Dec 15, 2017 Last Updated 8:48 PM, Nov 28, 2017

EL AMIGO IMAGINARIO

Categoría: Economía Nacional
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El recientemente liberado Mayor de la Policía Guillermo Solórzano dejó atónito al país cuando al narrar la odisea en que se le convirtió su secuestro por parte de las FARC contó que lo que hizo más llevadero su dantesco drama fue contar con un amigo imaginario que él mismo creó al que llamó Rodolfito. Ahora se sabe que este fenómeno es más común de lo que se cree y según la psicología infantil, los amigos imaginarios surgen como respuesta a las idealizaciones. Al parecer el gobierno colombiano tiene en los EEUU un amigo imaginario y no nos habíamos percatado de ello. Desde los remotos tiempos de la doctrina Monroe de América para los americanos, pasando por la Política del Gran Garrote de Theodore Roosevelt como su corolario, hasta la más reciente doctrina de la Seguridad Nacional, la política exterior de los EEUU, que se confunde con su paradigma del Destino Manifiesto, ha tenido como hilo conductor la sentencia de su primer Presidente George Washington que no puede ser mas lapidaria: “las naciones no tienen amigos sino intereses”.

De modo que todas esas declaraciones melifluas y grandilocuentes en el sentido que Colombia es el “aliado estratégico” de los Estados Unidos con quien mantiene una “relación especial” se han quedado sólo en la retórica. Después de los desencuentros entre Clinton y Samper se recompusieron las relaciones entre los dos países en el cuatrienio de Andrés Pastrana; pero, a pesar de que este se ufanaba de tener tan buena química con Clinton como con Tirofijo, fue muy poco lo que pudo avanzar el país en su acceso al mercado de los Estados Unidos. Lo único que le quedó para mostrar de este idilio fue el Plan Colombia, el cual fue aprobado a solicitud del ex presidente Pastrana, en el sentido que “es hora de que Estados Unidos mire a su patio trasero y lo ayude...”. Huelga decir que dicho Plan fue concebido y diseñado por el propio Estados Unidos como un componente básico de su fracasada estrategia antidrogas.


EL CRISTO DE ESPALDAS

Luego, vendrían los ocho años de la administración Uribe y a la sazón George W Bush era el Presidente de la gran potencia del Norte; entre uno y otro había una gran afinidad ideológica. El Presidente Uribe tuvo el privilegio de hacer parte del exclusivo club de personalidades de la política mundial que visitó a Bush en su rancho de Crawford, Texas. Y a pesar de ello, aunque Uribe logró negociar y firmar el TLC con su homólogo, ambos terminaron su período sin que lograra su cometido de la ratificación del mismo. Casi cinco años después de firmado su ratificación sigue en el limbo y cada vez más embolatada, pese a que según el Comité Consultivo para Políticas y Negociaciones de Comercio de los EEUU “el tratado con Colombia satisface o supera los logros acordados en otros tratados recientes, incluyendo los suscritos con Perú, Centro América y República Dominicana”. 

