Nov 28, 2021 Last Updated 5:48 PM, Nov 11, 2021

BALANCE Y PERSPECTIVAS

Categoría: Economía Nacional
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LA ECONOMÍA SIGUE EN LA UCI

Los distintos indicadores del desempeño de la economía vienen dando señales contradictorias, mientras algunos de ellos traslucen su recuperación, otros no tanto. Entre los primeros se cuentan la menor caída de las ventas al por menor (pasaron de una baja de 3.7% en julio a 0.9% en agosto), un ligero repunte de la confianza del consumidor en el tercer trimestre, que se vio empañado por una recaída en septiembre. Además, la demanda de energía creció en el tercer trimestre a un ritmo del 2.2% anual, superior al 0.8% y 0.3% del primero y segundo trimestre, respectivamente.

Pero, el efecto positivo de dichos factores se está viendo neutralizado por otros, tales como la caída entre un 13% y un 14% de las exportaciones que ya completan tres trimestres consecutivos. En ello han influido la revaluación del peso que ya supera el 12% en lo corrido del año, el deterioro de los precios y el menor acceso a los principales mercados de los renglones de exportación tanto tradicionales como no tradicionales. 

Al tiempo que se han visto reducidas las exportaciones a los EEUU, nuestro principal mercado, desalentadas por su lenta recuperación de la crisis, las exportaciones a Venezuela y Ecuador también se han resentido tanto por las medidas administrativas retaliatorias tomadas por sus gobiernos como por la onda recesiva que acusan sus economías. Pero, no sólo cayeron dramáticamente las exportaciones, lo propio ocurrió también con las importaciones, las cuales registraron una merma del 18.7% en los primeros nueve meses de 2009, al pasar de US $29.579 millones a US $24.043 millones; la mayor caída de las importaciones con respecto a las exportaciones explican el superávit de la balanza comercial de US $1.054 millones. Lo más preocupante es que en el mes de septiembre la baja en las exportaciones se hizo mayor al alcanzar el 27.6% y lo que es peor, el 60% de ella se explica por las menores compras de bienes de capital, materias primas y bienes intermedios para la industria, lo cual incidirá notoriamente en el desempeño de la economía el año entrante. El caso del sector agrícola, que sigue sin levantar cabeza, es patético; lo revela la Encuesta trimestral realizada por Cega – Universidad de los Andes para Finagro, la SAC , la Cámara Procultivos de la ANDI y Portafolio: “la inversión en maquinaria y equipo en el tercer trimestre de 2009 se comporta de forma similar en el sector agropecuario. Sólo el 10 por ciento dijo haber hecho inversiones en este campo”. Ello se habrá de traducir en una baja sensible en la formación bruta de capital fijo, es decir, “de una contracción en la inversión productiva, componente de la demanda que fue líder indiscutible del dinamismo económico” en el pasado.

De hecho durante el primer semestre del año la economía se contrajo 0.5% respecto al mismo semestre de 2008, debido a una fuerte caída de sectores como la industria (- 8.9%), el comercio (- 3.3%), el agropecuario (- 1.2%) y el transporte (-1.1%). La caída no fue mayor por el crecimiento de la actividad minera (10.6%), de la construcción (7.7%) y financiera (4.6%). Según el reporte de la ANDI, la producción industrial siguió cayendo en agosto (- 7.9%) y las ventas también (- 5.8%) y es muy diciente que todos los 21 sectores que mide en su Encuesta mensual muestran una caída a lo largo del año. Excepción hecha de la minería y el petróleo, con el 66% en el primer semestre del año, la afluencia de la Inversión Extranjera Directa (IED) se ha desplomado. Como lo tituló Portafolio en primera plana “el Emisor es poco optimista con el PIB para 2009” y no es para menos, pues según sus pronósticos en el tercer trimestre del año el crecimiento de la economía será cercano al – 0.5%; de tal suerte que el cambio de signo está reservado para el último trimestre. Pero no porque esperen un repunte de la economía el fin de año, sino porque en el último trimestre de 2008, contra el cual se contrasta el de este, fue justamente cuando se presentó el frenazo en seco de la economía, asediada como estaba por los temores que despertó el estallido de la burbuja inmobiliaria en los EEUU a mediados de septiembre del año pasado que vino acompañada del desplome de los precios de los productos básicos. De allí que al revisar sus proyecciones para este y el año entrante, redujo el rango del crecimiento de – 1% a 1% a – 1 a 0.5%, con lo cual bajaría su proyección puntual de 0% a – 0.25%; entre tanto para el 2010 mantuvo su proyección en la horquilla 2% - 4%, pero aclarando que se inclina por la parte baja de la misma, es decir más cerca del 2% que del 4%. Uno de sus codirectores, Carlos Gustavo Cano, presagia que el PIB colombiano terminará 2009 en terreno negativo. Contra todos los pronósticos el Ministro de Hacienda le sigue apostando a un crecimiento positivo en 2009 entre 0.5% y 1.5%, para lo cual la economía tendría que sacar un 5 aclamado en el quiz del último trimestre. Su meta para el 2010 es de un crecimiento de 2.5%, en lo cual coincide con la más reciente proyección del FMI.

