Jan 17, 2021 Last Updated 12:35 AM, Jan 5, 2021

UN FALSO DILEMA

LA ESPIRAL ALCISTA DE LOS PRECIOS DE LOS ALIMENTOS

El CEO de la multinacional Nestlé Peter Brabeck alborotó el avispero con sus explosivas declaraciones anatemizando a los biocombustibles, al afirmar tendenciosamente que “el mundo se enfrenta a una crisis por la subida de los alimentos, debido a las enorme cantidad de tierra dedicada a los biocombustibles”. Esta afirmación no resiste un análisis, habida consideración que hoy por hoy sólo se dedican a producir materias primas para los biocombustibles el 1% del área cultivable en el mundo. EEUU, que se distingue como el primer productor mundial de etanol sólo utiliza el 3.5% de su superficie cultivable a dicha producción y Brasil, que le sigue de cerca, el 1%. El caso de Colombia, que apenas empieza a incursionar en esta nueva industria, es patético: la producción de biocombustibles compromete sólo 200 mil hectáreas (40 mil para etanol y 160 mil para biodiesel), las cuales representan a lo sumo el 1% del área cultivable. Es esa la “enorme cantidad de tierra dedicada a los biocombustibles” que pone en peligro la seguridad alimentaria? No hay tal, entonces, que la producción de biocombustibles “ha requerido un cambio en el uso de las tierras que se dedicaban a la alimentación”, como lo sostiene el diario El Tiempo. Puestos en contexto, producir alimentos o producir biocombustibles es un falso dilema. 
Sostiene, además que “la organización mundial para la alimentación ha llegado a las mismas conclusiones que llevo repitiendo desde hace años: que no haya alimentos para los biocombustibles porque se pierde mucha tierra para la alimentación". David Hallam, Director adjunto de Comercio y Mercados de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) se limitó a decir que de lo que se trata es de “relanzar el debate sobre la política global de biocombustibles y analizar alternativas para hacer a este mercado más flexible, con el fin de reducir el riesgo de una nueva crisis alimentaria”. No se trata, entonces, de proscribir la producción y uso de los biocombustibles, dado que, en concepto de  Heiner Thofern, Jefe del Proyecto de Bioenergía y Seguridad Alimentaria de la FAO (BEF, por sus siglas en inglés), la producción de bioenergía encierra un gran potencial para revitalizar las economías rurales, reducir la pobreza y mejorar la seguridad alimentaria de las familias”. Todo lo contrario de la amañada interpretación que le da a sus palabras Brabeck.
José Graziano Da Silva, Director de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la máxima autoridad en la materia, ha sido enfático al afirmar que los "biocombustibles no son responsables del alza de los precios de los alimentos". Pese a ello, al aludir a los biocombustibles, aduce Brabeck que “detrás (de las subidas de los precios) hay grupos de presión muy fuertes y altas subvenciones, por eso espero una crisis alimentaria y hambrunas más fuertes que las de 2008". El mismo Graziano fué categórico al afirmar que "no hay crisis alimentaria, hay crecimiento de precios", que es distinto y la tendencia seguirá siendo esa debido a unas serie de causas estructurales, ajenas todas ellas a la suerte de los biocombustibles. Se destacan entre ellas, el aumento de la población y su mejora del ingreso, el impacto del cambio climático, la devaluación del dólar, el incremento de los costos de la energía, políticas erróneas de los gobiernos y la especulación en los mercados de futuros. Por ello no es extraño que, como corolario de la espiral alcista de los precios de los alimentos en 2008, la revista The Economist sentenciara: “hemos llegado al final de la era de la comida  barata”. De ello estamos notificados. 

LA IMPORTANCIA DEL CICLO DE VIDA
Desde luego que la producción de etanol a partir del maíz y del biodiesel a partir de la colza o canola tiene sus bemoles, pero no por las razones que invocan Brabeck y El Tiempo, al achacarles la culpa del alza del precio de los mismos. En primer lugar, como lo aclara el ex ministro y Presidente ejecutivo de la Federación Nacional de Biocombustibles Jorge Bendeck, “el maíz que se utiliza para producir etanol es el amarillo, usado para alimentación animal y no el blanco que se emplea para producir harinas utilizadas para consumo humano”, como la tortilla mexicana. Es más, gracias a la tecnología de los procesos empleados para producir etanol con base en el maíz, se obtienen otros derivados “que reemplazan los concentrados para animales constituidos por maíz molido y soya”. De lo anterior se sigue que “el tonelaje neto de maíz utilizado para producir etanol, fue de 88 millones de toneladas o el 28% de la producción total de maíz amarillo producido en los Estados Unidos en 2011 y no 50% como afirma Brabeck”.

Nuestro reparo a la utilización del maíz y la colza para producir etanol y biodiesel, respectivamente, está en su baja eficiencia energética, en el menor rendimiento por hectárea y la baja reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, en comparación con otras materias primas, como lo son la caña de azúcar y la palma africana. Mientras la eficiencia energética de estos es de 8.3 y 9.6, respectivamente, la eficiencia del uso del maíz y la colza es de sólo 1.8 y 3.7. En cuanto al rendimiento se refiere, los cultivos de caña de azúcar y palma es de 2.378 galones/hectárea/año y 1.466 galones/hectárea/año, respectivamente, el maíz y la colza tienen un rendimiento más modesto de 845 galones/hectárea/año y 291 galones/hectárea/año. Por último, de lejos las mezclas del etanol y el biodiesel a partir de la caña de azúcar y palma reducen las emisiones de gases de efecto invernadero en una mayor proporción que su producción a partir del maíz y la colza; mientras los primeros, en su orden, reducen tales emisiones con respecto a la gasolina y al ACPM en más de un 80%, en el caso del maíz y la colza menos del 40% y el 20%, respectivamente. Así lo han entendido los EEUU y por ello se ha resuelto enfatizar en los biocombustibles avanzados, entre los cuales se destacan aquellos obtenidos con base en caña de azúcar, entre otros, o los de origen celulósico. Huelga decir que en Colombia no se produce etanol a partir del maíz sino de la caña de azúcar y tampoco se produce biodiesel a partir de la colza sino de la palma. 

Estamos de acuerdo con El Tiempo en que sería paradójico que “para elaborar combustibles menos contaminantes se produzcan emisiones de CO2 superiores a las cantidades no emitidas por su uso, sin contar con los problemas respiratorios y la desaparición de santuarios verdes”. Pero, este no es el caso de los biocombustibles, particularmente en Colombia.  En efecto, los resultados obtenidos por el The Swiss Federal Laboratories for Materials Science and Technology (EMPA) de Suiza y por la parte colombiana el Centro Nacional de Producción más Limpia (CNMPL) y la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB) sede Medellín, son contundentes e incontrovertibles. Ellos adelantaron la “Evaluación del ciclo de vida de la cadena de producción de biocombustibles en Colombia” en el marco del convenio “estrategias de energía sostenible y biocombustibles para Colombia” auspiciado por el Ministerio de Minas y Energía de Colombia y con el apoyo financiero del BID y del gobierno del Japón. Dicha evaluación concluyó que las reducciones netas de GEI en el caso de la cadena del etanol es del orden del 74% y en la de biodiesel el 83%, muy por superior a la reducción mínima del 40% de GEI establecido como estándar por varias de las entidades certificadoras de la calidad de los biocombustibles (RSB, CARB 2009, TC 383 y EU – RED). Esto es lo que distingue, por ejemplo, el etanol y el biodiesel producidos en EEUU y Malasia, respectivamente; estos últimos reducen las emisiones netas de GEI en porcentajes muy inferiores, de 20 – 25% y 35%, según EPA, agencia ambiental de los Estados Unidos.
Este resultado no habría sido posible si, como lo afirma El Tiempo, para producirlos se hubieran “destruido espacios naturales indispensables para el equilibrio biológico del planeta, mediante la deforestación de bosques y selvas y el cada vez mayor uso de agua y fertilizantes, la mayoría de los cuales acidifica los suelos de manera peligrosa y disminuye los volúmenes de reservas acuíferas para el consumo humano en el mundo”. Y mucho menos si se estuvieran dando “abusos y excesos que atentan contra los bosques tropicales y el patrimonio ecológico. Allí se instalan plantaciones para la producción de etanol, principalmente, previa quema del entorno”. Estas apreciaciones no pasan de ser meras conjeturas y están, como diría Octavio Paz a las afueras de la realidad, como lo demuestra el hecho que la ampliación de la frontera agrícola para producir más caña para el etanol y más aceite para el biodiesel se está dando en este momento en la altillanura y en el norte de Colombia, en tierras degradas por la ganadería extensiva y no atentando “contra los bosques tropicales y el patrimonio ecológico”. Gracias a estos nuevos desarrollos, esta región se proyecta hacia el futuro como la gran despensa de alimentos para el país; sí, de alimentos! Por lo demás, no se debe perder de vista que, según el Ministro de Agricultura Juan Camilo Restrepo, “una hectárea en promedio en agricultura produce 12.5 veces mayor valor agregado que en ganadería”, máxime si esta es tan extensiva como en Colombia. 

LA DISPONIBILIDAD Y EL ACCESO A LOS ALIMENTOS
Volvamos sobre el tema que motiva estas disquisiciones, el alza de los precios de los alimentos, que por estos días ha alcanzado su clímax merced a los estragos del cambio climático, y a la carestía de los mismos. Recordemos que la seguridad alimentaria se puede ver afectada más que por la disponibilidad de los alimentos por el acceso a los mismos. Es cada día más evidente que la volatilidad y las persistentes alzas en los precios de los alimentos no obedecen propiamente a la escasez de estos. El mundo hoy produce más alimentos per cápita que nunca, actualmente se produce el doble de alimentos de los que se necesitan para acabar con el hambre en el mundo. Hay alimentos para todos. Resulta paradójico que mientras las existencias de alimentos pueden alcanzar para todos, más de 1.000 millones de personas en el mundo pasan hambre, como quien dice uno de cada siete habitantes del planeta tierra. El caso de Latinoamérica es patético, pues mientras produce un 30% de excedentes de productos agrícolas que tienen por destino la exportación, 52.5 millones de sus habitantes se acuestan diariamente con hambre. 