De hecho, en el Informe presentado en la primera semana de este mes al Comité de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos por el Senador republicano Richard Lugar se constata el desplazamiento de Estados Unidos en materia comercial en Suramérica, y en particular en Colombia, a favor de China, Mercosur, Chile, los países de la CAN, México y Canadá. Según sus cálculos, en los últimos dos años, Estados Unidos ha perdido US $1.000 millones de exportaciones agrícolas a Colombia, equivalente al 56 por ciento de su participación en el mercado nacional. Y si nos atenemos a las cifras que maneja la Cámara de Comercio Colombo – Americana, los exportadores de los EEUU le pagan a Colombia US $22 cada segundo por concepto de aranceles, unos US $2 millones diarios. A ojo de buen cubero, eso significa que desde la firma del texto negociado del TLC bilateral con los EEUU a hoy han tenido que cancelar una suma aproximada a los US $3.644 millones. Dicho de otra manera, de haberse ratificado el TLC por parte de los EEUU el fisco nacional habría dejado de recaudar esa misma suma por concepto de aranceles, el doble del estimativo del ex ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla respecto al costo fiscal de la entrada en vigencia del TLC de US $300 millones anuales. Contrástese esa cifra con los US $350 millones, aproximadamente, que dejarán de pagar los exportadores colombianos por concepto de arancel a la entrada en vigencia del TLC con los EEUU, diez veces menos de lo que dejarán de pagar ellos (¡!). De allí la posición del Representante republicano Dave Camp, cabeza del Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara baja, quien dejó en claro que “sin una fecha concreta para el TLC los conservadores no van a darle nuevo apoyo al ATPDEA, simplemente porque le reduce las tarifas a los exportadores colombianos sin reducirla a las exportaciones norteamericanas a Colombia como lo haría el TLC”.

EL EMPAREDADO DEL TLC

Pero, ocurre que entre los demócratas y republicanos existe una incompatibilidad de caracteres, pues al decir de Javier Tellagorri mientras los primeros ven aquello en lo que creen, los segundos creen en lo que ven. De allí su antagonismo, los demócratas propenden por el comercio justo, los republicanos por el libre comercio; dicha confrontación llevó al estancamiento del trámite y aprobación de la ratificación de los TLC firmados por parte de los EEUU con Panamá, Colombia y Corea. La elección de Barack Obama como Presidente complicó aún más las cosas, máxime cuando en un error imperdonable de la diplomacia colombiana esta tomó partido por el republicano MacKein. No obstante, por fuerza de las circunstancias, Obama abandonó su posición radical en contra de dichos tratados y se mostró dispuesto a impulsarlos. 

