Oct 23, 2017 Last Updated 12:53 PM, Oct 9, 2017

EEUU A LA VANGUARDIA

Categoría: Alcoholes Carburantes
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EL REPUNTE DE LOS BIOCOMBUSTIBLES

La Gran recesión golpeó la industria de los biocombustibles como a las demás industrias, porque frenó la inversión y el desarrollo de nuevos proyectos, amén de la aprensión hacia los mismos a consecuencia de la espiral alcista de los precios de los alimentos. Pero, a medida que la economía global ha venido saliendo de su estancamiento, jalonada por las locomotoras de las economías emergentes encabezadas por China y la India, que marcan el paso, la demanda por materias primas y por la energía se ha disparado nuevamente.

Ello explica la espiral alcista de sus precios, en particular del crudo, el gas natural y el carbón, que sumados representan más del 80% de la matriz energética en el mundo. A ello se viene a sumar el duro revés de la energía nuclear luego del accidente de Fukushima, lo cual hace prever una demanda mayor por los combustibles de origen fósil. En tales circunstancias, los biocombustibles han adquirido una importancia mayor, sobre todo de cara a los retos que enfrenta la comunidad internacional de reducir la dependencia con respecto a aquellos y su preocupación por su impacto en el cambio climático. Además, la seguridad en el suministro de la energía se ha convertido en una preocupación de primer orden, especialmente para las grandes potencias, habida cuenta que las mayores reservas de crudo están concentradas en países considerados inestables y hostiles a ellas. 

Ello explica en gran medida los pasos que ha venido dando Estados Unidos, tendientes todos ellos a diversificar su matriz energética, a depender menos de los combustibles de origen fósil y contribuir a la reducción de las emisiones de GEI, a las cuales contribuye con un alto porcentaje (con el 4.5% de la población mundial, contribuye con el 24.3% de las emisiones de dióxido de carbono). Es muy diciente que tres presidentes en línea de los EEUU de distinta filiación, dos demócratas y uno republicano, con un abismo ideológico entre los dos primeros y este último, hayan coincidido en acometer acciones en esta dirección. Esto dijo el ex presidente Clinton: “existen cientos de millones de dólares de oportunidades económicas y no estamos organizados para esto. Y, si le diéramos una mínima parte de los incentivos que le damos a las energías tradicionales, para las energías limpias y la conservación de energía, crearíamos empleos como nunca. La gente se preguntará en qué diablos se ha gastado todo este tiempo”. Por su parte el ex presidente Bush hizo esta exhortación al Congreso estadounidense: “esta noche le pido que se una a mí en la búsqueda de una gran meta: reduzcamos el uso de gasolina en los EEUU en un 20% en los próximos 10 años. Para alcanzar esta meta, tenemos que incrementar la oferta de combustibles alternativos, a través de la puesta en marcha de un estándar mandatorio que requiera  35 mil millones de galones de combustibles renovables y alternativos para el 2017”. Y más recientemente, el Presidente Obama ha sido enfático al afirmar que “ahora yo creo que debemos aprobar una completa reforma climática y energética. Hará que la energía limpia sea un tipo de energía rentable y la decisión de otras naciones de hacer esto, ya le está dando a sus industrias un impulso en el desarrollo de empleos y tecnologías verdes. Reducir nuestra dependencia en petróleo extranjero es lo apropiado para nuestra seguridad. No podemos permitirnos acelerar en neutro mientras el resto del mundo nos rebasa”.

Es bien sabido que Obama ha seguido avante con esta política de Estado y ha dado pasos muy afirmativos en este sentido que confirman la decisión de alcanzar tales objetivos, al tiempo que muestra la resolución de alcanzar ambiciosas metas. Después de la creación del Departamento de Energía en la administración Carter en 1977, el Acta de Política Energética en 2005 se ha constituido en el más importante hito de la nueva política energética de los Estados Unidos y esta ha servido de punto de apoyo para desarrollar los aspectos regulatorios y el apoyo a los emprendimientos del sector privado. A través de la misma se planteó una meta de 7.5 mil millones de galones de combustible renovable a mezclar con la gasolina-motor para el 2012. La Ley de Independencia y Seguridad Energética (EISA 2007) le dio un renovado impulso a la industria de los biocombustibles. De allí el gran apoyo que estos están recibiendo mediante incentivos y líneas de crédito, así como el uso mandatorio a través del Estándar de los Combustibles Renovables (RFS2, por sus siglas en inglés), que fija el nivel de mezcla obligatoria de biocombustibles hasta el 2022. Muy seguramente después de este año, igual que aconteció en Brasil, dejará de ser obligatorio, porque para entonces ya no será necesario que la norma sea compulsiva. Como si esto fuera poco, se obliga a los importadores y productores de combustibles de origen fósil a demostrar que han cumplido con la norma de acuerdo con su respectiva participación en el mercado; es decir, no hay escapatoria. El RFS2 entró en vigencia a partir del 1º de julio de 2010 y la Agencia para la Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés) prevé un incremento gradual del consumo de etanol empezando con 10 mil millones de galones y arribando a los 36 mil millones en 2022, entre convencional, avanzados y celulósico. Dados los cuestionamientos a la producción de etanol a partir del maíz, fundamentalmente por su ineficiencia, se ha resuelto enfatizar en los biocombustibles avanzados, que son aquellos obtenidos con base en caña de azúcar, remolacha, entre otros o de origen celulósico. 

