Nov 20, 2019 Last Updated 4:09 PM, Oct 28, 2019

LA PRECARIZACION DEL EMPLEO

Categoría: 2001
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Colombia adolece de lo que nuestros abuelos diagnosticaban certeramente como complicación de males y que los tecnócratas prefieren catalogar como una falla multisistémica. Pero, entre las innumerables dolamas que le afligen hay una que se ha llegado a constituir en la mayor preocupación para los colombianos, por encima incluso de la violencia y el desempleo,

que por lo aberrante se ha convertido en una verdadera lacra social. Si el Presidente de la República, en trance de candidato a la primera magistratura, en una de sus diatribas contra la administración Samper, denostaba de ésta por "La pésima noticia de que el desempleo llegó al 14.5%, la mayor tasa de desempleo de los últimos trece años, no es sino la confirmación de que las políticas económicas de este Gobierno fracasaron y que, por su culpa, Colombia enfrenta hoy la crisis económica más difícil de su historia reciente" ; qué podemos decir ahora, cuando menos de tres años después de este juicio implacable, esa misma cifra se trepó al increíble 20.5%, la más alta ya no de los últimos trece años, sino del último siglo?

En efecto, los registros del DANE sobre el desempleo son tremendamente reveladores sobre este drama desolador que embarga a más de setecientas mil familias colombianas. Uno de cada cinco colombianos en edad de trabajar no encuentra dónde hacerlo. El aumento del 25.3% en el número de desempleados en los últimos doce meses es brutal. La tasa de desempleo en Colombia es hoy en día el más alto del continente y rebasa con creces el promedio en América Latina, que frisa el 8.6%. El episodio del 19 de septiembre de 1.999, cuando más de 6.000 colombianos, muchos de ellos profesionales, se agolparon frente a las instalaciones de la EAAB, para disputarse 30 plazas para limpiar alcantarillas, pone de manifiesto la exasperación y la desgracia que invaden a tantos colombianos frustrados, ante la imposibilidad de devengar un ingreso digno. El desempleo constituye una bomba de tiempo que puede estallar en cualquier momento, con consecuencias imprevisibles. El éxodo masivo de colombianos a otros países (según los registros de la División de extranjería del DAS, cerca de un millón setenta mil colombianos abandonaron el país entre 1.996 y el 2.000, es decir, algo así como toda la población de Barranquilla), se ha constituido en la válvula de escape para muchos que se han visto compelidos a optar por esa vía; de la misma manera, el desplazamiento tumultuoso desde las zonas rurales hacia los centros urbanos (según CODHES, sobrepasa los dos y medio millones de personas, casi el 7% del censo poblacional), tiene su causa primigenia en la ruina del campo que los expulsa, exacerbada sí por la espiral de la violencia que lo asola.

LA CATÁSTROFE DEL DESEMPLEO

Lo más grave del desempleo es que la tendencia es a su agravamiento, sin atenuantes, pues la tasa de ocupación que pasó entre el año 1.999 y el 2.000 del 50.6% al 51.5% va a la zaga de la tasa de participación, que ascendió del 63.3% al 64.8% en el mismo intervalo. Hay quienes piensan que el incremento del desempleo se debe en gran medida a esa mayor tasa de participación, cuando es todo lo contrario: la mayor participación obedece a la presión que ejerce sobre ella el mayor desempleo, cuya crítica situación empuja a un mayor número de mujeres y jóvenes a buscar empleo. Así "Las familias con desempleo aumentaron su oferta laboral 4 veces más fuertemente que aquellas sin desempleo, el 21.3% de las familias mandó más miembros al mercado, interrumpiendo muchos de ellos sus estudios y el 24.8% puso a su gente a trabajar más horas" . Los resultados de una encuesta reciente confirman el aserto anterior: el 21% de los hogares con desempleados aumentaron su participación laboral, contra el 5% en aquellos donde no había desempleo.

Según proyecciones del propio Gobierno, con un crecimiento del 3.8% (en las mesas de trabajo planeación dijo 4.9%) del PIB apenas sí se alcanza a neutralizar el mayor aumento del desempleo de un año a otro y esa es justamente la meta convenida por el Gobierno con el FMI para el 2.001, por lo que no es dable esperar, a corto plazo, una mejora de dicha situación. Cada año trescientos mil colombianos más engrosan las filas de quienes demandan trabajo, de modo que solo el crecimiento sostenido de la economía por encima del 5% del PIB, podría ofrecer salidas a esta calamidad. Según la Misión Chenery, contratada por el ex Presidente Betancur a principios de la década de los 80, para que hiciera un diagnóstico sobre el desempleo en Colombia, advierte que si se quiere alcanzar una tasa de desempleo de un solo dígito, es necesario que la economía crezca más allá del 6% (me parece que era 7%). Así como los registros del DANE sobre el índice de desempleo inspiran desconfianza por sus malabarismos metodológicos y el maquillaje de las cifras, las proyecciones del DNP ya no son confiables, no acertó el año anterior, y en el año 1.999 modificó sus proyecciones sobre el crecimiento del PIB en tres ocasiones. Por eso, ahora que se anuncia por parte del Jefe del DNP, Juan Carlos Echeverry, que "La economía colombiana crecerá a una tasa de 4% en el 2.001" , su pronóstico se recibe con reservas, más aún si para obtenerlo el mismo advierte que "... la inversión privada del año 2.001 debe crecer a una tasa cercana al 30%" . Ya, a finales del año anterior, se presagiaba que el desempleo no cedería en el año 2.001, puesto que "De acuerdo con la encuesta trimestral que realiza el Banco de la República, el 54% de los empresarios manifestó que para el primer semestre del próximo año tiene previsto mantener constante su planta de personal, el 26% cree que la disminuirá y apenas el 15% respondió que la aumentará" . Pero, el voluntarismo del Presidente Pastrana no conoce límites y lo llevó a apresurarse a cantar victoria; tenemos, dijo, "... una economía reactivada, las exportaciones han venido creciendo, hemos venido trabajando de la mano con el FMI, que ha dado plena aprobación a la gestión económica del Gobierno" .

CRECIMIENTO ECONOMICO
(Variación Porcentual anual del PIB real)

INVERSION PRODUCTIVA Y CRECIMIENTO ECONÓMICO


Fuente: DANE y DNP

Por lo visto, la euforia presidencial no corresponde al curso de los acontecimientos. El Gobierno se empeña en hacerle creer al país, que estamos en plena reactivación, cuando ésta es incipiente y lejos de consolidarse, perdió fuerza en el último trimestre del año anterior y desde entonces viene perdiendo impulso y fuerza. A despecho de las conjeturas del Gobierno, se han encendido todas las alarmas, la economía se contrajo sensiblemente en el cuarto trimestre del 2.000 con respecto al trimestre anterior y puso a patinar a la débil recuperación. La industria estaba creciendo al 14% a mediados del año anterior, en noviembre bajó al 11% y cerró el último trimestre en el -0.4%, con un leve repunte del 5% en enero y un 2.9% en febrero; o sea, que el crecimiento industrial bajó de un ritmo del 14% al 3%, con un cero en diciembre, poniendo de manifiesto una preocupante desaceleración, aunque el Ministro Santos siga pensando con el deseo, divagando con que “No hay motivos para esperar una desaceleración. Creemos que es algo coyuntural y no estructural, porque los fundamentos macroeconómicos marchan bien. Seguimos bajando las tasas, cae la inflación...” .

Cabe advertir que el crecimiento del año 2.000 (2.8%) fue insuficiente para compensar el desplome del año anterior (-4.3%); la demanda doméstica que había caído 1% en 1.998 y cerca del 8% en 1.999, creció levemente, entre 2% y 3% en el 2.000, un 7% por debajo del año 1.997! El comportamiento industrial presenta signos encontrados, pues mientras las ventas del sector industrial cayeron en el primer bimestre 0.7%, la producción aumentó 1.9%, cuando el año pasado en el mismo ciclo aquellas y ésta crecieron más del 10%; la actividad constructora nada que despega, a pesar del espejismo de las licencias de construcción. El propio renglón exportador, motor del crecimiento el año anterior, flaqueó, terminó mal el año anterior y empezó peor el 2.001.

Dado que “la demanda interna no responde, por ello el crecimiento ha estado basado en las exportaciones y sustitución de importaciones” y si éstas fallan todo se complica. El rubro de las exportaciones, que mostró tan buen comportamiento el año anterior, tuvo un comportamiento mediocre este primer trimestre, registrando un descenso en febrero de 9.57% respecto a igual mes del año pasado, por lo que se teme una recaída, aún en las exportaciones no tradicionales, cuyo crecimiento anual cayó estrepitosamente de 25% el año anterior a 11% en febrero del 2.001. El consumo de energía bajó sensiblemente; aunque el DNP, peleando contra las cifras, se empecina en sostener que tuvo un "repunte" en marzo de 3.2%, lo que sería una muy buena señal; según ISA, que es la fuente primaria donde se generan tales registros y en consecuencia es más fiable y creible, tal crecimiento fué de solo 2.01%, el acumulado anual fué de 2.33% y el de los últimos doce meses 1.87%; por lo que es fácil concluir, según ISA, que la demanda empezó a declinar en el mes de febrero, con el 2.10%. El comercio sufrió un bajonazo y la cartera del sector financiero sigue de capa caída; en fin, el año comenzó flojo. Por si quedaran dudas, la utilización de la capacidad instalada cayó y se ubicó en el 67.1%, cuando a mediados del 2.000 estaba en el 82.3%. Por todo lo anterior, se prevé que, a lo sumo, la economía crecerá el 3% este año, aunque para el Director de Prospectiva Económica, Javier Fernández Riva, su proyección es del 2.8%; muy alejado del 4% oficial, que muy pronto tendrá que ser revisado a la baja, ya que, como lo afirmó ANIF, en su Informe Semanal, dicha meta "es prácticamente inalcanzable", así diga el Director del DNP que "La meta de crecimiento del 4% no es loca" . De hecho, ya para el último trimestre del año anterior la tasa anualizada de crecimiento se había contraído a un 2.1%, después de haber alcanzado su clímax del 3.5% durante el segundo trimestre del mismo año.

Entre las razones que se han identificado para este abatimiento de la economía, se destacan, entre otras: los efectos de la reforma tributaria, tan inoportuna como contraproducente, decretada el año anterior; la escalada terrorista, que no da tregua; la restricción del crédito y, finalmente, la aceleración del ritmo de la devaluación, que en el primer trimestre de este año ya alcanzó el 7% y, de seguir subiendo a esa tasa, la devaluación podría llegar al 15.4% este año, muy por encima de la proyección oficial (8%), afectando seriamente el índice de precios al productor (IPP), con grave detrimento del margen de rentabilidad, dada la asimetría con el comportamiento del índice de precios al consumidor, con tendencia a la baja. El efecto de la devaluación es doble para el productor; por un lado se encarece el servicio de la deuda externa, cuyo monto, para el caso de los privados, asciende a los US$13 mil millones y también los equipos e insumos importados.