En efecto, en su discurso sobre el Estado de la Unión el 27 de enero de 2010 fue muy enfático al afirmar que “este año continuaremos fortaleciendo nuestros acuerdos comerciales con Asia y aliados clave como Corea del Sur, Panamá y Colombia”. Una vez más, en el discurso pronunciado por Obama el 26 de enero de este año sobre el Estado de la Unión, ratificó que “antes de asumir el mando, dejé en claro que íbamos a verificar el cumplimiento de nuestros acuerdos comerciales y que sólo suscribiría pactos que beneficiarán a los trabajadores estadounidenses y promovieran empleos en Estados Unidos. Eso fue lo que hicimos con Corea y eso es lo que pretendo hacer al procurar acuerdos con Panamá y Colombia, y continuar nuestras conversaciones comerciales con la región del pacífico de Asia y en el mundo”. Posteriormente sostuvo que “acabamos de cerrar un acuerdo de libre comercio con Corea del Sur que representa un apoyo para 70.000 puestos de trabajo estadounidenses como mínimo, un acuerdo que contó con el apoyo sin precedentes de empresarios y sindicatos, demócratas y republicanos. Este es el tipo de acuerdo que buscaré en nuestras conversaciones comerciales con Panamá y Colombia”. Tal manifestación hizo revivir las esperanzas de que ahora sí se abriría paso la ansiada ratificación del TLC, pero ahora surgió un nuevo impasse, los republicanos han dejado en claro que no le darán paso a la ratificación del TLC con Corea si este no se tramita en simultánea con los de Panamá y Colombia. Amanecerá y veremos. 
El representante de Comercio Exterior estadounidense, Ron Kirk, dijo ante el Comité de Medios y Arbitrios de la Cámara de Representantes, que había recibido “instrucciones del presidente Obama de intensificar los contactos con Colombia y Panamá, con el objetivo de resolver cuanto antes, este año, los asuntos pendientes, y someter inmediatamente a consideración del Congreso esos acuerdos”. El presidente del Comité, el republicano Dave Camp, le ripostó que agradecía sus buenas intenciones “pero ya el tiempo de las generalidades pasó… Estamos perdiendo mercados y necesitamos saber qué tiene que pasar para concretar esos tratados”. Kirk insistió en que “cualquier calendario estará supeditado a la resolución exitosa de temas muy serios, relacionados con la violencia contra el sindicalismo y los derechos laborales en Colombia” y anunció que para discutir esos asuntos con el gobierno Santos enviarían la una delegación de la Secretaría de Comercio a Bogotá. Recomendó además que las partes se sienten “a la mesa, preparados para tomar acciones significativas adicionales”, al tiempo que subrayó que el ejecutivo mantiene “serias preocupaciones” sobre el caso de Colombia que deben ser resueltas. Ello fue interpretado como el deseo por parte de los EEUU de renegociar los términos ya acordados del TLC que se firmó por las partes; el Embajador de Colombia en Washington Gabriel Silva se había anticipado a notificar al gobierno estadounidense que “acá no hay nada que negociar desde el punto de vista del Tratado. Ya fue aprobado por nuestro Congreso y no se va a reabrir” y lo remarcó el Presidente Santos: “no hay posibilidades de renegociar” lo ya firmado!
Todo este embrollo ha exasperado al Gobierno Nacional, al punto que el Presidente Santos aseguró que si la ratificación del TLC con los EEUU no se aprueba este año, su gobierno no seguirá insistiendo y buscará otros mercados. Esta declaración oficial fue seguida por otra de parte del Embajador en Washington que fue aún más lejos: “si en el 2011 no ocurre realmente la ratificación del TLC, es muy posible que sea Colombia la que decida que esto ya no va más”. Por su parte el Vicepresidente Angelino Garzón manifestó que “no nos vamos a poner a llorar si algún país libre y soberanamente toma la decisión de no aprobarnos el TLC”. Comparto con el analista y Decano de Economía de la Universidad de los Andes Alejandro Gaviria que tales declaraciones aunque altisonantes no pasan de ser baladronadas. Como afirma él “si se llegase a aprobar el TLC para el 2012, no creo que Colombia vaya a decir que no le interesa, que ya es un capítulo cerrado”. Lo que es claro es que Colombia no debe actuar llevado por el despecho o por el ánimo retaliatorio, como sucedió en su momento con Venezuela cuando, ante las invectivas de Chávez, se pensó que era muy fácil sustituir ese mercado por otro. 

Ya lo advertíamos a propósito de la celeridad con la que se venía negociando un TLC a las volandas con la Unión Europea (UE), dizque para presionar a los EEUU para que ratifiquen el TLC con Colombia si es que no se quieren ver desplazados por la UE. Ello sólo condujo en concepto del Presidente de Fedegan José Felix Lafaurie a un “mal cierre” de dichas negociaciones. Ojalá que ello no se vaya a repetir con otros TLC que se vienen negociando con la misma ligereza, como es el caso de Corea del Sur, del cual ha dicho el Presidente de la Asociación Colombiana de Fabricantes de Autopartes (Acolfa) “llevaría a la suspención de la producción nacional de vehículos, lo que generaría el marchitamiento de la producción de autopartes”. Lo propio ha dicho la Directora de la Cámara de la Industria Automotriz de la ANDI Juliana Rico: “además de ser una economía cerrada, tiene mucha fortaleza en manufacturas y hace dumping…Un TLC con Corea que no excluya este sector dará al traste con la producción colombiana orientada a la exportación”. Ojo, pues!  

