Jun 27, 2019 Last Updated 1:08 PM, Dec 15, 2018

LAS CASANDRAS

A raíz del empantanamiento de la ratificación del TLC suscrito entre Colombia y los Estados Unidos en el Congreso de este último, abundan los agoreros del desastre, para quienes su no aprobación le acarrearía al país inenarrables desgracias. Empezando porque, según sus presagios, las exportaciones colombianas se vendrían al traste, dado que los EEUU es hoy por hoy nuestro principal mercado externo

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¡UN SALTO ADELANTE!

Según el último reporte del Anuario de competitividad 2008 de la escuela suiza de negocios IMD, Colombia descendió tres escalones en el ranking con respecto a 2007, al pasar del puesto 38 al 41 entre 55 países, por debajo de Chile y Perú, los cuales se situaron en el 26º y 35º respectivamente. Y no es propiamente porque esté retrocediendo, sino por que se ha ido rezagando con respecto a los demás países, que no nos van a esperar.

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DE PATITO FEO

Uno de los temas más controvertidos en el transcurso de la negociación del TLC de Colombia con los EEUU fue el atinente al capítulo de la propiedad intelectual y sobre todo en lo relativo a la protección de datos de las patentes de los medicamentos. Colombia en este aspecto empezó cediendo antes de sentarse a negociar, a contrapelo de los principios más elementales de la negociación, otorgar sin nada a cambio.

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EL COLETAZO DE LA CRÍSIS

LA GLOBALIZACIÓN DE LA CRÍSIS

El Presidente Bush hacía alarde en el sentido que terminada la guerra fría, la misma que ahora empieza a calentarse de nuevo, “los EEUU son el único modelo superviviente del progreso humano"; pero, de repente resulta que su “imbatible” modelo empieza a crujir bajo sus pies.

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EL GRADO INVERSIONISTA

“Después de 12 años de estar buscando el grado de inversión, la firma Standard and Poor’s nos acaba de otorgar el grado de inversión”, con estas palabras recibió el Presidente Santos el anuncio el pasado 16 de marzo por parte de la calificadora de riesgo en tal sentido. Interpretó, además, esta decisión como un “certificado de buena conducta” refiriéndose al desempeño de la economía nacional. Ya a mediados del año pasado esta misma firma había anticipado la mejora de la perspectiva de la deuda soberana de Colombia de estable a positiva, como antesala del otorgamiento del grado de inversión a su deuda pública denominada en moneda extranjera. Esta pasó ahora  de BB+ a BBB-, el primer nivel dentro de la escala de grado de inversión y la de corto plazo de B a A-3, con lo cual se pone a la par con Brasil, Perú, Panamá y Costa Rica  y a un solo escalón de la de Chile, los cuales ya hacen parte de este exclusivo club .Colombia, entonces, recobra esta calificación después de haberla perdido en septiembre de 1999, en medio de la más profunda crisis económica en los últimos cincuenta años, la cual le significó al país una caída estrepitosa del crecimiento del PIB del - 4.3%.

Alcanzar este objetivo se convirtió en la obsesión del anterior Gobierno y por ello no alcanzarlo se constituyó para el mismo en una de sus mayores frustraciones. Ocho años fueron insuficientes para lograr dicho cometido por la administración anterior y cuando sólo han transcurridos ocho meses de la administración Santos se cristaliza este anhelo largamente aplazado de las autoridades económicas. Ello tomó por sorpresa hasta a los propios analistas colombianos, los cuales coincidían en que era inminente la obtención del grado de inversión, pero que ello no se daría antes del segundo semestre de este año; en ello coincidían con los voceros del Gobierno. Por ello, se ha considerado que tal decisión por parte de una de las calificadoras de riesgo más importantes del mundo, constituye un voto de confianza a la economía pero por sobre todo a la política del actual Gobierno. Hasta ahora no ha habido cambios sustanciales en los fundamentales de la economía que lo justificaran, habida cuenta que el manojo de proyectos de ley que buscan sacar avante las reformas estructurales de orden fiscal y tributario del Gobierno sigue aún atascada en su trámite en el Congreso de la República. Otras dos firmas calificadoras, Moody’s y Fitch Ratings, siguen a la expectativa del curso que tome la economía antes de subirle la nota.

Como lo sostuvo el economista Joydeep Mukherji, analista principal de la calificadora Standard and Poor’s para Colombia, “una calificación mira muchos aspectos, desde los económicos hasta los de seguridad y los políticos. Pero, el grado de inversión no implica que Colombia no tenga problemas, pues, de hecho, está en el nivel más bajo de esa categoría (BBB)”. En nuestro concepto, además de la mayor resilencia que mostró la economía colombiana igual que la latinoamericana, gracias al boom de las materias primas, frente a los embates de la crisis global y la crisis comercial con los países vecinos, el otro factor que primó a la hora de tomar esta decisión por parte de la Standard and Poor’s fue el fuerte mensaje del Presidente Santos en el sentido de volver por los fueros de la institucionalidad perdida en los ocho años anteriores. 

Cabe preguntarse cuál es el significado y el alcance de haber recuperado el grado de inversión perdido para la economía colombiana. No han faltado quienes han querido magnificarlos, aduciendo que ello “le permitirá a la economía dirigirse hacia un mayor desarrollo y crecimiento”. El mismo Ministro de Hacienda Juan Carlos Echeverry, en medio de la euforia provocada por el inesperado anuncio, se apresuró a afirmar que ello “hace pensar que la economía nacional pueda crecer este año en un 6%”, cuando la realidad es que para lograrlo se necesita mucho más que eso.  En esencia, la calificación por parte de estas firmas, por lo demás muy desacreditadas luego de su fiasco en la Gran crisis global, sólo expresan su opinión sobre la capacidad y voluntad de un deudor, en este caso el Estado, para honrar sus obligaciones financieras con sus acreedores en tiempo, modo y lugar. Ellas al fin y al cabo actúan como las cancerberas de estos. Nada más, pero tampoco nada menos!

La verdad sea dicha, como lo afirma la revista Dinero “en el mundo de hoy, el Grado de Inversión es un estándar para quienes aspiran a mantenerse en la mira de los inversionistas internacionales.  Es más, “el grado de calificación determina el costo del financiamiento del gobierno…El costo del capital en países con Grado de Inversión es menor y esto se constituye en una variable crítica para las empresas que necesitan competir con rivales extranjeros”. Por ello, tiene razón el Presidente Santos cuando acota que “a partir de este momento va a ser más barato acceder al crédito (para la Nación y empresas), y eso tiene un impacto muy positivo en la economía, en la generación de empleo, en la competitividad del país”. Ello es tanto más cierto habida consideración de que, gracias a esta calificación muchas empresas, fondos de pensionados e instituciones públicas, entre otras entidades, que antes les estaba vedado hacerlo, podrán desde ahora invertir sus recursos en Colombia, lo cual, a su vez, le reduce al país el costo del capital.

Pero, claro, no todo es miel sobre hojuelas con el grado de inversión. Además de que le impone al país un mayor rigor y una mayor disciplina en el manejo de la política fiscal, para no exponerse a perderlo nuevamente, tiene sus costos colaterales. En efecto, como lo señala Daniel Niño, Director de Investigaciones Económicas del Grupo Bancolombia, “la mayor confianza que ahora tienen los inversionistas en el país podría aumentar la inversión extranjera de portafolio y eso quiere decir que entrarían más dólares que podrían presionar hacia una mayor revaluación del peso”, agravando el fenómeno, larvado aún, de la enfermedad holandesa. Ello se convierte en un reto para el Banco de la República (B de la R) y para las autoridades económicas, toda vez que deberán implementar medidas tendientes a conjurarla. 

Como lo advierte Felipe Janica, socio especialista en normas internacionales de información financiera (IFRS) de Ernst & Young Colombia, “es posible que si no se controla la llegada de capitales, se dispare la revaluación del peso, por eso es indispensable que la llegada de los inversionistas sea en lo posible de largo plazo y se debe evitar al máximo el arribo de capitales golondrinas porque eso podría provocar la enfermedad holandesa”. El B de la R reaccionó reajustando su tasa de interés interbancaria por segunda vez en menos de un mes elevándola hasta el 3.5%, lo cual hace mucho más atractivo seguir endeudándose en el exterior, lo que de paso presionaría aún más la tasa de cambio, amén de que ello se puede convertir en un freno de mano a la incipiente reactivación de la economía. Como lo sostiene el analista José Roberto Acosta, “el mayor costo del dinero y la mayor revaluación son los costos de la buena noticia”. Pero, a eso no nos podemos resignar, como lo advierte Janica “es conveniente que el Emisor no siga incrementando las tasas de interés y por el contrario las baje para desestimular el endeudamiento externo”.

Nada de esto cuenta para las calificadoras de riesgo, pues, como lo señala la analista Helena Villamizar, “las políticas merecedoras del ´grado de inversión´ no son precisamente las que garantizan el pleno empleo, la transformación de las estructuras productivas, la riqueza nacional”. Tampoco les importa mucho la mayor competitividad del país, ni el mayor crecimiento. De allí que la obsecación por alcanzar el grado de inversión de la deuda soberana del país puede conducir a lo que califica Dani Rodrik como la “perversión de la las prioridades”, al “subordinar los objetivos del desarrollo a la muy cuestionable apreciación de dichas calificadoras”. Por ello, la obtención del grado inversionista es un hecho positivo, pero no para echar las campanas al vuelo! 

Valledupar, marzo 25 de 2011
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EL DIABLO HACIENDO HOSTIAS

EL CONSENSO DE WASHINGTON HA MUERTO

El auditorio de la Universidad de Georgetown en Washington debe haber quedado anonadado con lo que escuchó de labios nada menos que del Director del FMI Dominique Strauss-Kahn, al referirse al defenestrado Consenso de Washington. Como es bien sabido este se identifica con la liberalización de las políticas económicas, por ello se le reconoce indistintamente con el epíteto del Neoliberalismo tan venido a menos merced a su rotundo fracaso. Las recetas del FMI siempre se inspiraron en dicha corriente del pensamiento económico, las cuales les fueron impuestas desde mediados de la década de los 80 a todos los países de Latinoamérica como si fuera un cartabón a través de las condicionalidades de sus créditos.

