Nov 12, 2019 Last Updated 4:09 PM, Oct 28, 2019

¡COHESIÓN O EXCLUSIÓN SOCIAL: ESA ES LA CUESTIÓN!

Categoría: Economía Nacional
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Aunque usted no lo crea, esta frase fue pronunciada por el saliente Presidente de los Estados Unidos, George Walker Bush en medio de la confusión y el aturdimiento que le causó el brutal atentado terrorista del 11 de septiembre y es bueno traerla a colación ahora que se abate sobre la economía mundial una crisis de tal proporción que es considerada, como lo señaló una Encuesta de la Asociación Nacional de Economía Empresarial de los EEUU, “una amenaza mayor que el terrorismo”.

El mundo entero está aterrorizado por el contagio de la crisis financiera que tuvo su origen en los EEUU, pero que rápidamente se propagó a todo el mundo y lo que es más grave se transmitió en un abrir y cerrar de ojos al sector real de la economía global. Lo que empezó como una crisis que comprometía sólo al sector financiero, precipitó el hundimiento de la economía, que ya de por sí venía afectada por la desaceleración de su crecimiento, en una recesión, tal y como lo acaba de dictaminar el FMI. Con la globalización la imbricación de las economías nacionales es cada día mayor y los múltiples vasos comunicantes entre ellas las hace interdependientes, de tal suerte que ningún país puede sustraerse de los avatares de la economía global. Pero, claro, hay unos países que tienen un mayor peso en ella y son consideradas las locomotoras; hoy por hoy se les reconoce como tales a los EEUU, con el 25% del PIB mundial y los países emergentes, encabezados por China e India, que representan el 45%. Ellos han sido los propulsores del crecimiento sostenido de la economía de la última década. 

La economía estadounidense, arrastrada por la ralentización del crecimiento y la crisis de confianza registró la mayor caída de la producción industrial en los últimos 34 años y lo que es peor las ventas al por menor cayeron 1.2% en septiembre, lo cual es sumamente grave dado que el consumo privado representa el 70.1% del PIB de los EEUU. Como lo afirma el ex ministro de Hacienda, Guillermo Perry, “La agudización de la actual crisis financiera llevará, ahora sí, la economía norteamericana a la recesión y agravará la que ya comienza a padecer Europa, como lo ha pronosticado el FMI”, la cual podría prolongarse y tener efectos duraderos como ninguna otra, afectando el ritmo de crecimiento de la economía global tanto el de este año como el del entrante. Es más, no faltan quienes sostienen, refiriéndose a la economía norteamericana, que “Estamos en un proceso recesivo, aunque los datos económicos no lo hayan reflejado aún en la economía americana. Es muy posible que la crisis económica dure un tiempo largo, aunque la financiera termine antes. Es importante recordar que los mercados siempre se adelantan, por jugar con expectativas, tanto en lo bueno como en lo malo…Vienen tiempos difíciles, más para ´main street´ que para Wall Street”. Primero fue el efecto Tequila, luego la crisis asiática y ahora es el coletazo de la pesadilla americana, han sido las tres envestidas que han tenido que enfrentar las economías de América Latina en general y la economía colombiana en particular. América Latina viene de una etapa de crecimiento inusitado que se prolongó por más de cinco años, pero ahora está en una fase descendente del ciclo económico, mientras la economía mundial “habría alcanzado la fase recesiva del ciclo”. El Índice de Clima Económico (ICE) de la región se redujo de 4.6 puntos el mes de julio, desde 4.9 puntos en abril. Esa tendencia de la región siguió la mundial, que pasó de 4.6 puntos en abril a 4.1 puntos en julio. Claro está que el impacto de la crisis diferirá según se trate de cada país en particular y qué tan vulnerable es su economía a factores exógenos a la misma. De manera análoga a cuando sobreviene una epidemia, los primeros en contagiarse son aquellas personas con más bajas defensas, los países que llevarán la peor parte en esta crisis serán aquellos que muestren debilidades en las variables fundamentales de su economía. Por fortuna, la escasa profundización del mercado financiero colombiano y la simplicidad del activo de la banca colombiana, que nunca se comprometió en derivados de los derivados de crédito que se inventó la casi extinguida banca de inversión, ha impedido que se haya visto estropeado por la crisis.

 
SE AGUDIZARÁ DÉFICIT EN CUENTA CORRIENTE

El primer impacto sobre la economía colombiana recaerá sobre su Balanza de pagos, muy especialmente en su Cuenta corriente, toda vez que la crisis sorprende al país con un abultado déficit, tanto que este explica casi el 30% del déficit consolidado de la región, pues al tiempo que los demás mostraban superávit en su Cuenta corriente, Colombia multiplicaba por seis su déficit al pasar de US $908 millones en 2004 a US $5859 millones en 2007, según cifras de la CEPAL. A junio de este año el déficit en Cuenta corriente se ubicó en US $2.393 millones, un 2.2% del PIB y todo indica que se va a acentuar en los próximos meses; este déficit no es mayor gracias a que los precios del petróleo y del carbón prácticamente se duplicaron con relación a los vigentes a principios de 2007. El gobierno tiene un estimado de déficit de 2.9% del PIB al cierre de este año y 3% para 2009; pero, por las mismas razones que tuvo para revisar a la baja el crecimiento proyectado del PIB tanto para este año como para el entrante, esta vez tendrá que revisar al alza el déficit esperado en la Cuenta corriente. La noticia buena para Colombia es que sus exportaciones en los primeros siete meses de este año marcaron un récord histórico al totalizar US $22.851 millones, registrando un incremento del 42.7% con respecto a igual periodo de 2007. La mala noticia es que dicho incremento se concentró en bienes básicos, tales como petróleo, café, carbón y ferroniquel, los cuales representaron un 55.2% en valor, para un incremento del 63.6% y un 90.4% en volumen exportado. Las exportaciones básicas de Colombia pesan un 10% del PIB, lo cual torna a la economía colombiana mucho más vulnerable que otras de la región. Este precisamente es su talón de Aquiles que haría de Colombia el segundo país más afectado con la caída de los precios que ya se empieza a dar. Veamos por qué. 