Claro que el derroche y el desperdicio de alimentos también ponen su cuota en este dantesco drama humano: cada año en Europa se tira a la basura la mitad de los alimentos que se compran, mientras que en la UE viven 79 millones de personas por debajo del umbral de la pobreza y 16 millones dependen de la caridad. Entre tanto en los EEUU se desperdicia el 40%, mientras más de 40 millones de pobres se ven a gatas para procurarse sus alimentos. Se estima  que los alimentos desechados por los estadounidenses cada año equivalen a los US $165.000 millones y según la FAO bastarían sólo US $44.000 millones anuales para erradicar el hambre en el mundo. Entonces, este es un asunto de conciencia social, de freno al consumismo, de racionalidad, de prioridades y, por sobre todo, de voluntad política.  Con sobrada razón, mientras la tuvo, el ex director del FMI Dominique Strauss-Khan, sostuvo que “entendemos que la inequidad social y el desempleo pueden destruir los logros de los mercados y las economías. Los documentos sobre repartición desbalanceada de la riqueza reflejan los elementos necesarios para la inestabilidad y la crisis. Se trata de una combinación peligrosa que puede ser la semilla para desestabilizar sistemas políticos”.

Según los expertos del G-20, “la situación actual del mercado de productos agrícolas es preocupante, pero no hay ninguna amenaza que se cierna sobre la seguridad alimentaria a nivel mundial”. Eso sí, “el elevado nivel de los precios coloca a los países importadores de cereales en una situación delicada”. Es el caso de Colombia, que pasó de importar 700 mil toneladas de granos  en los años 90 a 7 millones actualmente; 85% del maíz que se consume en Colombia es importado. En lo corrido del año las importaciones de productos alimentarios al país crecieron un exagerado 19.6%, tornándose así cada vez más vulnerables frente a la volatilidad e incremento de los precios en los mercados externos. 

Ello se explica fundamentalmente por el retroceso del sector agrícola, a consecuencia de la apertura atolondrada que se precipitó en el país con la expedición del Decreto 2095 de septiembre de 1991 y arrinconado ahora por el auge de la minería. Desde entonces la agricultura en el país no ha vuelto a levantar cabeza y ha venido creciendo muy por debajo del crecimiento promedio de la economía. Según el experto Juan José Perfetti, “desde el año 2005 la producción agrícola total se mantiene alrededor de los 25 millones de toneladas”. Nada menos el año pasado mientras el PIB global creció a un buen ritmo del 5.9%, el sector agrícola creció un anémico 2.2%. Y en el I trimestre de este año arrancó peor, con una caída en el crecimiento de -0.4% frente a un crecimiento promedio del PIB de 4.7%. Y precisamente uno de los méritos de este nuevo cluster de los biocombustibles es que contribuye a dinamizar el sector agrícola, al tiempo que genera empleo e ingreso, poder de compra, que son los que en últimas permiten el acceso a los alimentos. No obstante, la seguridad alimentaria en Colombia está riesgo, y no propiamente por cuenta del avance de la novel industria de los biocombustibles, sino por la amenaza que significa depender en tan alto grado para su abastecimiento interno de las importaciones de alimentos, lo cual atenta contra la disponibilidad de los mismos y, por otra parte, los altos niveles de pobreza, desempleo e inequidad social hacen que el acceso a ellos se constituya en un grave predicamento para un gran conglomerado de nuestros connacionales.