EL CRÉDITO NO DESPEGA

Aquí hagamos una digresión para referirnos al comportamiento que viene teniendo el crédito, sobre todo el crédito de consumo, toda vez que el consumo mueve el 65% del PIB. En efecto, después que se registró un sobreendeudamiento de los consumidores, estos ahora se muestran reticentes a acudir al mismo, pese a la política monetaria expansiva del B de la R y la baja de las tasas de interés de intervención desde el 10% en diciembre pasado al 4% actual. Según la Asobancaria entre marzo de 2008 y marzo de 2009 se redujo en 3% el número de personas con préstamos bancarios en el país; la mayor caída corrió por cuenta de quienes tenían crédito de consumo en el pasado pero no lo renovaron, que bajaron en 8%. Según el Presidente del Banco de Colombia, Jorge Londoño, la caída del crédito en el sistema financiero no tendrá una recuperación importante en lo que resta del año, no obstante la temporada navideña. Su aserto se apoya en el hecho que “debido a la mayor desocupación muchos colombianos no tienen expectativa de endeudamiento y eso se refleja en la menor demanda, especialmente de préstamo de consumo”. Los resultados de la Encuesta de Opinión Financiera (EOF) de la Bolsa de Valores de Colombia y Fedesarrollo para el mes de octubre dan cuenta de la caída del Índice de Confianza del Consumidor (ICC) por segundo mes consecutivo al perder de un solo totazo 3.5 puntos al bajar a 4.5 después que en septiembre marcó 8.1 luego de haber perdido 0.6 con respecto al mes inmediatamente anterior. 

La baja del crédito, además del descaecimiento de la demanda, delata también el hecho de que la baja en la tasa de interés votada por la Junta del Emisor, la misma no se refleja en la tasa que debe pagar quien adquiere el crédito. Es así cómo el interés promedio del crédito de consumo en septiembre se ubicó en el 24.24% efectivo anual; si a esta le restamos la inflación quedó en 21.03%, más de 7 veces la inflación esperada, y en el mismo mes de 2008 estuvo en 20.75 real, es decir que las tasas de interés que cobran los bancos no consultan para nada el interés del Emisor de abaratarlas para estimular el consumo y por esta vía contribuir a la reactivación de la economía. Lo confirma el hecho de que a diferencia del crédito de consumo el crédito hipotecario reaccionó positivamente al subsidio de la tasa de interés decretada por el gobierno a quienes adquieran vivienda nueva por hasta $167 millones. Después de la baja persistente en 2008 y el primer trimestre de 2009, entre abril y septiembre de este año tuvo un repunte del 27.5% frente a igual período del año anterior. Según cifras de la Asociación Bancaria, los desembolsos de préstamos para vivienda no VIS (vivienda de interés social) crecieron 35% en valor y 36% en número de operaciones. Por su parte los desembolsos de préstamos para VIS se incrementaron en 18% en valor y en cuanto al número de operaciones el 12%.

EL DESEMPLEO NO CEDE

En concepto del B de la R “el comportamiento de la economía colombiana en lo que resta de 2009 y durante 2010 dependerá de cuan rápida y sostenible sea la recuperación de la economía mundial y del efecto que tenga la política monetaria holgada que adelanta actualmente, en el cual sobresalen las tasas de interés reales históricamente bajas”. Llaman la atención, además, sobre el impacto que podrían tener las restricciones comerciales impuestas por Venezuela, “en caso de que estas se llegaran a prolongar y de que los empresarios colombianos encontrasen dificultades para sustituir dicho mercado”. La crisis del comercio con Venezuela repercutirá en una caída de las exportaciones colombianas que tienen este destino entre el 20% que augura el B de la R y el 23% para Javier Díaz, Presidente de ANALDEX y ello siempre y cuando no se agudicen los desencuentros entre los dos gobiernos. Es más, la sumatoria de la caída de las exportaciones a Venezuela, el cierre de empresas provocada por ella y la destrucción de empleo por cuenta de la crisis puede llegar a representarle a la economía colombiana un punto del PIB. De ese tamaño es el daño que puede infligirle el deterioro de las relaciones entre los dos gobiernos. 

