Oct 27, 2021 Last Updated 3:47 PM, Oct 9, 2021

MÁS Y MÁS CENTRALIZACIÓN

SE VIOLA LA CARTA


Ya habíamos alertado sobre el nuevo atentado en contra de la descentralización y la autonomía de las entidades territoriales consagrada en la Constitución Política que se estaba fraguando entre bastidores por parte del Gobierno y su bancada en el Congreso de la República. En efecto, fue aprobado en primera vuelta del proyecto de ley 130 Senado y 158 Cámara de Representantes el esperpento a través del cual se dispone que “los proyectos de inversión susceptibles de financiación por los fondos de Desarrollo Regional (FDR) y del Fondo de Ciencia, Tecnología e Innovación (FCTI), para su aprobación deberán contar con el voto positivo del Gobierno Nacional…Así mismo…los proyectos susceptibles de financiación con cargo al 60% del Fondo de Compensación Regional (FCR) deberán contar con el voto positivo del Gobierno Nacional”. Sólo le resta su aprobación en las plenarias de Senado y Cámara de Representantes a este engendro.


Cuando nos atrevimos a plantear que con el nuevo Sistema General de Regalías (SGR) el Gobierno central había quedado con la sartén por el mango, no lo decíamos a humo de paja, dado que a través del DNP además de tener la Secretaría del óprgano Rector del SGR, la administración del Banco de proyectos y la viabilización de los mismos y, como si fuera poco quedó también en sus manos el Sistema de Monitoreo, Vigilancia, Control y Evaluación (SMVCE) de la ejecución de los recursos de los fondos que hacen parte del mismo, con poder sancionatorio. Pero, ahora, no contento con ello, pretenden que los delegados del Gobierno central en los órganos colegiados de administración y decisión (OCAD) tengan poder de veto.


Pero, bien se ha dicho que una mala causa empeora cuando se la trata de defender. Afirmó el Ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas, sin ambages, que si la ley es aprobada por el Congreso “no se podrá aprobar un proyecto sin el visto bueno del gobierno Nacional en los OCAD”. Y se apresura a aclarar que “no se trata de centralismo, se trata de consensuar…Se requiere que el Gobierno esté de acuerdo”. Al paso que vamos terminarán dándole la razón al ex ministro Rudolf Hommes, quien sostiene con todo el desparpajo del que es capaz que “el control central fortalece la descentralización”. Según el Ministro Cárdenas con esta medida se busca que los recursos provenientes de las regalías no se despilfarren, que no se vuelva a financiar con ellos piscinas con olas. Este fue el mismo caballito de batalla sobre el cual cabalgó el Gobierno para arrebatarle las regalías a los departamentos y municipios productores y portuarios que las venían recibiendo en forma directa, ahora se trata de quitarle su manejo a todos los departamentos y municipios del país a los cuales se les asignó a través de subcuentas en los distintos fondos la mermelada esparcida por el ex ministro Echeverri “en toda la tostada nacional”. A todas estas, en dónde quedó su promesa de que él podía “escribir sobre una piedra que no se van a centralizar las regalías”?. La misma que exhibió ante los periodistas a su salida de la plenaria del Senado de la República después que obtuvo la aprobación de la Ley 1530 de 2012, reglamentaria del Acto legislativo 05 de 2011.


EL MANIQUEISMO
El mensaje implícito en la declaración del Ministro Cárdenas es que si se deja en manos de sus verdaderos titulares los recursos del SGR el poder de decisión sobre la destinación de los mismos hay un alto riesgo de corrupción, no así si es el Gobierno central el que se impone a la hora de determinar la viabilidad de los proyectos susceptibles de financiar con tales recursos. Cabe preguntarse en dónde queda el voto programático y el cumplimiento del mismo por parte de gobernadores y alcaldes que fueron elegidos para honrar su cumplimiento. Esta actitud maniquea por parte del Gobierno central olvida sórdidos episodios por parte del DNP cuando tuvo en sus manos el manejo del Fondo Nacional de Regalías (FNR).


Se habla mucho de las piscinas con olas, pero como en casa de ahorcado no se menciona la soga se le pone sordina al escandalo que rodeó el giro por parte del FNR a la Alcaldía de Valledupar con destino a la construcción del Parque de la Leyenda Vallenata. Fueron $15.000 millones que se desviaron en su destinación para fines ajenos a los prescritos por la Constitución y la Ley; de estos recursos todavía andan embolatados más de $1.360 millones que nunca se ejecutaron. El protagonista de este embrollo judicial es nada menos que el DNP. Casos como este, en donde los malos manejos involucran a funcionarios del Gobierno central, abundan como la verdolaga. Ello me ha llevado a aseverar, sin lugar a equivocarme, que en este país hasta la corrupción está centralizada. Me temo que el poder de veto del Gobierno en los OCAD se convierta en un medio de domesticación del Congreso por parte del ejecutivo y los recursos del SGR terminen convertidos en los execrados cupos indicativos, modalidad criolla del anglosajón barril de los puercos, fuente del clientelismo y de la corrupción, que vino a reemplazar los tristemente célebres auxilios parlamentarios.


EL EXTRAÑO MUNDO DE SUBUSO


Pero, mientras esto ocurría en el penumbroso Capitolio Nacional, desde Paris llegaba a los medios un despacho de prensa dando cuenta del gran anuncio que hizo el Director del DNP Mauricio Sanramaría ante la Organización para la cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Según él “debido al nuevo Sistema General de Regalías, el Índice Gini (que mide la desigualdad) cayó 53 puntos (¡!), lo que beneficia a los municipios más pobres”. Este es un verdadero prodigio, pues con el sólo anuncio de la inversión de los $6 billones presupuestados para este año, la desigualdad interregional desaparecio como por arte de birlibirloque, se espantó. A estas alturas, cuando el año está tocando a su fin es cuando se están aprobando los primeros proyectos en volandas a través de los OCAD, que han resultado paquidermos y remolones. Pero, una cosa es que se aprueben esos proyectos y otra cosa es la ejecución de los mismos, por lo que nos atrevemos a decir que aún no se ha girado un solo peso y ya bajó la desigualdad dramáticamente. Ello no deja de ser una ironía en momentos en que el Gobierno central, de un manotazo, les quita el control y manejo a las entidades territoriales tales recursos, que por ministerio de la propia Constitución les pertenece. Ciertamente estamos en el extraño mundo de subuso regido por el Gobierno de los anuncios.

Bogotá, diciembre 4 de 2012
www.amylkaracosta.net

 

EL PRECIPICIO FISCAL

EL DÉFICIT FISCAL ES ESTRUCTURAL
A semejanza del temido precipicio fiscal en EEUU, que puede precipitar a la primera potencia económica del mundo a una nueva recesión, Colombia se vería abocada más pronto que tarde a una encrucijada parecida por cuenta de una política fiscal improvidente e imprevisible. Y no decimos esto a humo de paja ni queremos ser agoreros de desastres, simple y llanamente queremos alertar sobre la gran crisis fiscal que se viene incubando, en donde el Gobierno central es el mayor responsable. El Ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas, en defensa de su proyecto de reforma tributaria insiste una y otra vez que el Gobierno no aspira a obtener a través de ella mayores recaudos y por ende su efecto neto sería neutro. Aunque prima facie ello resulta plausible, a mediano y largo plazo se puede convertir en una trampa mortal.


El eufórico Director de la DIAN Juan Ricardo Ortega se ufana de los niveles de recaudo del año anterior, que bordeó los $84 billones (13.6% del PIB) y aspira cerrar este año en $100 billones. La autocomplacencia no puede ser mayor, pero aparte de que dicho mayor recaudo responde a la coyuntura de estos últimos años, aupada por el boom minero-energético, que no es perdurable, dicho recaudo resulta insuficiente para cerrar la brecha entre ingreso tributario y el gasto total de largo plazo. Como lo sostiene el Director de la DIAN Juan Ricardo Ortega “se está recaudando el 14% del PIB en el mejor escenario, mientras que Brasil paga el 34% del PIB”. Esta carga impositiva está por debajo del promedio de América Latina, que se sitúa en el 17.1% y es el segundo más bajo entre las principales economías de la región, después de Venezuela. Y ello obedece en gran medida a la proliferación de beneficios tributarios que erosionan la base impositiva.


Como lo plantea un estudio reciente elaborado por expertos para la Contraloría General de la República, “el aumento del recaudo durante el periodo 1990-2011 no ha permitido cerrar la brecha para atender el gasto primario (gasto total sin intereses de la deuda) y, mucho menos, el gasto total. Las finanzas públicas presentan un déficit estructural desde hace varios años que alcanza un valor cercano al 4,5% del PIB, mientras que la economía está creciendo a ritmos superiores o cercanos al de su nivel potencial. Los limitados recursos no permiten que el Estado Colombiano cumpla cabalmente con las responsabilidades de Gasto Público. Las deficiencias en infraestructura (básica, tecnológica y científica), por ejemplo, aunadas a las relacionadas con la estructura institucional y la legislación empresarial, y otras propias del sector empresarial, provocaron, entre 2011 y 2012, un descenso de 6 puntos en el escalafón de competitividad, lo que dejó a Colombia en situación muy precaria: en la posición 52 entre 59 países”.


En tales circunstancias, seguir por la misma senda de “disminuir la presión tributaria sobre las empresas” y “un alivio a la inversión” dizque para “generar más empleo” no conduce a otra parte distinta que a la reducción de la productividad del sistema impositivo aplicable a las empresas que son las mayores beneficiarias del gasto tributario. Según reciente estudio del Banco Mundial éste tiene un peso del 4.5% del PIB, del cual 2.1 puntos corresponden al IVA y 2.4 puntos a renta, especialmente de las empresas. No es fortuito, entonces, el hecho que revela el estudio in comento: la tarifa efectiva del impuesto sobre la renta de las empresas, que es la que realmente cuenta,  oscila entre el 3% y el 5%, lo que es una barbaridad.  Con razón “la productividad del impuesto de renta de las Personas Naturales es casi cuatro veces superior a la de las Personas Jurídicas”. Y es eso lo que se pretende con la reforma tributaria que se tramite en el Congreso de la República al buscar la  eliminación de las mal llamadas “cargas” parafiscales a las empresas, con las cuales se financian el SENA y el ICBF y de contera bajándole el impuesto de renta a las empresas del 33% al 25%.

