Mar 24, 2019 Last Updated 1:08 PM, Dec 15, 2018

REALIDAD Y PERSPECTIVASREALIDAD Y PERSPECTIVAS

El mismo Gobierno que en su momento quiso descalificar a los críticos de su reforma tributaria simple y llanamente por anticiparse a develar esta realidad que ahora reconoce, recurre al ardid de tratar de hacer creer que ya se alcanzó la meta de su Plan de Desarrollo Prosperidad para todos de producir un millón de barriles diarios, cuando ello no es verdad. El propio Presidente Santos le dio la albricia al país desde el lacerado Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina: “ayer pasamos la producción del millón de barriles. Esta es una buena noticia”. Esta sí que es una falacia: la meta del Gobierno en su Plan de Desarrollo no es producir un millón de barriles en un solo día, sino producir un millón de barriles promedio diario. Con razón el diario El Tiempo acotó la noticia propalada en el sentido que “hay que aclarar que el promedio de un millón de barriles diarios que el Gobierno se fijó aún no se alcanza”.


Pero, cuál es la verdad verdadera que se oculta tras el efectismo mediático de esta “buena noticia”? Que el 29 de diciembre se alcanzó un pico de producción de 1.015.000 barriles de producción, así como otro día cualquiera del mismo mes se había alcanzado la producción de 1.025.000, pero el mes completo terminó, según la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) con una producción promedia diaria de 984 mil barriles, 1.44% más que el mes anterior y 5.81% por encima de la producción del mismo mes el año anterior. Se calcula que el año de 2012 cerrará con una producción promedia al día de 944.000 barriles, para un 3.19% mayor que en 2011.


Este es el mismo caso de la meta de un solo dígito de la tasa de desempleo; no se trata de que en un mes o varios meses dicha tasa sea de un solo dígito, el objetivo es el de una tasa de desempleo de un solo dígito sostenible en el tiempo, que no se va a alcanzar con tasas de crecimiento del PIB por debajo del 4% y con el débil crecimiento de la industria del 1%. Del mismo modo, mientras no se cuente con nuevos hallazgos que permitan reponer las reservas que se extraen, pretender hacer parte del club de las grandes ligas de países  productores de más de un millón de barriles y, lo que es más importante, permanecer en él es una utopía. Mientras las reservas de crudos con las que cuenta el país, que superan ligeramente los 2.000 millones de barriles, seguirán siendo modestas y, claro, a mayor rata de producción durarán menos. Por ello, el énfasis de la política del Gobierno debe ponerse en la búsqueda del oro negro en procura de mayores reservas, en lugar de obsesionarse con la producción de mayores volúmenes de crudo.


Los esfuerzos en materia de exploración que vienen haciendo ECOPETROL y las demás empresas petroleras en el país van en la dirección correcta; la última ronda en la que la ANH subastó varios bloques en el país y la positiva respuesta que tuvo muestran que Colombia sigue siendo atractiva  de allí también el hecho de que un alto porcentaje de inversión extranjera directa (IED) se ha venido orientando hacia el sector de petróleo y minas (65%). 37 empresas interesadas, entre las cuales figuran además de ECOPETROL grandes multinacionales, presentaron propuestas sobre 49 bloques de 115 que ofrecía en primera instancia la ANH -porque posteriormente fueron adjudicados 50 de los 66 que habían quedado disponibles-, lo cual ha sido catalogado como un éxito por los entendidos en el tema.


Las nuevas tecnologías, particularmente la del fracturamiento hidráulico que permite la explotación de los esquistos, amplían las fronteras y a ellas hay que apostarle, como lo pretende hacer el país. Colombia, hasta donde se sabe, tiene un gran potencial en hidrocarburos no convencionales, especialmente en el Magdalena medio, La guajira y el pie de monte llanero. De hecho ECOPETROL en asocio de la SHELL y la EXXON, que ya disponen de la tecnología y la experticia para su desarrollo, le están apostando al mismo. Pero hasta que no se encuentre, se extraiga, no sin antes tomar las previsiones medioambientales del caso y se bombee a través de los oleoductos no podemos cantar victoria. Todavía es muy temprano para hacer cuentas alegres.


Además, no se puede hacer abstracción de las nuevas realidades en el mercado de los hidrocarburos, en el que EEUU empieza a jugar un rol de la mayor importancia, precisamente por el auge de los hidrocarburos no convencionales. En virtud de estos se calcula que las reservas de crudo de la potencia del norte se han visto acrecentadas en más de 24.000 millones de barriles, muy próximas a los 30.000 millones de barriles que totalizaron sus reservas para el año 2000. En los últimos años EEUU ha aumentado sensiblemente su producción de petróleo y gas, su dependencia es cada vez menor y dado que es el mayor consumidor de hidrocarburos en el mundo ello ya esta reconfigurando este mercado De ello debe tomar nota Colombia, habida cuenta que EEUU sigue siendo nuestro principal mercado tanto para las exportaciones de petróleo como de carbón, que también está viendo restringida su demanda por la sustitución que viene haciendo del consumo de carbón en sus térmicas por el shale gas, abundante y barato. EEUU, que hasta ahora ha sido el principal destino de nuestras exportaciones,  habrá de convertirse en nuestro mayor competidor.


El cambio en su matriz energética va a tener una enorme repercusión en el mercado de los hidrocarburos, al punto que según la Agencia Internacional de Energía (AIE) “EEUU, que actualmente importa alrededor del 20% de sus necesidades totales de energía, se convierte casi totalmente en autosuficiente en términos netos”. Es más, según la misma agencia EEUU se convertirá en un futuro próximo en el principal productor de crudo para el 2017, que ya está a la vuelta de la esquina, por encima de Arabia Saudita.   

Riohacha, enero 19 de 2013
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LOS MALOS AUGURIOS

Y LA REVALUACIÓN AHÍ


Como lo afirma la revista Dinero, “detrás de la bonanza colombiana de los últimos años se puede estar gestando uno de los más graves problemas económicos que haya enfrentado el país desde la recesión de 1999”. Y la verdad sea dicha: el año pasado no terminó bien y este año pinta mal, veamos por qué nos atrevemos a hacer esta afirmación que va a contrapelo del optimismo del Gobierno. Recordemos que el sector industrial ya completó dos años de estancamiento y no da trazas de levantar cabeza, al tiempo que la economía en su conjunto acusa una desaceleración cada vez más acelerada. El titular de La República no puede ser más elocuente: “32 cifras muestran el mal panorama”.


Uno de los mayores males que agobian a la economía nacional es la llamada enfermedad holandesa, que no es otra cosa que la pérdida de competitividad de la producción nacional por cuenta de la revaluación del peso frente al dólar. En su última reunión la Junta directiva del Banco de la República percibió claramente la marcada tendencia a la baja de la producción industrial, el desaliento del sector exportador, el freno de mano en las inversiones en infraestructura, así como la ralentización del crecimiento del consumo interno. Ello la condujo a recortar nuevamente en 25 puntos básicos la tasa de interés de intervención, fijándola en el 4%. Pero también fue motivo de preocupación del Banco Emisor la incontenible apreciación del peso con respecto al dólar, que prosigue después de una revaluación del 9% el año anterior, al perder $175.


Según el B de la R la tasa de cambio cerró el año anterior “en un 8% por debajo de la de equilibrio”; dicho de otra manera, el dólar debería estar entre $1.900 y $2.000. Desde 1998 la tasa de cambio no había cerrado el año por debajo de $1.800 (¡!). Para tratar de contrarrestarla dispuso aumentar en un 50% sus compras diarias de divisa americana, de tal manera que entre enero y mayo de este año comprará diariamente no menos de US $30 millones hasta acumular al menos US $ 3.000 millones adicionales en sus reservas internacionales. Pero, si todos los de la Junta del B de la R piensan como el codirector Juan José Echavarría, que “en todos los países exitosos se revalúa la moneda”, estamos perdidos al concluir que nos tenemos que resignar frente a los estragos de la revaluación, pues según él este es el precio que tenemos que pagar como país por ser “exitosos”.


Hasta ahora el Banco y el Gobierno han sido parcos a la hora de utilizar la panoplia antirevaluacionista, sus medidas han resultado inocuas o, por decir lo menos, insuficientes. El ex ministro de Hacienda José Antonio Ocampo ha sido reiterativo en la necesidad de apelar a otras medidas complementarias más radicales tendientes a revertir la tendencia revaluacionista del peso colombiano, al considerar que la tímida intervención del mercado cambiario por parte del B de la R es apenas “un pañito de agua tibia”. Ocampo ha hecho propuestas tan audaces como la de aplicar al sector minero una “retención” parecida a la que en su momento se aplicó en los años 70 para manejar la bonanza cafetera, que han sido desoídas por las autoridades económicas. Tampoco se le ha querido poner freno al excesivo endeudamiento externo, incluido el de las empresas con sus casas matrices, que lo hacen pasar por inversión extranjera directa (IED), que también presiona la tasa de cambio.


Asobancaria sostiene que las medidas tomadas por parte de la Junta del B de la R “no parecen suficientes para un período extenso. Resulta sobre todo difícil sostener una compra de divisas al mismo ritmo al cual ingresan los capitales del exterior, por los costos para el Emisor y los riesgos que implica para la estabilidad macroeconómica y financiera una expansión monetaria persistente”. Ello es tanto más cierto habida consideración de la terquedad aragonesa del Gobierno, que no sólo se empecina en no ponerle cortapisas a la entrada de capitales especulativos, atraídos por la ostensible diferencia en las tasas de interés interna y externa que aún persiste, sino que en la reforma tributaria aprobada por el Congreso de la República a instancias del Gobierno a finales del año anterior se incentivó la mayor afluencia de los mismos al reducir la tasa impositiva para la inversión en renta fija.


LO QUE FALTABA
La economía venía en auge aupada por el boom minero-energético de la última década, el cual a su vez respondía al crecimiento acelerado de las economías emergentes, encabezadas por el grupo de los BRIC (Brasil, Rusia, India y China). Pero, después de la Gran crisis desatada en 2008, en la cual EEUU y la Unión Europea (UE) llevaron la peor parte, la lenta recuperación de la economía estadounidense y la prolongada recesión en que sigue sumida la UE terminaron por resentir las economías del grupo BRIC. La economía china que venía creciendo a un ritmo del 10% el año pasado sólo creció el 7.5%, la de la India que venía creciendo al 9% se tuvo que conformar con el 5.2%, la de Rusia creció un modesto 3.6% y, finalmente, la de Brasil creció un anémico 1% (¡!). Y, como es apenas lógico, al menor tasa de crecimiento de tales economías le sigue una menor demanda por materias primas y recordemos que de la China y la India se decía que eran las dos “aspiradoras” de materias primas a nivel mundial. A guisa de ejemplo, por cada punto que deja de crecer la economía china le significa dejar de comprarles a los países que las producen US $10.000 millones en materias primas. Esto es una barbaridad!


Y, claro, al reducirse la demanda por productos básicos, como son las materias primas, estas, además de perder mercado al reducirse los volúmenes transados, ven reducir sus precios internacionales. Es lo que ha ocurrido con el carbón, por ejemplo, cuyas exportaciones cayeron 5.25% y, después de haber alcanzado un precio de US $110 la tonelada en enero de 2012, terminó el año por debajo de los US $60. El aplazamiento por parte de El Cerrejón de su plan de expansión y la postergación de sus planes en La guajira por parte de la brasilera CCX no son fortuitos, obedecen a las nuevas señales que está enviando el mercado. Es el caso también del drama que están viviendo los cafeteros, que además de la caída de su producción se han visto afectados por partida doble, pues al tiempo que se cotizaba en marzo de 2011 en US $3 la libra y el dólar se cotizaba a $1.889, hoy se cotiza a US $1.4 dólares y el dólar se transa a $1.795 (¡!).


Pero, volviendo al sector minero – energético, que era el que venía jalonando la economía nacional, nos tropezamos ahora con una realidad bien diferente, debido a que el boom se encuentra en su cuarto menguante. Las exportaciones mineras que llegaron a representar el 25% entre enero y noviembre de 2011, ahora bajó su peso específico al 23.4% de las exportaciones totales, con un registro de US $12.815 millones para ese mismo período pero en el 2012. Mientras las exportaciones totales crecieron 6.9 para dicho período, las exportaciones del sector minero sólo crecieron un magro 2.55%, cuando antes era al revés, crecían las exportaciones mineras de forma más que proporcional con respecto a las exportaciones totales. Este cuadro se puede complicar aún más con el advenimiento del shale gas y el tight oil  que están haciendo furor en EEUU, provocando una verdadera revolución y conduciendo a un replanteamiento de su matriz energética.


El carbón viene siendo desplazado por el shale gas en el mercado estadounidense y al verse liberado en el mercado interno lo están exportando, generando con ello una sobreoferta del mineral en el mundo. Concomitantemente, gracias al tight oil, las reservas de crudo de la potencia del norte se han visto acrecentadas en más de 24.000 millones de barriles, muy próximas a los 30.000 millones de barriles que totalizaron sus reservas para el año 2000. Ello también va a gravitar sobre el mercado y los precios de futuro del crudo colombiano, ya que el que hasta ahora ha sido nuestro principal cliente a poco andar se convertirá en nuestro competidor. Y recordemos que por cada punto que se pierde en el valor de la canasta de crudos que exporta Colombia abre un hueco del orden de los US $270 millones y no se cuenta con ninguna otra fuente de ingresos para taparlo. Es más, según el Banco Mundial, “a Colombia, una caída de 20% en los precios del crudo le significa perder 0.4% del PIB”.


LA DEBACLE DE LA INDUSTRIA
Pero, lo más grave del asunto es que debido a este auge inusitado del sector minero – energético de los últimos años llevó de la mano a la economía colombiana a un franco proceso de reprimarización que le ha hecho mucho daño al sector manufacturero, el que pierde cada vez más participación en el PIB y de contera crece cada vez menos. Tanto la industria como el sector agropecuario del país han sido las víctimas de la enfermedad holandesa, que para el Gobierno sigue siendo todavía dizque una amenaza. Ello, de paso, impide reducir la tasa de desempleo y subempleo, dado que el sector manufacturero, a diferencia del sector minero – energético, es por excelencia intensivo en mano de obra. Las cifras hablan por sí solas: “el déficit comercial del sector industrial – exportaciones menos importaciones – ascendió a US $27.471 millones a noviembre de 2012, el más elevado de la historia económica colombiana”.


Ahora, que nuestra dependencia con respecto del sector minero – energético es mayor y el mismo pierde dinamismo, al tiempo que se desploman sus exportaciones, la preocupación es mayor porque empieza a convertirse en un lastre para el crecimiento de la economía en su conjunto. Y no es para menos, dado que “sin contar la bonanza petrolera, el hueco en la cuenta corriente nacional es cercano a 10% del PIB (unos US $27.000 millones, es decir $50 billones). En 2012, este mismo balance sólo lo tenían países no petroleros como Serbia, Albania, Armenia, Sierra Leona o Georgia”. El déficit en la cuenta corriente de la Balanza de pagos se ha vuelto crónico, estructural, al punto que los ingresos de divisas no petroleros no dan abasto para cubrir los gastos. 


Las exportaciones en general, que no bajaban desde octubre de 2009, vienen de capa caída: en junio cayeron 1.9%, en julio 4%, en agosto 7.6%, pero definitivamente la mayor caída de las exportaciones se produjo en noviembre del año pasado con el 8.2%. Para el período enero – noviembre de 2012 las exportaciones crecieron el 6.3%, que contrasta con el 43% del 2011 completo. El impacto, desde luego, ha sido mayor en el renglón exportador de las manufacturas, “el balance externo de las manufacturas colombianas es dramático: la diferencia entre exportaciones e importaciones manufactureras supera los US $32.000 millones. Eso quiere decir que, en productos industriales, por cada dólar exportado se importan cuatro”. Es decir, los mayores ingresos que ha recibido el país como producto del boom minero energético, ha contribuido a insuflar la apreciación del peso y con ello a restarle competitividad no sólo a los productos transables sino a aquellos que deben competir con la invasión de artículos importados con dólar barato.


El hecho de que en el mes de noviembre pasado al tiempo que la producción industrial cayera el 4.1% y las ventas se incrementaran el 6.7% es una prueba irrefutable de ello. Es de anotar que, contrariamente a las predicas de los impulsores de los TLC, la participación de las exportaciones no tradicionales (distintas a carbón, petróleo y café) en las exportaciones totales  sigue siendo prácticamente  la misma después de su entrada en vigencia, 26% en mayo del año pasado y 27% para el período enero – noviembre de 2012. En el caso particular de EEUU, según el Departamento de Comercio, hasta septiembre de 2012 sólo el 15.2% de las exportaciones colombianas a este destino correspondieron a las no tradicionales e incluso bajaron con respecto a 2011 al pasar de US $2.955 millones este último año a US $2.864 millones. 


Bien ha dicho el Presidente de la Asociación Colombiana de Industriales del Calzado, el cuero y sus manufacturas Luis Gustavo Flórez,  “en la medida que la industria nacional pierda su piso en el mercado local, esto tiene un efecto directo en las exportaciones”. Por ello es bueno señalar que, como lo destaca Portafolio, el principal responsable de la debacle del sector industrial no es propiamente la revaluación, “el derrumbe industrial se origina primordialmente por la disminución de la demanda doméstica por bienes de origen nacional, que en varios sectores es desplazada por productos importados. Este es el caso de las cadenas textil – confecciones, calzado, manufacturas de cuero, siderurgia y autopartes, además de alimentos procesados del sector agroindustrial. Es muy diciente que, según el Presidente de la ANDI Luis Carlos Villegas, “más del 80% de las empresas han manifestado que se han visto fuertemente afectado por la competencia de las importaciones”.  
Según la revista Dinero, de acuerdo con los registros de Raddar “la participación de las importaciones en las compras de prendas de vestir llegó el año pasado a 22%, record de los últimos seis años”. La reforma arancelaria estructural de 2010 – 2011, que “rebajó unilateralmente y sin concertación el arancel promedio de 12.2% a 8.3% y luego a 6.5% favoreció la caída de la industria. Su costo fiscal supera el billón de pesos anuales, recursos que hubieran podido fomentar la política industrial, en lugar de exponer erróneamente al sector manufacturero a una competencia desleal como la que campea actualmente”. Así somos de majaderos!


