Sep 21, 2020 Last Updated 6:05 PM, Aug 31, 2020

EL ÚLTIMO ADIOS, A UN CARO AMIGO!

Categoría: 2002
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Todo lo que tiene principio, tiene fin. Pues, ha llegado a su fin la parábola vital de un hombre íntegro, de un hombre bueno, luchador denodado, honesto y trabajador.

Estaba escrito en los designios inescrutables de Dios, que a William, nuestro entrañable amigo, debería comparecer ante su presencia y allí ha de estar ya, sereno, apacible, como siempre; anticipándosenos a quienes en vida aprendimos a apreciarlo, a estimarlo y, por sobre todo, a respetarlo. Por que eso inspiraba él, respeto y admiración, por su recia personalidad, por su don de gentes, por su señorío y, en grado superlativo, su lealtad.

La vida es un soplo divino; sólo somos briznas en manos del señor. Cuando venimos al mundo, somos solo un proyecto de vida, inédito, como una hoja en blanco; cada quien se labra su propio destino, lo construye. Eso hizo William; él tomó la vida como misión y no como carrera, convencido como lo estuvo que en la medida en que se evite luchar por un propósito loable, edificante, la vida se torna vacía de contenido. Su vida la consagró al estudio aplicado, al trabajo tesonero, a servir al prójimo con altruismo, sin cálculos, sin esperar nada a cambio; como servidor público, fue diligente, probo, eficaz, transparente; como esposo y padre, fue ejemplar, responsable y cariñoso. Tuve la dicha, la bendición, de contar siempre con su noble amistad y su incondicional apoyo, sin rodeos, sin vacilaciones, sin titubeos, en todas las empresas que acometimos por Colombia, por La guajira, por nuestra gente!

Como dice León De Greiff, “la parca, la muerte, la torva…que se lleva todo lo bueno que entre nosotros topa”. Sí, la parca, la muerte, la torva, se ha llevado de entre nosotros a un caro amigo. Así es el destino, inexorable, y nada podemos hacer por enderezar su fatalidad. Así como los ríos, después de fecundar a su paso la tierra para la labranza, vierte sus aguas al inmenso mar, así también el río de la vida sigue su curso hacia los insondables misterios de la muerte, dejando tras de sí un cúmulo de realizaciones, satisfacciones y sinsabores, que tienen su epílogo en el reconocimiento colectivo, merced a sus méritos y atributos dignos de enaltecimiento. Para William, la vida no pasó en balde; con su modestia, con su sobriedad y templanza, él sembró para siempre en el surco fecundo del corazón de sus amigos, de sus familiares, de quienes tuvimos el privilegio de tratarlo y compartir sus alegrías y sus tristezas, la semilla de una amistad imperecedera.

Dijo Cicerón, a propósitos de los amigos, que “…a despecho de la muerte, ambos(unos y otros) continúan existiendo, mientras uno de ellos permanezca con vida, pues se puede decir que el difunto, en cierto sentido, vive cuando su memoria se presenta con la mayor veneración y la más tierna lamentación en el pecho del que sobrevive, una circunstancia que vuelve al primero feliz en la muerte, y al segundo honrado en la vida”. La muerte no es verdad, cuando nuestras obras y nuestras realizaciones nos trascienden; la vida, después de la vida, se prolonga en la memoria de cuantos en vida hicimos parte y fuimos concurrentes con la suya. La consternación, la nostalgia y la tristeza, se nos anudan en la garganta, al momento de decirle adiós! Convirtamos el dolor en fuerza, para hacer más llevadera esta pena que nos embarga, por el sensible fallecimiento de quien en vida respondía al nombre de William Pimienta Morales. Paz en su tumba!!

Amylkar D. Acosta M


www.amylkaracosta.com

Valledupar, noviembre 12/ 02


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