LAS CUENTAS NO CUADRAN
Claro que se alega por parte del Gobierno que si bien es cierto se le baja el impuesto de renta a las empresas, estas ahora tendrían que pagar un nuevo impuesto, el denominado Contribución sobre la Renta Empresarial para la Equidad (CREE) del 8%, cuyo producido por cada punto porcentual sería a lo sumo, según el Gobierno, un 20% mayor, aproximadamente. No obstante, según las cuentas del estudio contratado por la Contraloría General de la República al bajar la tarifa nominal del impuesto de renta del 33% al 25% “el recaudo pasaría de $19.4 billones a cerca de $14.8 billones, es decir una diferencia de $4.6 billones que va a dejar de percibir la Nación. Lo que aunado a la eliminación de los parafiscales del SENA e ICBF y la contribución de salud, le significarían al Gobierno nacional un costo fiscal cercano a los $12 billones, que en nada van a contribuir a mejorar la productividad del impuesto sobre la Renta de las Personas Jurídicas, que ya de por si es bastante baja (0,15)”. Esta suma se compensa en parte con los $6 billones que se espera recaudar por concepto del CREE, “obteniéndose una pérdida neta para la Nación y consecuentemente una ganancia para las empresas – personas jurídicas – cercana a los $6.3 billones. En consecuencia, se agudizaría el déficit de la Nación y se podría agudizar la inequidad de la estructura tributaria a favor de las personas jurídicas con mayores ingresos, entre otras consecuencias”. Pero, como se ha dicho que esta reforma es neutra, que con ella no se busca mayores recaudos, este descalce se tiene que corregir de alguna manera y esta no es otra que los mayores recaudos con la reforma del IVA y la creación de dos nuevos impuestos, el Impuesto Mínimo alternativo Nacional (IMAN) y el que gravaría el consumo. Pero sobre quién recaerían estos mayores tributos? La respuesta es sobre los ingresos por concepto de sueldos, salarios y honorarios de las personas naturales, porque aquellos provenientes de las rentas de capital, como los dividendos, seguirán exentos.


Se aduce, sin mayores argumentos, por parte del Gobierno que con la propuesta de reemplazar los parafiscales por el nuevo impuesto CREE el SENA y el ICBF saldrán fortalecidos. Supuestamente, recibirán “en el caso del ICBF $300.000 millones más; para el SENA $450.000 millones adicionales y para la salud $503.000 millones”. Pero, tales proyecciones están hechas sobre la base de un crecimiento de la economía del 4.8% que no se va a dar y una sobreestimación de los ingresos provenientes del sector minero – energético. La Junta directiva del Banco de la República en su última reunión llegó a la conclusión que debido a factores internos y externos, como son la baja de la demanda y la crisis de la economía global han repercutido en un menor crecimiento de las exportaciones y una caída de la producción de la industria nacional. Por ello, revisaron a la baja su proyección del crecimiento del PIB para este año, “con 4.3% como la cifra más probable”. Y ello, como es apenas lógico arrastra hacia la baja las utilidades que son la base gravable del CREE.

LA APUESTA POR EL SECTOR M - E
Se aduce también por parte del Ministro de Hacienda que “tenemos sectores que crecen mucho, pero que no generan empleo” refiriéndose al sector minero – hidrocarburífero, para señalar que “quienes tienen más utilidades son las empresas minero – energéticas, que generan poco empleo” y se trata justamente de gravar las utilidades con el CREE, pero al mismo tiempo que se les exime de pagar los aportes y contribuciones aludidos. Es más, a juicio del Ministro “es más equitativo gravar las utilidades que gravar el empleo, y que paguen las compañías o sectores que han tenido éxito financiero, pero que no generan muchos empleos, como es el caso de las compañías mineras”. Basar las expectativas de los mayores ingresos en sectores como el minero – energético, caracterizado por su gran vulnerabilidad y por la gran volatilidad de los precios de los productos básicos, como son el petróleo y el carbón, generan una gran incertidumbre en cuanto a los ingresos que se esperan del mismo. Como lo sostiene el gurú de la economía Jeffrey Sachs, “no crean que los precios altos del petróleo, el carbón u otros productos van a ser permanentes”.


De hecho el boom minero – energético ya ha perdido mucha de su fuerza e impulso y se encuentra en este momento en su cuarto menguante. A guisa de ejemplo, digamos que en el caso del carbón en los últimos dos años el precio internacional de una tonelada cayó el 50%, al pasar de US $150 la tonelada a sólo US $80. El caso del petróleo es patético, el Gobierno asume que su precio promedio para el año entrante será de US $101, en momentos que la tendencia es hacia la baja. Pues bien, por cada dólar que pierda el precio por debajo de dicha cotización los ingresos fiscales del Gobierno se reducirán en $302.000 millones (¡!). De hecho este año no se va a poder cumplir con las metas de exportaciones ni de petróleo ni de carbón, porque el mercado se está contrayendo. Si se quiere que estos sectores contribuyan en mayor medida al desarrollo del país porque más bien no se revisa la tarifa efectiva de impuestos a la renta que vienen pagando así como la de las regalías, para mejorar de esta manera los ingresos que recibe la nación y las entidades territoriales como government take. Por que mientras se den situaciones tan aberrantes como la deducción del impuesto de renta lo que pagan por concepto de regalías este seguirá siendo exiguo.  

EL EFECTO SOBRE EL SGP
Además, como ya tuvimos oportunidad de plantearlo, al bajar el impuesto a la renta de las empresas del 33% al 25% y crear el nuevo impuesto del CREE del 8% se afectan los recursos del Sistema General de Participaciones (SGP). Ello, en cuanto a que en la medida en que el recaudo del CREE tiene destinación específica deja de ser de libre destinación. En un principio, el Gobierno lo negó y manifestó que esta afirmación era parte de la desinformación por parte de los críticos del proyecto; pero, a la postre, aceptó que sí le restaba recursos muy importantes al SGP, cuyos recursos tienen como destinación específica la salud, la educación y el saneamiento básico en las entidades territoriales. Y reiteramos que con ello se estaría abriendo un hueco para tapar otro. 
En respuesta a estos cuestionamientos y ante la presión de congresistas, gobernadores y alcaldes que no tragan entero, se propuso por parte del Gobierno una fórmula que está contenida en el parágrafo 6 del artículo 28 de los 192 con que fue radicada finalmente la ponencia. En el mismo se establece claramente que “a partir del 1º de enero de 2017, la suma equivalente al ochenta por ciento (80%) del recaudo anual del impuesto para la equidad CREE hará parte de la base de cálculo de liquidación del Sistema General de Participaciones”. Pero la Constitución Política dice otra cosa diferente: “se incrementará anualmente en un porcentaje igual al promedio de la variación porcentual que hayan tenido los ingresos corrientes de la Nación durante  los cuatro (4) años anteriores, incluido el correspondiente al aforo del presupuesto en ejecución”. Y dado que esta norma es de rango constitucional, no se puede cambiar a través de la Ley. Además, se deja en claro en el Parágrafo 6 del mismo artículo que  “lo anterior no implica la transferencia de este impuesto a las entidades territoriales, ni el desconocimiento de su destinación específica, la cual se cumplirá en los términos de la presente ley”. Es decir, el recaudo del CREE se tendrá en cuenta sólo para calcular el monto de las transferencias a través del SGP. Cabe, entonces, preguntarse con qué recursos se podrá suplir aquellos que dejan de estar en la base de los ingresos corrientes para hacer efectivas dichas transferencias a las entidades territoriales. 
Pero, lo más grave está en el inciso segundo del Parágrafo 5 del artículo 28, cuando dice a la letra que “el nuevo impuesto para la equidad CREE no formará parte de la base para la liquidación del Sistema General de Participaciones de que tratan los artículos 356 y 357 de la Constitución Política. Como es bien sabido, según los cálculos del Gobierno entre los años 2013, 2014, 2015 y 2016, que son los que servirán de base para el cálculo de liquidación del SGP, se reducirán los recaudos por concepto del impuesto de renta a las empresas entre $8 billones y $10.9 billones. Es decir que “los ingresos corrientes de la Nación durante los cuatro (4) años anteriores” no sólo no van a crecer sino que van a tener una caída estruendosa. Nadie explica de dónde van a salir los recursos para suplir los que se le van a sustraer al SGP al pasar el impuesto a la renta de las empresas del 33% al 25%. De esta manera se va agrandando el hueco fiscal de las finanzas del Gobierno central, que se verá a gatas para cumplir con sus erogaciones. 



DE FALACIAS Y MENTIRAS
Por ello me parece muy puesta en razón la conclusión del estudio de la Contraloría general, en el sentido que “el desmonte de los aportes a ICBF, SENA y salud van a ser financiados por el nuevo impuesto CREE. Aunque la base gravable es un tanto diferente al impuesto a la renta, al igual que éste depende finalmente de las utilidades, y queda vinculado al ciclo de la actividad económica, lo que genera un alto riesgo fiscal en la medida en que ante una caída del producto, la financiación de dichas instituciones dependerá en gran parte del presupuesto general, el cual se verá afectado a su vez por la caída o el menor crecimiento de los ingresos tributarios”. Se sigue de lo anterior que “la tendencia sería entonces a un aumento del déficit del Gobierno Nacional y a un incremento de la deuda en época recesiva. Si a esto se añade que el Gobierno debe actuar bajo el marco de la regla fiscal, que le limita la capacidad de aumentar el gasto más allá de cierto límite, la financiación de estas entidades puede entrar en conflicto con otras partidas presupuestales”. En tales condiciones que asidero pueden tener las palabras del Presidente Santos cuando plantea, refiriéndose al SENA y al ICBF, “una salvaguarda que les garantiza a estas entidades unos recursos mínimos para que sus presupuestos crezcan cada año al menos dos puntos por encima de la inflación”.