SE ACELERA LA DESACELERACIÓN
Últimamente el Gobierno ha empezado a preocuparse por el curso que ha venido tomando la economía y ha entendido que no se puede quedar con los brazos cruzados. No obstante mantiene la misma receta, con las mismas prescripciones, simplemente aumenta la dosis de la misma pócima. ANIF ve negros nubarrones en la perspectiva del 2013, particularmente en lo que hace relación al “agotamiento en las reducciones en la tasa de desempleo, el agravamiento del desbalance en la cuenta externa (pasa del 3 al 4% del PIB) y el riesgo de más desaceleración económica local, por el complicado entorno global”. Ello llevó a ANIF a revisar a la baja su proyección del crecimiento del PIB para el 2012 y el 2013, situándola en 3.8% y 4.3%, respectivamente.


No hay tal, entonces, que la economía colombiana pueda desacoplarse del ciclo de la economía global, que continúa con pronóstico reservado. La Junta directiva del Banco de la República en su reunión del 28 de enero, luego de tomarle el pulso a la economía colombiana, revisó una vez más a la baja su previsión de la tasa de crecimiento del PIB  tanto para el 2012 como para el 2013. Ahora, “para todo el año 2012 se estima un rango de pronóstico de crecimiento anual del PIB entre 3.3% y 3.9%”, siendo el más probable 3.6%, muy por debajo de la meta inicial del Gobierno de 4.8% y por debajo de su potencial de crecimiento, que es del 4.5%. Con respecto al 2013 se espera por parte del B de la R, como la cifra más probable, un crecimiento del 4%. Ya el Banco Mundial había resuelto también bajar su pronóstico para el 2012 del 4.7% al 3.5% y para el 2013 del 4.2% al 3.8%.


Con ocasión de la visita a Colombia por parte de la Directora ejecutiva del FMI Christine Lagarde trascendieron a los medios los elogios a la política económica del Gobierno pero no sus advertencias. Entre estas puso de presente la gran vulnerabilidad de la economía colombiana frente a “una fuerte desaceleración del crecimiento de sus socios comerciales, a una caída drástica de los precios del petróleo o a un aumento marcado de la aversión mundial al riesgo”. Huelga decir que con tasas de crecimiento por debajo del 6% será imposible alcanzar la meta de reducir la tasa de desempleo a un solo dígito, como se lo propone el Gobierno, máxime con el sesgo tan marcado por la producción minero – energética, que es tan intensiva en capital. Ello explica por qué, a pesar de los aspavientos del Gobierno cuando la tasa de desempleo se situó varios meses seguidos, efímeramente,  en un solo dígito, al final el año 2012 cerró con una tasa de 10.4%, apenas 0.4 punto porcentual menor que en 2011. Y lo más grave es que tan irrisoria reducción se dio básicamente por cuenta del número de trabajadores que se incorporaron a la actividad del rebusque, del empleo precario, en número de 407.000, elevando la tasa de subempleo hasta el irritante 32.4%.


En perspectiva, como lo anota ANIF, “la peor noticia provino del desplome en la inversión (-1.6%). Más grave aún, al descontar el efecto de los inventarios, se observa que la formación bruta de capital fijo (FBKF) se contrajo un – 4.6% anual, reduciendo la FBKF del 27% al 26%”. Por su parte la IED en el sector minero – energético arrancando el año mostraron registros con un 25% inferior para igual período de 2012. Ello es tanto más preocupante si se tiene en cuenta los resultados que arroja la más reciente Encuesta de Opinión Empresarial (EOE) que realiza Fedesarrollo a través de la cual mide el Índice de Confianza Industrial (ICI). Este se ubicó en – 1.9%, 9.3 puntos porcentuales por debajo del observado en diciembre pasado. Es más, la tendencia del ICI desestacionalizado fué descendente a lo largo de todo el año 2012.


¡ES LA INFRAESTRUCTURA!
Dado el atascamiento en el que están las otras “locomotoras del  crecimiento”, la mayor apuesta del Gobierno este año para tratar de sacar la economía del empantanamiento en el que está y deje de patinar es hundir el acelerador a la locomotora de la construcción. El Gobierno ha anunciado inversiones del orden de los $44 billones para darle un gran impulso a esta locomotora con las concesiones de cuarta generación y de paso reducir el gran rezago que tiene el país en materia de infraestructura, su mayor falencia en materia de competitividad. Pero, como dice el adagio popular, del dicho al hecho hay mucho trecho. El mismo Presidente de la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) Luis Andrade reconoce que al Presidente Santos yéndole bien a lo sumo “pondrá la primera piedra” de los megaproyectos que se adjudiquen, si es que se adjudican, lo mismo que le pasará al Ministro de Vivienda Germán Vargas con sus 100 mil casas gratuitas, si es que como muchos presagian se retira en marzo para no inhabilitarse. Según Andrade, “al otro día de la adjudicación se podrá hacer mantenimiento y rehabilitación, pero obra nueva sólo un año después”.


A juicio de Mauricio Reina, investigador asociado de Fedesarrollo, justamente entre las causas de la desaceleración del crecimiento de la economía colombiana está la “dificultad persistente” del Gobierno para la ejecución de obras civiles e infraestructura. Es así cómo, de acuerdo con cifras oficiales, en el tercer trimestre de 2012 “INVÍAS ejecutó apenas un 34.2%, mientras que la ANI alcanzó un 22%”. El primer obstáculo a vencer para destrabar la inversión es el ideológico, dada la rigidez del modelo económico predominante que privilegia la estabilidad en lugar del crecimiento y el empleo. A las autoridades económicas las trasnocha el déficit fiscal pero no la falta de competitividad, el crecimiento y el empleo productivo. Y resulta increíble que dirigentes gremiales como el Director de ANALDEX Javier Díaz incurran en el despropósito de plantear que “hay que generar un superávit fiscal y disminuir los costos en energía, la infraestructura y costos logísticos que recargan sobrecostos en la producción del 20%”. Le prende una vela a Dios y otra al diablo, cómo propender por el superávit fiscal y al mismo tiempo requerir del Estado mayores inversiones para mejorar la infraestructura y la logística. Bien ha dicho el Director de ANIF Sergio Clavijo que esta no es la hora de ahorrar, como insiste el Gobierno en hacerlo, “por el contrario, es el momento de mayores inversiones, ojalá en infraestructura para mejorar la competitividad del país”.


El Director de aprovechamiento del TLC, más conocido como el Zar de los TLC, Hernando José Gómez afirmó recientemente que “en los últimos años, Colombia ha dado pasos cruciales para ser un país más competitivo…Con la aprobación de los TLC se abre una puerta inmensa de mercado para productos colombianos (muchos de los cuales están por producirse) gracias al acceso preferencial al mundo desarrollado”. Cuáles han sido esos “pasos cruciales” que ha dado Colombia para ser más competitiva, si en el más reciente Reporte del Foro Económico Mundial (FEM) Colombia en lugar de avanzar retrocedió al perder un escalón en el ranking de competitividad, pasando del puesto 68 al 69. La peor calificación la obtuvo en infraestructura de transporte, al ocupar el lugar 114 entre 144 países evaluados. Como quedó dicho se abrió “una puerta inmensa de mercado”, pero no “para  productos colombianos al mundo desarrollado” sino para los productos del mundo desarrollado, que están inundando el mercado doméstico.


Y el Gobierno sólo atina a lanzarle salvavidas a los náufragos, lo mismo a los cafeteros que a los confeccionistas o textileros, a los de la metalmecánica o a los floricultores, que sólo apuntan a la coyuntura mientras la procesión va por dentro. El Gobierno les ofrece, además de bajarle los costos de la energía (después de haberles quitado la sobretasa tanto en la factura del consumo de energía como de gas), protección arancelaria para contener la avalancha importadora. A este propósito, llama poderosamente la atención que se hable de la necesidad de bajar las tarifas de energías, que están desfasadas con respecto a nuestros competidores, pero no se dice ni mu con respecto a las altas tasas de intermediación financiera. En Colombia el margen de intermediación financiera oscila alrededor de 7.2% y ello contribuye a que las tasas de crédito, sobre todo el de consumo, estén en los límites de la tasa de usura. Entre tanto, en Chile dicho margen está en el 3%, en México en el 4.1%, en Panamá en el 4.75%, en Venezuela en el 3.5% y en Argentina en el 1.4%.


Como afirma la ex ministra Cecilia López, “después que mataron el tigre se asustaron con el cuero”, pues ellos tenían que saber que esos polvos tenían que traer estos lodos. No deja de ser contradictorio y errático que mientras tratan de atajar pollos taponando aquí, allá y acullá, tratando inútilmente de contener el alud importador, siguen desatentadamente firmando TLC por doquier sin reparar en sus consecuencias. A diario registran los medios el reclamo de parte de los voceros de los gremios de la producción, así el sector manufacturero, como el agrícola y pecuario, demandando del Gobierno auxilio y protección para su actividad, para evitar ser arrasados por los productos importados aprecio de huevo.


Le asiste toda la razón a El Espectador cuando afirma que “si los gremios presionaran por carreteras e infraestructura, con la misma fuerza que presionan por ayudas y subsidios, el giro cambiario hubiese golpeado con mucha menor fuerza”. Pero, deberían chillar también por la falta de una política seria en materia de ciencia, tecnología en innovación, sin la cual tampoco vamos a ser competitivos. El Presidente Santos prometió en campaña “elevar hasta el 1% del PIB” la inversión en C + T + I, dos años y medio después de iniciado su mandato cerró el año 2012 con una inversión exigua de sólo 0.45% del PIB. En I y D se invirtió sólo el 0.17%, lo mismo que en 2007. Como lo anota el analista Rafael Ordúz, a través del documento “Innovación para la prosperidad” el DNP se impuso la meta de exportar US $21.000 millones en bienes no primarios en 2014. Faltando dos años para cumplir dicha meta nos encontramos con que de las exportaciones totales de 2012, que bordearon los US $60.000 millones, sólo el 20% correspondió a productos diferentes a petróleo, carbón, oro, níquel, café. Flores y banano.


A CAMBIAR LA CARTILLA
Para sortear la crisis que se avizora se precisa cambiar de cartilla, dejar de lado la autocomplacencia y promover la diversificación de la base productiva, que es en donde está la clave del buen crecimiento económico y la sostenibilidad del mismo. Como lo aconsejó el FEM, “Colombia hace parte del grupo de países que debe capitalizar su amplia disponibilidad de recursos energéticos para que, de manera sostenible, pueda maximizar los retornos de la industria y apoyar una mayor diversificación de la economía”. Pero, para que ello sea posible es menester contar con una política de industrialización, la cual brilla por su ausencia en el país, no se cuenta siquiera con atisbos de la misma. Además, como lo acota el Nobel de Economía Joseph Stiglitz, el aumento de la desigualdad es una de las razones de la desaceleración económica” y remata diciendo que “un sistema político y económico que no reparte beneficios a la mayoría de los ciudadanos no es sostenible a largo plazo. Con el tiempo, la fe en la democracia y la economía de mercado se erosionarán y se pondrá en tela de juicio la legitimidad de las instituciones y los acuerdos vigentes”. Así de claro y contundente es el mensaje 

Bogotá, febrero 9 de 2013
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CAMPANAZO DE ALERTA


DE CAPA CAÍDA

Hace ocho días el DANE encendió todas las alarmas con su reporte en el que muestra que la industria manufacturera tuvo un nulo crecimiento en el año 2012 en comparación con el 2011, cuando tuvo un modesto crecimiento del 4.9%. Según el DANE sólo 19 de los 48 subsectores de esta rama lograron crecer en 2012. Por su parte las ventas del comercio al detal crecieron muy poco, sólo el 3%, muy inferior al crecimiento en 2011 que fue del 10.4%. Ni qué decir con respecto al sector externo, para el año completo las exportaciones crecieron el 5.7% en el 2012, lo que contrasta con el 43% del 2011, al tiempo que las importaciones crecieron el 7.2%. Ya nos habíamos anticipado a pronosticar que el desempeño de la economía en general y la industria en particular iba a estar marcado por la aceleración de la desaceleración, con los resultados que ahora saltan a la vista. Lo más grave es que estos preocupantes registros no obedecen a una coyuntura sino a una tendencia, pues desde hace dos años largos la industria ha venido de capa caída, sin levantar cabeza. Como lo afirma la ex directora de la Coalición para la Promoción de la Industria Colombiana Martha Lucía Ramírez, “el 23% de las 48 ramas de la industria están en franca recesión, ya que llevan tres trimestres continuos de caídas en la producción, las ventas, las exportaciones y el empleo”.


Si bien es cierto el año anterior se alcanzó una cifra récord al exportar US $60.666.5 millones, para un incremento con respecto a 2011 del 5.7%, también se alcanzó el record en las importaciones al pasar estas de US $54.674.8 millones en 2011 a US $58.632.4 millones en 2012. El impacto, desde luego, ha sido mayor en el renglón exportador de las manufacturas; el saldo neto de la balanza manufacturera   supera los US $32.000 millones. Dicho de otra manera por cada dólar exportado de productos industriales se importan al país cuatro. Y no es para menos, dado que el 77.7% de las importaciones fueron productos manufacturados y este auge de tales importaciones coincide con el freno de la producción doméstica. Es tal la avalancha de importaciones que, como lo afirma el Presidente de INEXMODA Carlos Eduardo Botero, “algunas firmas han compensado con importaciones, las cuales se han incrementado más de 200%”. Un caso que resulta patético, por lo emblemático, es el Arturo Calle, que pasó de ser reputado confeccionista a exitoso comercializador de prendas de vestir importadas.


El Gobierno Nacional para sobrevender los supuestos beneficios que le reportaría al país el TLC con EEUU le anunció al país que con su entrada en vigencia el PIB crecería un punto porcentual más. Pues bien, el TLC con EEUU entró en vigencia en mayo del año pasado, sin embargo, la más reciente proyección del crecimiento del PB para el 2012 del Banco de la República es del 3.6%, muy alejada de la meta del Gobierno del 4.8% y muy por debajo del crecimiento de 5.9% de 2011. También se dijo que se generarían 500 mil empleos formales en 5 años, transcurrido el primer año la tasa de desempleo pasó del 10.8% en 2011 a 10.4% en 2012 y ello gracias a los 407.000 trabajadores que engrosaron la economía del rebusque, elevándose la tasa de subempleo al 32.4%.  Y en cuanto a la dinámica de las exportaciones a los EEUU, estas éstas en lugar de crecer cayeron -2% en 2012  al comparar las ventas de este año con las del 2011. El Embajador de los EEUU salió a controvertir esta cifra, aduciendo que, según las cifras que maneja el Departamento de Comercio de su país, las exportaciones de Colombia a los EEUU crecieron 6.6% y importaciones desde los EEUU crecieron 14.5%, más del doble, lo que tampoco habla bien del mentado TLC. Es de anotar que al cierre de 2012 Colombia tenía vigentes acuerdos comerciales con 19 países, pero como lo reseñó Portafolio “los TLC sirvieron más para importar que para vender en el 2012”. Y ahí vamos!


LA DESINDUSTRIALIZACIÓN EN SU APOGEO

La manufacturas vienen perdiendo participación de manera sostenida en el rubro de las exportaciones y la viene ganando en las importaciones, al tiempo que la industria manufacturera ha visto menguada su participación tanto en el PIB como en la generación de empleo. Ahora tenemos una industria que a duras penas pesa el 12% en el PIB, después de representar el 22% a lo largo de los años 80; es decir que en la última década perdió 10 puntos porcentuales. No faltan quienes arguyen que ello es “normal”, que esa misma tendencia se ha venido dando en los países desarrollados, en donde el sector servicios y su denominada “tercera revolución industrial” crece de la mano de las nuevas tecnologías, en detrimento del sector primario y de la industria. Pero, no se puede confundir la gimnasia con la magnesia, como lo sostiene ANIF “el análisis histórico del proceso de desindustrialización en Colombia  (1970 – 2010) no parece tener como motivantes ni el diferencial de la productividad industrial, ni el haber alcanzado niveles de desarrollo (medido por PIB per cápita) como los alcanzados por el mundo desarrollado. Así, la hipótesis de un camino ´secular´ de desindustrialización no parece tener mayor asidero para el caso de Colombia, como a veces parece indicarlo el discurso ´oficial´”. De acuerdo con el estudio coordinado por el ex ministro de Hacienda José A Ocampo y Astrid Martínez, entre 1992 y 2007 el ritmo de crecimiento anual promedio del número de plantas industriales en el país fue de – 0.55%. En otras palabras, que a través del tiempo se cerraron más fábricas de las que se crearon.


En la última década el terreno que ha ido perdiendo la industria y la agricultura en el PIB lo ha ido ganando no el sector de servicios, como ha ocurrido en los países desarrollados, sino el sector de la minería y los hidrocarburos. El sector de Minas y petróleo pasó de participar con el 2.9% en los años 80 al 8% actualmente; entre tanto, las exportaciones de este sector se elevó desde el 10%  en 1970 a cerca del 70% en la actualidad. Ello ha repercutido en los índices de desempleo, ya que este último sector sólo ha absorbido parcialmente la participación que ha perdido la industria en el empleo total. En efecto, como lo señala ANIF, “el descenso del empleo industrial fue más marcado, mostrando una caída de 12.3 puntos porcentuales, con lo que pasó de representar el 29% del empleo total durante 1975 – 1980 a tan sólo un 13.1% durante  2005 – 2008, el empleo minero pasó de representar el 0.4% del empleo total al 1.2%”. Ello se explica en gran medida porque el sector de Minas y Petróleo es intensivo en capital mientras el sector industrial es intensivo en mano de obra.   

