Mar 03, 2021 Last Updated 12:36 PM, Feb 28, 2021

LOS ASPAVIENTOS DEL TLC

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EL TLC COMO PANACEA

 

Tan pronto trascendió la noticia sobre la ratificación del Tratado de Libre Comercio (TLC) sucrito entre los gobiernos de Colombia y EEUU hace casi seis años, se reanudó el debate en torno a sus costos y beneficios para el país. De nada sirvió la celeridad que le imprimió el ex presidente Uribe a la negociación del mismo, apremiando al equipo negociador encabezado por el actual Director del DNP Hernando José Gómez, para firmarlos “rapidito”. Dice el adagio popular que de la carrera no queda sino el cansancio y en este caso la ligereza con la que se negoció le significó al país aceptar ciertas imposiciones de parte de los negociadores de EEUU. Es el caso del desmonte por parte de Colombia de todas las salvaguardias al sector agropecuario, particularmente el Sistema Andino de Franjas de Precios (SAFP) al tiempo que los EEUU se negó sistemáticamente a hacer los propio con los subsidios y ayudas de los cuales son objetos sus excedentes agrícolas y pecuarios para la exportación. A ello se refiere el Ministro de Agricultura y Desarrol Rural Juan Camilo Restrepo cuando afirma que “se cometieron ingenuidades negociando los capítulos agrícolas de los TLC” . 

Además, el Gobierno colombiano comenzó a ceder antes de sentarse a negociar; en efecto, cediendo a las presiones de las multinacionales farmacéuticas expidió el Decreto 2582 de 2002, mediante el cual se amplió el período de protección  a los medicamentos de marca y se retrasa la entrada al mercado de los genéricos. Y claro, esta norma, contraria por lo demás a la normativa andina que cobijaba a Colombia, sirvió de piso a la posterior negociación del capítulo de propiedad intelectual. Ello redundará en unos mayores costos para el Sistema Nacional de Salud, agravando su crisis financiera, con el agravante de que una vez entre en vigencia el TLC Estados Unidos el Gobierno ya no podrá la Superintendencia de Salud intervenir y regular la política de precios de los medicamentos como lo viene haciendo para controlar la especulación y las trapisondas de la industria farmacéutica y las EPS con los mismos. Como lo denuncia la analista Helena Villamizar "la inclusion de la figura de expropiacion y menoscabo constituye uno de los compromisos mas lesivos, al facultar a los inversionistas extranjeros a demandar al Estado colombiano ante tribunales de arbitramentos privados cuando sientan afectadas sus ganancias o expectativas razonables de ganancia por cualquier norma o medida". Huelga decir que al violar de manera flagrante las normativas andinas aludidas la administración Uribe allanó el camino de la desintegración de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), todo por el prurito de contar con un TLC bilateral con los EEUU.

Con razón el Comité Consultivo para Políticas y Negociaciones de Comercio de los EEUU conceptuó que “el tratado con Colombia satisface o supera los logros acordados en otros tratados recientes, incluyendo los suscritos con Perú, Centro América y República Dominicana”. Por su parte la Comisión de Medios y Arbitrios del Congreso de EEUU considera que "el mercado de Colombia tiene el mayor potencial de la region para el sector privado de EEUU". Comision de Medios y Arbitrios del Congreso de EEUU. Es muy diciente que sea el propio Embajador de Colombia en Washington, Gabriel Silva, en su afán de lograr disuadir a los parlamentarios estadounidenses renuentes a su ratificación, les hace ver que "Estados Unidos esta perdiendo puestos de trabajo todos los dias por no tener ese tratado con Colombia". De allí que pese a sus hondas diferencias y a la polarización política, en medio de su pugnaz pulso preelectoral, demócratas y republicanos se avinieron a respaldar mayoritariamente  dicha ratificación, espantados como están con el fantasma de la recesión que hace rato ronda la economía norteamericana. Ello fue algo providencial, la crisis económica y la crisis de la deuda que embarga a los EEUU le dieron el empujón final aun TLC que estaba más tuerto que bizco. 