LUCES Y SOMBRAS

LA APUESTA POR EL ASIA – PACÍFICO
La VII Cumbre de la Alianza del Pacífico que integran Colombia, México, Perú y Chile que acaba de concluir ha despertado una gran expectativa, pues promete convertirse en el bloque comercial más auspicioso de cuantos se han forjado en la región. De entrada los presidentes Santos, Humala, Peña Nieto y Piñera acordaron desmontar en un breve plazo todas las barreras arancelarias; por lo pronto, a partir del 30 de junio el 50% del universo arancelario de estos países estaría exento. En palabras del Presidente Santos al término de la Cumbre, “el 90% de las partidas arancelarias tendrá arancel cero”, mientras que para el 10% restante, dentro del cual están algunos productos agropecuarios de una gran sensibilidad, se contempla una desgravación gradual y progresiva. 
Queda por delante una tarea propia de verdaderos orfebres, encomendada a varios grupos de trabajo, para definir aspectos atinentes a normas de orígen, medidas sanitarias y fitosanitarias, obstáculos técnicos al comercio, facilidades migratorias, el transporte intermodal, y la cooperación aduanera, entre otros. Aspectos estos todos, además de complejos, álgidos y no hay que perder de vista que el diablo está en los detalles. 
Esta Alianza tiene dos particularidades que la hacen muy peculiar: en primer término su ambición va mucho más allá de lo meramente comercial y propende por la libre movilidad intraregional tanto de capitales, bienes y servicios como de las personas. De hecho se dispuso prescindir del visado para los residentes en los países que hacen parte de la Alianza y la creación de una Visa especial Alianza del Pacífico para los visitantes de terceros países, para que estos puedan desplazarse libremente dentro del área. La otra característica es que esta Alianza se inscribe dentro de la modalidad del regionalismo abierto, de tal manera que otros países distintos a los fundantes de la misma pueden acceder a la misma, como lo acaba de hacer Costa Rica. 
De consolidarse este bloque económico adquiriría un gran peso específico en la región, pues sumados estos cuatro países representan el 50% del comercio de la región, cuyas exportaciones e importaciones en el 2012 fueron del orden de los US $556.000 millones y US $551.000 millones, respectivamente. Su PIB agregado equivale al 3.5% del PIB mundial, a la par con el PIB de Brasil, considerada como la octava economía del mundo. Además, acapara el 26% de la totalidad de los flujos de inversión extranjera directa (IED) a América Latina y el Caribe. Y de contera, representa un mercado muy atractivo habida consideración de que su población supera los 208 millones de habitantes, con un ingreso per cápita nada despreciable del orden de los US $13.600 en términos de paridad cambiaria. Por sus proyecciones superaría el alcance y la fuerza de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y de MERCOSUR, de los cuales hace parte también Colombia y en la práctica significa un contrapeso para los mismos. 
El Presidente Santos ha magnificado la importancia de este paso que están dando estos cuatro países aliados al ponderar la Alianza del Pacífico “como el más importante que ha tenido América Latina en su historia”. La Presidenta de PROEXPORT María Claudia Lacouture se precipitó a anunciar que “esta estrategia está permitiendo actuar como bloque, tanto para la promoción de las exportaciones como para la atracción de inversiones extranjeras directas en cada uno de los países”. El Presidente Santos va más lejos cuando afirma que ya, sin arrancar todavía dicha Alianza, sus beneficios “se están empezando a ver en un mayor desarrollo para nuestra propia región Pacífica y para el país en general y en mayor empleo y empleo de calidad para todos los colombianos”.  Nos parece que se está ensillando sin traer las bestias; como lo afirma el Director de Portafolio Ricardo Ávila, “todavía es temprano para decir que se han concretado las posibilidades de un esquema que promete mucho, pero al que todavía le faltan varios hervores”. Lo demás, son puros espejismos. 
Son varios los obstáculos a salvar antes de que, como lo afirmó el Presidente Santos, esta Alianza se constituya “en el nuevo motor económico y de desarrollo de América Latina”. Si bien es cierto los cuatro países que integran esta Alianza tienen muchos aspectos en común, poseen otros que los hacen muy heterogeneos, empezando por el hecho que cada uno de ellos tiene su propio TLC bilateral con los EEUU y sus estipulaciones les resta capacidad de maniobra. De tales tratados se deriva una intrincada y compleja maraña de obligaciones, compensaciones, salvaguardas y exclusiones que, en un momento dado se pueden convertir en un nudo gordiano dificil de desatar. Empezando porque, como lo advirtió en su momento la ex ministra Cecilia López, de acuerdo con la Cláusula de la Nación más favorecida, “cualquier concesión que el país le haga a otros en términos de comercio, automáticamente tendrá que aplicarla a estados Unidos, así ese tema se haya manejado de otras maneras en el TLC con ese país”. Esta Clásula, que data desde el Siglo, entraña serios riesgos que aún no han sido dimensionadas.  Como dicen en Norte de Santander, al lado del enfermo como el alentado!
EXCESO DE VOLUNTARISMO
El Gobierno colombiano ve en la Alianza del Pacífico una especie de trampolín para acceder a los mercados de la Cuenca del Pacífico, al considerar que este “será el siglo del Pacífico y de América Latina, porque el Asia – Pacífico es el nuevo polo de desarrollo del mundo y América Latina quiere ser socia en ese desarrollo. Para lograrlo, creamos esta Alianza del Pacífico…Nuestro puerto de destino es el de construir un área de integración profunda que nos permita insertarnos con más éxito, con más fortaleza en la economía global y en particular en la región del Asia Pacífico”. En concepto del Ministro de Comercio, Industria y Turismo Sergio Diaz – Granados, “la Alianza del Pacífico es un eje fundamental de la estrategia de internacionalización de Colombia y de insersión en la región Asia Pacífico, que fomentará la diversificación de mercados para reducir la vulnerabilidad frente a crisis económicas internacionales…A través de la Alianza del Pacífico, Colombia puede acelerar su proceso de integración al Asia y avanzar en procesos de negociación en bloque, con países que como México, Chile y Perú, ya cuentan  con fuertes vínculos comerciales con esa región”. 
Sí, todo ello es muy loable y nos parecen plausibles todos los esfuerzos que se hagan por estar allí, se trataría de aprovechar las sinergias que resultarían de una alianza estratégica como la que se plantea y por esta vía insertarse en la Cuenca del Pacífico, máxime que, como lo manifiesta el Ministro Diaz – Granados, ello “ya ha generado un interés grande en el continente asiático y en otros países que buscan alianzas con nosotros”. Es claro como el agua que este interés no se traslució en la reciente Cumbre, pues brillaron por su ausencia los países del continente asiático; ningún jefe de Estado de este hizo acto de presencia, ni siquiera como observadores, como en cambio sí lo hicieron el Primer Ministro de Canadá Stephen Harper y el Presidente del Gobierno español Mariano Rajoy. Como dice el adagio popular, afana más el velón que el dueño de la olla. 
Es de anotar que Colombia  es el único de los miembros de esta Alianza que no cuenta con TLC vigente con países del Asia Pacífico; de modo que mientras los demás tienen ya un largo camino recorrido, Colombia apenas está en la grilla de partida y ello hace la diferencia. Y, de acuerdo con el cronograma del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo (MCIT), se aspira a tener un TLC con Corea en 2014, con el Japón en 2016 y con China hacia el 2019 (¡!). Además, México, Perú y Chile tienen a su favor que todos ellos hacen parte del Foro de Cooperación Económica Asia – Pacífico (APEC), el club de cooperación más importante del área, el mismo al que Colombia viene pidiendo pista desde 1995 infructuosamente. Y, como es apenas lógico, al no estar integrada al APEC tampoco es  parte negociadora del Transpacific Partnership Agreement (TPP), que es como una especie de TLC regional, lo cual resulta desventajoso para Colombia.
De lo anterior se sigue que, como lo señala acertadamente el analista Ricardo Duarte, “por esta vía Colombia tampoco tendría nada qué ganar de forma temprana para su sector privado con la Alianza Pacífico”. En las declaraciones del Presidente Santos, así como del Ministro Diaz – Granados se denota un exceso de optimismo, pues como lo afirma Duarte, “decir que en el corto plazo la alianza Pacífico integrará a Colombia de manmera real con el Asia Pacífico es simplemente un gran deseo con ribete académico. El éxito inicial para Colombia con la Alianza del Pacífico estará en promoverla y aprovecharla en nuestro relacionamiento con nuestros socios comerciales y de inversiones tradicionales del eje del Atlántico”. No se puede seguir pensando con el deseo que colinchándose con México, Perú y Chile a través de la AP Colombia tendrá expedito el camino para ingresar por la puerta ancha a la Cuenca del Pacífico. Ello es más dificil que soplar y hacer botellas; por ello, no nos podemos hacer falsas ilusiones.   
¿QUÉ GANA COLOMBIA?
Ya que estamos hablando de la Alianza del Pacífico es bueno escarmenar la linea de base de la cual parte la implementación de lo acordado en la VII Cumbre de Cali. Hoy por hoy los principales productos de exportación de los países que hacen parte de dicha Alianza son productos primarios (minerales e hidrocarburos) y los países asiáticos, especialmente china, absorben gran parte de esa oferta, pero este comercio no requiere de acuerdos ni de tratados. Y en cuanto al intercambio comercial entre los socios de la Alianza, si excluimos las exportaciones tradicionales (petróleo y sus derivados, carbón, ferroniquel y café), Colombia acusa un déficit comercial con todos ellos. 
Si nos atenemos a las cifras del 2012 , al tiempo que exportó a México, Perú y Chile US $4.553 millones, Colombia importó desde ellos US $7.891 millones, es decir que el saldo en contra de Colombia fue del orden de los US $3.338 millones. Y no estamos tan seguros que con la eliminación de los aranceles se logre revertir esta tendencia a favor de la Balanza comercial de Colombia. El caso más patético es el de México, país este desde el cual se importó el año pasado la suma de US $6.159 millones y sólo le facturamos US $835 millones; es decir, que el saldo a favor de los manitos fue de US $5,324 millones (¡!). Después de China (déficit comercial US $4.322 millones), México es la segunda economía con la cual Colombia tiene el mayor déficit comercial y ello es muy diciente de lo que puede deparnos esta apertura hacia la AP. 
Son varios los gremios que han expresado su preocupación sobre el impacto desfavorable que puede significar para ellos los acuerdos alcanzados en la VII Cumbre de la Alianza. Dicho sea de paso, el Congreso de la República, al igual que ocurrió con la ratificación en volandas del TLC con EEUU en vísperas de la libidinosa Cumbre de Las Américas, también esta vez, en la antesala de la Cumbre, aprobó en tiempo record la Ley express “aprobatoria del Acuerdo Marco de la Alianza del Pacífico”, con lo cual le firmaron un cheque en blanco al Gobierno Santos. Ante los reparos de algunas voces discordantes en el Congreso, el Presidente Santos les salió al paso con la afirmación que “no estamos entregando absolutamente nada adicional de lo que ya hemos negociado con otros países. Nada. Todo lo que se está negociando es algo que ya tenemos con Estados Unidos o con Europa (Sic!). De manera que aquí no hay un incremento en la ´vulnerabilidad´  de nuestra producción” . 
Puede tener razón el Presidente Santos cuando afirma que “todo lo que se está negociando es algo que ya tenemos con Estados Unidos”, pero es que al hacer extensivo a otros países lo que se cedió en el TLC con los EEUU, que no fue poca cosa, se está amplificando su impacto, que, como se ha podido observar al hacer el balance del primer año de su vigencia, ha sido desastroso para la economía colombiana. La verdad sea dicha, después del fracasado intento por parte de los EEUU de imponer el ALCA, sus adláteres optaron por el atajo de los TLC bilaterales, dando al traste con esfuerzos integracionistas tan importantes como la CAN y ahora mediante este otro atajo, el de la AP, se avanza en la misma dirección. Como ya quedó dicho, a través de la Cláusula de la Nación más favorecida EEUU está sin necesidad de estar en la Alianza del Pacífico. 
Una de las primeras consecuencias de la entrada en vigor de los acuerdos alcanzados en la VII Cumbre de la AP es la supresión del Sistema Andino de Franjas de Precios (SAFP), así como el Fondo de Estabilización de precios, con lo cual quedarán aún más desguarnecidos la producción nacional del sector agropecuario. A juicio del Presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC) Rafael Mejía, “la desaparición de este instrumento de política comercial preocupa porque no reviste para el país ningún beneficio. Todo lo contrario, sería destruir toda posibilidad de lograr concesiones favorables para la agricultura en Asia”. Y para rematar, “se profundizaría el déficit comercial de más de US $5.300 millones con México” y se haría mayor “el déficit de la balanza comercial agropecuaria con Chile”.
De acuerdo con rafael Mejía, con la puesta en marcha de este bloque económico se pondrá en riesgo el 48% de lo que queda de la maltrecha producción agropecuaria de Colombia. Estamos hablando de “$16.9 billones al año y equivale a 9.1 millones de toneladas”. Están en juego nada menos que 1´254.000 empleos rurales; esta es una bomba social de impredecibles consecuencias. Pero la SAC no es la única que se queja, también el Presidente del gremio de los arroceros Rafael Hernández se pone las manos en la cabeza para exclamar que “qué puede sentir un agricultor frente a una amenaza como este acuerdo…Aquí se está poniendo en riesgo a 500 mil productores del cereal asentados en 215 municipios del país”. Estamos, entonces, como lo vaticina el Presidente de la SAC, “en vísperas de protestas de sectores como los arroceros, lecheros, porcicultores, azucareros y maiceros por las negociaciones que el Presidente Juan Manuel Santos está haciendo con la Alianza del Pacífico. Todo esto se convierte en inconvenientes para el agro colombiano”. El fantasma de la triangulación de productos, especialmente agrícolas y pecuarios, así como de manufacturas y autopartes maquilados especialmente en México, empiezan a espantar a los productores nacionales.  

PRIMERO ES LO PRIMERO
Una vez más se le sobrevende al país la apertura comercial hacia adentro como la panacea, como la tabla de salvación de la economía colombiana; una vez más se le dice al país que gracias a esta estrategia comercial la economía va a crecer más, se va a generar más empleo, se va a reducir la pbreza y la desigualdad. Pero este discurso trasnochado se queda sólo en la retórica; como diría Octavio Paz a las afueras de la realidad. Tenemos que repetir aquí la sabia frase del ex ministro de Comercio Jorge Humberto Botero cuando advirtió en su debido momento, refiriéndose al TLC con EEUU, que “el acuerdo con EEUU abre oportunidades, pero no las asegura”. Bien ha dicho, una y otra vez, el experto Manuel José Cárdenas que “los tratados de libre comercio generan oportunidades de negocios, pero no los negocios… De nada nos servirá abrir mercados sino tenemos que exportar”. En ello coincide con el consultor Jorge Alberto Vásquez: “una cosa son los acuerdos comerciales y otra la posibilidad de aprovecharlos: Firmamos acuerdos, pero no contamos con producción para exportar, ni la generamos”. 
Y este es el caso de Colombia. El Gobierno está obsesionado por firmar más y más acuerdos y tratados, con todo el que se atraviese, pero muy poco obsesionado por aumentar y diversificar nuestra oferta exportadora. Cada vez dependemos más de las exportaciones tradicionales (petróleo y sus derivados, carbón, ferroniquel, oro y café) y menos de las no tradicionales, las cuales se han venido marchitando sin remedio a consecuencia de la enfermedad holandesa. Es muy diciente el hecho de que últimamente no está ni la producción ni las exportaciones de manufacturas, sino que además están cayendo las importaciones de insumos por cuenta del decremento de la producción industrial. 
El mayor obstáculo que afronta la economía colombiana para aumentar su potencial de crecimiento, para elevar la tasa de crecimiento de manera sostenida, para generar más y mejor empleo, para ampliar y diversificar su oferta exportadora es su baja competitividad. Y está visto que uno de los principales cuellos de botella para mejorar en el ranking del Foro Económico Mundial (FEM) es el enorme rezago en materia de infraestructura. Lo ilustra de manera elocuente el hecho de que mientras el Gobierno se ufana de liderar la Alianza del Pacífico y le apuesta a la inserción de Colombia en la Cuenca del Pacífico, su principal puerto sobre el Pacífico, el de Buenaventura, no cuenta siquiera con una vía de doble calzada de acceso al mismo. Según el Observatorio de la Cámara Colombiana de la Infraestructura (CCI), “ni en el año 2020 alcanzarán a entregarse los trabajos de la doble calzada de Buga – Buenaventura, que se inició en 2007”. Entonces, de qué estamos hablando; no será que el Gobierno está poniendo la carreta delante del buey; no será hora de preocuparse más por la infraestructura y la competitividad que por seguir firmando desatentadamente acuerdos y tratados por doquier?