LA MALDICIÓN DE LOS RECURSOS NATURALES

Mucho se ha hablado y han corrido ríos de tinta aludiendo a la maldición de los recursos naturales y a la enfermedad holandesa como una de sus más temidas secuelas. La primera hace referencia a la paradoja de que aquellos países dotados con abundancia de recursos naturales suelen depender en demasía de ellos, en desmedro de su aparato productivo. Ello, a consecuencia de la gran afluencia de inversión extranjera directa (IED) para su extracción y el mayor ingreso de divisas por la exportación de tales recursos, los cuales presionan sobre la tasa de cambio del país receptor apreciando su moneda, restándole competitividad tanto a las manufacturas exportadas como a aquellas que compiten desventajosamente con las manufacturas importadas. Este fenómeno es el que se ha dado en llamar enfermedad holandesa, que hace rato contrajo la economía colombiana, pero que tanto el Banco de la República como el Ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas se resisten a aceptar, pues para ellos, contra toda evidencia, sigue siendo una amenaza en ciernes.


Como lo advierte el analista político argentino Andrés Oppenheimer, refiriéndose a América Latina, “hoy somos mucho más dependientes de las exportaciones de materias primas que hace 20 años, nos estamos desindustrializando”. El primero en hablar de la maldición de los recursos naturales fue el gran pensador Venezolano Arturo Uslar Pietri, en 1936, al referirse a la dependencia cada vez mayor de Venezuela con respecto a la actividad petrolera. Esto dijo: “la riqueza pública venezolana reposa en la actualidad, en más de un tercio, sobre el aprovechamiento destructor de los yacimientos del subsuelo, cuya vida no es solamente limitada por razones naturales, sino cuya productividad depende por entero de factores y voluntades ajenos a la economía nacional”. Y su mayor temor era que Venezuela llegara ser “un país improductivo y ocioso, un inmenso parásito del petróleo, nadando en una abundancia momentánea y corruptora y abocado a una catástrofe inminente e inevitable”. Dicho y hecho, la petrolización de la economía venezolana ha sido su perdición.


Pero, el mismo Pietri, luego de sus premonitorias palabras, dejó escrita también la receta que puede servir de antídoto contra la maldición de los recursos naturales y la enfermedad holandesa. Para él “la lección de este cuadro amenazador es simple: urge crear sólidamente en Venezuela una economía reproductiva y progresiva. Urge aprovechar la riqueza transitoria de la actual economía destructiva para crear las bases sanas y amplias y coordinadas de esa futura economía progresiva que será nuestra verdadera acta de independencia. Es menester sacar la mayor renta de las minas para invertirla totalmente en ayudas, facilidades y estímulos a la agricultura, la cría y las industrias nacionales. Que en lugar de ser el petróleo una maldición que haya de convertirnos en un pueblo parásito e inútil, sea la afortunada coyuntura que permita con su súbita riqueza acelerar y fortificar la evolución productora del pueblo venezolano en condiciones excepcionales”.


A ello justamente se refiere la Secretaria Ejecutiva de la CEPAL Alicia Bárcena, cuando llama la atención sobre el hecho que “no existen estructuras propias en las economías de América Latina y el Caribe que permitan pensar en un crecimiento sostenido. Hay que ser muy cautos porque una cosa es que América Latina esté creciendo, pero hay que entender por qué lo esta haciendo, y está creciendo por razones que no son las mejores desde el punto de vista de la sostenibilidad del crecimiento y del desarrollo… En el 2012 a la región le fue mejor que al resto del mundo, con un crecimiento del 3.1% basado en buenos términos de intercambio, mejores niveles de empleo e incremento del consumo, pero no de la inversión…es necesario superar modelos basados en importaciones y consumo, potenciar la productividad, las inversiones de calidad y desarrollar una explícita política industrial…”. Ello es tanto más válido si, como ya lo hemos analizado, el boom minero –energético está en su cuarto menguante y amenaza con arrastrar en su caída las economías que, como la colombiana dependen hoy más que nunca de este sector.


VIRAR O MORIR

Pero, si bien es cierto Colombia ha resultado víctima de la maldición de los recursos naturales no ha sido porque ello era inexorable, sino por las políticas públicas equivocadas, inspiradas todas ellas en el fracasado y desprestigiado Consenso de Washington. Los dómines de la economía nacional creen a ciegas en la mano invisible de Adam Smith y creen que el mercado se encarga de arreglar las cargas, reduciendo el Estado a su papel, que lo cumple a medias, de mero regulador. Otros países han sabido aprovechar el cuarto de hora del boom minero –energético para mejorar su competitividad y diversificar su economía a través de la inversión en infraestructura, Colombia no. Es el caso de Ecuador, cuya inversión en obras públicas representa 13% del PIB, que contrasta con el 1% del PIB que invierte Colombia y cómo estamos de lejos de alcanzarlo si la gran meta de la administración Santos es el de elevar ese porcentaje al 3% en la próxima década. Lo señala la Presidenta del Consejo Privado de Competitividad Rosario Córdoba, citando a Rodrik y su teoría de la transformación estructural, “el logro de altas tasas de crecimiento de largo plazo requiere el trabajo sobre los fundamentales (infraestructura, instituciones, educación), pero también de una política de cambio estructural que apunte a transformar la fisonomía del aparato productivo”.


Recientemente escribió el ex ministro de Hacienda Rudolf Hommes     que “es urgente e indispensable que nos ocupemos del estancamiento de la industria…La economía no va a progresar adecuadamente si la industria no coge impulso y da un gran salto adelante. También es evidente, que con la actual política industrial esto no va a suceder…Algo estamos haciendo mal”. Está en lo cierto el Ministro Hommes, pues ell desarrollo industrial está llamado a ser el eje de la generación de empleo productivo, del incremento y diversificación de las exportaciones y en general de la competitividad. Como lo afirma Martha Lucía Ramírez, “estamos resignándonos a ser un país emergente de segunda categoría, en vez de aspirar a ser de primera y acercarnos así a ser un país desarrollado”. Pero, cómo vamos a llegar a ser un país desarrollado, cómo va a coger impulso la industria y a dar el gran salto adelante si seguimos arrastrando como si fuera una cruz ese gran rezago en materia de infraestructura, en el cual Colombia ocupa el puesto 69 entre 144 naciones calificadas en el Índice Global de Competitividad. Perú, por ejemplo, está 8 puestos por encima de Colombia y no es casual que este país haya venido creciendo a un mejor ritmo que nuestro país. Aunque las comparaciones son odiosas, esta es elocuente: el flete por kilómetro recorrido en la ruta Charleston – Atlanta (EEUU) o Roterdam – Franckfort (UE) cuesta US $1, en cambio en la ruta Buenaventura – Bogotá cuesta US $4.4, más de 4 veces por Dios! Y claro este sobrecosto en el flete se convierte para el exportador colombiano es un arancel implícito que lo saca de la competencia.


Pero, no sólo andamos mal en materia de infraestructura, en el Índice de Rendimiento Industrial Competitivo no estamos mejor y este es el que mide la mayor o menor inversión del país en actividades fabriles y en investigación y desarrollo para incorporar tecnologías de punta a los procesos productivos. En ello también estamos rezagados, Colombia ocupa el puesto 74 entre 118 países considerados. Y en tratándose de innovación Colombia ocupa el puesto 92 en el escalafón entre 141 países. Así no se puede!


A falta que hace una política industrial proactiva y explícita, que sea capaz de aprovechar los mayores ingresos provenientes del boom minero-energético para acometer en serio la Agenda Interna para la Productividad y la Competitividad. Una de las conclusiones del Foro Económico Mundial fue que  “Colombia hace parte del grupo de países que debe capitalizar su amplia disponibilidad de recursos energéticos para que, de manera sostenible, pueda maximizar los retornos de la industria y apoyar una mayor diversificación de la economía”.


Si no hay un viraje de la política económica en esta dirección estaremos cada vez más expuestos y nuestra vulnerabilidad será aún mayor frente a los choque externos. Para nadie es un secreto que así como el auge de los commodities nos abrió mercados para nuestras exportaciones y ello contribuyó además a mejor los términos de intercambio, ahora cuando la economía de la Unión Europea sigue sumida en la más profunda crisis y la economía estadounidense sigue bamboleándose al borde del “precipicio fiscal”, el riesgo de una recaída de la economía colombiana como la que se experimentó en 1999 y 2009 es alto y para ello no estamos preparados. El cuadro que nos pinta el Presidente de la ANDI Luis Carlos Villegas es tremendamente amenazador: “mercados internacionales deprimidos, una agresiva competencia mundial y un panorama que no se despeja…El crecimiento mundial y el de Colombia no repuntan, el comercio internacional seguirá con un bajo dinamismo y los empresarios se enfrentarán a una situación de fuerte competencia, baja rentabilidad y grandes limitaciones en materia de competitividad…No podemos desconocer la pérdida de competitividad cambiaria de los empresarios y difícilmente se puede compensar plenamente con aumentos de productividad microeconómica”. Será por ello que los empresarios se muestran tan pesimistas tanto con el Gobierno Santos como con la economía, pues así lo indica el hecho que, según la Encuesta de Opinión Industrial de Fedesarrollo reciente, el Índice de Confianza Industrial cayó el 8% entre enero de 2012 y enero de 2013.


Los aprietos en que andan los cafeteros no es sólo de los cafeteros, es de los arroceros, de los cacaoteros y en general del sector agrícola y pecuario, quienes se sienten, además de inermes desguarnecidos frente a la competencia feroz que se ha propiciado con la atolondrada desgravación arancelaria y los TLC que se vienen firmando a tontas y a locas sin reparar en sus perjuicios. Sería mucho pedir, a propósito, que le quiten el pié al acelerador de la negociación de más acuerdos y tratados comerciales a la espera de que se frene apreciación del peso frente al dólar? Porque, medidas como las que ha tomado el Gobierno, de proteger algunos sectores vía aranceles o subvenciones son insostenibles y las que ha venido tomando el Banco de la República son sólo lenitivos tardíos y temporales. Además de que su intervención en el mercado cambiario sigue siendo tímida y no logra siquiera mover la aguja de la revaluación, las sucesivas bajas en sus tasas de intervención no surten efecto. 
Veamos: Entre el 12 de febrero de 2012 y el 13 de febrero de 2013, el Banco Emisor bajó su tasa interbancaria del 5.25% al 3.75%, es decir el 28.5%. Sin embargo la tasa que aplican los bancos comerciales a las tarjetas de crédito y la tasa de usura pasaron en ese mismo lapso del 29.88%  al 31.13%, es decir, tuvieron un incremento de 4.18%. Es más, como lo denuncia el Editorial de la separata de Portafolio Mercado de Dinero, “la tasa de intervención estaba en 4.25% antes del 28 de enero, sin embargo, el interés bancario corriente, es decir la tasa promedio que cobran los bancos a sus clientes era de 20.75%, a todas luces es demasiado alta…es exagerado y ninguno de los beneficios para estimular la economía se trasladan al consumidor final que es quien paga altas tasas por sus créditos…Los micro, pequeños y medianos empresarios pagan hasta 35.63% efectivo anual por un préstamo”. Y concluye diciendo “la tasa del mercado, no se está rigiendo por la del Banco de la República”. Y, a todas esas, cabe preguntarse en dónde anda la Superintendencia Financiera, cómo es que permiten tasas de colocación con tan altos márgenes de intermediación que rayan ya con el agiotismo y no pasa nada.    


Huelga decir que, en tales condiciones, resultan nugatorios los esfuerzos del Banco de la República al tratar de estimular la demanda a través de la baja de su tasa de intervención. Como si lo anterior fuera poco y en momentos en que a la economía lo que le hace falta son medidas contracíclicas para reactivarla, en la reforma tributaria reciente, a pesar de la retórica en sentido contrario del Gobierno, lo cierto es que terminó metiéndole la mano al bolsillo del contribuyente de clase media y ello va a contrapelo de lo que se busca, porque ello terminará resintiendo el consumo. A través de esta reforma se creó una nueva categoría de personas naturales para efectos tributarios, que son los empleados, en la cual caben los asalariados y aquellos quienes trabajan por honorarios para un solo empleador que perciban ingresos mensuales que superen los $3.8 millones. Estamos hablando del 50% de la totalidad de personas naturales que declaran renta, esto es 500.000 de ellos, los cuales venían tributando con base en el régimen anterior $2.6 billones y ahora deberán tributar $3.2 billones adicionales. Dicho de otra manera, a ellos se les incrementó el gravamen sobre la renta en más del 100%. 

Bogotá, marzo 1 de 2013
www.amylkaracosta.net

EL CAFÉ: TRAGO AMARGO

LA CRISIS CAFETERA
El paro de los cafeteros puso en jaque al Gobierno nacional, fueron doce días durante los cuales se puso a prueba la capacidad de la Federación de cafeteros y del mismo Gobierno para encauzar sus demandas en procura de apoyo para enfrentar la peor crisis a la que se han visto avocados en décadas. Como nos lo recuerda el ex ministro Carlos Caballero Argáez, “el mundo cafetero de los sesenta años que transcurrieron entre los treinta y los ochenta del siglo pasado desapareció en 1989, cuando concluyó la era de los acuerdos internacionales del café, que se había iniciado en 1941. Esos acuerdos permitieron mantener altos los precios del grano mediante un esquema que establecía un precio de sustentación, retenía café en las épocas de precios bajos y lo soltaba cuando estos se elevaban”. 


Desde entonces el café y los cafeteros quedaron a merced de un mercado imperfecto y expuesto a las presiones especulativas que le han imprimido una gran volatilidad a sus precios en la lonja internacional. A guisa de ejemplo, en febrero de 2012, por cada saco de café físico que se transó en el mercado se transaron 70 en el mercado de futuros. Así, en febrero de 2012, por cada saco de café físico que se transó en el mercado se transaron 70 en el mercado de futuros. Ah tiempos aquellos, dirán aquellos que siguen creyendo que todo tiempo pasado fue mejor.


Pero llama poderosamente la atención el hecho que, como lo acota un estudio del Banco de la República, “Colombia fue, tal vez, el único país que no logró aprovechar las ventajas y neutralizar las desventajas del rompimiento del Acuerdo mundial del café y el Pacto de cuotas en 1989”. Prueba de ello es que entre 1989 y 2011 mientras Colombia perdió más de 7 puntos porcentuales de su participación en la producción mundial Brasil en cambio aumentó la suya en más de 13 puntos porcentuales. Y ello en un mercado en expansión, en un contexto en el que si bien aumentó la producción en ese mismo lapso de 90 millones a 131 millones de sacos, también aumentó en forma directamente proporcional el consumo y la demanda de este bebestible. Cabe preguntarse cuál fue el motivo para que los cafeteros colombianos no corrieran con la misma suerte de sus pares en otras latitudes.


El café llegó a tener tal importancia que al dar cuenta del comportamiento del PIB los reportes del DANE hacían notar la diferencia del crecimiento del mismo con trilla de café o sin trilla de café. Hoy, como lo dice el ex ministro “el café, quiérase o no, es un cultivo más, como las flores o el banano”, así de sencillo. Como nos lo recordó el propio Presidente de la República Juan Manuel Santos en su discurso en el acto especial con motivo de los 85 años de existencia de la Federación Nacional de Cafeteros, “hemos pasado de una participación porcentual de nuestro grano en el mercado mundial, de más del 15% en 1980, a apenas el 6.2% el año pasado”. Colombia por muchos años fue prácticamente monoexportador de café, hasta que el renglón petrolero lo desbancó como primer producto de exportación y mayor generador de divisas. Eran los tiempos aquellos en los que los cafeteros a través de la poderosa Federación Nacional de Cafeteros ponían y quitaban presidentes, tenían asiento propio en la Junta Monetaria y a través de esta influían en la fijación de la tasa de cambio.


En las décadas del 60 y 70 las exportaciones de café llegaron a representar hasta el 20% del total, finalizando la década del 70 la caficultura tenía un peso en el PIB agropecuario del 25%. No obstante, ya para el año cafetero 2008/2009 a duras penas representó el 6.8% y en 2011/2012 6.3%, siempre a la baja y hoy en día sólo representan el 5% del total de las exportaciones colombianas.


LA TORMENTA PERFECTA
A partir de la abolición del Pacto cafetero el negocio del café es a otro precio, sobre todo después del desmonte de la banda cambiaria en la administración Pastrana, condición esta impuesta por el FMI e implementada dócilmente por el entonces Ministro de Hacienda y hoy Ministro de agricultura Juan Camilo Restrepo. Desde entonces la tasa de cambio se ha convertido en el dolor de cabeza para los caficultores, como para los demás productores nacionales que se han visto afectados en los últimos años por la revaluación del peso frente al dólar. La caficultura en particular y la agricultura en general, al igual de la industria manufacturera, se han visto diezmadas por la enfermedad holandesa que ha traído consigo la reprimarización de la economía nacional. La minería y los hidrocarburos han  terminado desplazándolas y arrumándolas. Basta con señalar que la tasa de cambio del peso con respecto al dólar tuvo una apreciación del 24.58% entre el mes de marzo de 2009 y noviembre de 2012. Y la tendencia se mantiene; si bien en los dos primeros meses de este año dicha tasa ganó 2.61%, en el mes de marzo se revirtió dicha tendencia y volvió a la baja. Después que la cotización del dólar superó la barrera psicológica de los $1.800, el día de ayer cerró al $1.707.28, con tendencia a la baja, alejándose de la llamada “tasa Cárdenas”, en alusión al deseo del Ministro de Hacienda, de $1.900. 