SE DESPLOMAN LOS PRECIOS DE LOS COMMODITIES

Con la desaceleración de la economía global y los amagos de recesión, los precios de los principales renglones de exportación de Colombia, petróleo, carbón, níquel y café, como todos los commodities, están a la baja. El precio del petróleo que había alcanzado su clímax el 11 de julio de este año al situarse en US $147.50 por barril cayó estrepitosamente y hoy está rondando los US $70; el carbón que había alcanzado su máximo histórico el 1º de julio al alcanzar los US $143.25 la tonelada ahora anda alrededor de los US $80; el níquel por su parte que llegó a cotizarse a US $26.67 la libra en mayo de 2007, en julio de este año se colocó a US $9.14; y qué decir del café, que pasó de US $1.55 la libra a $1.35, no sin antes pasar por los US $1.29. Y según un análisis de investigadores del B de la R, la caída de un punto en los precios de los commodities afectará a la economía nacional en 0.21 puntos porcentuales. Además de la caída en la demanda, tanto en el mundo desarrollado como, en menor medida, en China e India, también está influyendo en el desplome de los precios de los productos básicos la corrida de los fondos de inversión y de cobertura, los cuales presos del pánico han optado por liquidar posiciones en los mercados de futuros de materias primas y se están refugiando nuevamente en el dólar y en los bonos del Tesoro de los EEUU, lo cual no deja de ser paradójico. Y lo hacen, además, presionados por los inversionistas cada vez más reacios a asumir riesgos, lo cual termina obligándolos a vender en momentos inoportunos, lo cual autorefuerza la tendencia a la baja, pues el afán de vender suscita más interés en vender por parte de los demás operadores del mercado. Ello explica el por qué los commodities han dejado de ser alternativa para diversificar el riesgo de portafolio, pues sus precios caen a la par con la cotización de las acciones. 

A lo anterior se suma la alta concentración en el destino de las exportaciones colombianas; las ventas a los EEUU, ahora afectado por la crisis, representaron en los primeros siete meses del año un 37.9% del total, mientras Venezuela y Ecuador, emproblemados con la caída de los precios del crudo y principales clientes de nuestras manufacturas y alimentos acaparan el 20% de ellas. Este es otro factor de vulnerabilidad que juega en contra de las exportaciones colombianas. En alguna medida, la devaluación del peso, ahora que el dólar ha vuelto a repuntar y en sólo 90 días apreció en un 30% (¡!), puede venir en ayuda del sector exportador; no obstante, si bien dicha devaluación contribuirá en alguna medida a hacer competitivos nuestros productos en el exterior, dicho efecto se verá anulado por la menor dinámica de la economía que ya se empieza a manifestar, amén de que las monedas de nuestros competidores también se han visto en mayor o menor medida devaluadas. 

El Ministro de Hacienda, Oscar Iván Zuluaga, ha querido hacer ver en el déficit en Cuenta corriente una virtud y no un defecto a corregir, al atribuirlo a la supuesta masiva importación de bienes de capital, así como también “a la transferencia de ahorros externos al ahorro nacional”. En cuanto a las importaciones, que pasaron de US $14.000 millones en el I semestre de 2007 a US $16.100 millones en el II semestre del mismo y a US $17.300 millones en el I semestre de 2008, el 35% de ellas en el período comprendido entre 2002 y 2008 correspondieron a importaciones de equipos y maquinarias y no 85% como lo afirmó el Ministro de Hacienda en su comparecimiento ante el Senado de la República, tratando con ello de magnificar los beneficios para el país en capacidad productiva y reconversión industrial. A ello ha contribuido, lógicamente, los incentivos tributarios y la revaluación del peso. En cuanto a la fementida transferencia de recursos hacia el país a través de la afluencia de capitales, es conveniente hacer algunas precisiones. Si bien es cierto en los últimos años Colombia ha sido un gran receptor de inversión extranjera directa (IED), igual que los demás países de la región, llegando a representar entre el 4% y el 5% del PIB; un 56% corresponde a inversión en el sector de minas y canteras y sólo un 9% se orientó a la industria manufacturera. 

Es de anotar que la inversión en petróleo y minería creció de US $3.514 millones a US $4.633 millones el último año, pero ante la desaceleración de la demanda global y la caída libre de los precios del crudo y el carbón en los últimos meses, además de que las fuentes de financiamiento se están secando, lo cual hace prever un freno en las decisiones de inversión, particularmente en este campo. Además, la competencia a nivel mundial por atraer la mermada IED se va a recrudecer. De hecho la OPEP está estudiando la estrategia para contener la baja del precio del petróleo y entre las medidas previstas está el recorte de la producción que acaba de autorizar, lo cual va a desincentivar la labor de exploración y desarrollo de nuevos campos petroleros en el mundo incluido Colombia. Por lo demás, ya se empieza a sentir la mengua en el flujo de la IED; según datos del B de la R el primer semestre de este año ascendió a US $5.428 millones, lo que representa un incremento del 24.2% con respecto a igual fecha de 2007, cuando totalizaron US $5.360 millones, que no es despreciable. Pero, dados los promedios mensuales sólo se llegaría en diciembre a una cifra cercana a US $8.726 millones y no se superaría la cifra de 2007 de US $9.028 millones. La relación I/PIB que, según el último informe del DANE venía subiendo satisfactoriamente hasta alcanzar el 29% en 2008 se va a resentir por la retracción del capital extranjero y por que seguramente muchos planes y proyectos de inversión por parte del sector privado se van a tener que diferir, en muy buena medida llevados por la crisis de confianza que invade a los inversionistas. Al fin y al cabo, lo que se ha podido observar en los últimos quince años es que los flujos de inversión siguen los ciclos económicos y estamos en concepto de José Antonio Ocampo, ex ministro de Hacienda, “en el fin de la primera etapa de la crisis (el manejo de las quiebras); en una segunda etapa viene una fuerte restricción del crédito mundial”, por lo que será dable esperar una fuerte caída de la inversión privada. 

También es cierto, que gracias a la generosidad de nuestra legislación al eximir del pago de impuestos a la remesa de utilidades a las empresas extranjeras domiciliadas en Colombia, por esta vía se descompensa la balanza. En efecto, como lo afirma la analista económica Helena Villamizar “Según cifras de la CEPAL, Colombia ha girado en pagos netos de utilidades e intereses mucho más de lo que ha recibido en ingresos netos de capitales por todo concepto, así -1.371, -2.608, -850, -1.846, y -2.923 millones de dólares respectivamente de 2002 a 2006, un desangre acumulado de US $9.598 millones en 5 años. Sólo en 2007 la transferencia al exterior fueron altamente positivas (US $4.258 millones) debido al elevado monto de inversión extranjera directa, US $9.040 millones. Sin embargo, los giros de utilidades y dividendos de la inversión extranjera al exterior también fueron enormes (US $6.534 millones y determinantes de un balance neto de rentas negativo en US $7.047 millones en el 2007”. En el I Semestre de 2008 se giraron por tal concepto US $4.400, equivalente a lo generado por el total de exportaciones de café, carbón y ferroníquel juntos. 