Bogotá, mayo 26 de 2013
www.amylkaracosta.net

EL HOROSCOPO DEL TLC

LA PIROTECNIA MEDIÁTICA
Con motivo del primer aniversario de la entrada en vigencia del Tratado de Libre Comercio (TLC) de Colombia con los Estados Unidos, el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo (MCIT), a través de Proexport, hizo todo un despliegue publicitario sobre los supuestos logros y avances alcanzados a través del mismo. Se dijo que 187 nuevos productos llegaron por primera vez a los hogares estadounidenses, que 40 ciudades en 23 estados en los EEUU compraron por primera vez productos colombianos, que 775 empresas colombianas de 16 departamentos comenzaron a hacernegocios con Estados Unidos, de las cuales más de 600 corresponden al sector manufacturero e insumos, 92 a prendas de vestir y 81 a la agroindustria. Como si lo anterior fuera poco, según Proexport, ya se han identificado más de 3.500 nuevas oportunidades de negocios para empresas colombianas. 
Y, para cerrar con broche de oro tan fausto acontecimiento para el Gobierno, la Presidenta de Proexport María Claudia Lacouture, al finalizar la macrorueda de negocios en Miami en la que participaron 345 empresas colombianas, como parte de la fastuosa celebración, anunció que gracias a la misma se tenían expectativas de venta por valor de US $140 millones, producto de 4.439 citas comerciales. Así las cosas, el balance no podía ser más satisfactorio, por lo menos este fue el mensaje que quiso transmitir el Gobierno a través de la pirotecnia mediática, divulgando profusamente las bondades que se le atribuyen al TLC con EEUU. 
Recordemos que el Gobierno en su momento, en el afán de echarse al bolsillo a los incautos ciudadanos y salirle al paso a quienes cuestionamos el proceso de la negociación del TLC con los Estados Unidos y el tratado mismo, sobrevendió los beneficios que le depararía al país su suscripción y su posterior entrada en vigencia. Recordemos la apuesta esbozada por el DNP con el tratado bilateral de libre comercio con EEUU: este nos permitiríael acceso “privilegiado” al mercado más grande del mundo, habida cuenta que representa el 20% del PIB mundial y el 11% del comercio mundial. Al fin y al cabo sigue siendo nuestro principal socio comercial, con más del 35% de nuestro mercado externo. Se trataba de llegarle a 310 millones de consumidores con alto poder adquisitivo, como que posee un ingreso per cápita de US $46 mil. 
Se dijo, además, que gracias al TLC con EEUU la economía crecería entre 0.5 y 1.0 adicional del PIB de manera sostenida, los ingresos tributarios se incrementarían entre 0.6 y 0.8 puntos del PIB. La inversión extranjera directa (IED) proveniente de los Estados Unidos se catapultaría y la tasa de inversión de la economía en su conjunto se incrementaría en 2 puntos porcentuales. La tasa de desempleo también se reduciría por cuenta del TLC en cerca de 1 punto porcentual y se generarían 500 mil empleos en 5 años, al tiempo que la tasa de informalidad caería 2 puntos porcentuales. El Presidente Santos, con motivo de la ratificación del TLC por parte del Congreso de los EEUU, dijo, que “este es un gran paso y una excelente noticia para el empleo y la lucha contra la pobreza en el país”Ahora, tendremos que preguntarnos con el poeta Manrique qué fue de tanto galán, qué fue de tanto primor como trujeron?
En medio de la euforia, no hace mucho se hablaba de la “velocidad de crucero” de la economía, al punto que el Ministro de MCIT Sergio Diaz Granados se atrevió a vaticinar que la economía colombiana sería “la tercera economía latinoamericana en 2014”; sin embargo, según el más reciente cálculo del FMI, no sólo no se está acercando a dicha meta sino que en el 2012 se vió desbancada por la economía venezolana del cuarto lugar que venía ocupando y ahora es una economía de quinta.
                                     NACIÓN                                PIB (US $ Millones)
                                   1     Brasil                                       2´239.000
                                   2    México                                     1´170.000
                                   3    Argentina                                     525.460
                                   4    Venezuela                                    382.400
                                   5   Colombia                                     366.000
SE AGUÓ LA FIESTA
Pero los hechos son tozudos y a veces necios, impertinentes, hasta el punto que se pueden encargar de aguar la fiesta, por más animada que esta esté y este es el caso. En medio de toda la parafernalia propagandistica que los asesores de medios montaron como parte del libreto, los reportes del DANE respecto a los resultados que arroja el primer año de vigencia del TLC con EEUU le cayeron al Gobierno como un baldado de agua fría. 
El mayor crecimiento de la economía que se esperaba con la entrada en vigencia del TLC aún está por verse, empezando por que el año pasado no sólo no creció más sino que el crecimiento del PIB sufrió un bajonazo al pasar del 6.6% en 2011 al 4% en 2012. Y, lo que es peor, según el DANE el enfriamiento y la desaceleración del crecimiento de la economía se acentuó en el segundo semestre del año anterior. Ello fue lo que indujo tanto al Banco de la República como a Fedesarrollo a ajustar su proyección del crecimiento del PIB para este año situándola por debajo del 4%, mientras el Gobierno persiste en su previsión del 4.8%. Todo indica que el crecimiento del PIB en el primer trimestre de este año estará muy por debajo del crecimiento del PIB tanto con respecto al trimestre anterior como con relación al primer trimestre de 2012. Ello se colige del pésimo desempeño del sector industrial que tuvo en el mes de marzo su peor caida en los últimos 4 años, -11.5%, la peor desde abril de 2009 (-13.9%), cuando se estaba en el filo de la Gran crisis. El propio Ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas adelantó su pronóstico para el primer trimestre de un 3%, muy por debajo del 4.7% del primer trimestre del año anterior. Para el Banco de la República estaría en un rango entre el 2% y el 3.5%.
Según la Muestra Mensual Manufacturera (MMM) del DANE, ya son 5 meses consecutivos de retroceso de la actividad industrial y 9 meses en negativo en el último año. Es más, en el primer trimestre de este año la producción industrial se desplomó 6.1% frente a un crecimiento para el mismo período del año pasado de 2%. Este panorama no puede ser más desolador, máxime cuando de los 48 sectores analizados por el DANE sólo 11 registraron incrementos en su producción, al tiempo que las ventas cayeron el 6.3% cuando un año atrás habían crecido el 2.9%. Es muy diciente lo que dice la ANDI: “los pedidos continúan disminuyendo y el clima para los negocios no muestra mejoría…con una tendencia decreciente de los empresarios que califican su situación como favorable”.
Tampoco se ha visto la mayor generación de empleo atribuible al TLC, cada día se vuelve más esquiva la meta de un solo dígito de la tasa de desempleo. Por el contrario, en marzo de 2013, el personal ocupado disminuyó 2.2% con respecto al mismo mes del año anterior; 31 de los 48 sectores analizados por el DANE registraron reducción en su nómina. Es más, en el acumulado del primer trimestre el personal ocupado por la industria manufacturera, sin incluir trilla de café, disminuyó 1.8% frente al mismo período de 2012. 30 de los 48 sectores examinados por el DANE en su Muestra Mensual Manufacturera disminuyeron la contratación de personal en el primer trimestre de este año. 
Desde luego que el entorno internacional ha sido adverso, pero no se nota el mayor dinamismo del crecimiento que se auguraba con el TLC. Se podrá decir en defensa del discurso oficial que la fiesta apenas empieza y que hay que esperar que se anime, que apenas nos estamos acoplando a esta nueva realidad. Pero allí tenemos el espejo de lo que ha pasado en México, que desde el 1º de Enero de 1994 México mantiene un TLC con EEUU (el NAFTA), sin embargo en la última década el crecimiento del PIB de México ha estado por debajo del promedio del crecimiento del PIB de Latinoamérica; es más, la economía mexicana creció más antes de la entrada en vigencia de su tratado con EEUU (promedio de crecimiento del PIB entre 1950 – 1980: 6.6%) que ahora (promedio del crecimiento del PIB en la última década: 2.6%). Entre otras cosas, la economía colombiana ha crecido más sin TLC con los EEUU que méxico con TLC. Concretamente, durante el denominado quinquenio virtuoso (2003 – 2007) fue el que menos creció en la región. De modo que no nos llamemos a engaños esperanzándonos en que las cosas serán diferentes hacia el futuro, el cual luce cada vez más incierto. 
LAS EXPORTACIONES EN PICADA
Y qué decir del comportamiento de las exportaciones a los EEUU. Entre el 15 de mayo de 2012 y el 31 de marzo de 2013 la facturación al mercado estadounidense  - sin las exportaciones de petróleo, dado que estas no tienen nada que ver con el TLC – ascendieron a US $6.004 millones, para un incremento de sólo el 3.3%. Entre tanto las importaciones crecieron el 14.6%. De ello ya estábamos advertidos, este resultado no debe sorprender, ya lo habíamos pronosticado desde la negociación misma del tratado. Varios estudios, entre ellos uno del Banco de la República (Toro y otros. 2010), habían puesto de manifiesto esta asimetría. El ex ministro Rudolf Hommes debe estar de plácemes, pues de acuerdo con su teoría “el mayor beneficio del comercio proviene de las importaciones y no de las exportaciones, como nos han acostumbrado a pensar equivocadamente los mercantilistas criollos”. 
Pues bien, este desequilibrio entre el ritmo exportador e importador se ha traducido en el hecho que  por primera vez desde 2007 se redujo, en lugar de aumentarse, el superávit comercial de Colombia con EEUU al pasar de US $8.991 millones en 2011 a US $8.527 millones en 2012. Ello contribuyó al incremento del déficit de la cuenta corriente de la Balanza de pagos, el cual se elevó el año pasado en un 20% hasta alcanzar la cifra de US $11.415 millones, un 3.1% del PIB. Según el ex ministro de Hacienda José Antonio Ocampo, de no ser por el efecto precio, que atenúa el impacto de la caída de las exportaciones, dicho déficit habría llegado al 10% del PIB (¡!). 
Para el primer trimestre de este año las exportaciones muestran un saldo en rojo, lo cual se ha traducido en que el superávit de la Balanca comercial se ha descolgado de US $2.145 millones el año pasado a US $508 millones este año. Se destaca por su notoriedad el hecho que el mayor desplome se da en la Balanza comercial con los EEUU cuyo superávit bajó de US $2.747 millones a US $900 millones, casi una tercera parte (¡!). Como lo afirma el Presidente de la Asociación Colombiana de Fabricantes de Autopartes (ACOLFA) Camilo Llinás, “Colombia ha tenido que redoblar sus esfuerzos de exportación a países sin acuerdo comercial para acopiar las divisas necesarias para enjugar el déficit con los países con los cuales sí tienen acuerdos comerciales”. El mundo al revés!
Según las cifras del DANE las ventas a EEUU en el primer trimestre de este año cayeron el 16.8%, lo cual representa 6.5 puntos porcentuales de 9.5% que disminuyeron las exportaciones totales. De ello ya estábamos advertidos, este resultado no debe sorprender, ya lo habíamos pronosticado desde la negociación misma del tratado. Varios estudios, entre ellos uno del Banco de la República (Toro y otros. 2010), habían puesto de manifiesto esta asimetría. La cifra de marzo resultó aterradora, las exportaciones sumaron US $4.567 millones, lo cual representó una caída con respecto al mismo mes del año anterior del 20%, apenas equiparable con los registros negativos que se observaron en julio de 2009, en momentos en que se atravesaba por el peor momento de la Gran crisis que se desató en los EEUU y que se irradió al resto del mundo. Y recordemos que para el año completo del 2012, las exportaciones a los EEUU en lugar de crecer cayeron el -2%. 
El Gobierno ha querido dorar la pildora desestimando este gran revés del sector externo de la economía, con el socorrido argumento de que todavía es demasiado pronto para evaluar los beneficios que se esperan del TLC con EEUU. El Ministro de  Comercio aduce que “los TLC no producen resultados instantáneos”; pero, eso no fue lo que se le dijo al país cuando se negociaba afanosamente dicho TLC y tampoco cuando se ratificó por ambas partes. Afirma, además, el Ministro que “la razón por la cual caen las exportaciones es estrictamente coyuntural y no debemos permitir un contagio de pesimismo”. Aduce como disculpa el Zar de los TLC y Coordinador del equipo colombiano que negoció este tratado Hernando José Gómez que “la debilidad de la economía de EEUU la ha llevado a moderar sus compras en el extranjero”. Por su parte la Presidenta de Proexport María Claudia Lacouture dice que “el TLC ha dado resultados en exportaciones no tradicionales”. Pero, lo que dicen las cifras es que las exportaciones no tradicionales disminuyeron en marzo de este año 9.5% con respecto al mismo mes del año anterior. 
En marzo particularmente las exportaciones de productos agrícolas, alimentos y bebidas cayeron -17.5%, las manufacturas -12.6% y hasta las exportaciones de la industria extractiva cayeron el - 23%. Además, entre las exportaciones de petróleo, carbón, oro, ferroniquel, café y banano suman más del 90% de las exportaciones, así es que los nuevos productos que están entrando ahora a los EEUU merced al TLC no dejan de ser irrelevantes, en la medida que no superan el 10% de nuestra oferta exportadora. 
Lo que pasa es que Colombia no tiene una oferta exportable que le permita aprovechar este y los demás TLC que se siguen firmando a la topa tolondra, a tontas y a locas. Lo reconoce el mismísimo Zar de los TLC Hernando José Gómez: “por primera vez, desde la crisis de los años 30, Colombia tiene más acceso a mercados internacionales que oferta exportable”. Las cifras son contundentes, según ANIF, “la relación exportaciones totales (bienes y servicios)/PIB es una de las más bajas de América Latina, pues permanece en niveles del 19% frente a la media del 33% de la región, similar a la de principios de los años 90, cuando empezamos a hablar de ´apertura comercial´…El valor total exportado per cápita (incluyendo bienes y servicios) tan sólo alcanzó los US $1.260 en 2011, bien por debajo de la media de América Latina (US $2.400)…o frente a nuestro habitual referente de Chile (US $4.800)”. Por ello, el Presidente de la República Juan Manuel Santos para festejar los supuestos logros alcanzados en el primer año de TLC con los EEUU salió con el cuento de que él soñaba “con ver los aguacates de los Montes de María en los supermercados de Miami y de todo EEUU”. Y para ser más contundente sobre la “diversificación” de nuestras exportaciones a los EEUU, destacó que gracias al TLC Colombia ahora está exportando a los EEUU, además de uchuvas, chirimoya, maracuyá morado y jugo de guanábana, jeans levantacola, trajes de bautizopara bebé, horóscopos, fotonovelas, tiras cómicas e historietas! 
