Nov 28, 2021 Last Updated 5:48 PM, Nov 11, 2021

TODO ESTÁ CONSUMADO (SOS por la industria textil)

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BAJO PERFIL O EL FRACASO DE UNA ESTRATEGIA

Con la negativa del Congreso de los E.U a considerar la iniciativa planteada por un grupo de Senadores norteamericanos, encabezado por Bob Graham, tendiente a homologar el tratamiento a las exportaciones de las confecciones colombianas al mercado estadounidense respecto a los países de la Cuenca del Caribe, esta industria experimenta el más duro revés, constituyéndose éste en el más estruendoso fracaso de la fementida diplomacia “económica” que con tanto aspavientos viene desplegando la administración Pastrana, como complemento de su ambivalente diplomacia “por la paz”.

En un esfuerzo desesperado por salvar la cara y ante la imposibilidad de obtener la aprobación del proyecto denominado Plan Colombia–Act, la administración Clinton optó por incluir dicha propuesta en la Ley de impuestos que a la sazón discutía el Congreso, pero ya era demasiado tarde. Una de las primeras dificultades que debió de afrontar fue el de su tortuoso trámite, toda vez que por la naturaleza del tema debía iniciar su curso por la Cámara y no por el Senado, como equivocadamente se dio. Además, las circunstancias no eran las más propicias; así lo advierte el propio Graham: “El tiempo se agotó. Había muchas personas interesadas en ayudar a Colombia con esto, pero para otros resultaba incómodo justo en momentos en que están las elecciones de por medio” .

De poco o nada han servido los requiebros de los altos funcionarios del Gobierno, en quienes se echa cada vez más de menos la contundencia y la verticalidad que debe caracterizarlos, cuando de defender los intereses del País se trata, mientras la obsecuencia se convierte en la nota predominante en nuestras relaciones con los E.U, relegándonos a la condición de simple satélite de su política exterior. El embajador de Colombia en Washington, curándose en salud, se pone la venda antes de la herida, al admitir que “Uno tiene que ser realista; este proceso no es fácil porque estamos en una coyuntura política muy especial y por lo tanto no podemos esperar milagros” . La Ministra de comercio exterior se hace eco de tan insulsa como tardía disculpa, a sabiendas de que la extemporaneidad del trámite de la solicitud de Colombia solo es atribuible al empecinamiento del testarudo Embajador Moreno de no introducirle “ruidos” al trámite de la Ley de ayuda al Plan Colombia.

