Dec 15, 2018 Last Updated 1:08 PM, Dec 15, 2018

A LAS TRUMPADAS

Categoría: Opinión
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LOS DESVARÍOS DE TRUMP

Se suele decir que los políticos hacen campaña en poesía y gobiernan en prosa, para significar que unas son las promesas del candidato y otras son realizaciones cuando asumen el mando. Pero quien, contra todos los pronósticos, resultó elegido Presidente de EEUU ha roto este paradigma, como tantos otros. Y en este caso no le quedaba difícil, dada su proverbial aversión por la poesía y por la prosa.

El Presidente Trump se hizo el propósito de hacer trizas el mandato de su antecesor Barack Obama y a fe que lo ha venido cumpliendo a pié juntillas, así le lluevan rayos y centellas, sin reparar en el daño infligido a su propio país.
Dijo Georges Louis Leclerc, que “el estilo es el hombre” y Trump tiene su propio estilo y nada cambió en él cuando se trasteó de la Trump Tower de la Quinta avenida de Nueva York a la Casa Blanca en Washington. Se trata de un personaje enigmático, ciclotímico y neurasténico, que actúa por impulsos irreprimibles, pendenciero y así gobierna, perdón, así trina. Pues bien, desde que llegó a la Presidencia, con su sonsonete de “Estados Unidos primero”, ha enconchado como ostra a la primera potencia mundial, aislándola y confinándola en sus propias fronteras. Y como su paranoia no tiene límites, lo ha llevado a concluir que el resto del mundo conspira contra EEUU y por ello ha optado por renegar de los acuerdos y tratados suscritos.
Al fin y al cabo, según afirmó su nuevo Consejero de Seguridad el halcón John Bolton en Wall Street Journal, “Estados Unidos no tiene la obligación legal de cumplir los tratados que ha firmado y ratificado” . Ya este mismo señor Bolton, siendo Embajador de EEUU ante ONU había espetado con arrogancia que “no existen las Naciones Unidas. Existe una comunidad internacional, que de vez en cuando puede encabezar la única potencia real que queda en el mundo y cuándo convenga a nuestros intereses, podremos conseguir que otros se apunten” (¡!).
En el curso de su campaña Trump despotricó en contra de la Organización Mundial de Comercio (OMC), a la que calificó de organización del “desastre” , “siempre nos está molestando” afirmó y amenazó con retirarse si los demás países miembros no se allanaban a sus pretensiones, especialmente en materia de tarifas aduaneras. Y más recientemente tuiteó que “la OMC es injusta con EEUU” . Por su parte Robert Lighthizer, nuevo representante comercial de EEUU, afirma que “EEUU debería ignorar con más frecuencia a la OMC” . Por ello no causó sorpresa su anuncio rimbombante, desde el Salón Oval de la Casa Blanca, de la imposición de aranceles proteccionistas del 25% a sus importaciones de acero y del 10% para las de aluminio el pasado mes de abril. Esta decisión significaba una declaratoria de guerra comercial contra sus socios Canadá, la Unión Europea, Corea del sur, que son sus principales proveedores de acero, pero su blanco principal es China. Así se desprende del más reciente Informe de Estrategia de seguridad nacional de EEUU, el cual considera a China como un rival estratégico que busca "desafiar el poder, la influencia y los intereses estadounidenses, intentando erosionar la seguridad y la prosperidad de Estados Unidos" .
Trump aduce que la balanza comercial entre EEUU y China está muy desequilibrada en su contra. En efecto, las exportaciones de EEUU a China en 2017 fueron del orden de los US $130.000 millones, mientras que sus importaciones provenientes de China registraron US $505.000 millones, arrojando un déficit de US $375.000 millones, de un déficit total de US $566.000 millones. Huelga decir que China es el mayor exportador del mundo, desde 2009 cuando desbancó a Alemania, acaparando el 13.2% (US 2.1 billones) de las exportaciones globales y es al mismo tiempo el segundo importador, con el 9.8% (US $1.6 billones), entre tanto EEUU participa con el 9.1% y el 13.9%, respectivamente. Por lo demás China en 2016 ya representaba casi la mitad del mercado mundial de acero y en 2017 EEUU importó desde China más de US $91.000 millones en hierro y acero, equivalente al 20% de las importaciones estadounidenses y a más del 12% de las exportaciones chinas de dichos metales. Pero, de lejos, el mayor proveedor de acero de los EEUU son Canadá y la UE.