UNA HISTORIA DE ÉXITO
Cada quien habla de la fiesta según como le va en ella, mientras de este lado sólo hubo lamentos de parte de los sectores productivos afectados por el TLC con los EEUU la contraparte no cabe de la dicha y no disimula su complacencia por los resultados positivos para ellos. Max Naucus, Presidente del Comité de Finanzas del Senado de EEUU, en entrevista con Caracol Radio se mostró exultante y no ahorró elogios para el TLC con Colombia, al que considera “una historia de éxito” para ellos, claro!. Y no es para menos, ya que según el Departamento de Comercio de EEUU “al celebrar un año de la ampliación del comercio entre EEUU y Colombia, las empresas, agricultores, ganaderos y trabajadores norteamericanos ya están teniendo tremendos beneficios gracias a la baja de aranceles logrados con el TLC”. Según sus propios registros, “entre mayo del 2012 y mayo del 2013 las exportaciones de bienes norteamericanos a Colombia llgaron a US $15.900 millones, con un crecimiento del 20% respecto del mismo período del año anterior”. 
No es de extrañar, entonces, lo que dice el Presidente de la ANDI Luis Carlos Villegas, que “más del 80% de las empresas han manifestado que se han visto fuertemente afectado por la competencia de las importaciones”.  Como lo afirma el Presidente de INEXMODA Carlos Eduardo Botero, para sobrevivir, “algunas firmas han compensado con importaciones, las cuales se han incrementado más de 200%”. Muchos empresarios nacionales han tenido que enfrenrase a la disyuntiva de plegarse y pasar de ser un reputado confeccionista  a exitoso comercializador de prendas de vestir importadas, como es el caso de Arturo Calle o cerrar su factoría y entrar en liquidación, como le tocó hacer al prestigioso hombre de empresa Hernando Trujillo, tras 48 años en el mercado. Y estamos hablando de dos marcas emblemáticas de la confección Made in Colombia. 
Tal vez el sector que ha llevado la peor parte, como era de prever, es el agropecuario, dada la avalancha  importadora. Si nos atenemos a las cifras del Departamento de Agricultura de EEUU, en el período comprendido entre junio de 2011 y marzo de 2012, cuando el TLC no estaba todavía vigente, las importaciones agrícolas desde los EEUU sumaron 1´042.914 toneladas, entre tanto entre junio de 2012 y marzo de 2013, con el TLC vigente, las importaciones se elevaron hasta las 1´770.970 toneladas, “lo que significa que con el Tratado las importaciones agrícolas aumentaron el 70%”. De acuerdo con las cifras del USTR, encargado del comercio exterior de los EEUU, que trae a colación el analista Mauricio Cabrera, “las exportaciones de soya ascendieron 467% hasta US $118.6 millones, productos lácteos crecieron 214% hasta US $24.7 millones, productos de cerdo 66% hasta US $45.2 millones”. Para concluir que “el potencial del comercio entre EEUU y Colombia es emocionante…El futuro de nuestra relación económica, construido sobre el TLC, es brillante” para ellos, logicamente. 
Según denuncias del Presidente de la Federación Nacional de Avicultores (FENAVI) Andrés Moncada, debido a la crisis por la que atraviesa la economía de los Estados Unidos se redujo el consumo de pechuga de pollo, que es tan apetecida en ese país y en cambio aumentó el de los cuartos traseros, que siempre han sido considerados como desperdicios. Hasta el 21 de marzo, según la DIAN, habían ingresado al país 227 toneladas de cuartos traseros, aproximadamente sin el pago de aranceles y aunque no se dispone de registros por parte de FENAVI de la importación de pechugas, lo que sí se sabe es que su precio está por debajo del producto nacional en más del 20%. Ello no se previó por parte de los negociadores y por ello aunque en el caso de los cuartos traseros se definieron los contingentes que pueden ingresar al país libre de arancel, ello no aplica en el caso de las pechugas, respecto a las cuales no hay ninguna restricción. Ello está poniendo en serios aprietos a la oferta doméstica. 
Recientemente la Administración de Alimentos y Medicamentos de EEUU, la FDA, anunció dos nuevas regulaciones que entraron en vigencia en lo relativo a la aplicación de la Ley de Modernización de la Inocuidad de Alimentos (FSMA), la cual condiciona las importaciones a los EEUU. A través de la misma se imponen unos estándares de inocuidad supremamente exigentes a los productos agrícolas que ingresan a su territorio y extrema los controles preventivos para los alimentos de consumo humano. Además, se prevé que dicha Ley tendrá unas 50 regulaciones, de las cuales hasta el momento sólo se han expedido 4, las cuales están en proceso de consulta. Es bien sabido que estas restricciones sanitarias y fitosanitarias al comercio se convierten en la práctica en trabas para-arancelaria que obstruyen el libre acceso a sus mercados. Esta es la otra pata que le nace al cojo.
EL Ministro de agricultura Juan Camilo Restrepo solicitó recientemente a las autoridades norteamericanas, no imponer “talanqueras injustificadas” a las exportaciones nacionales de carne y lácteos. Le faltó rogar también por las frutas, hortalizas y pescados. Es bien sabido que ad portas de la firma del TLC, ante la renuencia de los gremios del sector agropecuario a acogerse a los términos de la negociación del mismo por considerar que era lesivo para el mismo, el Gobierno se comprometió en unas ayudas tendientes a apoyar a agricultores y ganaderos. Así nació el programa Agro Ingreso Seguro (AIS), el cual se tornó en el hijo bastardo del TLC merced a los escándolos que rodearon la asignación de sus recursos. Se trataba de esta manera de evitar que fueran arrasados por la apertura a los excedentes agrícolas y pecuarios estadounidenses, los cuales gozan de generosas ayudas y subsidios, los cuales se negaron a desmontar y que ahora buscan reforzar. Con tal fin cursa en el Congreso estadounidense un proyecto mediante el cual se destinarían con este propósito US $960.000 millones para los próximos 5 años (2014 – 2018); de esta manera los recursos de la Ley Farm Bill, según el secretario de Agricultura de EEUU Tom Vilsack, pasarían de US $50.000 millones anuales a la friolera de US $190.000 millones. Mientras tanto, los negociadores colombianos del TLC, de culiprontos, se apresuraron a desmontar las salvaguardas del sector agrícola y pecuario, tales como la el Sistema Andino de Franjas de Precios (SAFP), una normativa de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) con efecto vinculante para el país. 
LAS UVAS ESTÁN VERDES
Tenía toda la razón el ex ministro de Comercio Jorge Humberto Botero cuando advirtió en su debido momento, refiriéndose al TLC con EEUU, que “el acuerdo con EEUU abre oportunidades, pero no las asegura”. Bien ha dicho, una y otra vez, el experto Manuel José Cárdenas que “los tratados de libre comercio generan oportunidades de negocios, pero no los negocios… De nada nos servirá abrir mercados sino tenemos que exportar”. En ello coincide con el consultor Jorge Alberto Vásquez: “una cosa son los acuerdos comerciales y otra la posibilidad de aprovecharlos: Firmamos acuerdos, pero no contamos con producción para exportar, ni la generamos”. 
Como lo asegura el más reciente Informe del Consejo Privado de Competitividad, “el país sigue teniendo una canasta exportadora poco diversificada y de bajo nivel de sofisticación, al igual que la tenía hace 20 años, con el agravante de que se viene experimentando un boom minero-energético que viene deteriorando aún más los niveles de diversificación y sofisticación del aparato productivo…El país sigue produciendo lo mismo y de la misma manera como se hacía hace décadas”. A ello se viene a sumar la falta de competitividad de la producción nacional y aún más de las exportaciones por una combinación de factores entre los cuales se destacan la sobrevaluación de la tasa de cambio y la baja productividad.  
En cuanto a la tasa de cambio el Observatorio Económico, Financiero y Empresarial de la Escuela de Economía de la Universidad sergio Arboleda hizo un ejercicio interesante, para tratar de establecer el impacto de la revaluación en la competitividad del sector real de la economía. El mismo concluyó que “las empresas colombianas de los sectores transables (industria y agricultura) hubieran tenido que lograr incrementos en su productividad del 6% por año (¡!) para asimilar el efecto de la apreciación real del peso en los últimos cuatro años”. Y ello es imposible, dado que, según el Documento CONPES que sirvió de base al Plan de Impulso a la Producción y al Empleo (PIPE) la contribución sel sector industrial a la productividad total escasamente llega al 0.1%. Pudo establecer, además, el Observatorio que “mientras en el 2009 cada punto de apreciación real le quitaba un punto al crecimiento a la industria y al agro, para el 2012 ya son cinco y siete puntos de crecimiento que pierden los sectores transables por cada punto de apreciación real (a causa y en beneficio del boom minero – energético)”. Un claro ejemplo del aserto anterior es el caso de PROPAL, que acaba de despedir  450  trabajadores el mes  pasado, dado que la  revaluacion  hace que sea  mucho  mas economico  importar papel canadiense y chino que comprar el de  Propal.  
De ese tamaño es el daño que le está causando al resto de la economía la enfermedad holandesa, cuyo virus fue inoculado desde los años 90 y desde entonces no ha hecho más que mutar y ahora exacerbado por el recalentamiento de la locomotora minero – energética. Y hablando de productividad, la brecha entre los produtores nacionales en las distintas ramas con respecto a los productores estadounidenses es como para sentarse a llorar. No hay punto de comparación, estamos hablando de una productividad laboral relativa promedio del 23.8% con respecto a la de los EEUU, siendo los sectores agropecuario y el manufacturero  los más rezagados. Dicho de otra manera, aquello que le toma a los EEUU una hora en producirlo Colombia tarda cuatro horas!
Fuente: DANE, BEA y OIT
Pero, no es sólo la tasa de cambio la que afecta la competitividad, hay otros factores que afectan aún más la productividad y por ende a la competitividad, tales como el atraso de años en infraestructura y liogística. Incluso, según la ANDI, hay más empresas que se están viendo afectadas por la baja demanda y la falta de competencia en el mercado que por la tasa de cambio. De acuerdo con Doing Business, en Colombia es más costoso exportar e importar que en EEUU, América Latina y los países de la OECD, lo cual pone de manifiesto el atraso que acusa especialmente su infraestrutura y logística; ello es muy preocupante, sobre todo cuando se equipara con aquellos países con los cuales EEUU ha suscrito acuerdos de libre comercio similares al que suscribió con Colombia. Los costos en que incurre un exportador colombiano supera con creces aquellos en los que incurren sus homólogos en los 19 países con los cuales tiene EEUU TLC vigentes. Para ser más precisos, digamos que exportar desde Colombia es 4 veces más costoso y 3 veces más lento que hacerlo desde Singapur, país este que ocupa el primer lugar en el ranking de competitividad en comercio transfronterizo. 
Y lo más grave es que en lugar de mejorar Colombia empeora en este frente que es tan vital, “de acuerdo con los últimos resultados del Anuario Mundial de Competitividad que elabora el Institute for Management Development (IMD), Colombia continuó su caída al pasar del puesto 46 en 2011 al puesto 52 en 2012, entre 59 países. Lo mismo ocurrió con los resultados del Indicador Global de Competitividad del World Economic Forum (WEF), que indican un retroceso del país de la posición 68 en 2011 a la posición 69 en 2012, entre 144 países, alejándose, por tanto, de la meta de ser uno de los países más competitivos de la región”. Y ello ocurre porque el Estado no ha tomado conseriedad el compromiso de llevar a la práctica la Agenda Interna para la Productividad y Competitividad (AIPC), que sigue en los anaqueles oficiales. A ello se refiere el Consejo Privado de Competitividad, cuando advierte que “con o sin tratado con EEUU, si no hacíamos la tarea de arreglar la casa por dentro, no podríamos aprovechar el libre comercio”. Así de claro!
LAS VICEVERSAS DE LA IED
Otro de los beneficios atribuidos a los TLC por parte de sus apologistas es la mayor afluencia de inversión extranjera directa (IED) al país. Veamos cuál ha sido la real realidad. Lo primero que tenemos que decir es que en la última década América Latina se constituyó en el gran polo de atracción de la IED, orientada fundamentalmente a la extracción minera y a la explotación de hidrocarburos, estimulada por la expansión de los mercados de materias primas y la espiral alcista de sus precios. Aunque ha tenido sus altibajos, la tendencia de la IED ha sido de un incremento sostenido, aunque con una caida durante los años 2009 y 2010 debido al coletazo de la Gran crisis de la economía global originada en la crisis hipotecaria de los EEUU. En el año 2011 retomó la senda de su crecimiento hasta alcanzar el record en el 2012 con US 15.823 millones. 
Al cierre de 2012, según cifras de la CEPAL, la IED alcanzó su record en la región con US $173.361 millones, después de Perú y Chile Colombia fue el tercer mayor receptor, entre tanto en México, con NAFTA y todo, cayó el 35%. No obstante, en el último año ha bajado ostensiblemente el rítmo de crecimiento de la IED en Colombia; después de crecer casi el 100% entre 2010 y 2011, entre este y el 2012 el crecimiento fue muy discreto, de sólo el 17.8%. En cuanto a la IED proveniente de los EEUU, dicha inversión - sin incluir las inversiones en petróleo – pasó de US $400 millones en 2010 a US $507 millones en 2011 para caer posteriormente a US $472 millones en 2012. Esta tendencia se mantiene en el 2013, al corte del 27 de marzo ingresaron al país inversiones directas del orden de los US $3.837.2 millones, suma inferior a los US $4.210.2 millones correspondientes al acumulado el 31 de marzo de 2012, 8.85% menor. La IED que creció a dos dígitos en el primer trimestre del año pasado, este año lo hace a un solo dígito. 

