Mar 03, 2021 Last Updated 12:36 PM, Feb 28, 2021

COLOMBIA A LA VANGUARDIA

El sector energético colombiano ocupa un lugar de privilegio en el concierto de naciones, tanto por su robustez como por la diversificación de su matriz de fuentes y usos de sus recursos energéticos. Ello le ha merecido una alta calificación por parte del Foro Económico Mundial (FEM), que destaca y pondera mucho el desempeño de su arquitectura energética, que la sitúa en un 7º lugar entre 124 países evaluados. Por su parte en el Índice de Sostenibilidad Energética del World Energy Council (WEC) para el 2013 Colombia ocupó el puesto 24 entre 129 países, siendo la sostenibilidad ambiental el que obtiene la nota superior, ubicando a Colombia en el 4º lugar. Dicho de otra manera, contamos con un sector energético de clase mundial.

Es bien sabido que en el Siglo XX, caracterizado por ser al mismo tiempo el escenario por excelencia de una época de cambios y un cambio de época, la comunidad internacional debió afrontar dos campanazos de alerta ante el peligro latente que podría comprometer la seguridad energética del mundo contemporáneo. La guerra del Yonkipur en octubre de 1973 sirvió de detonante al primero de ellos, al propiciar el tránsito de una era de la energía abundante, barata y de suministros confiables a otra de la energía escasa, costosa y de suministro expuesto a toda clase de contingencias políticas. El segundo campanazo vino por cuenta del cambio climático, reconocido oficialmente en 1988 por parte de las Naciones Unidas. 

Ante estas dos amenazas, la comunidad internacional arribó a un consenso sobre la necesidad de ahorrar la energía que hasta entonces se despilfarraba, además de la importancia de hacer un uso más racional y eficiente de la energía y, lo que es más importante, promover e inducir la diversificación de la matriz energética migrando hacia las energías alternativas, sobre todo hacia las renovables y limpias.  Y bien dijo Darwin, que ante estas nuevas realidades “los sobrevivientes no serán los más inteligentes y capaces, sino aquellos que se adapten mejor al cambio”. Colombia es consciente de que  al tiempo que es el país más biodiverso por kilómetro cuadrado del mundo es también el tercero por su vulnerabilidad ante los embates del cambio climático, amén de la precariedad de sus reservas de hidrocarburos. 

Podemos afirmar que en lo atinente al sector eléctrico propiamente dicho Colombia se ha sabido adaptar al cambio, ello a partir de las lecciones aprendidas del apagón que le significó al país catorce meses de drástico racionamiento del fluido eléctrico entre los años 92 y 93 a consecuencia del fenómeno de El Niño. Con las leyes 99 de 1993, 142  y 143 de 1994 se sentaron las bases sobre las cuales descansa el sistema energético colombiano, que le ha garantizado al país firmeza y confiabilidad en la prestación del servicio. Las políticas públicas y el marco regulatorio que las desarrollan han posibilitado que Colombia hubiera pasado indemne ante los varios episodios posteriores del fenómeno de El Niño (97/98, 2005 y 2009/2010), que pusieron a prueba la fortaleza y la consistencia del Sistema. 

Pese a esta historia de éxito, no se ha caído en la autocomplacencia pensando en que Colombia sea la arcadia en materia energética; los retos son cada día mayores y más exigentes. Como afirmó Mandela, cuando uno escala una colina se percata que le quedan por delante muchas otras colinas por escalar. Y este es el caso. De allí la importancia y la pertinencia de la expedición de la Ley 1715 de 2014, a través de la cual se estimula e incentiva tanto la generación como el uso de las energías no convencionales, con la cual Colombia le toma la delantera a muchos otros países de la región y del mundo en materia energética. Esta Ley va en línea con intentos anteriores en procura del uso racional y eficiente de la energía previsto en la Ley 697 de 2001, así como el Documento CONPES 3700 de 2011 y más recientemente la Resolución 9 0325 de 2014, que se propone reducir la huella de carbono en las actividades propias del sector y a mitigar sus deletéreos efectos. 