LOS NEGOCIOS DEL GANA-GANA

Acaso solo ahora se percataron del “momento político que está viviendo los E.U, donde hay una campaña presidencial en curso que ocupa parte del tiempo de los congresistas” , para luego concluir en que había que salvar del ahogado el sombrero, admitiendo que “lo realizable es lo que está en el proyecto” , al referirse ahora a una propuesta recortada, limitadísima en su alcance, de la cual sólo se beneficiarían las exportaciones a los E.U de prendas de vestir elaboradas con materias primas y telas 100% estadounidenses, dejando por fuera aquellas que se confeccionen con telas colombianas, situación ésta que se prolongaría hasta el 4 de diciembre del 2.001, cuando, presumiblemente, se obtendría la extensión de la vigencia del ATPA Parity, que nos situaría en igualdad de condiciones, equiparándonos con los países centroamericanos y del Caribe?. Cabe advertir, que, de haber prosperado esta propuesta de última hora, ello habría dado al traste con los más frágiles y vulnerables eslabones de la cadena productiva fibra-textil-confección, “porque los únicos beneficiarios potenciales serían los del sector de confecciones por el uso de materia prima exclusivamente de Estados Unidos... El primer impacto es negativo para la mayor parte de la cadena... Incluso, se podría generar un aumento de la competencia desigual porque un confeccionísta sabe que va a tener preferencias por usar las telas estadounidenses en ese mercado, va a optar por el empleo de dicho material” . Pero, ni esta propuesta tuvo acogida en el reacio Congreso estadounidense; no se pudo vencer la reticencia de sus miembros, pese a que de los US$2.000 millones en confecciones que importa anualmente los Estados Unidos, Colombia solo participa en US$350 millones (1%), los cuales tienen como contrapartida, a su vez, US$200 millones de importaciones de telas procedentes del mismísimo Estados Unidos; para la Ministra de comercio exterior dicha propuesta es de aquellas caracterizadas en el mundo de los negocios como gana-gana, pues con ella saldrían igualmente beneficiados tanto la industria colombiana de la confección, como los productores norteamericanos de telas; es decir, que ganarían ambas partes, “por ello, dicho proyecto cuenta con el respaldo del sector textilero de los propios Estados Unidos” y ni así se avinieron siquiera a considerarla los esquivos congresistas.
No obstante nuestras advertencias, expuestas con suficiente antelación y claridad en el transcurso de tres debates en el Congreso de la República , el Gobierno desestimó nuestras críticas y requerimientos, tal vez porque provenían de las filas de la oposición y solo tardíamente centraron su atención en esta problemática, pues obstinadamente lo apostaron todo al Plan Colombia, con las consecuencias que ahora tenemos que deplorar. Solo ahora, a la hora de nona, ha venido a reconocer la Ministra de Comercio Exterior que “Si tenemos éxito y los textiles colombianos pueden ingresar con preferencias arancelarias al mercado estadounidense, va a ser mucho más fácil para la economía colombiana salir adelante. Pero voy más allá: Solamente si se aprueba esta Ley la industria de confecciones y de textiles de Colombia podrá subsistir... Si esta Ley no se aprueba, y no estoy exagerando, creemos que la industria de textiles y de confecciones colombiana desaparecerá antes de seis o siete meses. No hay ninguna posibilidad de mantener esa industria si no logramos mantener los volúmenes de exportaciones que estamos haciendo al mercado de Estados Unidos... Todo el esfuerzo del Plan Colombia podría verse en entredicho por causa de no contar con un acceso al mercado estadounidense en igualdad de condiciones... De momento, este es nuestro único camino” .

LAS UVAS ESTABAN VERDES?

Es decir, estamos ante la inminencia de una verdadera catástrofe de efectos devastadores, que compromete más de 200 mil empleos de la industria textil y de confecciones o de 600 mil; si nos referimos a su impacto en toda la cadena productiva, expuesta ahora sin remedio a su ineluctable marchitamiento, al anunciarse ya las primeras notificaciones de cancelación de contratos a futuro a las maquiladoras de Barranquilla, Pereira, Cali, Medellín y Bogotá, especialmente, cuyas fábricas son grandes proveedoras de acreditadas marcas, tales como Levis & Co., Liz Clayborne, Ara Lee, Polo y Ralph Laurent, entre otras. No entendemos, entonces, por qué el Presidente de ASCOLTEX insiste en subestimar las severas repercusiones que se derivarán de esta desafortunada circunstancia, afirmando que “No es de ninguna manera un asunto de vida o muerte para la industria textil, que goza hoy de un nuevo vigor como resultado de sus propios esfuerzos de competitividad y de la eficacia que ha demostrado la política macroeconómica en relación con la cadena productiva fibra-textil-confecciones” ; además, resulta inexplicable esa mezcla de pesimismo y resignación que delatan las declaraciones autojustificativas del Director ejecutivo del Centro de Investigación y Desarrollo Textil Confección de Colombia cuando asegura que “así el país tuviera esas preferencias, no se podrían aprovechar porque los empresarios colombianos no están preparados y están rezagados frente a México y República Dominicana” .