Fuente: B de la R
El grueso de estas inversiones ha tenido como destino la actividad extractiva, sin que para ello se haya requerido incentivo alguno distinto que las fuerzas del mercado. Así como fueron innecesarias las gabelas que se le prodigaron al gran capital, so pretexto de estimular sus inversiones en el sector, curiosamente justo en el primer año de vigencia el TLC con EEUU se frena, básicamente debido a que el auge inusitado del sector minero – energético ha entrado en su cuarto menguante. Prueba de ello es que, como lo destaca el analista Luis Acevedo, “hubo una desaceleración de la llegada de flujos para el sector minero – energético, tanto a sí que en este período (I trimestre de 2013) este rubro sólo contribuyó con un 0.6% al crecimiento de la IED, mientras que en el mismo trimestre este sector aportó a la inversión foránea un 74%”. Entre enero y abril de este año la IED en hidrocarburos y minería bajó 2% con respecto al mismo período del año anterior. Ya se ha vuelto un lugar común hablar de la “resaca” tras el boom de las materias primas, el mismo que le sirvió a los países de América Latina para amortiguar el coletazo de los crisis externa. Nos estamos quedando en el peor de los mundos, como afirma el Director de Portafolio Ricardo Ávila, “sin el impulso de las mayores ventas de productos básicos y con una base productiva disminuida”, a consecuencia de la afectación de la industria y la agricultura, ambas en proceso de marchitamiento.

