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Se quedaron con los crespos hechos, quienes pretendían liberar los precios del gas natural en boca de pozo, a sabiendas de sus funestas consecuencias. El hundimiento del Proyecto de Ley 308/2.000 de Cámara, cuando solo le restaba su último debate, fue determinante para que en la boca del horno se les ahumara el pan, frustrándose de esta manera las torvas intenciones de sus impulsores.

 

Curiosamente, este Proyecto que en su versión primigenia se proponía prohibir las eventuales exportaciones de gas natural, al considerar que con ello se pondría en peligro el abastecimiento del mercado doméstico, derivó en otro tendiente a promoverlas. En el transcurso de su trámite en el Senado y luego en la Cámara, llamamos la atención sobre la importancia para Colombia de lograr un posicionamiento en la comercialización internacional de este importante recurso, del cual cuenta Colombia con muy importantes reservas, pero dejando en claro que ello debe darse sin comprometer el abastecimiento interno. Por ello, fuimos categóricos al plantear la necesidad de supeditar las exportaciones a la garantía de unas mayores reservas disponibles, para lo cual era indispensable plantear un horizonte de Reservas/Producción, para el interior del país y para la Costa, respectivamente, no menor de cinco años, teniendo en cuenta que en Colombia se tiene un mercado segmentado, no pudiéndose contar en la Costa con el suministro desde el interior del país ni viceversa, por no contar con la infraestructura de transporte suficiente.
Es evidente que la única manera de acrecentar las reservas, para que no peligre hacia el futuro el normal abastecimiento, es incentivando la búsqueda mediante las nuevas inversiones en la exploración. Pensando en ello el Congreso dio un paso importante en esa dirección, al flexibilizar tanto la política contractual como el régimen de regalías, a través de la Ley 619/2.000, para hacer más atractiva la inversión en la exploración y la explotación del gas; incluso, en algunos aspectos, al Congreso se le fue la mano. Adicionalmente, con la depreciación acelerada de sus activos, se le garantiza a los inversionistas una mayor y mejor tasa de retorno para sus capitales. No se puede afirmar, entonces, que no se han producido cambios en la dirección correcta. Lo que no se puede es afirmar que el precio y solo el precio constituye el aliciente para que las empresas inviertan en la exploración del gas. En este craso error incurrieron, quienes pretendieron hacer del Proyecto de Ley para promover la exportación del gas, lo cual es plausible, una simple estratagema para liberar su precio, para el beneficio exclusivo y excluyente de las multinacionales. En las condiciones actuales, en donde el mercado está controlado por unos pocos agentes, en el cual brilla por su ausencia la competencia, liberar en forma inmediata los precios, provocará un alza inusitada de los mismos, con graves repercusiones. Por ello, hemos propuesto el establecimiento de una franja de precios, con un piso y un techo, que impida los abusos de posición dominante en el mercado y los brotes especulativos, para que no se repita con el gas lo que acaba de ocurrir con la electricidad. Ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre; esta debe ser la tónica respecto a la política de precios, para no reincidir en los mismos desaguisados de las tarifas de la energía, que siguen constituyéndose en un quebradero de cabeza para las autoridades del sector, que hasta ahora no han podido dar pié con bola.
Ahora bien, al hablar del precio en boca de pozo, se hace menester revisar también la tarifa al usuario final, a efectos de evitar excesos al momento de apropiarse de la renta que se genera, por parte de cada uno de los eslabones de la cadena, para que la prosperidad de unos no se dé en detrimento del interés de los otros, amén de que los beneficios se queden en la mitad del camino, sin que lleguen hasta el último eslabón, que es el usuario final.
Ha preferido el actual Ministro de Minas y Energía no darse la pela esta vez y, más bien optó por meter al freezer el Proyecto de marras, estudiarlo mejor, sin afanes, sobre todo después que Ecopetrol tomara la decisión de asumir las inversiones necesarias para construir la planta de tratamiento del gas de Cusiana, con lo cual se podrá disponer del mismo a mediano plazo, conjurándose así un eventual déficit en el suministro del mercado en el interior del país.

 

Bogotá, julio 9/ 2.000
www.amylkaracosta.com
QUÉ PASÓ CON LA LIBERACIÓN DEL PRECIO DEL GAS?

