Sep 21, 2020 Last Updated 6:05 PM, Aug 31, 2020

HOMENAJE A AMYLKAR ACOSTA

Categoría: 2002
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Discurso pronunciado por expresidente de la Corte Constitucional
doctor Fabio Morón Díaz, en el homenaje nacional al senador Amylkar
Acosta Medina que se llevo a cabo el 1 de febrero en Riohacha, con la partici-pación de los diversos gremios, económicos, cívicos, religiosos, universitarios, políticos y en el cual se produjo el lanzamiento del libro “Itinerario de un Se-nador” Amylkar Acosta Medina, 1991-2001 de Pepe
Palacio Coronado, con prólogo del doctor Horacio Serpa Uribe.

 

HOMENAJE A AMYLKAR ACOSTA


Señores:


En Riohacha, la tierra natal de ese gran abanderado del liberalismo que fue Luis A Robles, nos reunimos para rendir este fervoroso homenaje na-cional a Amylkar Acosta, quien por sus ideas y ejecutorias ha venido for-jando paso a paso, la imagen de un autentico líder, representativo de la costa atlántica, pero con connotaciones de político y hombre de estado, que ha servido con igual devoción y denuedo, los mejores intereses de la nación.

A través de las diversas épocas, el costeño ha sido un protagonista de la historia colombiana. Es cierto que históricamente, la costa ha sido una región abandonada, pero fecunda para aportar grandes episodios en la vi-da de la Nación. Aún desde antes de constituirse la República, la Costa aparece con una misión fundamental, en el papel que desempeñaron ciudades como Cartagena y Santa Marta en la época de la vida colonial. Y cuando surgen los días augurales de la independencia, son los patricios en Cartagena, Santa Marta, Mompos y Riohacha los que encabezan los más legítimos movimientos de la autonomía de la República. Por eso baste recordar, en un rápido recorrido, lo que representan como valor histórico nombres como los de Fernández de Madrid, García Toledo, García del Río, los hermanos Piñeres, Pedro Romero, y el Almirante José Prudencio Padi-lla, entre tantos próceres ilustres. Y junto a ellos, ya en plena historia re-publicana, como político y hombre de Estado, una figura como la de don Rafael Nuñez, cuyo pensamiento y acción alcanzaron tanta presencia en la vida nacional. Y en el campo de la ciencia, las letras y las artes, lo que representan nombres como los de Luis Eduardo Nieto Arteta, Luis Carlos López, Diógenes Arrieta, Domingo López Euscarriaza, Héctor Rojas Herazo, Enrique Grau, Alejandro Obregón, Darío Morales y la gran estrella del Premio Nóbel, Gabriel García Márquez.
Pero la Costa, se asoma hoy a los progresos del siglo que apenas em-pieza y merece desarrollarse plenamente en sus potencialidades.

Aquí es donde surge, para fortuna de su pueblo, el líder. Amylkar Acos-ta, desde su juventud, sintió la vocación premonitoria del liderazgo. Su formación académica, severa y profunda, lo afirmó en la conciencia de sus deberes. La profesión de economista fue la herramienta eficaz para acercarse a los reales problemas de su tierra y su gente, que lo llevó también por sus pasos contados a forjar una concepción política comprometida con los problemas sociales. La suya no es, pues, la formación teórica de quien se queda en los planteamientos abstractos, sino la del análisis en profundidad de los problemas socioeconómicos, contextualizàndolos, para lograr el esquema de una política social, que en él tiene a uno de sus ideólogos y políticos paradigmáticos.

Es lo que explica su vasta e incansable producción bibliográfica, en el campo económico, social y político. Es lo que ha alimentado su fecunda actividad en el Congreso, en tal forma que constituye todo un hito de la legislación mas progresista, con auténtico sentido social, pero no sólo para la Costa Atlántica sino para todo el país.
El pensamiento político y social de Amylkar Acosta se inscribe en la más pura interpretación de lo que es la autonomía territorial en la Carta de 1991,según lo ha explorado la jurisprudencia de la Corte Constitucio-nal. La fórmula de don Rafael Nuñez “Centralización política y descentralización administrativa” tuvo una justificación histórica en 1.886 para consolidar la unidad nacional, en la República naciente. Pero la Carta de 1991 plantea un salto cualitativo en este tema, de acuerdo a las necesidades, las realidades, y las ideas de nuestro tiempo. Centralización si, dice la nueva Carta, pero con auténtica autonomía territorial. Por eso hoy estamos bajo un nuevo régimen, que resiste aún mayores desarrollos: Alcaldes y gobernadores elegidos por el voto popular, servicios públicos de educación y salud manejados por las autoridades locales, rentas y regalías propias para las regiones. Y derechos de participación de los ciudadanos en la gestión de las autoridades locales.