LA AMENAZA CHINA

Como si lo anterior fuera poco, el pasado 19 de septiembre el Senado de los Estados Unidos aprobó la Ley de normalización de comercio con la China, ratificando de esta manera el Acuerdo comercial firmado por Clinton en noviembre de 1999. En virtud de esta Ley de Relaciones Normales Permanentes de comercio (Pntr) se le garantizan al gran dragón chino un estatus como socio comercial privilegiado, con lo cual los aranceles aplicables a sus exportaciones a los E.U bajan ostensiblemente. A partir de su entrada en vigencia esta Ley se convierte en una espada de Damocles que pende especialmente sobre aquellos países emergentes, entre los cuales se cuenta Colombia, especialmente si aludimos a aquella gama de productos caracterizados por su escasa complejidad tecnológica, tal es el caso tanto de los textiles como de las confecciones. Este hecho viene a constituirse en el estoque para una industria que aún no termina de reponerse de su crisis, la cual determinó que sus principales factorías, Coltejer, Tejicondor y Fabricato, se hayan tenido que acoger a la Ley 550/99 que prevé la intervención económica, en el propósito de conjurar su crisis, reestructurando sus deudas, buscando plazos más largos y tasas de interés más blandas para pagar sus acreencias, las cuales sobrepasan el billón de pesos, para así poder sobrevivir a la debacle. Otra amenaza que se cierne sobre éste renglón, como sobre toda la industria exportadora es la supresión de un plumazo del CERT(devolución de impuestos indirectos pagados por los empresarios) aprobada subrepticiamente con el Presupuesto para la vigencia del 2.001, con el socorrido argumento de que nuestras exportaciones ya no necesitan el estímulo del CERT puesto que para eso tenemos ya una tasa de cambio competitiva. De este modo, sin vísperas, le cambiaron de la noche a la mañana las reglas de juego a los exportadores. Tan deleznable como equivocada justificación no convenció a los exportadores y al parecer no terminó tampoco de convencer a la Ministra de comercio exterior, quien afirmó que “es importante encontrar un equilibrio entre el objetivo de que el Estado se discipline en materia de gasto y el estímulo a las exportaciones, máxime cuando éstas son una estrategia clave dentro del Plan de desarrollo del Presidente Pastrana”, por lo cual ha propuesto, en uno de esos bandazos tan propios de este Gobierno, y que ya se han vuelto proverbiales, restablecerlo, pues “una adición presupuestal se puede hacer en cualquier momento. Estamos mirando qué se puede hacer al respecto” . Y así denigran a diario contra la Corte constitucional y sus fallos, atribuyéndoles a éstos la inseguridad jurídica que ellos mismos prohíjan y a la que tanta aversión le tienen la inversión y los inversionistas tanto extranjeros como nacionales.

IMPLORARLE AL TíO SAM: OTRA ESTRATEGIA QUE FALLA

En una carta de la representación de Colombia ante el Tío Sam que circuló por los pasillos del Capitolio en Washington, recabando el concurso tanto de los republicanos como de los demócratas, se les quiso tocar las fibras más sensibles de éstos, las de sus intereses en juego, alegando que “existe una amenaza al éxito del Plan Colombia; el TDA favoreció a los países del Caribe y les dio ventajas desde el primero de octubre. Lo que se busca es que Colombia tenga las mismas preferencias, pues, de lo contrario, la industria textil será devastada... Esta situación para Colombia es de emergencia porque puede perder entre US$250 y US$360 millones anuales, recurso que obtiene de las exportaciones. .. Colombia no puede darse el lujo de perder más empleos. La no aprobación del Proyecto representaría la pérdida de 50.000 empleos directos y 120.000 indirectos” . Solo la asimetría en las relaciones colombo-estadounidense puede explicar esta situación paradojal: que al tiempo que se reprime al narcotráfico a través de campañas punitivas muy cuestionadas por su ineficacia, mediante la interdicción para impedir el ingreso de la droga al mercado estadounidense, nos quedamos con un palmo de narices cuando intentamos acceder a ese mismo mercado, esta vez con productos de origen y destino lícito, los cuales tropiezan con toda suerte de obstáculos y cortapisas, ya sea el sistema de cuotas o preferencias, cuando no se trata de las odiosas protecciones, pues ellos predican el libre comercio, pero son los primeros en actuar a contrapelo del mismo. Con sobrada razón afirmó el Canciller Argentino que “Existe una gran hipocresía a nivel global: A Latinoamérica se le obliga a sustituir cultivos ilegales que son altamente rentables, pero no se le da acceso a los mercados para sus productos legales” . No le falta razón al editorialista de El Tiempo cuando afirma "Detrás de la negativa parlamentaria a la paridad arancelaria de los textiles colombianos se esconde una verdad de a puño: sin estímulos a las exportaciones colombianas a los Estados Unidos no hay Plan Colombia que funcione, por más batallones y recursos que tenga. La estabilidad andina va de la mano de una guerra frontal contra las drogas y también -y eso no lo entendieron muchos congresistas estadounidenses- de ayudas económicas como las preferencias arancelarias del ATPA y un aún lejano tratado bilateral de libre comercio"
Se duele el Director de El Espectador de que “Ni la contundencia de la geografía sirvió para convencer a los duros legisladores, por lo que curiosamente ¡hoy seguimos sin ser caribeños, a pesar de serlo!” y describe como tarea ingrata la de “ir a pedirle al Congreso norteamericano ventajas comerciales para la importación de textiles y confecciones de otros países(como Colombia)” cuando visitó atlas en mano a varios congresistas en los primeros años de lobbyng de ese proyecto(1995-1996). Afirma el Director de dicho rotativo: “...Se trata de un complemento necesario del Plan Colombia aprobado en julio pasado y ayudaría en mucho a aplacar las críticas militaristas que se le han hecho a aquél. Los trabajadores colombianos que sean desplazados por las preferencias discriminatorias para los países del ‘alto Caribe’ entrarán a engrosar las filas de nuestros desempleados o simplemente se trasladarán a sembrar cultivos ilícitos o a integrarse a los grupos insurgentes o a la criminalidad común” . Desde entonces a hoy nada a cambiado, no hay nada nuevo bajo el sol, a pesar de que hemos pasado de las turbulentas épocas del envenenamiento de nuestras relaciones bilaterales a la actual, signada por la abyecta sumisión al amo del norte, en la que gracias a esa gran docilidad de que ha hecho gala el Presidente Pastrana lo que muchos presentíamos hoy es una deplorable realidad: estamos presenciando, impasibles, el escalamiento de la guerra y todos nuestros vecinos están alarmados por sus calamitosas consecuencias, mientras la Unión Europea acaba de dejar muy en claro que ella nada quieren saber del Plan Colombia, que a él no le apuestan un solo Euro, porque prefieren apostarle al proceso de paz, aún con todas sus inconsistencias y desvaríos.