Pues, ahora, de buenas a primeras, nos sale el Director del denostado FMI en su discurso en este centro académico el pasado 4 de abril con que la misma “crisis financiera global” que “devastó la economía global y causó apuros incalculables y sufrimiento a lo largo del mundo” también se llevó de calle y “devastó los fundamentos económicos del orden económico global del último cuarto de siglo”. Cuál? Pues el Consenso de Washington, el mismo que para él “ya es historia”. Dicho de otra manera, con estas palabras le está expidiendo la partida de defunción al malhadado Consenso de Washington. Pero, es de advertir que no es el primero de su propia camada que lo hace, ya a finales del 2004 el mismísimo John Williamson, padre putativo del mismo, suscribió junto con Stiglitz, Krugman, Rodrik, Ocampo y Sachs la que se denominó Agenda del Desarrollo de Barcelona en la que se admitía el fracaso de su modelo. Se lee en dicha declaración, al hacer referencia a las nefastas reformas “estructurales” que prohijaron, que fueron “mediocres los resultados de las reformas diseñadas para alcanzar un crecimiento económico sostenible en muchas regiones del mundo. La persistencia – y a menudo empeoramiento – de una distribución de la riqueza y de la renta altamente desigual en muchos países en desarrollo”. 
Y no es para menos, dado que uno de sus principales paradigmas, el sector exportador como motor de desarrollo, no se cumplió, pues mientras las exportaciones crecieron en la región a un ritmo de 7.8% entre 1990 y 2003, la tasa de crecimiento del PIB apenas si creció durante el mismo período en promedio del 2.6%. El mayor crecimiento de este se dio en el intervalo entre 1990 y 1997 con un promedio del 3.7%; ello contrasta con la tasa promedio de crecimiento del PIB entre 1950 – 1980 que fue del 5.5%, etapa ésta muy imbuida del pensamiento del entonces director de la Cepal Raúl Prebish. Y de contera, después de dos décadas de implementación de estas políticas fallidas Latinoamérica es considerada como la región con más profundas desigualdades del planeta. Particularmente Colombia ha sido duramente castigada por los altos niveles de desempleo y subempleo, amén de la precarización de las condiciones laborales. Ello sumado a la crisis fiscal condujo a lo que se conocería posteriormente como la década perdida para América Latina

KEYNES RESUCITA

Se anticiparon los suscriptores de la Agenda del Desarrollo de Barcelona a reivindicar tempranamente “las políticas macroeconómicas anticiclicas”, las cuales consideraron anticipadamente como “más eficientes y políticamente más viables”. A esta misma conclusión llegarían después los países integrantes del G – 8 y del G - 20, encabezados por EEUU, cuando se vieron en aprietos para sortear la Gran Crisis de 2008 – 2009, a cuyos jefes de estado les tocó por fuerza de las circunstancias abjurar a su credo neoliberal. Para Reagan el Estado no es la solución sino el problema y lo mismo espetó el Presidente Bush en la cumbre del G – 20 en Washington, aunque con otras palabras: “la solución nunca ha sido más gobierno”. Pero, después terminó dando su brazo a torcer aceptando a regañadientes que la solución a la Gran crisis pasaba por el Estado, a través de políticas fiscales proactivas de corte eminentemente keynesiano, las que tanto abominan los neoliberales. Sólo de esa manera podía salir la economía global del callejón sin salida hasta donde la había arrastrado la desregulación a ultranza.

Lo reconoce ahora el Director del FMI, “bajo el viejo paradigma, la política fiscal fue el niño descuidado de la familia política. Su papel fue limitado a los estabilizadores automáticos-dejar que los déficits se movieran hacia arriba y abajo con el ciclo- y la política discrecional era vista con gran sospecha. Pero la política fiscal tenía un momento de  una Bella Durmiente durante la crisis- con la política monetaria  sin vapor, y con el sistema financiero  en rodillas, la  herramienta olvidada llegó a impulsar la demanda agregada y salvar al mundo de  una caída libre de la economía. Necesitamos repensar la política fiscal”. Cabe preguntarse si las autoridades económicas en Colombia estarán repensando la política fiscal cuando impulsan iniciativas como la que propende por establecer la sostenibilidad fiscal como principio constitucional. Este esperpento jurídico lo hemos estimado contraproducente, además de ser contraria al espíritu de la Constitución vigente. Como lo advierte el profesor Jacques Sapir “a menos que se trabaje sobre la hipótesis de la omnisciencia, el recurso de la regla constitucional en economía no hace desaparecer el riesgo de una incertidumbre radical. Por el contrario, puede reforzar ese riesgo. En efecto, si no se organiza una vía de escape a través del reconocimiento de la legitimidad de la acción discrecional, surgida ella misma de un poder democrático, el recurso de la regla constitucional viene a crear una incertidumbre suplementaria sobre las consecuencias de las soluciones tipificadas en caso de crisis”.

Señala el Director del FMI que “el cocktail letal de desempleo prolongado y alta desigualdad puede producir tensión en la cohesión social y la estabilidad política, que a su vez afectan la estabilidad macroeconómica”. Es más, aunque con alguna tardanza considera él que “la desigualdad puede haber sido una de las causas silenciosas de la crisis”, para concluir que “necesitamos una nueva forma de globalización más justa, una globalización con una cara más humana. Los beneficios del crecimiento  deben ser  compartidos por todos, no justamente capturados por unos pocos privilegiados. Mientras el mercado debe estar en el centro de la escena, la mano invisible no debe ser el puño invisible”. Todo ello es plausible, sólo que se está dando este viraje en la orientación del FMI después de haberle infligido un gran daño a la economía global, pero muy especialmente a la economía latinoamericana. El Nobel de Economía Milton Friedman llegó a afirmar que “si no hubiera existido el FMI no habría ocurrido la crisis del Este de Asia”; podríamos parodiarlo diciendo que si el FMI no hubiera existido tampoco se habría dado la más reciente y devastadora crisis económica global.

Y remata el Director del Fondo haciendo profesión de fe keynesiana, lo que hubiera sido impensable hasta hace muy poco, pues las tesis de Keynes habían sido proscritas y anatemizadas por los dómines de la economía neoliberal por considerarlas anacrónicas y desacertadas. Esto dijo al finalizar su vibrante discurso: “el  desafío que enfrentamos hoy no es nuevo.  En 1933, John Maynard Keynes- uno de los padres fundadores del FMI- escribió lo siguiente: ‘El capitalismo internacional decadente pero individualista  en las manos  del cual nosotros nos encontramos después de la guerra  no es un éxito. No es inteligente ni hermoso. No es justo. No es virtuoso. Y no provee los bienes requeridos. En suma, no nos gusta, y estamos comenzando a despreciarlo.  Pero cuando  nos preocupamos de qué colocar en su lugar, nos sentimos perplejos’”. Bien dijo el Nobel de economía Joseph Stiglitz refiriéndose a la Gran crisis global que “esta crisis financiera es para el fundamentalismo de mercado lo que la caída del muro de Berlín para el comunismo”. Las palabras de Dominique Strauss-Kahn son, además de elocuentes, concluyentes sobre la suerte deparada al fundamentalismo neoliberal y a los ayatolas que aún se aferran al mismo con terquedad aragonesa, ya sea de manera abierta o agazapada. Ya estamos advertidos de su acto de contrición, falta ver qué tan sincero es su propósito de enmienda.

“Si yo me equivoco, lo reconozco y cambio de posición, y tú?”

Keynes

Bogotá, abril 16 de 2011
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EL TLC EN VAINA

Tras la cita del Presidente Santos con su homólogo de los EEUU Barack Obama el pasado 7 de abril todo era euforia en la cúpula del gobierno y entre los gremios empresariales que han venido haciendo fuerza por la esquiva ratificación del TLC suscrito con los EEUU hace ya casi 5 años por parte del Congreso estadounidense. Sus voceros lucían todos exultantes, pues, por fin se iba a destrabar su trámite, dada la expresa voluntad de republicanos y demócratas de votarlo favorablemente una vez fuera presentado a su consideración por parte de la administración. Se sostuvo por parte de algunos medios que "ahora sí habrá TLC. Por fin y al cabo de años de espera, todo indica que el nudo gordiano del TLC entre Colombia y EEUU ha quedado desenredado...Todo está cocinado para que el acuerdo empiece la recta final de la que ha sido una dura ruta".

Los presidentes habían quedado en hacer cada quien su trabajo, quedando en primera instancia el balón en manos del Presidente Santos, quien regresó al país con un cartapacio debajo del brazo con los pendientes a realizar como paso previo para que Obama se dispusiera a enviar el TLC ya suscrito para su ratificación al Congreso. Era claro, como ya lo habíamos advertido, que el listado de tareas que debe acometer el gobierno colombiano antes de que Obama se resolviera a presentar a consideración del Congreso dicha ratificación, son las mismas “acciones significativas adicionales” de las que ya había hablado Kirk anteriormente, no se había avanzado un ápice desde la posición en la que se ha atrincherado desde hacía rato el Presidente Obama. Del Plan de Acción del cual se ha venido hablando hacen parte reformas al Código laboral y al Código Penal, amén de medidas administrativas tendientes a brindarles efectiva protección a los trabajadores en sus derechos y en sus vidas. 

EL TLC EN VEREMOS

El Presidente Santos manifestó a los medios en víspera de su cita con el presidente Obama que él iba “ a ver si definitivamente podemos acordar una fecha para que este tratado sea presentado al Congreso”; pero no lo logró, todo se limitó a acordar el cronograma de la agenda a cumplir por parte de Colombia, dejando Obama abierta la suya. Pues bien, cuando el Gobierno colombiano creyó haber cumplido con su parte, nuevamente se vuelve a empantanar el trámite de ratificación del TLC, esta vez por cuenta de la desavenencia entre republicanos y demócratas. En efecto, la administración Obama hizo saber  a través de su Representante Comercial Ron Kirk que "no presentaremos los (tres tratados comerciales) sin un acuerdo sobre una robusta expansión del programa de Asistencia por Ajustes Comerciales (TAA por sus signas en ingles)”. Reiteró Kirk que "ese paso no se dará hasta que no tengamos progresos en la TAA". La razón? Como lo afirmó el propio Kirk, “nuestro compromiso con los trabajadores es tan importante como conseguir que avancen los TLC”, lo cual es entendible dada la gran ligazón existente entre el Partido Demócrata y los sindicatos estadounidenses, con los cuales mantienen una sólida alianza y no hay que perder de vista que Obama ya inició su campaña para seguir de inquilino en la Casa Blanca. 

Esta es otra pata que le sale al cojo, pues el TAA es clave para el partido de gobierno, máxime en vísperas de unos comicios en los que además de elegir el Presidente de los EEUU se renueva una tercera parte del Senado y se elige una nueva Cámara. Por ello, no es de extrañar que 162 representantes y  41 de los 51 senadores del Partido Demócrata le enviaron sendas cartas al Presidente Obama expresándoles su respaldo a la decisión tomada por este de no enviar los tratados al Congreso hasta tanto no haya un acuerdo al respecto, al tiempo que le solicitan extender el TAA por cinco años más, sobre la base ampliada del mismo aprobado en 2009. Por su parte el Presidente del Comité de Finanzas del Senado, el demócrata Max Baucus, fue enfático al referirse a los TLC y al TAA en el sentido que “deben moverse juntos como un paquete (…). De otra forma, nada pasará. Es todo o nada”. En cuanto a los republicanos, aunque los “oficialistas” de ese partido estarían inclinados a negociar un acuerdo en torno al TAA, hay un sector radical e intransigente, los miembros del “Tea Party”, que se opone a ello y con ellos hay que contar ya que poseen más de 60 votos en la Cámara, imprescindibles para alcanzar los 218 votos necesarios para la aprobación de los tratados. Ellos consideran al TAA como “la antítesis de su plataforma electoral, que es reducir el tamaño del Gobierno y el déficit fiscal”. 

Muchos republicanos, sobre todo el hoy Presidente de la Comisión de Medios y Arbitrios de la Cámara de representantes, el Representante Dave Camp, respaldaron la extensión y expansión del TAA, que data desde hace casi 50 años, en 2009 para incluir a los trabajadores del sector servicios como parte del paquete de estímulos contracíclico que por valor de US $787.000 millones aprobó el Congreso estadounidense para enfrentar la Gran crisis que se desató en 2008. Es de anotar que el año anterior más de 282.000 trabajadores en los EEUU se beneficiaron con el TAA. Pero, ahora hasta ellos titubean por considerar dicha expansión como un "nuevo gasto", toda vez que la apuesta del partido Republicano de cara a estas próximas elecciones es el freno al gasto público. Como lo afirma el Senador Orrin Hatch, vocero de los republicanos en la Comisión de Finanzas, “no tiene sentido en el actual ambiente de estrechez presupuestaria ligar a los pactos comerciales una expansión del TAA”. Recordemos que este fue el mismo obstáculo con el que tropezó Bush cuando intentó a la brava la ratificación del TLC con Colombia y la Pelosi, entonces Presidenta demócrata de la Cámara de Representantes, se le paró en la raya y le dijo en forma tajante que “mientras no exista una Ley de Ajuste Comercial robusta” no veía “ninguna posibilidad para el TLC con Colombia”. Y no hubo ratificación (¡!); tres años después estamos en el mismo punto!