Extrañamente, después que el Presidente Santos en campaña fue tan categórico en afirmar que “creo que no se deben desmontar los parafiscales, porque cuando hace el análisis costo – beneficio sobre esa decisión, resulta que el beneficio es mucho menor que el costo”, ahora está proponiendo su eliminación. Y ante la pregunta de si los parafiscales eran un obstáculo para la creación de empleo, su respuesta fue un rotundo “no creo”, para afirmar ahora como Presidente que esta decisión “permitirá a las empresas, especialmente en sectores como confecciones, banano, café y flores, crear empleos formales y dignos”. Con razón la política y los políticos se han desprestigiado tanto, porque prometen una cosa y hacen otra; bien se ha dicho a este propósito que se hace campaña en poesía y se gobierna en prosa.


No se pueden descalificar como “mentiras y falacias” al Banco Mundial, cuando asevera que “una reducción generalizada del impuesto constituiría un instrumento particularmente desfavorable para incrementar el empleo formal desde una perspectiva costo – beneficio”. Como lo acota el profesor Stefano Farné, Director del Observatorio del Mercado Laboral de la Universidad Externado de Colombia, “esta no fue la única indicación del Banco Mundial desatendida por el Ministerio de Hacienda. El mencionado informe alerta que usar las solas elasticidades empleo – costos laborales (el porcentaje en que aumenta el empleo cuando disminuye el costo laboral) para estimar el efecto ocupacional de una rebaja en los impuestos al trabajo es incorrecto, porque sobreestima su verdadero impacto”. Además, no pasa de ser un sofisma la afirmación del ministro en el sentido que de lo que se trata es de “que es más equitativo gravar las utilidades que gravar el empleo”, como si se tratara de establecer un gravamen adicional o complementario al que ya venían pagando las empresas, cuando la realidad es que el 8% del nuevo impuesto CREE se escinde del 33% que vienen pagando por impuesto de renta para quedar en el 25%.


EL ARBOLITO DE NAVIDAD
En medio del aquelarre en que se ha convertido la recta final del trámite de esta reforma en el Congreso han abundado las propuestas de toda índole, las que se le han ido colgando al texto de la ponencia convirtiéndola en una especie de arbolito de navidad. Nada ni nadie quiere quedarse por fuera y, como en río revuelto ganancia de pescadores, vaya uno a saber cuántos simios no se han colado y por ello crece la preocupación tanto entre los congresistas como en el seno del mismo Gobierno, no vaya a ser que se repita el triste episodio de la defenestrada reforma a la Justicia. En medio de este síndrome, la amenaza en ciernes que habíamos denunciado de echarle mano también a los recursos de las cajas de compensación familiar se tradujo en una propuesta que ya está en el articulado de quitarle uno de cuatro puntos porcentuales, esto es el 25% de sus recursos, para destinarlo a la financiación de las universidades públicas. Aunque el objetivo es loable el medio es vitando; por qué más bien no se propone un impuesto del 4% sobre los dividendos, como lo había propuesto el ex ministro Juan Carlos Echeverri y ahí sí un punto o dos del recaudo por dicho concepto se le da dicha destinación. O por qué no restablecer el impuesto del 7% a la remesa de utilidades y con cargo a tales recursos contribuir a la financiación de la Universidad pública. Es bueno recordarles a los parlamentarios y al Gobierno que las cajas de compensación cumplen una función social de la mayor importancia. Se trata, nada menos, que de la atención integral a la niñez, la educación, la jornada escolar complementaria y la recreación. Y a quienes priven en su primera infancia y en su adolescencia de tales servicios jamás podrán pisar una universidad pública ni privada. Piénselo bien, antes de dar al traste con una institución benemérita y de amplio reconocimiento en el país nacional.


Es deplorable que el recinto del Congreso no hubiera servido para que se adelantara un debate a fondo sobre el contenido de esta reforma, que sólo el lunes a altas horas de la noche se radicara la ponencia, cuya aprobación se intentó ferrocarrilear sin éxito y estuvo a punto de hundirse el día de ayer. El debate, si así puede llamarse, se ha dado es en la Casa de Nariño sentados a manteles los congresistas con el alto gobierno, a espaldas del país. Qué diferencia entre el debate que se escenifica en EEUU en torno a los riesgos del precipicio fiscal entre demócratas y republicanos, en donde salen a relucir las posiciones ideológicas de uno y otro partido en torno a la que debe ser la política fiscal. Desafortunadamente en Colombia el adocenamiento doctrinario de la mayoría de los partidos ha terminado por convertirlos en simples agencias de avales y quienes los representan coinciden con Revel en la creencia de que las ideologías son simples señales de tránsito. 

CONCLUSIONES

¬    Contrariamente a los anuncios que se hicieron cuando se habló por primera vez por parte del Gobierno de una reforma tributario, en el sentido de que se trataba de simplificar el Estatuto tributario, de aprobarse el texto que se discute este será mucho más farragoso y confuso, lo cual contribuye a estimular la evasión y la elusión tributaria en desmedro del fisco. 
¬    La neutralidad que se predica de esta reforma lejos de ser una virtud de la misma es su talón de Aquiles, pues en la práctica lo que se daría con ella es una recomposición de la carga impositiva a favor de las rentas de capital y en detrimento de las rentas de trabajo. Adicionalmente, en la medida que no se aumentan los recaudos persistirá la brecha con respecto al gasto público, lo cual se traduce en la continuidad de un déficit fiscal estructural del Gobierno central. Este no se corregirá, mientras se mantenga el cúmulo de gabelas impositivas, que no se tocan en este proyecto de reforma, las cuales perforan la base impositiva convirtiéndola en una especie de queso gruyere.


¬    Como los sostiene el estudio de la Contraloría general de la República, esta propuesta de reforma está muy lejos de promover una mayor equidad en la tributación y la mejora en la distribución del ingreso, medida por el coeficiente Gini, es ínfima. Seguiremos con un Estatuto tributario que no se ciñe a “los principios de equidad, eficiencia y progresividad” consagrados en la Carta. 
¬    Preocupa sobremanera la suerte del SENA, el ICBF y del Sistema de Seguridad Social en Salud, porque, de cambiarse la fuente de su financiación como lo propone el Gobierno, la misma estaría dependiendo del ciclo económico y de los altibajos del crecimiento del PIB. Y no es ninguna garantía la “salvaguarda” del presupuesto, pues es bien sabido que este siempre vive desfinanciado y en últimas sus recursos estarían supeditados al “espacio fiscal” que encuentren en el Marco Fiscal de Mediano Plazo (MFMP) que expide cada año el Consejo de Política Fiscal (CONFIS) del Ministerio de Hacienda, instrumento este que obedece a su vez a la Ley que estableció la Regla fiscal. 
¬    Y de paso, al sustraerle al impuesto a la renta de las empresas el 8% del nuevo impuesto CREE y quedar el mismo en 25% se afectará al Sistema General de Participaciones (SGP), con los cual se verán menguados sus recursos, los cuales tienen como destinación específica la salud, la educación y el saneamiento básico. En fin, se estaría abandonando lo cierto, que son los recursos parafiscales y la cotización en salud con cargo a la nómina por lo dudoso de este nuevo impuesto. Este sería un salto al vacío.


¬    El Gobierno ha respondido a la academia, a los analistas e investigadores que se han ocupado de su propuesta de reforma y han opinado sobre la misma con cajas destempladas. No se refutan los argumentos con argumentos sino con la descalificación de quienes se atreven a disentir de la opinión del Gobierno. El disenso para el Gobierno son “falacias” y “mentiras” y quien expresa un punto de vista que no comparten, para ellos se está desinformando. Al parecer el Gobierno tiene la verdad revelada, que por serla no necesita demostración. Bien dijo el pensador ibérico José Ortega y Gasset que “la verdad oficial es la administración prudente de la falsedad”.


¬    Por todo ello y mucho más, coincidimos con la recomendación del estudio de la Contraloría General de la República, en el sentido que “como consecuencia de los severos cuestionamientos a los que está sujeto el proyecto de reforma tributaria presentado por el Gobierno nacional en términos del propósito de avanzar hacia una mayor presión tributaria efectiva y a una mayor equidad, progresividad y eficiencia de la estructura tributaria del país, la Contraloría General de la República considera que no sería prudente ni conveniente que se tramitara el proyecto en lo que resta de la presente legislatura, sino más bien que se aplazara su tramitación a la próxima legislatura para dar la oportunidad de tener un debate más amplio en círculos académicos, en el Gobierno y en el mismo Congreso de la República, y por supuesto en la opinión pública, como condición indispensable para acertar con una reforma tributaria que aporte en el proceso de construcción de una sociedad más democrática e incluyente”. 

Bogotá, diciembre 13 de 2012
www.amylkaracosta.net

EL CRISTO DE ESPALDAS

No hace mucho los altos funcionarios de la administración Santos hacían alarde de que los astros se habían alineado sobre Colombia con el advenimiento del nuevo gobierno: se alardeaba por parte de unos decanos de economía despistados de la velocidad de crucero de la economía, mientras el Ministro de Comercio anunciaba que la economía colombiana había desbancado a la argentina y ahora era la tercera mayor de Latinoamérica e incluso el Presidente Santos en su periplo por Europa estuvo sentando cátedra sobre buen manejo de la crisis por la que pasó la economía Colombiana entre 1999 y 2000. Se dijo incluso que este Gobierno antes de la mitad de su período estaría alcanzando las metas del cuatrienio tanto en crecimiento como en empleo.

LA ECONOMÍA EN BARRENA
Pero, ya con el sol a sus espaldas prematuramente, de pronto al Presidente Santos se le volteó el Cristo. Primero fue la trastada del fiasco de la reforma a la Justicia, luego sería el chasco del fallo de la Corte Internacional de Justicia de la Haya hasta donde  el Colombia fue por lana y salió trasquilada y más recientemente el descalabro de la economía, que se desinfla sin remedio. El año pasado la economía creció el 5.9%, rozando la meta del Plan de Desarrollo Prosperidad para todos de crecer de manera sostenida por encima del 6%. Pero, a poco andar, en atención a la crisis de la euroeconomía, la lenta recuperación de la economía estadounidense y el impacto de ambos en las economías emergentes encabezadas por China, cuyo crecimiento empezó a ralentizarse, se tuvo que ajustar la meta a un modesto crecimiento de 4.8%. Con este panorama tan tétrico de poco o nada sirve que la imagen del Presidente Santos sea exaltada en las portadas de la revista Time y del diario El país, mientras las encuestas muestran una percepción cada vez más baja sobre su desempeño.


