Jun 16, 2019 Last Updated 1:08 PM, Dec 15, 2018

EL SEGURO DE LAS PLANTAS TÉRMICAS

Categoría: Energía
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Gracias al manejo de la crisis por parte de las autoridades, la generación eléctrica de la costa Caribe está salvando al país de un nuevo racionamiento de energía. Antes que castigarlas, el sistema debería premiar a estas centrales por darle seguridad.

Ante la amenaza del fenómeno climático de El Niño, que ha llevado ya los embalses de las centrales hidroeléctricas a niveles por debajo del 65%, el país se ha visto precisado a aumentar la generación de energía térmica.

En esas condiciones que buscan, esencialmente, evitar un racionamiento severo como el que el país vivió en 1992, era de esperar un incremento en las tarifas a los usuarios finales del servicio. La razón responde a la nueva configuración de costos de la canasta: mientras que las térmicas demandan, como insumo, la inyección de un energético complementario, tipo gas o carbón, para producir la electricidad; generar con hidroeléctricas es mucho más económico por cuanto las plantas se sirven de las caídas de agua. Por esa razón, el gran componente de la oferta de energía estaba soportado en las energía proveniente de los embalses, la inmensa mayoría de los cuales están localizados en las zonas de montaña del interior del país. Las térmicas, ubicadas principalmente en el área costera, atendían el servicio en las regiones de influencia y servían de colchón al sistema nacional interconectado.

Con el fuerte verano, que tiende a agudizarse, hubo necesidad de cambiar la composición y aumentar la oferta térmica.

Tal exposición implicaba mayores costos, aunque cualquier incremento, desde esa lógica, era manejable frente a la eventualidad de volver los apagones que traumatizaron la producción y hasta cambiaron las rutinas de los colombianos por los cambios de horario.

Pero no ha sucedido así. El manejo que el ministro de Minas y Energía, Amylkar Acosta, ha dado a la eventual emergencia ha sido tan contundente, que esta semana anunció la insospechada probabilidad de que el precio baje.

Acosta ya había tomado decisiones políticas que otras administraciones ni siquiera habían explorado, como la de suspender parcialmente las exportaciones de gas a Venezuela. Luego, apeló a un modelo de planeación que atenuó el carácter sobreviniente de la emergencia, razón fundamental del comportamiento de los precios.

En principio, los incrementos de junio estuvieron en el rango que las autoridades consideran ordinario ($110 en la factura para el estrato uno; $1.750, para el dos, y $13.500 para el cuatro). En julio la reducción sería de 2,2%. Estas circunstancias prueban, nuevamente, la necesidad de tener un parque térmico solvente en todo tiempo. Estas centrales, que en el pasado fueron la cenicienta del sistema, deben verse como seguro que le da solvencia al servicio y certeza a la prestación.Ello implica no solo aumentar las inversiones en nuevos proyectos, como evidentemente lo está contemplando el Ministerio aquí mismo en la costa, sino el mantenimiento ejemplar y sistemático de los que están funcionando. Que sea esta la ocasión para revisar la estructura de costos. Las térmicas no pueden seguir siendo castigadas por la tarifa, por el argumento de los costos de producción, y afectando, de paso, a los consumidores que, si bien son cubiertos por las operaciones abiertas de bolsa, asumen de todas formas la incidencia regional.

El Gobierno y las empresas deben sentarse a analizar nuevas condiciones, que establezcan diferenciales que premien a las plantas que, al menos hoy, están salvando a Colombia de la crisis. La premisa es la de siempre: la energía más costosa es, definitivamente, la que no se tiene.

 

JULIO, 9 DE 2014 EL HERALDO


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