GIRO POSITIVO DE LA POLÍTICA COMERCIAL

El Presidente Santos ha venido haciendo lo correcto; después del aislamiento diplomático y comercial al cual expuso al país la política parroquial y camorrista del ex presidente Uribe, él entendió la necesidad de abrirse al resto del mundo. Procedió a reabrir embajadas y representaciones consulares en países claves para una estrategia de expansión del comercio exterior, como es el caso del lejano y medio Oriente. El caso de Venezuela es patético, como afirmó el Presidente Santos “estábamos en el peor de los mundos: no había diálogo, no había relaciones diplomáticas, no había comercio, no pagaban las deudas y hasta sonaban tambores de guerra. Esa situación era inaguantable”. Lo propio podría decirse del Ecuador, enantes nuestro tercer mercado externo en importancia después de los EEUU y Venezuela. Recordemos que el prurito de tener un TLC con los EEUU llevó al Gobierno del ex presidente Uribe a provocar la desintegración andina, dejando lo cierto por lo dudoso. 

Poco a poco se han ido recomponiendo las relaciones con Venezuela y Ecuador, lo cual ha dado ya sus primeros frutos. Las exportaciones hacia Venezuela después de superar los US $6.000 millones en 2008 se desplomaron hasta registrar sólo US $1.257 millones en 2009(¡!). El primer paso a dar y ya se está dando es acordar con Venezuela un Tratado bilateral que reemplazaría su membresía a la Comunidad Andina de Naciones (CAN) a la que renunció en 2006, dado que a partir del 22 abril cesan sus obligaciones para con esta. Tanto el Gobierno como el gremio exportador coinciden en que dicho Tratado debe darse en el marco de ALADI, para evitar que el mismo sea considerado un nuevo acuerdo, en cuyo caso se vería forzado a extenderle a los EEUU, una vez sea ratificado el TLC, los beneficios arancelarios y aduaneros que se convengan. Lo cierto es que ya se han visto los primeros resultados de la distensión en las relaciones, al incrementarse las exportaciones a Venezuela el 45.1% situándose en los US $1.825 millones. Con el Ecuador, los resultados son más tangibles, habida cuenta que el año anterior las exportaciones alcanzaron un nuevo máximo histórico de US $1.825 millones, un 45.1% mayor que en 2009, con un saldo favorable a Colombia de US $1.010 millones.

Definitivamente, sin perder de vista el mercado regional, como bien lo aconseja el Director de Analdex Javier Díaz, “hay que seguir en la campaña de diversificación, independiente de lo que pase con el ATPDEA o el TLC”. Sí, diversificando la oferta exportadora, y diversificando los mercados de destino de la misma. Como lo muestra claramente el Índice de Herfindahl Hirschman indica, Colombia mantiene una elevadísima concentración exportadora (0.28 frente a un tope de 1, donde valores de “equilibrio” estarían alrededor de 0.18). Este sesgo lo producen Estados Unidos y Venezuela.  La preocupación es mayor si tenemos en cuenta la creciente reprimarización de la economía nacional y el predominio de los productos tradicionales en nuestra oferta exportadora. A ello ha contribuido, desde luego, la revaluación del peso frente al dólar. En el 2010 las exportaciones totales crecieron el 21.2% en dólares y 8.7% en volúmen, situándose en los US $39.820 millones. Pero, de ese total, más del 58% correspondieron a exportaciones tradicionales (petróleo, carbón y café, especialmente), las cuales crecieron un 41.2%, mientras las no tradicionales (especialmente manufacturas) –que son las mayores generadoras de empleo- se contrajeron el – 2.9% al pasar de US $14.900 millones a US $14.468 millones; si se excluyen los despachos de oro y esmeraldas, la caída de las exportaciones no tradicionales sería aún mayor, de –7.7%. Exportaciones como las de cuero y los textiles se desplomaron el año anterior el 17% y 37%, respectivamente. Pese a ese buen comportamiento de las exportaciones tradicionales, en el caso específico del café Colombia ha venido perdiendo terreno; después de ocupar el segundo lugar después de Brasil durante muchos años, primero fue desplazado por Vietnam al tercer lugar y el año anterior fue Indonesia la que la relegó a un cuarto lugar en importancia. Aunque parezca paradójico Colombia está pasando por una bonanza cafetera sin café al no lograr el año anterior la meta de producción de 11 millones de sacos, debiendo contentarse con sólo 8.9 millones. Es más, a pesar del buen comportamiento de las exportaciones la balanza exterior deel 2010 cerró con un déficit en cuenta corriente del – 2%  del PIB. 

