Sep 23, 2020 Last Updated 6:05 PM, Aug 31, 2020

EL ALMIRANTE JOSÉ PRUDENCIO PADILLA: EL NELSON COLOMBIANO

Categoría: Opinión
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“La derrota tiene algo de positivo, nunca es definitiva. En cambio
la victoria tiene algo negativo, jamás es definitiva” José Saramago

Este 24 de julio se conmemoran 197 años de la hazaña del Almirante guajiro José Prudencio Padilla López en el Lago de Maracaibo, en donde se libró una feroz batalla naval entre las fuerzas sutiles patriotas bajo su mando y una escuadra de la Armada de la Corona española, volviéndola trizas y consolidando con su fulgurante victoria en el mar las albricias de la derrota infligida a los realistas en tierra firme.

El 20 de julio de 1810 y el 7 de agosto de 1819 son dos hitos históricos de nuestra naciente República, fueron los albores de la independencia recién alcanzada del sojuzgamiento de los territorios que hacían parte hasta entonces del Virreinato de la Nueva Granada . Pero sería sólo el 24 de julio de 1823 cuando, después de una porfiada lucha entre patriotas y realistas, que se trenzaron en una cruel y cruenta batalla, los primeros por conquistar su libertad y los segundos por aherrojarlas, fue posible pasar del grito de independencia al afianzamiento y ejercicio de la misma.
El Prócer de la patria José Prudencio Padilla, a muy temprana edad y llevado por su alucinación por el mar, como caribe al fin y al cabo, se incorporó en la Real Marina española. Allí hizo sus primeras armas, iniciando su rauda carrera como Oficial de Marina y a poco andar como Contramaestre de navío, gracias a su habilidad, destreza y arrojo demostradas en su desempeño, sin sospechar siquiera que años más tarde habría de confrontarla en el proceloso mar que conocía como la palma de su mano.

Tuvo su bautizo de fuego en la célebre Batalla de Trafalgar el 21 de octubre de 1805, estando al servicio del Imperio del cual se decía que era tan vasto que nunca se llegaba a ocultar el sol. Allí se libró la madre de todas las batallas de las guerras napoleónicas, entre la gran alianza franco – española y la poderosa Armada inglesa, al mando del Almirante Horatio Nelson, poniendo a prueba su valentía y capacidad de lucha. La aplastante victoria inglesa, al cabo de 6 horas de combate en mar abierto, frustró la tentativa de la invasión francesa a Gran Bretaña y le permitió a esta erigirse en la gran potencia, gracias al dominio de los mares, que lo fue hasta el advenimiento de la segunda guerra mundial.

El entonces mozalbete José Prudencio Padilla fue capturado y apresado por el enemigo y posteriormente puesto en libertad, lo que le permitió retornar a Cartagena en 1809, en momentos en que el fermento de la revolución independentista llamaba y cautivaba el espíritu libertario de los patriotas. No tardó en abrazar la causa de la emancipación, después que conoció al Libertador Simón Bolívar en 1813. Entre las batallas que enfrentó se cuenta la que libró durante la resistencia del sitio de Cartagena por parte de las tropas españolas expedicionarias, al mando nada menos que del Pacificador Pablo Morillo, que durante 105 días con sus noches, estuvieron empeñadas como lo estaban en reconquistar el dominio sobre sus antiguas colonias.
Participó también en la Batalla de Angostura en julio de 1817, al término de la cual es ascendido a Capitán de fragata y ya para el 1818 es el propio Simón Bolívar quien le encomienda la responsabilidad de comandar las Fuerzas sutiles del Orinoco. Más adelante, en vista de la toma de Riohacha (La guajira) por parte de reductos de tropas españolas acantonadas en Santa Marta, por orden expresa de Bolívar y bajo el mando del Almirante Brión, las combatieron hasta desalojarlas el 25 de mayo de 1820. Los realistas terminaron batiéndose en retirada ante la embestida de los patriotas en la conocida batalla de la Laguna salada , ubicada en las goteras de Riohacha.