Amylkar Acosta, es un político estudioso de las realidades de la Costa. Para el no cuenta la antigua retórica que se alimentaba con la simple ex-posición de generalidades. El se ha encargado en sus libros, sus ensayos, sus discursos en seminarios y en sus debates en el Congreso de la Re-pública de hacer el diagnóstico de los problemas de la región, analizándolos, proponiendo soluciones lógicas y viables o proyectos de ley que luego se han convertido, mediante su eficaz patrocinio, en importante patrimonio legislativo de la nación. Por eso sus planteamientos son firmes y vigorosos en materia de descentralización y autonomía territorial y en materia del desarrollo regional. Pasaron ya los tiempos en que la aspiración de las regiones, y entre ellas principalmente la Costa Atlántica, era la de que la lucha por la descentralización se limitaba a pelearse por las “migajas del presupuesto nacional”. Ahora bajo él marco de la Carta de l.991, es preciso que esa descentralización debe darse en el campo administrativo, financiero y fiscal dentro de una concepción de la autonomía territorial y de la técnica de la planificación regional.


De ahí que se haya preocupado por señalar las ventajas comparativas de la Costa cuyo dominio del mar compara con una autopista de ilimita-dos carriles, sin trancones ni derrumbes como en el caso de las carreteras: sus tierras fértiles, mecanizables, aptas para la agricultura comercial, especialmente de exportación, igualmente ricas en aguas superficiales, las que solo demandan programas de adecuación con el fin de superar los actuales ciclos de inundaciones en invierno y de sequías en verano; el potencial minero es incalculable: asimismo, a pesar del centralismo, se cuenta con una mínima infraestructura vial, portuaria y de comunicaciones, a las que bastaría inyectar algunas inversiones adicionales tanto nacionales como extranjeras. Finalmente el Caribe cuenta con un capital humano que ha demostrado su capacidad de trabajo y de progreso tanto en las empresas localizadas en la región como fuera de ella; en este activo incluye obviamente al archipiélago de San Andrés y Providencia, que a más de su ubicación estratégica posee la inmejorable ventaja de ser bilingüe. Escritos, Pág. 143))
Para todos estos problemas también ha señalado Amylkar Acosta solu-ciones lógicas, racionales, imaginativas: dotar a la región de la necesaria infraestructura vial, portuaria y de comunicaciones y de servicios públicos que permita la instalación de empresas modernas y competitivas; ajustar las políticas macroeconómicas con las actividades de la región, sobre todo orientadas a la producción de bienes transables; financiar el desarrollo con un sistema que incluya la participación de recursos públicos y privados, incluyendo capitales nacionales y extranjeros; aprovechar eficazmente los recursos del Fondo Nacional de Regalías, dándole prelación a los proyectos de inversión regional; luchar por una justa participación de la Región en el Presupuesto General de la Nación; invertir en el capital humano, por el lado de la salud y la educación en todos sus niveles, pugnar y exigir posiciones claves en el Ministerio de Hacienda y en el Departamento Nacional de Planeación y persistir para que los proyectos de mayor sensibilidad regional obtengan el apoyo real y efectivo del gobierno nacional, entre los cuales hay que mencionar la preservación y recuperación de la Sierra Nevada de Santa Marta y del Río Magdalena, la recuperación de la Ciénaga Grande y los proyectos de adecuación de tierras Al reiterar que es preciso mentalizar a toda la población y en primer termino a su clase dirigente, incluidos los gremios, los intelectuales, los políticos, los lideres cívicos y las ONGS, los previene contra los efectos del “síndrome de la luciérnaga”, y destaca como todo ello depende de una base ineludible: el logro de la paz entre todos los colombianos.


Federalismo, descentralización y autonomía regional

En relación con estos temas, Amylkar Acosta tiene un pensamiento claro, realista, positivo y de una gran responsabilidad como político y hombre de Estado. No se puede jugar con posiciones demagógicas o populistas, ni tampoco recurrir a las retóricas artificiales que simplemente halagan los sentimientos del pueblo. La nación tiene ya una franca tradición dentro del contexto histórico, en materia de descentralización, que culmina en la Carta de 1991, cuando se proclama a Colombia como un estado social de derecho, “organizado en forma de república unitaria, descentralizada, con autonomía de sus entidades territoriales, democrática, participativa y pluralista”.

De modo que las banderas federalistas van en contravia de este esquema político que abre tan amplio cauce para el desarrollo de las regiones, sin concesiones a aspiraciones que no tienen “residencia en la tierra”.

Así lo plantea Amylkar Acosta con inusual franqueza: Las regiones no las ha inventado nadie sino que viven como una realidad nacional. Solo el extremo centralismo puede atravesarse en su legitimo desarrollo. Pero lo que se ha logrado y lo que se puede lograr con meritorios instrumentos legislativos, ha propiciado el nuevo concepto de la descentralización con autonomía territorial, que no solo encuentra generoso asidero en la Carta, sino que ha sido avalado en numerosas jurisprudencia de la Corte Constitucional.