EL DESMONTE DE LOS SUBSIDIOS
Entre los beneficios que ha venido otorgando el Gobierno para promover y fomentar la producción y uso de los biocombustibles se cuenta un subsidio directo a través de un crédito fiscal entregado a los mezcladores de etanol de 45 centavos de dólar por cada galón mezclado y comercializado de etanol, el cual se traduce en un menor precio de este en la estación de servicio. Además, el productor del maíz, que es la materia prima empleada para producirlo goza también de los consabidos subsidios que le dispensa el gobierno estadounidense a los granjeros. Complementariamente y con el ánimo  de darle protección a la producción doméstica de etanol, su importación ha estado gravada con un arancel de 54 centavos de dólar por galón y un impuesto ad-valorem del 2.5%, lo cual se ha constituido en una barrera que impide el acceso de la producción de otros países que, como Brasil, son más competitivos. Sólo de esta manera se explica que no obstante sus altos costos de producción y la baja eficiencia del maíz como materia prima para producir etanol, esta sea una industria próspera y que los Estados Unidos hubiera desplazado a Brasil como primer productor mundial de etanol. De hecho, según diversas fuentes el etanol producido en Brasil con base en caña de azúcar compite con precios del petróleo que fluctúen entre los US $29 y US $35 el barril, mientras que el etanol de maíz empieza a ser rentable a partir de los US $44 el barril.  
Pues bien, acosados por el enorme déficit fiscal de los Estados Unidos, que frisa el 10% del PIB, el Congreso estadounidense aprobó el desmonte tanto del subsidio al etanol que ascendía a la suma de US $6.000 millones anuales como del arancel a su importación a partir del 31 de julio de este año. US $668 millones del monto total ahorrado  se destinarían  a la extensión de los créditos impositivos para infraestructura de combustibles alternativos, tales como surtidores con mezclador en las estaciones de servicio, que contribuyan  a que los consumidores aumenten el porcentaje de la mezcla en el combustible que demandan. De hecho, ya el 90% de la gasolina que se expende en los EEUU cuenta con un mínimo del 10% de mezcla de etanol. La verdad sea dicha, la supresión de los subsidios llega en un momento en que ya se hacen innecesarios para los productores de etanol en los EEUU por varias razones: la obligatoriedad de la mezcla, la cual contribuye a ensanchar el mercado interno, por los altos precios de los derivados del petróleo, dado que el precio de este ronda los US $100 el barril y, lo más importante, antes de esta medida que elimina las distorsiones de precio este estaba en US $2.60 el galón de etanol y luego de la medida subió hasta los US $3.20 en promedio, el cual es muy remunerativo. Pero, también, con esta liberación del mercado se abre una ventana de oportunidad para países como Brasil, con un gran potencial exportador de etanol y Colombia, que se vislumbra como uno de los jugadores en las grandes ligas del mercado de los biocombustibles. 

EL FIN DE UNA ERA
Es de anotar que el desmonte de los subsidios no se reduce únicamente al etanol sino que se extiende a los productos agrícolas, los cuales han contado con ellos desde los años de la Gran Depresión de los años 30 bajo la fórmula de “respaldo de precio”. Este mecanismo ha operado de forma tal que el Congreso fija un “precio objetivo”, una forma de precio de sustentación para ciertos y determinados cultivos, y cuando el precio del mercado se sitúa por debajo del mismo, el Gobierno asume la diferencia. La razón de ser en su momento, que era contrarrestar el impacto de la crisis sobre la población rural, que para aquel entonces representaba el 25% de la población (hoy representa sólo el 1%), que no es el caso de la situación actual y de contera los precios del mercado están muy por encima de los “precios objetivo” que tampoco lo justifican. Como lo sostiene Scott Kilman Shelbyville, Illinois, “los precios objetivos de hoy son un reflejo de los alicaídos mercados que prevalecieron entre los años 70 y el 2005: el maíz rondaba los US $2 el bushel y la soya, unos US $6. Ahora en el condado de Shelby el maíz se vende a US $7 el bushel, muy por encima del precio fijado por el Congreso de US $2.63. La soya se vende a US $13, frente a su precio objetivo de US $6. Por eso los cheques de ayuda no son emitidos”. La escalada alcista de los precios le ha restado apoyo político al mantenimiento de los subsidios; en cierto sentido “el mercado ha logrado lo que la política no pudo: acabar con los subsidios agrícolas”. Como afirma J. Mark Welch, un economista de la Universidad Texas A & M, “los subsidios se están evaporando”; basta con señalar que los giros del Gobierno a los agricultores se han reducido dramáticamente en los últimos años, al pasar de US $24.400 millones en 2005 a US $10.600 millones que se prevén para 2011.  