Pareciera que Estados Unidos con Trump estuviera retrocediendo a las ideas mercantilistas decimonónicas, que hace rato caducaron, de Abraham Lincoln, cuando afirmaba: “no sé demasiado acerca de los aranceles, pero lo que sí se muy bien es que, cuando compramos bienes manufacturados a los extranjeros nosotros nos quedamos con los productos y ellos con el dinero. Cuando compramos productos nacionales nos quedamos con ambas cosas” .
Para Trump, “las guerras comerciales son buenas y fáciles de ganar” , son pan comido y su proceder va muy en línea con uno de sus asertos en su publicación El arte de la negociación, cuando dice que “hay veces en que la única salida es el enfrentamiento. Cuando alguien me trata mal o injustamente, mi respuesta, toda mi vida, ha sido devolver el golpe lo más fuertemente posible” . Quienes creyeron ingenuamente que eran sólo bravuconadas y baladronadas de Trump se equivocaron. Ya desde diciembre del año anterior había notificado a quien quisiera oírlo que su política comercial incluiría “todas las herramientas posibles para preservar la soberanía nacional y fortalecer la economía” a su manera. Y procedió en consecuencia.
LA GUERRA COMERCIAL
La Cumbre del G-7 en Quebec (Canadá) el pasado 8 de junio puso de manifiesto el aislamiento de EEUU y su distanciamiento con respecto a sus aliados más importantes, por cuenta del unilateralismo hirsuto de las políticas del Presidente Trump. Él entró a esta Cumbre con el pie izquierdo, al proponer la reincorporación al G-7 de Rusia, después que se le apartó del mismo en 2014 a consecuencia de la anexión mediante la fuerza de la península ucraniana de Crimea por parte de Moscú. Desde luego, los restantes jefes de Estado rechazaron de plano la impertinencia, al tiempo que el propio ministro ruso de exteriores Sergei Lavrov desautorizó a Trump al dejar en claro que “jamás pedimos a nadie recibirnos de vuelta” . Como quien dice, afana más el velón que el dueño dela olla.
Esta cumbre estuvo precedida del brillante discurso del Presidente de Francia Emmanuel Macron ante el Congreso de EEUU abogando, a contrapelo de Trump, en favor de una “nueva generación de multilateralismo eficaz, responsable y orientado a resultados. Un multilateralismo que respete, proteja y apoye nuestras culturas” . Así de claro!
El ambiente en esta cita de este grupo relevante de países industrializados, integrado, además de EEUU, por Alemania, Francia, Canadá, Italia, Japón y Reino Unido, no podía estar más crispado. La razón, la decisión del Presidente Trump de no dar pie atrás en su decisión de gravar con un arancel del 25% a sus importaciones de acero y del 10% a las de aluminio. Pudo más su obstinación que la razón, así se malquistara con sus principales aliados, como en efecto ha ocurrido.
No es de extrañar por ello los términos del Comunicado dado a conocer al término de la Cumbre de Charlevoix, en el cual se dijo enfáticamente que propendían por un comercio “libre, justo y mutuamente benéfico y por desechar el proteccionismo” . Esta es una reiteración de la posición asumida al unísono por parte de todos los países que se han visto afectados por el paso en falso que ha dado Trump al empecinarse en su trasnochada política proteccionista. La tercera Ley de Newton es infalible: a cada acción siempre se opone una reacción igual. El primer Ministro de Canadá Justin Trudeau fue categórico al ripostarle al insolente Trump: “los canadienses somos amables, pero no nos vamos a dejar avasallar” .
La postura de Trump, al repudiar y retirar su firma del texto final de la Declaración de esta Cumbre, en concepto del Nobel de Economía Paul Krugman, “bien podría anunciar el comienzo de una guerra comercial” , si es que ya no empezó y “tal vez incluso el colapso de la alianza de Occidente” . Y es bien sabido que en una guerra comercial, como la que ha desatado Trump con sus medidas atrabiliarias, como lo afirma el Director para América Latina del FMI Alejandro Werner, “no hay ganadores y perdedores” , pero, a largo plazo, todos pierden.
