Jul 03, 2020 Last Updated 3:31 PM, Jul 3, 2020

UNA APUESTA POR LA PAZ

Categoría: Opinión
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“No hay camino para la paz, la paz es el camino” Mahatma Gandhi

El escenario en el que se venía adelantando la negociación entre el Gobierno Nacional y las FARC en La Habana era uno al momento de la convocatoria de este Foro del Caribe y otro bien distinto es el escenario actual, merced al aleve ataque perpetrado por las FARC en el Cauca, violando su propio cese al fuego unilateral y con carácter indefinido, el cual dejó un saldo de 11 soldados muertos y 17 heridos. Nunca antes se había llegado tan lejos en la negociación cara a cara entre Gobierno y FARC y nunca antes habíamos estado tan cerca del fin del fin de este conflicto armado que se ha prolongado por más de medio siglo.  Bien lo dijo Humberto de la Calle, Jefe del equipo negociador por parte del Gobierno: “cuando los colombianos, incluso los más escépticos, comenzaban a acariciar la esperanza de ser testigos de la firma de un acuerdo histórico que abriría las puertas de una paz anhelada por décadas y por generaciones  enteras, vino, en el peor momento posible, este desconcertante baldado de agua helada” . 

La opinión pública, tanto nacional como internacional, reaccionó airadamente y condenó este atentado, que ha terminado por minar la confianza que se venía construyendo desde la Mesa de La Habana, provocando un gran desconcierto, con lo cual se ha dado un paso atrás con respecto al terreno que ya se había ganado. A este respecto, ya se había anticipado el ex ministro Rudolf Hommes, cuando dijo que “si destruyen la confianza unilateralmente, el proceso puede retroceder severamente hasta naufragar” . 

En su respuesta a las FARC el Gobierno ha sido categórico al afirmar que no se va a dejar imponer un cese al fuego bilateral mediante este tipo de acciones, al tiempo que dejó en claro, con una gran dosis de sindéresis, que “los colombianos no debemos dejar de insistir en la búsqueda del fin de la guerra a través del diálogo”. Al fin y al cabo, como lo dijo un guerrero como lo fue el General Douglas MacArtur, la guerra es tan destructiva  que se “volvió inútil como instrumento para la resolución de conflictos”. Esa ha sido la apuesta del Presidente de la República Juan Manuel Santos, desde su primer mandato, cuando afirmó que “la puerta del diálogo no está cerrada con llave”, advirtiendo a la vez que a la paz se llegará “por la razón o por la fuerza”. Y, como se recordará, la segunda vuelta en la cual fue reelegido el Presidente Santos se convirtió en la práctica en un plebiscito a favor de la salida negociada del conflicto armado en Colombia. En momentos como este, de justificada hiperestesia colectiva, es preciso actuar como lo aconsejaba el gran escritor Miguel de Unamuno, “con cabeza fría y corazón caliente”. 

Este proceso de negociación no ha estado exento de dificultades, de desavenencias, de críticas, de incomprensiones y de disensiones, explicables todas ellas por la gran sensibilidad que despierta esta larga historia de la espiral de violencia, como la denominó el predicador de la Teología de la Liberación, el arzobispo brasilero Hélder Cámara, que ha padecido nuestro país y el laberíntico camino que habrá que recorrer para lograr la anhelada meta de un Acuerdo para alcanzar una paz digna, estable y duradera. Aún los más acérrimos críticos del proceso de la negociación de la Habana coinciden en que no es el momento de dar un manotazo sobre la mesa por parte de los representantes del Gobierno y levantarse de la misma. A guisa de ejemplo mencionemos al periodista Mauricio Vargas, quien no duda en señalar que “la mesa de la Habana no debe acabarse ahora”  y, eso sí, como tantos colombianos, plantea que “tampoco prolongarse más allá de unos meses” , indefinidamente. Y en ello coincidió con De la Calle, quien interpretando el sentimiento de los colombianos, dijo con toda claridad que “no estamos dispuestos a permanecer indefinidamente en la mesa ni a pactar a cualquier costo” . Actos de paz y no de guerra por parte de la guerrilla de las FARC es lo que demanda Colombia toda y es eso también lo que necesita la Mesa de La Habana, para recuperar la confianza perdida; las FARC deben ser conscientes de que, como dijo Ovidio, “las palabras sin acciones que las refrenden son enemigas de los ideales”.  

El propio ex presidente Alvaro Uribe Vélez, sostuvo, no sin antes reiterar su tesis de que “mientras no se dé un cese de actividades criminales por parte de las FARC con concentración en un sitio y que sea verificable”  y de pedir que “por favor suspendan el avance del diálogo hasta que se dé esa condición” , ello se dé “sin levantar la mesa” . Esta declaración del ex presidente Uribe entraña dos aspectos esenciales, rescatables para la construcción de un Acuerdo sobre lo fundamental en torno al proceso de paz: reconoce que ha habido avances en el diálogo de La Habana y la utilidad de la Mesa de negociación, pues de otra manera no pediría que esta no se levante. En todo caso, señor ex presidente Uribe, es preciso aclarar que la concentración de los frentes de las FARC en un sitio y que esta sea verificable tendrá su momento y es parte de la negociación, por lo que no es dable suspender el avance “hasta que se dé esa condición”, porque ello sería tanto como poner la carreta delante del buey. Recordemos que con el ex presidente Uribe Colombia completó la nómina de 15 presidentes que le declararon infructuosamente la guerra a las guerrillas para derrotarlas y no lo lograron. Esta debe haber sido para ellos una de sus mayores frustraciones. Por qué no darle, entonces, una oportunidad a la paz por la vía de la negociación, ya que por la vía de las armas no se alcanzó?

Desde aquí y ahora, desde Valledupar, capital mundial del Vallenato y recordando al inmortal, al gigante de la literatura universal, a nuestro laureado con el  Nobel y hasta siempre recordado Gabo, queremos repetir sus palabras: “en todo caso, en medio de la confusión y el desencanto no faltan - no faltamos – quienes seguimos creyendo, de un modo empecinado y tal vez ilusorio, que la paz es posible” . Y para ello, señor Presidente Santos, le pedimos vehementemente, desde el caribe colombiano, que no tire la toalla y le decimos que hay que resistir, insistir y persistir, sin prisa pero sin pausa, hasta alcanzar el objetivo propuesto, porque la paz es el bien más preciado para los colombianos. Es bien sabido que las regiones, sobre todo aquellas en donde no existe Estado ni mercado, han sido las más flageladas por este largo y cruento conflicto armado y por esa misma razón es la más urgida de que se le ponga fin. Si el meridiano de la guerra ha venido pasando arrasadoramente sobre los territorios de las regiones, también el meridiano de la paz habrá de pasar ineluctablemente por ellos. 

Como sabemos que nunca es más oscura la noche que un instante antes de amanecer, abrigamos la esperanza de alcanzar la paz más pronto que tarde, pues al decir del Quijote “ni el bien ni el mal son duraderos y siendo que el mal ha durado tanto (¡más de cincuenta años!) el bien debe de estar cerca”. Federico García Lorca no pudo ser más patético cuando dijo en uno de sus sonetos, que “el más terrible de los sentimientos es el de la esperanza muerta”. No puede ser que esta generación de colombianos, al igual que aquellas que nos precedieron  corramos la misma suerte de las estirpes condenadas a cien años de soledad, que nunca tuvieron una segunda oportunidad sobre la tierra. 

 

Valledupar, abril 27 de 2015

www.fnd.org.co

 


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