Pero, lo más grave ha sido la confluencia de la revaluación del peso con la caída de los precios  y de la producción. En efecto, después de haber alcanzado unos niveles de precios atractivos y remunerativos en 2011 los cafés suaves arábica colombianos, alcanzando el máximo pico en 34 años entre marzo y mayo de dicho año, el precio record de US $3.29 la libra –rozando los US $3.32, que ha sido el máximo histórico, del 14 de abril de 1977, debido fundamentalmente a un déficit de oferta en el mercado internacional y una súbita baja en los inventarios. El año 2011 cerró a la baja, con un precio de US $2.5 la libra, presionado a la baja en gran medida por la larga y profunda crisis de la Unión Europea, así como también por la lenta recuperación de la economía estadounidense. Ya para  abril de 2012 el café se cotizaba a US $1.75. Y hablando de precios, por fortuna son cada vez más las fincas cafeteras que se han enfocado hacia la producción de cafés especiales, de origen, café orgánico y el denominado café gourmet, que tienen un nicho propio cada vez mayor en los mercados internacionales, cuyos  consumidores están dispuestos a pagar una prima sobre el precio de los mismos. 
Entre enero de 2005 y marzo de 2011 los cafeteros pudieron contrarrestar el efecto de la revaluación con el repunte de los precios del grano; pero en los últimos dos años el desplome de los precios en la Bolsa de Nueva York cayó desde los US $2.72 la libra a US $1.46. La cotización del día de ayer fue de un lánguido US $1.38 la libra. En cuanto a la producción ésta ha venido cayendo ostensiblemente; Colombia pasó de producir 17 millones de sacos de café en 1993 a sólo 7.6 millones en 2012, la menor en 30 años, de tal suerte que no pudo aprovechar la coyuntura de altos precios por la caída en la producción. Colombia pasó de ser el segundo productor y exportador de café del mundo después de Brasil (según la Organización Internacional de café, produjo 43.5 millones de sacos en 2011) al cuarto lugar con 7.6 millones de sacos, superada por Vietnam (24.1 millones de sacos) e Indonesia (8.6 millones de sacos), mientras que Perú nos viene pisando los talones.


Y lo que es peor, después de ser exportadores hemos pasado a ser importadores del grano, nuestro producto insignia: según informe del mercado cafetero mundial, del Departamento de Agricultura de EEUU, “Colombia depende de las importaciones de grano de Ecuador y Perú, para abastecer casi el 80% del consumo interno, frente a sólo el 20% antes de la caída de la producción”. Increíble, pero cierto, no sólo hemos perdido participación en el mercado internacional del café sino que hemos venido perdiendo el mercado doméstico; en el 2012, de 1´300.000 sacos de café que se consumieron el país, según el DANE, 1´037.000 sacos provinieron del exterior, equivalente al 15% de la cosecha cafetera de Colombia. Tales importaciones “se incrementaron al mismo ritmo que cayó la producción en los últimos años”. Huelga decir que la contribución cafetera que pagan las importaciones y recauda la Federación de cafeteros no deja de ser un incentivo perverso de las importaciones de café al país. Dicho sea de paso, poco o nada viene haciendo la Federación de cafeteros para ampliar y profundizar el mercado interno, que permanece estancado en un consumo de 1.8 kilos por persona al año - un tercio del consumo en Brasil - y será muy difícil lograrlo mientras se siga abasteciendo con café de pésima calidad, como los que se importan, o simplemente reciclando los subproductos de la trilla del café en el país, como la pasilla, para producir café soluble de preparación instantánea. Y mientras tanto seguimos alardeando y chicaneando  inútilmente con el cuento que producimos “café excelso tipo Federación”, el mejor y más sabroso del mundo!


ATRAPADOS SIN SALIDA
Así las cosas, la caída en simultánea del nivel precios y del tamaño de la cosecha, del 40% en ambos casos, aunado al impacto de la revaluación  (menos pesos por dólar) condujo a que los cafeteros produjeran el café a pérdida. Esta situación se tornaba insostenible, dado que al caficultor (96% de ellos pequeños productores) le ha tocado vender la carga de café por debajo de lo que le cuesta producirlo. Ellos, como todos los demás sectores productivos afectados por la revaluación le han pedido en todos los tonos al Gobierno que trate de contener la presión revaluacionista sin encontrar eco. El Presidente de la República por fin se pellizcó al percatarse tardíamente que la revaluación “comienza a golpear el crecimiento del país” y le pidió ayer a los miembros de la Junta directiva del Banco de la República que deberían ser más “creativos”, para no decir agresivos, en sus intervenciones para lograrlo, dada la timidez de las medidas que hasta ahora han tomado y que por ello mismo han resultado inocuas.


Ante el efecto arrasador de la revaluación del peso, primero fueron los textileros, los confeccionistas los que solicitaron y obtuvieron del Gobierno una protección arancelaría. Ahora el turno era para los caficultores, que después de 12 días de paros y protestas obtuvieron de parte del Gobierno unas medidas compensatorias, las cuales les servirán de lenitivos para poder sobreaguar por ahora. Se trata de un subsidio al precio denominado Apoyo al Ingreso de la Caficultura (AIC), mediante el establecimiento de una banda de precios que oscila entre los $700 mil y $480 mil la carga, $145 mil por carga, cuyo costo es de $600 millardos, con cargo al Presupuesto General de la Nación. En números redondos podemos decir que si sumamos al precio que bordea los $500 mil por carga de 125 kilos, aproximadamente, el AIC de $145 mil lo que recibe al final el productor son $645 mil, a ras con bola con respecto a lo que le cuesta producirla.


No han faltado los críticos de esta subvención a los cafeteros por considerar que esta es una transferencia de ingresos provenientes de los impuestos que pagamos todos los contribuyentes a un sector “privilegiado” de la economía, pero son los mismos que callan como ostras frente a los efectos de una reforma tributaria como la aprobada a finales del año pasado, que le significó a 500 mil contribuyentes de la clase media, cuyos ingresos se derivan de un sueldo, salario u honorarios, más no de dividendos, el pago de $3.2 billones adicionales a los $2.6 billones que venían pagando, todo para cubrir el hueco fiscal que significó la reducción del impuesto de renta para las empresas del 33% al 25% y el alivio para ellas de la supresión de los aportes parafiscales al SENA, al ICBF y la cotización en salud. En el caso del café y de los cafeteros, esta pela que se da el Gobierno tiene un atenuante y es que por muchos años los caficultores contribuyeron con buena parte de sus ingresos al Fondo Nacional del Café, cuyos recursos siempre estuvieron a disposición del Ministro de Hacienda de turno. De manera que en este caso el Gobierno le está retornando a los caficultores sólo parte de los ingentes recursos que enantes había recibido de parte de ellos.


EL PROBLEMA ES ESTRUCTURAL
Pero esta es una medida de emergencia, transitoria, que no toca el problema estructural que tiene que ver con la competitividad. Bien dijo el Nobel de Economía Paul Krugman que en materia de competitividad la productividad no lo es todo, pero a largo plazo lo es casi todo. Y allí es donde viene fallando la caficultura colombiana. En Colombia no sólo no se ha progresado en productividad y competitividad sino que se ha retrocedido en este como en los demás sectores productivos. Es así cómo a pesar de haber aumentado un 4.1% en el área sembrada de café entre 2002 y 2011 la producción, según la FAO, ha disminuido casi el 35% en el mismo lapso, al pasar de 980 kilos  a menos de 633kilos por hectárea de café verde, lo cual significa que ha venido cayendo a una rata del 3.5% anual. Ello contrasta con lo que se ha dado en Brasil aumentó sus rendimientos en más del 12%, pasando de 1.117 kilos a 1.257 kilos por hectárea - en los últimos 30 años amplió su frontera agrícola el 20% y la producción agrícola el 150% -; entre tanto Honduras pasó de producir 845 kilos por hectárea a 1.066, un alza mayor del 26%, un 3.2% anual; Perú y Guatemala también aumentaron su productividad en un 7.3% y 15.4%, respectivamente. Y hay un caso excepcional del cual Colombia tiene mucho para aprender: Vietnam tuvo una elevación de la productividad espectacular, al pasar de producir 1.420 kilos a 2.108 kilos por hectárea, un incremento del 5.8% anual, siempre para el mismo período considerado. Algo tuvieron que hacer ellos mejor que no hizo Colombia, para que su caficultura hubiera llegado a esta situación de postración que amenaza con arruinar a los caficultores. Y no estamos hablando de naderías, estamos hablando de la suerte de más de 500 mil familias que derivan su subsistencia de esta actividad.


SALIDA EN FALSO
Al Gobierno y a la Federación de cafeteros, ahora en entredicho, se les salió de las manos la airada protesta de los caficultores, encabezada por el Movimiento de la Dignidad Cafetera. Primero intentaron ignorarlo y subestimarlo, luego quisieron criminalizar la protesta insinuando que detrás de la misma estaba la guerrilla. Luego el Gobierno comete el más craso error al sentarse a “negociar” el paro con la Federación, que no estaba en paro, para terminar negociando, muy a su pesar, con los verdaderos líderes de la protesta, hasta arribar a un acuerdo – después de 30 horas de extenuante pulso entre el Gobierno y los cafeteros, con la mediación del Vicepresidente Angelino Garzón - que le puso punto final a las marchas y bloqueos que tenían virtualmente paralizado al país.  El Ministro del Interior Fernando Carrillo tuvo una salida en falso al declarar al término del paro que de esta manera había fracasado “el intento de una insurrección antisantista”. 
La gran perdedora en este transe fue la Federación Nacional de Cafeteros, sumida en su peor crisis de legitimidad en sus 86 años, cuya relación con los comités de cafeteros, según sus voceros, se volvió “muy tenue y diluida”, su Presidente Luis Genaro Muñoz, que mostraron su inoperancia e ineptitud proverbiales y desde luego el Gobierno, que habrá de pagar el costo político de sus desvaríos y desaciertos. Fue tan torpe el manejo que se le dio a este conflicto por parte del Gobierno, que en lugar de apagar el incendio lo atizaron decretando un alza del combustible en el momento más álgido del mismo precipitando un paro de camioneros, que fue la otra pata que le salió al cojo. Claro, para sofocar las llamas del incendio que ellos mismos propagaron tuvieron que ceder también en este caso y al Ministro de Minas y Energía Federico Rengifo le tocó dar su brazo a torcer echando para atrás el alza de $159 en el precio del ACPM y congelándolo por tres meses, lo cual le va a salir al Gobierno por un ojo de la cara, le costará más de $40.000 millones mensuales al fisco. Esta es otra bomba de tiempo que queda allí inactiva por algún tiempo.


En medio del forcejeo con los indignados cafeteros y en momentos que no daba pie con bola, todo patidifuso, se le antojó al Presidente que su anuncio de la convocatoria de una “constituyente” cafetera iba a aplacar los ánimos exaltados. Pero no fue así, sus dirigentes no cayeron en este garlito. La solución del problema estructural pasa por repensar el sector, replantear las políticas públicas que le conciernen y, lo que es más importante, un cambio del fracaso modelo económico prevaleciente que tiene en calzas prietas a la locomotora de la agricultura al igual que la industria y amenaza con desmantelar el aparato productivo nacional, que pasa por su peor momento. Y, desde luego, implica también una reingeniería de la Federación Nacional de Cafeteros, que se quedó anclada en el pasado, atravesada como mula muerta en el camino que hay que explorar para que el café recobre su importancia y se reencause por la senda de su recuperación y consolidación. Al fin y al cabo, como lo señala el sabio Albert Einstein, “locura es hacer lo mismo y esperar resultados diferentes”. 


En todo caso, frente a este siniestro de la desastrada economía cafetera cabe un juicio de responsabilidad, porque lo acontecido no es producto del azar ni tampoco del destino, sino fruto de una política equivocada. No faltará quien diga que es mejor dejar los Santos quieto, que no se trata de buscar culpables y todo termine como el caso del chasco que nos llevamos con el fallo de la Corte Internacional de la Haya, que después de la algarabía que provocó el Gobierno con el anuncio de la publicación de las actas de la Comisión Asesora de Relaciones internacionales para que se conociera la actuación de cada gobierno en dicho contencioso y la responsabilidad que les cupo, terminaron echándole tierra al asunto, arropándose todos con la misma sábana…y todos tan contentos. Es preciso, entonces, establecer por qué pasó lo que pasó, porque, como afirma el historiador Marc Bloch, “la incomprensión del presente nace fatalmente de la ignorancia del pasado”. Así de claro!


Riohacha, marzo 15 de 2013
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COLOMBIA: EL PAÍS DE LAS DESIGUALDADES

LA BRECHA SOCIOECONÓMICA

Colombia es el país de las desigualdades. Hace muchos años alguien afirmó que Colombia padecía de hemiplejía, afección esta que paraliza la mitad del cuerpo, y no le faltaba razón dadas las grandes asimetrías que han caracterizado su desarrollo económico y social, a tal punto que se ha llegado a hablar de dos colombias, la una que concentra sus avances y su progreso y la otra sumida en el atraso y en la postración. Con su Plan de desarrollo Para cerrar la brecha, el expresidente Alfonso López Michelsen se propuso reducir la brecha entre esas dos colombias, acortar las distancias entre el campo y la ciudad, entre el agro y la industria, entre asalariados y capitalistas. Este ha sido un tema recurrente en los programas de campañas electorales, pero se desestima a la hora de formular los planes de desarrollo así como también en los planes de inversión. Al fin y al cabo en Colombia se hace campaña en verso, por lo versátil y se gobierna en prosa, por lo prosaico. Una cosa es con guitarra y otra cosa es con violín. Más de treinta años después lo que era una brecha se ha convertido en un abismo cada vez más profundo, lo cual se ha traducido en un gran desajuste social. Pese a la retórica en torno a la cohesión social del anterior gobierno, durante esos 8 años se acentuó dicho proceso de centralización y concentración del poder económico y por ende del poder político en este país. Bien se ha dicho que la política es la expresión concentrada de la economía y ejemplos al canto los tenemos por montones en este país de privilegios y exclusiones. 

Las cifras no mienten: Las utilidades del sector financiero se multiplicaron por 7 en el transcurso de 7 años, al pasar de los $632.000 millones en 2002 a $4.4 billones en 2009. En contraste, durante este mismo lapso el salario mínimo sólo se incrementó 6%. Ello explica en gran medida que en el período 2002 - 2007 la participación de las empresas en el PIB pasara del 28.9% al 33.7%, casi 5 puntos, que representan US $14.000 millones; mientras tanto, entre el año 2003 y el 2008 la participación de los asalariados  se redujo del 34.6% al 31.1%. Colombia fue el único país de Latinoamérica que no pudo o no quiso aprovechar el buen desempeño de la economía durante el quinquenio virtuoso (2003 - 2008), durante el cual la economía creció en promedio el 6% anual, muy superior al promedio histórico de los 10 años anteriores que fue del 4%, para reducir sus índices de pobreza. Y de contera, en lugar de mejorar la distribución del ingreso esta empeoró al pasar el coeficiente Gini de 0.56 en 2002 a 0.59 en 2008, muy cercano al que tenía el país 15 años atrás, desbancando a Brasil como el país con mayor concentración de la riqueza en Latinoamérica, que a su vez es la región más inequitativa del planeta tierra, que redujo su Gini de 0.625 en 2004 a 0.579 en 2009. en Colombia el ingreso del 20% de los hogares más ricos es 25 veces mayor que el ingreso del quintil más pobre, lo cual es aberrante. 



El Modelo de Crecimiento sin empleo nos llevó a que entre 2006 y 2008 la producción industrial creciera un 40%, mientras que el empleo creció en dicho sector para el mismo período sólo el 1.1%. En los 8 años de la administración Uribe la producción industrial creció el 30%, mientras que el número de empleados disminuyó el 6%. Y las gabelas tributarias al gran capital, especialmente la deducción del 40% del impuesto de renta por reinversión de utilidades en activos fijos que ascendieron el año pasado a $3.7 billones, eran supuestamente para promover de esta manera la generación de empleo. Ello se explica en gran medida por el hecho que el 40% de los $3.7 billones favorecieron precisamente a la minería y a la industria petrolera, el sector que menos necesitaba de tales incentivos y el cual, por ser tan intensivo de capital, es poco generador de empleo. Y ello en un país que registra una tasa de desempleo abierto de más del 12% y de una informalidad que frisa el 60%, la más alta de la región. 

Claro que el campo fue el que llevó la peor parte: el sector agropecuario ha venido creciendo sistemáticamente por debajo de un tercio con respecto al crecimiento PIB total. Así, mientras el crecimiento consolidado de la economía entre 2004 y 2007 fue de 20.3%, el sector agropecuario a duras penas alcanzó el 6.88%. Ello explica el por qué los índices de pobreza y de necesidades básicas insatisfechas (NBI) son notoriamente más elevados en el campo que en la ciudad; según el último estudio el índice de pobreza en Colombia se situó en el 45% promedio; entre tanto para zona rural, que sufre un acelerado proceso de descampesinización por cuenta del desplazamiento forzado, el mismo índice es del 62.1%.