Hemos dicho que la primera víctima de la crisis económica es el empleo y que este será el último en reponerse; así está ocurriendo en los EEUU, en donde a pesar de un notable crecimiento del PIB en el tercer trimestre de este año del 3.5% el desempleo se trepó en octubre al 10.2%, el más alto alcanzado desde abril de 1983 y en Colombia, en donde la tasa de desempleo, la más alta de la región, crece de manera persistente. Según el reporte del DANE para septiembre la tasa de desempleo se elevó al 12.2% en todo el país, 1.2 puntos porcentuales por encima del mismo mes del año pasado, el mayor aumento en lo que va corrido del año, que puede terminar en el 14%. De este modo el número de desempleados se elevó a la suma de 2’531.000, 369.000 más que un año atrás. Si nos enfocamos en las trece áreas metropolitanas el aumento es mayor al pasar de 11.6% a 12.9%, 1.6 puntos porcentuales más con respecto al año pasado. Una de las aristas más preocupantes del desempleo es que está castigando mayormente a lo(a)s jefes de hogar en todo el país, al punto que para el tercer trimestre de este año aumentó un punto porcentual pasando de 5.3% a 6.3%. Estamos hablando de 610.000 cabezas de familia sin empleo, lo cual es algo brutal! Al desempleo abierto se viene a sumar el creciente número de trabajadores que se debaten entre la informalidad y la precarización del empleo y el ingreso, que ya supera el 53%, ello es una barbaridad. 

Si bien es cierto la causa fundamental de la elevación de la tasa de desempleo es el coletazo de la crisis que sumió al país en la recesión que el gobierno se resiste en admitir, otros factores militan entre las causas que tornan el desempleo en Colombia en el peor entre los peores flagelos. Uno de ellos es el encarecimiento en términos relativos de los costos laborales como resultado del efecto combinado de la revaluación del peso y las gabelas tributarias dispensadas por el gobierno a favor del capital. En el primer caso, porque la revaluación ha incentivado la mayor importación de equipos y maquinarias con dólar barato y en el caso de la proliferación de exenciones, deducciones, descuentos y exclusiones impositivas a favor del capital este ha terminado desplazando el trabajo. A consecuencia de ello, de acuerdo con el profesor Hugo López, experto en el tema, el factor trabajo se ha encarecido en términos relativos con respecto al capital un 40%. Entre tanto, según el mismo Hugo López, se estima que el costo del capital cayó 56% entre 1998 y 2007, al tiempo que el salario mínimo subió en el mismo lapso el 20%. Ello explica en gran medida el desplazamiento del trabajo por el capital y la creciente participación de este en el PIB a expensas de aquél. Es lo que se ha dado en llamar crecimiento sin empleo. 

Ahora bien, según cifras de Fedesarrollo, el 48% de todos los trabajadores ganan menos de un salario mínimo legal y de estos un 29% devengan menos de medio salario mínimo. El mismo profesor Hugo López y F. Lasso llegaron a la conclusión que el 30% de la población empleada en Colombia devenga menos del 95% de un salario mínimo, el mayor en Latinoamérica y la tendencia es ascendente. Sólo el 5.9% de la población percibe un salario mínimo y tiende a descender. El ex ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla asegura que “entre el salario mínimo legal que se decreta cada año y el salario efectivamente percibido por una masa enorme y creciente de trabajadores. En Colombia, pues, hay una brecha creciente, hoy tan enorme que ya parece un cráter”. Claro que este alegato del ex ministro no es para plantear la necesidad de ponerle correctivos a tan anómala situación, sino para proponer la reducción del salario mínimo legal y dejarlo a merced del mercado laboral, esto es, del capitalismo salvaje, pues él considera que el salario mínimo en Colombia es “un chiste ridículamente alto” (¡!). Y más recientemente, Santiago Montenegro, ex director del DNP y actual Presidente de Asofondos, acaba de proponer un salario mínimo para jóvenes, los más golpeados por el desempleo, y un salario diferencial para el campo, desde luego por debajo del salario mínimo legal, dizque para contribuir a la formalización del empleo. Qué tal? Ahora que se discute la fijación del salario mínimo para la vigencia de 2010 entre empresarios, trabajadores y gobierno, el B de la R ha planteado que el mismo debe consultar la meta de inflación del año entrante (3%) y la inflación causada para 2009 que muy seguramente estará por debajo del 3%. Así las cosas, lo más probable es que esta vez, como ha venido ocurriendo en los últimos años, el gobierno a falta de consenso al respecto terminará por decretar el salario mínimo para el año entrante y lo más seguro es que no sobrepase el magro 4%.