Amylkar D. Acosta M.

Se quedaron con los crespos hechos, quienes pretendían liberar los precios del gas natural en boca de pozo, a sabiendas de sus funestas consecuencias. El hundimiento del Proyecto de Ley 308/2.000 de Cámara, cuando solo le restaba su último debate, fue determinante para que en la boca del horno se les ahumara el pan, frustrándose de esta manera las torvas intenciones de sus impulsores.
Curiosamente, este Proyecto que en su versión primigenia se proponía prohibir las eventuales exportaciones de gas natural, al considerar que con ello se pondría en peligro el abastecimiento del mercado doméstico, derivó en otro tendiente a promoverlas. En el transcurso de su trámite en el Senado y luego en la Cámara, llamamos la atención sobre la importancia para Colombia de lograr un posicionamiento en la comercialización internacional de este importante recurso, del cual cuenta Colombia con muy importantes reservas, pero dejando en claro que ello debe darse sin comprometer el abastecimiento interno. Por ello, fuimos categóricos al plantear la necesidad de supeditar las exportaciones a la garantía de unas mayores reservas disponibles, para lo cual era indispensable plantear un horizonte de Reservas/Producción, para el interior del país y para la Costa, respectivamente, no menor de cinco años, teniendo en cuenta que en Colombia se tiene un mercado segmentado, no pudiéndose contar en la Costa con el suministro desde el interior del país ni viceversa, por no contar con la infraestructura de transporte suficiente.
Es evidente que la única manera de acrecentar las reservas, para que no peligre hacia el futuro el normal abastecimiento, es incentivando la búsqueda mediante las nuevas inversiones en la exploración. Pensando en ello el Congreso dio un paso importante en esa dirección, al flexibilizar tanto la política contractual como el régimen de regalías, a través de la Ley 619/2.000, para hacer más atractiva la inversión en la exploración y la explotación del gas; incluso, en algunos aspectos, al Congreso se le fue la mano. Adicionalmente, con la depreciación acelerada de sus activos, se le garantiza a los inversionistas una mayor y mejor tasa de retorno para sus capitales. No se puede afirmar, entonces, que no se han producido cambios en la dirección correcta. Lo que no se puede es afirmar que el precio y solo el precio constituye el aliciente para que las empresas inviertan en la exploración del gas. En este craso error incurrieron, quienes pretendieron hacer del Proyecto de Ley para promover la exportación del gas, lo cual es plausible, una simple estratagema para liberar su precio, para el beneficio exclusivo y excluyente de las multinacionales. En las condiciones actuales, en donde el mercado está controlado por unos pocos agentes, en el cual brilla por su ausencia la competencia, liberar en forma inmediata los precios, provocará un alza inusitada de los mismos, con graves repercusiones. Por ello, hemos propuesto el establecimiento de una franja de precios, con un piso y un techo, que impida los abusos de posición dominante en el mercado y los brotes especulativos, para que no se repita con el gas lo que acaba de ocurrir con la electricidad. Ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre; esta debe ser la tónica respecto a la política de precios, para no reincidir en los mismos desaguisados de las tarifas de la energía, que siguen constituyéndose en un quebradero de cabeza para las autoridades del sector, que hasta ahora no han podido dar pié con bola.
Ahora bien, al hablar del precio en boca de pozo, se hace menester revisar también la tarifa al usuario final, a efectos de evitar excesos al momento de apropiarse de la renta que se genera, por parte de cada uno de los eslabones de la cadena, para que la prosperidad de unos no se dé en detrimento del interés de los otros, amén de que los beneficios se queden en la mitad del camino, sin que lleguen hasta el último eslabón, que es el usuario final.
Ha preferido el actual Ministro de Minas y Energía no darse la pela esta vez y, más bien optó por meter al freezer el Proyecto de marras, estudiarlo mejor, sin afanes, sobre todo después que Ecopetrol tomara la decisión de asumir las inversiones necesarias para construir la planta de tratamiento del gas de Cusiana, con lo cual se podrá disponer del mismo a mediano plazo, conjurándose así un eventual déficit en el suministro del mercado en el interior del país.

 Amylkar D. Acosta M.

Bogotá, julio 9/ 2.000
www.amylkaracosta.com