Nov 12, 2019 Last Updated 4:09 PM, Oct 28, 2019

OJO AVISOR

Categoría: Economía Nacional
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LOS DÉFICIT GEMELOS Colombia, desafortunadamente, está de vuelta a la etapa de los déficit gemelos (déficit fiscal en simultánea con déficit comercial) que ya creíamos superada y ello ocurre en el momento menos propicio.

El déficit fiscal del gobierno central se ha tornado en crónico; a pesar de los “ajustes” recurrentes, al final de cuentas más es la bulla que la cabuya, cuanto se ha hecho sólo ha contribuido a financiar el déficit pero no a conjurarlo. Lo propio podemos decir de la Balanza comercial, se ha pretendido hacer de las exportaciones el motor del crecimiento, pero basando la competitividad de nuestra oferta exportable en la devaluación del peso y en la reducción de los costos laborables, pero sin avanzar mayor cosa en la elevación de la productividad, lo cual no es sostenible por mucho tiempo. Esta es una estrategia equivocada y ya ha mostrado sus limitaciones, sobre todo con el advenimiento de la revaluación del peso y la arremetida del dragón chino, con quien nadie compite en materia salarial. Estas vulnerabilidades se han puesto de manifiesto y de qué manera en los últimos años, conspirando contra las posibilidades de sostener el buen ritmo que acusa el crecimiento de la economía. El Ministro de Hacienda, Oscar Iván Zuluaga, está empecinado en desestimar las amenazas que se ciernen sobre la economía y se contenta con proponerse la reducción del déficit fiscal del gobierno central a expensas de las finanzas territoriales y mediante trucos contables.

La incontinencia del gasto público, que es la causa eficiente del desbarajuste fiscal, sigue impertérrita a pesar de las admoniciones de los gremios y del Banco Emisor y mientras tanto el Ministro de Hacienda se las apaña para maquillar las cifras, las cuales aún así muestran resultados muy modestos en cuanto a la reducción del desequilibrio de las finanzas. La economía, aquí y en Cafarnaúm, sigue sometida irremisiblemente a los recurrentes ciclos económicos. El auge es seguido por la crisis y esta a su vez por la caída del ritmo de crecimiento, para luego, cuando esta toca fondo, reactivarse y luego se reanuda el ciclo en forma de espiral. Por ello, no es dable esperar que la prosperidad económica o el buen desempeño de la economía llegue para quedarse; razón suficiente para prepararse en las épocas de las vacas gordas para poder enfrentar con éxito las afugias propias de las vacas flacas. Esta lección elemental de economía que es parte de los prolegómenos de la cultura económica básica, no ha sido tenida en cuenta por las autoridades económicas de nuestro país.