No queremos hacer el papel de casandras, pero el hecho es que la situación siguió empeorando, no sólo para Colombia sino también para toda la región. Primero fue el FMI el que revisó a la baja su previsión de crecimiento tanto para Latinoamérica como para Colombia, en este último caso la redujo del 4.7% al 4.3%. Luego sería el Banco de la República el que activó las alarmas, al constatar que las repercusiones de factores internos y externos tales como una baja de la demanda y la crisis de la economía global, estaban conduciendo a un menor crecimiento de las exportaciones y una caída de la producción de la industria nacional. Ello llevó al Banco Emisor a replantear su política contraccionista que venía estrangulando la demanda y con ella su proyección del crecimiento de la economía para el 2012 a sólo el “4.3% como la cifra más probable”. Procedió, entonces, a bajar su tasa la tasa de interés interbancaria.

LA DUCHA DE AGUA FRÍA
No obstante, lo peor estaba por venir y el encargado de arrojar el baldado de agua fría sobre el optimismo panglosiano del Gobierno sería el DANE, al dar cuenta del mediocre desempeño de la economía en el tercer trimestre de este año. Cuando se esperaba un crecimiento entre el 3.5% y el 4%, los registros del DANE mostraron un anémico crecimiento del PIB en el tercer trimestre del año de 2.1% (¡!) frente al mismo período del año anterior, cuyo crecimiento fue del 7.5%. Es más, si comparamos el crecimiento de este tercer trimestre con el segundo trimestre damos con una caída de 0.7% y una tasa interanual negativa de – 2.8%. La tasa de crecimiento en este tercer trimestre es la más baja que se ha registrado desde el tercer trimestre de 2009. El desconcierto al momento de divulgarse este registro por parte del DANE fue general, el primer sorprendido con esta desalentadora cifra fue el mismo Gobierno. A juicio del analista Mauricio Cabrera, este “es uno de los resultados más malos de toda la historia reciente del país, pues sólo en la crisis de 1999 y de 2008 se tuvo en un trimestre una contracción mayor”, pues si se utiliza el método de medición de EEUU y de la OCDE, club este en el que aspira estar Colombia, “el decrecimiento en el trimestre fue del 53% (¡!)”. Dado que el crecimiento promedio de los tres primeros trimestres de este año fue de 3.9%, muy inferior al 5.8% en el mismo lapso de 2011, tendría que crecer la economía en el último trimestre 4.3% para modo de arribar a un crecimiento para todo el año del 4%, lo cual es asaz difícil. 
Curiosamente el sector de la construcción, que fue el que jalonó el crecimiento del PIB de 4.9% en el trimestre anterior con un crecimiento del 18.7% es el que ahora lo hunde al descolgarse con una caída anual del - 12.3%, en ambos casos insuflado por el comportamiento de las obras civiles asociadas a la actividad minero-energético. De hecho este sector después de crecer a tasas de dos dígitos este tercer trimestre a duras penas creció el 0.5% (¡!). Y no es para menos, dado que la producción de crudo subió apenas el 2.5% mientras que la de carbón, que representa el 65% del PIB minero bajó en un 8.9% anual. Este sector que había crecido el 13.2% en los primeros nueve meses de 2011, en igual período de este año creció 7.2%, seis puntos porcentuales menos. 
Por su parte la industria sigue sin levantar cabeza, estancada, en el tercer trimestre al igual que en el segundo registró una caída de la producción, esta vez de 0.1%, en lo corrido del año creció la insignificancia de 0.7% con respecto a igual período de 2011 y en los últimos doce meses registró una baja en el crecimiento de 1.3%. Se necesita de mucho coraje por parte del Presidente de la ANDI Luis Carlos Villegas para, ante semejante debacle, afirmar que “Colombia ha demostrado que cuenta con un aparato productivo capaz de crecer a tasas del 7% y capaz de amortiguar los choques externos que acompañan a una economía abierta”. Él acaso no se ha dado cuenta que, al paso que vamos, la ANDI dejará de ser la Asociación Nacional de Industriales para convertirse en la Asociación Nacional de Importadores.

LAS CAUSAS DEL REVÉS
Entre las causas fundamentales de este revés para la economía nacional se destaca la contracción de los mercados internacionales de los productos básicos, renglones estos que representan más del 70% de sus exportaciones, unida a la destorcida de sus precios. El boom minero – energético que ha alentado el crecimiento de la economía nacional en la última década ha perdido fuerza e impulso y ahora estamos en su cuarto menguante, lo cual hace pensar que el Director del DNP Mauricio Santamaría está equivocado que “estas son razones coyunturales y serán revertidas en el último trimestre por la inversión gubernamental”. Tampoco es “un tema transitorio”, como alega el Director el DNP, quien sigue pensando con el deseo de que “no hay señales de que la desaceleración sea estructural” . Increíblemente, esperaron hasta el 17 de diciembre, en medio del estropicio de la aprobación de la reforma tributaria, para soltar las amarras por parte del Gobierno central con el fin de que fluyeran los recursos del Sistema General de Regalías (SGR) a través de Decreto 2642 de este año, dizque para “agilizar” los giros de tales recursos. Tampoco va a cambiar de la noche a la mañana el desempeño de la industria, sumida como está en un largo letargo, mientras siga siendo golpeada por la cruda revaluación del peso frente al dólar, que en lo corrido del año alcanza el 7.29%, fenómeno este conocido como la enfermedad holandesa, que viene exacerbando la desaceleración de la economía. La tendencia es clara, después de un crecimiento del PIB en el tercer y cuarto trimestre de 2011 de 7.5% y 6.1%, respectivamente, este año se ha registrado un crecimiento del 4.7% en el primer trimestre, 4.9% en el segundo y – 2.1% en el tercero. Tampoco es un buen augurio el hecho de que la formación bruta de capital también tuvo una merma en el tercer trimestre de 1.6%.


Cierra el año además con un panorama poco halagador en materia de empleo, ya que, según el más reciente informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), “por países el peor desempeño lo tienen Jamaica (13.4% de desempleo urbano) y Colombia (11.5%), que son los únicos donde esa tasa se mantiene en números de dos dígitos”. Además del entorno internacional, uno de los factores que más está incidiendo en el débil crecimiento de la economía es el desaliento de la demanda. Como lo acota el Director del DANE Jorge Bustamante, “el anclaje de una economía es la demanda, que entre enero y septiembre creció 4.4% (…) Este es el segundo dato más bajo de los últimos 7 años”. El consumo interno, que representa el 65% del PIB ha venido de capa caída, su crecimiento ha venido de más a menos, 5.2% en el primer trimestre, 4.2% en el segundo y 4% en el tercer trimestre. El contraste no puede ser mayor, mientras que el crecimiento interanual de las ventas minoristas en marzo se situó en el 9.4% en octubre cedió hasta caer al – 0.32%.

EL FRACASO DE UNA POLÍTICA
En tales circunstancias se impone la necesidad de una política fiscal contracíclica tendiente a galvanizar la demanda para tratar de detener la caída y a ello le viene apostando el Banco de la República al bajar sus tasas de intervención 25 puntos básicos, para quedar ahora en 4.25%. Pero, mientras el Banco de la República hace su tarea, el Gobierno con el apoyo del Congreso acaba de aprobar una reforma tributaria con la cual, en vez de inyectarle recursos a la economía para reanimarla le está reduciendo la capacidad adquisitiva a los consumidores que verán menguados sus ingresos por la mayor presión fiscal de la que serán objeto a través del IMAN, la “simplificación” del IVA y el nuevo impuesto al consumo, que sumados superan los $4.4 billones de recaudo en 2013. Es decir, que mientras el Banco de la República afloja el Gobierno aprieta; así no vamos a llegar a ningún Pereira.


Ello es contraproducente, pues en lugar de contribuir a la reactivación de la economía y particularmente de la industria profundiza su crisis, lo cual es sumamente preocupante, sobre todo ante las perspectivas sombrías que le va a tocar encarar al país habida cuenta de que la crisis internacional no amaina y su impacto en la economía colombiana es cada vez mayor. En este momento es el consumidor el que necesito de alivios fiscales para fortalecer la demanda interna y no las empresas, que están requeridas más bien de una política industrial más proactiva. Se impone, entonces, la necesidad de un giro en la política económica, pues la que viene agenciando este gobierno ha fracasado estruendosamente, habida cuenta que en lugar de acercarnos a las metas del Plan de Desarrollo nos está alejando de ellas. 

Medellín, diciembre 24 de 2012
www.amylkaracosta.net

DICHO Y HECHO

A propósito de la Ley mediante la cual se aprobó el  Presupuesto General de la Nación (PGN) para la vigencia del 2013 dijimos que el Gobierno y el Congreso de la República la expidieron pensando con el deseo, que se sobreestimaron los ingresos y se subestimaron las erogaciones, lo cual me llevó a concluir que dicho presupuesto estaba inflado. Lo propio dijimos también con respecto al Presupuesto 2013 – 2014 del Sistema General de Regalías (SGR). En uno y otro caso se partió de unas proyecciones que se sabía no se iban a poder cumplir. Nos referimos fundamentalmente a la previsión de crecimiento del PIB en 2012 y 2013, los volúmenes de producción de petróleo y carbón, así como en relación al precio de los mismos. Como es apenas obvio, si no se cumplen dichos pronósticos ello va a tener una gran incidencia en las finanzas públicas y así lo hicimos ver al cuestionar el contenido y el alcance de la reforma tributaria aprobada por el Congreso de la República en sus sesiones extraordinarias en diciembre pasado. Tal circunstancia pondría en riesgo el financiamiento del presupuesto, en particular de aquellas partidas que como las del SENA,  el ICBF y el Sistema de Seguridad Social en Salud (SGSSS) son eminentemente sociales y que aún no se sabe cómo serán incorporadas al mismo para la vigencia de 2013.