Según Krugman “Trump fue a Canadá a exigir que nuestros aliados dejen de hacer lo que no están haciendo y eso no es defender los intereses estadounidenses. Es una declaración de ignorancia y una política insensata…Lo sucedido en Canadá fue una humillante debacle total” . Trump está jugando con candela, su revanchismo y las retaliaciones que viene provocando pueden dar al traste con la reactivación que se venía dando del comercio internacional, después del largo letargo que provocó la crisis global reciente, que se inició con la crisis hipotecaria de EEUU en 2008.
Acorralado por sus propios desvaríos, el errático Trump apeló a su característica diplomacia pirotécnica para tender una cortina de humo para tratar de restarle importancia y gravedad a sus desencuentros con sus aliados y de paso al encarcelamiento ordenado por la Juez federal Amy Berman Jackson de su ex jefe de campaña Paul Manafort, por cuenta de la trama rusa de su presunta interferencia en los comicios de 2016 para favorecer la elección de Trump. Así se explica que quien la víspera hacía alarde de que su botón nuclear “es mucho más grande y poderoso” que el del tirano de Corea del Norte Kim Jong Un, su nuevo mejor amigo, ahora dice que fumó con este la pipa de la paz, de una paz nada creíble para la comunidad internacional. Con razón dijo el Presidente del Centro de Análisis The Inter – American Dialogue Michael Shifter, “ambos dirigentes tienen una inclinación por el teatro y la teatralidad” . No es más que eso, una pieza deplorable del teatro del absurdo!
¡OJO POR OJO!
De la ley del talión, ojo por ojo, sólo se puede esperar, según Mahatma Gandhi, que el mundo acabará ciego. Ante el empecinamiento del Presidente Trump de imponer su omnímoda voluntad al resto del mundo, este le está respondiendo con la misma moneda. La retaliación de los países afectados está al orden del día. Y no es para menos, toda vez que EEUU en lugar de acudir a la Organización Mundial de Comercio (OMC) y plantear allí su querella sobre la supuesta transgresión de sus normas, ha recurrido a las vías de hecho, al imponer unilateralmente aranceles proteccionistas a sus importaciones. Para justificarse, EEUU apela a la cláusula de seguridad nacional y alega que por ello mismo su arrogante proceder no es impugnable ante el tribunal de Justicia de la OMC. Pero este subterfugio no tiene
Lo ha dicho Roberto Azevedo, Director general de la OMC “lo último que necesita la economía es un ciclo de retorsiones…” y advierte que el escalamiento de la guerra comercial que ha provocado llevará a una situación “incontrolable” . Él ha exhortado a que se “despolitice al máximo” el proceso y se resuelvan las diferencias por vía del diálogo. Y “la mejor manera de abordar los acuciantes problemas comerciales que enfrentan los miembros de la OMC es mediante una acción colectiva” , no en solitario, como lo pretende Trump.
La reacción de los países afectados por las trabas impuestas por EEUU para el acceso a su mercado doméstico no se hizo esperar, uno tras otro tomaron medidas compensatorias inmediatas, amparándose para ello en las normas de la OMC que las contempla, en respuesta a las salvaguardias arancelarias decretadas por el
Uno de los primeros en reaccionar, en medio de su renegociación del TLCAN forzada por Trump, fue México. En un lacónico, pero contundente pronunciamiento el Gobierno mexicano anunció que “impondrá medidas equivalentes a diversos productos como aceros planos (lámina caliente y fría, incluidos recubiertos y tubos diversos), lámparas, piernas y paletas de cerdo, embutidos y preparaciones alimenticias, manzanas, uvas arándanos, diversos quesos, entre otros (…) Esta medida estará vigente hasta tanto el Gobierno estadounidense no elimine los aranceles impuestos” . Luego las hizo extensivas a las importaciones de soya y concentrados para animales de origen estadounidense, renglones estos que son tan sensibles para los granjeros, particularmente en los estados de Iowa, Wisconsin, Missouri o Indiana, fortines electorales de Trump.