¡NO ESTAMOS PREPARADOS!
No es de extrañar, antonces, la reacción del Ministro Restrepo, al advertir que “no estamos preparados, nos falta mucho…Se hace imperativo que los sectores comiencen a trabajar de forma rápida con el fin de competir o mitigar los efectos del tratado”. Eso ya lo sabíamos, al cierre de las negociaciones en febrero de 2006, el Presidente de la SAC Rafael Mejía no dudó en señalar que “el sector del campo fue el gran damnificado”. Entre tanto el Presidente de Fedegan José Felix Lafaurie le cantó la tabla al gobierno y no se arredró al decirle que “el TLC no es moral ni políticamente defensable”. La suerte estaba echada. Quedaba en evidencia que con la entrada en vigor de este Tratado, contrariamente a lo que sostenía el Gobierno que lo sobrevendía como si fuera la panacea, habrían ganadores y perdedores debido a las grandes asimetrías en el mismo y a este sector le había tocado las de perder. Y cada quien habla de la fiesta según como le fue en ella. Para calmar la molestia del gremio de los agricultores se pasó por el Congreso la Ley 1133 de 2007 “mediante el cual se crea e implementa el programa Agro Ingreso Seguro”. Se trataba de invertir la suma de $500.000 millones anualmente, destinados “a proteger los ingresos de los productores que resulten afectados, ante las distorsiones derivadas de los mercados externos y a mejorar la competitividad de todo el sector agropecuario nacional, con ocasión de la internacionalización de la economía”. Es bien sabido que tales recursos se desviaron y en lugar de favorecer la economía campesina, que será la que llevará la peor parte, fueron a parar a los bolsillos de los más pudientes. 

Afirma el Ministro de Hacienda Juan Carlos Echeverry, haciendo gala de sus dotes de voluntarismo que “nadie lo obliga a uno a hacer malos negocios…Siempre uno debe estar preparado para hacer buenos negocios. ¿En qué? Ya lo dirá el futuro, lo dirán las intenciones de comercio y las intenciones de inversión”. Claro, que “nadie lo obliga a uno a hacer malos negocios” y que “uno siempre debe estar preparado para hacer buenos negocios”. Pero así de claro es también que un Tratado es un compromiso para las partes y las obliga a ceñirse a él así sea un mal negocio por haber sido mal negociado. Uno “debe” estar “preparado para hacer buenos negocios”, pero qué tal si no lo está como lo pone de manifiesto su colega de gabinete?. Ante la preocupación manifestada por voceros de los diferentes gremios empresariales y no sólo de estos, sino de otro de sus colegas, el Ministro de Transporte, quien habló de la “herencia vergonzosa” de las concesiones viales contratadas en la pasada administración, como él mismo dice “a la topa tolondra”, nos sale el Ministro Echeverry con el cuento que “hay que ser benevolentes con lo que el país ha hecho en los últimos años” para añadir que, a pesar de ello él cree que “siempre estamos preparados para más comercio y más negocios”. 

Y este, el de la infraestructura es el mayor obstáculo para que el país sea competitivo; de ello se quejan todos los productores, así los industriales como los agricultores, mineros y petroleros, todos los sectores. De las cinco locomotoras para el crecimiento identificadas como tales en el Plan de Desarrollo Prosperidad para Todos de la actual administración (infraestructura, vivienda, minería, agricultura e innovación), una de ellas, la infraestrutura, que es la que sirve de rieles para que las demás se muevan, un año largo después sigue sin arrancar. Se sabía que, como lo afirma Marco llinás, Vicepresidente del Consejo Privado de Competitividad, “con o sin tratado con EEUU, si no hacíamos la tarea de arreglar la casa por dentro, no podríamos aprovechar el libre comercio”. No obstante cinco años después de firmado el TLC con Estados Unidos y más de siete desde que se incició la negociación del mismo, se perdió ese tiempo precioso para prepararse y de esa manera poder aprovechar la oportunidad que ofrece el TLC. Porque es claro, como lo dijo en su momento el ex ministro de Comercio Jorge Humberto Botero, que “el acuerdo con EEUU abre oportunidades, pero no las garantiza”. Casualmente, cuando el Congreso de EEUU por fin le da luz verde a la ratificación del TLC con Colombia sorprende al país con 20 de sus carreteras cerradas y muchas otras con paso restringido. Una de las regiones más pujantes del país y con más promisorias posibilidades como lo es Santander está aislada del resto del país. 