Pero, se podrá aducir que tal fenómeno tiene su contrapartida en la entrada de divisas por concepto de las remesas que mes a mes giran desde el exterior aquellos trabajadores colombianos que hacen parte de la diáspora de connacionales compuesta por más de 4 millones que migraron por la falta de oportunidades en su propio país. Y la verdad es que dichas remesas se han constituido en una de las principales fuentes de ingresos del país, superior al 2% del PIB. Es innegable que la recesión, concomitante con la restricción del crédito y la liquidez, actuará a manera de torniquete que aminorará sensiblemente ese flujo en un futuro que ya se avizora. Las cifras que maneja el BID son reveladoras en este sentido; según sus estimativos, hacia América Latina podrán llegar este año US $67.000 millones frente a US $66.500 millones del año pasado; cifra esta que si la deflactamos en la práctica representaría una baja. En el caso colombiano las remesas empezaron a descender ostensiblemente; entre el II semestre de 2007 y I semestre de 2008 se presentó una baja de 8.4%, al pasar de US $2.544 millones a US $2.330 millones. Empero, en las últimas semanas se ha presentado un movimiento espasmódico y muy seguramente coyuntural, que ha determinado un repunte de las remesas, explicable a nuestro juicio por los temores que abrigan los colombianos en el exterior tanto por la suerte de sus ahorros como por su estabilidad laboral y ven en las remesas una especie de refugio. Los registros así lo indican: en las últimas dos semanas de septiembre (13 al 26) en promedio se recibieron US $151 millones semanales, contra US $136 millones en promedio de los meses de agosto y septiembre, mientras el promedio en lo corrido del año hasta el 26 de septiembre fue de US $109 millones. En el pasado se financió el déficit en Cuenta Corriente con IED, con crédito externo y con las remesas de los colombianos residentes en el exterior, fuentes estas que se verán ahora seriamente comprometidas con la crisis.

Finalmente, para cerrar este capítulo, digamos que el Banco Emisor cuenta con unas reservas robustas, como hacía mucho tiempo no ocurría, cifradas en US $23.638 millones, tras registrar un incremento de 17.5% durante el último año. Y eso, que “quemó” sumas apreciables en su intervención en el mercado tratando de contener la onda revaluacionista del peso. Sin embargo, es previsible que se vean afectadas también como consecuencia de la actual coyuntura internacional y la local; ya se nota que el ritmo de crecimiento que se traía ha cedido y esta tendencia se va a consolidar en el futuro, lo cual merece especial cuidado. 

LAS CUENTAS NO LE CUADRAN AL GOBIERNO

Colombia padece no sólo de déficit en cuenta Corriente, sino también de déficit fiscal; es lo que se ha dado en llamar déficit gemelos. Por ello, nos atrevemos a decir que la crisis encontró al país mal parqueado, producto de la imprevisión, pues Como dice el pasaje bíblico, un país sin visión no prevalece y eso le está pasando a Colombia. El gobierno no supo o no quiso aprovechar la bonanza de los últimos años para dejar atrás el déficit fiscal y ello, pese a que el recaudo creció de una manera sostenida en estos últimos años. Como lo sostiene el analista de Corficolombiana, Jorge Cortés, “Los tiempos de crecimiento no se aprovecharon desde el punto de vista fiscal porque se impulsó el gasto y buena parte del déficit se cubrió con venta de activos. El problema es que los recursos de las enajenaciones son temporales. Después no hay cómo financiar el déficit”. Los esfuerzos que se han hecho en las últimas administraciones han sido para financiar el déficit, más no para enjugarlo. Todo lo contrario de lo que hicieron Chile y Ecuador, a guisa de ejemplo. Chile, creó en junio de 2006 un gran Fondo de estabilización en el exterior con los ingresos extraordinarios que obtuvo por los altos precios del cobre que exporta y hoy tiene allí depósitos superiores a las reservas internacionales. Los excedentes que ha generado este Fondo superan los US $20.000 millones. Por su parte el Ecuador, como lo anunció recientemente su Ministro coordinador de la Política Económica, Pedro Páez, tiene “un colchón de US $8.800 millones, alrededor del 13% del PIB, para protegernos de la crisis”. México hizo lo propio, como lo afirmó el Presidente Felipe Calderón “Hemos ahorrado pacientemente fuertes sumas de dinero en distintos fondos de estabilización, que nos permitirán hacer frente a esta situación adversa…hoy el gobierno federal tienen un margen de maniobra importante para hacerle frente al problema y evitar que la crisis internacional paralice nuestra economía y provoque despidos masivos”. Ellos, por supuesto, van a tener mucho más margen de maniobra. Al contrario sensu, aquí resolvió el gobierno con la anuencia del congreso feriarse los recursos del Fondo de Ahorro y Estabilización Petrolera (FAEP), a través de la Ley del Plan de Desarrollo, que había sido creado con mucha antelación precisamente pensando en situaciones como la que ahora tiene que encarar el país. 