DE MAL EN PEOR

Aquí, allá y acullá las finanzas públicas terminaron pagando los platos rotos de la crisis y paradójicamente sólo a través de la política fiscal contracíclica se puede sacar la economía del atolladero, a consecuencia de la cual los países han incurrido en unos gastos enormes que ahora plantean otro gran problema, la enormidad del déficit fiscal. En el caso de Colombia, como lo hemos documentado el coletazo de la crisis sorprendió a Colombia muy mal parqueada, con un gran déficit fiscal aparejado con otro no menor de la cuenta corriente de la Balanza de pagos. En efecto, la DIAN ha tenido que revisar a la baja sus estimativos de recaudo tributario, en enero lo cifró en $69.25 billones, pero ya para marzo era de $66.75 billones y en septiembre, en vista del aplazamiento de la venta de ISAGEN debió bajar nuevamente la cifra hasta los $65.35 billones. Sin embargo, resulta que entre enero y octubre sólo entraron a las arcas del fisco $56.15 billones, con un rezago para dicho período de $1.42 billones, alejándose de dicha meta. Y así arribamos al hueco fiscal por ingresos tributarios para 2009 del orden de los $3.9 billones. Pero, el creciente déficit fiscal no sólo responde a la baja en los ingresos que se refleja en un anémico crecimiento de 1.5% con respecto a lo reportado el primer semestre del año anterior, sino al crecimiento del gasto a una tasa nominal de 11.5%, he allí el desfase. De este modo, en los primeros nueve meses del año el déficit fiscal aumentó de $283.000 millones en el mismo período de 2008 a $4 billones. Es de anotar que el gobierno central financió en una gran proporción este déficit apelando al mayor endeudamiento externo, lo cual ha atizado leña a la hoguera de la revaluación que, aunque es una pandemia ha adquirido caracteres mucho más funestos en Colombia. 

Según el más reciente Informe del Consejo Superior de Política Fiscal (Confis) el primer semestre de este año arrojó un superávit del Sector Público Consolidado (SPC) de $975.000 millones, equivalente al 0.3% del PIB, en contraste con el que se registró en el primer semestre del año anterior que fue de $6.8 billones, es decir, 1.4% del PIB, en todo caso inferior al alcanzado pasra el mismo período de 2008 que fue de 1.6%. De ello se sigue que el déficit fiscal del gobierno central ya no sería del 4% del PIB sino muy superior, lo mismo que el déficit consolidado, el cual pasaría del 2.4% a por lo menos 2.6%. Pero, ojo, estamos hablando del SPC por que el gobierno central en cambio registró un déficit en el primer semestre de $4.2 billones, esto es 0.9% del PIB; dicho de otra manera, el gobierno central sigue recostándose en el sector descentralizado para mostrar un resultado menos aterrador en sus finanzas. De no haber sido por el buen comportamiento del sector descentralizado, que reportó utilidades por $6.9 billones en dicho semestre el resultado habría sido más lánguido. Desde luego, que la perspectiva para el año entrante luce más preocupante toda vez que será entonces cuando la recesión de 2009 va a hacer sentir su impacto en los recaudos tributarios. Por ello comparto la opinión del ex ministro de Hacienda Juan Camilo Restrepo cuando afirma que “quizá el 2010 no va a ser tan malo como este, pero va a haber una convalecencia fiscal”.