Como agravante tenemos que las perspectivas de crecimiento de la economía mundial no son tan optimistas como las del año anterior, el F.M.I que había previsto en septiembre del año pasado un crecimiento del 4.2% para el año 2.001, seis meses después bajó su pronóstico a 3.4%, tras un crecimiento de 4.8% en el 2.000. Es el caso patético de la economía norteamericana, que se encuentra recalentada, luego del estallido de la “burbuja” de la tecnología, lo cual ha determinado su ralentización, de tal suerte que la proyección del crecimiento de su economía para este año, según el F.M.I es de apenas 1.3%, la tercera parte del crecimiento de su PIB el año anterior, derrumbándose estrepitosamente el mito de la "Nueva economía", definida como aquella que no conocía los ciclos económicos, con lo cual se revaluaban los viejos principios de la economía. Con su caída la economía estadounidense arrastra consigo los precios de los productos primarios en la lonja internacional, se reducen los pedidos, al tiempo que se restringen las inversiones en tecnología y el crédito internacional al sector privado. Las inversiones en acciones de tecnología perdieron su encanto; en un abrir y cerrar de ojos, en menos de lo que canta un gallo, muchas riquezas se han esfumado. Quedó ahora demostrado que la economía capitalista sigue teniendo sus flaquezas y debilidades, que aún la economía más poderosa del mundo se resiente y que resulta impensable el crecimiento incesante de la economía, por más ventajas que le saque al endriago de la globalización. Después de una década de continua expansión, una oleada de pesimismo invade a las bolsas de Tokio y Nueva York y los índices Nikkei y Dow Jones se desplomaron y están por el suelo, con pérdidas que sobrepasan el 70% del valor máximo alcanzado por los mismos, amenazando con extender sus efectos deletéreos no solo a las acciones tecnológicas, sino a aquellas que representan a la banca y a las compañías más tradicionales de los E.U, como la Philip Morris, beneficiarias de la bonanza pasada, ahora presas de la misma volatilidad, por lo que hay un gran nerviosismo y se espera con ansiedad que surta efecto el poder taumatúrgico de Greenspan, Secretario del Tesoro de los E.U., reduciendo las tasas de interés, para ver de conjurar la desaceleración, reanimar la descaecida economía norteamericana y evitar el colapso del mercado. Solo que, esta vez, ya se le empieza a perder el respeto al hierático señor Alan; ha resultado demasiado predecible y lo han empezado a manosear. Hasta el 20 de marzo la economía norteamericana se movía al conjuro de este Chairman, bajando la tasa cuando se trataba de reactivarla y subiéndola, en caso contrario; ahora resultaba demasiado predecible, por lo que el impacto psicológico de sus anunciadas medidas resultaba sumamente limitado. Su anuncio, de bajar solo medio punto en la tasa de interés, situándose ésta en el 5%, causó desencanto e insatisfacción en los mercados financieros, que ya la habían descontado anticipadamente; ellos le apostaban, más bien, a que la baja fuera de tres cuartos de punto. Michael Murphy, editor del Boletín de Acciones tecnológicas de California no oculta su decepción: “Greenspan es un gradualista. Siempre da el paso que se espera de él, sin dar sorpresas...”. Por su parte el reputado analista Galbraith conceptúa que la acción correctiva de Alan Greenspan es inadecuada e insuficiente. Es decir, dejó a todos descontentos. Incluso, se le empieza a atribuir su cuota de responsabilidad en los recientes acontecimientos, pues de la misma manera que contribuyó la FED al auge de la tecnología al mantener artificialmente las tasas de interés a la baja durante casi toda la década de los 90, a pesar de la decreciente tasa de desempleo y al alza persistente del Nasdaq, después coadyuvaría a reventar la “burbuja”, al elevar las tasas de interés, recurrentemente, el año pasado. La última baja en la tasa, dispuesta por la FED este miercoles, por segunda vez en el año fuera de una de sus reuniones, aunque imprevista, causó un efecto contrario al esperado, pues ha alertado a los pesimistas en Europa, ya que el feeling de éstos es que dicha medida se toma por que la situación de la economía norteamericana es más crítica de lo que pensaban y se hacen la preguna: "La FED sabe algo que nosostros ignoramos?".

Esta caída ha precipitado una de las mayores desaceleraciones de todos los tiempos, desde una tasa de crecimiento anual del 6% a mediados del 2.000, hasta casi cero en estos momentos. El efecto es mayúsculo; en una economía de US$10 billones, la diferencia es de US$600.000 millones. Preocupa más aún, el que las perspectivas de una rápida recuperación económica “en forma de V”, de un repunte rápido y fuerte tiende a descartarse. Cuánto durará este declive de la economía norteamericana?

La respuesta depende de una vuelta al círculo virtuoso de inversiones en alta tecnología y la consiguiente mayor productividad o del afianzamiento del círculo vicioso que provoca la racionalización de gastos, al cambiar la actitud del consumidor al ver reducido su patrimonio personal, merced a la perdida de valor de sus ahorros, representados en acciones, sin la perspectiva de recuperarlo. Esto es tanto más cierto, en la medida en que una de cada dos familias en los E.U es propietaria de acciones; éstas representan un 20% del total de los activos familiares; por ello la confianza del consumidor está en el punto más bajo en más de cuatro años.

“Para América Latina es de vital importancia que el ciudadano americano consuma y recupere la confianza en la economía de su país. De lo contrario, no seríamos capaces de sostener el ritmo de crecimiento de nuestras exportaciones hacia los E.U, que se triplicaron en los últimos diez años...” . Dado que, el Gobierno ha fincado las esperanzas de la reactivación en el sector exportador, aupado como lo ha estado por la coyuntura de precios internacionales de nuestros principales renglones de exportación, por una tasa de cambio competitiva y por incentivos tales como el CERT, amenazado este último con su supresión; en la medida en que decae el ritmo de crecimiento de la economía mundial y en particular la estadounidense, destino del 50% de nuestras exportaciones, ello habrá de repercutir negativamente en su sector externo, el cual viene jalonando la actividad económica. La consigna del Gobierno ha sido la de "exportar para crecer", pero lograrlo amerita mucho más que buenos deseos.

Ya se sabe que la caída de la economía de los Estados Unidos, afectará a la de América Latina, con una reducción de su crecimiento de 0.5% en el 2.001. La región ya ha empezado a sentir la presión. El impacto de la crisis no se hace esperar; América Latina está en la cuerda floja. Para México, la economía más dinámica de Latinoamérica, sus exportaciones a los E.U constituyen el 25% de los US$572.000 millones del PIB del año anterior. Si en el 2.000, el crecimiento de la economía latinoamericana fue de 3.3%, este año volverá a caer por debajo del 3% cuando la meta inicial era de 5%, como consecuencia de la desaceleración de la economía de los E.U y el pobre desempeño del PIB del Japón, que se pronostica en el 1% solamente, dado que el 70% de sus exportaciones corresponde a ventas de materias primas con muy bajo contenido tecnológico.

Esta adversa circunstancia se podría contrarrestar, así sea parcialmente, en la medida en que prosperen las gestiones que, con insólita tardanza , viene haciendo el Gobierno en procura de obtener de los E.U. la prórroga y, lo que es más importante, la ampliación de los beneficios del ATPA a renglones tales como los textiles, el cuero y las confecciones o, en caso contrario, lograr la paridad con las preferencias del CBI, otorgado a los países de Centroamérica y el Caribe y del cual fue excluido Colombia por el embeleco del Plan Colombia . Ahora, la promoción del boicot en los E.U a los productos colombianos amenaza con aguarnos la fiesta; cada vez cobra más fuerza esta iniciativa, como una forma de presionar al Gobierno para que haga algo para detener la avalancha de asesinatos de sindicalistas en Colombia, poniendo en grave predicamento la eventual prórroga y extensión del ATPA, en beneficio de sus exportaciones al mercado estadounidense. Colombia no debe temer promover un nuevo Consenso, ahora que se revive el G-3 y la Comunidad Andina, relegados desde hace rato en la trastienda, para así lograr una mayor sinergia en el proceso de negociación del ALCA, como respuesta de Latinoamérica a la crisis del Consenso de Washington, por cuenta del cual ha tenido una nueva década perdida!

Pero preocupa aún más saber que, aún en la eventualidad de que se cumplieran los alegres pronósticos gubernamentales de crecimiento de la economía, el flagelo del desempleo nos acompañaría por un largo rato. La conocida hipótesis de histéresis o alta persistencia del desempleo, pese a la reanimación de la economía, determina que una proporción importante del desempleo cíclico se convierta en desempleo de largo plazo; de allí, la asimetría en el comportamiento de la tasa de crecimiento con respecto a la tasa de desempleo en las distintas fases del ciclo económico. Ello explica la aparente paradoja del crecimiento espectacular de la producción industrial hasta el tercer trimestre del 2.000, al 11.5%, después de una impresionante caída del 18% en el 99, al tiempo que el empleo industrial decreció en un 2.7%, ya que por cada nuevo ingreso al mercado laboral, hay siete que corresponden a quienes perdieron el empleo. Aumentos en la productividad, la reingeniería en las empresas, la reestructuración en las mismas, procesos de "downsizing", están en la base de la explicación de dicho fenómeno; conceptos y técnicas que les permiten más o lo mismo y con mejor calidad, con un menor número de trabajadores.

Los desempleados no solamente han aumentado en números absolutos, sino, lo que es más grave, en el tiempo de búsqueda infructuosa del trabajo. Si en 1.996, el 44% del desempleo era de larga duración, entendido éste como aquel que sobrepasa los seis meses, ya para 1.999 era el 56.4%. Entre tanto el empleo temporal, durante ese mismo lapso, pasó del 18% al 26% y el subempleo del 17.3% al 28.3%. Los trabajadores son despedidos cada día en mayor número y en su reemplazo se engancha personal nuevo de salario mínimo legal; un 33% de la fuerza laboral del país está rotando cada año, el número de trabajadores temporales excede el millón y la antigüedad en el sector privado está apenas en cuatro años, promedio. Pareciera que estos infortunados colombianos tuviesen su suerte echada, pues para ellos las oportunidades les serán más esquivas hacia el futuro, dado que mientras más tiempo dura una persona desempleada, menor es la probabilidad de encontrar un trabajo y más cerca está de caer en la senda del subempleo, que para muchos no pasa de ser más que la actividad del rebusque, como una forma de desempleo disfrazado.

 

EL SUBEMPLEO O LA ECONOMÍA DEL REBUSQUE

Perder el empleo, para hacer parte de las legiones de subempleados, es como salir de llamas para caer en las brasas. Según el DANE, se considera como subempleado aquel que no ha trabajado por lo menos una hora en la semana; es decir, que quien haya trabajado siquiera una hora la semana anterior a la aplicación de la encuesta, deja de ser desempleado, para convertirse por arte de birlibirloque en subempleado. El DANE, en su afán de minimizar el alarmante índice de desempleo, ha recurrido a la treta de clasificar las razones esgrimidas por los desocupados para permanecer en la condición de tales, entre válidas y no válidas. En las razones válidas militan aquellas que evidencian claramente que el problema es atribuible al mercado y no al trabajador cesante o aspirante a una plaza; en las no válidas, aquellas que inculpan al propio desempleado. Con este subterfugio, se descartan cerca de 200 mil personas que, a pesar de no haber conseguido un trabajo, continuaban desempleadas en el momento de responder la encuesta y cuyas razones son consideradas no válidas; por tal razón los dan de baja en las estadísticas de desocupados, para engrosar la de los llamados inactivos, que no ejercen presión alguna en el mercado laboral. Según los resultados de las encuestas en las trece principales ciudades del país, el subempleo se situó en el escalofriante 31%. Es decir, que si sumamos a la tasa de desempleo la del subempleo, más del 51%, es decir, casi 10 millones de colombianos en edad de trabajar, llevan una vida indigna y menesterosa, porque o no trabajan o medio trabajan. El escalamiento del subempleo es atortolante, pues si el año anterior 20.6 de cada 100 se reportaban como subempleados ya en febrero de este año son 31! El subempleado se mueve en el mercado de la informalidad laboral, lo cual incide en su desprotección tanto desde el punto de vista asistencial, como en el aspecto prestacional, con grave detrimento de la remuneración de su trabajo y de sus ya precarias condiciones de vida. Una proporción cada vez más significativa de los subempleados son educados, mientras el 50.8% tiene bachillerato, el 12% ostenta educación superior. Así, lo que para las estadísticas solo cuenta como una cifra afrentosa, para un número cada vez más abrumador de colombianos constituye una tragedia sin par.

Cada vez son más los que caen en la desgracia de contarse entre los desempleados o subempleados, por la tendencia sostenida que acusan las estadísticas. No es extraño, entonces, que la opinión de los colombianos sobre el Presidente haya caído tan bajo, ya que "La aceptación del Presidente Pastrana entre los colombianos cayó en el último semestre a 21%, el punto más bajo desde que comenzó su mandato en 1.998... Según Gallup, la popularidad del Presidente perdió un punto en relación con el trimestre anterior, situación que expertos de la misma firma atribuyen a los 'pobres resultados en los campos de la economía y el orden público'" . En la más reciente encuesta de opinión sobre el desempeño del Presidente Pastrana , el mayor descalabro del Gobierno resultó ser el manejo del desempleo, con el 87% de desaprobación y solo un11% lo aprueba! Es tal el grado de preocupación y desconcierto de la opinión, por los estragos causados por el flagelo del desempleo, que la más reciente encuesta de opinión realizada por el Centro Nacional de Consultoría, arrojó como resultado que la percepción de los colombianos sitúa al desempleo como el mayor de los problemas del país hoy en día(45%), muy por encima de la execrada violencia e inseguridad(19%)!!

El desempleo y el subempleo golpea con particular rudeza a los jóvenes, a las mujeres y a los pobres; ellos son los que llevan la peor parte de este drama cotidiano de la realidad colombiana. Cuando la desagregamos, la tasa de desempleo de las mujeres entre los 18 años y los 24 es del 43%; entre los hombres de esa misma edad es del 31.1% y ambas tienden a subir. Según Rudolf Hommes, uno de los dómines del neoliberalismo "El desempleo en los niveles más bajos de ingresos es superior al 30% en el caso de los hombres y al 40% en el caso de las mujeres. En los niveles de ingresos más altos el desempleo es una décima parte del anterior, tanto para hombres como para mujeres" . Hugo López, economista experto en asuntos laborales es más crudo, al afirmar que "Solamente entre los jóvenes de los hogares más pobres, el desempleo alcanza un escandaloso 60%". Resulta aún más exasperante comprobar el enorme impacto del desempleo entre los hombres y mujeres cabeza de hogar, al pasar del 3.8% en 1.997 al 7.5% en el 2.000, en el caso de los hombres y del 5.5% al 11.59%, en el mismo lapso, en el caso de las mujeres. Este desempleo es el más dañino por que su repercusión en el ámbito familiar es aún mayor y de contera ejerce una mayor presión sobre el mercado laboral.

