Dec 15, 2017 Last Updated 8:48 PM, Nov 28, 2017

EL TIEMPO APREMIA

Categoría: Opinión
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“la tierra tiene suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no para satisfacer la avaricia de unos cuantos” Mahatma Gandhi

El Cambio Climático sigue siendo motivo de alarma y preocupación para la comunidad internacional, cada día que pasa los entendidos en el tema, los científicos, los centros de investigación y las organizaciones que lo monitorean, se muestran más consternados por el escalamiento de las emisiones de gases con efecto invernadero (GEI) a la atmósfera, por la creciente acumulación y concentración de estos, pero sobre todo por el “aumento peligroso de la temperatura” que se viene registrando en los últimos años, según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), a consecuencia de ello.

Concomitantemente con el aumento de la temperatura se desencadenan eventos cada vez más frecuentes, más intensos y duraderos tan devastadores como los huracanes, las inundaciones y las sequías, que se han duplicado desde 1990, olas de calor insoportables, aumento del nivel del mar y la acidificación del océano, los cuales no dan tregua.

SE HAN BATIDO TODOS LOS RECORDS
La concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera, principal responsable del calentamiento global, por tercer año consecutivo batió record en 2016, según la OMM. Según esta, “mientras que en 2015 era de 400 partes por millón (ppm), la proporción de dióxido de carbono en la atmósfera (…) alcanzó 403.3 ppm en 2016” y "representa ahora 145% con relación a la era preindustrial" , según la OMM. Se trata del nivel más alto en 800.000 años (¡!). Y para finales de 2017 se prevé que las emisiones de CO2 atribuibles ya sea a los combustibles de origen fósil, a las chimeneas de la fábricas y en gran medida a los cambios en el uso del suelo, aumentarán, como lo sostiene el Proyecto Global del Carbono en su más reciente Informe, un 2% con respecto al 2016, cuando alcanzó el record de 36.800 millones de toneladas. Este repunte se da después de tres años durante los cuales se había logrado estabilizarlas.
Es de anotar, como lo sostiene el Secretario General de la OMM el finlandés Petteri Taalas, que “el CO2 persiste en la atmósfera durante siglos y en el océano todavía más tiempo. Según las leyes de la física, la temperatura será mucho más alta y los fenómenos climáticos más extremos en el futuro. Sin embargo, no tenemos la varita mágica para hacer desaparecer este excedente de CO2 atmosférico” . Si bien, como lo acota Taalas, “los últimos tres años han estado entre los tres más cálidos en cuanto a registros de temperaturas” , se considera que 2017 es el año sin el Niño en el que se han registrados las más altas temperaturas. La media quinquenal para el período que va de 2013 a 2017 es de 0.40º C, aproximadamente, mayor que la registrada entre 1981 y 2010 (estimada en 14.31º C) y 1.03º C por encima de los niveles que precedieron a la revolución industrial (>1750). Es muy diciente que 16 de los 17 años corridos del siglo XXI han sido los más calurosos desde que en 1880 se empezó a llevar registros de la temperatura global.