Recordemos que el Ministro de Hacienda hizo mucho hincapié en que esta reforma tributaria tendría un efecto neutro en materia de recaudos, dado que el Gobierno no afrontaba afugias que lo indujeran a aumentarlos. Y ello a pesar del déficit primario que acusan sus finanzas, así como la brecha persistente entre ingresos y gastos en la última década. Por ello no les tomó por sorpresa a los agentes del mercado los anuncios que hizo el Ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas el 28 de diciembre (y no fue ninguna inocentada!) al presentar el cierre fiscal del 2012 y la revisión del Plan financiero correspondiente al 2013. En efecto, al desnudar la realidad de lo que será el comportamiento de las finanzas del Estado en 2013, dejó en claro el Ministro Cárdenas que el déficit fiscal del Gobierno central este año será del 2.4%, el mismo del año anterior y no del 2.2% como se preveía en el Marco Fiscal de Mediano Plazo (MFMP). Estamos hablando, entonces de un déficit no despreciable de $17.7 billones, $1.8 billones por encima del cálculo inicial  (¡!).


Y no es para menos, dado que los ingresos totales del Gobierno en 2012 a $106.9 billones, $700 millardos por debajo de lo previsto en el MFMP. El Director de la DIAN Juan Ricardo Ortega, que aspiraba recaudar en 2012 $100 billones, se tuvo que contentar con “$95.2 billones, $1.3 billones menos que lo calculado en junio”. Por esta razón se debió ajustar a la baja la meta de recaudo para el 2013 en $1.4 billones menos y ello sin contar con el descuadre que al final le causó la reforma tributaria, cuyo costo supera los $500 millardos.


Es decir, que muy seguramente el descuadre será mucho mayor, todo para favorecer a las grandes empresas que fueron en últimas las beneficiarias de esta reforma, así se diga que “hemos beneficiado mucho al capital y llegó la hora de beneficiar el empleo”, como lo afirmó el Ministro Cárdenas. Pero, acaso los aportes parafiscales y la cotización en salud  que se suprimieron con la reforma los hacían los trabajadores y no los empleadores. El truco radica en que los $6.7 billones que venían pagando por este concepto ahora se cubrirán con parte del impuesto de renta que venían pagando antes como tal y que ahora se recaudará a través del nuevo impuesto Contribución sobre la Renta Empresarial para la Equidad (CREE). Luego, el beneficiario de esta acrobacia fiscal no es el empleo sino el capital a través de sus mayores utilidades.


Y así se dice que dicha reforma “favorece la equidad y el empleo formal en el país”, como lo sostuvo el Ministro Cárdenas al agradecerle al Congreso su aprobación, porque apoyados en la teoría clásica de Adam Smith y su metáfora de la mano invisible, refutada por los hechos, cree a pié juntillas que los empresarios “al perseguir su propio interés, frecuentemente fomentará el de la sociedad, mucho más eficazmente que si, de hecho, intentase fomentarlo”. A todas esas, cabe preguntarse cuáles son “los sectores intocables” a los que según el Senador del PLC “le ganamos el pulso”, supuestamente “para disminuir las desigualdades y la inequidad”, porque ciertamente que al capital lo tocaron pero para favorecerlo. Prueba de ello es la forma presurosa como los gremios empresariales salieron en defensa de la reforma de marras y en cambio los sindicatos la rechazaron de plano.


Este déficit va a obligar al Gobierno a recurrir, una vez más, a la venta de sus activos remanentes, entre ellos Ecopetrol, que según el Ministro Cárdenas “no está descartada” por valor de $3 billones y al mayor endeudamiento externo. Este último, según el Departamento de Investigaciones del Banco de Bogotá llevará a que el neto de fuentes y usos por parte del Gobierno  generará un excedente de US $600 millones, “convirtiéndose en oferente neto de divisas”, a contrario sensu de lo que pasó en 2012 “cuando fue demandante neto de dólares por US $800 millones”. El Gobierno central, entonces, en lugar de contribuir a reducir la presión sobre la apreciación del peso colombiano con respecto al dólar, va más bien a atizarla en el transcurso de este año.

EN PLAYA BAJA
Qué obligó al Gobierno a sincerarse y a plantear estos ajustes al Plan Financiero de 2013? En primer término el reconocimiento de que Colombia no es una ínsula que pudiera sustraerse a los embates de los choques externos sobre la economía colombiana. Si algo caracteriza la globalización es que las crisis ahora son amplificadas y sincronizadas, de tal suerte que la política austericida que ha seguido la Unión Europea en su desespero para capear su crisis económica, así como la superación a medias del “precipicio fiscal” en los EEUU que mantiene su economía en vilo, amén de la ralentización del crecimiento de la economía china, han terminado por asestarle un duro golpe a la economía colombiana. El oleaje de esta marea ha terminado por llegar a nuestras costas y Colombia está en playa baja, de allí que se haya acelerado la desaceleración del crecimiento de la economía. Ya lo había advertido el Banco Emisor, después de haber revisado a la baja su proyección del crecimiento de la economía para el 2012 “con 4.3% como la cifra más probable”, ahora “las nuevas cifras económicas del cuarto trimestre de 2012 sugieren que el crecimiento para todo el año podría ser inferior a 4%”.


A regañadientes, ante esta realidad de apuño, muy a su pesar y dado que el Gobierno ya había logrado su cometido de pasar por el Congreso su proyecto de reforma tributaria, sobre bases que ahora resultan tan deleznables, se vio precisado a bajar también su proyección de crecimiento del PIB para el 2012 del 4.8% al 4.0%, al tiempo que mantiene, contra todos los pronósticos su proyección de 4.8% para el 2013. Pero qué es lo que hay detrás de estas cifras? Sobre todo la caída de la producción minero – energética, que venía jalonando el crecimiento. Según la Directora ejecutiva Sector de la Minería a Gran Escala (SMGE) Claudia Jimenez, “de los 97 millones de toneladas de carbón que se estimaban para 2012, tan sólo se alcanzarán a extraer entre 87 y 90 millones de este mineral”. Según el Presidente del Cerrejón Roberto Junguito, las exportaciones de carbón cayeron de US $6.387 millones a septiembre de 2011 a US $5.837 millones para el mismo período en 2012, a consecuencia del efecto combinado de la contracción de los mercados internacionales y la destorcida de los precios, que pasaron de US $110 la tonelada en enero de 2012 a rondar los US $60 en diciembre. No obstante conocer esas cifras el Gobierno, según cifras del Ministerio de Hacienda aspira a registrar una producción de 98 millones de toneladas en 2013 y a obtener precios que oscilen entre US $75 y US $77 la tonelada. Y hay que tener en cuenta que US $20 menos en el precio de la tonelada le representa al país menores ingresos del orden de los US $1.960 millones, cifra esta que  no es despreciable.


Pero el caso más patético es el del petróleo, en cuyas proyecciones se les fueron las luces tanto al Gobierno como al Congreso al aprobar el PGN y el Presupuesto bianual del SGR para este año con precios del crudo de US $101 el barril en el primer caso y de US $95 en el segundo, cuando se sabía a ciencia cierta que tales proyecciones estaban desfasadas con respecto a la real realidad. Qué pasó? Que ahora nos sale el Ministro Cárdenas con unas largas y otras cortas, según él ahora “estamos proyectando una reducción de US $10 del precio del crudo colombiano, que pasa de US $101 a US $91 el barril. Huelga decir que por cada dólar menos al que se cotice el barril de crudo el Estado deja de recibir $302 millardos al año, es decir que se dejarían de recibir más de $3 billones, aproximadamente. También se redujo el estimado de producción diaria de petróleo para el año 2013 a 981.000 barriles (era de 1.06 millones de barriles”. En este contexto resulta inexplicable que al tiempo que el Ministro de Hacienda a través de la revisión del Plan financiero 2013 reduce sus proyecciones el Ministro de Minas y Energía Federico Rengifo sale con que la producción petrolera en Colombia   deberá alcanzar, en 2013, un promedio de un millón 70.000 barriles por día”. Y va más lejos al enfatizar que “en este 2013 la meta petrolera se aumentará en 70.000 barriles diarios adicionales, ubicando a Colombia entre el club de los 20 países en el mundo que logra una producción superior al millón de barriles producidos en un solo día”. Es como si el Gobierno tuviera el pensamiento dividido, es la esquizofrenia total.


LA VERDAD VERDADERA
El mismo Gobierno que en su momento quiso descalificar a los críticos de su reforma tributaria simple y llanamente por anticiparse a develar esta realidad que ahora reconoce, recurre al ardid de tratar de hacer creer que ya se alcanzó la meta de su Plan de Desarrollo Prosperidad para todos de producir un millón de barriles diarios, cuando ello no es verdad. El propio Presidente Santos le dio la albricia al país desde el lacerado Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina: “ayer pasamos la producción del millón de barriles. Esta es una buena noticia”. Esta sí que es una falacia: la meta del Gobierno en su Plan de Desarrollo no es producir un millón de barriles en un solo día, sino producir un millón de barriles promedio diario. Con razón el diario El Tiempo acotó la noticia propalada en el sentido que “hay que aclarar que el promedio de un millón de barriles diarios que el Gobierno se fijó aún no se alcanza”.


Pero, cuál es la verdad verdadera que se oculta tras el efectismo mediático de esta “buena noticia”? Que el 29 de diciembre se alcanzó un pico de producción de 1.015.000 barriles de producción, así como otro día cualquiera del mismo mes se había alcanzado la producción de 1.025.000, pero el mes completo terminó, según la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) con una producción promedia diaria de 984 mil barriles, 1.44% más que el mes anterior y 5.81% por encima de la producción del mismo mes el año anterior. Se calcula que el año de 2012 cerrará con una producción promedia al día de 944.000 barriles, para un 3.19% mayor que en 2011.


Este es el mismo caso de la meta de un solo dígito de la tasa de desempleo; no se trata de que en un mes o varios meses dicha tasa sea de un solo dígito, el objetivo es el de una tasa de desempleo de un solo dígito sostenible en el tiempo, que no se va a alcanzar con tasas de crecimiento del PIB por debajo del 4% y con el débil crecimiento de la industria del 1%. Del mismo modo, mientras no se cuente con nuevos hallazgos que permitan reponer las reservas que se extraen, pretender hacer parte del club de las grandes ligas de países  productores de más de un millón de barriles y, lo que es más importante, permanecer en él es una utopía. Mientras tanto Colombia seguirá siendo un país con petróleo y no un país petrolero. Por ello, el énfasis de la política del Gobierno debe ponerse en la búsqueda del oro negro en procura de nuevas y mayores reservas, en lugar de obsesionarse con la producción de mayores volúmenes de crudo. 

