Jun 21, 2018 Last Updated 1:53 PM, Jun 7, 2018

UNA NUEVA CASCADA IMPOSITIVA

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En su última sesión del actual período de la presente legislatura, el Congreso de la República aprobó la séptima reforma tributaria, desde que fué expedida la actual Constitución, lo que da un promedio de una reforma cada año y medio, lo cual atenta contra la seguridad jurídica y desde luego, que también enrarece el clima de los negocios. Esta reforma, además de inconveniente, es inoportuna y contraproducente.

 

En nuestro concepto, este era el peor momento para plantear una nueva reforma tributaria, cuando la economía aún no termina de reponerse del impacto recesivo causado por la anterior reforma tributaria, expedida a finales de 1.998. Entonces como ahora, lo que se requería eran medidas tendientes a impulsar la reactivación y no decisiones que como ésta, van a contrapelo de la misma. Nos tememos que con esta nueva reforma, se trunque la incipiente reactivación, con todas sus consecuencias.
Lo que se pone de manifiesto con el Plan de ajuste fiscal implementado por el Gobierno es que no se trata propiamente de reducir el déficit, sino de ver cómo se financia. Así se explica cómo después de las reformas y ajustes draconianos con los que amenazó el ex Ministro de Hacienda Juan Camilo Restrepo, recién posesionado, cerramos el año 1.999 con un déficit mayor que el del año anterior; le apostamos doble a sencillo que el Gobierno este año tampoco alcanzará la meta a que se comprometió con el FMI, de un déficit de solo 3.6%. Además, es evidente que, pese a que con cada reforma se aumenta la presión fiscal sobre los contribuyentes, el recaudo no reacciona; es así cómo después de seis reformas tributarias, el reacaudo permanece estancado, representando entre el 10-11% del PIB. Con razón sentenció Francois de Malherve, que "El pueblo que es sobrecargado de impuestos, acaba por no pagar nada", y eso es lo que ha ocurrido en Colombia, a más impuestos más evasión y elusión, al punto que ésta ya está rondando el 35%, lo cual resulta escandaloso. Pese a lo anterior, el Gobierno persiste en su empeño de subir los impuestos, faltando a su promesa de no solamente no subirlos, sino de bajar cuatro puntos en el IVA y cinco puntos en el impuesto de rentas.
Ahora, se aprueba, a pedido del Gobierno, subir un punto en el IVA, un punto en el impuesto a las transacciones y un punto en el impuesto sobre la renta presuntiva. Esto no lo podíamos compartir y por eso dejamos constancia expresa de nuestro voto negativo. En el caso del IVA, por considerar que es una burla subirlo, después que el mismo Gobierno lo había bajado demagógicamente en la reforma anterior, además de que aumentarlo en este momento puede contribuir a deprimir aún más la demanda; en cuanto al 3 por mil, nunca he compartido este impuesto, por ser antitécnico e inequitativo, además de que atenta contra la profundización financiera, acentúa la desintermediación; ésta a su vez, reduce aún más la formación de ahorro, lo cual incide en la menor liquidez y, por consiguiente al restringir el crédito, éste se encarece al disparar las tasas de interés. Esta cadena diabólica, termina por frenar el crecimiento, afectando de paso al sector financiero, que todavía no alcanza a sobreponerse a su crísis. Ni siquiera el Fondo Monetario internacional está conforme con este tributo, producto más del facilismo que de un estudio serio y concienzudo. En cuanto al incremento del impuesto sobre la renta presuntiva, solo a un Gobierno atolondrado se le ocurre hacerlo, en momentos en que, merced a la crísis, la pérdida de valor de las empresas y del patrimonio de las personas supera el 40%. Pero, como a quien no quiere caldo se le dan dos tasas, acaba el señor Presidente de la República de anunciarle al país, una nueva reforma tributaria, esta vez de caracter territorial, para arbitrarle a las entidades territoriales los recursos que el Gobierno central les ha denegado. Al fin y al cabo, ambas cargas recaerán sobre los mismos contribuyentes!
Si bien el Partido liberal logró suavisar el impacto de la reforma sobre los más pobres, impidiendo que se ampliara la base gravable del IVA a los productos de la canasta familiar; asi como también libró a la clase media de impuestos tan injustos como arbitrarios, tales como el gravámen a las transacciones con viviendas y vehículos usados, esta reforma hace aún más regresiva la estructura impositiva en Colombia, al cargarle la mano a los impuestos indirectos, los cuales son por naturaleza regresivos. Esta reforma, como las anteriores, se aparta del precepto constitucional, que establece que los impuestos deben ser progresivos, equitativos y eficientes. Resulta, además antipático que el Gobierno le exija a los contribuyentes más sacrificios, sudor y lágrimas, mientras la reestructuración del Estado y su adelgazamiento, se queda solo en promesas y el tan anunciado Proyecto de Ley de facultades con tal propósito, no lo pudo tramitar el Congreso por que al señor Presidente se le olvidó firmarlo, qué tal?

Amylkar D Acosta M


www.amylkaracosta.com
Bogotá, Diciembre 18/00


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