La economía colombiana venía en una franca desaceleración, tanto que el Ministro de Hacienda, Oscar Iván Zuluaga, se vio precisado muy a su pesar a revisar a la baja el crecimiento esperado tanto para este año como para el entrante, del 5% inicial a la horquilla de 3.8% - 4.2% y del 5% al rango de 3% a 4%, respectivamente, muy similar a la revisión hecha por el FMI. Para muchos analistas este estimativo luce demasiado optimista dada la magnitud de la crisis. Pero, de acuerdo con los últimos datos que arroja la Encuesta de Opinión Conjunta Empresarial de la ANDI el panorama se muestra muy sombrío, porque se ve a todas luces que la economía se frenó y ha pasado de la desaceleración al estancamiento y está al borde de una recesión, que es lo peor que le puede pasar al país todo. Una de sus conclusiones es que “tanto la producción como las ventas se estancaron en el período enero – julio respecto al mismo lapso del año anterior”; además, se señala que “Los resultados de la Encuesta enero – julio muestran que la producción se redujo en 0.2% comparada con el mismo período del 2007, las ventas totales disminuyeron 0.4% y, dentro de estas, las ventas hacia el mercado interno aumentaron 0.3%”. Al gobierno nacional le pareció alarmista la declaración del Presidente de la ANDI, Luis Carlos Villegas, en el sentido que “No somos conscientes del tsunami que se ha desatado. Sin duda, si no hacemos una preparación mayor para el coletazo de la crisis financiera sobre la economía colombiana, esta podría llegar a una recesión”; pero, no es para menos después de conocerse semejantes cifras. En el mismo sentido se pronunció Mauricio Rodríguez, rector del CESA, al concluir que “sumando y restando, el panorama de la industria es gris, por no decir que negro”. Y para corroborarlo, se acaban de conocer las cifras oficiales proporcionadas por el DANE, que son aún más dramáticas. Ellas dan cuenta de un bajonazo de la producción industrial del 8.8% (¡!) en agosto en comparación con el mismo mes de 2007 y las ventas de los comerciantes cayeron 0.73% contra un alza en el mismo mes del año anterior de 10.5%. El cuadro no puede ser más desolador, mirado en perspectiva y sabedores del impacto que va a tener sobre la producción, el empleo y el ingreso las menores exportaciones, la caída de las remesas y el creciente desempleo. La industria manufacturera, el comercio al por menor y la construcción de vivienda fueron los motores del crecimiento vertiginoso reciente, aupados por el entorno internacional favorable y desbordado gasto público, pero ahora tales actividades andan de capa caída.

Todavía en el I semestre de este año, cuando las ventas a los Estados Unidos, Venezuela y Ecuador, nuestros tres principales mercados, como no se habían resentido y los commodities mantenían precios altos, en alguna medida alcanzaron a compensar la menor tasa de crecimiento de la demanda interna. Pero, ya, a partir del cuarto trimestre de 2008 y todo el año 2009 que viene con la destorcida que se espera la perspectiva será mucho más desalentadora. Y lo más grave es que no es dable esperar una reactivación de la demanda interna en un corto o mediano plazo, toda vez que los hogares están acogotados con las deudas, a tal punto que $22 de cada $100 de ingreso que perciben se van al servicio de la deuda, acercándose peligrosamente al límite de los $25 que sirvieron de preámbulo a la gran crisis que sacudió al sector financiero entre 1998 y 1999. En ello, muy seguramente, está influyendo la baja en el ingreso, las elevadas tasas de interés y, por supuesto la inflación que castiga mayormente a la población de más bajos ingresos. La caída en el consumo de los hogares, según el DANE, se viene dando desde marzo de 2007, pero se ha acentuado recientemente, pasando de un crecimiento histórico real anual de 9.5% a uno de sólo 3.9% para el I trimestre de 2008. Y recordemos que el consumo representa el 62 % del PIB. Ello es tanto más delicado, dada la disminución en el Índice de confianza del consumidor, como lo revela la Encuesta de Opinión del Consumidor de Fedesarrollo, pasando de 21.7% en julio de este año a 18.3% en agosto. Dos de las principales economías emergentes, como lo son la de Brasil y la de China, que sólo exporta el 10% de su producción, tienen un inmenso mercado interno y hacia él están enfocando sus mayores esfuerzos tendientes a capear la actual crisis, sirviéndose de él como amortiguador del impacto que van a recibir. No es el caso de Colombia y los demás países de América Latina que han hecho de las exportaciones su principal motor de crecimiento.


CRECIMIENTO SIN EMPLEO

El Ministro de Hacienda dice tranquilamente que todo ello “Implicará una menor dinámica del mercado laboral. Va a ser mucho más difícil la creación de empleo”, pero detrás de esta “menor dinámica” lo que está es el drama de 2.1 millones de desocupados y 6.5 millones más que se debaten en medio de la economía del rebusque y el DANE registra como “subempleados”. Estamos hablando de un 11.2% de desempleo abierto, la más alta de la región con excepción de República Dominicana, después de un año como el 2007 que registró la más alta tasa de crecimiento del PIB en los últimos 30 años y los pronósticos apuntan a un 12.5% para el año entrante, que sumados al 31.8% de “subempleo” estamos hablando del 43% de la población económicamente activa. El país se aleja cada vez más de la meta de llevar la tasa de desempleo a un solo dígito. Esto es una barbaridad! Y lo acaba de decir la OIT, que “el empleo será la principal víctima de la crisis”. No han faltado quienes, queriendo pescar en río revuelto, han salido a proponerle al gobierno por enésima vez que “hay que revisar el tema del empleo y las barreras que hay para ingresar a puestos de trabajo, una de ellas son los parafiscales. Hay que buscar fuentes de financiación para el Sena y el ICBF”. Cabe preguntarles cuáles so esas fuentes alternas en medio de financiación en medio de tantas estrecheses. 

El Ministro de Hacienda se consuela diciendo que “Colombia puede hablar todavía de crecimiento positivo, cuando la mayoría está hablando de lo contrario”. Pero, a la vez, advierte que a consecuencia del menor crecimiento “Los ingresos de toda la economía van a crecer mucho menos”. Y ello ha empezado a suceder; el propio Presidente de la República se preguntó en la inauguración de una planta de etanol en Barbosa (Santander) “¿por qué le faltan al Gobierno Nacional 312 mil de millones de recaudo a la fecha?” y, a renglón seguido, se dolía de la circunstancia de que “Esa quitada de aranceles, esa reducción de impuestos de comercio exterior, nos produjo un faltante de recaudo de 312 mil millones”, refiriéndose a la desgravación arancelaria selectiva y discriminatoria que ha propiciado el gobierno para favorecer los intereses de algunos sectores productivos en particular. Pero, a ello hay que sumarle el menor recaudo por concepto de IVA, pues se está viendo afectado ya por la baja en el consumo y a la volatilidad de la tasa de cambio. De modo que la DIAN se va a llevar un palmo de narices cuando compruebe que los $600.000 millones en los que estima el hueco que van a dejar este año los tributos externos, no se van a poder compensar con el recaudo por IVA interno y por renta. Desde el 2003 no se registraba un hueco en el recaudo y menos de esta magnitud. Como lo advierte el ex ministro de Hacienda Juan Camilo Restrepo, “La reducción de la meta de crecimiento es un reconocimiento de lo que va a suceder. Hacia delante, el gobierno debe hacer un examen cuidadoso del tema fiscal y analizar cómo avanza el recaudo, que indiscutiblemente va a caer, no sólo por la menor actividad económica sino también por las exenciones que ha otorgado el gobierno”