Riohacha, enero 5 de 2013
www.amylkaracosta.net

 

REALIDAD Y PERSPECTIVASREALIDAD Y PERSPECTIVAS

El mismo Gobierno que en su momento quiso descalificar a los críticos de su reforma tributaria simple y llanamente por anticiparse a develar esta realidad que ahora reconoce, recurre al ardid de tratar de hacer creer que ya se alcanzó la meta de su Plan de Desarrollo Prosperidad para todos de producir un millón de barriles diarios, cuando ello no es verdad. El propio Presidente Santos le dio la albricia al país desde el lacerado Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina: “ayer pasamos la producción del millón de barriles. Esta es una buena noticia”. Esta sí que es una falacia: la meta del Gobierno en su Plan de Desarrollo no es producir un millón de barriles en un solo día, sino producir un millón de barriles promedio diario. Con razón el diario El Tiempo acotó la noticia propalada en el sentido que “hay que aclarar que el promedio de un millón de barriles diarios que el Gobierno se fijó aún no se alcanza”.


Pero, cuál es la verdad verdadera que se oculta tras el efectismo mediático de esta “buena noticia”? Que el 29 de diciembre se alcanzó un pico de producción de 1.015.000 barriles de producción, así como otro día cualquiera del mismo mes se había alcanzado la producción de 1.025.000, pero el mes completo terminó, según la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) con una producción promedia diaria de 984 mil barriles, 1.44% más que el mes anterior y 5.81% por encima de la producción del mismo mes el año anterior. Se calcula que el año de 2012 cerrará con una producción promedia al día de 944.000 barriles, para un 3.19% mayor que en 2011.


Este es el mismo caso de la meta de un solo dígito de la tasa de desempleo; no se trata de que en un mes o varios meses dicha tasa sea de un solo dígito, el objetivo es el de una tasa de desempleo de un solo dígito sostenible en el tiempo, que no se va a alcanzar con tasas de crecimiento del PIB por debajo del 4% y con el débil crecimiento de la industria del 1%. Del mismo modo, mientras no se cuente con nuevos hallazgos que permitan reponer las reservas que se extraen, pretender hacer parte del club de las grandes ligas de países  productores de más de un millón de barriles y, lo que es más importante, permanecer en él es una utopía. Mientras las reservas de crudos con las que cuenta el país, que superan ligeramente los 2.000 millones de barriles, seguirán siendo modestas y, claro, a mayor rata de producción durarán menos. Por ello, el énfasis de la política del Gobierno debe ponerse en la búsqueda del oro negro en procura de mayores reservas, en lugar de obsesionarse con la producción de mayores volúmenes de crudo.


Los esfuerzos en materia de exploración que vienen haciendo ECOPETROL y las demás empresas petroleras en el país van en la dirección correcta; la última ronda en la que la ANH subastó varios bloques en el país y la positiva respuesta que tuvo muestran que Colombia sigue siendo atractiva  de allí también el hecho de que un alto porcentaje de inversión extranjera directa (IED) se ha venido orientando hacia el sector de petróleo y minas (65%). 37 empresas interesadas, entre las cuales figuran además de ECOPETROL grandes multinacionales, presentaron propuestas sobre 49 bloques de 115 que ofrecía en primera instancia la ANH -porque posteriormente fueron adjudicados 50 de los 66 que habían quedado disponibles-, lo cual ha sido catalogado como un éxito por los entendidos en el tema.


Las nuevas tecnologías, particularmente la del fracturamiento hidráulico que permite la explotación de los esquistos, amplían las fronteras y a ellas hay que apostarle, como lo pretende hacer el país. Colombia, hasta donde se sabe, tiene un gran potencial en hidrocarburos no convencionales, especialmente en el Magdalena medio, La guajira y el pie de monte llanero. De hecho ECOPETROL en asocio de la SHELL y la EXXON, que ya disponen de la tecnología y la experticia para su desarrollo, le están apostando al mismo. Pero hasta que no se encuentre, se extraiga, no sin antes tomar las previsiones medioambientales del caso y se bombee a través de los oleoductos no podemos cantar victoria. Todavía es muy temprano para hacer cuentas alegres.


Además, no se puede hacer abstracción de las nuevas realidades en el mercado de los hidrocarburos, en el que EEUU empieza a jugar un rol de la mayor importancia, precisamente por el auge de los hidrocarburos no convencionales. En virtud de estos se calcula que las reservas de crudo de la potencia del norte se han visto acrecentadas en más de 24.000 millones de barriles, muy próximas a los 30.000 millones de barriles que totalizaron sus reservas para el año 2000. En los últimos años EEUU ha aumentado sensiblemente su producción de petróleo y gas, su dependencia es cada vez menor y dado que es el mayor consumidor de hidrocarburos en el mundo ello ya esta reconfigurando este mercado De ello debe tomar nota Colombia, habida cuenta que EEUU sigue siendo nuestro principal mercado tanto para las exportaciones de petróleo como de carbón, que también está viendo restringida su demanda por la sustitución que viene haciendo del consumo de carbón en sus térmicas por el shale gas, abundante y barato. EEUU, que hasta ahora ha sido el principal destino de nuestras exportaciones,  habrá de convertirse en nuestro mayor competidor.


El cambio en su matriz energética va a tener una enorme repercusión en el mercado de los hidrocarburos, al punto que según la Agencia Internacional de Energía (AIE) “EEUU, que actualmente importa alrededor del 20% de sus necesidades totales de energía, se convierte casi totalmente en autosuficiente en términos netos”. Es más, según la misma agencia EEUU se convertirá en un futuro próximo en el principal productor de crudo para el 2017, que ya está a la vuelta de la esquina, por encima de Arabia Saudita.   

Riohacha, enero 19 de 2013
www.amylkaracosta.net

 

LOS MALOS AUGURIOS

Y LA REVALUACIÓN AHÍ


Como lo afirma la revista Dinero, “detrás de la bonanza colombiana de los últimos años se puede estar gestando uno de los más graves problemas económicos que haya enfrentado el país desde la recesión de 1999”. Y la verdad sea dicha: el año pasado no terminó bien y este año pinta mal, veamos por qué nos atrevemos a hacer esta afirmación que va a contrapelo del optimismo del Gobierno. Recordemos que el sector industrial ya completó dos años de estancamiento y no da trazas de levantar cabeza, al tiempo que la economía en su conjunto acusa una desaceleración cada vez más acelerada. El titular de La República no puede ser más elocuente: “32 cifras muestran el mal panorama”.


Uno de los mayores males que agobian a la economía nacional es la llamada enfermedad holandesa, que no es otra cosa que la pérdida de competitividad de la producción nacional por cuenta de la revaluación del peso frente al dólar. En su última reunión la Junta directiva del Banco de la República percibió claramente la marcada tendencia a la baja de la producción industrial, el desaliento del sector exportador, el freno de mano en las inversiones en infraestructura, así como la ralentización del crecimiento del consumo interno. Ello la condujo a recortar nuevamente en 25 puntos básicos la tasa de interés de intervención, fijándola en el 4%. Pero también fue motivo de preocupación del Banco Emisor la incontenible apreciación del peso con respecto al dólar, que prosigue después de una revaluación del 9% el año anterior, al perder $175.


Según el B de la R la tasa de cambio cerró el año anterior “en un 8% por debajo de la de equilibrio”; dicho de otra manera, el dólar debería estar entre $1.900 y $2.000. Desde 1998 la tasa de cambio no había cerrado el año por debajo de $1.800 (¡!). Para tratar de contrarrestarla dispuso aumentar en un 50% sus compras diarias de divisa americana, de tal manera que entre enero y mayo de este año comprará diariamente no menos de US $30 millones hasta acumular al menos US $ 3.000 millones adicionales en sus reservas internacionales. Pero, si todos los de la Junta del B de la R piensan como el codirector Juan José Echavarría, que “en todos los países exitosos se revalúa la moneda”, estamos perdidos al concluir que nos tenemos que resignar frente a los estragos de la revaluación, pues según él este es el precio que tenemos que pagar como país por ser “exitosos”.


Hasta ahora el Banco y el Gobierno han sido parcos a la hora de utilizar la panoplia antirevaluacionista, sus medidas han resultado inocuas o, por decir lo menos, insuficientes. El ex ministro de Hacienda José Antonio Ocampo ha sido reiterativo en la necesidad de apelar a otras medidas complementarias más radicales tendientes a revertir la tendencia revaluacionista del peso colombiano, al considerar que la tímida intervención del mercado cambiario por parte del B de la R es apenas “un pañito de agua tibia”. Ocampo ha hecho propuestas tan audaces como la de aplicar al sector minero una “retención” parecida a la que en su momento se aplicó en los años 70 para manejar la bonanza cafetera, que han sido desoídas por las autoridades económicas. Tampoco se le ha querido poner freno al excesivo endeudamiento externo, incluido el de las empresas con sus casas matrices, que lo hacen pasar por inversión extranjera directa (IED), que también presiona la tasa de cambio.


Asobancaria sostiene que las medidas tomadas por parte de la Junta del B de la R “no parecen suficientes para un período extenso. Resulta sobre todo difícil sostener una compra de divisas al mismo ritmo al cual ingresan los capitales del exterior, por los costos para el Emisor y los riesgos que implica para la estabilidad macroeconómica y financiera una expansión monetaria persistente”. Ello es tanto más cierto habida consideración de la terquedad aragonesa del Gobierno, que no sólo se empecina en no ponerle cortapisas a la entrada de capitales especulativos, atraídos por la ostensible diferencia en las tasas de interés interna y externa que aún persiste, sino que en la reforma tributaria aprobada por el Congreso de la República a instancias del Gobierno a finales del año anterior se incentivó la mayor afluencia de los mismos al reducir la tasa impositiva para la inversión en renta fija.