TASA DE DESEMPLEO Y SUBEMPLEO
Siete Principales Areas Metropolitanas
EL EMBELECO DE LA FLEXIBILIZACIÓN LABORAL

Siempre que se revelan las aterradoras cifras del desempleo, se levanta una polvareda y se cuestiona la inacción y la desidia gubernamental por parte de analistas y expertos en el tema, muchos de ellos coincidentes en que la única salida que le queda al país para superar esta pesadumbre es la flexibilización laboral. Por su parte, el Gobierno no acaba de ponerse de acuerdo consigo mismo, pues está compartimentado, cada ministerio es una ínsula y para rematar, en los tan frecuentes cambios de gabinete, cada cambio de Ministro es como si hubiese un cambio de gobierno y esto ha conllevado a una falta de política, a una falta de coherencia y de continuidad en sus propósitos y así hemos venido de tumbo en tumbo, sin un norte definido, echándose de menos una línea de acción.

Cabe recordar que, hace dos años, el Presidente de la República conminó a su gabinete "para ponerle carne al Plan de desarrollo" y les fijó a sus ministros un plazo perentorio de diez días calendarios "para concebir, diseñar y proyectar 16 estrategias para generar empleo, uno por cada cartera", como si se tratara de soplar y hacer botellas. Desde luego, todo quedó en promesas, en vísperas de mucho y día de nada, más fue la bulla que la cabuya! Por eso, los tan publicitados anuncios de planes de choque por parte del Gobierno, caen en el vacío y ya nadie les da crédito; como al pastorcito mentiroso, al Gobierno nadie le cree y por eso, la gente sigue sumida en la incertidumbre y la desazón, la cual se revela descorazonadamente en las encuestas de opinión, que muestran cómo para el año 2.000, el 79% de los hogares manifiesta pavor a quedar sin empleo. Por su parte, el diario de los Santos se muestra escéptico ante los devaneos del Gobierno, al afirmar que "... los planes de choque contra el desempleo han perdido ya su eficacia, incluso como cortina de humo. El Gobierno debería coger el toro por los cuernos, explicar a los colombianos la durísima realidad que afrontamos en esta materia, convocar de veras al país para intentar aplicar remedios y abandonar toda demagogia al respecto. De no hacerlo, seguirá generando frustración y falsas ilusiones" .

Una vez más se anuncia por parte del Gobierno un paquete de reforma laboral, encaminado a flexibilizar dicha legislación, pues coincidente con muchos de quienes ofician de talibanes del dogma neoliberal, que propende por la desregulación a ultranza, tendiente a sortear los inconvenientes planteados por "una legislación laboral rígida, que crea informalidad y destruye capital humano al hacer inservible al trabajador que deja su puesto"

La política de la flexibilidad laboral hace parte del ya desacreditado recetario del FMI, que prescribe siempre la misma medicina, sin importar cuál es el mal que se ataca. Desde el consenso de Washington, se pregona, como si fuera una verdad revelada, que el gran culpable del desempleo son las rigideces y por ello sus epígonos propenden por un mercado laboral libre, como el de cualesquier otra mercancía, regulado únicamente por las fuerzas ciegas del mercado, tanto nacional como internacional. Esta tesis alcanzó su clímax durante los gobiernos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher. De este modo "La sociedad moderna eleva sacrificios a la pureza del mercado, de la misma manera como algunas tribus elevaban sacrificios humanos para calmar las iras de los dioses o para recibir su benevolencia" . Tal propuesta no resiste un análisis serio, pues los econometristas, con su obnubilación por el mercado, que los enceguece, desafían la apreciación de las sutilezas de sus fundamentos teóricos y, sobre todo de las condiciones que requiere dicho mercado para que funcione como en los libros.

Robert Solow demuestra que el comportamiento de las curvas de Beveridge - que según el distinguido economista son la mejor medida del grado de rigidez - no respaldan la hipótesis que establece una relación directa entre la tasa de desempleo y la inflexibilidad del mercado de trabajo. Contrariamente a lo que se sugiere, países como Suecia, Dinamarca y Francia, con una estricta y exigente regulación laboral, alcanzaron en 1.997 tasas de desempleo mucho más bajas que las de Norteamérica, en donde prevalece la flexibilidad laboral; lo propio puede afirmarse de Noruega, Luxemburgo, Irlanda y Austria, con mercados altamente regulados, en contraste con la Gran Bretaña, en donde el thacherismo se empeñó en flexibilizar el mercado laboral, reducir la política de protección social al trabajo y redujo a la impotencia el enorme poder de los sindicatos. Y, de contera, la productividad en la Unión Europea, con su mercado laboral regulado, es superior a la de Norteamérica, en donde está completamente desregulado. Además, la evidencia empírica en Colombia tampoco la confirma.

Precisamente, la expedición de la Ley 50 de 1.990 apuntaba al propósito de flexibilizar la legislación laboral en Colombia y se calcaron al carbón las medidas implementadas en otras latitudes para el efecto y se planteó, en la exposición de motivos de la misma, que ella respondía a los requerimientos del reajuste estructural para "adecuar los principios y normas laborales, establecidos en el ya desueto Código de 1.950, a la realidad contemporánea y a la modernización e internacionalización de la economía". Se buscaba, entre otros fines, flexibilizar el régimen de contratación, la regulación del trabajo temporal, la eliminación de la llamada retroactividad de las cesantías, la suspensión de la pensión-sanción mediante el incremento de la indemnización por despido después de 10 años. Al cabo de los diez años de vigencia de dicha Ley, cabe preguntarse si estamos mejor hoy que antes de la entrada en vigor de la Ley de marras. Los resultados saltan a la vista. De acuerdo con el Panorama social de la CEPAL 2.000-2.001, el 4.1% de la población ocupada en Colombia corresponde a patronos o empleadores, cunde la informalidad y con ella la precarización del empleo.
Una publicación especializada en los temas económicos, muy seria y de insospechable imparcialidad, como lo es Portafolio, editorializó recientemente sobre este particular e hizo unas reflexiones, que bien vale la pena traerlas a colación. Veamos: "En el excelente simposio organizado por el Banco de la República para analizar el problema del desempleo, con la participación de distinguidos académicos nacionales e internacionales, se dijeron muchas verdades importantes, pero también se expresaron otras opiniones sobre las causas de este flagelo que, a fuerza de repetirse, han llegado a ser consideradas ciertas, cuando en realidad no lo son...En cuanto a los lugares comunes que repiten muchos académicos, nos preocupa que se conviertan en políticas contra el desempleo que, por buscar el ahogado río arriba, no van a solucionar el grave problema que enfrenta el país. Unos ejemplos ilustran esta preocupación. En primer lugar, la opinión según la cual la inflexibilidad del mercado laboral colombiano es la causa del desempleo, de la cual se derivan propuestas de reformas laborales para combatir el problema. No tenemos el arsenal empírico ni teórico de los premios Nóbel que comparten esta visión, pero sí nos atrevemos a confrontarla con dos hechos elementales: en 1.994, el desempleo en Colombia era inferior al 8% y las normas laborales eran igual o más inflexibles que las actuales, de manera que no existe ningún fundamento lógico para atribuir a esa supuesta inflexibilidad el brutal aumento de la tasa de desempleo hasta el 20%. Por otra parte, debe recordarse que el sector productivo donde ha sido mayor la destrucción de empleos es el de la construcción, donde son totalmente flexibles los contratos laborales. El otro mito que se repite con gran frecuencia, es el que busca explicar el mayor desempleo por el supuesto aumento de los costos laborales. De nuevo, al examinar en detalle los hechos, se desvirtúan estas afirmaciones. Es cierto que los salarios de los empleados y profesionales se elevaron mucho en la década pasada, pero no sucedió lo mismo con el salario mínimo ni con el de los trabajadores cuyo incremento fué superior al del PIB. Y el grupo más afectado por el desempleo es el de quienes perciben estos salarios, que son los jóvenes menores de 25 años, que tan solo tienen educación secundaria, dentro de los cuales más del 35% no ha podido encontrar trabajo. El dramático nivel del desempleo en Colombia solo se reducirá con la recuperación de la demanda y con políticas oficiales de estímulo a la creación de empleo. No se puede negar que algunas reformas son necesarias para eliminar ciertas rigideces del mercado, pero no se puede caer en la ilusión de que esta sea la solución para los tres millones de desempleados"

Colombia tiene hoy, proporcionalmente, menos empleadores que el promedio latinoamericano (5.0%) y menos que Brasil, México, Argentina y Chile. Se sigue de lo anterior, la tendencia al crecimiento desbordado del subempleo y del desempleo disfrazado como trabajo "independiente". Entre los años 95 y 99, la población ocupada asalariada disminuyó del 64.4% al 56.4%; mientras los trabajadores "independientes", los familiares no remunerados (la economía del rebusque) y el servicio doméstico, es decir "el otro sendero" de que nos habla Hernando De Soto, aumentaron dramáticamente, del 35.6% al 43.6%! Ahora bien, de los 5.8 millones de colombianos privilegiados con el escaso empleo en junio del 2.000, 2.3 millones, o sea el 35% ganaban un salario mínimo o menos de éste. Esta cifra es, prácticamente el doble de la de 1.995, cuando era el 20.5%, concomitante con un desempleo en la tercera parte del que hoy se padece. Para este mismo período, la población ocupada con ingresos hasta un salario mínimo pasó del 23% al 33.9%; aquellos con ingresos hasta dos salarios mínimos pasó del 67.9% al 75.2%, entre tanto, aquellos que perciben más de dos salarios mínimos descendieron desde el 32.1% en 1.995 al 24.8% en 1.999. Si bien el salario real en el período 90-98 en la industria manufacturera, con base en 1.990, aumentó 27.9% para los empleados y 5.8% para los obreros, los salarios del sector de la construcción se elevaron en un modesto 16.5% y los del comercio en 15.2%. Empero, la pérdida del poder adquisitivo del salario ocurrió en relación con el salario mínimo, que, como quedó dicho, lo perciben un número cada vez mayor de trabajadores, cubriendo a más de 4 millones de ellos. Entre 91-99, el salario mínimo perdió 12 puntos porcentuales de poder adquisitivo ($100 de salario del 99 equivale a $88 del 91). Pero, también se han visto afectados los ingresos de los trabajadores por cuenta propia, los trabajadores "independientes", perdiendo el 27% de su poder adquisitivo.
Como si todo lo anterior no fuera bastante, "Con la crisis se dio una reforma laboral de hecho, ya que mucha gente, con tal de conservar el empleo, aceptó cambiar sus contratos de trabajo y reducir sus prestaciones" . Mientras tanto, más recientemente, nos consuela Luis Carlos Villegas, Presidente de la ANDI, informándole al país que "en estos momentos los empresarios están 'tanteando' el mercado y contratando más empleados temporales, mientras confirman que la demanda reacciona", en ese momento, continúa Villegas "comenzará a crecer el empleo a término indefinido". Cuando esto ocurra, se le habrá terminado el período presidencial a Pastrana y volveremos a las andadas, como en el drama de Sísifo.


Pese a ello, se insiste en aumentar la dosis del mismo remedio que ya ha mostrado su ineficacia. Ahora que se vuelve a hablar de reforma laboral, el Gobierno y los empresarios, con el coro de los gremios, los medios y publicaciones especializadas, en donde se han empotrado los yuppies, solo atinan a cantaletear que si no hay flexibilización estamos perdidos, pues además de eternizarse el fenómeno del desempleo, perderemos la competitividad de nuestras exportaciones y con ello se estaría estropeando la estrategia bandera del Gobierno, cual es la de duplicar las exportaciones no tradicionales en el transcurso de su cuatrienio. Por ello se está proponiendo más de lo mismo: reducir los recargos por trabajo nocturno; establecer el salario integral a todos los niveles; compensar en tiempo los recargos por festivos y dominicales; autorizar la denuncia de las convenciones, siempre que las empresas se vean abocadas a crisis, extensiva a los fallos arbitrales; suprimir el concepto de unidad de empresa, para efectos laborales. “Conviene que bajen los salarios en términos reales para hacer caer el desempleo...” aducen otros. Así llegaríamos fácilmente a generalizar, los que apropiadamente se denominan en España "contratos basura". Y, para redondear la faena, se propone reducir en un 50% los aportes parafiscales de las empresas que se inician y de las existentes que realicen nuevas actividades, por el término de dos años, al SENA (donde se capacitan los estratos más bajos de la sociedad), al ICBF y a las cajas de compensación familiar (que desde hace 40 años han venido prestando un invaluable servicio subvencionado a los trabajadores y a sus familias).

