Aug 22, 2017 Last Updated 9:08 PM, Aug 22, 2017

LOS ESTACADOS

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Las relaciones diplomáticas entre Colombia y Venezuela están en su punto más bajo desde el incidente de la corbeta Caldas en 1987, entre agravios e improperios la diplomacia y las cancillerías han pasado a un segundo plano, en medio de una hiperestesia colectiva a lado y lado de la frontera.

Y, para agravar las cosas, los últimos desencuentros entre los dos presidentes, Uribe y Chávez, han atizado la hoguera en que se han convertido unas relaciones otrora cordiales. No faltó quien aventurara la hipótesis de que el deterioro de las relaciones diplomáticas no tenía por qué afectar las relaciones comerciales, que estas podían permanecer incólumes aún en el peor escenario de aquellas.

Pero, semejante ingenuidad no resiste la contundencia de los hechos, que son tozudos. La semana anterior, en una de sus ya acostumbradas diatribas, el Presidente Chávez anunció que de US $5.000 millones de dólares, que fue el monto del intercambio comercial entre los dos países el año anterior, pasaremos, muy seguramente a sólo US $100 millones, lo cual sería una barbaridad.
Ya la desintegración andina, producto de la desbandada de los socios de la CAN por cuenta de las negociaciones en solitario y no en bloque de los TLC bilaterales con EEUU la habían herido de muerte y se había sembrado la desconfianza entre unos y otros, base fundamental de unas buenas relaciones. Empero, las buenas relaciones personales entre los presidentes, hasta cierto punto, habían salvado las diferencias y ello hizo posible que por algún tiempo el comercio colombovenezolano fluyera sin mayores contratiempos. Desafortunadamente la trifulca que se suscitó a raíz de la frustránea mediación del Presidente Chávez, en procura de un Acuerdo humanitario que posibilitara la liberación de los cautivos en poder de las FARC. Podríamos decir que este hecho deplorable sirvió de florero de Llorente y con el paso de los días se han ido exacerbando las contradicciones entre los dos países, tornándose en antagónicas. 
Ni aquí ni allá se puede tomar con ligereza la situación planteada, creyéndose que se pueden obviar las dificultades creadas soslayándolas. Ni es cierto que Colombia pueda cambiar de pareja en la mitad del baile, reorientando nuestras exportaciones que hoy tienen como destino al hermano país, segundo socio comercial en importancia después de EEUU, con el 15.2% de las exportaciones, para venderlas a otros mercados diferentes, como algunos han sostenido desatentadamente; ni Venezuela podrá de la noche a la mañana cambiar de proveedor, para suplir las importaciones procedentes de Colombia apelando a Brasil, Argentina u otros países, como lo han planteado al desgaire, sin reparar en sus viabilidad e implicaciones. Encontrar nuevos mercados, para sustituir los que se tienen no es tan fácil como soplar y hacer botellas; para utilizar la frase del Presidente de INEXMODA, Roque Ospina, “abrir mercado es tarea de titanes”. Nos lo confirma Javier Díaz, Presidente de ANALDEX, cuando afirma que “estos mercados no se reemplazan fácilmente”. 

El dinamismo del comercio bilateral de Colombia y Venezuela obedece a la gran complementariedad entre las dos economías, la que no se da con la economía brasilera, por ejemplo. No es dable pensar en que MERCOSUR sea la alternativa para las exportaciones colombianas porque Brasil y Argentina, que son sus principales mercados, producen lo mismo que Colombia, sólo que Brasil lo multiplica por 10! Y Venezuela, por su parte, no va a encontrar en Brasil una gran oferta exportable, porque si por algo se distingue este país es por tener el más bajo índice de exportación de Latinoamérica, incluso por debajo de Colombia. Es más, restringir la entrada de productos colombianos y pretender suplirlos por los de otras latitudes va a disparar aún más la inflación en Venezuela, ya de por sí elevada, como que terminó el año anterior en el 22.5%, la más alta de la región y ya le está plateando serios problemas de acaparamiento, especulación, carestía y desabastecimiento. 

Como es apenas lógico, si tales amenazas se hacen efectivas, la economía colombiana se vería resentida por el severo impacto que tendría sobre las exportaciones, que tuvieron un crecimiento de más del 70% en el 2007 con respecto al año anterior, lo cual agudizaría el preocupante déficit de cuenta corriente que cerró el 2007 en el 4% y podría llegar a exceder el 6% este año , si no nos avispamos. Tanto el déficit en cuenta corriente, como el crecimiento del PIB se verían afectados no sólo por las medidas que ya empezó a tomar Venezuela, sino por las repercusiones de la inminente recesión globa l, que ha obligado a los analistas a revisar a la baja el crecimiento de la economía mundial, como lo acaba de anunciar el FMI. Como quien dice, Colombia está entre la espada y la pared. Pero, definitivamente, el mayor impacto se siente es en las regiones de frontera y sus áreas de influencia, sobre todo por su gran vulnerabilidad, a falta de una auténtica política de fronteras. En este caso, el problema no se reduce al desabastecimiento, ya de por sí grave, sino que se están viendo afectadas todas aquellas familias que derivan su subsistencia de la actividad comercial, que gira en torno al intercambio de bienes y servicios en la zona. El desempleo y la informalidad, que pululan en la frontera tienen en dicho comercio la válvula de escape de una verdadera olla de presión que está a punto de estallar. Al final, el resultado de este conflicto en ciernes puede terminar con un empate negativo para los dos países, pero, por sobre todo para las regiones de frontera, que son las más estacadas. De allí la imperiosa necesidad de trabajar en aras de la recomposición de las maltrechas relaciones, pues Colombia y Venezuela son dos países y un solo pueblo, con un destino común!

Riohacha, enero 29 de 2008
www.amlkaracosta.net


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