Nov 28, 2021 Last Updated 5:48 PM, Nov 11, 2021

  LA UVR: SOLUCIÓN A MEDIAS

Categoría: 2000
Visto: 993 times

Un arduo e ímprobo trabajo le significó al Congreso de la República la tramitación y aprobación de la Ley de financiación de vivienda, tarea ésta que encaró con asiduidad y responsabilidad, sin menoscabo de la más amplia participación de todas las partes comprometidas en el pandemonium en que se había convertido el delicado problema a que esta abocado el sistema de ahorro y crédito hipotecario. El Proyecto inicial presentado por el Gobierno fue objeto de profundos y trascendentales cambios, mejorándolo ostensiblemente, obteniendo al final un texto, que si bien no es la panacea, constituye un gran avance frente a la aberración del diabólico sistema UPAC.

Indudablemente, uno de los logros mas importantes a destacar fue el definir la UVR como “una unidad de cuenta que refleja el poder adquisitivo de la moneda, con base exclusivamente en la variación del índice de precios al consumidor certificado por el DANE”. De esta manera, la corrección monetaria no estará expuesta a las bruscas oscilaciones de la tasa de interés del mercado. En este sentido, paradójicamente, hemos avanzado retrotrayéndonos a la versión primigenia del sistema UPAC, antes de su disparatada distorsión por parte de la Junta directiva del Banco de la República. Ahora, la clave está en el comportamiento del IPC. De momento, esta es una buena noticia, pues la inflación de 1999 fue la menor en 29 años; pero, no podemos apresurarnos a cantar victoria, pues aunque el Gerente del Banco de la República afirme que “en toda la teoría económica se habla de que la inflación baja es cuando la política monetaria se maneja bien” ,queda poca duda de que la gran artífice del milagro ha sido la recesión. No se puede descartar, entonces, un rebrote inflacionario que de al traste con nuestro moderado optimismo. En todo caso, queda un cabo suelto: el de las tasas de interés. Solo para la financiación de la vivienda de interés social se previó un techo del 11% y eso, solo por un año. De repente, éste puede seguir siendo el mayor escollo, pues nuestros esfuerzos por lograr meter en cintura las exorbitantes tasas de intermediación fueron infructuosos. Pese a ello, resulta tranquilizante el que la Ley, en acatamiento a la providencia de la Corte constitucional proscribió la práctica del anatocísmo, consistente en cobrar intereses sobre los intereses, mediante la capitalización de estos, a pesar del empecinamiento del sector financiero, aupado por el Gobierno, en el sentido que de no darse la capitalización de intereses se tornaría inviable el crédito hipotecario de largo plazo. Claro, que ahora, muy seguramente, se alegará que las cuotas serán mas elevadas, ante la imposibilidad de llevar los intereses a capital. Adicionalmente, en adelante solo cabe cobrar intereses de mora sobre las cuotas atrasadas, mas no sobre el saldo insoluto de la deuda, que resultaba tan gravoso como torticero.

