Mar 06, 2021 Last Updated 12:36 PM, Feb 28, 2021

EL FANTASMA DE LA RECESIÓN

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EL EMBROLLO DE LA CRISIS FISCAL

La baja de la calificación de la deuda soberana de los EEUU por parte de Standard & Poor´s de AAA a AA+, sirvió de detonante de una gran turbulencia de los mercados bursátiles en el mundo. La degradación de la deuda se dio a pesar del forzado acuerdo al que llegaron demócratas y republicanos en el Congreso estadounidense, a tan sólo 48 horas de vencerse el plazo estipulado para evitar entrar en default. El Presidente Barak Obama quiso conjurar este peligro proponiéndole al Congreso subir el techo de la deuda, ya de por sí elevada (US $14.57 billones, sobrepasando el 100% del PIB), y reducir el décifit fiscal de casi el 10% del PIB mediante el recorte de gastos no esenciales y aumento de los impuestos a los archimillonarios. Con la testarudez que lo caracteriza el Tea Party, el sector más retrógrado de la bancada republicana, se opuso con pies y manos a dicha iniciativa y terminó saliéndose con la suya al contar con la connivencia de sus correligionarios. Al borde del abismo, Obama flaqueó y terminó dando su brazo a torcer, cediéndole terreno a la derecha ultramontana, arribando finalmente a “un acuerdo terrible para evitar el caos”, como lo calificó el New York Times. A través del mismo se permitió elevar dicho techo por un valor de US $2.1 billones al tiempo con una reducción del déficit en al menos US $2.5 billones, con miras a bajarlo hasta el 3% en 2016, pero sin tocar los impuestos. Terminaron primando los intereses partidistas de los republicanos de cara a las elecciones presidenciales del 2012, que tratan de socavar la imagen de Obama, aprovechando el río revuelto para pescar con dinamita. Después de estas peripecias la S & P cumplió con su amenaza y le quitó la tarjeta dorada a los EEUU, al considerar que el acuerdo alcanzado es insuficiente. 
Pero, es que el problema planteado por la insostenibilidad de la deuda pública federal no es algo aislado, está ligado al anémico ritmo de crecimiento de su economía, el cual no le ha permitido sobreponerse a la crisis propiciada por el estallido de la burbuja inmobiliaria. Tanto es así que mientras en el último lustro el PIB de los EEUU a duras penas tuvo un crecmiento cercano a los US $1.7 billones, esto es un 12.5%, la deuda pública experimentó un crecimiento vertiginoso, impulsado por los programas de estímulo fiscal para enfrentar la crisis, del orden de los US $6 billones, casi un 73% (¡!). Por ello, tiene toda la razón el Representante demócrata de Missouri Emanuel Cleaver cuando calificó dicho acuerdo como “un sandwich satánico”, porque a través del mismo, al recortar el gasto público, se le pone el freno de mano al crecimiento de la economía. Esta medida en las actuales circunstancias resulta contraproducente por su carácter procíclico, contribuyendo a acentuar el estancamiento de la economía. Como lo afirma el columnista del The New York Times Robert Kuttner “el abultado déficit presupuestario es una consecuencia de la crisis económica, no la causa. Si se suman medidas de austeridad a una economía débil, el poder adquisitivo no puede sino seguir declinando…La austeridad universal es un remedio perverso, ya que reduce la demanda y hace que sean menos los clientes que compran productos”. Y de esta manera se cae en un circulo vicioso, pues, como lo hace ver el economista de JP Morgan Chase en Londres Greg Fuzesy, “si el crecimiento resulta más débil de lo esperado, deteriora la posición fiscal de los gobiernos que tendrán que adoptar nuevas medidas de austeridad” y así at infinitum. Bien dijo Winston Churchill que  “los estadounidenses hacen lo correcto, una vez que han intentado todo lo demás”; habrá entonces que esperar a que algún día acierte. 