El Gobierno de Justin Trudeau no se quedó atrás y dijo que Canadá responderá con la misma moneda, “el gobierno estadounidense tomó una decisión que deploramos y obviamente va a llevar a medidas de represalia, como debe ser” . Y dejó claramente establecido que “los canadienses somos amables y razonables, pero no nos vamos a dejar avasallar” . Y fue enfático en que secundaría a México imponiendo esta misma medida a artículos equivalentes a US $12.800 millones, entre los que están café, yogourt, pizza y quiche, salsa de tomate y hasta productos en hierro. Trudeau añadió que “espera que algún momento prevalezca el sentido común…Desafortunadamente, las medidas tomadas hoy por el Gobierno estadounidense no parecen avanzar en esa dirección” .
Jean –Claude Juncker, Presidente de la Comisión Europea, dijo sin rodeos que la decisión de Trump “va contra toda lógica e historia” . Y fue más lejos al decir que “es un mal día para el comercio mundial…La UE no puede quedarse sin reaccionar…EEUU nos deja ahora sin otra opción que proceder con un caso de solución de controversias en la OMC y con la imposición de aranceles adicionales a una serie de importaciones desde EEUU. Defenderemos los intereses de la Unión, cumpliendo a rajatabla con la Ley comercial internacional” .
De hecho, la Comisión Europea aprobó la imposición de aranceles adicionales a productos estadounidenses, una medida que entrará en vigor en julio en respuesta a la decisión de EEUU de gravar las importaciones de aluminio y acero. “es una respuesta proporcional a la decisión ilegal y unilateral de los EEUU de imponer tarifas a las importaciones de acero y aluminio de la UE” aseguró la Comisaria europea de Comercio Cecilia Malmström, quien destacó que la respuesta de la CE “está en línea con las normas de la OMC” .
Por su parte el portavoz del Ministerio de Exteriores de China Geng Shuang fue tajante al afirmar que “cualquier intento de poner a China de rodillas con amenazas e intimidaciones nunca tendrá éxito. Tampoco tendrá éxito esta vez” . Ello, en respuesta a la amenaza proferida por Trump, en el sentido que la entrada en vigencia de los aranceles anunciados se hará efectiva si China “insiste en seguir adelante con las nuevas tarifas que ha anunciado recientemente” como represalia. El gigante asiático no vaciló al momento de responder a la provocación y anunció la aplicación de un arancel adicional de 25% a partir del próximo 6 de julio a 545 productos estadounidenses de sectores tan sensibles para EEUU como lo son los automóviles, el frijol de soya, el maíz y el trigo, entre otros. China contempla también reducir sus importaciones de petróleo desde los EEUU a partir de septiembre. Es claro, entonces, que la estrategia extorsiva de Trump no le está funcionando como él lo esperaba.
Y, tristemente, Colombia, que se precia de ser el aliado estratégico de los EEUU, no se libró de la injusta medida; hasta última hora el Gobierno estuvo esperanzado de su exclusión de la lista de 28 naciones que tendrán que pagar los nuevos aranceles. Colombia no es un gran exportador de acero y aluminio, en 2017 a duras penas exportó US $835 millones, con una participación del 2.2% de las exportaciones totales y 5.8% de las exportaciones no tradicionales. De estas exportaciones cerca del 28% tuvieron a los EEUU como destino. El analista Martín Gustavo Ibarra planteó ingenuamente que “este aumento de aranceles, que le resta competitividad a las empresas metalmecánicas norteamericanas se traduce en una oportunidad para las industria colombianas que pueden traer su materia prima sin impuestos (por Plan Vallejo o zonas francas) y exportar sus manufacturas finales de acero o aluminio a EEUU sin aranceles, invocando el TLC” . Qué tal?
No obstante, en concepto de Bruce Mac Master, Presidente de la ANDI, “tan sólo por la restricción que tendría China, habría 12.5 millones de toneladas que buscarían como fuera un nuevo destino como Colombia. Esa cantidad de acero es más de 6.6 veces la producción nacional, por lo que si llega, afectaría en gran medida al sector metalmecánico” . De nada valieron las súplicas de la ex ministra de Comercio y ahora Directora de la Cámara de Comercio Colombo-Americana (Amcham Colombia) María Claudia Lacouture que “Colombia debe ser eximida de la medida teniendo en cuenta que dichas exportaciones representan sólo 0.5% del total importado por EEUU, monto que no representa peligro para su seguridad nacional ni contra la generación de empleo” . Al implorar a los EEUU la exclusión de Colombia la ex ministra planteó, además, que sus exportaciones de acero y aluminio “es un monto que no representa peligro para la seguridad nacional de EEUU ni contra la generación de empleo. Además, Colombia es su principal aliado en América Latina” . Vacilante y timorata la posición de Colombia, qué pena!