El orondo Ministro de Hacienda no se da por enterado de estas falencias y sale a decir que “la mejor forma de aprender a nadar es echarse al agua, de manera que bienvenido el ´piscinazo´”. El primero en ripostarle fue el Ministro de Agricultura y Desarrollo Rural, augurando que “esa ducha fría que les va a llegar con los TLC no se convierta en una neumonía para nuestro sector”. Como bien lo dijo El Espectador, “hay que atreverse a dar saltos. El problema es que éstos no pueden ser al vacío; no se prende a nadar con los brazos amarrados…sin un manejo adecuado pueden diluirse las ventajas, por los efectos catastróficos para algunos sectores muy importantes de la economía nacional”. No le salió bien la metáfora al Ministro Echeverry, pues quien está tratando de aprender a nadar no lo va a hacer en una piscina olímpica para clavados, sin exponerse a perecer en el intento. Además, no se puede confundir un trampolín con el cadalzo, que es al que invita el despistado Ministro. 

DESAPLICADOS CON LA TAREA
Sólo ahora, cuando se anuncia la ratificación del TLC con EEUU y ambos países se aprestan a su implementación es cuando se vuelve el Gobierno a acordar de la Agenda Interna para la Productividad y la Competitividad (AIPC) en la que se comprometió el país hace ya más de seis años, pero de la que sólo se acuerda cuando se habla del TLC para volver nuevamente al olvida. Ahora se habla nuevamente de “desempolvar la Agenda Interna para encarar el TLC”. Pero, ocurre que, como dijo el ex secretario del Tesoro de EEUU Lawrence Summers recientemente en su intervención en Expogestión, la competividad no es una especie de switch que se puede prender y apagar sin consecuencias. No faltan quienes plantean que precisamente uno de los beneficios del TLC es que ahora sí nos vamos a ver forzados a retomar la AIPC, cuando ha debido ser alrevés, se pretende ahora en volandas poner la carreta delante del buey. La competividad es una tarea de largo aliento y la clave de la misma está en persistir, en sostener el esfuerzo, porque no se trata sólo de mejorar sino mejor a un ritmo mayor del de los países que nos aventajan. Y de esto sí que estamos lejos, como se denota en el más reciente Informe del Foro Económico Mundial, en el cual el país queda muy mal rankeado. En materia de infraestructura Colombia se raja prácticamente en todas las asignaturas: particularmente en la calidad de las vías carreteables con una calificación de 2.9 sobre 7 ocupa el puesto 108 entre 142 países de la muestra y el panorama es más desolador en vía férreas, recibiendo una calificación de 1.7, ocupando el puesto 99. En cuanto a puertos, obtuvo 3.4, ubicándose en el puesto 109. Sólo muestra una mejora en la dotación en infraestructura aeroportuaria, obteniendo una calificación de 4.1 y ascendió al puesto 94. Colombia a duras penas apenas sí obtuvo como nota promedio en infraestructura 3.7. Pésimo handicap este para enfrentar la competencia de EEUU. Estas precariedades en materia de infraestructura sitúan a Colombia muy por debajo de sus pares en el grupo CIVETS, del cual tanto nos ufanamos de hacer parte. A pesar de que en su momento se hizo mucho algarabía con tal Plan Visión Colombia II Bicentenario 2019, el mismo se quedó en el papel como tantos otros costosos estudios que sólo han servido para llenar los anaqueles oficiales. Un ejemplo patético de la falta de visión y de la estrechez de miras de las autoridades es el Túnel de la Línea; después de tantas vueltas y revueltas para acometer su construcción, cuando finalmente se toma la decisión es sólo para construir un túnel unidireccional, habrá que esperar otros cincuenta años para construir la otra calzada. Esto es como para Ripley!

