May 21, 2019 Last Updated 1:08 PM, Dec 15, 2018

EL FUTURO ELÉCTRICO DE LA COSTA - por El Heraldo

El ministro de Minas y Energía, Amylkar Acosta, asegura que la Región Caribe será el epicentro nacional en materia de cobertura universal de energía eléctrica. Un tema insoslayable que habrá que abordar es el del alivio tarifario.

El ministro de Minas y Energía, Amylkar Acosta, ha dado algunas buenas noticias que ojalá se cumplan para bien de la región. Ha anunciado que la Costa Caribe se convertirá en el epicentro nacional en materia de cobertura universal de energía eléctrica, en desarrollo de lo prometido por el presidente Santos durante las elecciones. Para ello, el Ministerio y Planeación Nacional preparan una propuesta que presentarán al mandatario.

La eventual universalización del servicio irá acompañada de un programa de normalización de redes y alivio tarifario, y este esfuerzo demandará una inversión de unos 4,5 billones de pesos que se ejecutará en un cronograma no inferior a cinco años. La nueva demanda de energía en la región supera el 11%, mientras que el promedio nacional está en el orden del 4,3%. Esa cifra refleja, en parte, el crecimiento de la economía regional. La financiación del proyecto estará a cargo a la Nación y regalías.

La decisión de universalizar el servicio es un mandato normativo de la Ley 143 de 1994, que estableció que en 20 años el país debía tener una cobertura del 100%. Esta deuda social está pendiente, y el Gobierno Santos anuncia que la cumplirá, empezando por el Caribe, cuyo peso electoral fue definitivo en el resultado de su reelección.

Simultáneamente, según el ministro Acosta, el Gobierno Nacional se ha planteado la revisión del consumo básico de subsistencia.  Es una recomendación que aparece señalada en un estudio que contrató el Ministerio de Minas y Energía. El documento llama la atención acerca de una realidad: el consumo de electricidad en la Costa es superior porque el clima impone a los usuarios el uso de sistemas de enfriamiento para mitigar los efectos del calor. Tal revisión implica abordar el tema de las tarifas, que en la región suelen generar resistencias y protestas. 

Estos anuncios se suman a las inversiones por unos 624 millones de dólares para mejorar la operación del servicio de Electricaribe. Este acusa deficiencias por insuficientes inversiones en redes, subestaciones, compensadores y transformadores, lo que, según Acosta, provoca lo que los técnicos llaman restricciones, que tienen una implicación en los costos y por tanto en la tarifa. La Costa no tiene problemas de generación. La gran vulnerabilidad, afirma, está en la operación del servicio, y dice que en ello está trabajando el Ministerio. 

Una manera efectiva de ayudar el Gobierno Nacional a Electricaribe es pagándole, por abonos, una deuda por subsidios causados de $220 mil millones, y solicitando a aquellas entidades públicas que adeudan a la empresa más de $100 mil millones que cancelen sus obligaciones.
 
El ministro Acosta ha sostenido que, pese a los efectos severos que se prevé tendrá el fenómeno de El Niño, el país no volverá a enfrentar el fantasma del racionamiento, lo cual es, sin duda, un pronóstico tranquilizador. Sin embargo, ha expresado que si El Niño nos golpea con rudeza, la Costa será la más afectada, como cuando La Niña, por ser esta la región más expuesta de un país que es el tercero en vulnerabilidad en el mundo frente al cambio climático.

 

EL SEGURO DE LAS PLANTAS TÉRMICAS

Gracias al manejo de la crisis por parte de las autoridades, la generación eléctrica de la costa Caribe está salvando al país de un nuevo racionamiento de energía. Antes que castigarlas, el sistema debería premiar a estas centrales por darle seguridad.

Ante la amenaza del fenómeno climático de El Niño, que ha llevado ya los embalses de las centrales hidroeléctricas a niveles por debajo del 65%, el país se ha visto precisado a aumentar la generación de energía térmica.

En esas condiciones que buscan, esencialmente, evitar un racionamiento severo como el que el país vivió en 1992, era de esperar un incremento en las tarifas a los usuarios finales del servicio. La razón responde a la nueva configuración de costos de la canasta: mientras que las térmicas demandan, como insumo, la inyección de un energético complementario, tipo gas o carbón, para producir la electricidad; generar con hidroeléctricas es mucho más económico por cuanto las plantas se sirven de las caídas de agua. Por esa razón, el gran componente de la oferta de energía estaba soportado en las energía proveniente de los embalses, la inmensa mayoría de los cuales están localizados en las zonas de montaña del interior del país. Las térmicas, ubicadas principalmente en el área costera, atendían el servicio en las regiones de influencia y servían de colchón al sistema nacional interconectado.

Con el fuerte verano, que tiende a agudizarse, hubo necesidad de cambiar la composición y aumentar la oferta térmica.

Tal exposición implicaba mayores costos, aunque cualquier incremento, desde esa lógica, era manejable frente a la eventualidad de volver los apagones que traumatizaron la producción y hasta cambiaron las rutinas de los colombianos por los cambios de horario.

Pero no ha sucedido así. El manejo que el ministro de Minas y Energía, Amylkar Acosta, ha dado a la eventual emergencia ha sido tan contundente, que esta semana anunció la insospechada probabilidad de que el precio baje.

Acosta ya había tomado decisiones políticas que otras administraciones ni siquiera habían explorado, como la de suspender parcialmente las exportaciones de gas a Venezuela. Luego, apeló a un modelo de planeación que atenuó el carácter sobreviniente de la emergencia, razón fundamental del comportamiento de los precios.

