Dec 13, 2019 Last Updated 4:09 PM, Oct 28, 2019

EL TIROFIJO QUE YO CONOCÍ

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Al arribar al sitio de nuestra entrevista, un enclave boscoso y de dificil acceso, luego de hacerle “antesala”por espacio de media hora, fuimos autorizados para franquear el rústico tambo, en donde nos esperaba el legendario Tirofijo, acompañado del Mono Jojoy. El recibimiento fue cálido y el saludo efusivo. No pude evitar el recuerdo de la famosa fotografía, que le dio la vuelta al mundo, en la que el Presidente Pastrana se saludaba con Tirofijo. Inmediatamente fuimos invitados a sentarnos en unas bancas de madera, en torno a una mesa, también de madera, tan rústica como aquellas. Ya, cuando lo tuve de frente, denotaba a un hombre huraño, desconfiado y hermético. Y no era para menos, era la primera vez que accedía a platicar con miembros del Congreso de la República, institución esta tan defenestrada por las FARC-EP. Medía muy bién el alcance de sus palabras al hablar, como si tratara de decirnos lo preciso, con laconísmos acompasados con sus constantes gestos y manoteos sentenciosos. Su mensaje era claro y directo, siempre diáfano en sus planteamientos; no faltaron sus puyas contra el Congreso, por expedir leyes que, a su juicio, han contribuido a criminalizar la protesta y a exacerbar la guerra. Utiliza un lenguaje llano, sencillo, sin subterfugios, siempre con el sentido común del campesino nato, pero, para mi sorpresa, con una dicción impecable, con ausencia de barbarismos en su vocabulario. Se adivina en él a un autodidacta aventajado, a un hombre bien informado y con una gran capacidad de asimilación y compromiso.

A medida que avanzamos en la conversación, se fue superando la tensión de los primeros minutos; los apuntes y ocurrencias de la Negra Piedad y los desplantes de Jaime Dussan, fueron contribuyendo a relajar la tensión inicial. Su aprensión hacia nosotros empezó a ceder, se rompió el hielo y la charla empezó a hacerse mas amena y coloquial, fluida, siempre franca y esta vez adobada con apuntes y anecdotas que extraía el Comandandante de las FARC de su largo historial, trajinando por las montañas de Colombia desde hace 40 años. Al hacer alusión a las motivaciones y al inicio de su lucha, trajo a colación la reticencia del Gobierno de la época en que se levantó en armas, de acceder a la petición que él y un puñado de corajudos campesinos le hicieron, después de haberse acogido a una amnistía, luego de sus primeros escarceos, habiéndose asentado en Marquetalia. Ellos demandaban del Gobierno nacional, un crédito a través de la Caja agraria de un millón de pesos para labrar la tierra y tener un pié de cría y la respuesta que recibieron fue el despliegue de una campaña de cerco y aniquilamiento, azuzado por el ex Presidente Carlos Lleras y el extinto Alvaro Gómez Hurtado, quienes desde el Congreso denunciaban a grito herido la existencia de las que ellos no dudaban en catalogar como “repúblicas independientes”, de Marquetalia, El Pato Guayavero y Río chiquito. El Ministro de la defensa anunció, entonces, acabar con las tales “repúblicas” independientes en un plazo de quince días, los cuales se han prolongado hasta nuestros días, mas de cuarenta años, con su estela de muerte y desolación. A ello se refería Tirofijo en su discurso, leido por Joaquín en enero/99, con motivo de la instalación de las mesas de conversaciones en El Caguán, cuando retrotrayéndose a esos remotos tiempos, reclamaba por las gallinas y los marranos que perdió con los bombardeos de que fueron objeto él y sus hombres, transmitiendo de esta manera el mensaje de que él no ha olvidado todavía tales ataques. Terminó diciéndonos, con un dejo nostálgico, que con un millón de pesos pudo haberse evitado estos cuarenta años de confrontación y de guerra, con toda su carga de muertos, de dolor y de duelos. Pero, luego vuelve a la carga, para afirmar que, una vez más, se iniciaba un proceso de paz y, satíricamente, afirmaba que quienes representabamos al Estado bién podríamos escoger, si se prefería negociar la paz con él, que representa la primera generación de la insurgencia, con la segunda generación, dirigiéndose al Mono Jojoy, como representante de ésta o con la tercera generación, que son los jovenes, hombres y mujeres, que ellos prefieren llamarse guerreros, que brotaban por doquier en el campamento-madre en el que estábamos y quienes mostraban hacia él, el Jefe, un respeto reverencial. Hasta el propio Mono Jojoy, mientras Tirofijo hablaba, él no lo interrumpía, no modulaba palabra, se limitaba a asentir sus observaciones.

Ví en Tirofijo, a un hombre cargado de años, pero no avejentado, con una gran reciedumbre de carácter, con una gran convicción en su causa y de una entrtega total a la misma. Pese a sus años, goza de una gran vitalidad, mucha lucidez, brioso y con una contextura atlética. Es un hombre fornido, habla de frente, siempre con la mirada fija en los ojos de su interlocutor, como tratando de adivinar qué hay detrás de las palabras y una vez que se entra en confianza, se descubre en él a un hombre de buen humor, aunque cascarrabia, dicharachero, jovial, que uno no se alcanza a imaginar en alguien que ha terminado por convertirse en un mito viviente, siempre asociado con la sempiterna violencia que asola a nuestro país.

Para rematar un detalle: Al momento de partir, nos acompañó hasta el lugar donde abordamos el vehículo(una LUV último modelo, de doble cabina) para emprender el regreso; allí dispuso que, además del guerrillero que conducía el automotor, nos acompañara un joven adolescente, imberbe todavía, enjuto y desgarbado, de mirada escrutadora, risueño y quien portaba un rifle, enfundado en un traje de fatiga y un kepis camuflado. Para nuestra perplejidad, al cabo del largo y tortuoso viaje de retorno, hasta La sombra, en donde tuvimos transbordo a otro vehículo, nos pudimos percatar que el compañero de viaje era Pablito, nada menos que el hijo de Manuel Marulanda, alias Tirofijo.AMYLKAR DAVID ACOSTA MSantafé de Bogotá, Diciembre 2/ 98


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