Y EEUU no sólo no excluyó a Colombia de esa lista sino que la incluyó en la lista negra de “observación prioritaria” en materia de propiedad intelectual, que lleva la Oficina del Representante de Comercio de los EEUU (USTR, por sus siglas en inglés), por supuesto incumplimiento. Ante la sordera de Trump a sus rogativas al Gobierno le tocó ponerse serio y fue así como la Ministra de Comercio María Lorena se vio precisada a manifestar que “nos vamos a hacer terceros en los procesos que están adelantando otros países como la UE y México en ese organismo multilateral” , refiriéndose a la OMC. También anunció que el tema se llevaría a la Comisión administradora del TLC firmado por los dos países, habida cuenta que los aranceles impuestos a las importaciones desde Colombia del acero y el aluminio lo transgreden. Colombia en esta disputa se mueve como corcho en remolino.
Para Hoyt Bleakley, economista de la Universidad de Michigan “que las contrapartes respondan no es una sorpresa y esto causará algún daño a la economía de los EEUU” . Este paso en falso que ha dado Trump se va a convertir en un búmeran para los EEUU, no sólo por cuenta de las represalias que tomarán sus socios comerciales, sino porque afecta a su propia industria, particularmente aquella que utiliza el acero y el aluminio como materias primas, porque ahora verán encarecidos sus costos, perdiendo competitividad. Y esa industria genera 50 veces más empleos que la del acero. Este es un tiro que se dan los EEUU en el pie y lo ejemplifica el daño colateral infligido a la industria automotriz, ya que, según un estudio del Consejo de Relaciones Internacionales, le va a significar la destrucción de 40.000 empleos. Según la consultora Trade Partnership Worldwide, se estima, grosso modo, que las tasas suplementarias del 25% pueden llegar a generar 92.000 empleos, pero también destruir otros 250.000 en el resto de la economía. Como lo acota Dinero “las medidas fueron mal recibidas por los mercados financieros: los índices de las bolsas estadounidenses cayeron y las tasas de interés de la deuda pública de ese país disminuyeron”
Es más, “en el mediano plazo la incertidumbre sobre la estabilidad de las normas comerciales de Estados Unidos con el resto del mundo, puede afectar la participación de sus multinacionales en las cadenas globales de valor. Con ello desmejoraría su competitividad, porque no podrán aprovechar las ventajas comparativas que tienen otros países. Eso elevaría sus costos de producción, en detrimento del bienestar de los consumidores estadounidenses y tendría mayores consecuencias inflacionarias” . Como corolario podemos decir que el tiro le está saliendo por la culata a quien ha hecho de la consigna “EEUU primero” un simple cliché, que puede significar cualquier cosa.
La globalización tiene sus ventajas pero también sus desventajas, dependiendo de los vientos que soplen y de la dirección que tomen, dado que sus efectos son sincronizados y ningún país escapa a sus mega-tendencias, que se transmiten a través de los vasos comunicantes del comercio y el capital financiero. Edward F. Stuart, profesor emérito de economía de la Universidad de Illinois, llama la atención sobre el hecho cierto que “las guerras comerciales en 1930 empeoraron la Gran depresión. Podría ahora hacer lo mismo” .
Más de 1.100 economistas, incluidos ganadores del Premio Nobel (entre ellos Richard Thaler, Nobel 2017) y ex asesores presidenciales (como Gregory Mankiw, ex asesor económico titular del Presidente George W Bush), firmaron una Carta abierta dirigida al Presidente Donald Trump y al Congreso Federal de los EEUU, a propósito de su absurda política proteccionista y la guerra comercial declarada al resto del mundo. La misma trae a colación apartes de la que en su momento previno y pronosticó las consecuencias que se derivarían de las medidas proteccionistas tomadas por los EEUU, las cuales precipitaron a la economía mundial en la Gran depresión conocida como la Crisis de 1929, la cual se prolongó durante la década de los años 30 del siglo XX.
