Apr 19, 2021 Last Updated 8:27 PM, Mar 30, 2021

RETOS Y DESAFÍOS

Categoría: Opinión
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Entre el 2012 y el 2013 las reservas de crudo con que cuenta el país experimentaron un incremento de 68 millones de barriles (2.86%) y ello no obstante el aumento de la producción el último año con respecto al anterior, que pasó de un promedio de 944 mil barriles/día a 1´008.000. En el transcurso del año anterior se incorporaron 436 millones de barriles a las reservas, de las cuales 168 millones (39%) correspondieron a reservas nuevas y 268 millones (61%) a reevaluación de las mismas. Ello es digno de destacar, habida cuenta en la última década sólo el 10% de las mayores reservas correspondieron a nuevos hallazgos, lo que denota un cambio de tendencia, producto del mayor esfuerzo exploratorio. No deja de preocupar el hecho que, debido a que la extracción de crudo a aumentado proporcionalmente más que la incorporación de reservas del mismo determinó una ligera caída de la relación reservas – producción (R/P), pasando esta de 6.9 en 2012 a 6.6 en 2013, cuando nuestra meta para el 2018 es llegar a 10, que es lo más razonable. 

Las cifras de 2013 suponen una relación de reservas/producción de 6,6 años y un porcentaje de reposición del 118 % con respecto al año 2012, en un escenario de incremento en la producción por encima del millón de barriles por día, que fue el promedio en 2013, se trata de la mejor cifra que en materia de reservas de crudo ha logrado el país en los últimos 15 años. La meta establecida hacia el 2018, para sostener la caña de producir más del millón de barriles diarios promedio/año, es la incorporación de 615 millones de barriles al año, de los cuales 240 millones se espera provengan de nuevos descubrimientos. 

Para alcanzar estas metas es menester superar los escollos que le han impedido al sector tener un mejor desempeño, especialmente en lo atinente a la mayor diligencia con la que se deberán tramitar y expedir las licencias ambientales, desde luego sin desmedro del rigor con el que deben proceder la ANLA y las corporaciones autónomas regionales, igualmente en lo que concierne a las consultas previas cuando hay lugar a ellas, que siguen sin ser regladas eficazmente. Igualmente se requiere de un serio esfuerzo para superar los desencuentros con las comunidades asentadas en el área de influencia en donde operan las empresas, que han visto crecer como la espuma la conflictividad social, que se traduce en bloqueos y protestas y, desde luego, se debe hacer un mayor esfuerzo en el propósito de neutralizar los ataques de la subversión a la infraestructura de la operación y el transporte. 

Por las razones anteriormente expuestas no se pudo alcanzar la meta el año anterior de la perforación de pozos exploratorios que estaba cifrada en 130 y se alcanzaron a perforar 115, para este año se ha planteado la meta de llegar a los 135 y todo indica que la vamos a lograr. Y si nos atenemos al avance de la actividad sísmica, que el año anterior sobrepasó la meta de los 25.665 kilómetros  y ya para junio de este año tuvo un cumplimento del 60% de la meta para todo el año, que es correr 25.750 kilómetros, el futuro de la industria es muy promisorio. 

Claro, para alcanzar todas estas metas, todas ellas ambiciosas se requiere el concurso de la inversión y de los inversionistas y a este respecto podemos decir que a consecuencia de que el largo ciclo de auge del sector minero – energético llegó a su fin, la tendencia que traíamos se ha revertido y por ello la afluencia de inversión extranjera directa (IED) hacia Latinoamérica ha venido decayendo y Colombia no ha sido la excepción. Sin embargo en el caso particular de Colombia la afectación no ha sido comparativamente mayor, entre el año 2012 y el 2013 experimentó una ligera baja del 10%, al caer desde los US $5.471 millones a los US $4.909 millones y en el primer semestre de este año se registró una baja del 7.4%. Pero el monto de la inversión sigue siendo importante, para este primer semestre estamos hablando de US $6.723 millones, 83.8% de la totalidad de la IED. 

Colombia sigue siendo un país atractivo para la industria petrolera, prueba de ello es el hecho que un estudio reciente  de percepción por parte de operadores e inversionistas adelantado por Arthur D Little arrojó como resultado que Colombia, con una nota promedio de 3.9 sobre 5, supera a todos los demás países de Latinoamérica, incluyendo a Brasil y México, que obtuvieron 3.7 y 3.3, respectivamente. Es de anotar que en donde le va mejor a Colombia es en prospectividad con 4.1, le sigue de cerca el ambiente político y de negocios con una calificación de 4  y obtiene el 3.6% en términos fiscales y contractuales. Es claro, entonces, por qué Colombia se muestra como un país muy competitivo en materia de hidrocarburos. 

Por ello, no es de extrañar el buen resultado que se obtuvo en la reciente Ronda 2014 la que, contrariamente a quienes le auguraban un rotundo fracaso,  se ubicó en un segundo lugar por el monto de la inversión comprometida (US $1.400 millones) y en cuarto lugar en asignación de bloques entre ocho versiones de la Ronda. Nos debemos, entonces, dar por bien servidos, pues no estamos jugando sólo en la cancha; los 95 bloques nuestros que fueron ofertados estaban compitiendo con más de 3.000 que estaban también pujando por atraer a la inversión y a los inversionistas de la industria petrolera en el mundo. El país tiene un gran desafío por delante: aumentar sus reservas para espantar el fantasma de la pérdida del autoabastecimiento de crudo, el sólo pensar en esa eventualidad aterroriza porque trae a la memoria lo que le significó al país toda una década de importación de petróleo después que perdió su autosuficiencia en 1975. 

 

Bogotá, octubre 21 de 2014

www.amylkaracosta.net

 


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