En principio, los incrementos de junio estuvieron en el rango que las autoridades consideran ordinario ($110 en la factura para el estrato uno; $1.750, para el dos, y $13.500 para el cuatro). En julio la reducción sería de 2,2%. Estas circunstancias prueban, nuevamente, la necesidad de tener un parque térmico solvente en todo tiempo. Estas centrales, que en el pasado fueron la cenicienta del sistema, deben verse como seguro que le da solvencia al servicio y certeza a la prestación.Ello implica no solo aumentar las inversiones en nuevos proyectos, como evidentemente lo está contemplando el Ministerio aquí mismo en la costa, sino el mantenimiento ejemplar y sistemático de los que están funcionando. Que sea esta la ocasión para revisar la estructura de costos. Las térmicas no pueden seguir siendo castigadas por la tarifa, por el argumento de los costos de producción, y afectando, de paso, a los consumidores que, si bien son cubiertos por las operaciones abiertas de bolsa, asumen de todas formas la incidencia regional.

El Gobierno y las empresas deben sentarse a analizar nuevas condiciones, que establezcan diferenciales que premien a las plantas que, al menos hoy, están salvando a Colombia de la crisis. La premisa es la de siempre: la energía más costosa es, definitivamente, la que no se tiene.

 

JULIO, 9 DE 2014 EL HERALDO

COLOMBIA A LA VANGUARDIA

El sector energético colombiano ocupa un lugar de privilegio en el concierto de naciones, tanto por su robustez como por la diversificación de su matriz de fuentes y usos de sus recursos energéticos. Ello le ha merecido una alta calificación por parte del Foro Económico Mundial (FEM), que destaca y pondera mucho el desempeño de su arquitectura energética, que la sitúa en un 7º lugar entre 124 países evaluados. Por su parte en el Índice de Sostenibilidad Energética del World Energy Council (WEC) para el 2013 Colombia ocupó el puesto 24 entre 129 países, siendo la sostenibilidad ambiental el que obtiene la nota superior, ubicando a Colombia en el 4º lugar. Dicho de otra manera, contamos con un sector energético de clase mundial.

Es bien sabido que en el Siglo XX, caracterizado por ser al mismo tiempo el escenario por excelencia de una época de cambios y un cambio de época, la comunidad internacional debió afrontar dos campanazos de alerta ante el peligro latente que podría comprometer la seguridad energética del mundo contemporáneo. La guerra del Yonkipur en octubre de 1973 sirvió de detonante al primero de ellos, al propiciar el tránsito de una era de la energía abundante, barata y de suministros confiables a otra de la energía escasa, costosa y de suministro expuesto a toda clase de contingencias políticas. El segundo campanazo vino por cuenta del cambio climático, reconocido oficialmente en 1988 por parte de las Naciones Unidas. 

Ante estas dos amenazas, la comunidad internacional arribó a un consenso sobre la necesidad de ahorrar la energía que hasta entonces se despilfarraba, además de la importancia de hacer un uso más racional y eficiente de la energía y, lo que es más importante, promover e inducir la diversificación de la matriz energética migrando hacia las energías alternativas, sobre todo hacia las renovables y limpias.  Y bien dijo Darwin, que ante estas nuevas realidades “los sobrevivientes no serán los más inteligentes y capaces, sino aquellos que se adapten mejor al cambio”. Colombia es consciente de que  al tiempo que es el país más biodiverso por kilómetro cuadrado del mundo es también el tercero por su vulnerabilidad ante los embates del cambio climático, amén de la precariedad de sus reservas de hidrocarburos. 

Podemos afirmar que en lo atinente al sector eléctrico propiamente dicho Colombia se ha sabido adaptar al cambio, ello a partir de las lecciones aprendidas del apagón que le significó al país catorce meses de drástico racionamiento del fluido eléctrico entre los años 92 y 93 a consecuencia del fenómeno de El Niño. Con las leyes 99 de 1993, 142  y 143 de 1994 se sentaron las bases sobre las cuales descansa el sistema energético colombiano, que le ha garantizado al país firmeza y confiabilidad en la prestación del servicio. Las políticas públicas y el marco regulatorio que las desarrollan han posibilitado que Colombia hubiera pasado indemne ante los varios episodios posteriores del fenómeno de El Niño (97/98, 2005 y 2009/2010), que pusieron a prueba la fortaleza y la consistencia del Sistema. 

Pese a esta historia de éxito, no se ha caído en la autocomplacencia pensando en que Colombia sea la arcadia en materia energética; los retos son cada día mayores y más exigentes. Como afirmó Mandela, cuando uno escala una colina se percata que le quedan por delante muchas otras colinas por escalar. Y este es el caso. De allí la importancia y la pertinencia de la expedición de la Ley 1715 de 2014, a través de la cual se estimula e incentiva tanto la generación como el uso de las energías no convencionales, con la cual Colombia le toma la delantera a muchos otros países de la región y del mundo en materia energética. Esta Ley va en línea con intentos anteriores en procura del uso racional y eficiente de la energía previsto en la Ley 697 de 2001, así como el Documento CONPES 3700 de 2011 y más recientemente la Resolución 9 0325 de 2014, que se propone reducir la huella de carbono en las actividades propias del sector y a mitigar sus deletéreos efectos. 

 

Bogotá, agosto 30 de 2014

www.amylkaracosta.net

 

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