En esta misiva, coordinada por National Taxpayers Union (NTU), con sede en Washington, se les advierte “el Congreso no tomó el consejo de los economistas en 1930 y los estadounidenses en todo el país pagaron el precio…Mucho ha cambiado desde 1930, por ejemplo el comercio ahora es significativamente más importante para nuestra economía, pero los principios fundamentales como se aplicaban en ese momento no han cambiado…Estamos convencidos de que un aumento a los impuestos proteccionistas sería un error. Operarían, en general, para aumentar los precios que los consumidores locales tendrían que pagar y afectarían a la gran mayoría de nuestros ciudadanos…Pocas personas podrían esperar obtener ganancias con ese cambio…Los países no pueden comprarnos permanentemente a menos que se les permita vendernos…Una guerra arancelaria no proporciona buen terreno para el crecimiento de la paz mundial” .
La carta original fue enviada hace 88 años para instar a los legisladores estadounidenses a rechazar la Ley de Aranceles Smoot Hawley, pero no encontró eco, como tampoco ahora. La Ley, finalmente, fue aprobada en 1930 y fue un factor clave en una guerra comercial que agudizó la crisis económica mundial. Es memorable la frase del estadista británico Sir Winston Churchill en el sentido que “E.E.U.U. hace invariablemente lo correcto, después de haber agotado el resto de alternativas” y eso sigue siendo cierto. Y para rematar, el Presidente Trump, como los borbones, ni olvida ni aprende!
Ya es un hecho que esta guerra comercial está causando una turbulencia en los mercados, según reportes de las agencia noticiosas, las acciones en Wall Street se resintieron, registrando la mayor caída desde comienzos del mes de abril, en respuesta a los anuncios del Departamento del Tesoro de imponerle límites a las inversiones de capital chino en las empresas tecnológicas estadounidenses. El índice industrial Dow Jones, principal indicador de la Bolsa estadounidense, perdió 1.3%, entre tanto el S&P 500 bajó 1.37%. Y, como era de esperarse, el mayor impacto se sintió en el Índice Nasdaq, en el que cotizan las empresas tecnológicas, al registrar una caída del 2.09%. La baja más ostensible fue para el sector de las tecnologías (2.28%), escoltado por el energético (2.20%) y el de los bienes de consumo no esenciales (2.17%).
LA VERDADERA GUERRA
Es evidente que el principal blanco de la guerra comercial declarada por el Presidente Trump contra el resto del mundo es China, considerada como su rival estratégico y el flanco a atacar es el de las tecnologías. Es una lucha libre por la supremacía en la carrera tecnológica, determinante del liderazgo del nuevo orden mundial. El detonante de esta guerra, de baja intensidad todavía, fue su anuncio en marzo pasado de los aranceles a las importaciones de acero y aluminio chinos por valor de US $50.000 millones. Como era de esperarse China no se quedó con los brazos cruzados y tomó represalia, a lo cual ripostó Trump diciendo en forma altanera, muy a su estilo, “responderemos a esa medida aplicando aranceles adicionales sobre otros bienes por un valor de US $250.000 millones” , equivalente a casi el doble del monto de sus importaciones desde China el año anterior.
Según el Informe de la Casa Blanca sobre la Estrategia de Seguridad Nacional, “para mantener nuestra ventaja competitiva Estados Unidos priorizará las tecnologías emergentes criticas al crecimiento económico y la seguridad, como ciencia de datos, encriptación, tecnologías autónomas, edición de genes, nuevos materiales, nanotecnología, tecnologías informáticas avanzadas e inteligencia artificial” . Como lo asegura el reputado analista de The Daily Telegraph Ambrose Evans-Pritchard, esta guerra arancelaria poco tiene que ver con el comercio” , se trata de una lucha por el poder, "para determinar cuál de las potencias hegemónicas dominará la tecnología y dirigirá el mundo en el siglo XXI" ,
Las redes 5G, particularmente, son una prioridad estratégica para los EEUU. En un comunicado emitido por el responsable de Comercio Exterior de EEUU Robert Ligthizer, se lee que “debemos tomar fuertes medidas defensivas para proteger el liderazgo de EEUU en tecnología e innovación contra la amenaza sin precedentes que representa el robo de china de nuestra propiedad intelectual” . Como lo señala el analista económico Mauricio Cabrera, Trump olvida o mejor ignora que los EEUU “lograron su desarrollo industrial en el siglo XIX robando tecnología a Inglaterra, que era la potencia industrial de la época…Esta doble moral se conoce como la estrategia de ´quitar la escalera´: los países que se desarrollaron usando políticas industriales proteccionistas y pirateando tecnología…Subieron al segundo piso usando una escalera que hoy quieren quitar para que otros no puedan subir” . Así de claro, de los EEUU se puede decir, como en la cátedra de Moisés, cuando se sentaban losw letrados y fariseos, según San Mateo, “haced y cumplid lo que os digan. Pero, no hagáis lo que hacen, porque ellos no hacen lo que dicen”.