LOBBY EN VANO

Así las cosas, de poco o nada sirve el llamado que le hicieran al Presidente Obama y a los congresistas 25 de los 50 gobernadores de los EEUU, urgiéndoles la ratificación de los tratados con Corea del Sur, Panamá y Colombia, hasta tanto demócratas y republicanos no lleguen a un entendimiento satisfactorio para la administración Obama en torno a la propuesta de un programa de TAA ampliado, como lo están demandando los sindicatos. De modo que los US $250.000 dólares que se ha gastado Proexport en lo corrido del año haciendo lobby para ganar adeptos en los EEUU a la ratificación del TLC, que se vienen a sumar a los ingentes recursos gastados en vano por la administración Uribe con el mismo fin, tampoco surtirán efecto alguno en tales circunstancias. 

Lo más complicado de todo este embrollo es que el proceso de ratificación del TLC con los EEUU se encuentra atascado, en un punto muerto, ni para adelante ni para atrás, situación que puede sintetizarse de la siguiente manera: los republicanos dicen que no aprueban el ATPDEA hasta tanto Obama no presente al Congreso los TLC de Corea del Sur, Panamá y Colombia y Obama dice que no los presentará hasta tanto no haya un acuerdo para la aprobación del TAA, el cual había quedado en lista de espera en las sesiones del Congreso en febrero junto con el ATPDEA. Así las cosas, Colombia está en el peor de los mundos, entre palos, no obtiene la ratificación del TLC y el APTDEA, a pesar del consenso entre demócratas y republicanos en torno de la extensión de sus beneficios, tampoco se aprueba y mientras tanto los exportadores colombianos siguen pasando el Niágara en bicicleta. 

Se había dicho que hacia el 15 de junio de este año ya se habría presentado al Congreso para su ratificación los TLC, ahora estos están en ascuas y como lo afirmó Kirk encogiéndose de hombros “el calendario de aprobación de todo ese paquete de medidas va a ser determinado por el Congreso”. Es decir, que la bancada del Partido Republicano con sus mayorías, sobre todo en la Cámara, tiene la última palabra al respecto. Bien se ha dicho que en la boca del horno se ahuma el pan y esto está pasando con la ratificación del TLC, cuando se daba por un hecho ahora está en veremos. Se agüó la fiesta!

Bogotá, mayo 28 de 2011
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EL FANTASMA DE LA RECESIÓN

EL EMBROLLO DE LA CRISIS FISCAL

La baja de la calificación de la deuda soberana de los EEUU por parte de Standard & Poor´s de AAA a AA+, sirvió de detonante de una gran turbulencia de los mercados bursátiles en el mundo. La degradación de la deuda se dio a pesar del forzado acuerdo al que llegaron demócratas y republicanos en el Congreso estadounidense, a tan sólo 48 horas de vencerse el plazo estipulado para evitar entrar en default. El Presidente Barak Obama quiso conjurar este peligro proponiéndole al Congreso subir el techo de la deuda, ya de por sí elevada (US $14.57 billones, sobrepasando el 100% del PIB), y reducir el décifit fiscal de casi el 10% del PIB mediante el recorte de gastos no esenciales y aumento de los impuestos a los archimillonarios. Con la testarudez que lo caracteriza el Tea Party, el sector más retrógrado de la bancada republicana, se opuso con pies y manos a dicha iniciativa y terminó saliéndose con la suya al contar con la connivencia de sus correligionarios. Al borde del abismo, Obama flaqueó y terminó dando su brazo a torcer, cediéndole terreno a la derecha ultramontana, arribando finalmente a “un acuerdo terrible para evitar el caos”, como lo calificó el New York Times. A través del mismo se permitió elevar dicho techo por un valor de US $2.1 billones al tiempo con una reducción del déficit en al menos US $2.5 billones, con miras a bajarlo hasta el 3% en 2016, pero sin tocar los impuestos. Terminaron primando los intereses partidistas de los republicanos de cara a las elecciones presidenciales del 2012, que tratan de socavar la imagen de Obama, aprovechando el río revuelto para pescar con dinamita. Después de estas peripecias la S & P cumplió con su amenaza y le quitó la tarjeta dorada a los EEUU, al considerar que el acuerdo alcanzado es insuficiente. 
Pero, es que el problema planteado por la insostenibilidad de la deuda pública federal no es algo aislado, está ligado al anémico ritmo de crecimiento de su economía, el cual no le ha permitido sobreponerse a la crisis propiciada por el estallido de la burbuja inmobiliaria. Tanto es así que mientras en el último lustro el PIB de los EEUU a duras penas tuvo un crecmiento cercano a los US $1.7 billones, esto es un 12.5%, la deuda pública experimentó un crecimiento vertiginoso, impulsado por los programas de estímulo fiscal para enfrentar la crisis, del orden de los US $6 billones, casi un 73% (¡!). Por ello, tiene toda la razón el Representante demócrata de Missouri Emanuel Cleaver cuando calificó dicho acuerdo como “un sandwich satánico”, porque a través del mismo, al recortar el gasto público, se le pone el freno de mano al crecimiento de la economía. Esta medida en las actuales circunstancias resulta contraproducente por su carácter procíclico, contribuyendo a acentuar el estancamiento de la economía. Como lo afirma el columnista del The New York Times Robert Kuttner “el abultado déficit presupuestario es una consecuencia de la crisis económica, no la causa. Si se suman medidas de austeridad a una economía débil, el poder adquisitivo no puede sino seguir declinando…La austeridad universal es un remedio perverso, ya que reduce la demanda y hace que sean menos los clientes que compran productos”. Y de esta manera se cae en un circulo vicioso, pues, como lo hace ver el economista de JP Morgan Chase en Londres Greg Fuzesy, “si el crecimiento resulta más débil de lo esperado, deteriora la posición fiscal de los gobiernos que tendrán que adoptar nuevas medidas de austeridad” y así at infinitum. Bien dijo Winston Churchill que  “los estadounidenses hacen lo correcto, una vez que han intentado todo lo demás”; habrá entonces que esperar a que algún día acierte. 

Lo más preocupante es que esta receta se está imponiendo en la mayoría de los países desarrollados para enfrentar la crisis de su deuda; los gobiernos están pasando del furibundo keynesianismo al que se aferraron para salir de la crisis anterior, al más extremista liberalismo fredmaniano. De hacer carrera esta tesis los estados afectados por la bulimia sufrirían ahora de otro trastorno no menos dañino cual es la anorexia. La Canciller alemana Angela Merkel ha sido enfática en que ella no se va a dejar presionar por los mercados; según ella, “la política sencillamente no puede seguir a los mercados…Los mercados quieren forzarnos a hacer ciertas cosas que no haremos”. Ella junto con el Presidente de Francia Nicolas Sarkosy está planteándole a la Unión Europea (UE) medidas draconianas para contener la crisis de la deuda que ha hecho metástasis. Han llegado al extremo de amenazar con el retiro de la Unión de aquellos países que no se sometan al ajuste fiscal e incluso se propone introducir una enmienda constitucional a través de la cual se establezca la obligatoriedad de alcanzar en el 2012 el equilibrio fiscal y mantenerlo hacia el futuro, imitando en ello el modelo alemán. Medidas todas estas del mismo corte neoconservador de las que promueven los republicanos en los EEUU. Incluso fueron más lejos al esgrimir el garrote y sentenciar que “en el futuro, los pagos de los fondos estructurales y de cohesión tendrían que ser suspendidos para los países de la zona Euro que no sigan las recomendaciones del procedimiento de déficit excesivo”. 

LA VOLATILIDAD EN LAS BOLSAS


Las bolsas sirven de barómetro para medir el grado de confianza del capital financiero y de sus agentes en el comportamiento de los fundamentales de la economía, de allí su comportamiento mercurial. Cabe resaltar la prominencia del capital financiero, cuyo mercado es por lo menos cinco veces mayor que el tamaño del PIB mundial. Las malas noticias provenientes de Europa y el pésimo mensaje para el mercado financiero de la baja de la nota en la calificación de la deuda soberana de los EEUU causaron un gran stress en el mrecado bursátil, dando lugar a una gran volatilidad de sus principales índices. El nerviosismo imperante la semana anterior llevó a caídas en la bolsa de Nueva York que promediaron el 4% en un solo día; entre tanto en europa el bajonazo llegó hasta el 5%, la mayor caída diaria en dos años y medio. Como producto de la globalización los altibajos en las bolsas son sincronizados en todo el mundo y ningún país escapa a sus tendencias. Es el caso de Colombia, en donde a consecuencia del efecto contagio el Índice General de la Bolsa (IGB) ha caído 15% en el presente año, lo que indica que la desvalorización ha consumido alrededor de la mitad del crecimiento registrado en 2010 en este mercado.


Ni siquiera el anuncio por parte de la Reserva Federal de los EEUU (FED) en el sentido de su compromiso de garantizar la más amplia liquidez en el mercado y de mantener la tasa de interés de intervención en 0.25% hasta el 2013 logró tranquilizar el mercado, el cual siguió sumamente, agitado. No obstante, la descalificación de la deuda “no es un problema y la prueba es que a Japón le bajaron su nota en 2002 y sus bonos se siguieron vendiendo como si nada. El endeudamiento es sólo un síntoma de la verdadera enfermedad de la economía estadounidense: que no crece lo suficiente”. Es más, en medio de la incertidumbre generada el capital financiero paradojicamente huye hacia delante buscando refugio, quién lo creyera, en los bonos del Tesoro norteamericano, los cuales a consecuencia de dicha presión se han valorizado. El apetito por ellos lejos de reducirse ha aumentado y compiten con el oro, que ha alcanzado su máximo histórico de US $1.900 la onza, como refugio para los inversionistas. Esto, aunque parezca un contrasentido, es una realidad, que se explica en gran medida porque algo de verdad tiene la contundencia de la respuesta de Obama a S & P cuando afirmó que “Estados Unidos siempre será AAA”; además de que está en el propio interés de los inversores en los bonos del Tesoro el que estos no se desvaloricen.
Lo único cierto es que las perspectivas de la economía de los Estados Unidos y la UE y con ellas las de la economía global son cada vez más sombrías; de ello no cabe la menor duda. La crisis de la deuda puso a prueba el liderazgo de Obama en los EEUU y de la llave Merkel - Sarkosy en la UE; las vacilaciones del primero y el regodeo de los segundos al momento de encarar sus propios desafíos la agravó. Es bien sabido que para sortear la Gran crisis que se desató en 2008, a raíz de la debacle del mercado hipotecario de los EEUU, se impuso la necesidad de un gran estímulo fiscal con el fin de reactivar la economía. Pero, pese al gran esfuerzo fiscal, este resultó insuficiente para sacar la economía del estancamiento y bajar la tasa de desempleo, pero en cambio atizó el déficit fiscal hasta hacer insostenible la deuda pública. La baja de la calificación de la deuda soberana de los EEUU y la de varios de los países de la UE complicó las cosas, provocando una gran volatilidad en todas las bolsas, siempre con tendencia a la baja. La economía de los EEUU y la de la UE vienen creciendo a paso de tortuga en momentos en que el margen de maniobra de mayores estímulos fiscales para galvanizarlas se reduce dramáticamente.