Lo más preocupante es que esta receta se está imponiendo en la mayoría de los países desarrollados para enfrentar la crisis de su deuda; los gobiernos están pasando del furibundo keynesianismo al que se aferraron para salir de la crisis anterior, al más extremista liberalismo fredmaniano. De hacer carrera esta tesis los estados afectados por la bulimia sufrirían ahora de otro trastorno no menos dañino cual es la anorexia. La Canciller alemana Angela Merkel ha sido enfática en que ella no se va a dejar presionar por los mercados; según ella, “la política sencillamente no puede seguir a los mercados…Los mercados quieren forzarnos a hacer ciertas cosas que no haremos”. Ella junto con el Presidente de Francia Nicolas Sarkosy está planteándole a la Unión Europea (UE) medidas draconianas para contener la crisis de la deuda que ha hecho metástasis. Han llegado al extremo de amenazar con el retiro de la Unión de aquellos países que no se sometan al ajuste fiscal e incluso se propone introducir una enmienda constitucional a través de la cual se establezca la obligatoriedad de alcanzar en el 2012 el equilibrio fiscal y mantenerlo hacia el futuro, imitando en ello el modelo alemán. Medidas todas estas del mismo corte neoconservador de las que promueven los republicanos en los EEUU. Incluso fueron más lejos al esgrimir el garrote y sentenciar que “en el futuro, los pagos de los fondos estructurales y de cohesión tendrían que ser suspendidos para los países de la zona Euro que no sigan las recomendaciones del procedimiento de déficit excesivo”. 

LA VOLATILIDAD EN LAS BOLSAS


Las bolsas sirven de barómetro para medir el grado de confianza del capital financiero y de sus agentes en el comportamiento de los fundamentales de la economía, de allí su comportamiento mercurial. Cabe resaltar la prominencia del capital financiero, cuyo mercado es por lo menos cinco veces mayor que el tamaño del PIB mundial. Las malas noticias provenientes de Europa y el pésimo mensaje para el mercado financiero de la baja de la nota en la calificación de la deuda soberana de los EEUU causaron un gran stress en el mrecado bursátil, dando lugar a una gran volatilidad de sus principales índices. El nerviosismo imperante la semana anterior llevó a caídas en la bolsa de Nueva York que promediaron el 4% en un solo día; entre tanto en europa el bajonazo llegó hasta el 5%, la mayor caída diaria en dos años y medio. Como producto de la globalización los altibajos en las bolsas son sincronizados en todo el mundo y ningún país escapa a sus tendencias. Es el caso de Colombia, en donde a consecuencia del efecto contagio el Índice General de la Bolsa (IGB) ha caído 15% en el presente año, lo que indica que la desvalorización ha consumido alrededor de la mitad del crecimiento registrado en 2010 en este mercado.


Ni siquiera el anuncio por parte de la Reserva Federal de los EEUU (FED) en el sentido de su compromiso de garantizar la más amplia liquidez en el mercado y de mantener la tasa de interés de intervención en 0.25% hasta el 2013 logró tranquilizar el mercado, el cual siguió sumamente, agitado. No obstante, la descalificación de la deuda “no es un problema y la prueba es que a Japón le bajaron su nota en 2002 y sus bonos se siguieron vendiendo como si nada. El endeudamiento es sólo un síntoma de la verdadera enfermedad de la economía estadounidense: que no crece lo suficiente”. Es más, en medio de la incertidumbre generada el capital financiero paradojicamente huye hacia delante buscando refugio, quién lo creyera, en los bonos del Tesoro norteamericano, los cuales a consecuencia de dicha presión se han valorizado. El apetito por ellos lejos de reducirse ha aumentado y compiten con el oro, que ha alcanzado su máximo histórico de US $1.900 la onza, como refugio para los inversionistas. Esto, aunque parezca un contrasentido, es una realidad, que se explica en gran medida porque algo de verdad tiene la contundencia de la respuesta de Obama a S & P cuando afirmó que “Estados Unidos siempre será AAA”; además de que está en el propio interés de los inversores en los bonos del Tesoro el que estos no se desvaloricen.
Lo único cierto es que las perspectivas de la economía de los Estados Unidos y la UE y con ellas las de la economía global son cada vez más sombrías; de ello no cabe la menor duda. La crisis de la deuda puso a prueba el liderazgo de Obama en los EEUU y de la llave Merkel - Sarkosy en la UE; las vacilaciones del primero y el regodeo de los segundos al momento de encarar sus propios desafíos la agravó. Es bien sabido que para sortear la Gran crisis que se desató en 2008, a raíz de la debacle del mercado hipotecario de los EEUU, se impuso la necesidad de un gran estímulo fiscal con el fin de reactivar la economía. Pero, pese al gran esfuerzo fiscal, este resultó insuficiente para sacar la economía del estancamiento y bajar la tasa de desempleo, pero en cambio atizó el déficit fiscal hasta hacer insostenible la deuda pública. La baja de la calificación de la deuda soberana de los EEUU y la de varios de los países de la UE complicó las cosas, provocando una gran volatilidad en todas las bolsas, siempre con tendencia a la baja. La economía de los EEUU y la de la UE vienen creciendo a paso de tortuga en momentos en que el margen de maniobra de mayores estímulos fiscales para galvanizarlas se reduce dramáticamente.