Taalas, no duda en pronosticar que “si no reducimos rápidamente las emisiones de gases con efecto invernadero, principalmente de CO2, nos enfrentaremos a un peligroso aumento de la temperatura en lo que queda de siglo, muy por encima del objetivo fijado en el Acuerdo de París sobre el clima” . Para Erik Solheim, Director del Programa de la ONU para el Medio Ambiente, “el tiempo apremia…Las cifras no mienten, siguen siendo demasiado altas y hay que alterar la tendencia (…) Ya contamos con numerosas soluciones para enfrentar este desafío. Sólo falta la voluntad política” . De hecho entre enero y septiembre de este año se registró un aumento de la temperatura media global de 1.1 grado centígrado por encima de los niveles preindustriales y el mundo sigue expectante de las conclusiones al respecto de la Cumbre de cambio Climático que acaba de concluir en Bonn (Alemania).
Como lo advirtió la profesora Corinne Le Queré, investigadora principal y Directora del CentroTyndall para la Investigación del Cambio Climático en la Universidad de East Anglia, “con las emisiones mundiales de CO2 de todas las actividades humanas, estimadas en 41.000 millones de toneladas para 2017, el tiempo se está agotando en nuestra capacidad de evitar un aumento de 2 grados centígrados en la temperatura global y mucho menos de 1.5º C” como se estableció en el Acuerdo se París.
ESTAMOS SOBREGIRADOS
La Red Global de la Huella Ecológica (Global Footprint Network) se ha dado a la tarea de monitorear la trazabilidad de la huella de carbono que van dejando tras de sí los países y para ello emplean una especie de contabilidad ecológica de partida doble y a partir de esta poder establecer el saldo a favor o en contra. Esta Red ha podido establecer que desde finales del siglo XX el “Día del sobregiro” ("Earth overshoot day", en inglés), entendido este como el exceso de demanda de servicios ambientales con respecto a la capacidad de reparación o reposición de la naturaleza, se ha ido adelantando progresivamente.
A partir de este seguimiento se ha podido establecer que en 1997 dicho “sobregiro” se presentó a finales de septiembre y este año, diez años después, el 2 de agosto, el más temprano desde que se registraron los primeros “sobregiros” desde principios de los años 70´s (23 de diciembre en 1970). Dicho de otra manera, en 7 meses y 2 días, la humanidad demandó, en términos de recursos ecológicos y servicios tales como alimentos y materias primas, el equivalente a lo que nuestro planeta puede generar y regenerar en 12 meses, agotando el presupuesto ecológico del año en sólo 7 meses largos. El resto del año giramos sobre “vigencias futuras”, lo que nos deparará a posteriori más escasez de agua, desertificación, erosión del suelo, pérdida de productividad agrícola, así como el agotamiento de la flora y la fauna.
Estos excesos de la actividad humana nos están conduciendo a un consumo desaforado de las reservas de ecosistemas que subsisten pese a su depredación, a tal punto que se está demandando de la naturaleza 1.7 veces más de lo que la misma puede proporcionar. O, lo que es lo mismo, a este ritmo requeriremos 1.7, casi 2 planetas, para no poner en riesgo la supervivencia de la humanidad. Y por ahora sólo contamos con uno sólo habitable que es el Planeta Tierra. Bien dijo Mahatma Gandhi, que “la tierra tiene suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no para satisfacer la avaricia de unos cuantos”. Es un hecho, tal y como lo sostiene el Secretario general del Fondo Mundial de la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) España, Juan Carlos del Olmo “estamos viviendo a costa de los recursos naturales de las futuras generaciones” y ello atenta contra el principio fundamental del desarrollo sostenible. Bien dijo el Secretario General de la ONU Antonio Guterres, al instalar la COP23: “tenemos que cesar de apostar por un futuro insostenible que pone en peligro nuestras economías y sociedades”
Afortunadamente, si nos lo proponemos, es posible revertir esta tendencia, para lo cual se requiere retroceder cada año el “Día del sobregiro” 4.5 días, si queremos balancear la demanda con la oferta ambiental al cierre del año 2050. Y ello es posible, como dice Taalas “hay esperanzas” , pues como lo afirma Mathis Wackernagel, Director General de la Red “nuestro Planeta es finito, pero las posibilidades humanas no. Vivir con los recursos de un Planeta es tecnológicamente posible, financieramente viable y nuestra única oportunidad para un futuro próspero” .