LA HORA DEL APRETÓN FISCAL

Ahora bien, en Colombia, como en el resto del mundo se va a imponer de aquí para adelante la necesidad de controlar y reducir el déficit fiscal, pues de otro modo allí se podría estar incubando los gérmenes de una nueva crisis, sin que todavía hayamos terminado de salir de la anterior. El propio FMI, el mismo que exhortó a los gobiernos a implementar políticas contracíclicas como terapia contra la crisis global, a riesgo de abultar su déficit, ahora está clamando por su desmonte ante el temor de que este se convierta en una bomba de tiempo que puede estallar en cualquier momento. El B de la R ya le llamó la atención al gobierno, en el sentido de que es imperioso poner las finanzas en orden, que tiene que apretarse el cinturón y con tal fín le recomendó establecer una regla fiscal que induzca la generación de ahorro público. Esto es exactamente lo mismo que le recomendó la Misión del Ingreso que rindió su Informe en agosto de 2002, pero al que pocas bolas le ha parado este gobierno ni en la primera ni en la segunda administración. De hecho la Ley 819 de 2003 establece la obligación de generar anualmente un superávit primario en los presupuestos públicos y se la han pasado port la faja. Pero, esta vez, parece que la cosa va en serio, pues el gobierno ha caído en la cuenta que este es el principal impasse para que Colombia puede obtener la calificación plena de inversionista para su deuda soberana por parte de las firmas calificadoras de riesgo, la cual busca desesperadamente el Ministro de Hacienda. 

El Ministro de Hacienda Oscar Iván Zuluaga se ufanaba de haber logrado un ahorro primario (antes de intereses) del 1% del PIB al finalizar 2007, lo cual no pasaba de ser una victoria pírrica habida cuenta que fue justamente este año cuando el crecimiento de la economía llegó a su climax con un aumento del PIB del 7.5%, con lo cual el espacio que tenía el gobierno ameritaba un esfuerzo mayor en este frente, que fue el que no se hizo. Con toda razón ANIF hace la siguiente formulación: “aún con niveles de deuda bruta de ´solo´ un 42% del PIB en el SPNF como los actuales, se requieren superávits primarios del orden del 1% - 1.5% del PIB por año para evitar que dicha razón de endeudamiento continúe deteriorándose. Esto implica que Colombia tiene hoy por hoy un desfase anual del 2% - 2.5% del PIB en materia de ahorro público y claramente dicha brecha no se logrará cerrar por la vía del menor gasto (el cual muestra una gran inflexibilidad, cercana a 90%)”. Como corolario de lo anterior ANIF plantea la imperiosa necesidad de acudir a una reforma tributaria estructural la misma que ha sido largamente aplazada, la cual debe empezar por desmontar todas esas gabelas que han perforado el sistema impositivo hasta convertirlo en un verdadero colador y en ello estamos muy de acuerdo. Es cierto lo que dice el ex ministro Gabriel Rosas, que al establecer esta regla fiscal se “agraba el problema de la iflexibilidad, tantas veces cuestionada y discutida en el contexto del manejo y formulación de la política” Pero, ello a lo que invita es a que la reforma sea realmente estructural y no un amago o remedo, que es en lo que han terminado los anteriores intentos y reestructurar las finanzas que hoy están desarboladas por cuenta de la indisciplina fiscal.

Bien dice el mismo doctor Rosas que “la credibilidad que adquiere la política basada en reglas se soporta en el conocimiento anticipado por parte de los agentes de cada política y del conjunto de instrumentos disponibles para su logro”. A ello es a lo que hay que aspirar y no es mucho pedir que se le imprima seriedad a dicho manejo. El gobierno ha anunciado que presentará en los próximos meses a lña consideración del Congreso de la República su propuesta para establecer la llamada “regla de prudencia fiscal”, advertido como lo está del advenimiento nuevamente del boom de los productos básicos, especialmente de los hidrocarburos, el carbón y el níquel, en los próximos 7 años y el riesgo que entraña de contraer la enfermedad holandesa. Según algunos estudios serios se prevé que en los próximos años llegarán al país inversiones a dicho sector que sobrepasarán los US $50.000 millones, que lógicamente si no somos previsivos van a causar muy serios traumatismos al resto de la economía. Podría pensarse que dicha medida es extemporánea si la pensamos a la luz de lo que ya pasó, pero no, con ella lo que se busca es curarnos en salud pensando en lo que viene luego de la postcrisis. Mientras tanto el gobierno tiene que ver cómo va a enfrentar las aulagas del presente que no son pocas. Le asiste la razón a Roberto Steiner, director ejecutivo de Fedesarrollo, cuando sostiene que Colombia agotó su margen de política fiscal, de lo cual se sigue que “su recuperación económica el próximo año será más lenta que otros países porque al país no le queda margen fiscal para contrarrestar la caída del ciclo”

