Apr 09, 2020 Last Updated 1:46 AM, Apr 2, 2020

EL RETO

Categoría: Opinión
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Después de un largo y tortuoso proceso, finalmente se cerró el día de hoy la subasta mediante la cual la Superintendencia de Servicios Públicos, después de haber intervenido y tomado posesión de ELECTRICARIBE con fines de liquidación, le buscaba reemplazo para operar el mercado del Caribe colombiano.

Después de dos aplazamientos y 13 adendas, ajustando el Reglamento de presentación de ofertas vinculantes y enajenación de activos, a falta de propuestas para asumir todo el mercado, las dos únicas empresas que pujaron hasta el final, EPM de Medellín y el Consorcio Energía de la Costa, asumirán el control de Caribe Mar y Caribe Sol, respectivamente.
Esta es una buena noticia para el Caribe y para el país, toda vez que lo que está en juego no es asunto de poca monta, pues de lo que se trata es de relevar a ELECTRICARIBE en la operación de red que sirve a 2.7 millones de usuarios, el 23% del mercado eléctrico del país, a riesgo de que si ello no salía bien se expondría al país todo a un riesgo inminente y sistémico de la prestación de un servicio tan esencial como lo es la electricidad a todo el país.
Hay que reconocer que tanto el Gobierno Nacional como el Congreso de la República, así como la Superintendencia de Servicios Públicos han hecho ingentes esfuerzos para hacer posible y viable una operación de red regional que permita que los nuevos operadores presten el servicio como lo manda la Ley eléctrica, con calidad, continuidad y eficiencia. El compromiso que asumirán estas dos empresas no es menor: dejar atrás la pesadilla en que se convirtió ELECTRICARIBE para sus agobiados usuarios y recobrar la confianza pérdida a causa de la mediocridad del servicio que se la ha venido prestando la última década, caracterizado por los continuos cortes, interrupciones y oscilaciones de voltaje, con el consiguiente daño de sus electrodomésticos.
Se dispuso por parte de la CREG, a través de la Resolución 010 del 30 de enero de un régimen transitorio especial en materia tarifaria, se les entrega la operación sin el lastre de las deudas y los pasivos que venía arrastrando ELECTRICARIBE, pues la Nación terminó asumiéndolos. A través de la intervención por parte de la Superintendencia se logró estabilizar la prestación del servicio y con tal fin adelantó inversiones que superan los $4 billones. Pero, la mejoría sólo se verá cuando los dos nuevos operadores adelanten las inversiones a las que se comprometieron al hacer su apuesta por estos dos mercados: $5 billones por parte de EPM y $3.7 billones por parte del Consorcio de la Costa.
Además de las inversiones requeridas en infraestructura eléctrica, tendiente a superar el rezago histórico de las mismas, causa primigenia del permanente deterioro y obsolescencia en subestaciones, redes, instalaciones, transformadores, medidores, no dan espera. También tendrán que emplearse a fondo en la gestión de las pérdidas y la cartera. Gas Natural Fenosa, que controlaba a ELECTRICARIBE, siempre se escudó en la supuesta cultura del no pago de sus usuarios invocando su propia culpa de la falta de gestión. La muestra palmaria de que ello no pasa de ser un mito es que las demás empresas prestadoras de otros servicios (aseo, agua, gas, entre otros) no tienen los problemas de cartera que embargan a ELECTRICARIBE.
Lo propio podemos decir de la ineficiencia en la gestión comercial, es inadmisible que la exposición en Bolsa siga siendo el doble del promedio nacional con el 25%, porque esa ineficiencia, en última instancia, la asume el usuario pagando tarifas más elevadas. Sólo el músculo financiero de estos dos nuevos oepradores puede garantizar superarla y evitar de paso estar expuestos también a los continuos racionamientos programados y no programados por cuenta de las “limitaciones de suministros” por parte de XM, operador del Sistema.
Sólo resta que las empresas que ahora asumirán el control y la operación de estos dos mercados en los que se segmentó el mercado controlado y operado por ELECTRICARIBE estén a la altura del reto, en momentos en los que la región Caribe demanda una mayor confiabilidad y firmeza en la prestación del servicio de energía. Ello es tanto más necesario dada la creciente demanda de energía, en la misma medida en la que más y más empresas se están relocalizando en su territorio.
Además, dado el desarrollo del potencial de la región Caribe de sus fuentes no convencionales de energías renovables (FNCER), se requiere contar con una operación del sistema eléctrico regional que permita que la energía eólica y solar – fotovoltaica que allí se va a generar fluya, que no se quede atrapada y de esa manera se reduzcan también los costos de restricción y así sientan los usuarios un alivio en sus facturas. Bienvenidos a Caribe Mar y a Caribe Sol!

Bogotá, marzo 20 de 2020
www.amylkaracosta.net


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