Y, contrariamente a lo que han venido sosteniendo los republicanos, la huella de carbono per cápita cayó en la potencia del Norte cerca del 20% del pico alcanzado durante el período 2005-2013, gracias a las políticas amigable con el medio ambiente de Obama, sin que ello fuera en detrimento del crecimiento de la economía, que creció en ese mismo período el 20%. Y no sólo en los EEUU, según Robert Jackson, coautor del Informe del Presupuesto Global del Carbono (GCP, por sus siglas en inglés) 2017 y profesor de la Universidad de Stanford, en la última década (2007-2016) las emisiones en 22 países, que representan el 20% de las emisiones totales en el mundo disminuyeron, en muchos casos coincidiendo con el crecimiento de sus economías. Esta es la prueba reina, por si faltara, del desacople entre el ritmo de crecimiento del PIB y las emisiones de GEI.
Por eso nos parecieron muy puestas en razón las palabras pronunciadas por la Secretaria ejecutiva de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC) Patricia Espinosa, en el sentido que la 23ª Conferencia de las partes sobre el Cambio Climático de la ONU (COP23) que se celebró en Bonn la semana anterior tenía “que ser la plataforma para que todos los países y sectores de la sociedad tratemos de reducir los riesgos y maximizar las oportunidades de una vía de desarrollo dinámica, que tenga en cuenta un futuro sostenible” .
El reto para la COP23 no era de poca monta, después de conocerse en vísperas de su realización un Informe de las Naciones Unidas muy pesimista, llamando la atención sobre el hecho de que aún si se cumpliera al pié de la letra lo acordado en la COP21 de París (2015), seguida por la COP22 en Marruecos (2016) , por parte de los gobiernos comprometidos, el sector privado y las autoridades locales del mundo, la temperatura media global aumentaría 3ºC al finalizar este siglo, un grado por encima de la meta impuesta. Este sería el temido punto de inflexión o punto de no retorno. De materializarse este vaticinio el cambio Climático se tornaría irreversible y sus consecuencias serían catastróficas.
James Hansen, que durante 32 años dirigió el Instituto Goddard para los Espaciales, como investigador en jefe de la NASA, es mucho más pesimista que la ONU. Él es considerado como el Gurú del Cambio Climático y el “padre de la ciencia del Cambio Climático”, por ser él quien encendió las alarmas sobre el mismo en 1981 al publicar su estudio pionero en el cual llama la atención sobre esta amenaza. Pues bien, en el marco de la Cumbre de Bonn fue enfático al afirmar que “desde la primera reunión sobre Cambio Climático ha habido muy poco progreso…El problema fundamental que tenemos es que la industria de combustibles fósiles y los gobiernos están en la cama juntos” . Y la prueba de su aserto es que Rex Tillerson, Secretario de Estado de Trump, fue Presidente de Exxon Mobil, la segunda mayor petrolera privada del mundo. A ese matrimonio “infame”, como lo llama él, le atribuye el hecho que desde 1980 las emisiones globales de carbono no han parado de crecer. Cree que si bien reducir las emisiones es posible, “no es lo que está pasando, pues seguimos usando petróleo y carbón como fuentes principales de energía, porque son baratos” .
En su concepto, “sólo hay una manera de que los países y las empresas dejen a un lado esta energía sucia: que les cobren impuestos al carbono a las empresas que vendan y compren productos derivados del carbón y el petróleo” . Y va más lejos, al plantear la necesidad de sincerar los precios de los combustibles de origen fósil, “incluyendo en ellos los costos sociales y medioambientales que, evidentemente, a medida que pasa el tiempo, tendrían que crecer gradualmente, así como crecen los peligros de seguir usando este tipo de energía…Es ilógico que las personas tengan que sacar de su bolsillo el dinero para tratarse las enfermedades respiratorias relacionadas con la contaminación. Lo que propongo es que sean las empresas de combustibles fósiles, vía impuestos, quienes les paguen a los ciudadanos por el daño que les han causado…” Y remata diciendo, “locura es, según Einstein, hacer el mismo experimento una y otra vez y creer que puedes obtener un resultado distinto. Pero no estamos haciendo nada distinto a lo que hicimos con el Protocolo de Kyoto, que se cayó bajo su propio peso. Esto tiene que cambiar si queremos sobrevivir” .