REFORMAS Y GABELAS

En estos momentos cursa en el Congreso de la República un proyecto de reforma tributaria que busca básicamente extender el impuesto al patrimonio hasta el 2014, reducir la deducción del impuesto de renta por la reinversión de las utilidades en activos fijos productivos del 40% al 30% y evitar que se acumule en las zonas francas tal beneficio con el que se deriva de la rebaja del impuesto de renta que le son aplicables. Se espera que el gobierno envíe al Congreso mensaje de urgencia para destrabar el trámite de este proyecto, dada la importancia que le ha dado el gobierno; pero, tenemos que decir que se queda corto y para nada responde a la gravedad del estado de las finanzas públicas. Es más, mientras en el parlamento se trata de pescar en río revuelto introduciéndole una serie de iniciativas, tales como rebajar el 4 X 1.000 a sólo 2 X 1.000 como lo quiere la banca, unificar a la baja el IVA a los automotores para complacer a los concesionarios de vehículos y hasta obligar a los bancos a comprar la cartera de los emproblemados exportadores a Venezuela, se está perdiendo un tiempo precioso, el cual están aprovechando muchas grandes empresas para blindarse frente a los efectos de la susodicha reforma. Es así como, en el mes de octubre el propio Viceministro de Desarrollo Empresarial, Ricardo Duarte, confesó que ya 39 empresas se habían puesto a salvo de pagar el nuevo impuesto al patrimonio que entraría a regir desde 2011, 16 de los famosos acuerdos de estabilidad jurídica se firmaron desde julio, justamente el mes en el que el gobierno radicó el proyecto de marras y de esos 16, 13 se firmaron en el sólo mes de septiembre ( marica el ultimo!), lo cual le habrá de representar al fisco la bicoca de $136.000 millones que las mismas dejarán de pagar. No hay derecho, con razón se pregunta la alarmada ANIF “cómo es posible que frente a las dificultades fiscales del país se continúen expidiendo estos contratos de ´perforación fiscal´ por períodos no inferiores a 3 años y hasta por lapsos de 20 años”. Y va más lejos ANIF cuando advierte que si no se revierte esa “perforación fiscal” es país “el país está arriesgando la propia estabilidad de su deuda pública”. 

¡NO MÁS DE LO MISMO!

Por todo ello no es extraño que en la Encuesta mensual de Opinión Financiera de Fedesarrollo y la Bolsa de Valores de Colombia para el mes de octubre, por segundo mes consecutivo muestra que para el 32% de los analistas encuestados su mayor preocupación al momento de invertir está en la desastrada y desastrosa política fiscal del gobierno, al tiempo que el 27% se queja de la política monetaria a cargo del B de la R. Y el resto de los mortales, que entienden menos de estos abstrusos temas de la alta política dan su propia percepción de este enrarecido panorama y lo manifiestan a través de las encuestas. Es así cómo, según la más reciente Encuesta de Gallup fechada el 14 de septiembre, el 57% de los encuestados dice que la situación económica está empeorando y el 76% considera que la problemática del desempleo se está agravando y sólo el 17% sostiene que está mejor. Pero, claro de ello poco se ocupan los medios que, embelesados como están con el embeleco de la reelección, sólo le dan cabida a los registros de popularidad o de favorabilidad del candidato – Presidente. Así las cosas, tanto o más grave para el país que la segunda reelección del Presidente Alvaro Uribe es la reelección de su política económica, cuyo modelo pro rico ha contrIbuido a la mayor iniquidad e inequidad de una sociedad desgarrada por los conflictos sociales y a la exclusión como la colombiana, haciendo más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. Lo que se requiere para el próximo período presidencial es un timonazo en la política económica, pues como lo dejó dicho Albert Einstein, que tenía por qué saberlo, “no podemos resolver los problemas de la misma manera que los creamos”. En momentos como éste cómo no evocar las palabras de ese gran hacendista, que lo fue, Esteban Jaramillo cuando demandaba del gobernante de turno “Dadme una buena política y yo os daré una buena economía”.


Bogotá, noviembre 13 de 2009
www.amylkaracosta.net


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