LA PROCESIÓN VA POR DENTRO


El verdadero meollo de la crisis que ya se avizora es la recaida del crecimiento de la economía global, porque el virus portador de la recesión económica ha venido mutando, de tal suerte que si la vez pasada la recesión se originó en el sector financiero, esta vez se puede desencadenar en el sector real de la economía. Y, una vez más, esta recesión se está incubando en los países desarrollados y no en Asia o en Latinoamérica como enantes. Empezando por los EEUU, en donde un crecimiento del PIB en el primer semestre de este año llegó apurado a rozar el magro 1% (¡!), de los más bajos del mundo entero. El Índice ISM, que mide el crecimiento de la industria manufacturera, registró en el mes de julio el 50.9, inferior al 55.3 del mes anterior, lo cual denota la tendencia a la baja. Este dato es muy diciente, puesto que un registro por debajo del 50 constituye el umbral de una contracción, víspera de una recesión económica. Y lo que es más grave, el gasto de los consumidores cayó un 0.2% en junio, después de dos años contínuos de crecimiento, en un país el que el consumo de los hogares es el mayor motor de crecimiento, como que representa el 70% del PIB. Se atribuye esta baja a la pérdida de confianza de los consumidores y al impacto de la caída en las bolsas, habida cuenta que un alto porcentaje de ellos poseen acciones. Además, la tasa de desempleo por encima del 9% no cede, de los casi nueve millones de empleos que se perdieron en la pasada crisis sólo se han podido recuperar dos millones. Además, han aumentado las cifras de subsidios por desempleo, bajaron las ventas de casas usadas y de remate la inflación acusó un alza inusitada en el mes de julio. Se estima que la rebaja en la calificación de la deuda pública norteamericana le pasará su factura a la economía con un menor crecimiento anual del orden de medio punto porcentual. Todos estos son indicios de que la economía norteamericana sigue sin levantar cabeza y, lo que es peor, va camino hacia la recesión. 
La ralentización del crecimiento de la economía estadounidense es cada vez más ostensible, basta con señalar que el crecimiento de su PIB en el segundo trimestre de este año fue de un exiguo 0.3%; de una proyección del crecimiento del PIB a comienzos de año para 2011 de 3.5%, en este momento hay un gran consenso en que no superará el 1.5%. Ya se ha vuelto un lugar común hablar de la doublé-dip recession en los EEUU, al punto que la mayoría de los analistas le dan una probabilidad de que esta se dé del 50%.  “Si no es una recesión se siente como tal…y si es así, no importa que se pueda comprobar con estadísticas o no” aseguró John Hailer, Presidente de la firma de valores Natixis Global Asset Management en EEUU y Asia. Ya hasta los expertos del National Bureau of Economic Research, que es justamente la entidad que certifica en los EEUU cuándo comienzan y terminan las recesiones económicas, muestran sin disimulo su pesimismo. Bloomberg entrevistó a nueve de sus miembros y cinco de ellos ven que las posibilidades de recesión están creciendo, e incluso le dan un 50% de probabilidades. 
En el segundo trimestre de este año una vez más bajó el ritmo de crecimiento del PIB de las economías de los países que hacen parte de OCDE, completando ya doce meses seguidos de ralentización de su crecimiento. De un 0.3% que había crecido en el primer trimestre pasó a crecer sólo el 0.2% en el segundo trimestre. Al anualizar dicho crecimiento, estamos hablando de un crecimiento del PIB de estas 34 economías del 1.6% de junio a junio, muy inferior al 2.4% de marzo a marzo. Al referirse a la economía de la UE, llama la atención el economista de la Consultora Capital Economics Mc Keown, que en este momento “hay un debilitamiento subyacente real que se está expandiendo al corazón de la zona Euro”, de tal suerte que el crecimiento de la economía de la zona Euro difícilmente alcanzará el pronóstico inicial del 1.4% para este año y ello es de extrema gravedad. En apoyo de esta proyección tenemos que el crecimiento en el segundo trimestre fue de sólo 0.2% tras haber registrado el 0.8% en el trimestre anterior. El caso de Alemania, considerada la locomotora del Viejo continente, es patético al pasar del 1.3% en el primer trimestre al 0.1% en el segundo trimestre. “En este contexto de crecimiento horroroso”, como lo llama  el Banco de negocios estadounidense Morgan Stanley, se explican sus nuevas proyecciones de crecimiento para la zona Euro: no sobrepasará el 0.5% el año próximo (en vez del 1.2%) y 1.7% este año (en lugar del 2%). Ello habrá de incidir en el ritmo de crecmiento de la economía global; según el mismo Morgan tendremos un crecimiento del 3.9% en el 2011 (en lugar del 4.2% que preveía) y del 3.8% en el 2012 (en lugar del 4.5%). Y ello, siempre y cuando que no empeoren los pronósticos.


EL REMOLINO DIABÓLICO


Lo más preocupante es que se está formando una especie de remolino diabólico, pues el menor crecimiento tanto de la economía de los Estados Unidos como la de la UE, así como también la del Japón, que no termina de reponerse de su tragedia, afecta las exportaciones de Alemania y también las de los países emergentes. El influjo y la influencia de estos es tanto mayor porque, como lo afirma el Presidente del Banco Mundial Robert Zoellick, “alrededor de la mitad del crecimiento se debe a los mercados emergentes, cuando en la década de 1990 esta proporción era solamente de un 20 por ciento”. En la medida en que estas economías pierden fuerza e impulso se resiente el intercambio comercial, lo cual a su vez ejerce un efecto contraccionista sobre las mismas. Y ello ocurre en momentos que las economías emergentes, particularmente la de China, están en un proceso de enfriamiento controlado tendiente a conjurar los brotes inflacionarios que ya acusan. Ambos factores van a contribuir a una reducción de la demanda por productos básicos y por esta vía se empieza ya a sentir el coletazo de esta crisis en ciernes sobre América Latina. Como lo sostiene Augusto De la Torre, Economista Jefe para A. L del Banco Mundial, “América Latina se verá duramente golpeada si la economía de China se desacelera con fuerza y reduce sus importaciones de materias primas…Eso golpearía muy duro a la región por su dependencia en la exportación de materias primas…Existe la necesidad en la región de que se apliquen políticas macroprudenciales, que permitan mitigar los choques que podría generar la crisis mundial”. Y no es para menos, habida consideración del hecho irrefutable de que China es la segunda economía más grande del mundo, la número uno en exportaciones y la tercera en importaciones (¡!). Además, como lo acota De La torre, “no se trata tan sólo de que nos compre cosas, sino el precio al que nos compra las cosas”.


LA VULNERABILIDAD DE LA ECONOMÍA COLOMBIANA


Por ello, coincidimos con la revista Dinero cuando plantea la necesidad de “prender las alarmas. Es verdad que estas economías tienen hoy una situación mejor a la que tuvieron en crisis pasadas, pues hoy esta región crece mientras los países del norte se frenan. Sin embargo, sería errado pensar que un país como Colombia está blindado ante este escenario de ´doble recesión´ global”. Hay la necesidad de atemperar un poco la euforia que llevó hace poco al Banco de la República (B de la R) a revisar al alza su pronóstico de crecimiento del PIB para este año a un rango entre 4.5% al 6.5% y poner los pies sobre la tierra, pues no estamos en el planeta Marte y la economía global es una sóla y de sus vaivenes no se puede sustraer la economía colombiana. ANIF, que acababa de revisar sus proyecciones de crecimiento al alza, apostándole a un 5%, las replantea ahora al considerar que “Colombia va a enfrentar lo que llamamos una “U invertida” en materia de crecimiento en el año 2012. Estaremos creciendo entre el 4% y el 4.5%, una cifra muy inferior a las expectativas del Gobierno que estima un 5 o 6 %”. 
Ello es muy sensato, sobre todo si tenemos en cuenta que, como lo señala Ricardo Ávila, Director de Portafolio, “la actividad fabril tuvo un aumento de apenas 2.2% en junio, con lo cual al cierre del primer semestre llegó al 3.7%, totalmente insatisfactorio. La cifra no sólo está varios puntos porcentuales por debajo del promedio de la economía, sino que sugiere que hay un estancamiento inquietante. En contraste, las ventas han tenido un incremento del 24% en el mismo lapso. Estas cifras del DANE contrastan con los resultados de la Encuesta empresarial presentada por Luis Carlos Villegas al Congreso de la ANDI que daba un alza del 6.4%, el doble (¡!). De los 48 subsectores analizados, 26 registraron aumentos en su producción en junio, pero los 22 restantes tuvieron cifras en rojo. Además las areas en negativo han aumentado en número a medida que avanza el 2011”. 
La más reciente Encuesta de Opinión Industrial realizada por Fedesarrollo reveló que entre mayo y junio de 2011 el Índice de Confianza de los Industriales cayó 1.2 puntos porcentuales, llegando al 5.1%. Esta Encuesta se publicó un día después de que la ANDI señalara que en los primeros meses del año el sector registró un crecimiento superior al 6% en producción y ventas, con mayor utilización de capacidad instalada, bajos inventarios y mayores pedidos. Así las cosas, las perspectivas de la economía colombiana no son tan halagüeñas como se pretende mostrar por parte de quienes alimentan su optimismo panglosiano pensando con el deseo.


Enhorabuena la Junta directiva del Banco Emisor hizo una pausa y mantuvo  la tasa de interés de intervención en el 4.5%, cuando ya estaba anunciado un nuevo reajuste a la misma, pues por la vía de estas alzas sucesivas se podría malograr la incipiente recuperación de la economía y en cambio precipitarla al estancamiento. Y lo hizo bajo la consideración de que “el aumento de la incertidumbre de los mercados financieros internacionales y su posible efecto en el crecimiento de la economía mundial, fue un elemento clave para dejar quieta la tasa”. Hay que andar con piés de plomo y prepararse para los embates de esta inminente recesión, que puede ser más profunda y prolongada que la anterior. Como bien lo advirtió el B de la R el palo no está para hacer cucharas, que dado el desaliento de la economía norteamericana y la de la UE es previsible que ellas arrastren consigo al resto del mundo hacia un menor crecimiento. Comparto con el analista Iván Duque Márquez que “es hora de prepararnos, pues nuestro países también han gastado gran parte de su pólvora fiscal y no todos tienen con qué hacerle frente al fantasma de una nueva recesión. Más aún, si esta viene acompañada de una desaceleración de la economía china, debido a presiones inflacionarias”. Es cierto, como lo dice el Ministro de Hacienda Juan Carlos Echeverry,  que Colombia tiene en este momento el nivel de reservas internacionales más alto de la historia y asciende a más de 32.100 millones de dólares, amén de que aseguró el prefinanciamiento externo requerido para financiar el gasto público. Aparte de ello, hay firmado un crédito de contingencia de 6.500 millones de dólares con el FMI. Pero este escudo de protección resultaría insuficiente ante el coletazo de una recesión como la que se está columbrando.