 

COLOMBIANOS EN USA: TRATADOS COMO PARIAS

Se vislumbra un eventual cambio de la política de los Estados Unidos, una vez que pasen los comicios presidenciales del 7 de noviembre de 2000, pues gane quien gane no está en el interés de los estadounidenses verse directamente involucrados en un conflicto que se sabe cómo y dónde empieza, pero no cómo puede terminar.
Pero, definitivamente, los “éxitos” que reclama el Gobierno para su efectista política exterior, se han visto empañados no solamente por este descalabro anunciado, si no también por la embarrada cometida con la diáspora de colombianos asentada en los Estados Unidos, quienes durante más de un año demandaron, infructuosamente, del Gobierno nacional su solicitud a Clinton del Estatus de Protección Temporal (TPS) y Pastrana rehusó hacerlo, alegando que el éxodo de colombianos hacia los Estados Unidos obedecía a razones estrictamente económicas y no porque se vieran compelidos a hacerlo por la guerra interna que asola nuestro país. La indolencia y el desdén del Gobierno de Pastrana ha agravado la penosa situación de ilegalidad y exclusión de que son víctimas más de 80 mil colombianos en los E.U que han visto aplazada, quizá por cuánto tiempo, la normalización de su situación, toda vez que “La decisión sobre el TPS no se conocerá hasta que llegue la nueva administración, donde se tendrá que empezar un nuevo lobby con diferentes estrategias” ; todo por culpa del Gobierno de Pastrana, que sólo oficializó la solicitud de dicho Estatus en el mes de octubre, ante la presión de miles de migrantes colombianos residenciados en los Estados Unidos y también del Senado de la República de Colombia, que le reprochó su conducta remolona y displicente para con la suerte de nuestros connacionales. Algo va, pues, de la realidad virtual de nuestra estridente diplomacia, producto de la mediática, a la real realidad, con todas sus funestas consecuencias, a la que nos aboca la imprevisión y la improvisación presidencial. Podríamos decir que lo que le sobra en eficiencia le falta en eficacia a la atolondrada política exterior de este Gobierno y entre un fiasco y otro sigue alardeando de sus "éxitos". Hasta cuando?

 

“En la capacidad de tomar la decisión acertada,
en el momento preciso, está el éxito”. Maquiavelo.

Amylkar D. Acosta M

 

Bogotá, Octubre 31 del 2.000


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