Dos economistas muy reputados, como lo son Alesina y Rodrick, advierten que “los países con mala distribución del ingreso y la riqueza tienden a crecer menos”. El ex presidente del gobierno español Felipe Gonzalez es de la opinión de que “la desigualdad pone en peligro el crecimiento”, es más, “el modelo económico que no redistribuye los ingresos no es exitoso”. Gustavo Yamada, Jefe de la Unidad de Pobreza y Desigualdad del BID no pudo ser más categórico cuando afirmó que “cuanto más desigual es un país menos efectivo es el crecimiento para reducir la pobreza”. Por su parte la CEPAL, en un importante estudio llegó a la conclusión que una mejor distribución del ingreso, además de disminuir el número de pobres refuerza el crecimiento. De modo que el país tiene un gran reto en este frente, si no quiere seguir estancado y con una economía raquítica, que en lugar de generar empleo lo destruye. En suma, como lo acota el Nobel de Economía Joseph Stiglitz, el aumento de la desigualdad es una de las razones de la desaceleración económica” y remata diciendo que “un sistema político y económico que no reparte beneficios a la mayoría de los ciudadanos no es sostenible a largo plazo. Con el tiempo, la fe en la democracia y la economía de mercado se erosionarán y se pondrá en tela de juicio la legitimidad de las instituciones y los acuerdos vigentes”. Así de claro y contundente es el mensaje, que al parecer comparte el Presidente Juan Manuel Santos cuando admite que “de nada sirve el crecimiento económico y la riqueza si los recursos no se destinan a cerrar las brechas de desigualdad”, pero sus políticas al respecto dejan mucho qué desear. Lo cierto es que, como lo sostiene el ex constituyente Eduardo Verano “crecer poco o no crecer, solamente garantiza tres consecuencias: que más pobres sean mucho más pobres; que surjan más pobres que pudieron no llegar a serlo; y que aparezcan más pobres que pudieron dejar de serlo”. De allí la importancia del crecimiento sostenido del PIB, como condición necesaria más no suficiente para sacar de la pobreza a amplios núcleos de la población que la padece.
LOS DESEQUILIBRIOS REGIONALES
La misma brecha que se ha convertido en abismo en lo económico y lo social se repite a nivel interregional e intraregional; así como hay sectores ganadores y perdedores en el primer caso, también hay en este país de regiones unas que son ganadoras netas y otras que son perdedoras netas. En el decurso de la historia unas regiones han ido consolidando su desarrollo, mientras otras han permanecido rezagadas. Estas últimas concentran el mayor número de pobres, de desempleados y de población con NBI. Como lo afirma el ex constituyente Eduardo Verano, “la mitad de los colombianos con Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) (vivienda digna y suficiente, acceso a los servicios públicos básicos, escolaridad y salud esenciales) viven o mal viven en las Regiones Caribe y Pacífica. 7 de cada 10 departamentos, el 70% tienen un peor indicador de NBI que el promedio nacional –que es del orden del 27% y qué curiosa casualidad que los únicos mejores que la media nacional sean los departamentos cafeteros, incluido Valle, y por supuesto, Bogotá y Cundinamarca. Ahora, Meta y otros 4 departamentos, incluido Atlántico, son los únicos invitados sin smoking a esta velada de élite y están apenas allí, mordiendo el promedio”. Cabe dar relieve al envidiable indicador de NBI de la capital del país, del orden del 9.2%, con estas connotaciones: “es un afortunado tercio del correspondiente promedio nacional; el Chocó es casi 9 veces peor. la Guajira 7 veces peor y Sucre 6 veces peor. Brechas que ofenden la dignidad de los rezagados habitantes. La injusticia interregional contribuye a que tengamos en el Caribe, como Región, en la triste compañía del Pacífico, las peores cifras de desempeño económico y social del país”. Y ello no se ha dado por generación espontánea, para explicarnoslo tenemos que recurrir a la historia económica del país.
El gran pensador Antonio García habló de un capitalismo “tardío y periférico” para referirse al desarrollo embrionario de este sistema económico en Colombia en las postrimerías del Siglo XIX. La acumulación originaria del capital, como la denomina Marx en El capital, se basó en el excedente económico generado por la caficultura, que fue el que sirvió de base para importar al país las primeras máquinas y equipos industriales. Esta circunstancia aunada al hecho de que los ingresos que generaba dicha actividad sirvieron de fundamento a la formación de un mercado interno, hizo posible la incipiente industrialización del país. El Río Grande de la Magdalena, principal arteria fluvial del país era practicamente la única vía de comunicación del país habilitada para el comercio exterior en ciernes de una economía para aquel entonces monoexportadora del café. Desde 1823 se hicieron grandes esfuerzos tendientes a introducir la navegación a vapor y hasta bien entrado el Siglo XX esta modalidad de transporte siguió jugando un papel de la mayor importancia. Posteriormente se le dió la espalda, con grave detrimento para el país, pues al limitarse su navegavilidad el país prescindió de un medio de transporte seguro y barato, para depender casi exclusivamente del transporte aéreo y por carretera, ya que también se abandonaron los ferrocarriles nacionales. Esta comprobado que el transporte intermodal contribuye ostensiblemente a la mayor competitividad del país, que teniendo cómo implementarlo no lo ha hecho. 
Así nació y se desarrolló, en este entorno, la industria nacional, teniendo como vértices del denominado “triángulo de oro” a Bogotá, Cali y Medellín. Primero fue la agreste geografía del país, con sus tres cordilleras, la que sirvió de barrera natural de protección del mercado interno, que de este modo resultaba cautivo; luego, los altos aranceles del modelo proteccionista ocuparían su lugar. Aunque durante la segunda mitad del Siglo XIX el sector exportador colombiano era muy débil y poco dinámico, entre 1905 y 1950 tuvo un particular auge, aunque limitado a sólo tres renglones: café, banano y tabaco. Como lo sostiene el Observatorio del Caribe, “el temprano despegue de la industria manufacturera en el región Caribe a finales del S XIX e inicios del S XX, primero en Cartagena y posteriormente en Barranquilla no logró consolidar a la región como un importante polo de desarrollo industrial”: En efecto, después de participar con el 11. 7/%  de las exportaciones totales en 1916, ya para 1950 se redujo al 4.5%, pese que durante dicho intervalo se vivió un floreciente auge exportador, pero del cual sacó mayor partido el centro del país. 
Como lo acota el investigador Jorge García, “los 30 años comprendidos entre 1950 y 1980 enmarcan dos períodos bastante diferenciados del enfoque de la política económica del país, en particular la referente al comercio exterior. Es así cómo el período comprendido entre  los años 1950 – 1966 puede considerarse como de sustitución de importaciones y el período 1966 – 1980 como de promoción de las exportaciones”. Durante estos dos períodos, pero muy especialmente en el segundo, predominó el intervencionismo de Estado en boga y se dispuso de toda una batería de medidas encaminadas a promover, fomentar y proteger tanto la producción nacional como la diversificación de exportaciones. Entre todas ellas se destaca la expedición del Decreto – Ley 444 de 1967 de la administración de carlos Lleras Restrepo, a través del cual se estableció el régimen cambiario y de comercio exterior. En virtud del mismo se puso la política monetaria, cambiaria y de comercio exterior del país al servicio de la industria nacional, la cual se había asentado fundamentalmente en el “triángulo de oro”.  Lo propio ocurrió con la inversión pública, sobre todo en materia de infraestructura; se trataba de comunicar los centros de producción con los puertos, de allí la forma radial que revistiera el sistema vial, en virtud del cual las regiones que, como la Caribe y la Pacífica contaban con las facilidades portuarias se convirtieran en simples corredores viales. De allí que todavía sigue siendo más fácil comunicarse entre cualesquiera de las capitales departamentales de dichas regiones con el interior del país que entre que entre ellas mismas; en la malla vial han primado las grandes troncales sobre las transversales que intercomunican a las propias regiones, las cuales aún se echan de menos, a falta de ellas inmensas regiones del país permanecen embotelladas. Es muy diciente que la densidad vial de la región Caribe para 1948 era del 8.3 kms L/100 km2  y en 1999, 51 años después (¡!), sólo alcanzó el 10.1 kms L/100 kms2, muy por debajo de la densidad promedia nacional que para la misma época se situaba en el 16.06 kms L/100 kms2, la cual a su vez es mediocre respecto al promedio de la densidad vial en la región. 
No faltan quienes aún en el Siglo XXI continúan defendiendo con argumentos traidos de los cabellos este esquema que ha sido tan nocivo para el país. Es el caso del ex ministro de Hacienda Rudolf Hommes,, para quien “si los centros de producción se desplazan inicialmente al Caribe y eventualmente al Pacífico, el centro va a sufrir una decadencia sin precedentes que no se ha tenido en cuenta. Las costas no son las que necesitan ferrocarriles y carreteras, porque su geografía las favorece. La migración hacia ellas ya está en marcha y les van a imponer una gran presión por servicios, educación y vivienda. Las que necesitan esas carreteras y los ferrocarriles para sobrevivir son las ciudades del centro del país. Esa inversión va a ser muy inferior a la que se necesitaría para atender las necesidades de los que emigrarían a las costas en busca de empleo”. Si no atenemos a este planteamiento las regiones periféricas seguirían aisladas del progreso y el desarrollo, condenadas al ostracismo.  
PALO PORQUE BOGAS Y PALO PORQUE NO BOGAS
Luego vendría el Consenso de Washington con sus nuevos paradigmas, consignados en un decálogo más conocido como la Cartilla, que siempre sirvió de férula a los organismos multilaterales, en especial el Banco Mundial y el FMI. Todos los países de América Latina se adhirieron al nuevo modelo económico que vino a reemplazar el Modelo de la Cepal que había inspirado el economista argentino Raúl Prebish. En Colombia se dieron los primeros pinitos cuando el Presidente Virgilio Barco ya tenía el sol a sus espaldas, pero fue en la administración de Cesar Gaviria cuando se le dio rienda suelta a la apertura económica y a la desregulación del mercado cambiario, dos pilares del nuevo credo que tuvo en Ronald Reagan y Margaret Thatcher sus principales propulsores. El Modelo de desarrollo “hacia dentro” dio paso al embeleco del aperturismo atolondrado con todos sus estragos; como ha sido ampliamente demostrado fue una apertura hacia adentro, con todas sus consecuencias sobre el aparato productivo. Como lo señala el Observatorio del Caribe, “la apertura económica no dió lugar a una transformación de la industria manufacturera regional y a su conversión en un polo de desarrollo industrial. Por el contrario, la producción manufacturera de la región fué golpeada con particular severidad con motivo de la apertura económica del inicio de los años 90; la caída de la producción industrial fué mucho mayor que en el resto del país”. 
Si regiones como la Pacífica se habían visto sacrificadas por el proteccionismo de la industria de invernadero que teníamos, con la apertura se auguraban los mejores días para las mismas dada su enviadiable ubicación geográfica en un país que se precia de ser, como dijo López de Mesa, la esquina oceánica de América. Se planteó en sus inicios que el éxito de la apertura estaba en la implementación de tres estrategias: la modernización industrial, la reconversión industrial y la relocalización industrial. Esta última estaba llamada a convertir al Caribe y al Pacífico en los dos principales polos de atracción de la industria con vocación exportadora, pero ello nunca se dio. Y no se dio porque tanto la modernización y la reconversión industrial, igual que la relocalización industrial se quedaron en el papel y, lo que es peor, entonces como hoy el país estaba carente de una infraestructura vial, logística y portuaria, que son esenciales para mejorar la productividad y por ende la competitividad. Nos recuerda el connotado politólogo Eduardo Posada, citando un estudio británico de 1950 que ya observaba que “el mayor desarrollo de la producción corre siempre el peligro de ser neutralizado en Colombia por su enemigo más antiguo: el problema del transporte”. Esta afirmación no está muy lejos de lo que sostuvo recientemente el Presidente de La Confederación de Transporte de Carga por Carretera (Colfecar), Jaime soriano, “el país presenta un atraso de al menos 60 años en materia de infraestructura vial. Después de Rafael Reyes, hace cien años, de Pedro Nel Ospina en los años 20 del siglo pasado y el General Rojas Pinilla en los años 50, no se ha vuelto a ver en Colombia un salto importante en materias de obras públicas y desarrollo de la infraestructura”. 
Se malogró, entonces, esta oportunidad, así como también le fue esquiva la anterior. En tales condiciones, no es raro que la participación en el PIB del centro del país supere con creces la de regiones como el Caribe colombiano. La realidad no puede ser más patética: Bogotá concentra el 25.8% del PIB nacional y con Cundinamarca concentran casi el 31% del Producto Interno Bruto. Ahora, si tomamos en conjunto el famoso “triángulo de oro” que sumaría a Antioquia y Valle, la cifra relativa por poco no concentran las dos terceras partes del PIB. Pongamos estos números al lado de los de la Región Caribe, en la que 8 departamentos (incluyendo San Andrés) apenas sí  participan con el 15% del PIB. Y, como lo señala un estudio del Centro de Estudios Regionales del Banco de la República en cartagena, “si existen recursos subutilizados en una región tales como tierras, infraestructura o mano de obra, la economía del país estará peor. Esta subutilización de recurso se refleja en unas menores tasas de participación en el mercado laboral en las regiones rezagadas. Si hay sobre - aglomeración de recursos (físicos o humanos) en una ciudad o región, también se produce una ineficiencia económica global”. Un estudio realizado por el investigador de la Escuela de Economía de la Universidad Sergio Arboleda Enrique Gilles llegó a la conclusión que “una economía más integrada y abierta al mundo produce efectos asimétricos, no neutrales, sobre el territorio que deben ser tenidos en cuenta para una correcta elaboración e implementación de las políticas públicas”. En efecto, se ha venido dando una “concentración y de recomposición de la canasta exportadopra colombiana hacia los productos primarios, desde un punto de vista regional…la simple observación de los datos de exportaciones departamentales debe ponernos a reflexionar sobre las acentuadas diferencias de las estructuras productivas departamentales…(el grado de) sofisticación de las exportaciones departamentales es un indicador adicional del gran desequilibrio territorial del país”
UNA DIGRESIÓN
Hagamos una digresión para referirnos a un hecho de singular importancia sobre el cual queremos enfatizar. Llama poderosamente la atención que mientras en el resto del mundo las regiones más prósperas están localizadas justamente en las zonas costeras, en Colombia estas permanecen relegadas y postergadas en su desarrollo. Como lo documenta un estudio del Observatorio del Caribe “por ejemplo, en Estados Unidos las zonas más dinámicas en crecimiento económico y demográfico están localizadas a menos de 80 km de las costas. A nivel mundial los países que se localizan a menos de 100 km de las costas ocupan cerca del 5% de la superficie habitable del globo y aportan el 37% de la producción bruta mundial. En Colombia dicho patrón no se observa y, por el contrario, lo que se encuentra es que los municipios que están localizados a menos de 100 km de las costas están en condiciones precarias en términos de su nivel de desarrollo socioeconómico”. Y no es para menos, dado que “con el bajo nivel de integración y las estructuras económicas regionales, se puede esperar que la polarización regional se perpetúe en Colombia. Los más poderosos eslabonamientos están en las regiones prósperas y los débiles enlaces en las regiones atrasadas. Hay pocas razones para esperar cambios en estas tendencias en el mediano plazo (Bonet, 2005)”. 
Así las cosas, se le plantea al país la perentoria necesidad de fortalecer el desarrollo de sus zonas costeras y para ello juega un papel de la mayor importancia la estrategia de relocalización industrial en las proximidades de los puertos; pero, para que ello sea posible es indispensable dotarla y habilitarla de una infraestructura robusta que le sirva de soporte. Las ventajas que ofrecían para tales efectos el régimen de las zonas francas constituían en este sentido un gran atractivo, el cual se perdió cuando se desvirtuó el carácter de las mismas a través del esperpento de las zonas francas “uniempresariales” o “no colindantes”, que pueden localizarse en cualesquier lugar del país. Los estímulos tributarios y arancelarios que se le otorgaron a estas últimas a través del Decreto 383 de 2007 han contribuido a concentrar aún más la localización de las empresas y con ellas el crecimiento y el desarrollo en el interior del país, en desmedro una vez más de la periferia. En tales circunstancias, no es extraño que se dé la paradoja que el centro del país tenga una participación en las exportaciones del país muy superior a las regiones del litoral que son las que cuentan con la ventaja comparativa y el privilegio de contar con los puertos. 