HACIA UN NUEVO PARADIGMA


La mejor coraza protectora de la economía nacional frente a los embates de los recurrentes oleajes que provocan los ciclos recesivos de la economía mundial, es un modelo económico que promueva la ampliación y diversificación de la base productiva del país, la ampliación y diversificación de la oferta exportadora así como el destino de la misma, rescatar y repotenciar la integración regional y finalmente ampliar y profundizar el mercado interno. El éxito de esta política está en función de los progresos alcanzados en materia de productividad, la cual, como lo sostiene el Nobel de economía Paul Krugman, “no lo es todo; pero, a largo plazo, lo es casi todo” y el Estado debe intervenir para avanzar en ello, ya que, como lo afirma el experto Sergio Bosier, “la productividad debe asociarse a la brisa que tiene que aportar el Estado para elevar la cometa”. El rezago de la infraestructura vial, de transporte, portuaria y logística que tiene Colombia sigue siendo el mayor escollo para avanzar en materia de competitividad, dado que el mismo se traduce en sobrecostos que van en detrimento de ella. Medidas tales como la desgravación arancelaria, la supresión de la sobretasa en la tarifa de los servicios públicos a la industria, que ha tomado el Gobierno recientemente, con todos sus bemoles, ayudan, pero no alcanzan a compensar tales sobrecostos. Estas medidas que el Ministro Echeverry califica de “antidotos” contra los sintomas de la enfermedad holandesa, son sólo paliativos. El Gobierno, además, se ha quedado corto en las medidas tendientes a frenar la revaluación del peso que conspira contra las posibilidades de competir con éxito no sólo en los mercados externos sino en el mercado interno.


Mucho se ha hablado de que esta será la década de América Latina; pero, como lo advierte el Presidente del BID Luis Alberto Moreno “estamos pasando por un buen momento económico, y tenemos una excelente oportunidad para hacer de esta nuestra década, pero me temo que no lo estamos aprovechando para invertir en calidad educativa, ciencia y tecnología e innovación”. De modo que estos aspectos están entre los pendientes en Latinoamérica en general y en Colombia en particular. Colombia entró a hacer parte del nuevo grupo de países emergentes conocido como CIVETS (Colombia, Indonesia, Vietnam, Turquía y Sudáfrica) caracterizados por sus buenas perspectivas y por considerar que “tendrán un dinamismo especial en los próximos años” y eso está muy bien. Pero, el camino para lograr su concreción no es el que viene transitando el país de la reprimarización de su economía, que la hace cada vez más vulnerablea factores exógenos, comportándose como un corcho en medio de un remolino. Como lo sostiene el ex ministro de Hacienda Rodrigo Botero, “la estructura de la canasta exportadora colombiana registra una creciente dependencia de la venta de productos primarios y de la extracción de recursos no renovables. Desde el punto de vista de la transformación de la estructura productiva de la economía, este proceso constituye un retroceso. Lejos de ser causal de celebración, lo que está sucediendo representa un cambio poco saludable”.


Sigue siendo cierto el aserto del experto Manuel José Cárdenas: “apoyarse en factores tan estáticos como los recursos naturales, puede ser una buena manera de comenzar  pero una mala manera de continuar”. El país está urgido de un cambio de paradigma en su política de crecimiento y desarrollo, así como de una estrategia encaminada a promover la modernización, reconversión y relocalización industrial, así como también de la dinamización del descaecido sector agropecuario. De otra manera le será asaz difícil a este gobierno y a los sucesivos alcanzar tasas de crecimiento sostenido del PIB por encima del 6% y bajar la aberrante tasa de desempleo a un solo dígito y de esta manera desactivar la bomba social de la pobreza, la inequidad y la exclusión que avergüenzan a Colombia.

Bogotá, agosto 24 de 2011
www.amylkaracosta.net

DOS AGENDAS COMPATIBLES

LA INVERSIÓN DE LAS PRIORIDADES

Si hay una crisis fiscal como la que amenaza la estabilidad económica de la Eurozona o ante la inminencia de un default en los EEUU, ello es noticia de primera plana y los gobiernos hacen malabares para sortear la crisis para que la tranquilidad vuelva a las bolsas. Pero, en cambio, la noticia de la hambruna que está asolando al Cuerno africano, la mayor crisis humanitaria del siglo XXI que afecta directamente a más de 11 millones de personas, es noticia de segundo plano y es opacada por aquella otra. Entre la sequía, los inalcanzables precios de los alimentos y los conflictos armados, se han encargado de poner en riesgo de perecer por inanición a 780.000 niños si no les llega una ayuda urgente. 

Cabe preguntarse cuánto le costó a los EEUU la crisis hipotecaria y cuánto le costará al mundo alcanzar una sola de las metas del Milenio, reducir en un 50% para el 2015 el hambre en el mundo. El contraste no puede ser más hiriente, según el Nobel de Economía Joseph Stiglitz, mientras los países más ricos del mundo gastan US $50.000 millones de dólares en la ayuda al desarrollo como lenitivo, hasta mediados de 2006 los EEUU se había gastado en su aventura bélica en Irak la friolera de US $500.000 millones, diez veces más (¡!). Es más, según cifras de la FAO, en el 2006 se gastaron en el mundo US $1.2 billones en armas, 40 veces lo que costaría dar comida a los 1.000 millones de seres humanos que aguantan hambre todos los días durante un año entero (¡!). Estas cifras delatan el orden de prioridades que se ha venido imponiendo con la globalización. Ya va siendo hora de actuar racionalmente, dándole prelación a esta tragedia humanitaria. El hambre, como las lacras de la pobreza y el desempleo crónico, son problemas estructurales y por lo tanto hay que abocarlos como tales sin más dilaciones. 

EL FINAL DE LA COMIDA BARATA

Con ocasión de la XVIII versión de AGROEXPO en CORFERIAS el pasado mes de julio, fue invitado como conferencista por el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural el profesor José Graziano da Silva y el título de su disertación no pudo ser más sugestivo y provocador: seguridad alimentaria y producción de biocombustibles: agendas compatibles. La expectativa por su disertación fue mayor debido a un hecho singular, acababa de ser elegido en la reciente Conferencia de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), en su 37º período de sesiones, como nuevo Director General de la misma. En su debut como nuevo Director de la FAO, mostró y demostró en su brillante exposición cómo se pueden compatibilizar la seguridad energética con la seguridad alimentaria, así como la gran imbricación que hay entre la una y la otra. Sus palabras están refrendadas por su amplia trayectoria profesional, como que se desempeño con lujo de competencia, antes de llegar a la FAO, nada menos que como Ministro Extraordinario de Seguridad Alimentaria y Combate al Hambre en Brasil, adelantando a través del mismo el exitoso programa Hambre Cero.

 

Al analizar el comportamiento de los precios de los alimentos se retrotrajo a la espiral alcista de los precios en 2008, la cual puso en riesgo la seguridad alimentaria, para señalar que dicha tendencia se repite este año de manera aún más acentuada. En efecto, según la FAO los precios de los alimentos alcanzaron en enero de este año su máximo histórico en 20 años, superando la marca impuesta en 2008, cuyo índice de 224.1 se vio superado por el de ahora de 230.7. En el último año el incremento de los precios de los alimentos fue del 36%, semejante a lo ocurrido en 2008. De acuerdo con la OCDE y la FAO es previsible que la carestía de los productos agrícolas se extenderá durante toda esta década. Según cálculos de la misma fuente los precios  de los cereales y de la carne subirán un 20% y un 30% respectivamente con respecto a la década anterior. Se confirma así la premonición de la revista The Economist, cuando al referirse a la crisis de 2008 sentenció: “hemos llegado al final de la era de la comida  barata”. 

Lo más preocupante es que esta tendencia no da trazas de revertirse, porque son múltiples los factores que presionan al alza sostenida de los precios de los alimentos. En el 2008 se estaba en busca de un chivo expiatorio y se toparon con los biocombustibles, a los cuales les endilgaron olímpicamente la culpa, al demandar crecientes volúmenes de productos agrícolas como materias primas para producirlos, que de otro modo supuestamente servirían de alimento para la población.  El Banco Mundial en un duro pronunciamiento publicado por aquellas calendas por D. Mitchell concluyó que “el 65% de las subidas de precios se debe a los biocombustibles y a factores relacionados con el rápido aumento de la demanda de biocombustibles para materias primas”. Empero, en un reciente reporte titulado “poniendo el boom de los precios de los commodities del 2006 al 2008 en perspectiva” encontró que el impacto de la producción y el uso de los biocombustibles en los precios de los commodities no fue tan pronunciado como se pensó originalmente. 

Antes de seguir adelante, hagamos una digresión para precisar el concepto de Seguridad alimentaria. Según la FAO, existe seguridad alimentaria ”cuando todas las personas tienen en todo momento acceso físico, social y económico a los alimentos suficientes, inocuos y nutritivos que satisfagan sus necesidades energéticas diarias y preferencias alimentarias para llevar una vida sana y activa".   

DISPONIBILIDAD O ACCESO

Es cada día más evidente que la volatilidad y las persistentes alzas en los precios de los alimentos no obedecen propiamente a la escasez de estos. El mundo hoy produce más alimentos per cápita que nunca, actualmente se produce el doble de alimentos de los que se necesitan para acabar con el hambre en el mundo. Hay alimentos para todos. Resulta paradójico que mientras las existencias de alimentos pueden alcanzar para todos, más de 1.000 millones de personas en el mundo pasan hambre, como quien dice uno de cada siete habitantes del planeta tierra. El caso de Latinoamérica es patético, pues mientras produce un 30% de excedentes de productos agrícolas que tienen por destino la exportación, 52.5 millones de sus habitantes se acuestan diariamente con hambre. 

Lo dijo recientemente el Secretario General de la ONU Ban Ki Moon, “el ciudadano que sea el número 7 mil millones habrá nacido en un mundo lleno de contradicciones. Tenemos mucha comida, pero hay millones que se mueren de hambre; mucha agua, pero hay otros miles de millones que padecen sed; hay quien vive lujosamente y otros que están en la mayor pobreza”. Cómo se explica esta paradoja? Puede haber suficiente disponibilidad de los alimentos, pero la falla está fundamentalmente en el “acceso físico, social y económico” a ellos, debido a la precariedad de los ingresos de quienes no cuentan con un empleo digno y/o están agobiados por la pobreza extrema, que suman ya más de 1.200 millones de almas. Con razón el Romano Pontífice Benedicto XVI en su alocución a propósito de la reciente Conferencia de la FAO, el camino indicado es “luchar contra la pobreza, lucha que permitirá dar soluciones duraderas al tema del hambre”, lo demás son sólo paliativos pasajeros. Lo que pasa es que para luchar contra la pobreza se necesita voluntad política y es la que ha faltado. 

A esta misma conclusión llegó el premio Nobel de Economía Amartya Sen al cuestionar el enfoque tradicional de la problemática de la seguridad alimentaria imbuida por la concepción Malthusiana. Amartya lo bautizó como la teoría del Descenso de la Disponibilidad de Alimentos (Food Availability Decline, FAD).Como lo comenta el profesor Karlos Pérez de Armiño, para Amartya “la causa de las hambrunas radica más bien en la incapacidad de las familias pobres para acceder a ellos, es decir, para producirlos, comprarlos u obtenerlos por otros medios legales. El hambre es consecuencia no de que no ‘haya’ suficiente para comer, sino de que algunas personas no ‘tengan’ suficiente para comer. Aunque lo primero puede ser una causa de lo segundo, no es sino una de sus muchas posibles causas (Sen, 1981:1)”. En consecuencia “dado que el problema suele ser de acceso más que de insuficiente abastecimiento, los esfuerzos tienen que orientarse no sólo al aumento de la producción (que puede ser necesaria para compensar el crecimiento demográfico y para incrementar los ingresos de los campesinos), sino sobre todo a la lucha contra la pobreza”.

CAUSAS DE LA OLA ALCISTA

Una combinación de factores está influyendo en las alzas desmesuradas de los precios de los alimentos en el mundo; entre ellos se destacan: el aumento de la población y su mejora del ingreso, el impacto del cambio climático, la devaluación del dólar, el incremento de los costos de la energía, políticas erróneas de los gobiernos y la especulación en los mercados de futuros.