LA PROCESIÓN VA POR DENTRO


El verdadero meollo de la crisis que ya se avizora es la recaida del crecimiento de la economía global, porque el virus portador de la recesión económica ha venido mutando, de tal suerte que si la vez pasada la recesión se originó en el sector financiero, esta vez se puede desencadenar en el sector real de la economía. Y, una vez más, esta recesión se está incubando en los países desarrollados y no en Asia o en Latinoamérica como enantes. Empezando por los EEUU, en donde un crecimiento del PIB en el primer semestre de este año llegó apurado a rozar el magro 1% (¡!), de los más bajos del mundo entero. El Índice ISM, que mide el crecimiento de la industria manufacturera, registró en el mes de julio el 50.9, inferior al 55.3 del mes anterior, lo cual denota la tendencia a la baja. Este dato es muy diciente, puesto que un registro por debajo del 50 constituye el umbral de una contracción, víspera de una recesión económica. Y lo que es más grave, el gasto de los consumidores cayó un 0.2% en junio, después de dos años contínuos de crecimiento, en un país el que el consumo de los hogares es el mayor motor de crecimiento, como que representa el 70% del PIB. Se atribuye esta baja a la pérdida de confianza de los consumidores y al impacto de la caída en las bolsas, habida cuenta que un alto porcentaje de ellos poseen acciones. Además, la tasa de desempleo por encima del 9% no cede, de los casi nueve millones de empleos que se perdieron en la pasada crisis sólo se han podido recuperar dos millones. Además, han aumentado las cifras de subsidios por desempleo, bajaron las ventas de casas usadas y de remate la inflación acusó un alza inusitada en el mes de julio. Se estima que la rebaja en la calificación de la deuda pública norteamericana le pasará su factura a la economía con un menor crecimiento anual del orden de medio punto porcentual. Todos estos son indicios de que la economía norteamericana sigue sin levantar cabeza y, lo que es peor, va camino hacia la recesión. 
La ralentización del crecimiento de la economía estadounidense es cada vez más ostensible, basta con señalar que el crecimiento de su PIB en el segundo trimestre de este año fue de un exiguo 0.3%; de una proyección del crecimiento del PIB a comienzos de año para 2011 de 3.5%, en este momento hay un gran consenso en que no superará el 1.5%. Ya se ha vuelto un lugar común hablar de la doublé-dip recession en los EEUU, al punto que la mayoría de los analistas le dan una probabilidad de que esta se dé del 50%.  “Si no es una recesión se siente como tal…y si es así, no importa que se pueda comprobar con estadísticas o no” aseguró John Hailer, Presidente de la firma de valores Natixis Global Asset Management en EEUU y Asia. Ya hasta los expertos del National Bureau of Economic Research, que es justamente la entidad que certifica en los EEUU cuándo comienzan y terminan las recesiones económicas, muestran sin disimulo su pesimismo. Bloomberg entrevistó a nueve de sus miembros y cinco de ellos ven que las posibilidades de recesión están creciendo, e incluso le dan un 50% de probabilidades. 
En el segundo trimestre de este año una vez más bajó el ritmo de crecimiento del PIB de las economías de los países que hacen parte de OCDE, completando ya doce meses seguidos de ralentización de su crecimiento. De un 0.3% que había crecido en el primer trimestre pasó a crecer sólo el 0.2% en el segundo trimestre. Al anualizar dicho crecimiento, estamos hablando de un crecimiento del PIB de estas 34 economías del 1.6% de junio a junio, muy inferior al 2.4% de marzo a marzo. Al referirse a la economía de la UE, llama la atención el economista de la Consultora Capital Economics Mc Keown, que en este momento “hay un debilitamiento subyacente real que se está expandiendo al corazón de la zona Euro”, de tal suerte que el crecimiento de la economía de la zona Euro difícilmente alcanzará el pronóstico inicial del 1.4% para este año y ello es de extrema gravedad. En apoyo de esta proyección tenemos que el crecimiento en el segundo trimestre fue de sólo 0.2% tras haber registrado el 0.8% en el trimestre anterior. El caso de Alemania, considerada la locomotora del Viejo continente, es patético al pasar del 1.3% en el primer trimestre al 0.1% en el segundo trimestre. “En este contexto de crecimiento horroroso”, como lo llama  el Banco de negocios estadounidense Morgan Stanley, se explican sus nuevas proyecciones de crecimiento para la zona Euro: no sobrepasará el 0.5% el año próximo (en vez del 1.2%) y 1.7% este año (en lugar del 2%). Ello habrá de incidir en el ritmo de crecmiento de la economía global; según el mismo Morgan tendremos un crecimiento del 3.9% en el 2011 (en lugar del 4.2% que preveía) y del 3.8% en el 2012 (en lugar del 4.5%). Y ello, siempre y cuando que no empeoren los pronósticos.