¿Y DE LA AGENDA INTERNA QUÉ?
Y a lo largo de todos estos años no ha habido mayor interés en acometer las obras para dotar al país de la infraestructura que la economía está pidiendo a gritos, las cuales están claramente identificadas en la Agenda Interna para la Productividad y la Competitividad (AIPC); se siguen aplazando y aplazando, convirtiendose este en el mayor escollo que enfrentan importadores y exportadores. En un Informe reciente del Foro Económico Mundial, en porcentajes estadísticos de países en calidad férrea le dan a Colombia una calificación de 1.5 y el pùesto 100 entre los países más rezagados en esta modalidad de transporte. En cuanto a la calidad de las carreteras, Colombia recibió una calificación de 2.9, que la ubicó en el puesto 91. En lo que hace a la calidad de la infraestructura portuaria la calificación fue de 2.9 también, quedando en la casilla 108. En infraestructura para transporte aéreo el fue algo mejor a Colombia, pues obtuvo una calificación de 4.8 y ocupó el lugar 64. En fín, Colombia con un puntaje promedio de 3.1 ocupó el puesto 89 entre 134 países en cuanto a la calidad de su infraestructura y ello es sumamente preocupante. Si el país todo está rezagado en infraestructura, la situación de las regiones periféricas es aún más dramática. 
En el pasado el país había tratado de compensar su baja competitividad en los mercados internacionales a través del manejo de una tasa de cambio competitiva y por mucho tiempo mantuvo un mercado cambiario controlado, hasta que se vió forzado por las recomendaciones del FMI a desmontar su regulación a finales de la década de los 90. Progresivamente, a medida que se han ido negociando acuerdos y tratados comerciales se ha ido desmontando la protección arancelaria a la producción nacional hasta dejarla totalmente desguarnecida. Incentivos a los exportadores como el Certificado de Abono Tributario (CAT), que después se convirtió en el Certificado de Reintegro Tributario (CERT) han tenido que ser desmontados por ser contrarias a las estpulaciones de las reglas de la Organización Mundial de Comercio (OMC). También se han tratado de abaratar los costos laborales para ser competitivos y para tal efecto se expidieron dos reformas laborales, La Ley 50 de 1990 y la Ley 789 de 2002, pero sin que jamás pueda llegar a equipararse por esta vía con los costos laborales de la China, el Cid campeador del comercio mundial. El pesado fardo de todos estos costos en los que ha incurrido el país por cuenta de la sobreprotección a la industria doméstica ha recaido sobre todo el país y no únicamente sobre las zonas de influencia de fabricantes y firmas exportadoras. Ultimamente, a raiz de que se revirtió la tendencia de la tasa de cambio pasando de ser campeones de la devaluación a campeones de la revaluación, una vez más el gobierno echó manos de recursos del presupuesto nacional para “compensar” a las empresas exportadoras, como lo hizo el Presidente Uribe por sumas que superaron los $500.000 millones. 
Es evidente, entonces, que las políticas públicas en materia económica le ha servido y mucho a las empresas, especialmente los grandes conglomerados, así la política monetaria como la cambiaria y la de comercio exterior, que le han pasado la factura a todos los colombianos. Por eso tenemos que decir que no tienen razón quienes abogan por la descentralización fiscal, proponiendo que reviertan en inversión a cada una de las regiones en la misma proporción de su contribución a los recaudos y se duelen, por ejemplo, que mientras el Valle del Cauca genera el 12 por ciento de los impuestos nacionales sólo recibe el 7 por ciento de los recursos del Sistema General de Participación (SGP). Es fácil colegir que los grandes contribuyentes, como las empresas del Valle del Cauca, las de Cundinamarca, Antioquia y Atlántico, especialmente, se han consolidado y posicionado como tales gracias a la contribución de todos los colombianos. Y de contera, son estas las mismas empresas que se han visto favorecidas con largueza con las mentadas gabelas tributarias, las cuales le costaron al país en el corto lapso de 5 años, entre 2003 y 2008, la friolera de $26 billones. Este sesgo de las políticas públicas ha contribuido no sólo a la concentración del crecimiento y el desarrollo sino también a la concentración del ingreso, concomitantemente con la mengua del ingreso per cápita de la periferia. 






LA FUNESTA DUALIDAD
Este desarrollo dual de la economía del país atenta contra la integración y el desarrollo regional, impide que se desarrollen a plenitud las enormes potencialidades que albergan aún las más remotas regiones y conspira contra las posibilidades de mejorar el Índice de Desarrollo Humano (IDH) a su población. Es muy diciente que Colombia en lugar de avanzar en este Índice retrocede, pues según el más reciente Informe publicado por el PNUD pasó del lugar 70 al 91, muy por debajo de otros países de la región como Chile (puesto 40), Argentina (45), Uruguay (51), Cuba (59), Panamá (60), México (61), Costa Rica (62) y Venezuela (71).  Por lo tanto son muchas las razones que militan a favor de un giro en las políticas públicas, las cuales deben reorientarse de modo que contribuyan a nivelar la cancha y a corregir los enormes desequilibrios interregionales e intraregionales. Al país, pero especialmente a las regiones, les ha hecho mucho daño la falsa disyuntiva entre la equidad regional y la eficiencia – país, la cual ha hecho carrera entre los formuladores de la política macroeconómica. Se asume desatentadamente que cualquier inversión dirigida  al desarrollo regional incurrirá en costos de oportunidad en términos de crecimiento económico del país como un todo. Por cuenta de esta distorsión el país sigue asumiendo el costo de un “arancel” geográfico que le significa a las empresas que siguen localizadas en el altiplano estar a más de 1.000 kms de la costa Caribe y 500 kms de la pacífica. Dicho “arancel” se traduce en sobrecostos en los fletes, lo cual le resta competitividad a las exportaciones colombianas. Según Meter Paul Eichmuller, Presidente de DHL Danzas Air & Ocean en Colombia, “Para las empresas en Colombia, los sobrecostos por no tener una infraestructura adecuada pueden ser hasta de 20%”.

DEL CENTRALISMO A LA DESCENTRALIZACIÓN Y DE ESTA A LA AUTONOMÍA REGIONAL 
                                                                                                                                                                                       El planteamiento anterior nos lleva a afirmar que la centralización del poder político y la concentración del poder económico en este país no es un hecho fortuito, sino que responde a un direccionamiento de las políticas públicas que han prevalecido casi sin interrupción desde los albores de nuestra independencia hace 200 años. Al decir de Rafael Núñez el Radical, al referirse a la férula del centralismo de la época no pudo ser más elocuente: “el gobierno general no es, por tanto, sino simple delegatario revestido de especiales atribuciones administrativas por la voluntad de los Estados… Las funciones de la autoridad nacional son limitadas; mientras que las funciones del Gobierno de los Estados abrazan generalmente todo lo que puede ser materia principal de administración pública”. Pero, a poco andar dio el bandazo y pasó sin vísperas del radicalismo hirsuto al más acendrado conservadurismo y después de ser su más acerbo crítico se tornó en el más feroz defensor del centralismo a ultranza. Esto dijo Nuñez el regenerador luego de abjurar del radicalismo liberal al entonar la palinodia: “La Constitución de 1863 (la misma que él había ayudado a prohijar) ha dejado de existir, sus páginas manchadas han sido quemadas entre las llamas de la Humareda. Viva la nueva Constitución!”.
Así fué como se impuso de nuevo, a través de la Constitución de 1886, de corte confesional, la misma que el propio Rafael Núñez eludió firmar y en su lugar lo hizo el Vicepresidente General Campo Serrano. En virtud de la misma el abominado y abominable centralismo volvió por sus fueros mediante una fórmula dicotómica, ambivalente: “la centralización política y la descentralización administrativa”, la cual se mantuvo por más de 100 años. Fórmula esta que iría a contrapelo del discurso de Nuñez el Radical sobre las bondades de la descentralización, pues según él “la Federación es nuestra tierra prometida (…) la historia administrativa de la Nueva Granada, casi desde su fundación, es la historia del desarrollo de los fueros seccionales, a despecho de la más obstinada resistencia del poder nivelador, o sea del centralismo”. 
Pudo más la vigorosa fuerza centrípeta de la centralización política que la débil fuerza centrífuga de la descentralización administrativa. Con sobrada razón Núñez acuñó una frase para la historia, después que sus huestes depusieron las armas para entregárselas al Ejército de reserva del General Canal, conservador de pura cepa, que le ha debido servir de epitafio: “yo quedé convertido en el leño inerte que arrastra la corriente y qué no sabe a qué playa irá a reposar”. Quien si sabía para dónde iba, no propiamente a “reposar”, fué Miguel Antonio Caro, al lograr que la mayoría de los integrantes del Consejo de delegatarios aprobara el texto de la Constitución propuesta por él mientras era defenestrado el texto presentado por Núñez por intermedio de su emisario José María Samper. Y no le quedó dificil urdir esas mayorías espúrias de delegatarios, pues como lo sostiene el historiador Abel Cruz Santos, para conformar la Constituyente que se encargaría de reemplazar la Carta del 63 y que engendraría la Carta del 86, “…se procedió con criterio discriminatorio a integrar los delegatarios de Antioquia, Cauca y Panamá, Estados reconocidamente federalistas...”, cuya representación y vocería fue usurpada impune y alevemente por representantes de Bogotá.
  Con la Constitución de 1886 no sólo se trajo de vuelta al asficiante centralismo de enantes sino que el Gobierno central se alzó con el santo y la limosna, toda vez que de un plumazo, mediante  el artículo 202 de la Carta Política del 86, se dispuso que los bienes que pertenecían a los Estados soberanos ahora, “pertenecen a la República de Colombia, (1°) los bienes, rentas, fincas, valores, derechos y acciones que pertenecían a la Unión colombiana en 15 de abril de 1886; (2°) los baldíos, minas y salinas que pertenecían a los Estados, cuyo dominio recobra (sic) la Nación(…); (3°) las minas de oro, de plata, de platino y de piedras preciosas que existan en el territorio nacional, sin perjuicio de los derechos que por leyes anteriores hayan adquirido los descubridores y explotadores sobre algunas de ellas (…)”. Los Estados soberanos, o sea las regiones habían perdido así, no sólo su autonomía política, sino también su patrimonio fiscal.
Se suele defender este traspie de Núñez con su argumento en el sentido que la Constitución de Rionegro estaba conduciendo a un desmembramiento del país, debido a que “en el funesto anhelo de desorganización que se apoderó de nuestros espíritus, avanzamos hasta dividir lo que es necesariamente indivisible; y además de la frontera exterior, creamos nueve fronteras internas, con nueve códigos especiales, nueve costosas jerarquías burocráticas, nueve ejércitos, nueve agitaciones de todo género”. Si bien pudo haberse justificado en su momento la centralización con el propósito de impedir la disolución de la República, lo es menos que se hubiera perpetuado por más de 100 años. Bien dijo el ex presidente de Francia Francois Mitterand, refiriéndose a una coyuntura similar en el país galo, que “Francia tuvo que acudir a un poder fuerte y centralizado para hacerse. Hoy necesita un poder descentralizado para no deshacerse”. Este fué el mensaje de la Constituyente de 1991, entendiendo además que, como lo afirma Eduardo García de Enterría, “el centralismo es la base de la exclusión política al concentrar el poder en unos pocos electos y a la vez el motivo del desprestigio de la democracia representativa”. Ese fué el sentido que tuvo la expedición de una nueva Constitución, caracterizada precisamente por la participación ciudadana. 
  Las tensiones entre el centralismo y el federalismo en el Siglo XIX, que terminó con la derrota de este último en la batalla de la Humareda, se reprodujo a mediados del Siglo XX, esta vez entre el centralismo y la descentralización; luego, a partir de la Constituyente de 1991,  la lucha feral entre el centralismo que se resiste a desaparecer y el autonomismo de las regiones ha estado al orden del día. Para un mejor entendemiento de este proceso, es necesario distinguir lo que se entiende por descentralización y por autonomía regional. Para ello nada mejor que traer a colación la definición del ex magistrado del Consejo de Estado Javier Henao Hidrón, según la cual “se entiende por descentralización la capacidad de gestión administrativa y la autonomía como la capacidad de decisión política”. A lo largo de la década del 70 y del 80 se avanzó en Colombia en materia de descentralización, entendida esta como desconcentración de funciones y/o delegación de funciones en los entes territoriales, pero sin que el Gobierno central soltara la manija. El Constituyente de 1991 consideró agotado el proceso de descentralización y por ello quiso dar el salto de la descentralización hacia la autonomía de las entidades territoriales y así lo consagró en el artículo 1º de la Carta. 
Pero, durante los 22 años de vigencia de la Constitución de 1991 no sólo no se ha avanzado en lo que hace relación a la autonomía de las entidades territoriales, sino que se ha reversado en múltiples aspectos lo que se había ganado en descentralización.  Como nos lo hace ver el jurista Ricardo Zuluaga, “de las 25 funciones básicas del Estado, las fundamentales, le corresponden en exclusiva al Estado central y las otras 10 las ejerce de forma compartida con las entidades territoriales; mientras que las entidades territoriales no tienen ninguna que sea suya de manera exclusiva y en las 10 sobre las que puede tener alguna incidencia, lo hacen de forma compartida con la Nación. Todo lo cual se traduce en que no hay un solo aspecto de la vida estatal que no sea intervenible por el Estado central”. Lo más sintomático  de este retroceso es el hecho de que después de 20 años no se había expedido la Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial (LOOT), llamada por el sociólogo Orlando Fals Borda Ley Madre y cuando finalmente se expide el desconcierto fue total porque en lugar de desarrollar lo prescrito por la Constitución sólo se limitó a transcribirlo. Ello, sumado al recorte de los recursos del Sistema General de Participaciones (SGP) y al raponazo de las regalías, que se le arrebataron a las regiones para concentrarlas en manos de la Nación, se ha traducido en la recentralización tanto política y admnistrativa. 
POR UNA POLÍTICA ECONÓMICA REGIONAL
 Como lo sostiene el profesor Dario I Restrepo, “la enorme desigualdad económica, social, política y territorial colombiana es una construcción histórica que cultiva mecanismos permanentes que la reproducen”. Por ello, no puede ser más atinada la propuesta del investigador Adolfo Meisel cuando plantea la urgencia de contar con una política económica que consulte el interés regional, la cual deberá estar basada en estos tres elementos, a saber: debe ser una política de Estado que trascienda los gobiernos de turno y las coyunturas económicas. Se trata de una política integral, en la cual todas las intervenciones del Estado en las zonas rezagadas esté orientada a dinamizar el crecimiento y a reducir la pobreza de sus habitantes, en el entendido que la inversión estratégica para las regiones rezagadas es la inversión en el capital humano de sus habitantes. La lucha contra la pobreza debe tener un claro componente espacial, pues ella no se distribuye en el territorio al azar sino que se concentra en ciertas regiones. Por ello, nos parece atinado el planteamiento del ex constituyente Eduardo Verano en el sentido que “sin duda alguna, la redistribución espacial del poder y de la institucionalidad política, es una auténtica necesidad para buena parte de las sociedades contemporáneas –y Colombia no es la excepción. Internalizar, recoger orgánicamente y potenciar los intereses, los recursos, la riqueza y las energías de las regiones; descongestionar la obesa y pesada trama de los dispositivos de decisión centrales y centralizantes; proveer a la genuina democratización del acceso al y del ejercicio del poder político: he aquí el verdadero desafío de las regiones de Colombia”.
Como lo observa el profesor Restrepo, “para acercar las oportunidades de crecimiento económico entre entidades territoriales, estimular sistemas productivos locales y lograr un gasto público social con criterios de equidad se precisa adoptar un enfoque territorial en la política económica, el gasto público y el sistema político… Orientar la política económica con criterios de equidad requiere arreglos y diseños institucionales nuevos, así como un sistema político electoral que la soporte. Por ello es necesario un paquete integral de reformas a la política económica, al diseño institucional y al sistema político”. Sólo de este modo se puede encausar a las regiones marginadas del país por la senda del desarrollo sostenido y equitativo. Por esa razón, como lo indica el analista Eduardo Posada, en los tiempos que corren “al igual que en 1875, las demandas regionalistas tenían más como mira una mayor participación en los niveles nacionales del Estado que la autonomía política. En la década de 1910 había en la región un sentimiento creciente de que los intereses nacionales se estaban redefiniendo en detrimento de la Costa”. Este es un fenómeno que se ha generalizado en Latinoamérica y a ello se refiere la ex ministra de trabajo de Chile y Directora del Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural Claudia Serrano, al considerar que los moradores de las regiones discriminadas “están en un circulo que nunca se rompe. Rezago productivo, tecnológico y de capital humano los lleva a ser parte de la llamada ´trampa de pobreza´. Esto los lleva a generar poca capacidad de emprender. Para que se rompa ese círculo hay que complementar la política nacional con la territorial”. 
Mientras ello se logra es indispensable contar con una estrategia tendiente a morigerar los devastadores efectos sociales del modelo económico centralista predominante y a ello apunta precisamente la iniciativa del Caribe colombiano de crear un Fondo de Compensación y Equidad Regional (FCER), que fue posteriormente distorsionada al crear el Fondo de Compensación Regional (FCR) como parte del Sistema General de Regalías (SGR), que haga posible que el gasto del gobierno central realmente coadyuve a equilibrar las disparidades fiscales entre unas regiones y otras, buscando una nivelación como punto de partida de esta rectificación histórica del injusto trato recibido por la periferia, a través de una estrategia de convergencia para reducir la creciente desigualdad entre unas y otras regioness y también al interior de las regiones mismas. Para lograrlo es menester que este sea un objetivo explícito de las políticas públicas y no un efecto colateral de las mismas, así como es de imprescindible la voluntad política por parte de quienes tienen en sus manos el poder de decisión, los cuales se siguen mostrando tan renuentes como reticentes. Los pueblos soportan con estoicismo la pobreza, pero definitivamente lo que no toleran es la desigualdad; llegó la hora de las regiones en Colombia, el gobierno de la Unidad Nacional debe tomar nota de ello. Como lo advierte el trabajo del Centro de Estudios Regionales del Banco de la República, “la experiencia internacional en países con niveles de desarrollo económico desigual indica que la reducción de estos es un proceso lento, incluso cuando hay políticas explícitas para su eliminación. Se requiere que exista un compromiso claro y de largo plazo para que las políticas logren ser efectivas. La política regional debe ser una política de Estado”. Se requiere, entonces, una política de estado que trascienda los gobiernos de turno y las coyunturas económicas. Una política integral, en la cual todas las intervenciones del estado en las zonas rezagadas esté orientada a dinamizar el crecimiento y a reducir la pobreza de sus habitantes. De allí la importancia de políticas diferenciales y diferenciadas que consulten la realidad y las particularidades de cada región. 
LA AUTONOMÍA REGIONAL NO ES UN EMBELECO
La autonomía regional no es una entelequia y la lucha por ella no es un embeleco. No se trata de un capricho. La figura de la Asociatividad territorial, que fue a la que le dieron la mayor preeminencia en la LOOT no suple la de la integración regional (antes fueron la ADT). No se puede hablar de autonomía cuando esta se limita a la delegación de funciones por parte de la nación a la región. Se requiere que esta tenga atribuciones propias que pueda ejercer. Para que la autonomía regional sea operativa, efectiva, se requiere de la institucionalidad; esta es la que le da entidad, perdurabilidad y consistencia. Es absurdo, además, plantear la constitución de regiones de planeación y gestión (RPG), como lo dispone la LOOT, en lugar de las regiones administrativas y de planificación (RAP), que son las previstas en la carta. Pero, es entendible por qué pretenden suplantar la integración regional por la Asociatividad de las “porciones” de territorio y las RAP por las RPG, pues mientras a través de la integración se gana en poder de interlocución la Asociación es flor de un día, es un matrimonio de conveniencia momentánea y mientras las RAP tienen vocación de constituirse en Regiones como Entidades Territoriales (RET), a las que le temen como el diablo a la cruz, las RPG no pasarán de ser un ente tecno-burocrático más. Lo dice con toda claridad el ex constituyente Eduardo Verano, “no habrá desarrollo si no hay una institucionalidad regional adecuada que lo soporte” y es lo que rehuyen los gobiernos con los esperpentos de la Asociatividad y las RPG. Bien dijo el pensador José Ortega y Gasset, “yo no pido la organización de España en grandes regiones por razones de pretérito, sino por razones de futuro. La vida, queramos o no, es una acción que se ejecuta siempre hacia adelante (…)”.  
EL DÉFICIT DE INSTITUCIONALIDAD
 Y hablando de institucional, esta es la mayor falencia que se acusa en el país, pero sobre todo en las regiones, lo cual se traduce en un trato desde el Gobierno central hacia las entidades territoriales y las regiones como si estas fueran menores de edad. Todos los hilos se manejan desde Bogotá, ahora a través de los enlaces de la administración central con los alcaldes y gobernadores. Ello se refleja en el hecho de que a estas alturas no hay una sola región del país que tenga su plan de desarrollo, que sería su carta de navegación y por ello se viene incumpliendo la norma constitucional y el mandato de la Ley orgánica de planeación según la cual los planes generales de desarrollo deben insertar los planes regionales de desarrollo. Y no se viene haciendo simple y llanamente por sustracción de materia, porque no se cuenta con los tales planes. Así mismo, cuando se concertó hace seis años la Agenda Interna para la Productividad y Competitividad (AIPC), liderada por el Ministerio de Comercio y la Alta Consejería Presidencial para la Competitividad y se trabajó en los planes de competitividad, estos se quedaron al nivel departamental, lo cual es un absurdo. Los departamentos de la Región Caribe no pueden ser competitivos aisladamente, sino como Región, porque sólo de esta manera puede explotar y potenciar sus ventajas comparativas y competitividad a través de sus sinergias. 
Pero, para hurtarle el cuerpo a la posibilidad y al anhelo de las regiones para darse la institucionalidad de la que carecen a través de las RAP, esta se caricaturiza y hasta se ridiculiza presentándola como si se tratara de un desmedido afán burocrático y clientelista. Pues bien, según el ex Ministro de Hacienda Juan Carlos Echeverri, la puesta en funcionamiento de la propuesta planteada por la Región Caribe le costaría al fisco $100.000 millones anuales, lo que le pareció una suma exagerada, que se gastaría en burocracia y según él “esa plata la pueden usar mejor como para solucionar los problemas de La Mojana”. Por su parte el ex Ministro de Interior y ahora Ministro de la Vivienda Germán Vargas espetó que "en la costa es más prioritario tener agua, alcantarillado, carreteras y empleo, que contar con una asamblea y un supragobernador". Esta es una forma de desfigurar y satanizar la justa aspiración de las regiones de dejar de ser alfil sin albedrío del centralismo bogotano. Este ardid es muy conocido, se trata de construir un muñeco de paja para después solazarse destruyéndolo a manotazos. Y con estos argumentos traídos de los cabellos le dieron entierro de tercera a la justa aspiración de la Región Caribe, de contar con la RAP y encaminarse hacia la RET. 
Con toda razón el entonces Gobernador del Atlántico y vocero del burlado Voto Caribe (2.5 millones de votos) Eduardo Verano le ripostó que “la región quiere nuevas formas de manejar el Estado. Cuando se quiere estigmatizar un proceso se le minimiza y ridiculiza”. Pero, lo curioso es que después se entera con estupefacción el país que el gran revolcón burocrático que propició el Presidente Santos con las facultades extraordinarias que tuvo el año pasado, a través de la cual se revivieron tres ministerios y se creó un sinnúmero de altas consejerías en la Casa de Nariño. He ahí el doble rasero y el maniqueísmo centralista del cual son víctimas las regiones. $100.000 millones para el funcionamiento de la RAP es un “derroche” en burocracia; en cambio $11.7 billones para reforzar la abominable y abominada estructura centralista se justifica con la socorrida “eficiencia y eficacia” del “buen gobierno”. 
Desde luego, el fortalecimiento de las instituciones pasa por la probidad en el ejercicio del poder y obviamente depende también de la calidad de la política y los políticos tan venida a menos. La democracia, la descentralización y la autonomía genuinas requieren de un gran empoderamiento de la ciudadanía a través de su más amplia participación y ejercicio riguroso del control social, única manera de ponerle coto a la corrupción y a la venalidad e inmoralidad administrativa porque ese es su antídoto. Mientras las instituciones sigan siendo capturadas y cooptadas, como lo documenta muy bien en su trabajo el experto Luis Jorge Garay, será muy dificil ganar la legitimidad requerida no sólo de los procesos de descentralización y autonomía territorial sino del Estado todo en su conjunto. La asepsia de la política, la transparencia en el ejercicio de la Política y la integridad en la administración pública son absolutamente indispensables para que el arreglo institucional previsto en la Constitución Nacional, a manera de un nuevo contrato social, funcione apropiadamente. 
EPÍLOGO
 Definitivamente la desigualdad es el signo de los tiempos en Colombia y se manifiesta en todos los ordenes de la vida nacional: en la distribución del ingreso, en la distribución de la tierra urbana y rural, en inequidad de género, en la discriminación racial y étnica, entre la ciudad y el campo, entre el centro y la periferia, pero sobre todo en la desigualdad de oportunidades. Y lo más grave es que, además de ser el país más desigual en la región más desigual del Planeta, como lo es Latinoamérica, la tendencia es a su agravamiento. En Colombia, peor que la pobreza es el empobrecimiento y peor aún que este es la desigualdad, en desmedro de la población más vulnerable. Ello explica que Colombia esté tan lejos de cumplir varios de los Objetivos del Milenio (ODM), cuando se aproxima el 2015 (fecha límite para alcanzar sus metas), especialmente en lo relativo a la erradicación de la pobreza y el hambre, así como la reducción de la mortalidad infantil y la sostenibilidad del medio ambiente, que se encuentra en un grave predicamento. 
No obstante, paradójicamente, los sucesivos ministros de Hacienda que han pasado por el Edificio San Agustín en la última década han sido distinguidos y premiados como los mejores en Latinoamérica y además Colombia, por primera vez es el país más feliz del mundo, según el Barómetro Global de Felicidad y Esperanza, que realiza en 54 países la red mundial de empresas de investigación de mercados (Win - Gallup International). Según el reporte en felicidad parecemos insuperables frente a la media global: un 75 por ciento de índice de felicidad, frente al 40 por ciento del promedio mundial (¡). Ello entraña el riesgo de caer en el confort, pensando que todo es color de rosa; recordemos al Presidente Santos ufanándose y haciendo alarde de la felicidad de los colombianos, un mensaje subliminal en el sentido de que a su Gobierno no le va tan mal a pesar de la caída de su imagen y de su favorabilidad que registran las más recientes encuestas de opinión. Poniendo los piés sobre la tierra, es imperativo corregir las desigualdades sociales entre los colombianos y cerrar las brechas interregionales e intraregionales, única manera de avanzar en calidad de vida, en inclusión y cohesión social, en mayor crecimiento de la economía y en sostenibilidad del mismo. Sólo entonces nos podremos dar por bien servidos. Estamos advertidos de que “índices elevados de desigualdad, sobre todo como consecuencia del desempleo, pueden derivar en descontento social, es probable que aumente la criminalidad y se genere un clima que no sea atractivo para los negocios”. Cuándo lo entenderá el Gobierno?