Es indudable que una de las variables fundamentales de la economía, como es la del crecimiento del PIB, ha venido teniendo un excelente comportamiento en los últimos años. Ya ajustamos seis trimestres consecutivos con un crecimiento del PIB por encima del 5% anual, lo que hacía rato no se veía. En ello ha jugado un papel muy importante la demanda agregada, particularmente el consumo privado; pero, es indudable que dicho desempeño ha estado influido por un entorno externo sumamente favorable. Empero, desde el 2003 la demanda doméstica por bienes y servicios viene superando la producción interna de los mismos, no obstante que la mayor inversión, tanto privada como pública, ha contribuido a ampliar la capacidad instalada de las empresas. Ello se ha traducido en una presión sobre las importaciones y sobre el índice de precios al consumidor (IPC), repercutiendo en el déficit de la cuenta corriente de la Balanza de pagos y en los brotes inflacionarios que tienen en aprietos al Banco de la República. Además, las repetidas alzas de las tasas de interés de intervención por parte del Banco Emisor - pasó de 7.5% a comienzos de 2007 a 9.5% - tendientes a “enfriar” la economía, pueden resultar contraproducente, pues cada día se amplía el margen con respecto a las tasas que maneja la FED de los EEUU – de 5.25% pasó a 4.5% -, atrayendo al país los capitales especulativos y con ello atizando aún más la nociva revaluación del peso que superó el 12% el 2007, la misma que viene golpeando al renglón exportador. ALERTA NARANJA Si bien es cierto que las exportaciones han tenido un repunte importante, tanto que se duplicaron entre 2002 y 2006, al pasar de US $11.532 millones a US $24.390, las importaciones han crecido más que proporcionalmente respecto a las exportaciones. Al cierre del tercer trimestre de 2007, el déficit de la Balanza superó los US $1.125 millones, en contraste con igual período de 2006 que arrojó un superávit de US $171 millones. Es decir que, mientras las importaciones crecieron el 27% anual durante estos tres trimestres, las exportaciones en cambio lo hicieron al ritmo de 18.1%. Se teme que este año se acrecentarán aún más las importaciones, dado el alto componente importado del presupuesto de inversión del Ministerio de la Defensa (40%), el más abultado de toda su historia aforado en $3.4 billones. Lo más preocupante es que la tendencia muestra que las importaciones como porcentaje del PIB vienen ganando terreno, del 17% en el 2000 pasaron al 28% en 2007 y las exportaciones por su parte se mantienen estáticas en el 20%. El déficit en la cuenta corriente crece exponencialmente año a año, en el 2005 fue de 1.5%, en el 2006 de 2.1%, se estima que 2007 cerrará con un 4% (US $6.700 millones) y se proyecta para el 2008 en un 5% (US $9.000 millones), el más alto en Latinoamérica. Un nivel semejante a este no se veía desde finales de la década pasada que terminó tan mal, con la mayor recesión en cincuenta años. De acuerdo con la experiencia internacional, cuando dicho déficit supera los límites del 3% es preciso encender todas las alarmas. Hasta ahora este déficit se había financiado con la afluencia del capital extranjero y ahora con la crisis hipotecaria de los EEUU no se sabe qué rumbo tomará este. Lo cierto es que el crédito bancario se verá restringido a nivel global lo mismo que el acceso a los mercados financieros, lo cual dificultará la financiación del déficit y encarecerá el crédito externo. Además, la desaceleración de la economía estadounidense –que representa el 34% de nuestro mercado externo - a consecuencia de dicha crisis y su consiguiente contagio al resto de la economía global, sumada a la inestabilidad de la economía venezolana, nuestro segundo socio comercial en importancia con el 15.3% de nuestras exportaciones, amenazan con “despresurizar” la economía colombiana. Los síntomas de dicha desaceleración son cada vez más evidentes: la crisis de los créditos hipotecarios de riesgo conocidos como “subprime”, el aumento del desempleo – ya está en % que, si para nosotros no, para los EEUU sí es alarmante -, la volatilidad del mercado bursátil, la mayor utilización de la capacidad instalada por parte de la industria y la cautela con que se están moviendo los inversionistas. De hecho el federal Reserve revisó a la baja la tasa de crecimiento de los EEUU, de 3.9% registrado el último trimestre al 1.6 % - 2.6% para el 2008. Una firma tan seria como Goldman Sachs recortó sus previsiones de crecimiento del PIB estadounidense a un pirrico 0.8% para el 2008, contra un 1.8% que es el estimado para el 2007 y frente a las previsiones oficiales que lo estiman todavía en un 1.5%.