Es lo que explica asimismo que a Amylkar Acosta respaldara en su mo-mento los consejos regionales de planeación, Corpes, que constituyeron un gran avance de la economía regional y que tuvo él mérito de insertar nuestra economía en los mercados internacionales.

Así formula sus bien fundamentadas propuestas no sin afirmar antes, “Mi posición sobre el particular es tajante: se requiere con urgencia tramitar el proyecto de la ley orgánica del ordenamiento territorial, con miras a profundizar el proceso de descentralización y autonomía territorial, a la vez que impedir que las fuerzas aun supérstite del centralismo se reagrupen y logren ponerle mas obstáculos al proceso, y, por que no decirlo, involucionar hacia el pasado”.

Para que ello no ocurra propone, además, que la descentralización sea integral, simultáneamente en los campos político, administrativo y fiscal. Es obvio que deberán contar las regiones con transferencias importantes del presupuesto nacional y administrar eficazmente las regalías provenientes de los recursos naturales no renovables y ejecutarlas de acuerdo con sus propias prioridades de inversión. Este proceso de descentralización con autonomía debe llevarse a cabo con sujeción a los principios de la democracia participativa.

Por eso concluye con ejemplar franqueza que “No es necesario instaurar el sistema federal con estados soberanos en lugar de departamentos, como ocurrió en el siglo XIX, cuando este tipo de ensayos terminó en el fracaso. Pero la descentralización y la autonomía deben implementarse cabalmente, entre otras razones, porque así lo propone la Constitución Política. Y agrega que no cree que la constitución de 1991 sea intocable, pero en los asuntos relacionados con el ordenamiento territorial solo estaremos dispuestos a apoyar las reformas que profundicen y perfeccionen el proceso de descentralización y autonomía regional”
Y por eso su nombre encarna estas banderas progresistas de la autono-mía del desarrollo regional, en forma que lo hace líder indiscutible de esta ambiciosa política de transformación nacional.

11 El político nacional

“Piensa como hombre de acción y actúa como hombre de pensamiento” Bergson. Al analizar el periplo vital de Amylkar Acosta me ha venido a la memoria esta frase de Bergson, recogida en una breve pero admirable obra del filósofo francés Jean Guitton.
Porque Amylkar Acosta ha aplicado esta regla ejemplar en su dinámi-ca y fecunda existencia. Basta examinar sus trabajos y afanes en la Uni-versidad, en los Concejos Municipales, en los cargos administrativos, en el viceministerio de Minas, en los numerosos volúmenes de su bibliografía, y en el Senado de la República. Allí está el testimonio de una obra útil, bien pensada, aterrizada, no sólo para el beneficio de su región sino de toda Colombia. Para defender tanto los derechos fundamentales como los derechos económicos, culturales y sociales, el medio ambiente sano, la presencia de las etnias indígenas, en fin, la democracia y la justicia como valores supremos del Estado Social de Derecho consagrado en la Carta de 1991, y que es quizá el más valioso patrimonio con que cuentan hoy todos los colombianos.

Pero es que además de un líder del desarrollo regional, Amylkar Acosta ha desempeñado un importante papel como político nacional, que entre otras cosas ha realizado una formidable tarea de análisis critico en el difícil proceso de las luchas políticas y los graves problemas del orden económico y financiero que ha padecido el país en las ultimas décadas.

A sus numerosos ensayos y discursos hay que agregar esa bien lograda panorámica, que forma el tejido de su libro “Ajuste fiscal y desajuste estructural” publicado en 1999. Allí se encuentran analizados, con prosa clara y fluida, fenómenos económicos como el de la liberación de los mercados, la apertura comercial, la autonomía del banco de la República, la libertad cambiaria, el auge del narcotráfico, la deuda externa, las tasa de interés, la desregulación financiera, la recesión, las medidas del Fondo Monetario, el tabú de la globalización, el fracaso del modelo económico, y lo que el ha bautizado con aguda percepción “el darwinismo social”, como una acusación valerosa contra los resultados catastróficos del neoliberalismo, con la predica elocuente de que ante él hay que luchar por el esquema de un compromiso social, cuyos principios y valores están ínsitos en la democracia participativa y pluralista.

Esta dinámica en la gestión legislativa se destaca por si sola al enumerar los temas y problemas que han sido objeto de sus preocupaciones y ocupaciones, ya como autor de iniciativas o como ponente de proyectos de ley incorporados a la legislación nacional: el establecimiento del voto programático, la creación del Fondo Nacional de Regalías, la Corporación del Río Grande de la Magdalena y el Consejo Nacional de la Política Petrolera. Y la ley 97 de 1993 que reivindico la titularidad del subsuelo de Cusiana, un bien preciado patrimonio nacional debidamente resguardado por la colaboración armónica del Congreso con la ley, y la Corte Constitucional con la sentencia de exequibilidad correspondiente.