Bogotá, marzo 20 de 2013
www.amylkaracosta.net

ANÁLISIS DE LAS TENDENCIAS DE LA ECONOMÍA

UN MAL SABOR
El pasado jueves el Director del DANE Jorge Bustamante dio a conocer la tan esperada cifra correspondiente a la tasa de crecimiento del PIB en el 2012 y su revelación fue tan sorpresiva como sorprendente. Y no era para menos, habida consideración que los distintos analistas y centros de estudios coincidían en sus pronósticos, los cuales apuntaban a que el crecimiento de la economía estaría muy por debajo del 4%. Hasta el propio Gobierno finalizando el año anterior había revisado, aunque a regañadientes, a la baja su meta del crecimiento del PIB del 4.8% inicial hasta el 4%. Por su parte el Banco de la República (B de la R), después de haber revisado a la baja su proyección del crecimiento de la economía para el 2012 “con 4.3% como la cifra más probable”,  se tornó aún más pesimista  y consideró que “las nuevas cifras económicas del cuarto trimestre de 2012 sugieren que el crecimiento para todo el año podría ser inferior a 4%”. Posteriormente, llegó a la conclusión que “para todo el año 2012 se estima un rango de pronóstico de crecimiento anual del PIB entre 3.3% y 3.9%”, siendo el más probable 3.6%”, muy por debajo de su potencial de crecimiento, que es del 4.5%. El Banco Mundial también metió basa en el asunto y bajó su previsión del crecimiento de la economía colombiana para el 2012 desde el 4.7% hasta el 3.5%. 
Qué fue lo que llevó a esta pifia colectiva, en dónde estuvo la falla, qué impidió dar en el blanco de la cifra que ahora divulgaba el DANE? Al tratar de descifrar este acertijo nos topamos con un hecho que llama poderosamente la atención. El DANE había aplazado 8 días la acostumbrada rueda de prensa para dar a conocer los resultados de la economía en el 2012 y en el entretanto dio a conocer un boletín oficial según el cual al revisar el crecimiento del tercer trimestre, que había dado a conocer tres meses atrás, el mismo había pasado del 2.1% al 2.7%. Tal resultado de la revisión se justificó fundamentalmente con el supuesto comportamiento del sector de infraestructura, el cual después de una caída del -14.7% que se había registrado reportado enantes por parte del DANE ahora aparecía con un crecimiento inusitado del 4%. Una “imprecisión” de casi 19 puntos porcentuales (¡!), algo nunca visto.  
Ante ello el estupefacto Director de Fedesarrollo Leonardo Villar no oculta su escepticismo frente al cambiazo de las cifras por parte del DANE , que por arte de birlibirloque dio al traste con toda humana previsión, que, como en La perrilla de Marroquín, “en más de una ocasión sale lo que no se espera”. Según él, “en el pasado hubo cambios, pero no como el de un sector en particular, obras civiles, que pasó abruptamente de una caída de 14.7% a un crecimiento de 4%”. Frente a este cuestionamiento, el Director del DANE se limitó a responder que “si la revisión pareció abrupta es porque la información está llegando tarde”. Respuesta ésta muy floja, que deja un sinsabor a los incrédulos analistas, sobre todo aquellos que, como el cofrade Alfonso Palacio Rudas, no tragamos entero. Los mismos a los que tildó el Presidente Juan Manuel Santos como “aves de mal agüero” por discrepar con respecto a las alegres proyecciones del Gobierno, al igual que lo hizo la Junta del B de la R, en donde tiene asiento el Ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas.
Gracias a todos estos malabarismos además de un crecimiento del PIB en el tercer trimestre del año anterior del 2.7%, contra todos los pronósticos el crecimiento del PIB en el último trimestre del año terminó siendo más alto que el anterior, con un 3.1%. Ello fue, finalmente, lo que hizo posible estirar el crecimiento del PIB para el año completo hasta el 4%. Claro que los resultados de la tal “revisión” fueron más lejos al remontarse a un año atrás, pues a consecuencia de la misma el crecimiento del PIB en 2011 no fue del 5.9%, como lo había informado el propio DANE, sino del 6.6% (¡!). Vaya, vaya! 
Este deplorable episodio deja un mal sabor y despierta muchas suspicacias. A este propósito apunta el analista de Global Segurities Daniel Escobar que “llama la atención el giro que está dando la entidad. Su principal deber es  generar estadísticas con los más altos estándares, y sobre esto no hay duda. Sin embargo, en los últimos meses el DANE empezó a publicar las cifras con informes en los que trata de mostrar siempre el lado bueno…Este no debe ser el sentido de una entidad que se encarga de recabar información y publicar estadísticas para que sean otros los que las interpreten”. Y, además, como prueba de su sesgo, destaca el hecho que en el último informe del PIB “no comenzó con el crecimiento del último trimestre de 2012, sino con el comportamiento total del año. Por supuesto, es mejor hablar de un 4% que de un 3.1%”. Y ello sólo se explica por el afán mediático y efectista que animan al Gobierno en momentos en que la percepción de la opinión sobre su desempeño no le favorece.
Conocida la noticia, el Presidente Santos, exultante, jubiloso, levantó los brazos, cantando victoria y a través de su cuenta en twitter trinó diciendo: “muy buena noticia, economía creció 4% en 2012, nos llena de optimismo para seguir construyendo un país más Justo, Moderno y Seguro”. Pero, lo curioso es que se esté celebrando un crecimiento del PIB del 4%, que muestra una caída del ritmo de crecimiento de la economía bestial, desde un 6.6% en 2011 al 4% en 2012 (¡!). Ello más bien es motivo de preocupación, porque lo que pone de manifiesto es que el crecimiento de la economía se viene ralentizando, que se está acelerando la desaceleración de la economía.

EL B DE LA R SÍ ESTÁ PREOCUPADO

El Director de Planeación Nacional Mauricio Santamaría, de dientes para fuera, dice que el crecimiento del PIB del 4% “es un excelente ritmo y superó incluso las expectativas del Gobierno”, pero la Junta directiva del B de la R opina otra cosa. En su comunicado, luego de la reunión de la Junta, realizada al día siguiente del anuncio del DANE tan ponderado por el Gobierno,  en la cual se decidió por unanimidad rebajar 50 puntos básicos a su tasa de intervención - que no se daba desde febrero de 2011-, tras cinco bajas consecutivas anteriores en los últimos ocho meses, todas ellas de sólo 25 puntos básicos, le da una lectura distinta a la del Director del DNP al menguado crecimiento del 4% de la economía nacional. Ahora dicha tasa se estabilizará por algún tiempo al nivel de 3.25%. Para la Junta, “los nuevos datos de crecimiento económico para 2012 (4%) muestran una desaceleración desde niveles altos en 2011 (6.6%). La mayor pérdida de dinamismo se presentó en el segundo semestre”. 
Es decir que el año pasado terminó con una baja ostensible en el ritmo de crecimiento. De acuerdo con la Junta del Banco Emisor la economía viene creciendo por debajo de su potencial, además prevé que en los trimestres venideros crecerá por debajo de su capacidad productiva y la inversión muestra un descaecimiento. Es de anotar que el B de la R mantuvo con terquedad aragonesa su tasa de intervención supremamente elevada, pretextando que la economía estaba recalentando y cuando reaccionó, hace apenas ocho meses, el daño estaba hecho. A la Junta directiva del B de la R se le fue la mano y con sus medidas contraccionistas y casi estrangula el aparato productivo mediante asfixia mecánica. Una de las consecuencias de este desatino fue la gran afluencia de capitales especulativos atraídos por las altas tasas de interés en Colombia que contrastan con las de la Unión Europea y las de EEUU que hace rato están prácticamente en el piso. Asimismo estimuló el endeudamiento externo de los privados. La mayor oferta de dólares provenientes del exterior contribuyó a insuflar la perniciosa y perjudicial apreciación del peso con respecto al dólar, estropeando de paso la producción nacional merced a su pérdida de competitividad.  
Ello es tanto más cierto si se tiene en cuenta, como lo señala el profesor Cesar Ferrari que “las tasas en Colombia no sólo son elevadas para las grandes empresas, sino exageradas para los consumidores, para las micro, pequeñas y medianas empresas que no acceden a los mercados internacionales”. Y ello a pesar de que la tasa interbancaria, que es la que fija la Junta directiva del B de la R, ha bajado desde 5.25% en julio de 2012 a 3.25% en marzo de este año. Si bien esta caída en la tasa de referencia va en la dirección correcta, desincentivando la afluencia de capitales golondrinas y el creciente endeudamiento externo, su efecto sobre la inversión y el consumo interno se ve limitado por el hecho que esas menores tasas no se trasladan al crédito de consumo con la suficiente celeridad y magnitud. El mismo B de la R reconoce que las reducciones de las tasas “parecieran estar transmitiéndose a la economía de manera más lenta que la deseada”. De allí que, pese a las buenas intenciones del Ministro Cárdenas de buscar con esta drástica reducción de la tasa “que la economía retome su senda de crecimiento potencial”, su exhortación a los hogares que no estén sobreendeudados para que “aprovechen la coyuntura para tomar préstamos” cayó en el vacío.  
Es así cómo entre el 12 de febrero de 2012 y el 13 de febrero de 2013, el Banco Emisor bajó su tasa interbancaria del 5.25% al 3.75%, es decir el 28.5%. Sin embargo la tasa que aplican los bancos comerciales a las tarjetas de crédito y la tasa de usura pasaron en ese mismo lapso del 29.88%  al 31.13%, es decir, tuvieron un incremento de 4.18%. Queda claro, entonces, que  “ninguno de los beneficios para estimular la economía se trasladan al consumidor final que es quien paga altas tasas por sus créditos…Los micro, pequeños y medianos empresarios pagan hasta 35.63% efectivo anual por un préstamo”. Y para rematar “la tasa del mercado, no se está rigiendo por la del Banco de la República”. Es decir que la tasa de interés que cobran los bancos está muy alejada de la tasa interbancaria que fija el B de la R, debido en gran medida por la alta tasa de intermediación que nadie interviene, vigila ni controla. Es más, la Superintendencia Financiera acaba de subir la Tasa de usura para el próximo trimestre abril – junio del 31.13% al 31.25%, lo cual va a contrapelo de la señal que está dando la Junta del Banco de la República. Qué tal?
Huelga decir que en manos de la Junta directiva del B de la R está no sólo la política monetaria sino también la política cambiaria y hoy por hoy la mayor preocupación de productores y exportadores radica en los funestos efectos de la revaluación del peso frente al dólar. Pero, simple y llanamente sigue con su intervención en el mercado cambiario mediante compras diarias de por lo menos US $30 millones hasta el 31 de mayo, medida esta que como es bien sabido ha resultado insuficiente para detener la alocada carrera hacia la baja de la tasa de cambio. El único sector que ha podido capear este temporal revaluacionista, hasta ahora, ha sido el minero – energético, gracias a sus elevados precios, pero con la caída de estos ha empezado también a resentirse. El Gobierno se ha mostrado muy renuente a apelar a otras medidas complementarias más eficaces para tratar de meter en cintura la tasa de cambio tales como el control de las inversiones de carácter especulativa; por el contrario, las incentivó a través del artículo 125 de la reforma tributaria al bajar la tasa impositiva sobre los rendimientos de inversiones llamadas eufemísticamente de “portafolio”, como lo son los TES, bonos o acciones en bolsa, desde el 33% a sólo el 14%. 
Tampoco han querido parar el endeudamiento externo de las empresas en 2012 (US $21.688 millones), que se ha constituido, según el profesor Ferrari, en la segunda fuente de divisas en Colombia después de la Inversión Extranjera Directa (US $24.147.4 millones), por encima del monto de las exportaciones petroleras en ese mismo año (US $21.602.4 millones) y es equivalente a más de 4 veces el saldo neto de la Balanza Cambiaria para el mismo año, que fue de US $5.341 millones. Y ello es entendible, porque como lo sostiene el profesor Cesar Ferrari “una empresa que puede financiarse con crédito externo al 3.25%, no tomaría uno preferencial en Colombia al 8.3%”.
El ex ministro de Hacienda Juan Carlos Echeverri expresa ahora la opinión que se reservó a su paso por el Ministerio, nos cuenta que “en Colombia hemos preferido que el tipo de cambio fluctúe casi libremente, lo cual tiene ventajas para el Banco de la República, pero inmensos costos para el país”. Hace rato analistas como Mauricio Cabrera, entre otros, lo venían señalando sin ser escuchados, incluso por parte del ex ministro de la mermelada. Llama el ex ministro la atención sobre el hecho que “Perú crece al seis por ciento, mientras nosotros lo hacemos cerca al cuatro y medio” y su secreto estriba en la estabilización de la tasa de cambio. Y cómo lo han logrado? Nos lo cuenta el ex ministro: “el emisor está constantemente interviniendo para frenar las olas especulativas y controlar la inflación, con instrumentos que minan la liberalidad financiera”. Y remata diciendo: “Los peruanos lo han logrado y por eso estoy convencido de que debemos de aprender de ellos…Si no cambiamos, en pocos años podremos haber sacrificado a los mejores trabajadores, profesionales y empresarios, lo que equivaldría a sacar a Pékerman, Falcao y James y pretender que clasifiquemos al mundial…Eso se puede evitar si estamos dispuestos a aprender de quienes lo hacen mejor”. Quién iba a imaginar que el ex ministro Echeverri tenía guardada tan sabiduría y menos aún que habiendo podido ponerla en práctica no lo hizo. Manes de la tecnocracia!
EL VASO MEDIO LLENO O MEDIO VACÍO