Veamos: el crecimiento vegetativo de la población per se implica una mayor demanda de alimentos para su subsistencia. Desde mediados del Siglo XX el mundo ha experimentado una verdadera explosión demográfica; en el lapso comprendido entre 1950 y 2010 la población creció más del doble. Según el Informe World Population Prospects 2010 Revision dado a conocer recientemente  por Hania Zlotnik, Directora de la División de Población del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU, ya somos 7.000 millones (¡!). Este crecimiento de la población se explica en gran medida por la estabilización de la tasa de fecundidad y la reducción de la tasa de morbi-mortalidad; la esperanza de vida al nacer viene en aumento, estimando que pasará de los 68 años a 81 años en promedio para el último quinquenio del Siglo XXI. Claro que este crecimiento es muy desigual entre regiones, pues mientras en los países pobres crece la población por encima del promedio, que se sitúa en el 1.2%, en los países desarrollados decrece vertiginosamente. Además del crecimiento poblacional propiamente dicho se ha venido dando concomitantemente un creciente proceso de urbanización de la población, acompasada con un aumento sin precedentes de la clase media, la cual cuenta con un mayor poder adquisitivo. Se estima que para el 2020 se habrá más que duplicado la clase media, pasando de representar el 25% al 49%; estamos hablando de cerca de 1.000 millones de hogares. En los países en desarrollo particularmente la población de la clase media para este mismo año alcanzará los 600 mil hogares. De allí que, según las proyecciones de la OCDE la producción mundial de alimentos debe crecer por lo menos el 20% para satisfacer la demanda para el año 2020. 

Este aumento desproporcionado de la población y sobre todo de la clase media y su impacto sobre los precios de los alimentos daría para pensar que Malthus tenía la razón cuando planteó su tesis apocalíptica de la hambruna como perspectiva del mundo debido al desfase entre el crecimiento en proporción aritmética de la producción de alimentos enfrentado al crecimiento en proporción geométrica de la población. Pero, no hay tal. Como lo plantea el pensador venezolano Moisés Naim, “la revolución verde en la agricultura, por ejemplo, llevó a que en 20 años  se duplicara la producción de cereales en los países pobres. El mundo hoy produce más alimentos per cápita que nunca. Ni Malthus (1798), ni Marx, ni los mercados dan respuestas adecuadas a las difíciles preguntas que plantea el explosivo crecimiento de China o la expansión de la clase media  y el consumo mundial”

En segundo término, están muy documentados los estragos que han venido causando el cambio climático y sus fenómenos extremos de sequías e inundaciones en la agricultura en general y en la producción de alimentos en particular. Según los estudios de la FAO, se estima que los países en desarrollo pueden experimentar un declive entre 9% y 21% de su productividad agrícola a consecuencia del cambio climático. Y no es para menos, dado el deterioro de los suelos (caída de niveles freáticos, erosión y desertización), la inclemencia del tiempo y la proliferación de plagas que agostan los cultivos. Se estima que por cada grado centígrado que aumenta la temperatura promedio global, se pierde un 10% de productividad en la agricultura. 

De otra parte, los alimentos, como todos los commodities, se cotizan en la divisa de los Estados Unidos y esta viene en picada desde el 2002. Sus precios guardan una relación inversa con la cotización del dólar. La devaluación del dólar aumenta el poder adquisitivo de los compradores y ello a su vez influye sobre la demanda y presiona los precios. Y de contera se proyecta una devaluación del 14 al 2020. Esto mismo ocurre con los precios del petróleo, a través del aumento de precios se busca compensar los menores ingresos a consecuencia de la caída del dólar que es la moneda en la que se transa. 

Otro factor que influye en la determinación del precio de los alimentos y en la escalada alcista de los mismos son los costos de la energía, sobre todo si tenemos en cuenta que la agricultura es una actividad intensiva en energía. Todos los eslabones de esta cadena (la adecuación e irrigación de la tierra, la siembra, los fertilizantes, los fungicidas e insecticidas, la cosecha, el transporte, procesamiento y comercialización) demandan energía. Se calcula que el crudo y sus derivados representan, en promedio, una tercera parte del costo de producción agrícola, particularmente de los granos. Los mayores costos de la energía, empezando por el crudo y sus derivados, como uno de sus principales insumos empuja al alza los precios de los alimentos. Es de anotar que los países emergentes se destacan como los mayores consumidores de energía, por encima de los países desarrollados, y por ende más dependientes de la misma.

Y cómo no, las erróneas y erráticas políticas gubernamentales también han contribuido al desabastecimiento y a la carestía de los alimentos. Muchas han sido las medidas que han venido distorsionando el mercado en donde se transan, empezando por los subsidios y ayudas estatales de las cuales son objetos los agricultores y productos del campo en los países desarrollados, especialmente en la Unión Europea y en Norteamérica. En concepto de Xavier Montaguty Fabrizio Dogliotti, “Las subvenciones de los estados más ricos en agroexportaciones son, hasta cierto punto, la base material de las políticas de dumping”.  Ello ha dado al traste con la producción rural doméstica de un sinnúmero de países en desarrollo. Así se explica el hecho de que entre 1994 y 2004 la producción de alimentos en todos los países en desarrollo cayó en promedio un 10% respecto a la década anterior, señalada como la década pérdida en Latinoamérica; entre tanto, la importación de alimentos en ese mismo lapso creció un 33%. También han venido causando perturbación en el mercado los brotes proteccionistas y las barreras arancelarias que entraban el libre comercio, sobre todo el comercio justo. 

Es de prever que las acuciantes aulagas fiscales que en estos momentos afectan más a los países desarrollados que a los países emergentes obliguen al desmonte generalizado de los subsidios que tanto distorsionan el mercado de los productos agropecuarios. En efecto, la escalada alcista de los precios le ha restado apoyo político al mantenimiento de los subsidios; en cierto sentido “el mercado ha logrado lo que la política no pudo: acabar con los subsidios agrícolas”. Como afirma J. Mark Welch, un economista de la Universidad Texas A & M, “los subsidios se están evaporando”; basta con señalar que los giros del Gobierno a los agricultores se han reducido dramáticamente en los últimos años, al pasar de US $24.400 millones en 2005 a US $10.600 millones que se prevén para 2011.  Esta es una oportunidad preciosa para que países con un gran potencial de producción agrícola, particularmente de alimentos, como Colombia puedan lograr un gran posicionamiento en los mercados internacionales y recuperar el terreno perdido. De allí la importancia de la reconversión agrícola en Colombia, la cual pasa por una “reforma transformadora”, de muy amplio espectro, como la que plantea el reciente Informe del PNUD.

Por último, pero no por ello la menos importante causa de la volatilidad y del alza desmedida de los precios de los alimentos está la especulación. Como lo afirmó Asier Hernando Malax-Echevarría, Coordinador de la campaña “Crece” en Suramérica, importante ONG que busca crear conciencia sobre el drama del drama del hambre en el planeta, “el mercado de alimentos en el mundo funciona como un casino de Las Vegas”.  No es ningún secreto que gran parte de las transacciones en alimentos se da en las bolsas de Boston, Sao paulo y muy especialmente en Chicago. Los productos básicos en general y los alimentos en particular se convirtieron en commodities, constituyéndose en refugio para los fondos de inversión, sobre todo en momentos de gran incertidumbre como el actual. El comercio agrícola global ha crecido más del 150% desde el 2000, a un estimado de US $700.000 millones al 2011 y podría exceder los US $1 trillones antes del 2020. Luego, es un mercado muy apetecido. Por fortuna el ex presidente Lula logró poner en la Agenda del G – 20 la discusión en torno a la necesidad de intervenir el mercado de futuros de los alimentos para frenar la especulación y el mercado cambiario a nivel global para evitar la “guerra de divisas”, tendiente a contener los devastadores efectos de la devaluación del dólar frente a las demás monedas.

Es una realidad que “los alimentos dejaron de ser las materias primas transadas en las bolsas para convertirse en una buena opción para disparar la rentabilidad de esos capitales, dice un informe del banco de inversión Barclays Capital. Para abril, por ejemplo, la entidad dijo que no menos de 412.000 millones de dólares se transaron en las bolsas del mundo en materias primas, de los cuales algo más de 7.000 millones fueron catalogados como capitales especulativos en las bolsas agrícolas. Estos últimos son los recursos de quienes buscan hacerse a unos productos y esperan a que suban de precio para luego venderlos, con lo que logran una utilidad y salen del negocio, o siguen con el producto que ofrezca mejor rentabilidad”. A guisa de ejemplo, como lo sostuvo recientemente el Gerente de la Federación Nacional de Cafeteros Luis Genaro Muñoz, "la caída de 35 centavos en la libra de café colombiano en dos semanas, luego de haber llegado a un récord de 3,32 dólares la libra es una muestra del impacto que logran en el mercado los especuladores cuando toman o dejan posiciones". Los mercados de futuro que en su origen primigenio sólo buscaba proteger a oferentes y demandantes de las bruscas fluctuaciones del mercado, derivaron en la especulación pura y dura.

UNA FALSA DISYUNTIVA

No se trata de desestimar la incidencia que pueden llegar a tener los biocombustibles en los precios de los alimentos, sino de considerar su impacto en su justa dimensión. Como ya quedó dicho, la agricultura es una actividad intensiva en energía, de modo que no se puede desarrollar con prescindencia de ella y precisamente los biocombustibles son parte de la matriz energética, de allí la importancia de la garantía de su suministro. La repercusión de la producción de los biocombustibles en el nivel de precios de los alimentos, como lo sostiene el profesor Graziano depende en gran medida de la velocidad con la cual se introduzcan y la capacidad de reacción del mercado.

Uno de los mayores cuestionamientos que suscita la producción, comercialización y uso de los biocombustibles es el uso como materias primas por parte de esta agroindustria de productos que igualmente sirven para la ingesta alimentaria. Se parte de la premisa que la producción de insumos para las plantas que producen etanol y biodiesel desplaza la producción de alimentos y por lo tanto uno y otro compiten. No obstante, la realidad es otra. Empecemos por señalar que sólo 14 millones de hectáreas, el 1% del área cultivable del mundo, está dedicada a producir insumos para biocombustibles y, según la FAO, en el mediano plazo podrá llegarse a ocupar a lo sumo entre el 3% y el 4%. El caso de Colombia es patético: actualmente se están dedicando a producir biocombustibles 114.828 hectáreas, 2.4% del área cultivada y 0.4% del área cultivable. Y ello en un país en donde de 21.5 millones de hectáreas con vocación agrícola sólo se cultivan menos de 4.5 millones (¡!), mientras la ganadería extensiva ocupa 40 millones de hectáreas, de las cuales 17.3 millones tienen vocación agrícola. En muchos casos se utilizan suelos degradados para la agroenergía, no aptos para otros cultivos; además, en la medida que contribuyen a ampliar la frontera agrícola, colateralmente se incentivan otros cultivos con destino a la alimentación. Es más, un alto porcentaje de las tierras arables y cultivables en el mundo permanece ociosa; es el caso de Latinoamérica y el Caribe en donde un 76% de las tierras con accesibilidad a los mercados, 123 millones de hectáreas, aproximadamente, están disponibles para ponerlas a producir. Luego, no se requiere desplazar unos cultivos por otros, hay suficiente espacio para que se puedan dar unos y otros e incluso se pueden aprovechar sus sinergias en aras de su competitividad. Huelga decir que la cadena productiva de los biocombustibles al generar empleo genera ingresos y estos se traducen en capacidad adquisitiva para que muchos puedan acceder a los alimentos, coadyuvando de esta manera a garantizar la seguridad alimentaria como la entiende Amartya. 