De nada valieron los sermones del señor Ministro de hacienda contra la presunta cultura del no pago, desvirtuada por los propios hechos; terminó por imponerse la sensatez y la justicia, al disponer que la reliquidación sería aplicable no solo a los créditos que estuvieran al día al 31 de diciembre de 1999( Art.41), sino también a los que, por diversas causas, estuvieran “colgados” a la fecha(Art.42), haciendo la salvedad, claro está, de que en el primer caso procederá hacerlo en forma automática, en tanto que en el segundo deberá mediar una solicitud del titular del crédito, acogiéndose a los términos de la Ley, en todo caso descontándoles los intereses de mora y abonándoles a las cuotas en mora el saldo que arroje a su favor la reliquidación. No serán, entonces “los jueces de la República quienes, al resolver las demandas individuales que admitan, dirán si corresponde reliquidar los créditos y en las respectivas sentencias determinarán el monto de cada reliquidación” , como lo pregonaba a voz en cuello la Superintendente bancaria. Quedó un vacío en lo atinente a aquellos casos en los cuales el titular del crédito ya hubiese redimido la deuda, pues la acción de resarcimiento y reparación del daño infligido que dispuso la Corte constitucional también los cobija a ellos, por lo que proliferarán las demandas en este sentido. Ojalá que la reglamentación de la Ley no desvirtúe el espíritu de ésta, pues ya se empieza a observar con preocupación el que algunas corporaciones vienen interpretándola a su amaño, confundiendo deliberadamente lo que debe ser en rigor una reliquidación, con una supuesta reestructuración del crédito a los esquilmados deudores. El FMI terminó por aceptar, aunque a regañadientes, esta fórmula que, a su juicio “genera un riesgo moral al dar ayudas a los deudores del sistema hipotecario”. En el entretanto se suspenden por un término de 90 días los procesos de embargo(Parágrafo 4, Art.42); intervalo este que servirá para que los deudores puedan decidir si se acogen o no al plan de reliquidación. Aún para aquellos quienes ya han perdido sus viviendas, al entregarlas como dación en pago a sus acreedores, encuentran opciones en la Ley. Es preciso, a este respecto, no crear falsas expectativas, pues tal como lo afirma el editorial de El Tiempo “No queremos pecar de aguafiestas. Las reliquidaciones no van a ser la tabla de salvación definitiva para los deudores. Pero, en realidad, en algo les va a aliviar la grave carga que llevaban encima, el nerviosismo de perderlo todo. Algo de lo que les habían quitado en forma absurda les será descontado. Pero, no hay que equivocarse, los créditos siguen, las cuotas no bajarán” .
Se dio un paso muy importante, al simplificar el sistema del crédito hipotecario, al pasar de mas de 80 modalidades de crédito, con todas sus complejidades a otro que contemplará máximo 2, entre ellos el créditos en pesos, con tasas de interés fija que, desde luego, subsistirá. En adelante, ya no se podrán establecer cláusulas tan leoninas como aquella que penalizaba los prepagos. Uno de los lunares en la Ley, es lo relativo a la Cláusula compromisoria(Art.35), que prevé unos pactos arbitrales, que terminarán por suplantar la autoridad de los jueces de la República. Esta será una fuente generadora de permanentes conflictos, mas que un medio para tramitarlos.
Un aspecto en el cual queremos insistir, es en la falta de solidez del esquema de financiamiento de la vivienda hacia el futuro, así como también el de la actividad constructora, tan venida a menos. En cuanto a la vivienda de interés social, lamentablemente fue desestimada nuestra propuesta de asignarle el 0.5% del recaudo por concepto del IVA, con esa destinación específica, para evitar el que su financiamiento quede expuesto al albur y a la discrecionalidad de la administración de turno o al buen suceso de las utilidades del Banco Emisor. Un vacío que se debe llenar con prontitud, es la necesidad del establecimiento de unos criterios objetivos, racionales y equitativos para la asignación de tan magros recursos a las distintas regiones del país, para las soluciones de viviendas de interés social. En relación a las titularizaciones y los bonos hipotecarios, comparto plenamente las reservas de María Mercedes Cuellar, cuando afirma: “Si papeles que, en teoría, no tendrían riesgo- como son los TES- no tienen mercado, por qué habrán de tenerlo unos títulos hipotecarios? No será que estamos pensando con el deseo?. Pero, cuidado, que una lectura errónea de la realidad es la más rápida invitación al desastre” . Amanecerá y veremos!
Pero, el principal interrogante y que a nuestro juicio no absuelve la Ley de financiación de la vivienda, es hasta dónde ésta es la solución a la gran encrucijada del sistema de ahorro y crédito hipotecario y, lo que es más importante, qué sustentabilidad en el tiempo puede tener y si está, acaso, inmune a las posibilidades de que, igual que el UPAC, el UVR también haga implosión, colapsando, una vez más dicho sistema?. Lo cierto es que se ha removido el detonante de la crísis, mas no las causas estructurales de la misma. El crédito en general, tanto el hipotecario, como el comercial y el de consumo tardará aún en reactivarse, pues la economía, pese a las albricias del Gobierno sigue rengueando, a tal punto que el novel Ministro de minas, tan afecto al Gobierno no dudó en exclamar, absorto: “Ni los modelos mentales, ni los econométricos mas sofisticados, permitían predecir una recesión tan profunda como la de este año” . Y las consecuencias no se