EL REMOLINO DIABÓLICO


Lo más preocupante es que se está formando una especie de remolino diabólico, pues el menor crecimiento tanto de la economía de los Estados Unidos como la de la UE, así como también la del Japón, que no termina de reponerse de su tragedia, afecta las exportaciones de Alemania y también las de los países emergentes. El influjo y la influencia de estos es tanto mayor porque, como lo afirma el Presidente del Banco Mundial Robert Zoellick, “alrededor de la mitad del crecimiento se debe a los mercados emergentes, cuando en la década de 1990 esta proporción era solamente de un 20 por ciento”. En la medida en que estas economías pierden fuerza e impulso se resiente el intercambio comercial, lo cual a su vez ejerce un efecto contraccionista sobre las mismas. Y ello ocurre en momentos que las economías emergentes, particularmente la de China, están en un proceso de enfriamiento controlado tendiente a conjurar los brotes inflacionarios que ya acusan. Ambos factores van a contribuir a una reducción de la demanda por productos básicos y por esta vía se empieza ya a sentir el coletazo de esta crisis en ciernes sobre América Latina. Como lo sostiene Augusto De la Torre, Economista Jefe para A. L del Banco Mundial, “América Latina se verá duramente golpeada si la economía de China se desacelera con fuerza y reduce sus importaciones de materias primas…Eso golpearía muy duro a la región por su dependencia en la exportación de materias primas…Existe la necesidad en la región de que se apliquen políticas macroprudenciales, que permitan mitigar los choques que podría generar la crisis mundial”. Y no es para menos, habida consideración del hecho irrefutable de que China es la segunda economía más grande del mundo, la número uno en exportaciones y la tercera en importaciones (¡!). Además, como lo acota De La torre, “no se trata tan sólo de que nos compre cosas, sino el precio al que nos compra las cosas”.