Un estudio sobre el alza de los precios de los alimentos en 2008 de New Energy Finance de Londres, dirigido por el experto Michael Liebreich, concluyó que el impacto de los biocombustibles sobre los mismos fue marginal y no pasó del 8.1% del aumento en los precios internacionales de los granos desde 2004, mucho menos que el impacto de la mayor demanda, el alza de precio del crudo y de sus derivados y la baja del dólar. Sin embargo, no faltaron quienes interesadamente trataron de responsabilizar a los biocombustibles sin mayores pruebas que sus suposiciones. La mejor prueba la ofrece Brasil, país este que está a la vanguardia justo con Estados Unidos como el segundo mayor productor de etanol en el mundo y ello no ha sido óbice para ser, como en efecto lo es, el principal exportador de 7 de los 10 más importantes commodities y es de lejos uno de los principales sino el principal granero del mundo.

LOS BIOCOMBUSTIBLES Y LA SEGURIDAD ALIMENTARIA

En concepto de  Heiner Thofern, Jefe del Proyecto de Bioenergía y Seguridad Alimentaria de la FAO (BEF, por sus siglas en inglés)), financiado por el Ministerio Federal Alemán de Alimentación, Agricultura y Protección al Consumidor, “la producción bioenergética no es una panacea y no siempre será adecuada o viable, y en algunos casos puede incluso ser perjudicial. Dicho esto, no se puede ignorar el hecho de que en otros casos, la producción de bioenergía encierra un gran potencial para revitalizar las economías rurales, reducir la pobreza y mejorar la seguridad alimentaria de las familias”. En todo caso, como él mismo lo asegura “Es necesario medir con atención los riesgos y beneficios potenciales de la bioenergía en función de las variables específicas de cada país y región…Apoyar el crecimiento de un sector bioenergético dinámico pero sostenible y socialmente responsable en los países en desarrollo, ayudará a la investigación y el desarrollo de nuevas soluciones…La FAO realiza el seguimiento del marco a través de su proyecto de Criterios e Indicadores para Bioenergía y Seguridad Alimentaria, que promueve una herramienta para la gestión y prevención de riesgos, evaluación de impactos y de respuesta normativa, basada en las buenas prácticas”. Este es el quid del asunto; en el caso colombiano, como lo testifica el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, los biocombustibles cumplen con los cuatro principios establecidos para el efecto en el Plan de Desarrollo Prosperidad para todos: formalización del empleo, empresarización, innovación y sostenibilidad. 

Claro que, para cumplir con las prescripciones de la FAO es menester que los biocombustibles sean eficientes desde el punto de vista energético, sostenibles ambientalmente e socialmente incluyentes. En ello influye mucho la materia prima que se emplea para la producción de los mismos; en este sentido no hay punto de comparación entre la caña de azúcar y el maíz para producir etanol o entre el aceite de palma y el de colza para producir el biodiesel. En perspectiva están los biocombustibles de segunda y tercera generación, el primero con base en la celulosa y el segundo basado en el cultivo de las microalgas, cuya investigación avanza con prisa y sin pausa. El mundo tiene sus ojos puestos en estos nuevos desarrollos y Colombia no se debe quedar atrás; ahora que el Gobierno le quiere dar mayor importancia a la C + T + I, este es un frente promisorio. En el entretanto avanzan las pruebas con cultivos experimentales de otras especies, tales como la remolacha alcoholera y la yuca amarga para producir etanol, así como la higuerilla y la jatropha curcas para producir biodiesel. La biotecnología y los investigadores tienen la palabra. Bien dijo Mike Froman, Consejero del Presidente Obama, “seguridad energética, economía, ambiente, cambio climático y seguridad nacional están todos interconectados y tenemos que verlos en perspectiva horizontal”. Este enfoque holístico, integral, es el que debe seguirse al abordar esta temática, para no caer en posiciones maniqueas y encendidas polémicas en las que hay más calor que luz. Así y sólo así se podrá no sólo compatibilizar la Agenda de la seguridad energética con la Agenda de la Seguridad alimentaria, sino hacerlas converger en el mismo propósito, el desarrollo sostenible.

LOS ASPAVIENTOS DEL TLC

EL TLC COMO PANACEA

 

Tan pronto trascendió la noticia sobre la ratificación del Tratado de Libre Comercio (TLC) sucrito entre los gobiernos de Colombia y EEUU hace casi seis años, se reanudó el debate en torno a sus costos y beneficios para el país. De nada sirvió la celeridad que le imprimió el ex presidente Uribe a la negociación del mismo, apremiando al equipo negociador encabezado por el actual Director del DNP Hernando José Gómez, para firmarlos “rapidito”. Dice el adagio popular que de la carrera no queda sino el cansancio y en este caso la ligereza con la que se negoció le significó al país aceptar ciertas imposiciones de parte de los negociadores de EEUU. Es el caso del desmonte por parte de Colombia de todas las salvaguardias al sector agropecuario, particularmente el Sistema Andino de Franjas de Precios (SAFP) al tiempo que los EEUU se negó sistemáticamente a hacer los propio con los subsidios y ayudas de los cuales son objetos sus excedentes agrícolas y pecuarios para la exportación. A ello se refiere el Ministro de Agricultura y Desarrol Rural Juan Camilo Restrepo cuando afirma que “se cometieron ingenuidades negociando los capítulos agrícolas de los TLC” . 

Además, el Gobierno colombiano comenzó a ceder antes de sentarse a negociar; en efecto, cediendo a las presiones de las multinacionales farmacéuticas expidió el Decreto 2582 de 2002, mediante el cual se amplió el período de protección  a los medicamentos de marca y se retrasa la entrada al mercado de los genéricos. Y claro, esta norma, contraria por lo demás a la normativa andina que cobijaba a Colombia, sirvió de piso a la posterior negociación del capítulo de propiedad intelectual. Ello redundará en unos mayores costos para el Sistema Nacional de Salud, agravando su crisis financiera, con el agravante de que una vez entre en vigencia el TLC Estados Unidos el Gobierno ya no podrá la Superintendencia de Salud intervenir y regular la política de precios de los medicamentos como lo viene haciendo para controlar la especulación y las trapisondas de la industria farmacéutica y las EPS con los mismos. Como lo denuncia la analista Helena Villamizar "la inclusion de la figura de expropiacion y menoscabo constituye uno de los compromisos mas lesivos, al facultar a los inversionistas extranjeros a demandar al Estado colombiano ante tribunales de arbitramentos privados cuando sientan afectadas sus ganancias o expectativas razonables de ganancia por cualquier norma o medida". Huelga decir que al violar de manera flagrante las normativas andinas aludidas la administración Uribe allanó el camino de la desintegración de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), todo por el prurito de contar con un TLC bilateral con los EEUU.

Con razón el Comité Consultivo para Políticas y Negociaciones de Comercio de los EEUU conceptuó que “el tratado con Colombia satisface o supera los logros acordados en otros tratados recientes, incluyendo los suscritos con Perú, Centro América y República Dominicana”. Por su parte la Comisión de Medios y Arbitrios del Congreso de EEUU considera que "el mercado de Colombia tiene el mayor potencial de la region para el sector privado de EEUU". Comision de Medios y Arbitrios del Congreso de EEUU. Es muy diciente que sea el propio Embajador de Colombia en Washington, Gabriel Silva, en su afán de lograr disuadir a los parlamentarios estadounidenses renuentes a su ratificación, les hace ver que "Estados Unidos esta perdiendo puestos de trabajo todos los dias por no tener ese tratado con Colombia". De allí que pese a sus hondas diferencias y a la polarización política, en medio de su pugnaz pulso preelectoral, demócratas y republicanos se avinieron a respaldar mayoritariamente  dicha ratificación, espantados como están con el fantasma de la recesión que hace rato ronda la economía norteamericana. Ello fue algo providencial, la crisis económica y la crisis de la deuda que embarga a los EEUU le dieron el empujón final aun TLC que estaba más tuerto que bizco. 

¡NO ESTAMOS PREPARADOS!
No es de extrañar, antonces, la reacción del Ministro Restrepo, al advertir que “no estamos preparados, nos falta mucho…Se hace imperativo que los sectores comiencen a trabajar de forma rápida con el fin de competir o mitigar los efectos del tratado”. Eso ya lo sabíamos, al cierre de las negociaciones en febrero de 2006, el Presidente de la SAC Rafael Mejía no dudó en señalar que “el sector del campo fue el gran damnificado”. Entre tanto el Presidente de Fedegan José Felix Lafaurie le cantó la tabla al gobierno y no se arredró al decirle que “el TLC no es moral ni políticamente defensable”. La suerte estaba echada. Quedaba en evidencia que con la entrada en vigor de este Tratado, contrariamente a lo que sostenía el Gobierno que lo sobrevendía como si fuera la panacea, habrían ganadores y perdedores debido a las grandes asimetrías en el mismo y a este sector le había tocado las de perder. Y cada quien habla de la fiesta según como le fue en ella. Para calmar la molestia del gremio de los agricultores se pasó por el Congreso la Ley 1133 de 2007 “mediante el cual se crea e implementa el programa Agro Ingreso Seguro”. Se trataba de invertir la suma de $500.000 millones anualmente, destinados “a proteger los ingresos de los productores que resulten afectados, ante las distorsiones derivadas de los mercados externos y a mejorar la competitividad de todo el sector agropecuario nacional, con ocasión de la internacionalización de la economía”. Es bien sabido que tales recursos se desviaron y en lugar de favorecer la economía campesina, que será la que llevará la peor parte, fueron a parar a los bolsillos de los más pudientes. 

Afirma el Ministro de Hacienda Juan Carlos Echeverry, haciendo gala de sus dotes de voluntarismo que “nadie lo obliga a uno a hacer malos negocios…Siempre uno debe estar preparado para hacer buenos negocios. ¿En qué? Ya lo dirá el futuro, lo dirán las intenciones de comercio y las intenciones de inversión”. Claro, que “nadie lo obliga a uno a hacer malos negocios” y que “uno siempre debe estar preparado para hacer buenos negocios”. Pero así de claro es también que un Tratado es un compromiso para las partes y las obliga a ceñirse a él así sea un mal negocio por haber sido mal negociado. Uno “debe” estar “preparado para hacer buenos negocios”, pero qué tal si no lo está como lo pone de manifiesto su colega de gabinete?. Ante la preocupación manifestada por voceros de los diferentes gremios empresariales y no sólo de estos, sino de otro de sus colegas, el Ministro de Transporte, quien habló de la “herencia vergonzosa” de las concesiones viales contratadas en la pasada administración, como él mismo dice “a la topa tolondra”, nos sale el Ministro Echeverry con el cuento que “hay que ser benevolentes con lo que el país ha hecho en los últimos años” para añadir que, a pesar de ello él cree que “siempre estamos preparados para más comercio y más negocios”. 

Y este, el de la infraestructura es el mayor obstáculo para que el país sea competitivo; de ello se quejan todos los productores, así los industriales como los agricultores, mineros y petroleros, todos los sectores. De las cinco locomotoras para el crecimiento identificadas como tales en el Plan de Desarrollo Prosperidad para Todos de la actual administración (infraestructura, vivienda, minería, agricultura e innovación), una de ellas, la infraestrutura, que es la que sirve de rieles para que las demás se muevan, un año largo después sigue sin arrancar. Se sabía que, como lo afirma Marco llinás, Vicepresidente del Consejo Privado de Competitividad, “con o sin tratado con EEUU, si no hacíamos la tarea de arreglar la casa por dentro, no podríamos aprovechar el libre comercio”. No obstante cinco años después de firmado el TLC con Estados Unidos y más de siete desde que se incició la negociación del mismo, se perdió ese tiempo precioso para prepararse y de esa manera poder aprovechar la oportunidad que ofrece el TLC. Porque es claro, como lo dijo en su momento el ex ministro de Comercio Jorge Humberto Botero, que “el acuerdo con EEUU abre oportunidades, pero no las garantiza”. Casualmente, cuando el Congreso de EEUU por fin le da luz verde a la ratificación del TLC con Colombia sorprende al país con 20 de sus carreteras cerradas y muchas otras con paso restringido. Una de las regiones más pujantes del país y con más promisorias posibilidades como lo es Santander está aislada del resto del país. 