Pero a demás como parlamentario de vocación y oficio están sus debates sobre el cierre del Cerrejón Central, la marcha del proyecto hidroeléctrico del Guavio, la crisis del sector eléctrico, Corelca, el manejo de la bonanza petrolera y el de las barcazas de generación eléctrica, analizados también en sus libros y que señalan los triunfos alcanzados por Amylkar Acosta en defensa de los intereses públicos, y en su valerosa lucha contra las diversas formas de la corrupción política y administrativa.


III El conflicto Nacional


Habrá que resolver primero, claro está, el conflicto de la violencia que vive la Nación, desde hace casi medio siglo. Por eso se necesita que estén al frente del Estado, políticos que tengan una visión muy lúcida de este problema y de los que en el orden económico y social padece Colombia. Y que tengan el vigoroso liderazgo que exigen estas difíciles circunstancias. Un liderazgo que no es improvisado ni es el producto de un momento de apremio. Sin duda es el tiempo de la más honda reflexión, pero también de las grandes decisiones políticas. Por eso gente con mérito, carácter y experiencia como Amylkar Acosta tiene tan amplio y cercano porvenir. Cuyo solo nombre tiene un terreno ganado en las justas del combate político, pero con templanza, coraje, transparencia y lucidez que le reconocen hasta sus propios adversarios.


De seguro la solución política negociada aparece ya como un desideratum. Y de seguro también, cuando se haya logrado, ojalà màs temprano que tarde, el acuerdo para la paz, habrá que hacer reformas políticas en la carta de 1991, ya sea por una constituyente, por referendo o por el propio congreso. Ello pertenece a la más elemental lógica. Claro que hay que hacer las reformas para darle justa participación a quienes dejan las armas y aspiran a seguir luchando por sus ideas políticas dentro del marco de las instituciones.
Nadie ha dicho, con algún conocimiento sobre el tema, que la Constitución o las leyes son intangibles. Es obvio que vendrán las reformas, y es racional que ello ocurra. Pero lo que sí he dicho en otras ocasiones, ante respetables auditorios como éste que nos escucha, es que el pueblo colombiano no va a aceptar que haya un retroceso o un desconocimiento de las conquistas y garantías alcanzadas en la Carta de 1991: el derecho a la participación ciudadana, el principio de la soberanía popular, la democracia social, la acción de tutela, las acciones populares, el derecho al acceso a la justicia, el medio ambiente sano, la autonomía de las entidades territoriales, las funciones de control, el control jurisdiccional de la Corte Constitucional, en fin las normas, principios y valores que asegura el Estado Social de Derecho, cuya vigencia solo espanta a críticos que quieren volver hacia atrás el reloj de la historia y que se empecinan en ignorar que estas instituciones instalaron a este país en el siglo XX y en la alborada del siglo XXI. Y allí en la primera fila de esta política insoslayable aparece la figura limpia, honesta, ilustrada de Amylkar Acosta, un líder que a golpe de luchas y trabajos ha trazado el propio perfil de sus merecimientos. Él es también un “vástago de la estirpe de sus propios hechos”, como dijera de sí mismo otro grande del liberalismo.

¿Hacia donde irá ahora Amylkar Acosta?. En el campo de los negocios humanos, los lideres no tienen derecho al descanso. Hay que recordar también aquel concepto de Barthou en el sentido de que los políticos nunca se retiran. Y ya conocemos la índole de la vida y pasión de Amylkar Acosta. Lo que esta por delante es una dura y esforzada brega para la cual Amylkar Acosta tiene las mejores armas y cuenta con los mayores arrestos. Por eso hoy Amylkar Acosta avanza seguro, sereno, impertérrito a la búsqueda de su inescapable destino. Pero no avanza solo: por encima, al lado, y detrás suyo esta su pueblo de la costa caribe, y aun de todo el país que lo rodea con su cálido e incontrastable apoyo. Que lo quiere ver en el lugar adecuado justo y preciso, como campeador de sus ideas y largas luchas populares. No hay lugar ahora para la suerte de los recién llegados. Que para bien de la democracia colombiana las responsabilidades coronen los esfuerzos de los combatientes, es el voto que hacemos los liberales en esta hora critica y difícil. En buen momento este homenaje nacional señala la forma como el pueblo se confunde con su líder. ¡Que más hermoso reconocimiento puede brindar la democracia a quien es un paradigma de sus mejores valores políticos y sociales!.

 

 

 

 

 

 


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