 

Bogotá, agosto 30 de 2014

www.amylkaracosta.net

 

¿INTERVENCIÓN PARA QUÉ?

Para nadie es un secreto que la situación planteada en la región Caribe en relación al suministro de energía eléctrica amerita una acción contundente por parte del Gobierno y así lo entendí al asumir la Cartera de Minas, Energía e Hidrocarburos. Una y otra vez se ha solicitado la intervención de la empresa operadora del servicio, ELECTRICARIBE, como la solución. Sin embargo, es evidente que la intervención es una salida por la puerta falsa, evasiva, demagógica. Quienes la están promoviendo y amenazan con un Paro cívico en La guajira si no se da dicha intervención sólo aspiran a montarse en la cresta de la ola de la inconformidad con ELECTRICARIBE y capitalizarla políticamente.


Si el ábrete sésamo para la solución de la problemática de la prestación del servicio de energía en la región fuera la intervención esta hace rato se habría dado. De acuerdo con la consultoría que para el efecto adelantó la experta Carmenza Chahín (Alternativas para garantizar la sostenibilidad de la prestación del servicio eléctrico en la Costa Caribe) el nudo gordiano no es administrativo, sin que ello quiera decir que no hay problemas administrativos, sino operativo y este a su vez se debe al rezago histórico en inversiones que han debido hacerse y por distintas razones (que están documentadas en el trabajo realizado) no se hicieron en su momento.


Si se quiere, entonces, superar los problemas estructurales del Sistema energético en la región Caribe lo que hay es que ejecutar las inversiones requeridas y es eso lo que se busca con el Plan de choque que nosotros pusimos en marcha a través de las resoluciones 9 0506 y 9 0604 de 2014 del MME y las resoluciones 079 y 093 de 2014 de la CREG. Mediante estos actos administrativos lo que se busca es anticipar la ejecución de los proyectos que se necesitan, mediante convocatorias express, para darle mayor firmeza y confiabilidad a la prestación del servicio, reduciendo las restricciones y las pérdidas.


Claro que, a la par de la ejecución de estas obras que por más de US $600 millones de inversión están en marcha (entre ellas el anillo Riohacha - Cuestecitas - Maicao - Riohacha), además de las pusimos en operación recientemente (entre ellas las subestaciones de Rotiné en el Municipio del Atlántico, otra en Bonda (Santa Marta) y otra en Uribia (La guajira), amén de las de La sierpe en La Mojana y la del Aeropuerto de Santa Marta), además de los proyectos que fueron adjudicados en los últimos días (La línea Bolivar - Cartagena, la que unirá a Chinú - Montería - Urabá), la Superintendencia ha venido ocupándose de aquello que es de su competencia, esto es lo que hace relación a la gestión administrativa de la empresa, la prestación del servicio por parte de esta y la atención de las quejas y reclamos por parte de los usuarios. Ello sin hacer mención del Plan Piloto que dejamos en proceso de estructuración, tendiente a alcanzar la más amplia cobertura en la prestación del servicio de energía eléctrica en toda la región Caribe, el mejoramiento en la calidad del mismo, su normalización y de contera el alivio tarifario para los estratos de menores ingresos, empezando por la revisión del consumo básico de subsistencia.


La intervención que se plantea a qué se reduce, simple y llanamente a remover la administración actual y designar en su lugar un gerente interventor por parte de la Superintendencia de Servicios públicos. Pero la fiebre no está en las sábanas; el interventor puede ser Mandrake, pero sin que se resuelvan los problemas estructurales ya mencionados, por muy buena voluntad que tenga (nos recuerda Oscar Wilde que de buenas intenciones está empedrado el camino hacia el infierno) con ello no va a mejorar la calidad en la prestación del servicio, que es de lo que se trata. Eso es tanto como cambiarle conductor a un chócoro que se vara cada rato, como si su pericia pudiera suplir la reparación del motor del vehículo, que es el que no funciona. 
Es bueno mirarse en el espejo de EMCALI, cuánto duró la intervención de esta empresa por parte de la Superintendencia y al final nos encontramos con que la misma después de esa larga intervención, que duró más de trece años,  no salió mejor que cuando estuvo peor. Luego la intervención que se reclama no pasa de ser un espejismo. Lo advertimos, con el fin de que no se creen falsas ilusiones con la intervención que se reclama, en el sentido que basta con la intervención para que en una santiamén se resuelvan todos los problemas que por años ha venido arrastrando ELECTRICARIBE. No nos llamemos a engaños; conocido el diagnóstico, a la hora de recetar nos tenemos que cuidar de confundir la inocuidad del placebo con la eficacia del medicamento prescrito.