EL BUMERANG DE LAS GABELAS

Este gobierno, así como ha sido de cicatero con la inversión social ha sido de generoso con las rentas de capital; han sido muchas las adehalas y concesiones a la inversión y a los inversionistas, so pretexto de promover y proteger el empleo. Empezando por las reformas tributarias, que al tiempo que le han apretado las clavijas a las rentas de trabajo se las han aflojado a las rentas de capital, otorgándoles todo un cúmulo de descuentos, exenciones, exclusiones, deducciones que le favorecen ampliamente, a tal punto que las continuas perforaciones al estatuto tributario han convertido a este en un verdadero colador. Se suele decir coloquialmente que no hay impuesto sin representación; pero, en el caso colombiano, a diferencia de los demás países, no hay deducción, exención o descuento tributario que no tenga representación. En la más reciente reforma no sólo se le rebajó el impuesto de renta a la empresas del 38.5% al 32%, sino que además se les abrió la posibilidad de descontar del mismo el 40% del monto de las utilidades que se reinviertan, disposición esta que “les permite llevar como costo sus inversiones”, lo cual es un despropósito . Como nos lo contó el novel Nóbel profesor de Economía, Paul Krugman, en un reportaje a la revista Dinero, un esquema semejante a este se ensayó durante la administración Reagan en los EEUU, pero que pocos años después se percibió que generaba una reducción de impuestos para las compañías demasiado grande. A poco andar, el gobierno reformó además la normatividad respecto de las zonas francas, estableciendo una nueva categoría, la de las “no colindantes” y por ahí derecho les rebajó el impuesto de renta a las plantas que en ellas se instalen a sólo el 15%. 

A los anteriores beneficios se añade la eliminación del impuesto a las remesas de utilidades de la inversión extranjera, a lo cual ya nos referimos, lo cual le ha costado al fisco la friolera de más de $2 billones, tan sólo entre el año 2006 y el I trimestre de 2008. Y, para colmo de males, se le dio a este gobierno por blindar a las empresas y a los empresarios, para que las gabelas que han recibido de parte de un Estado munificente para con los poderosos se tornen intocables. Pues bien, a través de Ley 963 de 2005 “Por la cual se instaura una ley de estabilidad jurídica”, se les da vía libre a los acuerdos “de promoción y protección de la inversión” entre las empresas y el gobierno, para que se les mantenga las reglas de juego vigentes a la fecha de suscripción de los mismos. De este modo, las mayores cargas impositivas que se decreten hacia el futuro habrán de recaer sobre las rentas de trabajo o sobre los impuestos indirectos, especialmente el IVA. De este modo, la estructura impositiva del país que ya de por sí es tremendamente regresiva, lo será aún más, contribuyendo de esta manera a la mayor concentración del ingreso y la riqueza en Colombia. Bien dijo Cervantes que “pocas o ninguna vez se cumple la ambición que no sea con el daño de tercero”. De este modo se le trasvasan recursos públicos aportados por todos los contribuyentes desde los pobres hacia los ricos. Rico Don Pepe, no! No obstante los alegatos del gobierno de que con ello se está estimulando la inversión y el empleo, la experiencia indica que “a pesar de que los gobiernos repiten una y otra vez que conceden dichas exenciones para atraer a las inversiones extranjeras, no existe ninguna correlación entre tales beneficios y el aumento de las inversiones”. La prueba al canto la tenemos en el hecho de que lejos de mejorar la tasa de empleo se ha venido deteriorando consistentemente, a ello ha contribuido mucho la más reciente reforma laboral, calcada al carbón de la Ley 50 de 1990. 

Como si lo anterior fuera poco, este gobierno ha dado en la flor de “compensar” las supuestas “pérdidas” de los exportadores, que son más bien ingresos dejados de recibir, que es distinto, atribuibles a la revaluación del peso con respecto al dólar. Como lo acaba de revelar el Presidente Uribe “a todos los exportadores les tuvimos que dar en dinero, en el primer semestre del año, $614.000 millones”. Ya con el dólar cotizándose a $2.300 y todavía andaba el Ministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias, anunciando el otorgamiento de $5.700 millones de ayuda gubernamental para coberturas para el sector agrícola. Y bien se sabe que no son todos los exportadores los beneficiarios por concepto de coberturas, CERT o subvenciones, pues se vienen asignando con una gran discrecionalidad por parte del gobierno. Pero, cabe preguntarse a dónde fueron a parar los beneficios para los exportadores de la larga temporada devaluacionista que tuvimos que soportar el resto de colombianos sino fue a sus faltriqueras. Es más, ellos supieron aprovechar muy bien la revaluación para prepagar su deuda externa con dólar barato y estimulados además por los beneficios tributarios han importado a tutiplén maquinaria y equipo para modernizar y/o reconvertir sus empresas a bajos costos, en desmedro de paso de la fuerza de trabajo. Más del 35% de las importaciones al país están representadas precisamente por este concepto. Ello explica en gran medida el crecimiento sin empleo que ha caracterizado esta última etapa de auge de la industria local. Y a propósito, la primera medida que anunció el gobierno para enfrentar la crisis fue la de poner a disposición de los exportadores US $650 millones, a través de Bancoldex, para tratar de suplir a la banca internacional en el financiamiento de las exportaciones. La sumatoria de todos estos recursos de los que se ha venido privando el Estado a ciencia y paciencia de las autoridades, son los mismos que ahora con el advenimiento de la época de las vacas flacas nos empiezan a hacer falta.

COLOMBIA SE REZAGA EN COMPETITIVIDAD

Colombia tampoco supo aprovechar este buen momento que ha tenido la economía desde el 2003 para avanzar en competitividad a través de la mayor productividad; acostumbrados como estábamos a ganar competitividad por cuenta de la devaluación de la moneda y de la reducción de los costos laborales, se hizo muy poco por avanzar en la Agenda Interna para la competitividad. Y los resultados están a la vista. Según el último reporte del Foro Económico Mundial (FEM), quizá el más conocido de todos en la materia, el país retrocedió el último año 5 escalones en su Índice de competitividad, al pasar del lugar 69 al 74 en el escalafón que comprende a 134 naciones. Y ello ocurre por segundo año consecutivo. Esta es una pésima noticia para el país, pues viene a contradecir el supuesto avance de que se venía haciendo alarde en el ranking de competitividad del Banco Mundial, medido por el Índice Doing Business del Banco Mundial. Como se explica esta contradicción? El Índice del Banco Mundial tiene un concepto más restrictivo de la competitividad, reduciéndolo al “entorno para hacer negocios”. El del FEM es más comprensivo al definir la competitividad como el conjunto de instituciones, políticas y factores que determinan la productividad de un país. Mientras el FEM incluye entre otros la calidad de la infraestructura de transporte y telecomunicaciones y la estabilidad del ámbito macroeconómico, el DB se concentra en temas de eficiencia en trámites y régimen tributario. En el termómetro del FEM 2008 Colombia perdió 25 posiciones en estabilidad macroeconómica y 18 en eficiencia del mercado laboral y mejoró ligeramente en innovación e infraestructura. 