EL CUENTO CHINO

El cierre de los mercados de Ecuador y Venezuela obligó a los exportadores colombianos a explorar nuevos mercados con relativo éxito, al punto que China se convirtió en nuestro segundo mercado después de los EEUU desbancando a Venezuela. Pero, no nos hagamos ilusiones, pues si bien es cierto las exportaciones a China el año pasado subieron el 107.1% con respecto al año anterior, representando el 4.9%, estamos hablando de sólo US $1.966 millones, muy lejos de los US $16.918 millones que tuvieron por destino el mercado de los EEUU, de las cuales el 70.8% fueron de petroleo y sus derivados. Es de anotar que las exportaciones latinoamericanas a China representan en promedio el 8%, casi el doble de la participación en las de Colombia. Además, un alto porcentaje (86.5%) de las exportaciones colombianas a China está representado por productos básicos, léase petróleo, carbón y ferroniquel, entre otros. Ahora bien, sumadas las exportaciones a Japón, Singapur y Corea ascendieron en el 2010 a US$1.305 millones, de tal suerte que el gran agregado de las exportaciones colombianas al Asia representaron el año pasado el 8.2% de sus exportaciones totales. Pero, estamos todavía muy lejos de lograr un gran posicionamiento en dicho mercado, el más codiciado del mundo, máxime cuando el saldo de la balanza comercial con los países asiáticos en 2010 fué desfavorable para Colombia en US $4.722 millones, aproximadamente. Hace muy bien el actual Gobierno en propugnar por su ingreso al Foro de Cooperación Asia – Pacífico (APEC), al que ya pertenecen Chile y Perú, para franquear la puerta a ese gran mercado. 

En mayo del año pasado se le dio al ex presidente del Banco HSBC Michael Geoghegan en un evento internacional en Hong Kong por lanzar a Colombia al estrellato, al considerar que este país tenía méritos para hacer parte del nuevo grupo de países emergentes conocido como CIVETS (Colombia, Indonesia, Vietnam, Turquía y Sudáfrica). Esta nueva sigla fue acuñada por Robert Ward, al caracterizar a los países que la integran por sus buenas perspectivas y por considerar que “tendrán un dinamismo especial en los próximos años”. Sin embargo, más recientemente fuimos sorprendidos por la noticia que le dio la vuelta al mundo, en el sentido que “entre los CIVETS, Colombia es el que menos seduce a los inversionistas”. En el mismo despacho de prensa se da cuenta del sondeo realizado por la knowledge@wharton/fleishman-hillard entre 153 ejecutivos de multinacionales y del mismo se concluyó que aunque 42% de los encuestados prevé que en una década los CIVETS representarán el mismo nivel de oportunidades que los BRIC (Brasil, Rusia, India y China) en la economía global, Colombia ocupa el último lugar en el grupo, cuando se les pregunta cuál de los 6 países presenta un mayor volúmen de opciones de negocio. De hecho, según reciente reporte, ya Indonesia dio el salto de los CIVETS al grupo BRIC. Claro que el principal atractivo que ofrecen estos países aon la mano de obra barata, los bajos costos de producción y el crecimiento de los mercados internos, que no es el caso de Colombia. Los mismos profesores de Warton  lo destacan, al señalar que “después de años de guerra contra el narcotráfico Colombia continúa siendo un mercado pequeño”.

