Oct 20, 2021 Last Updated 3:47 PM, Oct 9, 2021

LOS BIOCOMBUSTIBLES Y SUS APORTES PARA MITIGAR LA EMERGENCIA CLIMATICA

Categoría: Alcoholes Carburantes
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Los biocombustibles son una de las tantas medidas determinantes que como humanidad debemos tomar para contribuir a la mitigación del cambio climático. Todos estamos llamados a aportar soluciones que contribuyan en esta materia y que, además, aporten a la diversificación de la matriz energética.

Colombia, al igual que los países que observará en el siguiente gráfico, desde 2001 implementó el programa del etanol combustible de caña de azúcar y desde 2004 el del biodiesel de palma con sus respectivos mandatos de mezclas y, por ley, dispuso que al consumidor, no al productor de los biocombustibles, se diesen estímulos como la exención de IVA, el impuesto nacional y el impuesto al carbono que sí debe pagar por el combustible fósil presente en las mezclas.

Esta serie de incentivos tributarios para el comprador está alineada con las metas de Colombia en términos de reducción de emisiones de gases efecto invernadero para el 2030 y 2050.

En general las energías renovables, como los biocombustibles, requieren de este tipo de incentivos y mandatos, tal como lo reciben la electro movilidad, el gas natural y otras fuentes no convencionales, así como sus respectivas tecnologías de utilización.

El Banco Interamericano de Desarrollo, con la coordinación del Ministerio de Minas y Energía, contrataron al consorcio CUE, conformado por al Centro Nacional de Producción Más Limpia, la Universidad Pontificia Bolivariana y el Instituto Suizo EMPA (Swiss Federal Laboratories for Materials Science and Technology), para realizar el Análisis de Ciclo de Vida los Biocombustibles ACV en nuestro país, habiendo calculado, luego de un trabajo de dos años, las emisiones de CO2 equivalente en toda la cadena y su absorción por los cultivos, cerrando el circuito virtuoso, como se explica en la figura siguiente:

La principal conclusión de este estudio es que el Biodiesel de aceite y el Bioetanol de caña de azúcar reducen en un 83% y 74% las emisiones de gases de efecto invernadero GEI, respectivamente, al compararlos con el diésel fósil y la gasolina.

Por otro lado, el proyecto FAO Pilot Project to Calculate the “Global Bioenergy Partnership” Sustainability Indicators on Bioenergy: Case Colombia (GBEP), que contó con la participación de La Universidad Nacional Sede Manizales y el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), determinó el balance energético de la producción de Biocombustibles en Colombia, concluyendo que el balance neto en la producción de Bioetanol, considerado todas y cada una de las etapas del proceso es de 19,84MJ/L o una razón de energía neta de 1,03; en el caso del Biodiesel, el balance neto de energía es 22,05MJ/L o una razón neta de energía de 1.06. Balances positivos para ambos biocombustibles.

A diferencia de otros países, en Colombia, el Gobierno Nacional fija los precios de los combustibles y sus mezclas cada mes, moderándolos de acuerdo con el impacto económico que pueda causar al bolsillo del consumidor, es decir, los precios en las estaciones de servicio no siempre reflejan el costo real de los mismos.

Si la decisión del Gobierno es vender los combustibles a menor precio que el real, a Ecopetrol se le compensa con recursos provenientes del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles, aportados por el Presupuesto nacional, es decir, de los impuestos que pagamos los colombianos.

A los productores de biocombustibles, se les reintegran los costos de las materias primas e insumos que se deben adquirir a precios de mercado, según los registros y control del Ministerio de Minas y Energía, más una suma fija como retribución por transformarlos en biocombustibles, suma que se ajusta el primero de febrero de cada año, según el IPC, asumiendo el productor todos los riesgos cambiarios, financieros, de precios y costos laborales, entre otros.

Los precios de los Biocombustibles no son constantes y, como dicho, el Gobierno los calcula según la metodología establecida por el Ministerio de Minas y Energía, por lo que varían mensualmente de acuerdo con los precios de las materias primas en los mercados internacionales, afectados, también, por la tasa cambiaria, en el último año “enloquecida” por la incertidumbre general causada por la pandemia.

Muchos interesados pretenden comparar los precios de la gasolina y el ACPM con los del bioetanol combustible y del biodiesel de aceite de palma, olvidando sus invaluables logros ambientales. Bien merece un análisis comparativo:

1. Los precios de los Biocombustibles incorporan las externalidades positivas de estos energéticos renovables, tales como la mitigación de gases efecto invernadero, la reducción de emisiones de material particulado, generación de empleo y seguridad energética, entre otras.

De acuerdo con el reciente estudio de Cerrito Capital, donde se evaluó una propuesta para una nueva política de Biocombustibles, se concluyó que:

“Dentro del acervo de alternativas tecnológicas y de política con que cuenta el gobierno, un aumento de mezcla de biocombustibles es costo eficiente y es la política más veloz en implementación. Su celeridad y oportunidad hace que sea la medida prioritaria para acelerar la reducción de emisiones, tanto de MP como de GEI.”

2. Los Biocombustibles, por su estructura fisicoquímica, tienen propiedades que agregan valor a los usuarios, por ejemplo, el octanaje del Bioetanol de caña de azúcar es 120, muy superior al de la gasolina corriente básica cuyo valor mínimo es 81. El Biodiesel de aceite de palma tiene un altísimo número de cetano de 69, superior al 48 del diésel fósil.

3. Tanto el Bioetanol como el Biodiesel, no contienen azufre en su composición química, por lo que contribuyen notablemente al cumplimiento de las metas de reducción de este componente establecidos en la ley 1946 de 2019, el CONPES 3943 y la resolución 40103 de 2021.

4. El Bioetanol es un oxigenante por definición y el Biodiesel tiene una altísima lubricidad lo que contribuye a alargar la vida útil del motor.

5. Desafortunadamente, en Colombia y en el mundo, no se han monetizado adecuadamente los costos reales del impacto en la salud pública de los combustibles fósiles.

Vale la pena destacar que el programa nacional de Biocombustibles es esencialmente una política diseñada por el Estado para la promoción de la agroindustria, el desarrollo y el progreso regional y la generación de empleo justamente remunerado – la cadena agroindustrial del Biodiesel y del Bioetanol han creado alrededor de 90 mil empleos de acuerdo con Fedesarrollo – que es lo mismo decir que alrededor de 360 mil colombianos y colombianas derivan su sustento diario de este programa.

Por lo tanto, los biocombustibles son un derecho que los colombianos debemos defender.

 

 

 

 


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