Pero, lo que más llama la atención de este hecho de por sí deplorable es que a pesar de la pirotecnia que se hace a propósito de la “seguridad democrática”, uno de los ejes fundamentales de la política de gobierno, los resultados de esta encuesta que se realiza nada menos que entre los mismos empresarios son un mentís a sus presuntos éxitos, por lo menos en lo que hace relación a la percepción que tienen de ella los empresarios. Concluye el FEM que “Colombia es el país con los mayores costos para los negocios por cuenta del terrorismo…La seguridad es el tema en que peor estamos los colombianos… Mientras que la seguridad en general en Colombia está en el puesto 127 del ranking entre 134 países, los costos del terrorismo para los negocios están en el puesto 134, es decir, al final de la lista”. Y qué decir de los puertos; al evaluar la infraestructura “en este tema, los únicos que ocupan una posición aceptable son transporte aéreo (54) y suministro eléctrico (56). La calidad de los puertos, una de las variables estudiadas, es dentro del capítulo de infraestructura, la peor ubicada, al ocupar el lugar 108, mientras que los ferrocarriles y las carreteras están en las posiciones 100 y 91 del análisis, respectivamente. 

Otro estudio, esta vez sobre el grado de prosperidad del país, entendida como la combinación entre riqueza material y satisfacción con la vida, sirve para medir qué tanto promueven los países el crecimiento económico y la calidad de vida de sus ciudadanos, en el que Colombia fue incluido por primera vez, tampoco le favorece. Entre 104 países ocupó el puesto 61; lo más diciente es que las economías del vecindario de tamaño similar están por encima de Colombia. Sólo Perú en la región, que ocupa el puesto 65, está por debajo de Colombia. Y vale la pena tener en cuenta que la sede del Instituto Legatum, que es quien adelanta este estudio está en los Emiratos Árabes, ahora que el gobierno en medio de sus apuros está volteando los ojos hacia el Medio Oriente, en busca de crédito e inversionistas, en donde ni siquiera tenemos representación diplomática. Y lo que más se destaca en este estudio es que en lo que está peor Colombia, entre todos los indicadores considerados en el mismo que son 46, es justamente en competitividad económica, en el que ocupa el lugar 75. Es bueno advertir que los estragos de la crisis se extendieron también hasta el Medio Oriente acarreándole pérdidas que superan los US $350.000 millones en el mercado bursátil desde enero, en momentos en que los seis países del Golfo están empeñados en un programa de reconversión industrial supremamente ambicioso. Como lo indican consultores de Medley Global Advisor, los enormes proyectos tendientes a proveerse de energía y agua potable a su población, así como los proyectos petroquímicos, tienen embolatada su financiación y están enfrentando costos más elevados para su consecución. De modo, que no nos podemos hacer muchas ilusiones, pensando que vamos a encontrar allí fácilmente una fuente alterna de financiación y de IED. 

Y SIGUE EL DESBARAJUSTE FISCAL

Como es apenas lógico, al bajar la meta de crecimiento para 2009 de 5% a un rango entre 3% y 4% la economía va a ver reducidos sus ingresos en una suma que se calcula puede aproximarse a los $6 billones, frente a lo que tenía proyectado originalmente. Esto impactaría en cerca de un billón de pesos el recaudo tributario, que financia cerca del 70% de los gastos del gobierno. En consecuencia “El ejecutivo va a tener que hacer un ajuste monumental. Si hubiera hecho el ahorro en los últimos tres años de bonanza, en el 2009 habría podido gastar más para contrarrestar la desaceleración que viene”; pero, como no fuimos previsivos ahora estamos en aprietos. Al parecer el Ministro de Hacienda no ha dimensionado la magnitud del descuadre en las finanzas públicas que se nos viene encima. Para él “esta disminución en las proyecciones de crecimiento no modifican para nada los rubros contemplados en el Presupuesto General de la Nación, ni en las metas fiscales ni los planes de inversión ni el gasto social”, refiriéndose al que acaba de aprobar el Congreso de la República en volandas para la vigencia de 2009. Ahora, resulta que hasta las finanzas territoriales están desbarajustadas por cuenta de los recortes de los cuales fue objeto reiteradamente el Sistema General de Participación (SGP) y han dado un vuelco peligroso, pasando de superávit cercanos al 1% del PIB en 2004 hacia déficit del 0.2% en 2007, con lo cual el déficit consolidado se podría elevar del actual 1% del PIB a niveles de 2% o 3%.

Ni el gobierno ni el Congreso de la República advirtieron que el escenario que se presenta ahora que se discutía la aprobación del presupuesto, no es el mismo de la pre crisis y por ello prefirieron no darse por notificados y aprobaron un presupuesto inflado de $140.5 billones para 2009, con un incremento del 14% en términos reales respecto al año anterior y desfinanciado en mas de $15 billones, como ya lo había dicho la Contraloría General con muchísima anticipación. A las críticas que les ha llovido el Ministro de Hacienda da por respuesta que “En la medida en que los ingresos no se cumplan tenemos que hacer ajuste en gastos. El compromiso es mantener nuestras metas de balances fiscales y no deteriorarlos”. Esto no es serio. Cuando se elaboró el Proyecto de presupuesto para 2009 la tasa de cambio se estimó en $1.948 por dólar y hoy ronda los $2.300. “Esto va a implicar un mayor costo de la deuda en dólares”. Para las cuentas del año entrante el ejecutivo estimó el barril de petróleo a US $80, ello explica el incremento en las transferencias de ECOPETROL al presupuesto del gobierno central de $4.1 billones a $9 billones y ya está por debajo de los US $70 (¡!). Además, el gobierno aspiraba a que el B de la R le transfiriera $1.1 billones, que no va a recibir, pues este año sus utilidades se va a ver diezmada en un 93% con respecto a las de 2007 y ya el banco Emisor tomó la decisión de no girárselas al gobierno puesto que las necesita para mantenerlas como reservas de estabilización de monedas. Mientras el año pasado el Emisor ganó $1.98 millones, para este año se prevé que sólo va a contabilizar $143.000 millones. Todo ello va a contribuir a que los ingresos van a estar muy por debajo de las expectativas iniciales. Y no quedará otro camino para financiar dicho faltante sino a través de otra reforma tributaria o con mayor endeudamiento, porque no es el mejor momento para salir a vender el saldo de activos que le queda al Estado, de los cuales esperan $3.2 billones, $1.1 billones de los cuales saldrán de la privatización de las electrificadoras. 