Más tarde, el 4 de mayo de 1821, después de haber sufrido los rigores del bloqueo de Cartagena, la Ciudad Heroica y haberse escapado del asedio de los realistas, esta vez fue Padilla quien comandó las tropas patriotas para sitiarlos a ellos por mar y tierra durante 159 días y desalojarlos de sus fortificaciones, hasta lograr la rendición de las tropas leales al depuesto y reinstaurado Rey Fernando VII, después que mordieron el polvo de la derrota en la célebre Noche de San Juan del 24 de junio. Este triunfo le valió a Padilla el grado de General de Brigada y su designación en 1822 como el primer Comandante del Tercer Departamento de Marina, creado por ministerio de la Ley el 14 de junio de 1821. El 11 de abril de 1823 el Gobierno confirmó a Padilla como General de Brigada, al que se añadió el título de Contraalmirante.

Este mismo año, el Vicepresidente Francisco de Paula Santander le dio instrucciones a Padilla para que este se pusiera al frente de la campaña de Maracaibo, partiendo desde su natal Riohacha, poniéndolo al mando de siete goletas y diecisiete embarcaciones más, con el propósito de doblegar los últimos bolsones de resistencia de los realistas que se habían apostado y hecho fuertes en Coro y Maracaibo desde septiembre de 1822.

El Mariscal de campo Francisco Tomás Morales, el último español en ocupar el cargo de Capitán General de Venezuela, en medio del fragor de la guerra por la independencia, pese a los reveses de sus diezmadas huestes, en una actitud temeraria lanzó una contraofensiva con el propósito de recuperar el terreno perdido, abrigando la esperanza de que muy pronto arribarían los refuerzos que había solicitado desesperadamente a Cuba. Estos nunca llegaron o por lo menos no los que esperaba para emprender semejante aventura, que por lo demás estaba condenada al fracaso.

Morales, llamado por su jefe el Mariscal de Campo Miguel de Latorre “el terror de los malvados americanos”, tuvo en el Almirante Ángel Laborde, Segundo jefe de la Armada española en la América septentrional, su principal apoyo, al mismo tiempo que su principal enemigo agazapado. Podemos decir que Morales fue a Laborde lo que Montilla para Padilla, ambos felones asolapados e intrigantes. Pues bien, Morales y Laborde fueron quienes le hicieron frente a la ofensiva patriota, comandada por el avezado combatiente en los mares el Almirante José Prudencio Padilla, el 24 de julio de 1823 en la batalla naval del Lago de Maracaibo, “el bien conocido Padilla”, como lo llamaba Morales.

Padilla había puesto en marcha esta operación desde el 5 de noviembre de 1822 y se prolongó por espacio de 242 días hasta dar con el día D, en el que se encontró cara a cara con su antagonista. Y ahí fue Troya. Luego de franquear la barra en medio del fuego cruzado, maniobrando para evitar ser blanco fácil del ataque de los adversarios, pasó a la ofensiva vapuleando la escuadra española. Derrotada y fuera de combate, vino su debandada. Maracaibo, que se había convertido en santuario de los realistas, cayó en manos de los patriotas, luego de la capitulación por parte de Morales el 3 de agosto, abandonado a su propia suerte por parte de Laborde, quien se replegó con lo que le quedaba de su averiada escuadra hacia Puerto Cabello, hasta donde fueron perseguidos por los patriotas, obligándolo a zarpar hacia Cuba.

Definitivamente, la batalla del lago de Maracaibo fue en los mares, lo que la batalla de Boyacá en tierra firme, sin el triunfo de aquella, no se habría podido consolidar ni recoger los frutos de esta última. De este modo, nimbado por la gloria, Padilla se constituyó en uno de los artífices de nuestra primera República. El Almirante José Prudencio Padilla López, el Nelson colombiano, como lo calificó el Libertador Simón Bolivar después de su proeza, se coronó de gloria en la batalla del Lago de Maracaibo y desbrozó el camino para la independencia definitiva. Ello le mereció su ascenso a General de División y fue condecorado con la medalla de oro al mérito. Y no es para menos, pues su victoria en el Lago de Maracaibo se constituyó en el punto de inflexión y en la piedra angular de la independencia de las cinco naciones hispanoamericanas que libertó Simón Bolivar.

Cota, julio 24 de 2020
www.amylkaracosta.net


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