No sé de donde saca el Ministro de Comercio, Industria y Turismo (MCIT), Sergio Diaz-Granados, que con el TLC el PIB de la economía Colombiana va a crecer un punto adicional, que se van a triplicar las exportaciones a EEUU (llevándolas de los US $16.900 millones del año anterior a US $50.000 millones en sólo cinco años) y que se van a crear más de 380.000 nuevos empleos, según el Director del DNP se obtendrá “una reducción de dos puntos en la tasa de desempleo en un período de cinco años”. En primer lugar, nadie se explica cómo si la economía mexicana, no obstante contar con un Tratado de Libre Comercio con EEUU (NAFTA, por sus siglas en inglés) desde enero de 1994, en los últimos quince años su PIB ha crecido por debajo del promedio del crecimiento del PIB de Latinoamérica y particularmente de Colombia, ahora la economía colombiana, por el sólo hecho de poner en marcha el TLC con EEUU, ahora va a crecer a un rítmo mayor. No obstante el incremento en las inversiones y en las exportaciones, ello no se ha traducido en mayor crecimiento del PIB. Es más, según el Banco Mundial, la CEPAL, el FMI y la OCDE “a casi 18 años de la entrada en vigencia del NAFTA, México tiene una realidad cruda: el 51% de la población, unos 54.8 millones de personas, vive en situación de pobreza; desde la crisis del 2008, la mitad de los nuevos pobres de América Latina son meicanos; la desigualdad en la distribución de la riqueza prevalece: 10% de la población concentra el 41.4% del ingreso nacional…Los salarios no han alcanzado el crecimiento esperado y uno de los sectores más golpeados en México ha sido el agrario…”. 

Es decir, que México con el NAFTA está cada vez más cerca de EEUU y más lejos de la Prosperidad para todos, lo cual da para pensar que tales augurios no pasan de ser meros espejismo. Tal es también la pretensión de triplicar las exportaciones a ese país por cuenta del TLC, lo cual lo despeja un estudio del Banco de la República  realizado en 2007 el cual estima que con con el TLC con EEUU las  eexportaciones crecerán un magro 6.4% mientras las importaciones crecerán el 12%. El resultado de este estudio lo corrobora otro de la Comisión de Comercio Internacional, responsable de la política de comercio exterior estadounidense (USTR), según el cual “gracias al TLC las exportaciones estadounidenses a Colombia podrían aumentar en un 10%, cerca de US $1.100 millones y las importaciones en unos US $487 millones”.  Y ello es explicable, porque como lo anota el consultor empresarial Jorge Alberto Velásquez, “una cosa son los acuerdos comerciales y otra la posibilidad de aprovecharlos: en Chile y México participamos únicamente con el 1.1% (US $907 millones) y 0.2% (US $638 millones), respectivamente, de sus importaciones totales. Firmamos acuerdos, pero no contamos con producción para exportar, ni la generamos”. Esta es la verdad verdadera. En cuanto al empleo, es consabido que a pesar del repunte que han tenido las exportaciones, sin TLC y del aumento de la producción la tasa de desempleo no cede. Con TLC no van a cambiar las cosas, mientras no se cambie el modelo económico de crecimiento sin empleo que predomina en Colombia, en ello no nos podemos hacer ilusiones. Muy seguramente generará más empleo en EEUU del que se va a generar aquí, en donde lo que vamos a tener es destrucción de empleo en el campo.