Y Trump no disimula el objetivo de su estrategia comercial, lo planteó con toda claridad: “estos aranceles son esenciales para evitar nuevas transferencias de tecnología y propiedad intelectual de EEUU a China, lo que protegerá los empleos de los EEUU” . Aduce Trump que la presión ejercida es “excesiva para transferir conocimientos técnicos como parte de realizar actividades comerciales en China” . Tales “requisitos de desempeño” , según él, son contrarios a las normas de la OMC. Además, al escalar la guerra comercial en su disputa con China, EEUU dio otra vuelta de tuerca, se trata ahora de ponerle cortapisas a las inversiones de las empresas que tengan más del 25% de capital chino, a las cuales se les impedirá, según el Departamento del Tesoro de EEUU, que puedan adquirir compañías estadounidenses que cuenten con “tecnología industrialmente significativa” . Esta medida se reflejó en la caída del Dow Jones, siendo más protuberantes las pérdidas por el fabricante de chips Intel (-3.41%).
Y es un hecho la existencia de cadenas internacionales de valor en las que están involucradas las multinacionales estadounidenses y en ese contexto se ha venido dando la relocalización industrial, así como la proliferación de las maquilas . Ello impide que las barreras al comercio internacional en el mundo global contemporáneo operen como enantes. Ello explica que empresas tan emblemáticas de los Estados Unidos como la Boeing o Apple operen en Xiaoping y Deng, en China, respectivamente, lo propio ocurre con empresas canadienses o de la Unión Europea, convirtiendo a China en la fábrica del mundo. Los Iphone, por ejemplo, se diseñan en California, pero se fabrican en China. Gigantes de la tecnología de EEUU como INTEL, Qualcomm y Google, dependen de proveedores asiáticos en sus procesos.
China ha sido categórica y ha anunciando a través del Ministerio de Comercio que “si Estados Unidos ignora la oposición de China y de la comunidad internacional y persiste en sus medidas unilaterales y proteccionistas, China está dispuesta a ir hasta las últimas consecuencias, al precio que sea…No queremos una guerra comercial, pero no nos da miedo librar una” . De hecho, el Ministerio de Comercio chino advirtió que responderá con aranceles “de la misma escala y fuerza” , al tiempo que dejó en entredicho cualquier acuerdo comercial previo entre los dos países. Y así ha procedido y lo peor puede estar por venir, porque China ha dicho que no descarta ninguna opción para enfrentar este desafío.
Como es bien sabido China absorbe el 61% de las exportaciones estadounidenses de soja, que representa a su vez más del 30% de su producción. De allí que La Asociación estadounidense de Soja, manifestara “enorme frustración ante la escalada de una guerra comercial con el mayor cliente de la soja de EEUU” y pidió a “la Casa Blanca que reconsidere las tarifas que condujeron a esta represalia” . Como lo señala Edward F. Stuart, profesor emérito de economía de la Universidad de Illinois, “el gobierno chino es muy inteligente y políticamente sofisticado. Están apuntando a productos que se producen en áreas que votaron fuertemente por Trump. Los productores de carne de cerdo en Iowa, los productores de soya en el centro de Illinois. Esto producirá una gran reacción negativa y protesta de los senadores y congresistas de las áreas que simpatizan con Trump. No creo que ni él, ni sus asesores consideraran esta posibilidad inicialmente” . Trump ha metido a los EEUU en camisa de once varas.
Guerra es guerra y así lo ha entendido el Presidente de China, el todopoderoso Xi Jinping, mientras Trump espetó que “el Presidente Xi y yo siempre seremos amigos, sin importar lo que ocurra con nuestra disputa comercial” , cuando él bien sabe que desde siempre, como lo acuñó John Foster Dulles, Secretario de Estado de Dwight Eisenhower en los años 50, en una frase lapidaria, “Estados Unidos no tiene amigos sino intereses”. El analista Ambrose Evans-Pritchard considera que "la pretensión de la convivencia cordial ha terminado" y analiza el riesgo de que estalle una guerra real entre ambas potencias.