El gobierno pretende obtener $24.4 billones en crédito interno así: $13 billones en el mercado de subasta de TES, $6.5 billones por convenios con entidades del sector público y $5 billones que deben adquirir forzosamente los establecimientos públicos por concepto de “excedentes” de liquidez. En 2007 el gobierno colocó TES en subastas por $6.5 billones, en 2008 espera cerrar el año con $9.3 billones y en el Proyecto de presupuesto se proyecta en $13 billones. En cuanto a las tasas 2006 promedio 6%, en el I semestre de 2008 al 12%, a cuanto van a llegar en el 2009? Una de las consecuencias de acudir a los TES en mayor medida es que se va a elevar aún más las tasas de interés y va a presionarse sobre la inflación. Los bancos van a encontrar un gran atractivo para hacerse a ellos, toda vez que, tal como lo muestras sus P & G, sus mayores ganancias provienen precisamente de la negociación de estos títulos. “Si al menor consumo se le agrega una disminución de la inversión extranjera y se le añade una política monetaria expansiva, haría que el sector financiero estuviera más dispuesto a asumir riesgos de mercado (comprar TES) que a generar crédito y prestar plata”. Estamos ya avisados de que buena parte de los recursos del FOSYGA, los del ICBF, los del FNR, entre otros, terminarán “congelados” y los directores de los institutos convertidos en administradores de portafolios de inversión, mientras se aplaza la inversión social a falta del socorrido “espacio fiscal” para ejecutarlos. 

Complementariamente al crédito interno, el gobierno tiene previsto colocar bonos por valor de US $1.900 millones en el exterior para financiar el presupuesto de 2009 y ello en momentos en que la aversión al riesgo y los altos spreads de la deuda podría complicar tales planes. Según cifras del B de la R la deuda externa de mediano y largo plazo del gobierno central asciende a $52.1 billones la cual demandará, de conformidad con el Marco Fiscal del Ministerio de Hacienda demandará el pago de $3.7 billones, equivalente a un punto del PIB, sólo por concepto de intereses este año. Y estos se elevarán aún más, habida consideración que todos los países de la región han registrado en los últimos meses un incremento en la clasificación de riesgo – país sobre los bonos del Tesoro de los EEUU, debido a la crisis de confianza en los mercados emergentes. El promedio en la región conocido como Embi Plus, mientras el 2 de junio pasado estaba en 162 puntos, hoy se encuentra para Colombia en casi 656 puntos después que en agosto se encontraba en 223, casi el triple. Vale anotar que 100 puntos equivalen a un punto porcentual. Ahora que el peso se está devaluando nuevamente, la deuda externa se encarecerá aún más. En síntesis, el país tendrá que hacer mayores erogaciones para servir la deuda externa, tanto por concepto de los mayores intereses a pagar como por la devaluación y ello afectará seriamente el equilibrio de las finanzas del gobierno central. Todo esto hace pensar que el hueco fiscal para el año que viene o será del 3% como lo tiene programado el gobierno sino que podrá superar el 4.5%. 

Así las cosas, la discusión en torno al camino a seguir se viene centrando en la necesidad de un drástico recorte presupuestal, lo cual de paso terminaría de hundir la economía en la recesión en ciernes, dado que tal decisión actuaría de manera procíclica en momentos que la economía reclama más bien medidas anticíclicas que la saquen de la postración. Si la demanda privada está alicaída, el gasto público debe venir en auxilio de la economía para reactivarla, tal como lo aconseja Keynes, ahora que está tan de moda, que es lo que han venido haciendo otros países. Se afirmó en el diario El Tiempo que “En épocas de vacas flacas, el llamado a blindar los programas sociales es perentorio, y mantener una macroeconomía sana ´para que haya confianza inversionista´, como afirma el presidente Uribe, debe compaginarse con proteger las ganancias sociales – pocas para algunos expertos – que dejó el tiempo de las vacas gordas que termina¨. Y las declaraciones del Presidente Uribe parecen darle la razón, cuando afirmó que “Nada gana un país con tener unos magníficos indicadores macroeconómicos, si su conflicto social aumenta… El gobierno piensa que es mejor acelerar la protección social que acelerar la llegada del equilibrio fiscal, así impliquen más gasto público, así impliquen aplazar la llegada del equilibrio fiscal”. A esto le riposta el ex ministro de Hacienda Juan Camilo Restrepo que el anuncio puede “resultar grave a mediano y largo plazo, porque en razón del alto déficit fiscal, el país podría ser castigado por las financieras encareciendo el crédito o negándolo, y ahí sí el país se quedaría sin el pan y sin el queso. Al final, los pobres resultarían peor castigados”. La “obstinación social” que le atribuye el Consejero presidencial José Obdulio Gaviria al Presidente Uribe, asume que cualquier recorte que se haga al gasto público tiene que recaer necesariamente sobre la inversión social o, dicho de otro modo, que la inversión social es la responsable del desmadre de las finanzas públicas, o cual no es cierto. 

A la pregunta del Jefe del Estado a sus contertulios en Palacio esta semana en el sentido de que le dijeran “de dónde se puede recortar. Hemos reformado 412 entidades estatales que han significado ahorros anuales de $1 billón y la eliminación de 40.000 vacantes…Yo quiero oír cosas concretas porque llevamos seis años recortando el gasto”, todos ellos cayeron en el garlito y respondieron devanándose los sesos para proponerle en donde echar tijera. Pero, con perdón de todos ellos, creemos que esa no es la discusión, porque mientras el Presidente alega que le ha ahorrado al país con la tal “modernización” del Estado $1 billón al año, por otro lado por cuenta de las dádivas y concesiones a los particulares se han estado dejando de recibir por lo menos $7 billones. Como diría el cómico mexicano Mario Moreno, Cantinflas, ahí está el detalle. La gran pregunta que debe hacerse el país es si en las actuales circunstancias se justifica mantener tales privilegios o por el contrario se hace imperativo revisarlos y ponerle coto a los mismos, como única manera de superar las aulagas a las que esta enfrentado el Estado. 