        


Y hablando de la afluencia de capitales al país se suele pasar por alto que este es un fenómeno de doble vía, porque al tiempo que se invierten en el país buena parte de los mismos repatrian después a sus casas matrices y la mayor parte de las utilidades obtenidas en el país van a recalar a esos mismos países. De acuerdo con los registros del Banco de la República al tiempo que se invirtieron en 2012 US $16.385 millones, el neto correspondiente a la remesa de utilidades fue de US $16.682, es decir que, como dicen los paisas, salió lo comido por lo servido. 

EL COSTO FISCAL DE LOS TLC
Otra arista de la problemática que plantean los acuerdos y tratados comerciales es el costo fiscal de los mismos, a consecuencia de los menores recaudos por concepto de aranceles, ya que estos se eliminan, en algunos casos en forma inmediata y en otros de manera gradual y progresiva. Según las cifras que maneja la Cámara de Comercio Colombo – Americana, los exportadores de los EEUU le pagan a Colombia US $22 cada segundo por concepto de aranceles, unos US $2 millones diarios. Pues bien, esto mismo es lo que deja de recaudar desde el momento mismo en que entró en vigor el TLC con la potencia del Norte. 
Cuando estábamos en el filo de la discusión sobre el TLC que se negociaba con EEUU advertíamos sobre el costo fiscal en que iba a incurrir el país por cuenta del mismo, lo cual iba a agudizar el déficit fiscal crónico que acusa la economía colombiana. Recordamos, además, lo que había pasado con la apertura atolondrada de 1991, cuando fue menester arbitrar los recursos para tapar el hueco fiscal causado por la desgravación arancelaria mediante una reforma tributaria. El entonces Director del DNP Santiago Montenegro juró y perjuró que “el TLC no empeora el tema fiscal. ..el acuerdo comercial mejorará las cuentas fiscales….El TLC mejora, no empeora las cuentas fiscales”. Luego lo secundaría Hernando José Gómez, Jefe del equipo negociador de dicho tratado por parte de Colombia. El, aunque reconocía que al eliminar los aranceles por importaciones el fisco dejaría de recibir US$330 millones anuales, conceptuó que “los menores ingresos no significan la necesidad de nuevos impuestos, puesto que el impacto del TLC será tan grande sobre la actividad económica que generará más trabajo, que implicará más consumo, más producción, pago de más IVA, retención en la fuente, renta”. Las aulagas fiscales serán mayores, habida consideración de la decisión que tomó el Gobierno Nacional mediante los decretos 4114 y 4115 de finales de 2010 de rebajar unilateralmente el arancel nominal del país de un promedio del 12.2% al 8.3%. Con sobrada razón la revista Forbes describió a Colombia recientemente como “nuevo paraiso del libre comercio”. 
ANIF por su parte estimó que “cuando quiera que entre a regir el TLC con los EEUU, ello representara un sacrificio fiscal del orden de los $645.000 millones en el primer ano, cifra equivalente al 0.2% del PIB, segun las propias cifras del Marco Fiscal de Mediano Plazo presentado (!Oh paradoja!) en el año 2006". Según las conclusiones a las que arribó un estudio de Planeación Nacional, “si la inversión en la economía colombiana creciera 10% o más (en términos reales) como resultado del acuerdo, el TLC se pagaría a sí mismo fiscalmente”. El DNP fue más lejos al considerar que “los ingresos tributarios se incrementarían entre 0.6% y 0.8% del PIB” por cuenta del TLC con los EEUU.  Pero, ya veremos cómo la realidad se aleja a leguas de este escenario hipotético. 
Pues bien, los recaudos por concepto de aranceles se resintieron y en el 2012 el recaudó bajó US $683.000 millones con respecto a 2011 y en los primeros cuatro meses de este año se captó $1 billón, $200 millardos menos que en igual período de 2012. El Presidente de ANALDEX Javier Díaz dio un parte de tranquilidad al señalar que “en relación con el costo fiscal de los TLC, me parece que la disminución de los ingresos fiscales por la eliminación de los aranceles se ve compensada por los mayores ingresos derivados del pago  del IVA asociado a las mayores importaciones”. Pero, la realidad es bien distinta y no respalda la afirmación de Javier Díaz. En el 2012 el recaudo por concepto de IVA externo apenas sí subió $482 millardos con respecto a 211, al pasar de  $12.500 millardos a $12.982 millardos, restarían más de $200 millardos para compensar el menor recaudo por concepto de aranceles. 
Y este desfase continúa en el presente año, ya que en los primeros cuatro meses de 2013 sólo se recaudó por concepto de IVA externo $3.1 billones, $100 millardos menos que en igual período de 2012. Es decir, que las cuentas no cuadran, allí sigue el hueco fiscal, que a la postre habrá de repercutir en mayores tributos para tratarlo de tapar. Si a este efecto sobre las finanzas públicas le sumamos la reducción del superávit de la Balanza comercial, repercutirá más temprano que tarde en la necesidad de un mayor endeudamiento como única forma de financiar el creciente déficit de la Cuenta corriente de la Balanza de pagos. La situación es tanto más preocupante si tenemos en cuanta que el superávit cambiario atribuible al sector de minas  e hidrocarburos casi no alcanza a absorber el déficit comercial del sel sector manufacturero. De ese tamaño es la crisis a la cual estamos abocados, vamos hacia el despeñadero con los ojos abiertos y parece que no nos damos cuenta. 
ALGUNAS REFLEXIONES
Es claro que el país se embarcó en los TLC sin preparación alguna y las consecuencias están a la vista; tanto que se ha cantaleteado por parte de analistas y expertos que lo que ellos ofrecen son sólo oportunidades y que para que estan se puedan aprovechar hay que estar preparados y seguimos en las mismas. Ya lo sabíamos, como lo afirma Marco llinás, Vicepresidente del Consejo Privado de Competitividad, “con o sin tratado con EEUU, si no hacíamos la tarea de arreglar la casa por dentro, no podríamos aprovechar el libre comercio”. La Agenda Interna para la Productividad y la Competitividad (AIPC) no se puede seguir aplazando por más tiempo si se pretende lograr la inserción exitosa de la economía nacional en la corrientes de comercio de la economía global. 
Como dijo a su paso por Bogotá, el Editor de The Economist para América Latina Michael Reid, Colombia “tiene que superar un gran rezago para alcanzar su potencial: la infraestructura…La columna vertebral de los países emergentes que mejores tasas de crecimiento tienen en el mundo han sido, en su gran mayoría, inversiones sólidas en carreteras, escuelas, aeropuertos, puertos, canales de acceso que conecten con mayor facilidad a todos los eslabones de la cadena productiva…El gobierno tiene gente aparentemente capaz, tiene buenos proyectos, hay bancos y empresas interesadas en financiarlos, eppure, non si muove”. Más claro no canta un gallo!
En segundo término, hay que partir de la premisa que “el crecimiento económico es un resultado endógeno del sistema económico y no el resultado de fuerzas externas” (Romer & Lucas, 1994); la teoría de las exportaciones como motor del crecimiento está revaluada. Es obvio de toda obviedad que no es dable esperar que crezcan las exportaciones del país y al mismo tiempo registrar la pérdida de participación en el PIB de los sectores manufacturero y agropecuario, con el agravante de que no sólo no crecen debido a su raquitismo, sino que, como ha pasado con la industria que lleva ya un año en terreno negativo. Esta es una de las verdades de perogrullo: no se le puede pedir peras al olmo. Según los datos de la Muestra Mensual Manufacturera del DANE entre abril de 2012 y marzo de 2013 la industria retrocedió 1.9%; sólo 13 de los 48 renglones considerados continúan en terreno positivo y de estos 4 mantienen crecimientos por debajo del 1%.  Para que estos sectores salgan del letargo no bastan los paños de agua tibia, los emplastos que, como el PIPE, no pasan de ser lenitivos, que sólo sirven para prolongar la agonía. El problema es estructural y las medidas a tomar para reactivar la economía deben tener ese mismo carácter. 
Como lo afirma el ex ministro de Hacienda Rudolf Hommes, refiriéndose al paquete de medidas cortoplacistas del PIPE, “las medidas anunciadas pueden aliviar problemas como el de la revaluación o el del costo del crédito, pero no es un plan de transformación estructural ni de impulso del sector industrial. Este y el agropecuario seguirán perdiendo participación en el producto y el empleo, dando lugar a un auge inusitado del ramo servicios y del empleo informal”. Bien ha dicho el analista Ricardo Chica: “ningún país se ha desarrollado sin industrializarse y ningún país se ha industrializado sin una política industrial activa…Existe abundante evidencia histórica y econométrica en el sentido que no da lo mismo - en términos de externalidades para la economía – exportar bienes primarios que integrarse a las cadenas globales de valor y a los sistemas de producción internacionalmente integrados”.
Como lo sugiere el más reciente Informe del Consejo Privado de Competitividad, “la reciente literatura de desarrollo y la evidencia empírica sugieren que son los países que se adentran en procesos de cambio estructural, o de transformación productiva –es decir, que están constantemente cambiando la fisonomía de sus aparatos productivos– los que logran tener mayores niveles de crecimiento sostenidos en el tiempo”. Y su Vicepresidente Marco Llinás es categórico al afirmar que Los países con mayor diversificación del aparato productivo son los que más crecen y en eso Colombia tiene aún un espacio para trabajar. La logística…no sirve de nada tener buena infraestructura si no se hace buen uso de ella”. Y para terminar, digamos con el Consejo Privado de Competitividad que “infortunadamente, la teoría y la evidencia empírica sugieren que este proceso de sofisticar lo que se produce y de pasar a producir nuevos bienes y servicios –o de transformación productiva– no se da de forma espontánea, en la medida en que existen numerosas distorsiones y cuellos de botella que lo limitan”. Ojalá las autoridades económicas tomen nota de estas observaciones, así muchas de ellas se salgan del cartabón del fracasado y desprestigiado modelo económico neoliberal. Lo demás es pura y simple contumasia. 