EL GRAN AUSENTE
Como era de esperarse, el gran ausente en la COP23, a la que concurrieron 197 países acreditados, fue EEUU, país este que se quedó íngrimo por fuera del gran consenso alcanzado en la Cumbre de París, después que Nicaragua que, en un principio se había negado a suscribirlo por considerarlo insuficiente, se adhirió al mismo en octubre pasado y Siria, que también estaba por fuera concurrió esta vez a Bonn para anunciar su decisión de acogerse a los términos del Acuerdo. Por primera vez, en esta Cumbre, la segunda después del histórico Acuerdo de París y la primera desde que Trump anunció el retiro de EEUU del mismo , no se izó el pabellón de las barras y las estrellas que distinguen la bandera de los EEUU.
La COP23 tuvo un carácter más técnico que político, se ocupó básicamente de la reglamentación del Acuerdo de París, tratando de definir los criterios de control mutuo y transparente de las emisiones que se pondrá en práctica, estipular los plazos de la ayuda y la asistencia técnica, la financiación a mediano y largo plazo, temas todos muy sensibles y complejos que muy seguramente serán trabajados y plasmados en un borrador que será sometido a la consideración de la próxima COP24 que tendrá lugar en diciembre de 2018 en Katowice (Polonia). No obstante, el próximo 12 de diciembre, cuando los mandatarios que hacen parte del Acuerdo se darán cita en París, para reafirmar el compromiso adquirido en 2015, será una ocasión propicia para darle un nuevo impulso a la ímproba tarea de su implementación.
Y no es para menos, dado que, como lo sostiene la Directora de Visión de Transforma y asesora sénior de la Misión 2020 Isabel Cavelier, estos tres años venideros son críticos porque “la ciencia ya nos ha dicho que en 2020 la curva global de emisiones tiene que empezar su declive hasta llegar a cero en 2050. Si no logramos hacer ese cambio, cerraríamos la ventana de oportunidad para hacer una transición que sea justa, que sea manejable para la economía y que les permita a los ecosistemas adaptarse”
Las principales ONG del mundo que concurrieron a la Cumbre de Bonn se mostraron satisfechos por lo logrado en esta Cumbre, claro está sin dejar de plantear la necesidad de que, además de cumplir el Acuerdo de París, este debe ser más ambicioso para ver de frenar el Cambio Climático. Una de las más críticas, como es la WWF, reconoció y destacó a través de un comunicado oficial de la misma el haber logrado “sentar las bases para aumentar la ambición en la lucha contra el Cambio Climático hasta 2020 y más allá” . Se trata ahora de “consolidar estos avances” en la próxima Cumbre. Han resaltado también los acuerdos alcanzados en “cuestiones críticas” tales como las acciones a acometer por parte de los países desarrollados hasta 2020, con miras a detener para entonces el aumento de las emisiones de GEI, amén de la inclusión del enfoque de género y la inclusión de las comunidades indígenas en la agenda de la lucha contra el calentamiento global. No obstante, para otra ONG muy sería, como lo es Oxfam, con la COP23 se consiguieron “muy pocos progresos” y consideran como su “mayor decepción” el poco avance en la negociación en torno al “apoyo financiero” prometido a los países en vías de desarrollo para el resarcimiento de los daños y perjuicios causados por el Cambio Climático, cuyos mayores responsables son los países desarrollados, empezando por EEUU, el segundo mayor emisor de GEI a la atmósfera, después de China y, de lejos, el mayor contaminador per cápita del mundo. En todo caso, la ausencia de los EEUU no se notó, no hizo falta, pues, como lo atestigua Isabel Cavelier “el mundo ya superó el anuncio de Trump, esto sigue avanzando” . Como diría el escritor Jorge Zalamea, no hay tiempo que perder, hay vidas por ganar”!

Bogotá, noviembre 20 de 2017
www.amylkaracosta.net


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