Según encuesta reciente de CM& y La República , ante la pregunta ¿Está de acuerdo con reducir los aportes al Sena, el ICBF y las cajas de compensación, para generar empleo? El 96.45% respondió con un no rotundo. Llama la atención el que tales aportes se asuman como si fueran una "carga" onerosa para las empresas. perdiendo de vista que lo que deja de pagar el empresario es lo que dejan de percibir entidades que prestan un noble y loable servicio, las cuales verían menguados sus ingresos hasta marchitarlas, tan indispensables como son para ver de paliar los estragos del darwinismo social que entrañan tan nefastas políticas. Además de lo precaria que es en Colombia la red de apoyo social, cabe preguntarse, a la hora de hacer el balance costo-beneficio, cuántos empleos se generarían si se prescindiera de tales aportes y cuantos empleos desaparecerían al clausurarse las entidades en mención. Pero, nos parece contradictorio el que, mientras por un lado se desgañitan reclamando el desmonte de las así llamadas "cargas parafiscales", se entroniza otra, esa sí funesta, el impuesto del 3 X 1.000, que además de ser regresivo y, en consecuencia, inequitativo, promueve la desintermediación financiera, socava la profundización financiera en el momento en que más lo demandan las instituciones financieras, que no terminan de salir de su crisis, amén de los sobrecostos y las ineficiencias que les reporta a las empresas y a los trabajadores.

En el fondo, el Proyecto de reforma laboral del Gobierno poco aporta a la solución del problema superlativo del desempleo; si bien puede, posiblemente mermar el subempleo, deterioraría seriamente la calidad del empleo y menoscaba los ingresos de los trabajadores, toda vez que proliferaría el empleo temporal, por horas, con salario integral, carentes uno y otro de prestaciones sociales, pues éstas se consideran "privilegios" y "prebendas", cuando no "adehalas", que es preciso eliminar en aras de la maldita flexibilidad. De esta manera, se busca simplemente reciclar el empleo ya existente, con mano de obra barata y más joven, sin avanzar un ápice en la solución de tan compleja problemática. Huelga decir que la aplicación de la flexibilización en una coyuntura de recesión y de estancamiento de la economía, puede contribuir más bien a una masacre laboral sin antecedentes.

Claro que "Pueden diseñarse algunos programas de choque para atacar el desempleo, como de hecho lo está haciendo el Gobierno, pero su alcance es transitorio y limitado, cuando las rigideces del mercado laboral o la falta de crecimiento desincentivan la creación de empleo. Se espera, por ejemplo, que el programa de choque Manos a la obra (o Empleo en acción) permita crear unos 300 mil empleos transitorios, una cifra modesta frente a los tres millones de desempleados y ocho millones de informales que hoy existen en el país. La situación no cambia cuando se incluyen los otros dos programas de choque, subsidios condicionados y calificación de jóvenes que hoy forman parte del Plan Colombia"

No pasa de ser un sofisma de distracción pretender endilgarle a los salarios la causa de nuestra progresiva pérdida de competitividad, en momentos en que Colombia figura en el tercer lugar, por menores costos laborales, en el continente, después de Ecuador y México; más aún, "El deterioro del ingreso de los trabajadores durante la década de la apertura ha sido notorio en Colombia. De acuerdo con un estudio adelantado por la firma Morgan Stanley Dean Witter, de Nueva York, que incluye a 31 países, el salario real por hora del sector industrial de Colombia es el quinto más bajo. Un operario nacional gana 556 veces menos que un colega suyo en Bélgica y lo mismo que uno de China, Filipinas o Indonesia. El salario real por hora está por debajo del de los otros seis países de América Latina considerados en el estudio: México, Argentina, Brasil, Chile, Perú y Venezuela" . Por ello nos parece totalmente desenfocada la propuesta de Fedesarrollo de reducir el salario mínimo o de permitir la contratación por debajo del mínimo legal, so pretexto de que éste es "el más alto" de América Latina, al tiempo que plantea un salario entre $150 mil y $180 mil para las mujeres y los jóvenes, con el socorrido argumento de que es preferible percibir un exiguo salario a ninguno.

Según Mauricio Cárdenas, ex Director del DNP, por cada 10% de disminución en los costos laborales, se obtendría un 5% de incremento en la oferta laboral y viceversa, un reajuste del 10% en la remuneración salarial incidiría en un 5% menos de empleo; aunque el profesor Daniel Hamermesh, de la Universidad de Texas va más lejos y asegura a pie juntillas que un 1% de incremento en los costos de contratar personal, desalojaría un 3% de trabajadores, que quedarían cesantes. En otros términos, se le pretende sacar partida a la coyuntura para abaratar la mano de obra, al tiempo que se pretende ganar en competitividad a expensas de unos salarios irrisorios, sin lograrlo; porque mientras el país no se convenza de la necesidad de invertir en ciencia, investigación y tecnología, y no se invierta en capital humano, seguiremos perdiendo competitividad. De prosperar este despropósito, el salario se vería apocado por partida doble: por cuenta de la reducción propiamente dicha del mismo y la devaluación del peso, que también le resta poder adquisitivo. De persistirse por este camino, nos exponemos a quedarnos con el pecado y sin la gracia, pues pueden recaer sobre Colombia sanciones, como las que ya se anuncian por otros motivos, de la OIT, o, lo que es peor, que prospere la pertinaz campaña de los países desarrollados, tendiente a incluir la llamada Cláusula social en la Agenda de la OMC, como una de sus estratagemas proteccionistas por parte de quienes predican la libertad de comercio, muy especialmente los E.U. y la U.E, aduciendo la competencia desleal de los países emergentes como Colombia, justamente por los bajos salarios.


NIVELES DE POBREZA EN COLOMBIA

Lo que sí es un hecho es la creciente pauperización a la que conduce esta atolondrada política, pues el deterioro del ingreso malogra el poder adquisitivo, en momentos en que todas las encuestas empresariales señalan a la demanda hoy deprimida, como el principal obstáculo a salvar, para modo de reactivar la economía, pues lo que está fallando para que la economía despegue, ya lo dijo Keynes, es el motor de arranque y mientras éste no funcione nada nos ganamos con echarle más combustible o empujarlo, porque no va a prender. Resulta patético comprobar que el 67% de las familias con desempleo disminuyó su consumo y el 47% de las demás también redujo su consumo, ante el temor de perder su empleo. La gente no quiere consumir, ya sea porque piensa que su ingreso va a bajar, o porque la gente no quiere endeudarse y está aterrada del desempleo. No hay que olvidar que el consumo es el 70% del PIB y si se pronostica bien el consumo, se pronostica bien el PIB. Y como ribete de tan amarga situación, por esta vía solo se conduce al país a un callejón sin salida, de más pobreza, más exclusión social y a mayores tensiones por el desgarramiento del tejido social, ya averiado. Después de todo cabe la pregunta: será que este país resiste más flexibilización laboral?

LA TRAMPA DE LA POBREZA

Esos polvos tenían que traer estos lodos. Resultan afrentosas las secuelas de este rumbo alocado de la política económica del Gobierno. El desempleo no es ajeno a las alarmantes cifras que en materia de pobreza, inequidad, concentración del ingreso y de desprotección social, que hoy exhibe el país, como sus secuelas. Como las desgracias nunca llegan solas, los hogares afectados por el desempleo, también perdieron en el último año una parte de sus bienes. Según encuesta reciente, el 26% de los hogares donde había desempleados tuvieron que vender algún activo para sobrevivir, por sus precarios ingresos, lo que contrasta con el 7% en el caso de aquellos hogares sin desempleados. La Organización de las Naciones Unidas fue supremamente cruda en su descripción del cuadro dantesco de nuestra deplorable realidad: : "Hay suficientes evidencias de que se está frente a una sociedad cerrada y selectiva, sin aversión a la desigualdad, a la pobreza y que propicia la discriminación de los débiles y no la cohesión social" . Con toda razón advierte el ex Ministro de Hacienda, Abdón Espinoza Valderrama que "Nadie ignora la contribución de la violencia al estancamiento económico y a su ominosa secuela laboral, pero tampoco el aporte del desempleo a aquella" .

Según el Banco de la República, los valores del PIB para los últimos seis años, a precios corrientes, han tenido el siguiente comportamiento:


Año Valor en $billones Variación
anual(%)

94 57.9 32.1
95 73.5 26.8
96 89.5 21.8
97 108.1 20.8
98 125.5 16.1
99 135.2 7.7
2.000 151.8 11.8

Pero, cuando deflactamos estas cifras y trabajamos con precios constantes del año 75, empieza a desnudarse la realidad y, entonces, la tabla anterior queda así:

Año Valor en $miles de MM Variación anual(%)

94 827.8 5.6
95 870.5 5.8
96 920.9 5.8
97 939.8 2.1
98 971.7 3.4
99 936.4 -4.3
2.000 961.3 2.7

Estas cifras nos indican a las claras, que el crecimiento real del año anterior, no alcanzó a compensar el tremendo bajonazo ocurrido en el 99. En efecto, el valor real del PIB para el 2.000 es inferior al de dos años atrás: $961.3 mil millones contra $971.7 mil millones. Es decir, que, en plata blanca, la verdad monda y lironda, es que perdimos los dos años anteriores. Pero, ahora observemos, la procesión que va por dentro y concluiremos que el panorama es mucho más sombrío: Si partimos de la base, que el crecimiento demográfico del país es del 17 X mil, o sea, que cada año la población crece a un ritmo de 17 personas por cada mil y hacemos el cálculo sobre una población en Colombia de 39.5 millones, tendremos que la población crece cada año a una rata de 670 mil personas. Si ahora ajustamos las cifras anteriores por el crecimiento demográfico, arribaremos al producto per cápita para el mismo período analizado, el cual cobra especial relevancia cuando se trata de establecer el potencial económico del país. Veamos:

Año $Producto per cápita Variación anual

94 25.100 3.9
95 26.004 3.6
96 26.290 1.1
97 26.301 --
98 26.012 -1.1
99 24.470 -6.3
2.000 24.739 1.1

La gran conclusión estriba en el hecho que en Colombia el producto per cápita para el año 2.000 está por debajo del que se tenía en el año de 1.994. Es decir, que se han perdido inútilmente los últimos seis años; en lugar de avanzar, hemos retrocedido, de tal modo que si el Gobierno pudiera alcanzar su meta de crecimiento para el 2.001 del 4%, apenas sí se estaría recobrando el nivel de 1.994, pero seguiría por debajo de los años subsiguientes al mismo. En cuanto al ingreso per cápita no estamos mejor. Mientras la población total del país aumentó en 954 mil personas en el intervalo 1.997-1.999, el número de pobres durante el mismo creció exponencialmente, elevándose en 2.9 millones. El ingreso per cápita, que es el principal indicador del estándar de vida de la población, se redujo de US$2.716 por habitante en 1.997 a US$1.986 en el 2.000.

Según ANIF, para el año 2.000, los colombianos somos, en promedio, un 15% más pobres que en 1.998! Hasta los "cacaos" han visto afectadas sus faltriqueras; resulta muy diciente que la Revista Forbes, que año a año reporta los 100 más acaudalados del mundo y allí siempre venían figurando tres ilustres caballeros de empresa colombianos (Santodomingo, Sarmiento y Ardila Lule), ya en la entrega del año 2.000 solamente sobrevive uno de ellos, Santodomingo. O sea que "los ricos también lloran".

Hasta aquí, todos perdimos; pero, ya veremos que, a la postre, unos pierden más que otros. En Colombia, peor que la pobreza, es el empobrecimiento y peor aún que éste es la inequidad y la exclusión social, que resultan irresistibles. En un solo año, entre el 99 y el 2.000, Colombia perdió 11 puntos en el Indice de Desarrollo Humano, según el PNUD. En cuanto a la distribución del ingreso, medido por el coeficiente Gini, hemos reversado 50 años. En Colombia puede afirmarse que, en los últimos tres años, hemos perdido un estrato de la población, aplastado bajo el peso de la crisis; la clase media se está extinguiendo paulatinamente en Colombia, pues ha sido la más golpeada por los embates de este cataclismo social. A diciembre del 2.000, el 56.3% de la población colombiana estaba por debajo de la línea de pobreza y 21% por debajo de la línea de indigencia, definida ésta como aquellos que reciben menos de un dólar diario. Pero, donde, definitivamente, la situación es más aberrante es en las zonas rurales, pues más del 79% de su población está en la pobreza, lo cual explica episodios tales como el denigrante espectáculo de las madres regalando a sus hijos, a la vera de a carretera de Mercaderes (Cauca), "para que sean alguien en la vida".