Bogotá, mayo 23 de 2013
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GANADORES Y PERDEDORES

Las perspectivas de la economía global y de la latinoamericana en particular dependerán en gran medida del curso que tome la estrepitosa caída de los precios del crudo, los cuales perdieron más del 50% en el segundo semestre del año anterior, situándose a niveles que no se veían desde 2009. En ello ha incidido la confluencia de varios factores, destacándose entre ellos la ralentización del crecimiento de la economía global, que ha llevado al FMI a revisar a la baja sus proyecciones y a relajar la demanda de crudo, la sobreoferta  de más de 2 millones de barriles/día y la consiguiente acumulación de inventarios, así como la distensión en el conflictivo Medio Oriente. La caída del precio, que llegó para quedarse por un largo rato, se aceleró en los dos últimos meses luego de la frustración que significó para países como Venezuela el fallido intento en la Cumbre de la Organización de países exportadores de petróleo (OPEP) del 27 de noviembre de recortar los volúmenes de producción de crudo para tratar de frenar el vertiginoso descenso de los precios. 

Tanto la OPEP como la Agencia Internacional de Energía (AIE) coinciden en sus previsiones para este año con respecto a la perspectiva del mercado petrolero: mientras la OPEP rectificó su pronóstico de un incremento de la demanda para este año de 1.19 millones de barriles/día a 1.12 millones, la AIE redujo sus proyecciones en 230 mil barriles/día, hasta alcanzar los 93.3 millones de barriles/día. En concepto de la AIE este bajonazo en el precio del crudo no ha estimulado mayormente la demanda mundial de este commoditie. 

Si bien es cierto que los precios bajos le restan rentabilidad al negocio petrolero y desestimulan las nuevas inversiones en la industria, tornándola más selectiva y exigente en materia de costos, los eventuales recortes en los planes de las mismas, como lo advierte la AIE, “afectará la oferta, pero no ahora” . Y ello se explica porque “el proceso inicial de los proyectos de petróleo es tan largo que los cambios en los precios se demoran en afectar la oferta” . 

No hay duda de que la mayoría de los nuevos emprendimientos continuarán su curso, aún aquellos correspondientes a yacimientos no convencionales. Aunque se intente neutralizar la producción incremental proveniente de los esquistos en los EEUU a través de una guerra de precios no declarada, tal es el caso de la práctica de dumping por parte de Arabia Saudita , todo será en vano. Estamos hablando de 4 millones netos de barriles/día de producción adicional incorporados a la oferta por parte de EEUU en los últimos cinco años, equivalentes al 60% de la producción total de Venezuela, aproximadamente el 40% de la producción de Rusia y más de un 30% de la producción de Irak (¡!). La verdad sea dicha, el precio sigue sin tocar fondo porque los fundamentales del mercado imponen su ley; al fin y al cabo, como nos lo recuerda The economist, las nuevas tecnologías de fracking son cada vez más eficientes y de más bajo costo, al punto que el costo marginal de extracción de un barril de crudo en yacimientos no convencionales en EEUU se mueve en el rango entre US $50 y US $60.

Para el Fondo Monetario Internacional (FMI), la caída de los precios del crudo, puede servir de galvanizador de la economía global, “vemos esto como una inyección de energía para la economía”  afirmaron Olivier Blanchard, Economista Jefe del FMI y Rabah Arezki, Jefe del Equipo investigador de materias primas. El impulso de la rebaja en la cotización del crudo, según el FMI, le puede significar a la economía global entre 0.3 y 0.7 puntos porcentuales de mayor crecimiento del PIB; a China particularmente le puede representar entre 0.4 y 0.7 puntos porcentuales. Para los mayores importadores de crudo (Japón, Italia y Alemania), según cálculos del FMI el menor precio puede sumar casi un punto porcentual al PIB de sus economías. Christine Lagarde, Directora Gerente del FMI, ha sido enfática al afirmar que “habrá ganadores y perdedores, pero en términos netos son buenas noticias para la economía global” . 

Claro que el impacto es diferente de país a país, según se trate de productores o no productores; este es un juego de suma cero, unos ganan lo que otros pierden. Estos últimos reciben un beneficio tangible y concreto, que según cálculos se cifraba en un trillón de dólares cuando el precio había caído desde los US $115 el barril a mediados de junio hasta los US $85 el barril.  Como lo asegura el reputado analista Moisés Naím, para los estadounidenses “la caída del precio del crudo es equivalente a un recorte (o devolución) de impuestos de US $110.000 millones” . De acuerdo con cifras de la consultora IHS Global Indight, la familia promedio de EEUU debería tener US $750 adicionales este año, en comparación con el año anterior, si los precios se mantienen. Y eso significa más dinero en sus bolsillos, por cuenta de lo que se ahorran en el gasto en combustibles para sus automotores. Según el mismo Naím, en el caso de China, por cada dólar que disminuye el precio es un ahorro por valor de US $2.100 millones” .  

En la otra cara de la moneda encontramos a Venezuela, en donde por cada dólar que cae el precio del petróleo, que constituye el 96% de sus exportaciones, se dejan de recibir US $700 millones; por diferencia de precios entre enero, cuando vendió su crudo a US $96.14 el barril y el 4 de diciembre, cuando lo vendió a US $68, dejó de percibir unos US $19.600 millones, equivalente al monto total de sus reservas internacionales. Colombia, por su parte, ve reducidos sus ingresos en $424 millardos por cada dólar que baja dicho precio  y hasta la fecha el precio ha caído US$58.77, desde los US $115.19  al que se cotizó el petróleo Brent el 16 de junio del año pasado al US $56.42 al que se cotizó el día de hoy. En cuanto al crecimiento del PIB después que las economías de los países latinoamericanos venía creciendo a un ritmo muy superior al promedio de la economía mundial, ahora según las Perspectivas de la economía mundial del FMI, mientras se pronostica un mayor crecimiento de la economía global, apostándole a un 3.8%, se revisó a la baja el crecimiento de la economía regional, que ahora se proyecta a un anémico 2.2%. Ello sólo le explica la reprimarización en la que recayó la economía latinoamericana en la última década . 

Dijo alguna vez el ex presidente de EEUU John F. Kennedy que cuando la marea sube levanta todos los botes y eso fue lo que pasó durante toda una década que duró el ciclo de precios altos de todos los commodities, incluido el petróleo. Y, como lo afirma Win Thin, Director global de estrategia de mercados emergentes en el Banco privado Brown Brothers Harriman & Co, utilizando este símil, “los altos precios del petróleo ayudaron a muchos países a tapar sus problemas y ahora la marea está bajando y exponiendo los problemas” . Del grado de dependencia con respecto a la producción y las exportaciones del crudo y de la resiliencia de la economía de cada país dependerá qué tan nefastos serán los efectos de la destorcida de los precios del crudo.

 

Riohacha, enero 5 de 2015

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EL COLETAZO DE LA BAJA DE PRECIOS

Nadie se imaginó que después de alcanzar los precios del crudo su pico con cotizaciones de US $107.95 el barril el WTI y US $115.19 el Brent el 16 de junio de 2014, siete meses después se desplomaran hasta romper la barrera de los US $50 el barril, acumulando una caída del 55%. La sobreoferta de crudo y la debilitada demanda, por cuenta de la desaceleración del crecimiento de la economía global, nos lleva a presentir que esta tendencia se mantendrá por lo menos hasta mediados de 2015. 

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EL REFLUJO DEL CAPITAL

Los tiempos han cambiado mucho, desde aquellos en los que los capitales afluían hacia los países emergentes atraídos por el largo ciclo de precios altos de los commodities, el cual se prolongó por casi diez años (2003 – 2011) y también los capitales golondrinas se posaban en ellos, influenciados por la política monetaria expansiva de la Reserva Federal de los EEUU (FED).

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