LO QUE FALTABA
La economía venía en auge aupada por el boom minero-energético de la última década, el cual a su vez respondía al crecimiento acelerado de las economías emergentes, encabezadas por el grupo de los BRIC (Brasil, Rusia, India y China). Pero, después de la Gran crisis desatada en 2008, en la cual EEUU y la Unión Europea (UE) llevaron la peor parte, la lenta recuperación de la economía estadounidense y la prolongada recesión en que sigue sumida la UE terminaron por resentir las economías del grupo BRIC. La economía china que venía creciendo a un ritmo del 10% el año pasado sólo creció el 7.5%, la de la India que venía creciendo al 9% se tuvo que conformar con el 5.2%, la de Rusia creció un modesto 3.6% y, finalmente, la de Brasil creció un anémico 1% (¡!). Y, como es apenas lógico, al menor tasa de crecimiento de tales economías le sigue una menor demanda por materias primas y recordemos que de la China y la India se decía que eran las dos “aspiradoras” de materias primas a nivel mundial. A guisa de ejemplo, por cada punto que deja de crecer la economía china le significa dejar de comprarles a los países que las producen US $10.000 millones en materias primas. Esto es una barbaridad!


Y, claro, al reducirse la demanda por productos básicos, como son las materias primas, estas, además de perder mercado al reducirse los volúmenes transados, ven reducir sus precios internacionales. Es lo que ha ocurrido con el carbón, por ejemplo, cuyas exportaciones cayeron 5.25% y, después de haber alcanzado un precio de US $110 la tonelada en enero de 2012, terminó el año por debajo de los US $60. El aplazamiento por parte de El Cerrejón de su plan de expansión y la postergación de sus planes en La guajira por parte de la brasilera CCX no son fortuitos, obedecen a las nuevas señales que está enviando el mercado. Es el caso también del drama que están viviendo los cafeteros, que además de la caída de su producción se han visto afectados por partida doble, pues al tiempo que se cotizaba en marzo de 2011 en US $3 la libra y el dólar se cotizaba a $1.889, hoy se cotiza a US $1.4 dólares y el dólar se transa a $1.795 (¡!).


Pero, volviendo al sector minero – energético, que era el que venía jalonando la economía nacional, nos tropezamos ahora con una realidad bien diferente, debido a que el boom se encuentra en su cuarto menguante. Las exportaciones mineras que llegaron a representar el 25% entre enero y noviembre de 2011, ahora bajó su peso específico al 23.4% de las exportaciones totales, con un registro de US $12.815 millones para ese mismo período pero en el 2012. Mientras las exportaciones totales crecieron 6.9 para dicho período, las exportaciones del sector minero sólo crecieron un magro 2.55%, cuando antes era al revés, crecían las exportaciones mineras de forma más que proporcional con respecto a las exportaciones totales. Este cuadro se puede complicar aún más con el advenimiento del shale gas y el tight oil  que están haciendo furor en EEUU, provocando una verdadera revolución y conduciendo a un replanteamiento de su matriz energética.


El carbón viene siendo desplazado por el shale gas en el mercado estadounidense y al verse liberado en el mercado interno lo están exportando, generando con ello una sobreoferta del mineral en el mundo. Concomitantemente, gracias al tight oil, las reservas de crudo de la potencia del norte se han visto acrecentadas en más de 24.000 millones de barriles, muy próximas a los 30.000 millones de barriles que totalizaron sus reservas para el año 2000. Ello también va a gravitar sobre el mercado y los precios de futuro del crudo colombiano, ya que el que hasta ahora ha sido nuestro principal cliente a poco andar se convertirá en nuestro competidor. Y recordemos que por cada punto que se pierde en el valor de la canasta de crudos que exporta Colombia abre un hueco del orden de los US $270 millones y no se cuenta con ninguna otra fuente de ingresos para taparlo. Es más, según el Banco Mundial, “a Colombia, una caída de 20% en los precios del crudo le significa perder 0.4% del PIB”.


LA DEBACLE DE LA INDUSTRIA
Pero, lo más grave del asunto es que debido a este auge inusitado del sector minero – energético de los últimos años llevó de la mano a la economía colombiana a un franco proceso de reprimarización que le ha hecho mucho daño al sector manufacturero, el que pierde cada vez más participación en el PIB y de contera crece cada vez menos. Tanto la industria como el sector agropecuario del país han sido las víctimas de la enfermedad holandesa, que para el Gobierno sigue siendo todavía dizque una amenaza. Ello, de paso, impide reducir la tasa de desempleo y subempleo, dado que el sector manufacturero, a diferencia del sector minero – energético, es por excelencia intensivo en mano de obra. Las cifras hablan por sí solas: “el déficit comercial del sector industrial – exportaciones menos importaciones – ascendió a US $27.471 millones a noviembre de 2012, el más elevado de la historia económica colombiana”.


Ahora, que nuestra dependencia con respecto del sector minero – energético es mayor y el mismo pierde dinamismo, al tiempo que se desploman sus exportaciones, la preocupación es mayor porque empieza a convertirse en un lastre para el crecimiento de la economía en su conjunto. Y no es para menos, dado que “sin contar la bonanza petrolera, el hueco en la cuenta corriente nacional es cercano a 10% del PIB (unos US $27.000 millones, es decir $50 billones). En 2012, este mismo balance sólo lo tenían países no petroleros como Serbia, Albania, Armenia, Sierra Leona o Georgia”. El déficit en la cuenta corriente de la Balanza de pagos se ha vuelto crónico, estructural, al punto que los ingresos de divisas no petroleros no dan abasto para cubrir los gastos. 


Las exportaciones en general, que no bajaban desde octubre de 2009, vienen de capa caída: en junio cayeron 1.9%, en julio 4%, en agosto 7.6%, pero definitivamente la mayor caída de las exportaciones se produjo en noviembre del año pasado con el 8.2%. Para el período enero – noviembre de 2012 las exportaciones crecieron el 6.3%, que contrasta con el 43% del 2011 completo. El impacto, desde luego, ha sido mayor en el renglón exportador de las manufacturas, “el balance externo de las manufacturas colombianas es dramático: la diferencia entre exportaciones e importaciones manufactureras supera los US $32.000 millones. Eso quiere decir que, en productos industriales, por cada dólar exportado se importan cuatro”. Es decir, los mayores ingresos que ha recibido el país como producto del boom minero energético, ha contribuido a insuflar la apreciación del peso y con ello a restarle competitividad no sólo a los productos transables sino a aquellos que deben competir con la invasión de artículos importados con dólar barato.


El hecho de que en el mes de noviembre pasado al tiempo que la producción industrial cayera el 4.1% y las ventas se incrementaran el 6.7% es una prueba irrefutable de ello. Es de anotar que, contrariamente a las predicas de los impulsores de los TLC, la participación de las exportaciones no tradicionales (distintas a carbón, petróleo y café) en las exportaciones totales  sigue siendo prácticamente  la misma después de su entrada en vigencia, 26% en mayo del año pasado y 27% para el período enero – noviembre de 2012. En el caso particular de EEUU, según el Departamento de Comercio, hasta septiembre de 2012 sólo el 15.2% de las exportaciones colombianas a este destino correspondieron a las no tradicionales e incluso bajaron con respecto a 2011 al pasar de US $2.955 millones este último año a US $2.864 millones. 


Bien ha dicho el Presidente de la Asociación Colombiana de Industriales del Calzado, el cuero y sus manufacturas Luis Gustavo Flórez,  “en la medida que la industria nacional pierda su piso en el mercado local, esto tiene un efecto directo en las exportaciones”. Por ello es bueno señalar que, como lo destaca Portafolio, el principal responsable de la debacle del sector industrial no es propiamente la revaluación, “el derrumbe industrial se origina primordialmente por la disminución de la demanda doméstica por bienes de origen nacional, que en varios sectores es desplazada por productos importados. Este es el caso de las cadenas textil – confecciones, calzado, manufacturas de cuero, siderurgia y autopartes, además de alimentos procesados del sector agroindustrial. Es muy diciente que, según el Presidente de la ANDI Luis Carlos Villegas, “más del 80% de las empresas han manifestado que se han visto fuertemente afectado por la competencia de las importaciones”.  
Según la revista Dinero, de acuerdo con los registros de Raddar “la participación de las importaciones en las compras de prendas de vestir llegó el año pasado a 22%, record de los últimos seis años”. La reforma arancelaria estructural de 2010 – 2011, que “rebajó unilateralmente y sin concertación el arancel promedio de 12.2% a 8.3% y luego a 6.5% favoreció la caída de la industria. Su costo fiscal supera el billón de pesos anuales, recursos que hubieran podido fomentar la política industrial, en lugar de exponer erróneamente al sector manufacturero a una competencia desleal como la que campea actualmente”. Así somos de majaderos!


SE ACELERA LA DESACELERACIÓN
Últimamente el Gobierno ha empezado a preocuparse por el curso que ha venido tomando la economía y ha entendido que no se puede quedar con los brazos cruzados. No obstante mantiene la misma receta, con las mismas prescripciones, simplemente aumenta la dosis de la misma pócima. ANIF ve negros nubarrones en la perspectiva del 2013, particularmente en lo que hace relación al “agotamiento en las reducciones en la tasa de desempleo, el agravamiento del desbalance en la cuenta externa (pasa del 3 al 4% del PIB) y el riesgo de más desaceleración económica local, por el complicado entorno global”. Ello llevó a ANIF a revisar a la baja su proyección del crecimiento del PIB para el 2012 y el 2013, situándola en 3.8% y 4.3%, respectivamente.


No hay tal, entonces, que la economía colombiana pueda desacoplarse del ciclo de la economía global, que continúa con pronóstico reservado. La Junta directiva del Banco de la República en su reunión del 28 de enero, luego de tomarle el pulso a la economía colombiana, revisó una vez más a la baja su previsión de la tasa de crecimiento del PIB  tanto para el 2012 como para el 2013. Ahora, “para todo el año 2012 se estima un rango de pronóstico de crecimiento anual del PIB entre 3.3% y 3.9%”, siendo el más probable 3.6%, muy por debajo de la meta inicial del Gobierno de 4.8% y por debajo de su potencial de crecimiento, que es del 4.5%. Con respecto al 2013 se espera por parte del B de la R, como la cifra más probable, un crecimiento del 4%. Ya el Banco Mundial había resuelto también bajar su pronóstico para el 2012 del 4.7% al 3.5% y para el 2013 del 4.2% al 3.8%.