Riohacha, septiembre 18 de 2014
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LET’S GO FOR MORE RESERVES

The first priority for the country is adding more barrels of oil to its proven reserves, given the precariousness of these, since the 2.445 million barrels hardly give the country 6.6 years of self-sufficiency. Therefore, it is said of Colombia that instead of being an oil country is a country with oil. However, it is noteworthy that, due to the exploratory efforts of recent years, in 2007 the fall of stocks has paused and picked up since 2008. Over the past four years (2010 - 2013) proven reserves increased 18% and this is all the more remarkable when you consider that production in the same period grew more than proportionally, 27.3%, from an average of 785,000 barrels / day-year to more than a million barrels per day. 

And this has been possible without finding neither a Caño Limón nor Cusiana in the last twenty years, but aided by a string of small finds which together have enabled the incorporation of greater reserves while the country has gained more petroleum prospectivity. Since then, Colombia has also contributed to reserves through the application of new improved-recovery technologies. To highlight the fact that the participation of increased reserves corresponding to new discoveries has been in crescendo, last year these reached 39% of the total. 

However, since the government's goal is to move from a relationship of reserves to production (R / P) of 6.6 in the current year to 10 in 2018, achieving this will require moving from reserve additions last year of 436 million barrels to adding 615 million barrels annually. In other words, we need to move from a current reserve replacement index of 118% to 167%, a daunting task. This country has to pick up the pace on exploratory activity, and not just limited to conventional reservoirs but also expanding the frontier into the unconventional, as well as the already-committed campaign to search for offshore hydrocarbons. 

That's the country’s bet with the recent Ronda Colombia 2014. Indeed the country passed from 21 exploratory wells drilled in 2004 to 131 in 2012, recording a slight fall in 2013 when 115 were drilled when 130 was the goal and now 135 wells are projected for this year. Of course, to achieve this goal it is necessary to remove three major pitfalls that are holding back the oil industry in the country: the terrorist attacks against its infrastructure, social unrest and the delays in the processes of environmental licensing and prior consultations. 

We do not think we need to promote changes in the legal regulations to attract investment and stimulate oil and gas activity in the country, whose last adjustments were made to encourage production increases and more recently as it pertains to the exploration and development of unconventional reservoirs. What is at issue is that these rules are followed and thus win legal certainty, which is what at times is compromised when circumstances arise in the environment of the activity that put you at risk. A recent study by Arthur D. Little shows Colombia has Latin America's most attractive fiscal terms as well as its political and investment climate, receiving a rating of 3.9 out of 5, beating, among others, Mexico and Brazil. That is, that Colombia remains competitive and attractive for investment and investors in the oil industry.

Who is Amylkar Acosta?

Amylkar Acosta Medina was, until recently, Colombia’s Minister of Mines and Energy. Previously, he headed the country’s Biofuels association (of which he was a founder) and was a member of the Board of Ecopetrol, representing petroleum-producing regions in 2013 and then later as Mininas. He served as Vice Minister of Mines and Energy in César Gaviria’s government in the early 90’s. Acosta was twice elected to Colombia’s Senate, holding the post of President of the Senate in 1997 and 1998.

Born in La Guajira and educated at the University of Antioquia, he returned as a professor of the Guajira University in the late seventies. Based on his energy experience, he was appointed President of the Colombian Gas Company in the late eighties.

Currently, he is teaching at the Externado University in Bogotá. 

www.amylkaracosta.com

Bogotá, september of 2014

 

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