Lo más triste, es saber que quien sucumbe a esta adversidad, se convierte en un rehén de su propia suerte, como quien cae en una trampa, sin poder salir de ella, pues la consecuencia de su aciago destino, se torna después en la causa de su desdicha, pues "la condición de pobreza no solo impide y priva a las personas de bienes materiales, sino que limita las posibilidades de desarrollo de sus capacidades humanas básicas... Un factor crítico, que mantiene y hace persistir la condición de pobreza es que estos hogares no cuentan con los medios, la acumulación mínima de activos y las oportunidades de hacer más productivo su esfuerzo. Así, la dinámica de la pobreza engendra un circulo vicioso o una trampa de pobreza, que impide el adecuado desarrollo de quienes la padecen... Ya de adultos, su escasa educación y capacitación los obliga a realizar tareas de reducida productividad y baja remuneración. De esta forma, se van entretejiendo las condiciones que perpetúan la pobreza entre generaciones... El índice de movilidad social da cuenta de la 'trampa de la pobreza' que padece el 30% de población de bajos ingresos en Colombia" .

No le falta razón al ex Ministro de Hacienda, Rudolf Hommes, cuando afirma: "El sistema juega, entonces, con dados cargados en contra de los pobres: son pobres porque no tienen educación y como no la tienen es muy probable que estén desocupados... Las fallas y la distribución desigual de servicios educativos hacen que la pobreza sea hereditaria. En efecto, si el padre no tuvo educación, la probabilidad de que el hijo tenga educación superior es solamente de medio punto porcentual. En cambio, si el padre tuvo educación superior, la probabilidad de que el hijo la tenga es de 48%. Nada predetermina más qué va a ser un hijo que la educación que tienen los padres. Ni la falta de tierra o de capital tienen tanta capacidad de pasar de una generación a otra la miseria o el desempleo" .

No obstante que la educación es clave en la consecución de empleo productivo, así como en el mejoramiento del ingreso, estudios de Planeación Nacional muestran a las claras que el sistema educativo colombiano es tremendamente elitista y excluyente, prueba de ello es que de los 700 mil estudiantes que cursan estudios de educación superior, el 73% proviene del 40% de los más altos ingresos de la población. Según el ICETEX, la deserción universitaria actualmente supera el 30% en promedio anual, lo cual pone en marcha un circulo vicioso de menos estudio, mayor oferta laboral y, ante la incapacidad del mercado de absorberla, mayor frustración! Lo dicen las encuestas: “En 12% de los hogares afectados por el desempleo, al menos un miembro tuvo que abandonar sus estudios por razones económicas (en los hogares no afectados por el desempleo sólo el 3% de los hogares experimentaron la misma eventualidad)” . Estos son algunos de los costos ocultos del desempleo.

En Colombia, cuatro de cada diez niños de hasta doce años, aproximadamente unos seis millones, que viven en la extrema pobreza podrían estar predestinados desde ahora a continuar sumidos en la miseria y repetir la amarga experiencia de sus padres. Ellos, por no tener acceso a la educación quedan irremisiblemente condenados a muy serias limitaciones, que se le convierten en barreras invisibles, que lo llevan en el futuro a tener que resignarse a desempeñarse en tareas rudas, de reducida productividad y de escasa remuneración.

La Directora ejecutiva de UNICEF es categórica cuando afirma que "Ningún país ha salido nunca de la pobreza, si no considera la educación como un objetivo prioritario. Y si la educación es la puerta de escape de la pobreza, entonces la educación del niño es la llave de esa puerta". Lo reafirma Enrique Iglesias, Presidente del BID: "Razones éticas y sociales señalan que invertir en los niños para evitar la transmisión intergeneracional de la pobreza, es la mejor inversión para la región latinoamericana" . Pero, pareciera que no lo entendiéramos así, por que resulta insólito que no se hubiera acometido esta empresa, cuando "... Darle educación a los muchachos de 12 a 17 años del cuarenta por ciento más pobre de la sociedad, solamente costaría un punto del PIB. Eso es una fracción de lo que aumentó el gasto público en los últimos diez años, aumento que no ha tenido mayores beneficios y es solamente la cuarta parte de lo que se gasta en educación. Si se quisiera resolver el problema de la falta de educación de los más pobres se podría hacer ya, y sin afectar el presupuesto total o la macroeconomía. A la vuelta de una sola generación se corregirían con esta decisión las extremas diferencias en ingreso que hoy son una lacra social. Se lograría por las buenas y en menos de la mitad del tiempo lo que la guerrilla no ha logrado en cuarenta años" y "... por ello, resulta enteramente inmoral que aún exista pobreza absoluta en Colombia" . El ex Ministro Hommes es patético en este acto de contrición, pero siempre nos tropezamos con gobiernos insensibles y abúlicos, incapaces de asumir ese reto y, desde luego, dado que los problemas no se resuelven por generación espontánea, terminan agudizándose y represándose. Es así cómo, según la Asociación de colegios privados, 500 mil estudiantes no pudieron matricularse en el año 2.000, por estar en mora con el pago de las pensiones del año 99, con la consecuencia de que la gran deserción de los colegios privados se traduce en una avalancha que viene a congestionar a los colegios públicos, que no alcanzan a dar abasto. Se estima que 1.5 millones de jóvenes se han quedado por fuera del sistema educativo y esto es grave; la abrumadora mayoría de ellos abandonaron sus estudios acosados por la urgencia de generar ingresos y difícilmente retornarán a las aulas, conformándose con el bajo nivel de educación alcanzada y más adelante convertidos en víctimas de un desajuste funcional entre lo que buscan los empresarios y lo que realmente les ofrece el mercado de trabajo y así nos topamos con la paradoja de que "La gente se queja mucho de la falta de puestos de trabajo. Los empresarios nos quejamos mucho de que no existe gente que realice dicho trabajo" . Es que "La transformación tecnológica ha hecho que las empresas cambien su forma de contratar personal. El trabajo mecánico lo pueden hacer las máquinas. Ahora se necesita gente con mayores conocimientos y capacidad de análisis" y "Para colmo de males, el sistema está sesgado hacia carreras de larga duración y en contra de las carreras cortas, técnicas y tecnológicas, que son las de más fácil acceso a los estratos bajos de la población" afirma Hugo López, experto en el tema.

Este aspecto es tanto más importante, habida cuenta de la importancia, cada vez mayor, que tiene para el desarrollo y el progreso de los pueblos el capital humano. Según registros del Banco mundial, para el año 1.999, el 74% de la riqueza de los países con más altos ingresos estaba representada en el capital humano, el 3% de su patrimonio correspondía a sus recursos naturales y un 23% a bienes terminados. En contraste, los países en vía de desarrollo, entre los que se cuenta Colombia, el recurso humano solo representa el 60% de su riqueza, los recursos naturales el 23% y los bienes terminados el 17%!

EL CEPO DEL F.M.I

El Acuerdo firmado con el F.M.I. le deja poco margen de maniobra al equipo económico del Gobierno, dada la camisa de fuerza que le imponen sus estipulaciones, que a manera de cartabón le sirve de cartilla, de la que no se pueden apartar cuando se trata de definir los lineamientos de la política de Gobierno. Y la receta del F.M.I. es la misma, no importa la latitud ni la longitud de los problemas que embargan a la economía nacional, pues es bien sabido que dicha institución enfoca la economía como si se tratase de un molde para hacer galletas. Para ellos "Buenos economistas son los que conocen las verdades universales y pueden ver más allá del montón de hechos y detalles que oscurecen esas verdades" . Para nada cuenta, entonces, el rigor en el análisis concreto de la realidad concreta; las singularidades de nuestras especificidades resultan irrelevantes. Esto es una barbaridad; por ello, no es de extrañar que "... equipos de trabajo del F.M.I. para un país han redactado borradores de informes antes de visitarlo. He oído historias de un desafortunado incidente ocurrido cuando los miembros de un equipo copiaron extensos apartes del informe correspondiente a un país y los trasladaron en su totalidad al de otro. Habrían conseguido su propósito si la función 'buscar y reemplazar' de su procesador de palabras no hubiera presentado fallas, dejando el nombre del primer país en algunas partes. Habráse visto!" . Razón, entonces, tenía el futurólogo Alvin Toffer, cuando afirmaba: "No sigan a ciegas las recetas estúpidas del F.M.I, no abracen la integración y el libre mercado, como si fueran una religión".

El Ministro de Hacienda Juan Manuel Santos, en su discurso de posesión, aseguró que las tres prioridades de su gestión serían: empleo, empleo y empleo; a poco andar y luego de su visita a los cuarteles de F.M.I., vino aconductado, recogió velas y sus prioridades cambiaron súbitamente, a partir de entonces serían: ajuste fiscal, ajuste fiscal y ajuste fiscal!. Le dijo entonces al país, que para lograr su propósito de quedar bien con el F.M.I. él estaría dispuesto a gastarse su escaso capital político y el resto de los colombianos pagaría su precio con sudor y lágrimas. Desafortunadamente para el doctor Santos, "las palabras excesivas que hayamos pronunciado, permanecen como letras de cambio que debemos pagar" y eso le ocurrió a él; cuando aún no se había secado la tinta de una de las columnas escritas por él en el diario de los Santos (No más impuestos!), ya estaba radicando en el Congreso la segunda reforma tributaria de la administración Pastrana y lo apremia a aprobar la reforma "... y despega la economía o al próximo Gobierno le va a estallar la bomba en las manos" .

Cuando aún la economía no se repone de la recesión del año 99, aumentar la carga impositiva contraría los más elementales principios de la hacienda pública, que aconsejan que "... cuando la economía presenta signos de recesión, causada por insuficiente demanda agregada, el Gobierno puede hacer uso de una política expansionista elevando los gastos más que los impuestos, a fin de estimular la demanda de la economía y, a través de ella, la generación de empleo y producto. También puede reducir sus ingresos, bajando los impuestos, con el propósito de ampliar el ingreso disponible del sector privado, lo que incrementa su capacidad para gastar o destinar recursos al consumo y a la inversión" . Ello, en razón de que "La política fiscal suele manejarse anticíclicamente, es decir, en sentido contrario a lo que en determinado momento indica el ciclo económico, con el objeto de estabilizar la economía" . De allí, que resulte una perogrullada que "Si la recesión viene, tome medidas antirecesivas" y no medidas que contribuyan a ahondarla o a impedir su reactivación. Pero otra cosa opina el F.M.I. y sus adláteres, para quienes mientras más fuerte sea la medicina y más dolorosa la reacción, más rápida será la recuperación.

Así se entiende que, a pesar de los estragos producidos por la reforma tributaria de finales de 1.998, que contribuyó a la peor recesión en Colombia, desde la guerra de los mil días, en el 1.999, se reincide en el error de expedir una nueva reforma tributaria, que habría de afectar a la reactivación en ciernes y esa es una de las causas de que la economía no despegue y siga atorada en el estancamiento, pues con las medidas recesionistas que se implementan, el Gobierno pretende, absurdamente, que la economía arranque, con el acelerador a fondo mientras le tiene puesto el freno de mano. Como lo afirma Javier Fernández Riva "... es obvio que la caída del ingreso disponible después de impuestos no ayuda para nada a la demanda" . De manera, que constituye un contrasentido descargar mayores tributos sobre unas empresas debilitadas, lo que, además, resulta francamente recesivo. Al Gobierno le ha sucedido lo de la fábula de Esopo, en su afán de sacarle los huevos de oro a la gallina la sacrificó, con la consecuencia de que al matar la gallina que ponía los huevos de oro, se acabaron éstos.

De nada han valido las admoniciones de Stiglitz, en el sentido de "... evitar una recesión a corto plazo... el F.M.I. es un desastre" al referirse al rotundo fracaso del Fondo en el Asia y en Rusia; tampoco las del ex Secretario de Estado de los E.U., Mr. Kissinger, quien, en su reprimenda al F.M.I., expresa: "Al predicar invariablemente la austeridad... se deriva, automáticamente, una caída brutal del nivel de vida, una explosión del desempleo y de la pobreza, que debilitan las instituciones políticas encargadas de ejecutar sus planes... las democracias no toleran una austeridad ilimitada en nombre del mercado" . No se puede pensar en lograr el doble propósito del saneamiento fiscal y la reactivación de la economía simultáneamente; siempre se presenta una gran tensión entre ambos objetivos. Lo aconsejable, lógicamente es reactivar primero y ajustar después.