LA DÉCADA DE AMÉRICA LATINA

A ello se refiere también Andrés Oppenheimer, autor del best seller Basta de historias, al considerar que “esta es la década de América Latina” que augura el Presidente del BID Luis Alberto Moreno. Él admite que “estamos pasando por un buen momento económico, y tenemos una excelente oportunidad para hacer de esta nuestra década, pero me temo que no lo estamos aprovechando para invertir en calidad educativa, ciencia y tecnología e innovación”. Y este es el caso de Colombia, que acusa un rezago enorme en calidad de la educación y ni se diga en cuanto a ciencia, tecnología e innovación (C + T + I), en lo cual invierte un irrisorio 0.18% del PIB, en contraste con los países europeos que invierten entre el 3% y el 5%, Corea del Sur 3%, Estados Unidos el 2.7%, Brasil el 1.2% y Chile el 1%. La meta fijada en el proyecto de Plan de Desarrollo 2010 – 2014 es de sólo 0.7%; pero bueno, algo es algo. Y el secreto del éxito de los países emergentes ha sido invertir en C + T + I; sino veamos lo que nos dice Oppenheimer: “Corea del Sur, que hace 50 años era mucho más pobre que todos los estados latinoamericanos, registra más de 7.500 patentes por año, el que le sigue Brasil 100, México 60, Argentina 30 y Colombia 7, según la Oficina de Patentes y Marcas de EEUU. Nos están pasando como aviones”. Pero, al rezago en educación y C + T + I se viene a añadir el enorme rezago en materia de infraestructura, la cual según el  Presidente de la Asociación Colombiana de Ingenieros (ACIEM) Daniel Flórez Pérez es de más de 30 años. Anota él que “no tenemos carreteras, no hay infraestructura adecuada. La Nación es poco competitiva y eso explica la realidad de un encierro en sí misma…Nuestras costas están lejos de los centros de producción y consumo”. Con razón en los registros sobre competitividad del Foro Económico Mundial (FEM), Colombia figura en el puesto 83 entre 133 países evaluados. De allí la pertinencia y oportunidad de volver sobre la Agenda Interna para la Productividad y la Competitividad (AIPC) de la quer ya dispone el país, pero que se echa de menos en la agenda de gobierno. 

Queremos insistir en que para alcanzar las metas de crecimiento sostenido del PIB del 6.2% y una tasa de desempleo abierto de un solo dígito planteado en el Plan de Desarrollo de este cuatrienio es fundamental e imprescindible ampliar y diversificar la base productiva del país, empezando por la reconversión del sector agropecuario, ampliar y diversificar la oferta exportadora, ampliar y diversificar los mercados externos y, lo que es más importante, ampliar y profundizar el mercado interno y por qué no volcarse sobre el mercado regional. Como bien lo dice Oppenheimer, “Colombia está demasiado obsesionada con el TLC y poco obsesionada con la productividad” . Y al fin y al cabo, como lo ha sostenido el Nobel de Economía Paul Krugman, al hablar de competitividad “la productividad no lo es todo, pero a largo plazo lo es casi todo”. No podemos pensar con el deseo que, con lo que tenemos, “podemos conquistar el mundo”; dicho eslogan, además de demagógico sólo sirve para generar falsas expectativas, ya que “por el simple firmar el TLC, de un día para otro, el país no va a ser más competitivo, ni va a duplicar su oferta productiva, ni algunos sectores lograrán el éxito en los mercados internacionales”. Bien dijo el Ministro de Comercio Jorge H Botero, el mismo que en calidad de tal orientó las negociaciones del TLC con los EEUU, “el acuerdo con EEUU abre oportunidades, pero no las garantiza”. Como estamos actualmente no tenemos una oferta exportadora lo suficientemente robusta para aprovechar los nuevos mercados que se abren con los acuerdos comerciales y si la tuviéramos no tendríamos la infraestructura adecuada para exportar competitivamente. De modo, que orden tienen las cosas y el país debe comprometerse en un serio esfuerzo de largo aliento para superar nuestras falencias através de la transformación productiva y la mayor competitividad. 

Bopgotá, febrero, 28 de 2011
www.amylkaracosta.net


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