ENTRE FALACIAS Y ESPEJISMOS

No es cierto, como se afirma en la página Web del MCIT que  ahora que tiene TLC con canadá y Suiza “es la primera vez que Colombia puede ingresar sus productos, sin restricciones arancelarias, a países desarrollados”, ahora que tiene libre comercio con canadá y Suiza…”. Acaso Colombia no cuenta con el Andean Trade Promotion and Drug Enforcement Act (ATPDEA)  desde 1991, el cual acaba de ser prorrogado en simultánea con la ratificación del TLC, el cual le permite a Colombia acceder al mercado estadounidense la inmensa mayoría de sus productos de exportación libre de arancles? Otra cosa muy distinta es que no se haya sabido aprovechar a plenitud dichas preferencias como si lo ha hecho Perú, por la misma razón por la que tampoco se ha aprovechado el TLC con Chile, por no contar con una robusta oferta exportadora. Seguimos con la misma oferta exportadora de hace 40 años, la cual se limita esencialmente a una limitada gama de no más de 11 productos de talla mundial. Bién dice Marco Llinás que “los países con mayor diversificación del aparato productivo son los que más crecen y en eso Colombia tiene aún un espacio para trabajar”. Como tampoco es cierto que, como lo sostiene el Director del DNP y Coordinador del equipo negociador colombiano del TLC con EEUU Hernando José Gómez, “las micro, pequeñas y medianas empresas se benefician por la disminución de costos de maquinaria, equipo, insumos y materia prima importada de Estados Unidos por la eliminación inmediata de la gran mayoría de los aranceles….En efecto será un incremento de competitividad que debe redundar en mayores exportaciones y mayor capacidad para preservar el mercado interno…puede generar 500.000 empleos en los próximos cinco años”.

Resulta curioso, por decir lo menos, que el ex ministro de Hacienda Rudolf Hommes considere que el TLC “llega en el momento que se necesita”, habida cuenta del colapso de la frágil y precaria infraestructura vial con la que cuenta el país, amén del azote de la volatilidad de la tasa de cambio. La ratificación del TLC coincide con una coyuntura caracterizada por la reprimarización de la economía, la cual ha repercutido en la pérdida de competitividad de la producción y de las exportaciones de la industria y la agricultura, las cuales han perdido además participación en el PIB impactadas por la enfermedad holandesa. Y pensar que una vez entre a regir el TLC el Gobierno y el Banco de la República quedarán maniatados e imposibilitados para tomar medidas que amortigüen dus deletéreos efectos porque no podrán ni intervenir la tasa de cambio ni establecer controles a la entrada de capitales.  Estas son razones que nos llevan a plantear la necesidad de una moratoria para su entrada en vigencia, a riesgo de que si ella no se da sus efectos pueden ser catastróficos. Tal moratoria no causaría ningún traumatismo dado que el país ya cuenta con el salvavidas de la extensión de los beneficios del ATPDEA hasta mediados de 2013. 

De hecho Colombia ha venido desgravando la importación de maquinarias, equipos e insumos importados unilateralmente (Decretos 4114 y 4115 de 2010), sin esperar siquiera negociarlo con los demás países. No sobra advertir que ello le representa un importante costo fiscal al país, el cual se acrecentará con la entrada en vigencia del TLC con EEUU. Según ANIF “se ha estimado que, cuando quiera que entre a regir el TLC con los EEUU, ello representara un sacrificio fiscal del orden de los $645.000 millones en el primer ano, cifra equivalente al 0.2% del PIB, segun las propias cifras del Marco Fiscal de Mediano Plazo presentado (!Oh paradoja!) en el año 2006". Este es otro de los “beneficios” del TLC del cual no se habla, será por aquello de que en casa del ahorcado no se menciona la soga? En todo caso, la acogida que algunos desatentadamente le están dando al TLC evoca aquellos tiempos de bárbaras naciones, en el Imperio romano, cuando las víctimas de la persecusión al ser arrastradas para ser lanzadas a las fauces de las fieras del circo, exclamaban ante el Emperador: Ave césar, los que vamos a morir te saludan!


Riohacha, octubre 16 de 2011
www.amylkaracosta.net


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