LA VULNERABILIDAD DE LA ECONOMÍA COLOMBIANA


Por ello, coincidimos con la revista Dinero cuando plantea la necesidad de “prender las alarmas. Es verdad que estas economías tienen hoy una situación mejor a la que tuvieron en crisis pasadas, pues hoy esta región crece mientras los países del norte se frenan. Sin embargo, sería errado pensar que un país como Colombia está blindado ante este escenario de ´doble recesión´ global”. Hay la necesidad de atemperar un poco la euforia que llevó hace poco al Banco de la República (B de la R) a revisar al alza su pronóstico de crecimiento del PIB para este año a un rango entre 4.5% al 6.5% y poner los pies sobre la tierra, pues no estamos en el planeta Marte y la economía global es una sóla y de sus vaivenes no se puede sustraer la economía colombiana. ANIF, que acababa de revisar sus proyecciones de crecimiento al alza, apostándole a un 5%, las replantea ahora al considerar que “Colombia va a enfrentar lo que llamamos una “U invertida” en materia de crecimiento en el año 2012. Estaremos creciendo entre el 4% y el 4.5%, una cifra muy inferior a las expectativas del Gobierno que estima un 5 o 6 %”. 
Ello es muy sensato, sobre todo si tenemos en cuenta que, como lo señala Ricardo Ávila, Director de Portafolio, “la actividad fabril tuvo un aumento de apenas 2.2% en junio, con lo cual al cierre del primer semestre llegó al 3.7%, totalmente insatisfactorio. La cifra no sólo está varios puntos porcentuales por debajo del promedio de la economía, sino que sugiere que hay un estancamiento inquietante. En contraste, las ventas han tenido un incremento del 24% en el mismo lapso. Estas cifras del DANE contrastan con los resultados de la Encuesta empresarial presentada por Luis Carlos Villegas al Congreso de la ANDI que daba un alza del 6.4%, el doble (¡!). De los 48 subsectores analizados, 26 registraron aumentos en su producción en junio, pero los 22 restantes tuvieron cifras en rojo. Además las areas en negativo han aumentado en número a medida que avanza el 2011”. 
La más reciente Encuesta de Opinión Industrial realizada por Fedesarrollo reveló que entre mayo y junio de 2011 el Índice de Confianza de los Industriales cayó 1.2 puntos porcentuales, llegando al 5.1%. Esta Encuesta se publicó un día después de que la ANDI señalara que en los primeros meses del año el sector registró un crecimiento superior al 6% en producción y ventas, con mayor utilización de capacidad instalada, bajos inventarios y mayores pedidos. Así las cosas, las perspectivas de la economía colombiana no son tan halagüeñas como se pretende mostrar por parte de quienes alimentan su optimismo panglosiano pensando con el deseo.


Enhorabuena la Junta directiva del Banco Emisor hizo una pausa y mantuvo  la tasa de interés de intervención en el 4.5%, cuando ya estaba anunciado un nuevo reajuste a la misma, pues por la vía de estas alzas sucesivas se podría malograr la incipiente recuperación de la economía y en cambio precipitarla al estancamiento. Y lo hizo bajo la consideración de que “el aumento de la incertidumbre de los mercados financieros internacionales y su posible efecto en el crecimiento de la economía mundial, fue un elemento clave para dejar quieta la tasa”. Hay que andar con piés de plomo y prepararse para los embates de esta inminente recesión, que puede ser más profunda y prolongada que la anterior. Como bien lo advirtió el B de la R el palo no está para hacer cucharas, que dado el desaliento de la economía norteamericana y la de la UE es previsible que ellas arrastren consigo al resto del mundo hacia un menor crecimiento. Comparto con el analista Iván Duque Márquez que “es hora de prepararnos, pues nuestro países también han gastado gran parte de su pólvora fiscal y no todos tienen con qué hacerle frente al fantasma de una nueva recesión. Más aún, si esta viene acompañada de una desaceleración de la economía china, debido a presiones inflacionarias”. Es cierto, como lo dice el Ministro de Hacienda Juan Carlos Echeverry,  que Colombia tiene en este momento el nivel de reservas internacionales más alto de la historia y asciende a más de 32.100 millones de dólares, amén de que aseguró el prefinanciamiento externo requerido para financiar el gasto público. Aparte de ello, hay firmado un crédito de contingencia de 6.500 millones de dólares con el FMI. Pero este escudo de protección resultaría insuficiente ante el coletazo de una recesión como la que se está columbrando.


