Oct 25, 2020 Last Updated 4:25 PM, Sep 29, 2020

SE NOS FUE UN GRAN AMIGO

Categoría: Opinión
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Como dijo León de Greiff, “la parca, la muerte, la torva…se lleva todo lo bueno que entre nosotros topa”. Esta vez vino por Juan Luis Gómez Henriquez, nuestro entrañable amigo de todas las horas. De él podría decir con José Saramago que fue un guajiro hormonal. Tronco y rama de una numerosa familia muy riohachera y desde que migró a la por aquél entonces gélida Bogotá, para establecerse en la capital con su bella familia, se convirtió para todos los guajiros en su embajador.


Su casa, con su “rincón guajiro” y su hospitalidad proverbial, cual cacique, siempre de la mano de su querida esposa la opita Raquél Hermida, se convirtió en el obligado sitio de encuentro de las personas y de las personalidades del mundo de la política, que fue su pasión, de nuestra región. Yo mismo cuando llegue a Bogotá debí ir hasta allá para presentarle mis “credenciales” como nuevo Presidente de la Compañía colombiana de gas (COLGAS) y desde entonces trabamos una amistad, sin eclipses, que tuvo principio pero nunca tuvo fin.
Su casa sirvió también para acoger en su seno, siempre entusiasta, las frecuentes visitas del entonces Senador Liberal Eduardo Abuchaibe Ochoa, su jefe y amigo, con su señora Leonor López. Porque para Liberal Juan Luis Gómez, de los de antes, doctrinario, de una sóla pieza y nada que tuviera que ver con La guajira, su terruño, le era ajeno. Gracias a sus excelentes relaciones con la dirigencia política del Departamento de La guajira, pero sobre todo dadas sus dotes intelectuales y su preparación, su nombre siempre sonaba para las ternas que se le presentaban al Presidente de la República para la designación de Gobernador. Aunque nunca se concretó su nombramiento, su sóla postulación era un reconocimiento de de su valía y de sus méritos.
Entre otras cosas, fue a la primera persona que le consulté sobre mis planes de renunciar al Viceministerio de Minas y Energía en 1991 para aspirar al Senado de la República. Y no dudó en aconsejarme y me dijo que las condiciones estaban dadas para incursionar en las grandes ligas de la política, que había llegado la hora del “relevo generacional” y lo que era más importante a su juicio, “la guajira no se podía quedar sin Senador”, ahora que su elección, por primera vez, sería por circunscripción nacional. Y fue más lejos, él mismo asumió esta causa como propia, se puso al frente y no ahorró esfuerzos para coronar con éxito la que en aquél momento se consideraba una quijotada. Agradecimientos perennes para él.
Jurista, estudioso del derecho, litigante exitoso, su prestigioso buffet de abogado lo convirtió en animado tertuliadero por donde desfilaban los personajes de nuestra región de la talla del gran constitucionalista y catedrático Esteban Bendeck Olivella, el Magistrado Ramón Zúñiga Valverde, Isaac López Freile y Lucho Noguera, entre otros. Tenía, además, un gran sentido de la amistad, el comprendió desde bien temprano lo que recientemente concluyó un estudio de Harvard sobre la felicidad: “ni los genes ni la fama alargan la vida. Lo que realmente alarga la vida son los buenos amigos”. Por ello, no se equivoca Dan Buettner cuando pregunta “dime quienes son tus amigos y te diré cuántos años vas a vivir”.
Se nos fue un caro y entrañable amigo, pero se fue tranquilo, satisfecho del deber cumplido, pues de él puede decirse con Mark Twain que “quien vive plenamente” y él vivió a plenitud “esta preparado para morir en cualquier momento”. Por fortuna, para nosotros los creyentes y Juan Luis lo fue, la muerte no tiene la última palabra, nunca la ha tenido, porque quien cree en Dios no morirá para siempre. Y, como lo ha sentenciado el Papa Francisco, la esperanza nos asegura que él ya está en las manos buenas y fuertes de Dios y esta esperanza no decepciona!

Cota, julio 23 de 2020
www.amylkaracosta.net

 

 

 


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