Con ocasión de la visita a Colombia por parte de la Directora ejecutiva del FMI Christine Lagarde trascendieron a los medios los elogios a la política económica del Gobierno pero no sus advertencias. Entre estas puso de presente la gran vulnerabilidad de la economía colombiana frente a “una fuerte desaceleración del crecimiento de sus socios comerciales, a una caída drástica de los precios del petróleo o a un aumento marcado de la aversión mundial al riesgo”. Huelga decir que con tasas de crecimiento por debajo del 6% será imposible alcanzar la meta de reducir la tasa de desempleo a un solo dígito, como se lo propone el Gobierno, máxime con el sesgo tan marcado por la producción minero – energética, que es tan intensiva en capital. Ello explica por qué, a pesar de los aspavientos del Gobierno cuando la tasa de desempleo se situó varios meses seguidos, efímeramente,  en un solo dígito, al final el año 2012 cerró con una tasa de 10.4%, apenas 0.4 punto porcentual menor que en 2011. Y lo más grave es que tan irrisoria reducción se dio básicamente por cuenta del número de trabajadores que se incorporaron a la actividad del rebusque, del empleo precario, en número de 407.000, elevando la tasa de subempleo hasta el irritante 32.4%.


En perspectiva, como lo anota ANIF, “la peor noticia provino del desplome en la inversión (-1.6%). Más grave aún, al descontar el efecto de los inventarios, se observa que la formación bruta de capital fijo (FBKF) se contrajo un – 4.6% anual, reduciendo la FBKF del 27% al 26%”. Por su parte la IED en el sector minero – energético arrancando el año mostraron registros con un 25% inferior para igual período de 2012. Ello es tanto más preocupante si se tiene en cuenta los resultados que arroja la más reciente Encuesta de Opinión Empresarial (EOE) que realiza Fedesarrollo a través de la cual mide el Índice de Confianza Industrial (ICI). Este se ubicó en – 1.9%, 9.3 puntos porcentuales por debajo del observado en diciembre pasado. Es más, la tendencia del ICI desestacionalizado fué descendente a lo largo de todo el año 2012.


¡ES LA INFRAESTRUCTURA!
Dado el atascamiento en el que están las otras “locomotoras del  crecimiento”, la mayor apuesta del Gobierno este año para tratar de sacar la economía del empantanamiento en el que está y deje de patinar es hundir el acelerador a la locomotora de la construcción. El Gobierno ha anunciado inversiones del orden de los $44 billones para darle un gran impulso a esta locomotora con las concesiones de cuarta generación y de paso reducir el gran rezago que tiene el país en materia de infraestructura, su mayor falencia en materia de competitividad. Pero, como dice el adagio popular, del dicho al hecho hay mucho trecho. El mismo Presidente de la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) Luis Andrade reconoce que al Presidente Santos yéndole bien a lo sumo “pondrá la primera piedra” de los megaproyectos que se adjudiquen, si es que se adjudican, lo mismo que le pasará al Ministro de Vivienda Germán Vargas con sus 100 mil casas gratuitas, si es que como muchos presagian se retira en marzo para no inhabilitarse. Según Andrade, “al otro día de la adjudicación se podrá hacer mantenimiento y rehabilitación, pero obra nueva sólo un año después”.


A juicio de Mauricio Reina, investigador asociado de Fedesarrollo, justamente entre las causas de la desaceleración del crecimiento de la economía colombiana está la “dificultad persistente” del Gobierno para la ejecución de obras civiles e infraestructura. Es así cómo, de acuerdo con cifras oficiales, en el tercer trimestre de 2012 “INVÍAS ejecutó apenas un 34.2%, mientras que la ANI alcanzó un 22%”. El primer obstáculo a vencer para destrabar la inversión es el ideológico, dada la rigidez del modelo económico predominante que privilegia la estabilidad en lugar del crecimiento y el empleo. A las autoridades económicas las trasnocha el déficit fiscal pero no la falta de competitividad, el crecimiento y el empleo productivo. Y resulta increíble que dirigentes gremiales como el Director de ANALDEX Javier Díaz incurran en el despropósito de plantear que “hay que generar un superávit fiscal y disminuir los costos en energía, la infraestructura y costos logísticos que recargan sobrecostos en la producción del 20%”. Le prende una vela a Dios y otra al diablo, cómo propender por el superávit fiscal y al mismo tiempo requerir del Estado mayores inversiones para mejorar la infraestructura y la logística. Bien ha dicho el Director de ANIF Sergio Clavijo que esta no es la hora de ahorrar, como insiste el Gobierno en hacerlo, “por el contrario, es el momento de mayores inversiones, ojalá en infraestructura para mejorar la competitividad del país”.


El Director de aprovechamiento del TLC, más conocido como el Zar de los TLC, Hernando José Gómez afirmó recientemente que “en los últimos años, Colombia ha dado pasos cruciales para ser un país más competitivo…Con la aprobación de los TLC se abre una puerta inmensa de mercado para productos colombianos (muchos de los cuales están por producirse) gracias al acceso preferencial al mundo desarrollado”. Cuáles han sido esos “pasos cruciales” que ha dado Colombia para ser más competitiva, si en el más reciente Reporte del Foro Económico Mundial (FEM) Colombia en lugar de avanzar retrocedió al perder un escalón en el ranking de competitividad, pasando del puesto 68 al 69. La peor calificación la obtuvo en infraestructura de transporte, al ocupar el lugar 114 entre 144 países evaluados. Como quedó dicho se abrió “una puerta inmensa de mercado”, pero no “para  productos colombianos al mundo desarrollado” sino para los productos del mundo desarrollado, que están inundando el mercado doméstico.


Y el Gobierno sólo atina a lanzarle salvavidas a los náufragos, lo mismo a los cafeteros que a los confeccionistas o textileros, a los de la metalmecánica o a los floricultores, que sólo apuntan a la coyuntura mientras la procesión va por dentro. El Gobierno les ofrece, además de bajarle los costos de la energía (después de haberles quitado la sobretasa tanto en la factura del consumo de energía como de gas), protección arancelaria para contener la avalancha importadora. A este propósito, llama poderosamente la atención que se hable de la necesidad de bajar las tarifas de energías, que están desfasadas con respecto a nuestros competidores, pero no se dice ni mu con respecto a las altas tasas de intermediación financiera. En Colombia el margen de intermediación financiera oscila alrededor de 7.2% y ello contribuye a que las tasas de crédito, sobre todo el de consumo, estén en los límites de la tasa de usura. Entre tanto, en Chile dicho margen está en el 3%, en México en el 4.1%, en Panamá en el 4.75%, en Venezuela en el 3.5% y en Argentina en el 1.4%.


Como afirma la ex ministra Cecilia López, “después que mataron el tigre se asustaron con el cuero”, pues ellos tenían que saber que esos polvos tenían que traer estos lodos. No deja de ser contradictorio y errático que mientras tratan de atajar pollos taponando aquí, allá y acullá, tratando inútilmente de contener el alud importador, siguen desatentadamente firmando TLC por doquier sin reparar en sus consecuencias. A diario registran los medios el reclamo de parte de los voceros de los gremios de la producción, así el sector manufacturero, como el agrícola y pecuario, demandando del Gobierno auxilio y protección para su actividad, para evitar ser arrasados por los productos importados aprecio de huevo.


Le asiste toda la razón a El Espectador cuando afirma que “si los gremios presionaran por carreteras e infraestructura, con la misma fuerza que presionan por ayudas y subsidios, el giro cambiario hubiese golpeado con mucha menor fuerza”. Pero, deberían chillar también por la falta de una política seria en materia de ciencia, tecnología en innovación, sin la cual tampoco vamos a ser competitivos. El Presidente Santos prometió en campaña “elevar hasta el 1% del PIB” la inversión en C + T + I, dos años y medio después de iniciado su mandato cerró el año 2012 con una inversión exigua de sólo 0.45% del PIB. En I y D se invirtió sólo el 0.17%, lo mismo que en 2007. Como lo anota el analista Rafael Ordúz, a través del documento “Innovación para la prosperidad” el DNP se impuso la meta de exportar US $21.000 millones en bienes no primarios en 2014. Faltando dos años para cumplir dicha meta nos encontramos con que de las exportaciones totales de 2012, que bordearon los US $60.000 millones, sólo el 20% correspondió a productos diferentes a petróleo, carbón, oro, níquel, café. Flores y banano.


A CAMBIAR LA CARTILLA
Para sortear la crisis que se avizora se precisa cambiar de cartilla, dejar de lado la autocomplacencia y promover la diversificación de la base productiva, que es en donde está la clave del buen crecimiento económico y la sostenibilidad del mismo. Como lo aconsejó el FEM, “Colombia hace parte del grupo de países que debe capitalizar su amplia disponibilidad de recursos energéticos para que, de manera sostenible, pueda maximizar los retornos de la industria y apoyar una mayor diversificación de la economía”. Pero, para que ello sea posible es menester contar con una política de industrialización, la cual brilla por su ausencia en el país, no se cuenta siquiera con atisbos de la misma. Además, como lo acota el Nobel de Economía Joseph Stiglitz, el aumento de la desigualdad es una de las razones de la desaceleración económica” y remata diciendo que “un sistema político y económico que no reparte beneficios a la mayoría de los ciudadanos no es sostenible a largo plazo. Con el tiempo, la fe en la democracia y la economía de mercado se erosionarán y se pondrá en tela de juicio la legitimidad de las instituciones y los acuerdos vigentes”. Así de claro y contundente es el mensaje 

Bogotá, febrero 9 de 2013
www.amylkaracosta.net

Los más destacados

LA TORMENTA PERFECTA

09 Oct 2021 Opinión

¡OH SORPRESA!

09 Oct 2021 Opinión

EL LÍO DE MONÓMEROS

24 Sep 2021 Opinión

LA PESADILLA DE ELECTRICARIBE

24 Sep 2021 Opinión

EL DECANO DEL PERIODISMO

01 Sep 2021 Opinión

Sígueme en Facebook