Todo indica que los precios de los productos agrícolas van seguir al alza por un largo tiempo, pues múltiples factores están presionando en ese sentido, destacándose entre ellos: el aumento de la población y su mejora del ingreso, el impacto del cambio climático, la devaluación del dólar, el incremento de los costos de la energía, políticas erróneas de los gobiernos y la especulación en los mercados de futuros. Se colige de lo anterior que la producción agrícola será cada vez más rentable y competitiva, lo cual contribuirá para que dependa cada vez menos de subsidios y subvenciones estatales. Ello, sumado al déficit fiscal que acusan los países, especialmente los que integran la OCDE, hacen indefensables e insostenibles los subsidios que el Estado le prodiga a los agricultores. 

¡EL FUTURO ES AHORA!
El año anterior se invirtieron casi US $650 millones de capital de riesgo en el montaje de nuevas plantas de refinación de biocombustibles y/o para el ensanche de otras, lo cual hizo posible que la producción mundial de los mismos no sólo se estabilizara después del bache del 2008 – 2009 sino que se incrementó sensiblemente al pasar de 16.000 millones de litros en 2000 a los 100.000 millones de litros en 2010. Los países están apostándole a los biocombustibles como parte de la receta para enfrentar la crisis energética que se avizora, invirtiendo ingentes recursos en investigación y desarrollo, con miras a promover las energías alternativas, preferiblemente renovables y limpias. Si bien se viene avanzando vertiginosamente  en la investigación sobre los biocombustibles de segunda y tercera generación, su desarrollo sigue siendo incipiente; aunque ya hay en funcionamiento importantes proyectos demostrativos y plantas pilotos, aún no se cuenta con factorías a escala comercial. De modo que los biocombustibles, por ahora los de primera generación y a mediano plazo los de segunda y tercera, ofrecen un enorme y promisorio filón para aprovechar hacia el futuro. 

Así lo han entendido las compañías petroleras, empezando por Petrobras, la cual no obstante los recientes descubrimientos de los gigantescos yacimientos de Tupi y Libra que catapultaron a Brasil al club de las grandes potencias petroleras en el mundo, ha incursionado con fuerza en el mercado del etanol. Así como en el pasado, a raíz de la gran crisis energética que se desató a consecuencia de la Guerra del Yom kippur en 1973, las petroleras entendieron la importancia de diversificar su portafolio de inversiones e irrumpieron en la industria del carbón, ahora están haciendo lo propio con los combustibles alternativos. A guisa de ejemplo, empresas como BP, Exxon – Mobil, Shell, Dow y otras están seriamente comprometidas en el desarrollo de los biocombustibles; invirtiendo en la investigación, pero también en el desarrollo de importantes proyectos. Si la Royal Dutch Shell PLC afirma que los biocombustibles podrían representar hasta el 20% (¡!) del volumen de combustibles empleados en los distintos medios de transporte dentro de 30 años, 10 veces la actual participación que apenas sí llega al 3%, por algo será. Esta empresa está pisando duro en el mercado de los biocombustibles, una parte muy importante de sus inversiones en investigación y desarrollo, que ascienden a US $1.300 millones anuales, está enfocada a los biocombustibles. Recientemente anunció su alianza estratégica  con la brasilera Cosan Ltd, que produce etanol con base en caña de azúcar, que compromete inversiones del orden de los US $12.000 millones de dólares. Otra petrolera, la BP PLC adquirió el 83% de la Companhia Nacional de Acucar e Alcool, o CNAA, por US $680 millones. Ambas empresas aspiran en un futuro a exportar etanol desde Brasil a los mercados de Estados Unidos, la Unión Europea y Asia. Definitivamente el futuro se nos anticipó y hay que obrar en consecuencia, si no queremos que nos deje el tren. 

Bogotá, julio 30 de 2011
www.amylkaracosta.net


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