De no haber sido por el inusitado crecimiento de nuestras exportaciones a Venezuela - US 3.240 millones en los primeros nueve meses de 2007, con un crecimiento del 75.9% respecto a 2006, cuando marcó US $1.842 millones – otro gallo le cantaría a la economía colombiana. De allí la coincidencia de todos los analistas, en el sentido de que el pronóstico del crecimiento del PIB en 2008 se situará por debajo del previsto para 2007 – proyectado al 6.5%, inferior al 6.9% del año anterior -, probablemente entre 4.5% y 5%, después de crecer los últimos dos años 3 puntos por encima del promedio histórico. La tendencia, entonces, no habla bien de la solidez y de la sostenibilidad del crecimiento de los cuales tanto se ufana el Ministro de Hacienda, Oscar Iván Zuluaga. A él, como en la paradoja de Huidobro, los árboles no le dejan ver el bosque. EN EL FILO DE LA NAVAJA Y, lo peor, es que estas circunstancias adversas nos sorprende en medio de una gran vulnerabilidad de la economía, producto de los déficit gemelos que la agobian. Ya el gobierno, por boca del Presidente de la República, ha empezado a admitir que abriga preocupaciones en torno a la enormidad del déficit fiscal y no es para menos, puesto que según el CONFIS el 2007 terminará con un déficit fiscal consolidado del gobierno central de 0.7% del PIB y en el 2008, en lugar de aminorarse, se prevé que trepará hasta el 1.4%. Hasta el propio Ministro de Hacienda, se lamenta del hueco fiscal por más de $3.4 billones que se le abrieron a las finanzas del gobierno central en la última reforma tributaria por la vía de los alivios, descuentos y exenciones. Este año desaparece la sobretasa en el impuesto de renta, la tarifa de este gravamen se reduce en 1 punto, amén de otros beneficios tributarios. Y de contera, con el freno de la economía sobrevendrá un menor recaudo; de hecho, los ingresos tributarios que venían creciendo a una rata del 18% anual ya este año muestran un menor crecimiento, de sólo el 11%, con tendencia a la baja. ¡Oh paradoja! cuando se le complican más las cuentas al doctor Oscar Iván Zuluaga, se le cataloga por parte del Banco Mundial como el mejor Ministro de Hacienda y Crédito Público de Latinoamérica Qué tal esa? Recordemos que el equipo económico de la administración Pastrana recibió los mayores reconocimientos justamente cuando sumía la economía colombiana en el mayor descalabro. Para ser previsivos y evitar que nos sorprenda la destorcida de los mercados externos, como lo afirma el ex ministro Carlos caballero Argáez, “llegó la hora de corregir los desequilibrios y de anticiparse ahora, en vez de vernos abocados a medidas de ´choque´ más tarde…La euforia del pasado reciente no será una buena consejera para adoptar decisiones en el año que viene” . Asumiríamos un gran riesgo si no se actúa a tiempo, por estar dormidos sobre los laureles de unos buenos registros en materia de crecimiento del PIB. Uno es el escenario si el análisis es Ceteris Paribus y otro bien distinto si lo es mutatis mutando. Que no nos vengan con el cuento de que este desequilibrio externo se debe a los tropiezos que han impedido la entrada en vigencia del TLC suscrito con los EEUU, porque México, a pesar de su TLC (el NAFTA), afronta una situación similar. En México el déficit en su Balanza comercial es cada vez mayor, de un déficit de US $5.838 millones en 2006 dio un brinco a US $9.321 millones a septiembre de 2007. Además, como si fuera poco, los EEUU como destino de nuestras exportaciones han venido perdiendo participación en los últimos años, debido fundamentalmente a la notable caída de nuestras exportaciones de crudo, a consecuencia de la declinación de las reservas. Del 43% que representaba en 1999, ahora a duras penas llegó al 30% al cierre de primer trimestre de 2007 y no se vislumbra a corto plazo que esta tendencia pueda revertirse. El ahogado hay que buscarlo es aguas abajo y no aguas arriba, si realmente se le quiere encontrar y no distraer a quienes lo buscan. No se puede perder de vista que el déficit fiscal y el déficit comercial se refuerzan mutuamente y existe entre ellos una comprobada causalidad circular, razón suficiente para entender la importancia de la disciplina fiscal como parte de la solución a la actual encrucijada. De modo que la única forma de enfrentar eficazmente sus dañinos efectos es atacándolos simultáneamente, ganando en competitividad y disciplina fiscal, justamente las dos asignaturas en las que se sigue rajando el equipo económico del gobierno. “No todo el que viaja a la India descubre América” Erich Kastner Medellín, Enero 4 de 2008 www.amylkaracosta.net


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