Y lo dijo Pascal Lamy, ex comisario Europeo y Director de la OMC, “en una guerra militar mueren los soldados. Pero, en una guerra comercial mueren los empleos” y eso es lo que se ve venir en los EEUU y en el resto del mundo, porque a consecuencia de esta guerra comercial la economía crecerá menos y generará menos empleos. En efecto, China después de 40 años de transformación y de reformas económicas, creciendo su PIB a tasas que llegaron a superar por décadas el 10%, se convirtió en una gran despensa y al mismo tiempo en un mercado muy apetecido por las multinacionales. Lo que facturan en China corporaciones como GM, Nike, Starbucks, Ford, entre otras, según el economista de Aberdeen Standard Investments Alex Wolf, una empresa de gestión de activos domiciliada en Hong Kong, supera de lejos el monto de lo que exporta EEUU a China. Huelga decir que las utilidades de estas empresas son remesadas a los EEUU. Según Wolf, “estas ventas no aparecen en la balanza comercial, pero forman parte de lo que podría llamarse una ´relación económica agregada´” .
Se estima que las subsidiarias de las multinacionales estadounidenses que operan en territorio chino tuvieron ventas en 2015 por la bicoca de US $221.900 millones (¡!). Cabe preguntarse que será de estas multinacionales si la ira de la dirigencia china la condujera a propiciar un boicot contra las empresas estadounidenses y contra sus productos. Pero la miopía de Trump, que no lo deja ver más allá de sus narices, le nubla la razón, impidiéndole dimensionar el daño que le está propinando a su propio país.
Como si lo anterior fuera poco, China, además, tiene un as en la manga que se puede jugar en cualquier momento y pone a tambalear la economía estadounidense. Según datos del Tesoro de los EEUU China, hoy por hoy, es el mayor tenedor extranjero de sus bonos de deuda pública, alcanzando los US $1.19 billones a octubre de 2017, equivalente al 18.7% del monto total de su deuda, que supera el 106% del PIB. Bastaría con “cesar en la compra pública de deuda estadounidense” , como amenazó hacerlo el portavoz de la Cancillería china Huachung Yin, para poner en aprietos a la Reserva Federal de los EEUU. Si ello se llegara a materializar, EEUU tendría que pagar más intereses para hacer atractivos sus bonos de deuda pública, lo cual elevaría el servicio de esta, aumentaría el déficit fiscal y el Gobierno de Trump se vería forzado a aumentar los impuestos, cuando lo que ha hecho es bajarle los impuestos a las grandes corporaciones. O lo que es peor, si China llegara a deshacerse de un momento a otro de los bonos que tiene en su poder, causaría una sobreoferta, su cotización caería, impactando las tasas de interés a nivel global y este efecto dominó encarecería el costo del financiamiento de todos los países.
Este pulso entre los EEUU y China nos lleva, de la mano del experto Evans-Pritchard, a equipararlo con un hecho histórico en el que dos potencias, Atenas y Esparta, se trenzan en una Guerra del Peloponeso por la hegemonía. El profesor de Harvard Graham Allison popularizó el concepto de “la trampa de Tucídides” para describir la dificultad de que una potencia en auge, como lo es China, coexista con la potencia dominante (EEUU). “Fue el ascenso de Atenas y el temor que esto suscitó en Esparta lo que hizo que la guerra fuera inevitable” , explica el historiador y militar ateniense Tucídides en su Historia de la Guerra del Peloponeso.
Evans-Pritchard sostiene que las Administraciones de Bush y de Obama buscaron un 'modus vivendi' con Pekín, intentando evitar la llamada 'trampa de Tucídides': el riesgo de un conflicto militar entre un poder en ascenso y un poder ya dominante. En este sentido, Evans-Pritchard recuerda que Obama buscó atraer a China al sistema internacional a través del G20 y el FMI, tratando a Pekín en pie de igualdad en un condominio global. No obstante, "el gabinete de guerra de Trump no quiere saber nada de eso" , se lamenta. A ello estamos abocados!

 


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