El F.M.I. no tiene contemplaciones con nada ni con nadie, al momento de imponer sus "recomendaciones", pues "Al Fondo le gusta ocuparse de sus asuntos sin extraños que hagan demasiadas preguntas. En teoría, el Fondo apoya las instituciones democráticas en las naciones que atiende. En la práctica, socava el proceso democrático mediante la imposición de políticas. Oficialmente, por supuesto,, el F.M.I. no 'impone' nada. Solo 'negocia' las condiciones para recibir ayuda. Pero todo el poder en las negociaciones está en un lado - el del F.M.I. - y éste rara vez concede suficiente tiempo para lograr un amplio consenso o incluso para consultas extensas con los parlamentos o la sociedad civil. A veces el F.M.I. prescinde de fingir total transparencia y negocia pactos secretos" .

Las autoridades económicas del país, encabezadas por el Ministro de Hacienda y la Junta Directiva del Banco de la República, han persistido, contumazmente, en las mismas políticas que nos han conducido al desastre, solo que aumentando la dosis de la horrible pócima y la consecuencia no puede ser otra que la de ahondar la crisis, porque se está tratando de sofocar las llamas arrojándole gasolina al fuego. Por ello "... La renuencia testaruda a tomar medidas a tono con la emergencia ha convertido en crónico y de largo plazo el ocio forzoso de buena parte de la fuerza laboral colombiana.

Limitadamente, se obra sobre la capacidad de oferta de sectores específicos, pero de ningún modo sobre la demanda. Ni siquiera reconociendo el marginamiento del mercado de tantas personas de carne y hueso, no propiamente asimilables a artículos de desecho. En lugar de los cambios valerosos, se prefiere el reforzamiento de los dogmas en vigor y, al efecto, se efectúan los relevos en los núcleos decisorios con mentalidades al militante servicio de sus dogmas" .

Si Juan Manuel Santos y Juan Camilo Restrepo han emulado en su obsecuencia en el cumplimiento de las condicionalidades impuestas por el F.M.I., convertidas en cartabón implacable, la Junta Directiva del Banco de la República no se queda atrás. Contrasta la altanería de los codirectores del Banco de la República, en sus diatribas contra la Corte constitucional, con la docilidad y sumisión a las directrices del Fondo. La autonomía y la independencia de la soberanísima Junta Directiva del Banco de la República termina, allí donde empieza la ingerencia e intromisión del F.M.I.

AL BANCO DE LA REPÚBLICA QUIÉN LO RONDA?

Tanto el Ministro de Hacienda, como la Junta Directiva del Banco de la República, andan angustiados buscando a quién echarle el muerto, como una manera de tender una cortina de humo y eludir sus propias responsabilidades. Las jupiterinas invectivas contra los fallos de la Corte constitucional no han ahorrado epítetos y descalificaciones, endilgándole la responsabilidad de los entuertos y desvaríos de la política económica, endosándole sus culpas. Como tampoco escatiman recurso alguno para soslayar el acatamiento de sus fallos, apelando a toda suerte de gambetas e interpretaciones acomodaticias de los mismos. No tuvo ningún inconveniente uno de los codirectores de la Junta del Emisor en afirmar que "Las cortes deben pensar más en el país, permitir la reactivación del sector financiero y dejar de hacer política al servicio de intereses particulares" y más recientemente, el codirector Sergio Clavijo le increpó a la Corte el hacer populismo con sus fallos . Pero, desde siempre "No hay método más socorrido que descalificar una sentencia judicial, que tildarla de política... es irresponsable afirmar, sin pruebas fehacientes, que los magistrados de uno u otro tribunal, se han guiado por causas extrajurídicas. Las discrepancias sobre las conclusiones, no legitiman la sospecha acerca de las motivaciones" . De allí la pertinencia de la sentencia premonitoria del inmolado Gaona Cruz, un adelantado de su época: "La Carta lo que manda a la Corte, es que la Corte guarde la Carta, no que les haga corte a quienes violan la Carta". Qué mejor respuesta que ésta, a quienes pretenden sustituir nuestro canon constitucional en una Carta a la carta!

Pero los hechos son tozudos. Los señores de la Junta Directiva del Banco de la República precipitaron la crisis, que hundió a la economía en la más profunda recesión que el país haya conocido, al disparatar que "Por encima de cualquier consideración está la estabilidad cambiaria del país. La Junta no va a mover la banda cambiaria, así las tasas de interés lleguen al 150%" . Ellos, al igual que algunos de nuestros gobernantes literatos de comienzos del siglo XX, sacrificaron un mundo para pulir un verso. En efecto, las tarifas se dispararon, nada hicieron por detenerlas en su alocada carrera, porque su obnubilación no les dejaba ver sus consecuencias o, como afirmara uno de ellos, ante el clamor de que las tasas fueran intervenidas administrativamente, como ya se había hecho en el pasado, "La intervención de las tasas puede ser nociva y puede quebrar a algunos bancos que dependen de altos intereses" . Y, ante las baladronadas del Ministro de Hacienda, Juan Camilo Restrepo, de bajar las tasas de interés a sombrerazos, si los banqueros no lo hacían, muy orondo ripostó Sarmiento Angulo, Presidente del Grupo Aval que "... los intereses no bajarán de golpe... bajarán en la medida que las condiciones económicas lo permitan... Hay entidades que, por su delicada situación, no se pueden dar el lujo de disminuir su margen de ganancia" . Luego, se quemarían US$2.000 millones, en el vano esfuerzo por defender la banda, la misma que el Ministro Juan Camilo dijo que no se iba a mover, pues "... precisamente, el país acudió al FMI, para que no le quede duda a nadie, de que seguiremos adelante con este instrumento, indispensable para reducir los intereses" ; por su lado, en vísperas del Acuerdo con el F.M.I., Miguel Urrutia, el flemático Gerente del Banco, alardeaba que "El emisor va a defender la banda y lo dice con US$8.300 millones. Algunos economistas teóricos dicen que la banda no es creíble, pero ellos no ponen la plata" . Tanta palabrería huera, para luego salir a las volandas a eliminar la banda, por exigencias del F.M.I. y, como los desastres anunciados si este hecho se producía no se dieron, se apresuraron a decir como Le Fígaro "Ya que estos misterios se nos escapan, finjamos provocarlos". Pero, si de algo se precia la Junta del Emisor, es de haber logrado, en medio del desastre que ellos indujeron, trancar la inflación. Dijo Junguito, ex codirector de la Junta, antes de cambiar su camiseta por la del F.M.I: "La política monetaria que orienta el Banco de la República, tiene y debe tener como objetivo principal la baja de la inflación, cuyo resultado ha sido a todas luces satisfactorio" . Otro codirector es menos presumido y admite que "De carambola, hemos obtenido la baja de la inflación"; como diría Hayek, oráculo del neoliberalismo, esos "son efectos no buscados, pero realizados", añadimos nosotros, de chiripa!

Definitivamente, una mala causa empeora cuando se la trata de defender. Razón tiene Milton Fredman, Nóbel de economía, cuando, parodiando a Clausewitz, afirma: “La política monetaria es un asunto demasiado serio, para dejarla en manos de los bancos centrales". No cabe duda que, la baja de la inflación, de la que tanto se ufana la Junta, se obtuvo al precio de sumir la economía en la recesión, pues "La reducción definitiva de la inflación es, tal vez, lo único bueno que nos puede dejar la peor recesión del siglo..." . Nos lo corrobora Juan José Echavarría, Director de Fedesarrollo: "Buena parte de la crisis del año 99 fue autoinducida por la misma política económica... Todo el trabajo de reducción de la inflación se hizo con la tasa de cambio. Y ahí se acabó todo".

Como lo afirma el nonagenario patriarca de la industria colombiana, Hernán Echavarría Olózaga, con su aguzado sentido común de la economía, refiriéndose al Banco de la República: "Ahora nos dice que esa fue una gran política, porque la tasa de inflación se paró... Pues si la gente no tiene con qué comprar papa, la papa no sube! La gente no tiene con qué comprar" . Pero, aún con el rotundo éxito que reclama para sí la Junta del B de la R, la de Colombia (8.75%) sigue siendo una de las tasas de inflación más altas de Latinoamérica, solo superadas por Venezuela (15%) y México (10%), pero unas tasas de crecimiento del PIB mayores que Colombia, 3% y 7.1%, respectivamente, frente al 2.8% del PIB nuestro. Y nos babeamos con Chile, con una inflación de 4.5% un crecimiento del PIB del 5.6%. De qué se ufana, entonces, el Banco de la República? Valiente gracia! Afirma uno de los codirectores del Banco de la República, Salomón Kalmanovitz, que “Una baja y estable inflación es un bien meritorio, que tiene virtudes universales, beneficia a todos(...).El paralelo entre la inflación y la justicia puede parecer forzado, pero hay mucho de justicia en mantener estable el poder adquisitivo de todas las personas, de todos los grupos, de todos los intereses, sin distingos, manteniendo una inflación baja, sin sorpresas dañinas” . Pero, no obstante que “Mientras en 1.999 habían dicho que la inflación iba a ser de 16%, la inflación real fue de 9.23% y en el 2.000 la meta fue de 10% y la inflación real fue de 8.75%, lo que ha ayudado a que el desempleo se incremente aún más. Mientras tanto, el efecto riqueza no ha operado, debido a que la incertidumbre de la gente sobre la posibilidad de conservar su trabajo los ha paralizado para tomar decisiones de inversión y de consumo, ahogándose así la demanda agregada. El argumento de Kalmanovitz tendría sentido de justicia en una sociedad de propietarios y con niveles de empleo altos, pero ese argumento palidece en una sociedad como la colombiana, con una tasa de desempleo del 20.5%, resultado de la lucha antiinflacionaria –no existen desinflaciones gratuitas, que condujo a la economía a la peor recesión de toda su historia y una concentración de ingreso de las más desiguales del mundo: mientras el 20% más rico de la población tiene el 60% de los ingresos, el 20% más pobre apenas tiene 2% del ingreso nacional (la relación de 30/1 es entre deciles y no quintiles; esto al comenzar el cuatrenio o a rpincipios de 1998 ; hoy es de 48/1 – ver portafolio-DNP ); por otro lado, la élite colombiana se caracteriza por pagar pocos impuestos, teniendo en cuenta los estándares de Estados Unidos y de los países europeos. ¡Se prohibe dormir bajo los puentes!”

Mucho se ha especulado sobre las bondades de la autonomía del Banco de la República, magnificándolas y se le atribuye la virtud de procurar la estabilidad y el crecimiento económico. "El estudio de Delong y Lawrence Summers (1.992) muestra que existe una correlación positiva entre Banco Central independiente y el crecimiento económico. Cada punto porcentual en el grado de independencia se asocia con 0.4% en el crecimiento del producto per cápita... La otra relación importante es entre la independencia del Banco Central y los déficits fiscales. La idea es que un Banco Central más independiente puede resistir las presiones del Gobierno para que se moneticen los déficits que alimentan la inflación y que éste, el Gobierno, a su vez, se convenza que lo mejor es limitar los gastos deficitarios. La conclusión de los diversos estudios sobre la independencia del Banco Central es que la existencia de un Banco Central independiente es como almorzar gratis. Existen todos los beneficios sin costos aparentes, en términos de desempeño económico: a mayor independencia, más bajas tasas de inflación, más bajos déficits presupuestales y más crecimiento... como en el mejor de los mundos!". Como de eso tan bueno no dan tanto, Juan Manuel Santos, el ex Ministro de comercio exterior, abrigando sus dudas, de ver lo alejada que está la realidad colombiana de esa Arcadia feliz, se atrevió a plantear que "Habría, entonces, que reflexionar sobre la conveniencia de tener una Junta tan celosamente independiente, donde no tiene siquiera voz y mucho menos voto, ninguno de los sectores claves que padecen de la disciplina monetaria".

Pero, si la correlación entre la autonomía e independencia del Banco de la República y el crecimiento de la economía. no ha funcionado, tampoco ha operado aquella entre la inflación y el desempleo. Como nos lo demuestra María Mercedes Cuéllar "Qué ocurrió con la teoría, según la cual existe una correlación entre inflación y desempleo o entre aquella y el crecimiento del PIB y con esta línea de acción se justificaba cuanto tuviera que hacerse para reducir y mantener a raya la inflación... Qué ocurrió con la teoría? En caso de ser valida, la economía debía estar creciendo entre 6 y 7%, pues desde comienzos de la década un análisis realizado por el Banco de la República concluía que si la tasa de inflación caía en diez puntos porcentuales, el PIB podría crecer un punto por encima de su capacidad a largo plazo (esa teoría, unida a otras que sostienen que la inflación afecta más a los pobres que a los ricos, ya que la economía necesita crecer por encima del 6% para reducir el desempleo a tasas similares a las de los países desarrollados, le dio soporte a toda una línea de acción que justificaba con creces la reducción de la inflación...).