Según el adagio popular el ojo del amo engorda el buey; en el caso del crecimiento de la economía en 2012, el ojo del Gobierno engorda la cifra del 4% reportado por el DANE, magnificándolo como el tercer más alto crecimiento en Latinoamérica después de Chile y Perú. Para empezar, digamos que la tasa de crecimiento de la economía colombiana el año pasado se situó en la media, por encima de Uruguay, México y Argentina, pero por debajo de Perú, Chile, Venezuela y Ecuador. Es cierto que el crecimiento del PIB en 2012 superó el promedio de Latinoamérica (3%) y el ritmo de crecimiento de la economía global (3.2%) y ello puede servir de consuelo de tontos al momento de evaluar dicho crecimiento, pero no se puede pasar por alto el hecho cierto de una caída vertiginosa del ritmo de crecimiento interanual desde el 6.6% en 2011 al 4% en 2012. Se suele decir que el optimista siempre ve el vaso medio lleno y el pesimista en cambio lo ve medio vacío, pero en economía lo que importa al fin y al cabo es si el vaso se está llenando o se está vaciando, es decir cuál es la tendencia. Y ello aplica tanto para la cifra global del crecimiento, como para el desempeño de cada uno de los sectores de la economía; en todos los casos se evidencia en las cifras proporcionadas por el DANE un marcado enfriamiento en el año completo, pero sobre todo en el segundo semestre.
Y hablando de los sectores de la economía, en los últimos diez años el sector de la minería y los hidrocarburos han venido liderando el crecimiento de la economía y ganando cada vez mayor participación en el PIB  y en las exportaciones hasta alcanzar alrededor del 8%  y el 70.8%, respectivamente, en 2011. Concomitantemente la industria manufacturera y el sector agropecuario han venido perdiendo terreno, rondando en este momento el 12% y el 7%, en su orden, en el PIB y 16% y 11%, aproximadamente en las exportaciones totales. Este fenómeno, el de la reprimarización de la economía, hace que el país dependa hoy más que nunca de la actividad minera y de los hidrocarburos. En este sentido el país ha retrocedido y su economía se ha tornado más vulnerable. Dicho lo anterior, examinemos ahora cómo se comportaron los distintos sectores de la economía en 2012. 
De acuerdo con las cifras del DANE los sectores que jalonaron el crecimiento fueron Minas y canteras con un crecimiento de 5.9%, el sector financiero con el 5.5% y servicios sociales, que en su mayor parte provee el Gobierno,  con el 4.9%. Es de anotar que el crecimiento de estos sectores, al igual que los demás, se ralentizaron en 2012. Minas y canteras, por ejemplo, venía de crecer el 14.6% en 2011 e incluso el sector financiero, que ahora pesa el 19% en el PIB, había crecido el 7% en 2011. La construcción que había tenido tan buen desempeño el año anterior con un crecimiento de 10%, ahora creció un modesto 3.6%. El sector agrícola fue la excepción que confirma la regla, ya que tuvo un ligero repunte del 2.4% a 2.6% con respecto al año inmediatamente anterior. 

LA INDUSTRIA EN ESTADO COMATOSO

Pero, indudablemente lo más destacado en el panorama económico de 2012 fue la caída estrepitosa la industria manufacturera que registró un descenso del 0.7%, después de haber tenido un discreto desempeño en el 2011, con un crecimiento del 3.9%. Ello es tanto más grave si tenemos en cuenta que en los tres últimos trimestres del 2012 el sector industrial pasó en rojo y contrariamente a lo que esperaba el Presidente de la ANDI Luis Carlos Villegas, que “el primer trimestre de este año sea un poco mejor”, este año arrancó con el pié izquierdo con una caída de la producción industrial del 1.7% en el mes de enero. Este resultado preliminar suministrado por el DANE desvirtúa la sugerencia inicial en el sentido que la desaceleración de la economía habría tocado fondo en el tercer trimestre del año pasado. Ello llevó a manifestar al Director de ANALDEX Javier Díaz que “la tendencia es decreciente y preocupa el desempeño industrial negativo, con el riesgo de profundizarse”. La industria manufacturera se encuentra estancada por debajo del nivel de hace 5 años, los que podemos dar por perdidos para la misma. Sin embargo, este hecho resulta irrelevante para el Director de Planeación Nacional Mauricio Santamaría al destacar que “con excepción de la industria, todos los sectores tuvieron un buen desempeño”. Él puede repetir con el poeta Eduardo Carranza que “salvo mi corazón todo está bien”. 
Las perspectivas no son las más halagüeñas si tenemos en cuenta que las exportaciones crecieron el año pasado sólo el 5.3% en comparación con el 12.9% de 2011, afectadas tanto por la contracción del mercado de los commodities como por la destorcida de los precios, que se ha traducido en el deterioro de los términos de intercambio. Entre tanto las importaciones crecieron el 8%, abultando el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, acentuado además por el menor crecimiento de la IED (mientras en el 2011 creció casi el 100% al pasar de US $6.739 millones a US $13.438 millones, en el 2012 creció el 17% al alcanzar un nuevo record de US $15.823 millones) que además se ve neutralizada por la remesa de utilidades al exterior por un monto semejante al de la IED (3% del PIB). A ello contribuyó también la caída en la recepción de las remesas de los colombianos residentes en el exterior, como consecuencia de la crisis externa que ellos sufren en carne propia. 
ANIF estima que “si los precios de los commodities continúan bajando, los del petróleo de US $90/barril en 2012 a US $75-80/barril en 2013-2014 y los del carbón de US $100/tonelada a US $75-80/tonelada en 2013-2014, entonces la brecha externa de Colombia podría ampliarse hasta en un 3% del PIB, pasando de un déficit en la Balanza de pagos de niveles del 3% al 5% - 6% del PIB en los próximos dos años…hasta alcanzar un déficit en la cuenta corriente del -5.4% del PIB en 2013 y del 5.8% del PIB en 2014…Así el déficit en la cuenta corriente podría bordear casi el 6% del PIB y el déficit fiscal se enrutaría hacia el 2% del PIB” inexorablemente.
Y el año 2013 según el DANE empezó mal, pues las ventas al exterior en el primer mes del año cayeron el 1.1% (US $4.734.7 millones), curiosamente, debido principalmente a la baja del 19.7% en la facturación a EEUU. Entre tanto las importaciones mostraron un repunte inusitado del 19% interanual (US $4.948 millones). Así las cosas, el déficit en la Balanza comercial en enero fue de US $213.3 millones, en contraste con el superávit de US $623.4 millones del mismo mes del año pasado. En ello influye, desde luego el entorno internacional tan negativo, el cual tiende a agravarse, como también en lo interno los devastadores efectos de la llamada enfermedad holandesa.
Por su parte el consumo interno, que pesa alrededor del 80% del PIB creció  el 4.4%, por debajo del 5.8% de 2011. El que marcó la pauta en 2012 fue el consumo del Gobierno con un crecimiento del 5.1% frente al 2.6% de 2011, superando el de los hogares, que participa con el 65% del PIB, que fue del 4.3%, muy por debajo del 6.5% de 2011. Allí hay un riesgo, detectado por Fedesarrollo cuyo Director Leonardo Villar advierte que “el problema lo sigo viendo más en el gasto público. Debe hallarse un equilibrio fiscal razonable en el consumo del Gobierno”. Estamos de acuerdo con lo que dice el Director del DNP que “si el consumo de los hogares está fuerte la economía está fuerte”, pero lo que se observa es su debilitamiento y no propiamente su fortalecimiento, que sería lo deseable.
La situación anterior ha incidido en la percepción de los agentes del mercado, afectando la confianza del consumidor y la confianza de los industriales, que observan cómo se enrarece el clima de los negocios. Fedesarrollo publicó recientemente los resultados de su Encuesta de Opinión del Consumidor (EOC) y de los Empresarios (EOE), la cual revela resultados sumamente preocupantes. En cuanto al Índice de Confianza del consumidor (ICC) este se ubicó en 14.9% en el mes de febrero de 2013, 11.9 puntos porcentuales menor al mismo mes del año pasado. Desde el año 2010 no se registraba un ICC por debajo del 15% para el mes de febrero. En cuanto al Índice de Confianza Empresarial (ICE) este muestra el desánimo de los industriales y su pesimismo al ubicarse en -3%, lo cual significó un deterioro de 13.1 puntos porcentuales en comparación con el mismo mes de febrero de 2012 y de 5.1 puntos con relación al mes anterior. “En cuanto a las condiciones para la inversión los industriales son pesimistas. La percepción de favorabilidad cayó, al pasar de 15.4% en febrero de 2012 a 9.3% en noviembre de ese año y a 0.3% en febrero de 2013”. 
También retrocedió el Índice de Confianza Comercial (ICCO), “compuesto por la percepción de la situación económica actual de la empresa, el nivel de existencias y las expectativas sobre el próximo semestre, tuvo un retroceso cercano a 6 puntos entre enero de 2013 y febrero del mismo año y de 8.5 puntos respecto al segundo mes del año pasado”. Y ello era de esperarse, toda vez que según el DANE la industria colombiana no sólo viene operando por debajo de su capacidad instalada sino que lo hace en los niveles más bajos en los últimos años. Lo corrobora la misma EOE de Fedesarrollo, la cual da cuenta de que sólo se está usando el 67.9% de la capacidad instalada de la industria - muy por debajo del promedio histórico de 76.4%  y del 70% en febrero de 2012 - y se sitúa en el nivel más bajo para el mes de febrero desde el 2010. Ello explica el hecho que la economía, como lo señala la Junta directiva del B de la R, crezca por debajo de su potencial que se ubica en el 4.8%.
LA GRAN ENCRUCIJADA

Pensando con el deseo, el Presidente de la ANDI Luis Carlos Villegas augura para el 2013 “un horizonte parecido al de 2012 entre 3.5% y 4%”, mientras el Gobierno se reafirma en su meta a alcanzar del 4.8%, que luce demasiado optimista. Ni el uno ni el otro consultan la realidad y mucho menos las tendencias, por eso se apresura Luis Carlos Villegas a aclarar que el cumplimiento de sus previsiones va a depender “de si Venezuela se sigue recuperando y sigue demandando exportaciones colombianas y sobre todo si Europa va a entrar en una onda de recuperación y no se mantiene como una gran amenaza a la estabilidad”. Pero, resulta que los vientos soplan en la dirección opuesta y los hechos son tozudos.
El Gobierno, ya poniendo los pies sobre la tierra, se ha visto por fuerza de las circunstancias y en atención a la presión de los gremios de los productores del sector agropecuario y del manufacturero, que se han hecho sentir, ha anunciado “lo que podríamos llamar un plan de choque por el crecimiento y la productividad”. El Ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas anunció en el marco de la 54 Asamblea Anual del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en la capital panameña algunas medidas tendientes a amortiguar el impacto negativo de la crisis internacional y su coletazo sobre la economía colombiana. En su alocución manifestó que “hay muy buenas ideas en el tema de la reducción de costos de energéticos, hay buenas ideas en el tema de buscar que la infraestructura de nuestro país y la logística mejore y que haya más inversiones en ese sector”.  
Y ello está muy bien, porque en su Informe macroeconómico sobre América Latina y el Caribe en dicha Asamblea el Presidente del BID Luis Alberto Moreno fue muy claro al advertir que “el menor crecimiento previsto para la región en los próximos años podría traer una brusca caída en la tasa de inversión, lo que impediría cerrar las profundas brechas que prevalecen en materia de infraestructura e incluso ello podría derivar en un crecimiento económico inferior al proyectado”. De modo que no hay tiempo que perder, hay premura en la toma de decisiones, en pasar de los anuncios a las acciones de gobierno para evitar el colapso de la industria manufacturera y del campo colombiano. Es urgente frenar la desindustrialización y el desmantelamiento del aparato productivo del país, antes que sea demasiado tarde. Lo ha planteado claramente el analista Ricardo Chica: “ningún país se ha desarrollado sin industrializarse y ningún país se ha industrializado sin una política industrial activa…Existe abundante evidencia histórica y econométrica en el sentido que no da lo mismo - en términos de externalidades para la economía – exportar bienes primarios que integrarse a las cadenas globales de valor y a los sistemas de producción internacionalmente integrados”.
Hemos sido reiterativos en que la salida de esta encrucijada pasa por la diversificación de la base productiva, así como la diversificación de la oferta exportadora y los mercados externos, amén de la profundización del mercado interno y la integración regional. Y no nos cansamos de repetir con el Nobel de Economía Paul Krugman que en materia de competitividad la productividad no lo es todo, pero a largo plazo lo es casi todo. Y el mejoramiento de la productividad pasa por la reconversión industrial, la reconversión industrial y la relocalización industrial y, lo que es más importante invertir en ciencia, tecnología e innovación. El Director del DNP Mauricio Santamaría saca pecho diciendo que el Gobierno tiene para el año 2013 “el presupuesto de inversión más grande de la historia de Colombia. Son 43 billones de pesos, casi 6 puntos del PIB en inversión pública nacional y además están las regalías de los años 2012, 2013 y un poco del 2014 para invertir. Esos son unos 15 billones…”. 
Pero, qué ocurre? Dejemos que sea el Presidente de la ANDI Luis Carlos Villegas quien desentrañe la razón por la cual pese a los ingentes recursos que ha recibido el Estado en estos últimos dos lustros provenientes del boom minero -  energético en lugar de avanzar en competitividad retrocede. Afirma Luis Carlos Villegas que “resulta increíble que un país que tiene, por primera vez en su historia, los recursos listos para hacer inversión masiva en infraestructura que integren las regiones no ha sido capaz de ejecutar a la velocidad que los recursos están llegando…Ya era hora en que en estos seis años de abundancia de recursos hubiéramos podido tener unos cuantos miles de kilómetros de doble calzada que hubieran permitido una baja en los fletes”. Esperamos para ver qué va a proponer la ANDI el próximo 3 de abril cuando presentará su Agenda para el Salto en Competitividad, en el cual según se ha dicho propondrán medidas más urgentes, que ojalá no haga olvidar las más importantes. 

Riohacha, marzo 30 de 2013
www.amylkaracosta.net

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