han hecho esperar; hemos retrocedido, a tal punto, que el PIB de 1999 es igual al del año 1996 y el PIB percápita, en dólares del 99, es el mismo que en 1994! Al finalizar el siglo, Colombia tiene el ingreso que tenía Estados Unidos e Inglaterra...en 1933 o España en la década del 60 y su ingreso percápita PPP(Purchasing Power Parity) cayó el 8! Aunque en Colombia, mas grave que la pobreza es el empobrecimiento y la inequidad: a muy pocos les sobra mucho, tienen demasiado y muchos, abrumadoramente, carecen de lo indispensable para su congrua subsistencia. Según el Informe del PNUD para Colombia, entre 1991 y 1995, la proporción de pobres creció anualmente a una tasa del 11%. Solo en el primer año del Gobierno de Pastrana, según el DANE, perdieron su empleo 300 mil colombianos y la pauperización creciente de cada vez mayores conglomerados, le ha significado al país añadir 1.800.000 pobres mas en sus estadísticas y esto, sin sumar el contingente de mas 1.750.000 compatriotas desplazados; todo lo cual nos muestra un cuadro tan patético como horripilante. Según cifras del mismo informe del PNUD, dos de cada diez colombianos tienen ingresos por debajo de la línea de indigencia. De remate, en los últimos 9 años el coeficiente Gini, que mide el grado de concentración del ingreso, pasó de 0.47 a 0.53, peor que el 0.52 que exhibía, indecorosamente, el país en 1951, cuando su nivel de desarrollo era apenas equiparable al de los países africanos de hoy en día. En fín, para decirlo en las palabras del Alto Comisionado para la paz, Colombia es un país “donde los pobres no comen, los ricos no duermen y la clase media no vive” . Y estadísticas recientes lo confirman, las cuales dan cuenta que en Colombia existe ya el fantasma, que se hace realidad ya en muchos hogares, de la hambruna. La ingesta de alimentos ha caído un 45% y pululan por doquier en las grandes ciudades las tiendas de comidas “rápidas” abarrotadas de clientes que han visto diezmados sus ingresos. Cada día que pasa el ingreso se deteriora para un número creciente de colombianos. Solo en el año 1999, se menguó el poder adquisitivo en Colombia en una proporción que supera el 15% si le sumamos al IPC el bajonazo en el PIB. Es muy diciente que, según cifras del DANE, el total de personas que devengaba el salario mínimo en las 7 principales ciudades se incrementó entre 1995 y 1999, del 23.3% al 33.9% de la población laboral y el de las que devengaban hasta dos salarios mínimos pasó del 67.9% al 75.2%, para un total de 3.5 millones. El Indice de miseria en Colombia se ha trastocado: “A comienzos de los noventa, el aumento en el índice de precios al consumidor superaba el 20% y el desempleo estaba por debajo del 10%. La sumatoria de las dos variables alcanzaba un nivel alrededor del 30%. Al finalizar la década, el agregado de los índices también llega al 30%, pero su composición es muy distinta: la inflación es cercana al 10% y el desempleo excede del 20%. Un mismo resultado- 30%- pero con implicaciones muy distintas” . En tales circunstancias, no es ninguna gracia, alcanzar una inflación de un solo dígito, pero con más de millón y medio de desempleados y dos millones más de subempleados, sin capacidad adquisitiva, encunetados y excluidos. Este es el nudo gordiano que hay que desatar, a riesgo de alentar mayores y peores frustraciones, pues ofrecerle alivios, reliquidaciones, condonación de intereses de mora, subsidio al crédito de vivienda, a quienes hacen legión en la fila de desempleados, es ofrecerle pan al que no tiene dientes. Es tanto mas preocupante el drama anterior, habida consideración de que, según fuente de las Naciones Unidas, al analizar 300 crísis económicas en el lapso comprendido desde 1973 hasta 1999 en mas de 80 países, se coligió que el crecimiento del PIB recuperó sus niveles anteriores a la crisis en un año, como promedio y el crecimiento del empleo en cinco años. Pero, además, mostró que la distribución del ingreso se deterioró, en promedio, en tres años y tardó en recuperar los niveles anteriores a la crísis cinco años. Por ello, no dudamos en plantear que la solución de fondo pasa por la reactivación de la economía y la generación de empleo productivo. Sin una y otra, la Ley será nugatoria en sus efectos, vísperas de mucho y día de nada. Nos invade el pesimísmo, al conocer los compromisos del Gobierno de aplicar a rajatabla la receta del FMI, que es recesiva, es más de lo mismo, es aumentar la dosis de la misma pócima, que ya ha mostrado con creces que, además de amarga no solo no cura nuestras dolamas, sino que las empeora. A nadie convence lo que nos dice el Ministro de hacienda, de que “las recomendaciones y políticas del Fondo son ahora muy diferentes a las de los años sesenta. El FMI ya no es el ‘coco’ de hace unos años” . Los agobiados deudores del UPAC y la humanidad entera saben, por los rigores de su propia experiencia, que el Fondo bala como oveja y muerde como león y por ello no van a caer en el garlito de la huera palabrería del Ministro, que nos recuerda las imprecaciones del Gitano andaluz, que le pedía al señor tres gracias: la primera, que la mujer no se la jugara; la segunda, que si le era infiel, él no se diera cuenta y la tercera, que si ella lo traicionaba y él se llegaba a enterar, eso le importara un higo!

Amylkar D. Acosta M


Santafé de Bogotá, enero 14 del 2.000


Los más destacados

LA COP26

11 Nov 2021 Opinión

LA TORMENTA PERFECTA

09 Oct 2021 Opinión

¡OH SORPRESA!

09 Oct 2021 Opinión

EL LÍO DE MONÓMEROS

24 Sep 2021 Opinión

Sígueme en Facebook