El orondo Ministro de Hacienda no se da por enterado de estas falencias y sale a decir que “la mejor forma de aprender a nadar es echarse al agua, de manera que bienvenido el ´piscinazo´”. El primero en ripostarle fue el Ministro de Agricultura y Desarrollo Rural, augurando que “esa ducha fría que les va a llegar con los TLC no se convierta en una neumonía para nuestro sector”. Como bien lo dijo El Espectador, “hay que atreverse a dar saltos. El problema es que éstos no pueden ser al vacío; no se prende a nadar con los brazos amarrados…sin un manejo adecuado pueden diluirse las ventajas, por los efectos catastróficos para algunos sectores muy importantes de la economía nacional”. No le salió bien la metáfora al Ministro Echeverry, pues quien está tratando de aprender a nadar no lo va a hacer en una piscina olímpica para clavados, sin exponerse a perecer en el intento. Además, no se puede confundir un trampolín con el cadalzo, que es al que invita el despistado Ministro. 

DESAPLICADOS CON LA TAREA
Sólo ahora, cuando se anuncia la ratificación del TLC con EEUU y ambos países se aprestan a su implementación es cuando se vuelve el Gobierno a acordar de la Agenda Interna para la Productividad y la Competitividad (AIPC) en la que se comprometió el país hace ya más de seis años, pero de la que sólo se acuerda cuando se habla del TLC para volver nuevamente al olvida. Ahora se habla nuevamente de “desempolvar la Agenda Interna para encarar el TLC”. Pero, ocurre que, como dijo el ex secretario del Tesoro de EEUU Lawrence Summers recientemente en su intervención en Expogestión, la competividad no es una especie de switch que se puede prender y apagar sin consecuencias. No faltan quienes plantean que precisamente uno de los beneficios del TLC es que ahora sí nos vamos a ver forzados a retomar la AIPC, cuando ha debido ser alrevés, se pretende ahora en volandas poner la carreta delante del buey. La competividad es una tarea de largo aliento y la clave de la misma está en persistir, en sostener el esfuerzo, porque no se trata sólo de mejorar sino mejor a un ritmo mayor del de los países que nos aventajan. Y de esto sí que estamos lejos, como se denota en el más reciente Informe del Foro Económico Mundial, en el cual el país queda muy mal rankeado. En materia de infraestructura Colombia se raja prácticamente en todas las asignaturas: particularmente en la calidad de las vías carreteables con una calificación de 2.9 sobre 7 ocupa el puesto 108 entre 142 países de la muestra y el panorama es más desolador en vía férreas, recibiendo una calificación de 1.7, ocupando el puesto 99. En cuanto a puertos, obtuvo 3.4, ubicándose en el puesto 109. Sólo muestra una mejora en la dotación en infraestructura aeroportuaria, obteniendo una calificación de 4.1 y ascendió al puesto 94. Colombia a duras penas apenas sí obtuvo como nota promedio en infraestructura 3.7. Pésimo handicap este para enfrentar la competencia de EEUU. Estas precariedades en materia de infraestructura sitúan a Colombia muy por debajo de sus pares en el grupo CIVETS, del cual tanto nos ufanamos de hacer parte. A pesar de que en su momento se hizo mucho algarabía con tal Plan Visión Colombia II Bicentenario 2019, el mismo se quedó en el papel como tantos otros costosos estudios que sólo han servido para llenar los anaqueles oficiales. Un ejemplo patético de la falta de visión y de la estrechez de miras de las autoridades es el Túnel de la Línea; después de tantas vueltas y revueltas para acometer su construcción, cuando finalmente se toma la decisión es sólo para construir un túnel unidireccional, habrá que esperar otros cincuenta años para construir la otra calzada. Esto es como para Ripley!

No sé de donde saca el Ministro de Comercio, Industria y Turismo (MCIT), Sergio Diaz-Granados, que con el TLC el PIB de la economía Colombiana va a crecer un punto adicional, que se van a triplicar las exportaciones a EEUU (llevándolas de los US $16.900 millones del año anterior a US $50.000 millones en sólo cinco años) y que se van a crear más de 380.000 nuevos empleos, según el Director del DNP se obtendrá “una reducción de dos puntos en la tasa de desempleo en un período de cinco años”. En primer lugar, nadie se explica cómo si la economía mexicana, no obstante contar con un Tratado de Libre Comercio con EEUU (NAFTA, por sus siglas en inglés) desde enero de 1994, en los últimos quince años su PIB ha crecido por debajo del promedio del crecimiento del PIB de Latinoamérica y particularmente de Colombia, ahora la economía colombiana, por el sólo hecho de poner en marcha el TLC con EEUU, ahora va a crecer a un rítmo mayor. No obstante el incremento en las inversiones y en las exportaciones, ello no se ha traducido en mayor crecimiento del PIB. Es más, según el Banco Mundial, la CEPAL, el FMI y la OCDE “a casi 18 años de la entrada en vigencia del NAFTA, México tiene una realidad cruda: el 51% de la población, unos 54.8 millones de personas, vive en situación de pobreza; desde la crisis del 2008, la mitad de los nuevos pobres de América Latina son meicanos; la desigualdad en la distribución de la riqueza prevalece: 10% de la población concentra el 41.4% del ingreso nacional…Los salarios no han alcanzado el crecimiento esperado y uno de los sectores más golpeados en México ha sido el agrario…”. 

Es decir, que México con el NAFTA está cada vez más cerca de EEUU y más lejos de la Prosperidad para todos, lo cual da para pensar que tales augurios no pasan de ser meros espejismo. Tal es también la pretensión de triplicar las exportaciones a ese país por cuenta del TLC, lo cual lo despeja un estudio del Banco de la República  realizado en 2007 el cual estima que con con el TLC con EEUU las  eexportaciones crecerán un magro 6.4% mientras las importaciones crecerán el 12%. El resultado de este estudio lo corrobora otro de la Comisión de Comercio Internacional, responsable de la política de comercio exterior estadounidense (USTR), según el cual “gracias al TLC las exportaciones estadounidenses a Colombia podrían aumentar en un 10%, cerca de US $1.100 millones y las importaciones en unos US $487 millones”.  Y ello es explicable, porque como lo anota el consultor empresarial Jorge Alberto Velásquez, “una cosa son los acuerdos comerciales y otra la posibilidad de aprovecharlos: en Chile y México participamos únicamente con el 1.1% (US $907 millones) y 0.2% (US $638 millones), respectivamente, de sus importaciones totales. Firmamos acuerdos, pero no contamos con producción para exportar, ni la generamos”. Esta es la verdad verdadera. En cuanto al empleo, es consabido que a pesar del repunte que han tenido las exportaciones, sin TLC y del aumento de la producción la tasa de desempleo no cede. Con TLC no van a cambiar las cosas, mientras no se cambie el modelo económico de crecimiento sin empleo que predomina en Colombia, en ello no nos podemos hacer ilusiones. Muy seguramente generará más empleo en EEUU del que se va a generar aquí, en donde lo que vamos a tener es destrucción de empleo en el campo.


ENTRE FALACIAS Y ESPEJISMOS

No es cierto, como se afirma en la página Web del MCIT que  ahora que tiene TLC con canadá y Suiza “es la primera vez que Colombia puede ingresar sus productos, sin restricciones arancelarias, a países desarrollados”, ahora que tiene libre comercio con canadá y Suiza…”. Acaso Colombia no cuenta con el Andean Trade Promotion and Drug Enforcement Act (ATPDEA)  desde 1991, el cual acaba de ser prorrogado en simultánea con la ratificación del TLC, el cual le permite a Colombia acceder al mercado estadounidense la inmensa mayoría de sus productos de exportación libre de arancles? Otra cosa muy distinta es que no se haya sabido aprovechar a plenitud dichas preferencias como si lo ha hecho Perú, por la misma razón por la que tampoco se ha aprovechado el TLC con Chile, por no contar con una robusta oferta exportadora. Seguimos con la misma oferta exportadora de hace 40 años, la cual se limita esencialmente a una limitada gama de no más de 11 productos de talla mundial. Bién dice Marco Llinás que “los países con mayor diversificación del aparato productivo son los que más crecen y en eso Colombia tiene aún un espacio para trabajar”. Como tampoco es cierto que, como lo sostiene el Director del DNP y Coordinador del equipo negociador colombiano del TLC con EEUU Hernando José Gómez, “las micro, pequeñas y medianas empresas se benefician por la disminución de costos de maquinaria, equipo, insumos y materia prima importada de Estados Unidos por la eliminación inmediata de la gran mayoría de los aranceles….En efecto será un incremento de competitividad que debe redundar en mayores exportaciones y mayor capacidad para preservar el mercado interno…puede generar 500.000 empleos en los próximos cinco años”.

Resulta curioso, por decir lo menos, que el ex ministro de Hacienda Rudolf Hommes considere que el TLC “llega en el momento que se necesita”, habida cuenta del colapso de la frágil y precaria infraestructura vial con la que cuenta el país, amén del azote de la volatilidad de la tasa de cambio. La ratificación del TLC coincide con una coyuntura caracterizada por la reprimarización de la economía, la cual ha repercutido en la pérdida de competitividad de la producción y de las exportaciones de la industria y la agricultura, las cuales han perdido además participación en el PIB impactadas por la enfermedad holandesa. Y pensar que una vez entre a regir el TLC el Gobierno y el Banco de la República quedarán maniatados e imposibilitados para tomar medidas que amortigüen dus deletéreos efectos porque no podrán ni intervenir la tasa de cambio ni establecer controles a la entrada de capitales.  Estas son razones que nos llevan a plantear la necesidad de una moratoria para su entrada en vigencia, a riesgo de que si ella no se da sus efectos pueden ser catastróficos. Tal moratoria no causaría ningún traumatismo dado que el país ya cuenta con el salvavidas de la extensión de los beneficios del ATPDEA hasta mediados de 2013. 

De hecho Colombia ha venido desgravando la importación de maquinarias, equipos e insumos importados unilateralmente (Decretos 4114 y 4115 de 2010), sin esperar siquiera negociarlo con los demás países. No sobra advertir que ello le representa un importante costo fiscal al país, el cual se acrecentará con la entrada en vigencia del TLC con EEUU. Según ANIF “se ha estimado que, cuando quiera que entre a regir el TLC con los EEUU, ello representara un sacrificio fiscal del orden de los $645.000 millones en el primer ano, cifra equivalente al 0.2% del PIB, segun las propias cifras del Marco Fiscal de Mediano Plazo presentado (!Oh paradoja!) en el año 2006". Este es otro de los “beneficios” del TLC del cual no se habla, será por aquello de que en casa del ahorcado no se menciona la soga? En todo caso, la acogida que algunos desatentadamente le están dando al TLC evoca aquellos tiempos de bárbaras naciones, en el Imperio romano, cuando las víctimas de la persecusión al ser arrastradas para ser lanzadas a las fauces de las fieras del circo, exclamaban ante el Emperador: Ave césar, los que vamos a morir te saludan!


Riohacha, octubre 16 de 2011
www.amylkaracosta.net

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