HACIA UN NUEVO PARADIGMA


La mejor coraza protectora de la economía nacional frente a los embates de los recurrentes oleajes que provocan los ciclos recesivos de la economía mundial, es un modelo económico que promueva la ampliación y diversificación de la base productiva del país, la ampliación y diversificación de la oferta exportadora así como el destino de la misma, rescatar y repotenciar la integración regional y finalmente ampliar y profundizar el mercado interno. El éxito de esta política está en función de los progresos alcanzados en materia de productividad, la cual, como lo sostiene el Nobel de economía Paul Krugman, “no lo es todo; pero, a largo plazo, lo es casi todo” y el Estado debe intervenir para avanzar en ello, ya que, como lo afirma el experto Sergio Bosier, “la productividad debe asociarse a la brisa que tiene que aportar el Estado para elevar la cometa”. El rezago de la infraestructura vial, de transporte, portuaria y logística que tiene Colombia sigue siendo el mayor escollo para avanzar en materia de competitividad, dado que el mismo se traduce en sobrecostos que van en detrimento de ella. Medidas tales como la desgravación arancelaria, la supresión de la sobretasa en la tarifa de los servicios públicos a la industria, que ha tomado el Gobierno recientemente, con todos sus bemoles, ayudan, pero no alcanzan a compensar tales sobrecostos. Estas medidas que el Ministro Echeverry califica de “antidotos” contra los sintomas de la enfermedad holandesa, son sólo paliativos. El Gobierno, además, se ha quedado corto en las medidas tendientes a frenar la revaluación del peso que conspira contra las posibilidades de competir con éxito no sólo en los mercados externos sino en el mercado interno.


Mucho se ha hablado de que esta será la década de América Latina; pero, como lo advierte el Presidente del BID Luis Alberto Moreno “estamos pasando por un buen momento económico, y tenemos una excelente oportunidad para hacer de esta nuestra década, pero me temo que no lo estamos aprovechando para invertir en calidad educativa, ciencia y tecnología e innovación”. De modo que estos aspectos están entre los pendientes en Latinoamérica en general y en Colombia en particular. Colombia entró a hacer parte del nuevo grupo de países emergentes conocido como CIVETS (Colombia, Indonesia, Vietnam, Turquía y Sudáfrica) caracterizados por sus buenas perspectivas y por considerar que “tendrán un dinamismo especial en los próximos años” y eso está muy bien. Pero, el camino para lograr su concreción no es el que viene transitando el país de la reprimarización de su economía, que la hace cada vez más vulnerablea factores exógenos, comportándose como un corcho en medio de un remolino. Como lo sostiene el ex ministro de Hacienda Rodrigo Botero, “la estructura de la canasta exportadora colombiana registra una creciente dependencia de la venta de productos primarios y de la extracción de recursos no renovables. Desde el punto de vista de la transformación de la estructura productiva de la economía, este proceso constituye un retroceso. Lejos de ser causal de celebración, lo que está sucediendo representa un cambio poco saludable”.


Sigue siendo cierto el aserto del experto Manuel José Cárdenas: “apoyarse en factores tan estáticos como los recursos naturales, puede ser una buena manera de comenzar  pero una mala manera de continuar”. El país está urgido de un cambio de paradigma en su política de crecimiento y desarrollo, así como de una estrategia encaminada a promover la modernización, reconversión y relocalización industrial, así como también de la dinamización del descaecido sector agropecuario. De otra manera le será asaz difícil a este gobierno y a los sucesivos alcanzar tasas de crecimiento sostenido del PIB por encima del 6% y bajar la aberrante tasa de desempleo a un solo dígito y de esta manera desactivar la bomba social de la pobreza, la inequidad y la exclusión que avergüenzan a Colombia.

Bogotá, agosto 24 de 2011
www.amylkaracosta.net


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