Y de las cifras de desempleo qué? Este pasó, en promedio de 8.9% a 15.3%, entre los dos quinquenios en referencia y las últimas cifras que presenta el DANE para enero señalan que el desempleo alcanzó el 20.5%, con un incremento de tres puntos frente al mismo período del 2.000. De no ser por el cambio de metodología para su cálculo, esta tasa habría sido aún más elevada, pues ahora trabajar una hora la última semana lleva a que la persona se clasifique como empleada... Sería interesante, que el Banco de la República validara sus hipótesis de trabajo, pues la evidencia no parece que confirme la teoría" . Ante esta flagrante contradicción entre la hipótesis y la realidad, no caben sino dos salidas: o se corrige la hipótesis o se cambia la realidad.

Y los cuestionamientos a esta política teoricista y miope fueron y siguen siendo muy severas. Veamos algunas de ellas. Nos dice el editorialista de Portafolio: "Poco sirve tener inflación baja y disminuyendo, tasa de interés moderadas, tipo de cambio en equilibrio, superávit en la balanza comercial, abundantes reservas internacionales y un déficit fiscal bajo control, si se tiene un alarmante desempleo de 20%... El pragmatismo debe imperar. No se puede improvisar ni se deben emplear mezclas explosivas. Pero, algo nuevo, que pueda integrarse en forma complementaria a los actuales manejos, se debe adicionar para atacar el enorme déficit de oportunidades laborales... Pensamos que un Fondo para la creación de empleos en obras públicas y para financiar los estudios de muchos jóvenes que no consiguen puesto y no tienen con qué pagar sus estudios es una buena idea. Compartimos la urgencia de destrabar, de una vez por todas, el crédito hipotecario, con medidas jurídicas y financieras radicales, que hagan de nuevo viable la financiación de la construcción y la adquisición de viviendas... No debe interpretarse como populismo decir que el objetivo de la política económica debe ser el trabajo, la salud y la educación de la gente. Y no se debe descalificar la ayuda especial que el Estado debe brindarle a los más necesitados en épocas de crisis como la actual.

Llegó la hora de aprender de los errores del pasado, de profundizar los conocimientos y de aguzar el ingenio para elaborar un plan de choque que, sin echar por la borda la estabilidad ni el futuro, logre aportar soluciones al grave desempleo" .

A este propósito, nos atrevimos a proponer una enmienda del Artículo 373 de la Constitución Nacional en el año 1.996, cuando los cancerberos de la Constitución de 1.991 defendían la intangibilidad de la misma, por considerarla una obra perfecta, la panacea, y se estigmatizaba de revanchismo cualquier intento de modificarla. Nos llovieron rayos y centellas, por proponer que el "Estado, a través del Banco de la República, velará por el mantenimiento de la capacidad adquisitiva de la moneda y el fortalecimiento de la competitividad internacional de la producción nacional", pero "en concordancia con la política económica del Gobierno nacional". Pero, para mi sorpresa, a poco andar, los mismos detractores de dicha propuesta se tornan en alabarderos de la misma, cuando la propuso el entonces Ministro de Hacienda, Juan Camilo Restrepo, en la frustrada reforma política del 99. El Tiempo se refirió en términos laudatorios a dicha iniciativa: "...No nos parece mal, que el Congreso defina mejor los elementos de la coordinación, para que tenga más asidero y más los pies sobre la tierra, según la propuesta de reforma, además de tener la meta de reducir la inflación, debe perseguir otros objetivos, tales como el empleo y el crecimiento de la producción" . Después se produciría uno de los anatematizados fallos de la Corte constitucional, dejando sentado inequívocamente que además de propender por la defensa del poder adquisitivo de la moneda, ello debe darse sin perjuicio de que "... también debe considerar el desempleo (especialmente el que pueda causar con sus políticas), el crecimiento económico, el desarrollo y hasta el medio ambiente" . De esta manera, la Corte le corrige (m.q.l.p.) la plana a la Junta del Emisor, para quien “Se requiere que la autoridad monetaria no subordine el cumplimiento de la meta de inflación al logro de otros objetivos (empleo, tasa de cambio, etc.)” , supeditando todas sus acciones al propósito de alcanzar una meta de inflación. Pese a ello, acaba de contraer el Gobierno, con su anuencia, el compromiso con el F.M.I de alcanzar metas trimestrales de inflación, con lo cual el Banco de la República con sus restricciones monetarias, le quita margen de maniobra al Gobierno para combatir el desempleo y el mismo Banco queda maniatado para planear su política monetaria al adquirir el compromiso de mantener un monto especifico en el saldo de activos-diferencia entre la base monetaria y las reservas internacionales. De allí nuestra aseveración, con referencia a que la autonomía del B. de la R. termina allí donde empieza la injgerencia e intromisión del F.M.I! Con ello "... se está incumpliendo la interpretación de la Constitución Nacional que dio la Corte, en el sentido de que el Banco de la República debe reducir la inflación, dentro de un manejo coordinado y coherente con el de aumentar el empleo y mejorar los niveles de crecimiento" . Lo ha dicho la Corte: “...debe tomar en consideración, en sus decisiones, los otros objetivos del Estado, como el pleno empleo, pues sus funciones deben coordinarse con la política general” y es enfática al sentenciar que la autonomía del B. de la R. se encuentra limitada por “el deber de dar cumplimiento a las finalidades constitucionales de la intervención del Estado en la economía”

Si algo está claro es que mientras la economía siga atrapada en el estancamiento, no habrá asomos de solución para el alarmante problema del desempleo; sin un plan de choque frontal para reactivar la economía se desvanecen las esperanzas de los infortunados que siguen buscando empleo infructuosamente. El Samaritano no es bueno, si no es libre; en la libertad de su proceder está su mérito; mientras el Gobierno se mantenga maniatado y uncido al carruaje del F.M.I, no saldremos de esta encrucijada. Como lo afirmara Marthin Luther King "Nada es más trágico en todo este mundo, que saber qué es lo correcto y no hacerlo".

La ortodoxia, el dogmatismo y otros demonios, les impide a las autoridades económicas ver la salida y siguen buscando un gato negro en un cuarto oscuro y nunca lo van a encontrar y mientras tanto la economía se seguirá desquiciando, con todas sus consecuencias. De remate, la ausencia de planeación, pues además de que el Gobierno no cuenta con un Plan de desarrollo, el DNP ha venido a menos, en medio de una total descoordinación en el seno del Gobierno, que da vueltas en círculo, como un barco a la deriva.

La política económica del Gobierno es ambivalente, vacilante, plagada de indefiniciones tan graves como la política de vivienda, que se tomó un año para desempantanar el crédito hipotecario, después de expedida la Ley. Nadie puede entender cómo después de casi un año de haber dispuesto la creación de un Fondo de capitalización empresarial, para suplir la renuencia de la banca comercial a reabrir los créditos, con el cual asumía la Nación entre el 40% y el 70% del riesgo del crédito, poniendo a disposición de las empresas $1.5 billones, dicho Fondo haya resultado inoperante. Se trataba de salir de la "trampa de la liquidez", desatando ese nudo gordiano: Los bancos se quejan de que no hay demanda por crédito y la industria dice que los bancos no quieren prestar.

El crecimiento de la cartera en el fatídico año 99 fue de –4% y en el 2.000 de –8.4% y últimamente se ha mantenido en el -3.5% anual, fenómeno conocido como credit crunch, el cual ha conducido a unos excesos de liquidez en las instituciones financieras que han derivado en la masiva inversión en los TES, con bajo riesgo y buen rendimiento. Así se explica cómo la participación de la cartera en el PIB es de tan solo 27.7%, frente a una participación de 40.7% en 1.996. Y, ahora, cuando para los empresarios la falta de acceso al crédito sigue siendo, después de la insuficiencia de la demanda, el segundo obstáculo para su despegue, la cartera se reduce brutalmente y las tasas de interés se acercan peligrosamente al 40%, el nivel más alto de los últimos diez años, el Banco de la República, remedando a la FED, dispuso de una baja cicatera de 50 puntos básicos en sus tasas de intervención, esto es de medio puntico "en vista del buen desempeño del índice de precios y de sus pronósticos y atendiendo el propósito general de la política monetaria de mantener el poder adquisitivo de la moneda y propender por el crecimiento del producto y el empleo" . Salta a la vista que, para la Junta del Banco Emisor, el empleo sigue siendo un objetivo subalterno, a contra sensu de la Reserva Federal de los E.U, que tiene siempre en la mira, como prioridad, conjurar las tendencias recesivas, alimentadas ahora con una espectacular caída de las acciones en la Bolsa de Nueva York y advierte que “... la Federal Reserve necesitará vigilar muy de cerca estos desarrollos”. Mientras que la FED presiona a la baja las tasas de interés, motivada por “las presiones persistentes sobre los márgenes de ganancia que están disminuyendo el gasto en inversión y en consumo, este último por la disminución de la riqueza en acciones”, advirtiendo que está dispuesta a proseguir en esta política si persisten las amenazas de recesión; para el B. de la R. pesa más la consideración “del buen desempeño del índice de precios y de sus pronósticos”, dejando de lado aspectos tan espinosos como los amagos de desaceleración de la economía, el acuciante desempleo y el bloqueo del crédito y baja la tasa de interés un pírrico medio punto sobre más de 37, sin comprometerse a futuras bajas, pese a las presiones de empresarios y banqueros para que lo haga, de modo que si, de repente, sube el precio de la papa, pueden volver a subir las tasas, como ya sucedió en el pasado. Con una tendencia decreciente de la inflación; con la caída de las tasas de interés de los TES, tras la colocación de bonos en el exterior por US$750 millones, el B. de la R. tiene suficiente holgura para reducir significativamente sus tasas de intervención en el mercado monetario, si se apartara de su terca ortodoxia.

Si el B. de la R. imitara a la FED, presionaría aún más las tasas a la baja, para aliviar la pesada carga de la deuda de las empresas, estimularía el consumo y le daría un empujoncito al aletargado mercado de capitales, como una forma de contribuir a la reactivación económica y a la generación de empleo productivo. Afirma Corredores Asociados: “En E.U se han rebajado las tasas en tres oportunidades, en un 23%. Si el B. de la R. fuera la Reserva Federal, un 23% de recorte de la tasa interbancaria habría significado que las tasas se situaran en 9.2% y no en 11.5% como ocurre. Pero, no somos E.U. Nuestra tasa de desempleo más que cuadruplica a la norteamericana, de 4.3%, no obstante lo cual el Emisor ha reducido su tasa en apenas 50 puntos. Es preferible bajar las tasas para estimular el empleo, así sea inflacionario” . Coincidimos con Javier Fernández Riva cuando afirma: “Aunque el Banco de la República vuelva a recitar su eterno cuento de que la mayor contribución al crecimiento y a la solidez financiera es el control de la inflación, ningún modelo de riesgo país le da un peso alto a la inflación. Y en cambio, sí se lo da al crecimiento económico, que, en última instancia, determina la capacidad de un país para soportar determinada carga financiera. Pilas, señores de la Junta, que ya están advertidos. ¿O será que, también esta vez, piensan echarle la culpa de otro eventual naufragio a los arrecifes?” .

Pero el resultado práctico de esta medida fue otro, bien distinto: al aumentarse la liquidez, como producto de la baja de la tasa interbancaria, la reacción inmediata en el mercado fue el alza de la cotización del dólar, pues aumentó la preferencia por la inversión en divisas, empezando por los bancos, que salieron corriendo a comprar dólares, a elevar su 'posición propia', por lo que se desató inmediatamente una recomposición de los portafolios de los inversionistas. Esta tendencia alcista del dólar, se podría ver neutralizada al concretarse la colocación de los bonos soberanos del tesoro, por US$1.030 millones, operación ésta que depende de una intrincada gestión del Ministro de hacienda, para obtener el aval del Banco mundial, para suplir el grado de inversión perdido, por cuenta de la reiterada baja de la calificación de nuestra deuda, la cual sigue en el de especulación o Junk. Claro está, que este aval del BIRF (¿?) está supeditado al compromiso contraído recientemente por parte del Ministro Santos, de sacar avante en la legislatura que se inicia la tarea impuesta: el Acto legislativo, recortándole las transferencias a las entidades territoriales; la reforma al régimen pensional y la Reforma tributaria territorial! Por lo demás, lo que ha pretendido el Ministro Santos como una proeza suya, está lejos de serlo; su “hazaña” de lograr colocar bonos soberanos de Colombia por valor de US$750 millones, ya que no se pudo el monto total, bajo el paraguas del Banco Mundial, solo delata nuestra escasa confianza entre la comunidad financiera internacional. “A tal punto se ha degradado el concepto que tiene el mundo sobre nuestro desempeño y la capacidad de los gobiernos de gobernar que, con la garantía del Banco Mundial y todo, el Gobierno se vio a gatas para colocar bonos y los que colocó rinden más de quinientos puntos básicos por encima de los del Tesoro de los Estados Unidos. A este paso, se va a arruinar la credibilidad del Banco Mundial como fiador. El mercado está juzgando que, frente a las perspectivas de Colombia, su garantía no vale mayor cosa -un centenar de puntos básicos” .