En una crisis a los primeros que hay que proteger es a los pobres; como lo afirma el rector de la Universidad Javeriana, el sacerdote jesuita Joaquín Sánchez, lo dice paladinamente: “en las crisis hay que ayudar a los pobres” y es de lo que menos se están preocupando. Y esto ocurre porque hay un enfoque equivocado de parte del equipo económico del gobierno, por su obsesión por promover y fomentar la oferta despreocupándose de lo que pasa con la demanda, sobre todo la descaecida demanda interna, que es su contrapartida. Como afirma Camilo Herrera Mora, Presidente de Raddar, “este gobierno está a punto de ser víctima de su medicina: tanto apoyo a la oferta, sin pensar en la demanda, conlleva a que la oferta no tenga a quien venderle; puede pasar que los triunfos militares se pierdan en la canasta familiar”. Todavía el país sigue esperando que se concrete el anuncio que hiciera el ex ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, al momento de radicar en el Congreso de la República el Proyecto de ley con el Plan de Desarrollo para ese cuatrienio, en el sentido de que ya era hora “de cambiar de canal”, para referirse al énfasis en “el carácter social” del mismo. Ya va larga la espera! 

COHESIÓN O EXCLUSIÓN SOCIAL
Uno de los tres ejes de la política de este gobierno, además de la “Seguridad democrática” y la “Confianza inversionista” es la cohesión social. Pero, cabe preguntarse si con este modelo económico pro – rico será posible contribuir a la inclusión y a la cohesión social o, por el contrario, se está auspiciando una especie de darwinismo social. Aquí se ha creído que lo que es bueno para las empresas y los empresarios tiene que ser bueno para el país; como en su época se decía de la Ford, que lo que era bueno para la multinacional era bueno para los EEUU. Pero las cifras de la CEPAL, que son tremendamente aterradoras, nos sacan de dudas. Colombia, a diferencia de lo que pasó en otros países de Latinoamérica no sólo no mejoró la distribución del ingreso en estos últimos años de bienandanza de la economía, sino que empeoró, al pasar de un Índice de Gini, en el que 1 es la máxima concentración y 0 es la igualdad completa, de 0.572 en el 2000 – 2002 a 0.584 en el 2002 – 2005, pasando del nivel de desigualdad alto a muy alto en la estratificación según el coeficiente Gini de la distribución del ingreso. Sólo Haití y Bolivia tienen un Gini peor que Colombia. En el Índice de desarrollo Humano que maneja el PNUD no le va mejor a Colombia, pues el coeficiente Gini es todavía mayor (0.59) y observa que entre 177 naciones, Colombia pertenece a la exclusiva liga de las 8 que presentaron peores indicadores de inequidad. Como lo sostiene la ex ministra y Senadora de la República, Cecilia “Cuando la economía colombiana estaba en crisis a finales del siglo pasado, era menor la brecha entre ricos y pobres, pero esta aumentó significativamente entre 2003 y 2005. En ese momento, el ingreso del 10% más rico llegó a ser casi 25 veces más que el del 40% más pobre”. En Colombia, según otra fuente, la relación de ingresos entre el quintil más rico y el más pobre está alrededor de 20. Esta misma relación en el mundo desarrollado, como para tener un referente, promedia un 5. Es decir, que los frutos del crecimiento en estos años no se han compartido, sino que se han concentrado en pocas manos, no se ha dado el “goteo”, como lo califica el FMI, en el sentido que “la riqueza que se genera en la punta de la pirámide termine llegando a la base”. Por lo demás, el PIB per cápita de Colombia ha estado persistentemente por debajo del promedio de América Latina.

Al parecer el equipo económico del gobierno participa de la teoría de Kuznets, de que “el ciclo de desigualdad crece en la etapa de despegue económico” y que después, como quien dice se emparejan las cargas. Se asume que una mayor desigualdad es el costo del crecimiento; pero, esta teoría ha sido revaluada hace rato. La propia CEPAL sostiene que “una mejor distribución del ingreso, además de disminuir el número de pobres, refuerza el crecimiento” y, como lo sostiene Asesina y Rodrick, “los países con mala distribución del ingreso y la riqueza tienden a crecer menos”. Además, como lo sostiene el ex presidente español, Felipe Gonzalez, “es que la desigualdad pone en peligro el crecimiento. El Modelo económico que no redistribuye los ingresos no es exitoso”. Como lo sostiene un equipo de investigadores del Banco Mundial “Esos niveles altos de desigualdad, afirman los tres investigadores, son el factor más crítico de la exclusión social, porque erosionan las posibilidades de movilidad social y menoscaban la potencia del crecimiento económico para mejorar la calidad de vida, pues los beneficios no llegan a la población marginada y empobrecida.”. Y No perdamos de vista lo que afirma el pensador inglés Anthony Gidden: “La desigualdad de oportunidades de una generación, es la desigualdad en resultados en la siguiente” y bien ha dicho Fernando Montaner que “la miseria sin remedio ni esperanza, convierte a las democracias en esclavos o marionetas”. Cualquier parecido con nuestra realidad no es mera coincidencia. No será esta la hora de escuchar la admonición de Sarmiento Angulo y que en su momento no encontró eco alguno, en el sentido que “…el bajo crecimiento genera pobreza en cascadas y si no se hace algo la situación social del país no se va a poder controlar”. El premio Nóbel de Economía Joseph Stiglitz afirma sentenciosamente que “índices elevados de desgualdad, sobre todo como consecuencia del desempleo, pueden derivar en descontento social, es probable que aumente la criminalidad y se genere un clima que no sea atractivo para los negocios”, que es lo que empezamos a ver en nuestro martirizado país. Hace falta una gran dosis de sindéresis por parte de la dirigencia de este país para entender que el barco está haciendo agua y que algo hay que hacer para evitar que zozobre, no se vaya a repetir la historia del Titanic, que mientras este se hundía la orquesta seguía tocando a todo timbal.

Riohacha, octubre, 23 de 2008
www.amylkaracosta.net


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