrante. También la inclusión como proyectos de interés estratégico nacional (PINES) de la ampliación de la capacidad de transporte desde los campos de La Creciente y El Hobo hasta la red troncal. 

 

Bogotá, diciembre 6 de 2014

www.amylkaracosta.net 

Yo estuve en el 'shock' petrolero

 

La entrada sólida y duradera de Estados Unidos a la producción mundial de petróleo hizo que el precio del barril cayera a niveles que estaban fuera de todos los pronósticos. ¿Qué pasó en Colombia?

Si algo caracteriza el comportamiento de los precios del crudo es su volatilidad, que le es inmanente; como lo afirma Ahmed Zaki Yamani, “los precios del petróleo suben y bajan, así de simple, es el abecé”. De modo que esta descolgada que han tenido los precios del petróleo desde mediados de este año no es algo inusual, lo que sí resulta sorprendente es que haya caído tanto en tan poco tiempo.
 
En junio 16 de este año el WTI y el BRENT se cotizaron a US$107,95 y US$115,19 el barril, respectivamente y, a poco andar ya se estaban cotizando ambos por debajo de los US$70. Y la tendencia sigue siendo a la baja, pese al hecho de que esta última semana tuvo un ligero repunte, pero para situarse el WTI en los US$57 el barril y el BRENT apenas superó los US$62.
 
Mucho se ha discutido sobre la perdurabilidad de esta baja en los precios y sobre cuándo va a tocar fondo y sobre ello hay las más variadas opiniones. Lo cierto es que esta caída de los precios del petróleo era de esperarse, pues este, como todos los commodities, después de un largo ciclo, de casi una década, de un gran apetito por ellos en los mercados internacionales y una espiral alcista de los precios, todos ellos, excepción hecha del petróleo, vieron contraer sus mercados y derrumbar sus precios. Es lo que hemos denominado el cuarto menguante del boom minero-energético, atribuido en gran medida a la desaceleración de las economías emergentes, particularmente la china, la recesión de la economía de la Unión Europea y a la lenta recuperación de la norteamericana.
 
Sólo factores geopolíticos, como los conflictos en Oriente Medio, las sanciones a Irán y la inestabilidad que llevó a reducir dramáticamente la producción petrolera de Libia, entre otros, explican la tardanza de la destorcida de los precios del petróleo. Superados en gran medida tales factores, se pone de manifiesto la preponderancia que empieza a tener EE.UU. en el mundo petrolero, ya no tanto como el primer consumidor de crudo, sino como el primer productor que empieza a ser, gracias a la revolución de los esquistos, la cual ha dado lugar a la reconfiguración del mercado petrolero. La OPEP, en estas circunstancias, se torna irrelevante, además de que ya, a duras penas, produce sólo el 30% de la producción mundial. Su reciente cumbre, del 27 de noviembre, puso de presente la disparidad de criterios y de intereses en juego y terminó por imponerse la posición de Arabia Saudita, que está más preocupada por asegurar su porción de mercado para no perderlo que por la baja en los precios.
 
Ante el fracaso de Venezuela e Irán en dicha cumbre, en su intento por recortar la producción y de esta manera tratar de frenar la caída del precio, este se precipitó aún más, sin que todavía haya encontrado su piso. Ellos se han estrellado contra la real realidad, que no es otra que la sobreoferta de crudo en el mercado, la cual se estima en 2 millones de barriles, al tiempo que cae la demanda por el oro negro. EE.UU., la primera potencia económica, no sólo ha aumentado su producción en más del 70% en los últimos cinco años, sino que además ha reducido su consumo y sus importaciones. China, por su parte, en la medida que se desacelera su economía también demanda menos crudo.
 
¿Qué puede esperarse que pase en 2015? La Agencia Internacional de Energía acaba de revisar a la baja sus proyecciones de demanda de crudos para el año entrante en 300.000 barriles/día, al pasar de 9’600.000 a 9’300.000 barriles. Así las cosas, los países productores, entre ellos Colombia, tendrán que ajustar sus presupuestos a esta nueva perspectiva de precios bajos, que impactará sus ingresos y, como ya lo estamos viendo, su tasa de cambio, pues mientras el precio siga cayendo el dólar se seguirá fortaleciendo.
 
*Amylkar Acosta Medina. Exministro de Minas y Energía de Colombia.

 

Los más destacados

Sígueme en Facebook