Finalmente, hagamos unos comentarios, a propósito de la propuesta de que el Banco de la República haga una emisión de papel moneda, con destinación específica para invertir en un programa ambicioso de empleo. La respuesta del Banco de la República no se hizo esperar: no la consideraron prudente "porque se incrementarían las expectativas de devaluación e inflación, presionaría al alza las tasas de interés, agravando el déficit fiscal y frenando la reactivación de la economía... podría interpretarse como una falta de compromiso con las reformas estructurales y el necesario ajuste fiscal" . Lo curioso es que la única emisión que causaría todos esos trastornos es la que tiene el propósito de galvanizar la economía y con ello generar más empleo, no así la emisión que se hizo para solventar al sector financiero para que superara sus aulagas o para la adquisición de los TES. Como lo afirma Mauricio Cabrera "La realidad es que la emisión monetaria no es el 'sida' de la economía, que conduce irremediablemente a la muerte, así como tampoco es la panacea universal, la solución mágica a todos los problemas económicos. Es tan solo un instrumento más dentro de la caja de herramientas de la política económica, útil en ciertas circunstancias y muy perjudicial en otras... Si no hubiera tres millones de colombianos desempleados en las ciudades y caminos de Colombia, este tipo de reacciones no pasaría de ser un episodio más del anecdotario de la comedia nacional, pero, en un país asolado por la guerra y con crecientes indicadores de miseria, no puede darse el lujo de estigmatizar a priori ninguna propuesta razonable, sino que todas deben ser evaluadas... Le tengo más miedo al desempleo, que a la inflación... Nadie está hablando de una emisión del B. de la R. por que sí. Se necesita una emisión dirigida, para crear un Fondo de capitalización empresarial no subsidiado para que las empresas puedan volver a crecer. Dado que hay limitaciones fiscales, entonces debe ser el B. de la R. quien aporte los recursos..." . Y nos dice Javier Fernández Riva: "Tarde o temprano habrá que hacerlo, por lo que es mejor hacerlo ya, porque el daño será mucho mayor cuando el incendio haya cogido más ventaja" . Por su parte, el editorialista de Portafolio, publicación esta muy afecta a la política gubernamental también lo dice: "estamos de acuerdo conque los recursos de emisión se orienten a actividades generadoras de empleo, a la educación de jóvenes y a la capacitación de la mano de obra no calificada" . Como lo afirma el académico Beethoven Herrera, "En ninguna época de la historia se solucionó una crisis sin una acción drástica del Estado... Si se emite para recuperar el aparato productivo, eso no es inflacionario" y lo secunda Eduardo Sarmiento, Presidente de la Academia de Ciencias Económicas, diciendo que "La emisión es terrible cuando hay pleno empleo, no con este desempleo que tenemos. Nuestros economistas piensan que el problema no existe o que no es grave... están equivocados... La emisión es una medida extraordinaria para condiciones extraordinarias. No es una financiación permanente".

Oh sorpresa!, ahora resulta el Banco de la República produciendo una emisión extraordinaria, por la vía del traslado al Gobierno de una suma de $1.4 billones, por concepto de las utilidades obtenidas en el ejercicio del año anterior, las cuales sobrepasaron en $800.000 millones lo aforado por este concepto en el presupuesto nacional, es decir, que el Gobierno no contaba con estos recursos imprevistos. En una clara alusión a quienes veníamos planteando la emisión, como una de las alternativas a seguir, para ver de paliar el grave problema del desempleo, anunció el Gerente del Banco Emisor: "Que no emitimos? Claro que sí. El Banco de la República le entregó $1.45 billones (0.83% del PIB) al Gobierno, para que lo gaste como quiera. Esa es una emisión gigantesca y esperamos que se gaste bien, sobre todo en generación de empleo" . Sin embargo, ni corto ni perezoso, el Ministro de Hacienda, Juan Manuel Santos, salió a decir, que no había que hacerse ilusión con esos recursos, los cuales ayudarían a enjugar el déficit fiscal y que "no se pueden dirigir a otros programas que no estén contemplados en el presupuesto de este año, porque se estaría decretando un aumento en el gasto" , lo cual no es cierto, porque como quedó dicho las utilidades se desfasaron, con respecto a lo presupuestado en $800.000 millones, suma ésta que será menester adicionar para incorporarlo al presupuesto de la actual vigencia, pudiendo asignarse a programas de reactivación económica y generación de empleo. Es decir, la inversión, tanto la pública como la privada, seguirá paralizada, pues el Gobierno ni raja ni presta el hacha. La crisis de confianza seguirá horadando las bases mismas del crecimiento y el desarrollo económico, sin que el Gobierno haga algo por recobrarla.


EL DESEMPLEO: SALIDAS Y EVASIVAS

Al país no se le puede seguir recetando placebos para tratar este mal crónico, que es el desempleo; no nos podemos resignar a registrar esta infernal tragedia como un mal necesario; algo tiene que hacerse, y ya, pues su agudización no da espera. Estamos ante una emergencia y como tal debe tratarse por parte de las autoridades y solo por parte de ellas, pues la magnitud y gravedad del problema del desempleo demanda el concurso de todas las fuerzas políticas y sociales del país. Si se habla de la necesidad de un gran Acuerdo nacional, para emprender las grandes reformas políticas que el país reclama a gritos, con más veras debe propiciarse para sortear esta crónica pesadumbre. Se sabe que no hay soluciones mágicas; no hay soluciones fáciles para problemas difíciles; las soluciones ni se descubren ni se inventan, se construyen y para construirlas es fundamental ser proactivos en la búsqueda de consensos. Si desechamos esta vía, los desempleados de Colombia, como los condenados al averno en la Divina comedia de Dante, repetirán con ira : "Los que entrais aquí, perded toda esperanza"!

Es preciso desechar la tesis peregrina que considera el desempleo como un mal necesario, por perversa y riesgosa; entender que la reactivación y el crecimiento es una condición sine qua-non, para avanzar por la vía de las soluciones indispensables, para generar empleo estable, duradero y bien remunerado, dado que la elasticidad del empleo ante cambios en el PIB es cercana al 0.8%. Amartya Sen, Premio Nobel de economía en 1.998, al combinar las herramientas económicas con las filosóficas, a juicio de la Academia Sueca, “ha restaurado la dimensión ética del debate sobre los problemas económicos vitales” y el empleo está en el centro de ellos. No se pueden evadir, entonces, las soluciones de fondo a este drama humano; no nos podemos quedar en las discusiones bizantinas, en medio de elucubraciones interesadas por parte de los expertos. Si bien resulta plausible la iniciativa del Banco de la República, de auspiciar un Seminario sobre Empleo y economía, hubiera sido deseable que le hubieran dado cabida al disenso del pensamiento único, para que, a partir del cotejo y de la confrontación de tesis, pudiéramos vislumbrar nuestras propias salidas, sin pretender calcar al carbón las de otras realidades distintas a las nuestras. Programas tales como los que anuncia el Gobierno (Empleo en acción, que financiará pequeñas obras de infraestructura básica, proporcionando un empleo con una duración máxima de cinco meses; Familias en acción, que entregará ingresos a las familias pobres para evitar la salida masiva de mujeres y de jóvenes al mercado laboral y Jóvenes en acción, que capacitará muchachos desempleados) son solo paliativos transitorios y de muy poco alcance y no contempla ninguna estrategia para darle la mano al núcleo constituido por las cabezas de hogar desempleados, los cuales, por sus propias características, son personas adultas difíciles de recalificar, al tiempo que tienen responsabilidades familiares, por lo que la consecución de empleo por parte de ellos tiene un mayor impacto.

No pasan de ser éstos, unos programas de la Red de Apoyo social y no un plan de empleo, como lo amerita tan agudo problema. Hay que acometer, sin tardanza, iniciativas de largo aliento, sustentables en el tiempo, de amplio espectro, tendientes a generar esas oportunidades que hoy le son esquivas, en especial a las mujeres, a los jóvenes y a la población más vulnerable. En este sentido es clave cuanto pueda hacerse en materia de educación y capacitación, dado el profundo impacto que ello tendrá en el mercado laboral, no solo reduciendo el desempleo en el corto y mediano plazo, al retener esa masa crítica en el sistema educativo, sino que se estaría invirtiendo en capital humano, uno de los retos de la economía moderna y globalizada.

No se pueden confundir los medios con los fines o trastocar aquellos por éstos; el fin último de la política económica debe ser la felicidad del hombre y la mujer y a este propósito deben servir las políticas agenciadas por el Gobierno. Podrán esperar el ajuste fiscal, la estabilidad económica, los compromisos con el F.M.I, pero lo que no da más espera es el remedio al suplicio y a las penalidades del desempleo. Insistimos en la importancia de adelantar, con premura, un plan de choque por parte del Gobierno, de la mano con el sector privado, con medidas heterodoxas y recomponiendo la deuda pública interna, para ganarle espacio a la inversión pública, la que, de esta manera, jalonaría a la deprimida inversión privada, especialmente acometiendo los programas masivos de vivienda de interés social, que absorben tanta mano de obra. Se hace indispensable que el Gobierno tenga mayor coherencia y consistencia en sus políticas de integración, toda vez que, lo que puede llegar a ser una valiosa oportunidad para nuestro sector externo, se puede convertir en su peor pesadilla, por cuenta de las contradicciones y las incongruencias en las políticas del mismo Gobierno, frenando las decisiones de inversión. Aunque resulte una herejía plantearlo, es pertinente contemplar la conveniencia de revisar los aranceles, en especial en el sector agropecuario, y elevarlos hasta los niveles permisibles, de acuerdo con la OMC, tal y como acaba de hacerlo nada menos que Domingo Cavallo, epígono del neoliberalismo, en Argentina, al bajar unilateralmente los aranceles a los bienes de capital y subir los de consumo. Ahora bien, si en Norteamérica y en la UE están al orden del día los subsidios y las subvenciones, especialmente para el sector agropecuario, podemos nosotros seguir pasando por majaderos exponiendo nuestra producción nacional a la competencia desleal y ruinosa por parte de los excedentes de esos países que nosotros importamos? Estados Unidos, a contrapelo de lo que predica, acaba de darle un espaldarazo a su política de subsidios a la agricultura, extendiéndolos hasta el 2.011, a un costo de US$63.000 millones, el doble de toda nuestra deuda externa! Tampoco vaciló Cavallo en intervenir el Banco Central argentino, cortando de un tajo su fementida independencia y autonomía, porque, son sus palabras, "hay que remover ideas equivocadas". Su retractación de cuanto había dicho y hecho fue de tal desmesura, que terminó declarándose neokeynesiano, porque él ya "no habla de cifras, sino de gente"! El país no debe ahorrar esfuerzos ni recursos en materia de ciencia, tecnología y desarrollo si no queremos seguir retrocediendo en productividad y padeciendo el globalitarismo.

Indudablemente, para que las propuestas anteriores adquieran sentido y tengan la eficacia buscada, es menester un gran pacto obrero patronal, sin mezquindades ni trastiendas, que haga posible una gran alianza estratégica entre el capital y el trabajo, en la que ganando ambos, gana también el país. Y, finalmente, un aspecto primordial que viene gravitando, cada vez con más fuerza, como la mayor amenaza para la economía y para la sociedad, es la espiral de la violencia de todos los pelambres, que se sigue ensañando sobre Colombia, dando al traste con el clima de los negocios y acrecentando día a día nuestro riesgo-país, ahuyentando de nuestros lares a la inversión y a los inversionistas, escapándose como el agua entre los dedos nuestras posibilidades de desarrollo y de progreso. Todo cuanto pueda hacerse en procura de alcanzar la solución negociada del conflicto armado, contribuye inmensamente a remediar los graves males que afligen a Colombia, entre ellos el flagelo del desempleo. La pasividad y la inacción, en este sentido, son los peores enemigos. Si la Ley de Murphy era la fatalidad, por que si "algo puede salir mal, mal saldrá", la Nueva Ley de Murphy nos concita a aprovechar las crisis como oportunidades, pues "Si algo tiene que salir bien, podemos hacer que salga bien"!


Al Presidente Pastrana le perseguirá hasta el último día de su mandato el fantasma del desempleo, que prometió combatir con su Alianza para el Cambio, pues por lo visto el cambio no será por ahora. El no olvidará jamás que en política, basta que uno quiera escapar a algo, para que éste lo persiga obsesivamente.

 

"Nuestra virtud mayor es la creatividad
y, sin embargo, no hemos hecho más
que vivir de doctrinas recalentadas"
Gabriel García Márquez


Amylkar Acosta M.

Bogotá, abril 20/ 2.001
www.amylkaracosta.com


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